miércoles, 23 de marzo de 2011

"Tomasa"

despedida a la poetisa Tomasa Ochoa

por José Joaquin Burgos





La poetisa y pintora carabobeña Tomasa Ochoa Cordero, falleció el  jueves 20 de enero de 2011 en la Valencia de Venezuela o de san Desiderio. Hoy le obsequiamos este texto que el poeta José Joaquín Burgos le dedicó.


Esperamos sea de su agrado.



Si alguien me preguntara, alguna vez, quién era y qué fue Tomasa Ochoa, le respondería, escuetamente: "Fue un poema", y de inmediato agregaría: "Mejor dicho, no fue: ES un poema". En ella, con ella, por ella, anduvo la poesía vestida de muchacha campesina, de hermana generosa con todos quienes tuvieran la suerte de conocerla, de artista en el más universal de los sentidos. 



Con ese famoso y universal sentido del "ton poiéos" que alentó a los dioses del Olimpo griego y floreció en poetas como Homero, Hesíodo, Safo de Lesbos. Y creo que tal vez es la más breve pero la más precisa definición de quién y qué fue Tomasa Ochoa Cordero, esa "enana encenizada de la que con tanto afecto y admiración habla Laura Antillano. Ésa a la que todos los poetas de estos lares admiraron y admiran y aman y seguirán amando hasta la eternidad. Algunos ya idos, como Teófilo Tortolero, J. M. Villarroel París, Eugenio Montejo, Rafael Humberto Ramos Giugni. Y otros, cuyos nombres no hace falta escribir, porque son todos.

Tomasa era menuda y suave, como una brisa llena de ternura. Sin embargo su vida fue una larga y dura lucha. La veíamos y siempre nos parecía un hada, una sacerdotisa, un ángel de la poesía, de la música, de la pintura. Y sin embargo, quién sabe cuántas soledades anduvieron con ella, y que su corazón, de puro generoso rechazaba y transformaba en versos de una pureza difícil de encontrar hasta en esos consagrados a quienes Fáver Páez, con su serena sabiduría, llama "poetas mayores". Fáver también, por cierto, considera a Tomasa como una de las voces más puras, limpias y profundas de nuestra poesía y en muchas oportunidades hemos compartido esas apreciaciones con él, Julio Rafael Silva Sánchez, Orlando Baquero, Gustavo Montiel Alvarado, Héctor Gustavo Alvarado, José Carlos de Nóbrega y otros fraternos amigos.


Se fue Tomasa, es cierto, pero su voz queda entre nosotros. Definitivamente ella, además de ser poeta, es y seguirá siendo un poema. Siglos de luz y de pureza celestial en el paisaje de Montalbán. Por esos rumbos siempre se la escuchará decir: "Mi voz es el viento". Ya ella le pertenece a la eternidad. Tenla siempre así en tu corazón, Aura.



Tomado del Notitarde


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