sábado, 3 de diciembre de 2011

25 POEMAS: UNA REEDICIÓN EN LOS AFECTOS por José Carlos De Nóbrega





25 POEMAS: UNA REEDICIÓN EN LOS AFECTOS


José Carlos De Nóbrega


canta
pues el río está solo


Reynaldo Pérez Só

De izquierda a derecha: Freddy Ñañez  y Reynaldo Perez So


Es grande nuestro contentamiento a raíz de la afortunada reedición de 25 poemas (2011) de Reynaldo Pérez Só por parte de Fundarte, no obstante sus casi 29 años de edad: Su transparencia y vitalidad persisten todavía en la terquedad más impune. Para aquel entonces (1982), disfrutábamos a los 18 años Demián y El Lobo Estepario de Hermann Hesse, así como también Última luna en la piel de Orlando Chirinos (volumen de cuentos publicado igualmente por Fundarte). Es una colección poética solar, de una luz clarísima hasta el enceguecimiento que nos remite a un maestro como Armando Reverón o, mejor aún, a un mago de la objetualidad plástica llamado Mario Abreu. Ahora sí sé por qué se me antoja un poemario ligado a la literatura de formación o bildungsroman: Hallamos muchos textos llenos de frescura y lozanía (estoy pleno / de sol y corro / entre campos / crece el árbol crece / en mi vista) que conviven con otros pocos más duros (he dejado que la muerte / me socave / no he hecho nada), siendo estos últimos un puente para un libro puntual como Matadero (1986).


Efectivamente, 25 poemas es un magnífico libro de transición: ratifica el inicio asombroso que significó Para morirnos de otro sueño (1971), amén de completar la evolución de su discurso patente en Tanmatra (1972) y Nuevos Poemas (1975). El poema 5 apela tan sólo a dos adjetivos para aproximarnos a la sensualidad, esto es a la poesía que se apoya en lo tocable: el árbol / y el algodón de la cama // la puerta / entornada // que voy entrando / de cuerpo // en la puerta misma / en el árbol que veo / con el suave algodón. El Decir, inmediato y austero, puede forjar así nomás imágenes sinestésicas y placenteras en la ausencia de la estridencia formal y metafórica: hincamos el diente en la piel toda pelusa del durazno, sin piedad ni mea culpa. Los siete primeros poemas simulan la creación del mundo: Además de su carnalidad, tenemos el Acto de Fe consecuente (cuando el sol no / existe / otro sol camina / y hace día // en la lluvia yo creo / yo creo en la tierra / que crezco) e incluso un lúcido Apocalipsis del séptimo día con su arrebatamiento –el juego del escondite- y ulterior epifanía (hace sueño en el campo / es apenas / sol / sueño como soñar hasta tarde / pequeño / terrón para apretarse en la mano // si hay viento y si hay / volarás / campo húmedo / de la lluvia). Nos basta acompañar –en curiara- a los ríos, ello en la indecible presencia de la muerte día a día: no miento otro muerto / me toca // no diré nada / nada. Sólo es posible confrontar y convivir con la muerte en la abyecta cotidianidad de las luces y sombras.



EN MEDIODÍA supone el corpus adosado a la semana de la creación: el elogio de la luz que arropa y ennoblece al objeto poético, comparte el mundo con la punzante duda de índole religiosa –en tanto modo de vida que se opone al discurso de Poder de rituales y misterios-. Permítasenos citar casi todo este poema perturbador e inquietante: señor si fueran tus / labios / si fueran tus labios // esa calle y su paso / se fue y se repite // una noche pondría / en mi almohada / no el mar ni los bosques // las montañas y la / vuelta / hacia la misma calle / no se entrega a / la muerte / oh animal mío / señor / tus labios? No en balde sus dos versiones –nos referimos a la primera y segunda edición del poemario bajo el sello de Fundarte, la fractura del verso por vía del encabalgamiento, sumada al porrazo de la anáfora, recrean contundentemente y sin remilgos retóricos la experiencia y la agonía de forcejear con la muerte (por supuesto, en pos de una bendición en suspenso). Sin embargo, nos conmueve hasta el tuétano de huesos astillados esta otra interrogante, dramática y amorosa, que increpa al paisaje interiorizado: tú que tienes cuerpo / hierba / adónde iré a parar / pequeña / adónde?

Si de algo se precia este libro, es de su corporeidad enclavada en la contingencia y la cruda inmediatez de la voz poética. Una unidad de conjunto apolínea y fundamentalista sólo conduce a Paraísos artificiales, esto es la antesala del despropósito egótico y académico que pretende encorsetar a la Poesía misma. He aquí otra muestra a contracorriente: será que existe / otro cuerpo // un viento más perfecto / que este / que ha movido la puerta // no debe importarme que tengo / ganas de caminar / verdaderamente ganas.

En Valencia de San Desiderio, viernes 14 de octubre de 2011. 

Tomado del blog Salmos Compulsivos




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