lunes, 18 de febrero de 2013

29 de agosto, 1929; Imprecación, Horizonte racional y Codicilo;

cuatro poemas del escritor venezolano José Rafael Pocaterra


José Rafael Pocaterra
(Valencia (Estado Carabobo), 18 de diciembre de 1889-Montreal (Canadá), 18 de abril de 1955).




Cuatro poemas del escritor valenciano José Rafael Pocaterra





29 de agosto, 1929



He vuelto; es la tarde

igual a las que vi en mi infancia:

el mismo cielo, azul cobarde;

la misma fronda; la fragancia

de esta tierra tan colorada

con sus hormigueros en ansia

de alzar su casita acabada

por las lluvias del fin de agosto.


            Tu sepultura aquí cavada

-metros y centímetros- ¡que angosto!

y la losa cuán maltratada…

¡pobre mi madre que tan poco

debió a la alegría del mundo!

estas rosas aquí coloco

y que surgen de lo profundo

de mis recuerdos ¡cuán en balde!

¡ni que versos de gemebundo

ni que grito de Pérez Bonalde!


            Eras mi madre, eras el todo

y contigo enterramos eso:

el origen, el verbo, el modo;

desde la cólera hasta el beso,

desde el defecto hasta el portento…

¡cómo me siento, en vida, ileso,

sin merecerlo, cómo me siento

desde el espíritu hasta el hueso

más tuyo que nunca lo fuera!


            Ni cuando hinchaba mi proceso

en la fibra de tu cadera,

ni cuando ciego busqué el pecho

que nunca pudo amamantarme,

o te miraba desde el lecho

en el sopor del despertarme

aquella mañana riente

en el cascaron aldeano:

te acercaste tan dulcemente

con unas flores en la mano…

porque yo estaba desgraciado

¡fue aquellas fiebres que venciste

sin dormir, tu rostro inclinado

sobre mi faz de niño triste…!

y te recuerdo en esos días

y te evoco perfectamente,

con tus crenchas que tú partías,

negrísimas, sobre la frente.


            ¡Y solo ahora puedo verte

con ojos inverosímiles

desdibujados por la muerte

en siempre mas vagos perfiles!

¿Cómo eras, madre, cómo eras

cuando tenías veinte abriles

o tus sesentas primaveras?


            Te reconstruyo en tu agonía

y la visión, brusca, se trunca

¡no te me vayas todavía,

 quédate, madre, ahora o nunca!




Valencia





Imprecación



Ya no gimo, me tuerzo

como una zarza seca bajo el cierzo

que la destroza, y con la rama rota,

endeble, enferma, inútil y mezquina,

torturada sacúdese y azota.




Horizonte racional




            …Y quedar solitario

en el largo sendero

por donde todos van.



Y quedarse a la vera,

pensativo y callado,

envuelto en silencio

que nadie habrá de turbar.



            Como una parcial muerte

sin tiempo ni distancia;

nube que se detiene

sobre el trazo fugaz

del enorme camino

por donde todos van.



            Cierra, cierra los ojos.

¡Nunca mires atrás!




Codicilo




Bajo el montón de tierra en que cautivo

quedaré al fin ¿a que poner mi nombre

por vanagloria de lo que fui, vivo?

Basta trazar con mano presurosa

en mármol, en cemento, en cualquier cosa:

“Este fue un hombre”.


*******




Tomada del libro: Valencia, la de Venezuela. Perteneciente a la colección Separata del Departamento de literatura del Universidad de Carabobo




 

1 comentario:

  1. o te miraba desde el lecho en el sopor del despertarme aquella mañana riente en el cascaron aldeano: te acercaste tan dulcemente con unas flores en la mano… porque yo estaba desgraciado ¡fue aquellas fiebres que venciste sin dormir, tu rostro inclinado sobre mi faz de niño triste…!

    PRECIOSO.

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