lunes, 25 de octubre de 2010

"Morfemas asiáticos en lenguas amerindias de Tierra Firme"

por Omar Idler




 

                                                                                                                                          Omar Idler*



El lingüista Wernerd Shad referido en la obra «Las Lenguas Aborígenes» del filólogo Pérez de Vega 1960 [Salazar 1991] ha propuesto un parentesco lin­güístico entre algunas lenguas caribes y el idioma japonés, usando como ejemplo —entre otros—, la voz Amacuro. la que nombra específicamente a un curso de aguas negruzcas en el Delta del Orinoco, la misma voz que se hizo extensiva a todo el abanico de ríos que desde antiguo se conoce como el Delta Amacuro designando finalmente al respectivo estado venezolano.

Según    el    deltano    Salazar-Quijada, siguiendo a los investigadores nombrados, el parentesco  lingüístico con el idioma japonés quedaba claramente evidenciado en la palabra compuesta ama curo la cual traduce, tanto en lengua japonesa como en lengua caribe. «Agua Negra». Sin embargo, el mismo Salazar se mostraba escéptico puesto que para aquel momento no se contaba con un vocabulario caribe que tradujera tales voces con la conceptualizacion señalada por los investigadores citados [supra], desconociéndose sobre todo la parcialidad o subgrupo de la gran familia lingüística caribe en cuya lengua se albergaban estos morfemas. Pero hoy. es importante aclararlo, han sido publicados nuevos glosarios lingüísticos, entre ellos los diccionarios caribes Yukpa y Kariña. donde pueden apreciarse voces que incorporan la partícula «kuru» o «kuro» con la acepción «negro- como detallaremos luego.Por su parte, el investigador Sadao Hashimoto quien fuera adjunto cultural de la Embajada de Japón en Venezuela, y quien durante mucho tiempo dirigió el Colegio Japonés de Caracas. Trabajó activamente en Lingüística Comparada, logrando reunir un importante listado de voces caribes concordantes con el japonés, tanto en el significado como en sus grafías y fonías [Straka:1980]:


CAGUA                     KAWA                        Río
KARI                         CARI                           Cazar
WARAU                    GUARAU                    Risa
KUROMBO              KUROMBO                Hombre negro
GUAKARE               GUAKARE                  Partida
TOKUYO                 TOCUYO                    De poco valor
TEPPEN                   TEPUY                         Cumbre
TAKATA                  TACATA                      Lugar alto
KURO                      CURO                           Negro
AME                         AMA                            Lluvia, agua

Los arqueólogos Sanoja y Vargas [1992], han corroborado el origen de los pueblos amerindios que poblaron la América del Sur, como antiguos descendientes de grupos asiáticos, los cuales evolucionaron a partir de una vieja cepa de Sinántropos: «En general podemos hablar de la existencia de un extenso poblamiento [...] que ocupaba todo el extremo del Noreste de Sudamérica [...] el Finis Terrae de los descendientes de aquellas viejas poblaciones asiáticas que penetraron en el continente americano hacía más de 40.000

Nuestro remoto origen asiático explicaría el por qué de la presencia de vocablos comunes que pudieran haberse difundido acaso desde tiempos muy remotos y desde lugares distantes o, más recientemente, unos 5000 años a. p. producto de contactos transpacíficos fortuitos y ocasionales entre pescadores del archipiélago japonés y habitantes de las costas ecuatorianas que dieron origen a la cultura Valdivia, desde donde pudieron difundirse vocablos japoneses que encontraron refugio en algunas lenguas amazónicas.

Por otra parte, en la lengua latina está presente la palabra «obscuro» [obs - curo], palabra en la que el radical curo - curu, al cual se antepone el prefijo obs, dio origen a derivados como «obscuridad» y «obscurecer» y por evolución a «oscuro» y «oscurana»; oscuro traduce «no está iluminado» como en «cueva oscura». Dícese del color «casi negro» como en «traje oscuro». «Estar a obscuras» equivale a «sin luz», «sin ver» [Larousse 1987]. Es probable que este morfema se haya abierto paso en el mundo de la antigüedad clásica desde su origen en el lejano oriente, permaneciendo con el significado de «negro», vertido finalmente a la lengua hispana.

Para tratar de arrojar más luz sobre el planteamiento de Shad y Pérez recurrimos al vocabulario yukpa [caribe] colectado por Alfredo Jahn [1973]. En este vocabulario se recoge la voz kurumascho [curum - ascho], utilizada para denominar al zamuro [Cathartes atratus], la misma voz con la que se nombra a los misioneros católicos por su virtual ropaje negro y a los hombres de tez obscura, a los negros, por la evidente pigmentación de su piel. Este mismo radical se localiza en la voz curumo [curum - o], variante empleada para denominar también al zamuro en la región centro-oriental de Venezuela; esta variante es de procedencia caribana [Chaima-Cumanagoto] y ha sido perpetuada como nombre de la urbanización caraqueña «Cumbres de Curumo». No cabe duda de que la voz curumascho [o curumo] le fue dada al zamuro por el color predominantemente negro que posee su plumaje. En el mismo vocabulario se colectó además la voz koróscha o corosha [coro - sha] para distinguir a las nubes negras, próximas a precipitarse, de las nubes blancas [kamuro]; de esta manera observamos como al radical curo se le imprimió el viraje hacia coro para denotar la cualidad de coloración negra que pueden presentar algunos elementos de la naturaleza. Los virajes del radical curo han quedado evidenciados en palabras como curiana [curi - ana], nombre de un río o como en caruto, nombre que los mismos caribes asignaron a ese fruto tintóreo. El morfema encontró toda su fuerza significante al ser utilizado para designar al fruto del aguacatero conocido desde el período prehispánico con la voz «curo». 

*Profesor investigador del período prehispánico y miembro de la Academia de la Historia del estado Carabobo.

 Publicado originalmente en la revista Urtext.


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