lunes, 31 de diciembre de 2012

Dos versiones del poema de Li Po sobre la despedida de un amigo.










Dos despedidas sobre un poema de Li Po 

A UN AMIGO QUE PARTE

Montes verdes que despuntan sobre las murallas del Norte,
Agua diáfana que ciñe la muralla del Oriente.
En este lugar, debemos separarnos;
Tú serás yerba, errante, sobre diez mil li.

Nubes que flotan, talante de vagabundo...
Sol crepuscular, llamada del viejo amigo.
El adiós que expresan las manos. ¡Último instante:
Se escucha sólo el relincho de los caballos!


Li Po


Versión de Miguel Ángel Flores a partir de la versión original de François Cheng



DESPEDIDA A UN AMIGO


Montañas azules al norte de las murallas,
alrededor el río blanco se crispa;
aquí precisa separarnos
y recorrer mil millas de pasto muerto.

La mente como ancha flotante nube,
el ocaso como la partida de viejas amistades
que se inclinan sobre sus enlazadas manos a distancia.
Nuestros caballos relinchan uno a otro
mientras partimos.


Li Po
Versión de Guillermo Rousset Banda a partir del original de Ezra Pound






TAKING LEAVE OF A FRIEND


Blue mountains to the north of the walls,
White river winding about them;
Here we must make separation
And go out through a thousand miles of dead grass.

Mind like a floating white cloud,
Sunset like the parting of old acquaintances
Who bow over their clasped hands at a distance.
Our horses neigh to each other
as we are departing.
 
Cathay 1915
 
 




domingo, 30 de diciembre de 2012

José Gallego: Un grafitero de 72 años contra el franquismo



José Gallego, delante del muro del que tachó los nombres. / PEPE OLIVARES



  • José Gallego destroza símbolos de la dictadura en Aspe (Alicante)


  • Quiso cumplir la ley de Memoria Histórica, pero le imputan un delito contra el patrimonio

 

Natalia Junquera  

Madrid 2 SEP 2012



La policía le pilló in fraganti. Subido a una escalera que él mismo había llevado y con el bote de spray todavía en la mano. José Gallego, de 72 años, bajó y trató de explicarle al agente que no era un gamberro haciendo una pintada; que estaba tachando las placas franquistas que nadie había quitado de la iglesia de su pueblo, Aspe (Alicante). “El policía me dijo que lo que estaba haciendo era ilegal y yo le dije que ilegal era dejarlo como estaba porque la ley de Memoria Histórica obliga a retirar todos los símbolos franquistas”, explica. José Gallego está ahora imputado por un delito contra el patrimonio histórico y cultural.

La de las placas de la iglesia no era su primera acción. Cuenta con orgullo que también tachó la placa del general Moscardó de un colegio. “Lo hice porque me cansé de esperar. En julio de 2009 le pedí a la entonces alcaldesa, Nieves Martínez, del PP, que retirara los símbolos franquistas. Me contestó diciendo que desconocía que en el municipio los hubiera. Yo se los señalé y entonces dijo que los iba a quitar, pero pasó la legislatura y no hizo nada. Después empezaron a gobernar juntos PSOE e IU y tampoco hicieron nada. Hasta que me cansé”.

Ahora asegura que no se arrepiente, pero lo está pasando mal. Se enfrenta a una pena de uno a tres años de cárcel y quizá tenga que pagar los daños, ya que el juzgado de Novelda ha encargado un informe al respecto a un perito. “Todo esto me ha alterado mucho. Tengo delicado el corazón, no duermo. Voy por la calle y unos me gritan: ‘¡Ole tus cojones!’ y otros ‘¡Rojo!’. El pueblo está revolucionado por esto. Yo no soy ni un héroe ni un justiciero. Toda mi vida he sido un hombre discreto, un tanto gris. Pero me alegro de haber hecho lo que he hecho. Creo que he sentado un precedente. Me gustaría que otra gente en otros sitios hiciera lo mismo. Yo lo que pretendía era poner al Ayuntamiento entre la espada y la pared para que retirara de una vez los símbolos”.

José Gallego, mecánico jubilado, no tiene represaliados por el franquismo en su familia, pero cuenta que durante la dictadura le detuvieron varias veces por participar en manifestaciones contra el régimen. Es afiliado al PSOE desde 1974. “Me siento un poco traicionado. No entiendo que ahora el alcalde socialista no aplique una ley que aprobó el Gobierno socialista. Creo que le tienen miedo a la Iglesia. Yo respeté la cruz que rodeaba las placas porque no quería herir ningún sentimiento religioso. Pero esto, 36 años después de la muerte de Franco, no puede ser. Tú vas a Alemania y no hay ningún símbolo de Hitler. España está llena. ¿Por qué esa resistencia?”. Está muy preocupado por lo que le pueda pasar, pero el peor escenario que contempla es que le hagan borrar sus pintadas. “Eso sí que no lo voy a hacer. Antes prefiero ir a la cárcel”.


Tomado de El país



sábado, 29 de diciembre de 2012

"En Italia tuve problemas con los demás muchachos que me decían el Venezolano y mientras más me lo decían más me aferraba a mi país. Hasta me peleé con ellos, un día hasta les eché tierra en los ojos"

CONVERSACION CON EL POETA VENEZOLANO VICENTE GERBASI






Estimados Amigos
 


Hoy compartimos con ustedes esta entrevista al poeta carabobeño Vicente Gerbasi (Canoabo, estado Carabobo; 2 de junio de 1913 - Caracas; 28 de diciembre de 1992) que fue publicada en 1985 en la revista Poesía número 62/63 . Como un pequeño homenaje al cumplirse otro año de su partida a los puertos grises.


Richard Montenegro




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Esta conversación fue realizada con Carlos Ochoa, Reynaldo Pérez Só y Adhely Rivero.





P.—Vicente, un poeta es generalmente un gran crítico, no sólo de los posibles valores estéticos en el poema, sino también un crítico político. En su libro Tirano de Sangre y Fuego, se siente dirigido al momento histórico, es decir, al período de Marcos Pérez J iménez, ¿es así?


V.G.—Eso es verdad. Lo escribí por dos razones fundamentales. Primero, porque el Tirano Aguirre es una vivencia: él pasa todas las noches cerca de Canoabo, por las Sabanas de Aguirre, sale en fuegos fatuos, en caballos con sus jinetes por medio de la calle, los relámpagos caen y lo destruyen. De modo que eso para mí es importante. El Tirano Aguirre forma parte de mi infancia. Razón por la cual yo tenía que escribir un libro sobre el Tirano. No es un libro histórico, es un libro mítico. Ahora bien, cuando empecé a escribirlo lo primero que pensé fue en Pérez Jiménez. También nombro a Gómez en el poema: "Esta noche el Tirano se ha ido a otra comarca y tal vez esté hablando con Juan Vicente Gómez". En verdad tiene una gran carga. Yo tuve que eliminar varias cosas muy directas contra Marcos Pérez Jiménez y lo hice por indicación de algunos amigos, entre ellos uno me dijo: "Si publicas eso así te van a poner preso, porque éstas no son indirectas, son directas contra la dictadura". A mí ese libro me gusta poéticamente, encuentro que es un libro con mucha fuerza, ¿verdad? Por cierto que también surgió de una conversación con Arturo Uslar Pietri, él que es siempre un hombre tan observador y tan buen crítico. Me dijo: "Caramba, en la literatura nacional hay una gran falla, aquí se ha escrito sobre la Independencia, sobre la Guerra Federal, sobre todo el siglo pasado. Se han hecho novelas sobre Gómez, pero no hay una literatura en prosa o poesía que haga referencia a la Conquista". Yo le respondí: "Bueno, yo tengo un tema que es sobre el Tirano Aguirre. He estado pensando en escribirlo". El me contestó: "He tenido la idea siempre de escribir una novela sobre Aguirre". 




Y queda un vacío sobre la poesía venezolana. Nada se ha escrito sobre la Conquista. Estos son los verdaderos mitos que tiene Venezuela: el Tirano Aguirre, luego el de María Lionza. María Lionza proviene de una fabulación del pueblo venezolano, pero el Tirano proviene de un hecho real. y que se convierte en mito.

Venezuela es un país con muchos inmigrantes. ¿Qué dificultades ha tenido Ud. para debatirse entre dos herencias culturales?

Eso me ha ayudado mucho, me he debatido y esa herencia la he sentido bastante. A los diez años fui llevado para Italia, con la suerte de estudiar en Florencia, la ciudad más bella del mundo y cuna del Renacimiento. Uno está ahí en contacto permanente con el arte, rodeado como una isla por el agua. Pero sí sentí el shock de regreso a Venezuela, directamente a Canoabo y noté que la diferencia con Europa es, grande. Cuando me fui lo hice añorando a Venezuela. En Italia tuve problemas con los demás muchachos que me decían el Venezolano y mientras más me lo decían más me aferraba a mi país. Hasta me peleé con ellos, un día hasta les eché tierra en los ojos. Era una manera de defenderme de aquella cuerda de idiotas que me atacaba por ser venezolano. Los mayores no, ellos respetaban profundamente al extranjero.


La diferencia la sentí al regresar a Canoabo, que era casi todo una selva, pero al tiempo me di cuenta que esa selva de Canoabo, que los bosques, las haciendas de café, la flora y la fauna en general, su luminosidad, su esplendor, sus paujíes eran mi mundo más que Florencia y que los pueblitos de Italia.



¿Cuando llegó a Venezuela en qué lengua se comunicaba?

El italiano fue mi idioma, ya había perdido el español. Más tarde lo retomo hablando, leyendo. Recuerdo cuando trabajé en El Heraldo para la época de Gómez, en el 33-34, era redactor y escribía "tuve" del verbo tener con "b" y el director me decía: "Si vuelves a escribir tuve con b te voy a dar un tubazo". Así fui modificando mi idioma, rectificándolo.


¿Es Mi Padre, el Inmigrante un tópico literario forzado o un poema realmente existencial?

Yo considero que Mi Padre, el Inmigrante es un poema vivencial, existencial. Lo escribí a los 28 años, para esa época leía mucha filosofía. Tenía la ayuda de Humberto Díaz Casanueva, la de Mariano Picón Salas que fueron para mí unos guías determinantes. En el libro se nota el contenido filosófico especialmente, no a la manera de Sartre, sino a la de Heidegger y Rilke. Por otra parte, aproveché la figura de mi padre, la memoria, para utilizar el material poético del trópico y continuar la tradición iniciada por Bello y más tarde por Lazo Martí y otros poetas venezolanos. Pensé que así podría ayudar a enriquecer esa tradición de una forma moderna de acuerdo con mi tiempo. Al menos con las exigencias estéticas de entonces y no es que no admire las formas clásicas, todo lo contrario, me encantan. Sobre todo el Siglo de Oro español.


La imagen del padre es tomada por varios poetas: Caupolicán Ovalles, Teófilo Tortolero, Ramón Palomares y otros. ¿Hay una especie de tradición?

Hernández D'Jesús la toma de una manera humorística que es muy buena, con cierta ironía, y ese tono irónico es muy bueno. Palomares la toma mucho también.


Vicente, háblenos cómo es para Ud. la poesía, el oficio, el significado de las vivencias.

Creo que sobre todo nosotros, los poetas de este siglo xx, ya estamos perfectamente convencidos que la poesía es un arte vivencial, de lo contrario no tendría ningún contenido, ninguna significación, no expresaría al ser humano. Y para que un poema lo exprese tiene que ser vivencial. Las vivencias se adquieren desde el momento en que se despiertan los sentidos a los pocos días del nacimiento. Se acumulan de acuerdo a la capacidad que tenga el poeta, porque la poesía surge de un estado de contemplación permanente. El poeta nace contemplativo, en éxtasis ante la belleza de la naturaleza, la belleza de la creación divina, de lo que hizo Dios, porque Dios y la Naturaleza son una misma cosa. Estamos hechos por Dios y por la evolución de la Naturaleza, eso es un trabajo de Dios, un trabajo divino: misterioso. Es un trabajo que todavía nadie ha podido descifrar. El poeta luego tiene otro trabajo que consiste en cómo saber modelar como en una arcilla el lenguaje y eso se adquiere a través de muchas lecturas, de muchas conversaciones, meditación muy profunda de cada quien. Ese moldear el idioma y convertirlo en poesía y darle su valor original es uno de los factores fundamentales de la creación poética, porque como dice Jorge Luis Borges: "El lenguaje nació como un medio mágico de comunicarse el ser humano, pero la usura corrompió ese lenguaje". El deber de nosotros los poetas es restituirle ese valor mágico.




¿Y la construcción del poema?

En cuanto a la construcción del poema intervienen dos factores fundamentales que son la unidad de los elementos que se manejan y la unidad del lenguaje. Una palabra mal situada en un poema es como un ladrillo mal situado en un edificio, es posible que lo haga caer, es como una columna mal ubicada en un edificio. No todas las palabras son adecuadas a un determinado tema, aun determinado elemento; hay que lograr una paciencia profunda, eso se llama paciencia interior, eso se llama arte, eso se llama ejercicio o transmutar del alma. Estos dos factores indispensables en la creación de un poema, lo convierten en un objeto de arte, objeto de arte que no termina nunca, porque cuando termina, en el lector queda otro objeto de arte, con nuevas dimensiones.

Juan Ramón Jiménez decía eso, que un poema nunca termina, porque cuando termina, el lector comienza otro en su propia mente, en su propia alma; de modo que la poesía termina siendo sin fin.


¿En qué forma trabaja mejor el poema?

Siempre escribo de noche, tengo un block al lado. Nunca escribo de mañana. A veces, por consideración no prendo la luz, entonces fijo el poema medio metrificado, esto me pasó últimamente con un poema sobre el naranjo. Me recuerda a Machado, a Antonio: Acá naranjo. Quizá sea como pensado pero es una dificultad o mejor, una espontaneidad misteriosa: dictados. Como grandes poemas de seres desconocidos, almas, etc., que deambulan, que se expresan...


¿Cree entonces en la inspiración?

Uno es o no es romántico. Uno no cree en la inspiración, pero existe. Sin embargo, Baudelaire decía que el trabajo crea inspiración. No obstante, creo que cualquier poema, incluso malo, se deba guardar para la próxima vez trabajarlo. Estos que uno llama malos, mantienen ciertos destellos que podrían salvarse.



Carlos Ochoa, Reynaldo Pérez So, Vicente Gerbasi y Adhely Rivero



¿Usted cree en Dios?

Siempre rezo en mi cámara.


Después de cincuenta años, ¿cómo es escribir poesía?

Antes, cuando joven escribía a máquina. Hoy lo hago con bolígrafo, tinta o lapicero. Con los años la poesía se domina más, o el lenguaje. Quizá se tenga una mayor posibilidad de expresar vivencias y sentimientos. Se adquiere conocimiento en el manejo de la palabra y eso hace mucho más fácil comunicar lo que uno quiera. En verdad, no todos somos Rimbaud. Todos escribimos hasta donde podamos vivir.


De cualquier forma, la imaginación sigue igual, pero se enriquece la observación de nuestra vida.

Tratando de ir un poco hacia fuera, ¿no siente Vicente que en la mayor parte de la poesía venezolana, sobre todo la actual, hay un regusto por la forma?

En el fondo estoy un poco de acuerdo con eso, pero es que no hay arte sin forma. Creo que lo que quieres decir es que ha aparecido una cierta retórica nueva. En esto sí estamos de acuerdo. Mucha gente incluso ha imitado a Ramos Sucre. Ramos Sucre no hizo retórica, porque él inventó su propio lenguaje geométrico. Quizá por saber tantos idiomas y a través del inglés tuvo mucha influencia directa de Blake.


En Brasil, se dio un movimiento bastante fuerte, el Movimiento Modernista, que rompería con la retórica portuguesa, el colonialismo cultural de la lengua europea sobre Brasil. ¿Piensa Ud. que en la América Latina, de habla castellana, se ha hecho el intento por colocar . nuestro lenguaje en su sitio, es decir, ser realmente latinoamericano y no falsificación cultural?

Creo que sí, hay muchos, por ejemplo: Vallejo, él escribió en un idioma totalmente americano; Neruda, Octavio Paz, nosotros en Venezuela, donde pienso que existe el mayor movimiento poético de la América Latina. Hemos modificado el idioma hacia América. No el idioma común y corriente, sino el idioma creador. Estamos haciendo una poesía de raíz americana, pero eso sí respetando la tradición hispánica, porque tampoco podemos destruir esa tradición. Nosotros no podemos hacer un mundo totalmente nuevo. Con el español podemos. expresarnos de acuerdo a lo que hay. Se debe expresar la América Latina, sobre todo nosotros los que pertenecemos a la parte tropical, que se diferencia muy especialmente de los países no tropicales, como Chile, Uruguay y Argentina. Ellos tienen por razones climáticas una cierta manera de parecerse más a Europa. Quizá por tener las cuatro estaciones. Buenos Aires es una copia de París, Santiago de Chile es una ciudad europea. Montevideo, también. De la parte norte, a medida que uno se va alejando del trópico uno encuentra que se va pareciendo más a Europa, a excepción de EE.UU. que inventó su propio mundo, y lo inventó con Whitman a través de su poesía, con Poe, Mark Twain.


Tal vez es que Chile y Argentina no tuvieron tanto mestizaje.

Por ejemplo, una novela tan importante como Cien años de Soledad no se podría producir sino en el trópico, sería imposible en la Patagonia, ni en Buenos Aires, ni en Montevideo, ni en Chile. No se puede producir en Europa. Solamente se produce en una zona tórrida. Ahí se ve cómo fermenta el mundo tropical americano en la novela de García Márquez; todas esas excelentes invenciones son producto de un mundo tropical.




En la poesía venezolana existe el "delirio tropical".

Sí, existe. Todos nosotros lo tenemos, Ramos Sucre tenía un delirio tropical. y los poetas nuevos desde Viernes para acá tenemos un delirio tropical. El mismo Lazo Martí, el mismo Bello lo tienen, a pesar de que este último fuera tan frágil, tan aferrado a la preceptiva clásica española, si uno observa la Zona Tórrida, su silva, que es clásica, hecha con todas las exigencias de aquella forma, uno encuentra que es, al mismo tiempo, barroca. y ese barroquismo no viene de España, ese barroquismo viene del trópico latinoamericano, cuya naturaleza es barroca.


¿Ud. está con el planteamiento de Carpentier de lo Real Maravilloso?

Estoy de acuerdo con Carpentier, aunque el Realismo Mágico no lo inventó aquí Carpentier. Eso lo inventamos nosotros, junto con Díaz Casanueva, en el grupo Viernes. Además en Alemania existió un grupo que se llamó Realismo Mágico.


¿Para qué época?

Más o menos el año 30.


En poesía, nosotros los venezolanos, siempre hemos andado en vaivenes de influencias, tomamos a España como modelo, luego Francia y ahora los EE.UU. ¿Qué puede decirnos sobre esto, Vicente?


En toda América Latina siempre se siguieron las huellas europeas, especialmente las de España. Nosotros seguimos sí, a Francia, pero desde el punto de vista de la concepción de la poesía, no del lenguaje, porque el lenguaje proviene de la lengua, del idioma. Nosotros, los del grupo Viernes lo hicimos con los poetas alemanes como Novalis y Holderlin en la forma, concepción de la poesía, pero no por el lenguaje, ya que proviene del idioma. Entonces me parece que el problema consiste en expresar lo nacional, tomando las exigencias estéticas en cuenta. Así, nosotros podemos expresar en una forma surrealista al trópico latinoamericano o la manera de ver a Venezuela, al mundo que tenemos. Hay muchas formas de ver al País, pero lo ideal sería que nosotros los poetas lo viéramos de acuerdo con la concepción estética del momento.

¿Quizá como decía Antonio Machado que la poesía debía estar en su tiempo?

Sí, la poesía debe estar en su tiempo y Machado estuvo en su tiempo.


¿ Qué opina sobre el verso metrificado?

A veces dan ganas de metrificar. No es que uno se encansille en unos versos como decía Juan Beroes, que parecen unos rolitos. Ahora hay que saber metrificar de acuerdo a nuestro tiempo, no hacerlo a la manera del Siglo de Oro, de Fray Luis de León y de San Juan de la Cruz, pero sí con el concepto contemporáneo de la poesía. Aunque creo que la poesía actual debe ser tratada con versos libres, pues permiten al poeta decir lo que quiere decir.


Aunque el poeta nunca es libre porque tiene una medida, un lenguaje incluso que lo amarra...

La medida está en saber hacer poesía con el lenguaje, y esa es una medida. El verso libre no es más fácil que un poema metrificado, acosonantado o asonantado. La poesía debe contener valores estéticos, es decir, tiene que expresar el alma humana. Ahí está su dificultad y su belleza.

¿Se puede dar una poesía sin mayor aporte interno del poeta o de la creación?

Nosotros, los poetas, sabemos dónde está el bien y dónde el mal estéticamente. En la poesía ante todo debe haber una chispa creadora. La poesía es creación y el problema está, precisamente, en crear. Decir las cosas sencillamente, sin crear, no tiene valor. La poesía tiene valor, pues, cuando tiene creación. La poesía puede darse sin metáforas, seca, pero que al menos tenga creación. Creo que es muy difícil que ella pueda lograrse sin metáforas, sin adjetivos. Sin embargo, hay mucha gente que se empeña en hacerla, así, escueta, incluso despojada. ¿No sé por qué tiene que despojarse la poesía? Va a quedar como un esqueleto. Recuerdo en estos momentos una anécdota del Lejano Oriente, la del maestro al que le preguntó un joven: "Maestro, ¿qué es poesía?". El le contestó: "Si yo tomo una mariposa y le quito las alas ¿eso es poesía?, o si yo tomo un gusano y le pongo alas, ¿eso es poesía?". El joven le responde: "Yo prefiero tomar el gusano y ponerle alas y hacer poesía". Esto me parece que sí es creación. El poeta es el que está obligado a crear más maravillas y la poesía debe expresar al ser humano, pero con belleza y con una mesura del lenguaje, que no tenga de la usura que habla Jorge Luis Borges, sino que simplemente sea un lenguaje que recoja el valor mágico del hombre primario, del hombre primitivo.



¿Qué opina de los "talleres literarios", tan de moda en el país?

Son prefabricados. Aclaro: un taller literario puede corresponder exactamente a una peña literaria. y debería llamarse así, incluso muchos movimientos literarios han nacido de estos grupos, donde lo didáctico es importante, pero el espíritu se modifica.




La casa de Vicente Gerbasi en Canoabo en la actualidad

Y para terminar, ¿Canoabo es algo que ve con nostalgia o algo que vive dentro de Ud.? ¿Es un Canoabo mítico?

Claro que hay nostalgia. Parte de nostalgia, yo tengo nostalgia por Canoabo, no porque yo quiera vivir allá en Canoabo, ya no me interesa vivir allá. Me dan ganas de pronto salir como los muñecos de la TV. Es que Canoabo está en mí. Ya no necesito tener nostalgia de él, es mi alma.


¿Ud. es Canoabo?

Yo soy Canoabo,


Tomado de Vicente Gerbasi.net


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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


viernes, 28 de diciembre de 2012

UNA REVOLUCIÓN SILENCIOSA:

LA LECTURA COMO UN ACTO DE REBELDÍA






Estimados Amigos

Todo gobierno que se precie siempre promueve la lectura a pesar de que en la actualidad en Venezuela uno de los grupos sociales que menos lee y que peor uso del lenguaje tienen sean los políticos.  Siempre les escuchas decir lo importante que es leer pero todo el mundo sabe que la lectura para ellos y para gran parte de la población es el peor de lo suplicios. En este país es más fácil ver a un político lanzar la bola inicial de un partido de beisbol que inaugurando una biblioteca.

En Venezuela  donde la lectura (y la escritura) no te garantiza prácticamente nada, si no estas conectado con algún grupo de poder, las familias prefieren sacar a ese muchacho ensimismado que le gusta leer de su cuarto y ponerlo a practicar béisbol a la fuerza. Con la esperanza de que se convierta en un grandeliga, para que gane en dolares y obtenga mucho centimetraje de prensa, para que resuelva la vida de la familia y se convierta en orgullo nacional.

Por eso nos pareció curioso el planteamiento de este escrito  y decidimos compartirlo con ustedes.

Esperamos disfruten del texto


Richard Montenegro

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LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA: LEER COMO ACTO DE REBELDÍA


Artículo publicado en el Boletín de la Red de Bibliotecas Municipales de Salamanca (su web aquí), en el nº 55 de su 2ª época (diciembre 2011). Excelentes bibliotecas. Bibliotecarias estupendas y profesionales maravillosas. Y comparto tribuna con Antonio Muñoz Molina. Os podéis imaginar que me siento feliz feliz y muy honrado.

Espero que el artículo os interese (y os guste, claro).







LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA: LEER COMO ACTO DE REBELDÍA






Podría decir que leo por costumbre, pues leer es un hábito que arraigó en mí desde bien niño y que he seguido cultivando a lo largo de mi vida.


También podría asegurar que leo por placer: son muchas las páginas que disfruto intensamente, muchas las que me han dado un gozo inolvidable.


Incluso podría afirmar que leo por puro egoísmo, porque leer es una experiencia honda, íntima, que me alimenta y calma mi sed.


En verdad todo esto podría decir. Y decirlo sin mentir: porque leo por hábito, leo por placer, leo por egoísmo.


Pero pienso que el motivo último de mi militancia en el equipo de los lectores recalcitrantes es porque leer, hoy en día, se ha convertido en una actividad revolucionaria. Leer es un modo de rebeldía, un frente abierto contra el conformismo, una guerra de guerrillas contra los días grises y las noches frías.




Leer frente al ritmo.


Vivimos de manera trepidante, con los bofes fuera, siempre a la carrera y sin un instante para recuperar el resuello. Estos son los días que dicen que nos han tocado: días de frenético tejer/destejer, de agotamiento crónico y de velocidad sin tregua.


Días en los que no hay tiempo para el cese del movimiento, la parada, la quietud: mirar cómo las hojas amarillean y caen de los árboles, ver cómo el viento las arrastra, palpitar con el atardecer, sentarse en la calle y sentir cómo el frío se clava en la piel. Sentir, mirar, parar.




Frente al ritmo atropellado de los días leer se convierte en un acto de rebeldía: sentarse y abrir un libro es detener el reloj, es abrir una puerta que da a otro tiempo, a otros días, a otras vidas.


Leer es un insólito acto de rebeldía, un palo entre las ruedas del engranaje incesante, un torpedo en la línea de flotación de la maquinaria que alimenta la cinta sinfín bajo nuestros pies.


Leer es romper el espejo, hacerlo añicos, y cruzar al otro lado.



Leer frente al ruido.


Estos días que vivimos no tienen cabida para el silencio: el ruido, todo él, habita entre nosotros. Ruido en la calle, ruido en las casas, ruido en los corazones; pantallas que hablan, motores que suenan, ascensores que desafinan... no hay un hueco de silencio entre la mañana y la noche ni entre la noche y la mañana.


El perpetuo ruido se ha incrustado en nuestra cabeza, como un taladro ha llegado al centro de todo y allí se ha convertido en un zumbido constante, severo, contumaz.


Es más: el ruido que hemos tragado y tragado y tragado ahora nos habita y mana, incluso, de nosotros. Ni siquiera bajo el agua es uno capaz de sentir la blanca estepa del silencio, de percibir la sólida presencia del silencio, de dejarse acariciar por el teciopelo suavísimo del silencio.



El ruido es el rey de nuestros días.


Y frente al ruido incontenible leer se convierte en un acto de rebeldía: sentarse y abrir un libro es acallar todas las voces estridentes, es quebrar la continuidad del ruido, meterlo en un saco y lanzarlo al fondo del pozo y entonces permitir que, de nuevo, aparezca el silencio. Abrir un libro es tumbarse en una pradera en calma, territorio fértil para soñar historias, para imaginar, para escuchar y escucharnos.

Abrir un libro es llenar el mundo de silencios, de esos silencios imprescindibles para la emoción, para sentir que respiramos, que cerramos los ojos, que somos.



Leer frente al dogma.


Son tiempos de uniforme, son tiempos de globalizar(nos), son tiempos de cáscaras brillantes y fondos someros. Son tiempos de pocas preguntas y mucho dogma: este es el mundo que nos ha tocado vivir, resignación.


Y estos son los días que vivimos, días de idénticos gustos, de idénticos deseos, de idénticos pensamientos, días en los que la fábrica de ideas alumbra eslóganes futiles y vistosos para alimentar nuestras bocas y rellenar de palabras prefabricadas nuestros sueños. El deseo, nuestro deseo, está en manos del mercado y en este teatrillo nosotros somos los títeres que habitan en un sueño. O en una pesadilla.


La doctrina entra por el ojo y la oreja y se agarra firme adentro. El mercado nos hace iguales: somos carne de tarjeta visa.

The Shop Around the Corner



Y frente al adoctrinamiento exitoso leer se convierte en un acto de rebeldía: sentarse y abrir un libro es alimentarse de palabras, es rumiar ideas, es discutir y reflexionar y pensar y crecer y criticar.


Así pues, leer es un enorme acto de rebeldía que nos hace críticos, inconformistas, diferentes, preguntones, inquietos... Leer es romper la maquinaria de los moldes iguales, de las identidades manipulables, de la carne de mercado. En especial leer esos libros que no alimentan las calderas de ese mercado.

¡Si hasta se pueden leer libros gratis cogidos en préstamo en las bibliotecas públicas! ¡Dónde se ha visto acción tan revolucionaria en el reinado del consumismo y la globalización!



Leer frente a la inacción.


Son tiempos incomprensibles, nos dicen. Pasan cosas inevitables, insisten. Nada podemos hacer, afirman. Y mientras tanto nos invitan a sentarnos y ver pasar los días: resiste, aguanta, agacha la cabeza, un poco más, resiste, aguanta, mira la televisión... tú aún eres de los afortunados, te recuerdan. Resiste. Aguanta.


Y quieto, no vayas a mover ni un dedo, ni pestañees, no sea que se altere el universo, se rompa el equilibrio, se abran las compuertas y te arrastre la corriente hasta lo hondo.


Sasha Grey leyendo


Frente a la quietud humillante leer un libro se convierte en un acto de rebeldía: coger un libro activa el músculo, activa el ojo, activa el cerebro, activa la voluntad de ser partícipe, la responsabilidad, la implicación de quien lee. El libro exige al lector, da por ciento lo que exige pero exige. Pide ¡calla!, pide ¡escucha!, pide ¡atento!... y el lector participa y se hace responsable de eso que sucede en ese instante de lectura. Ser responsables y protagonistas de lo que nos sucede es, sin lugar a dudas, la mayor de todas las rebeldías imputables al libro.



Sí, podría decir que leo por hábito, que leo por placer, que leo por egoísmo.


Pero cada vez estoy más convencido de que leo porque pertenezco a la Resistencia, porque soy un rebelde. Y pienso que hay muchas cosas todavía que deben cambiar. Con un libro en la mano soy peligroso: pienso, sueño, hago preguntas, soy responsable, habito el tiempo... inicio la revolución silenciosa que hará otro mundo mejor.


Seguro.











PD: meses después de su publicación y difusión en español, el texto ha sido traducido al italiano y publicado en (bicizen.it) por mediación de Tiziana Cristiani y con traducción de Simona Fiscale. Podéis leerlo aquí.