sábado, 31 de agosto de 2013

"Sólo a fuerza de ser lo otro se puede ser único". Una entrevista al escritor venezolano y ahora académico de la lengua JOSÉ BALZA




  • "Creo que hay gente que habla pero no tiene palabras. Hablan sin contenido, de manera automática "

  •  "La política influye en todas las poblaciones, pero más profundamente en la gente paupérrima y en los artistas".

 

José Balza (Delta del Orinoco, 1939) es noticia por estos días: a principios de mes fue elegido para ocupar el sillón marcado con la letra "M" de la Academia Venezolana de la Lengua; mientras se discutía su nombramiento, la editorial Equinoccio anunció una compilación de los ensayos del escritor, que está por publicar, además, otro libro con Bid & Co.

Ya en las librerías nacionales está a la venta Ensayos de humo, un título que reúne textos escritos entre 1980 y 2012. Guillermo Meneses, Sergio Pitol, José Antonio Ramos Sucre, Medardo Fraile, Teresa de la Parra. Textos sobre escritores que han dejado una huella en el autor local. Textos que estaban dispersos que ahora los convirtió en libro. "La literatura es y no es periodismo: recoge noticias perdurables. Tan fresca hoy es una página de Homero como una de Rulfo. Cuando hago notas ensayísticas trato de advertir expansiones de la obra, el carácter del autor y ciertos rasgos de su tiempo. Esto pudiera darles durabilidad. Por lo tanto no son viejos ni nuevos. Por otra parte, acostumbro reunir textos ya publicados (incluso de hace 50 años) con los que escribo en estos días; al parecer ambos pueden leerse sin molestar", dijo el narrador venezolano, vía correo electrónico.

 
Teresa de la Parra

 A Balza no le gusta dar entrevistas en persona; tampoco radiales ni televisadas. Necesita pensar cualquier respuesta. Aquí, la de su elección como miembro de la Academia, que -para él- representa un honor: "(...) Creo que hay gente que habla pero no tiene palabras. Hablan sin contenido, de manera automática y pobre. Masas y muchos políticos. Algo doloroso, porque la vida se revela y se esconde en las palabras. Tal vez la Academia se asome a estos bordes. La designación me llega como un instrumento para nuevos trabajos entre lo diario y el lenguaje. Un oficio para reconsiderar el mundo y la soledad. Y como vivo siempre salvajemente, surge la oportunidad de hacer un ejercicio cada vez más riguroso. El Delta del Orinoco ha tenido académicos: Pedro Juan Krisólogo Bastard y fray Julio Lavandero. Me gusta imaginar que en un futuro tendremos otros".

El reconocimiento llegó casi cinco décadas después de que Balza publicó su primera novela. Tenía entonces 26 años. Hoy recuerda aquella etapa iniciática que lo llevó a ser escritor. "No es una metáfora: creo que fueron las aguas del Orinoco, presentes en mi vida desde el primer minuto. Su energía, su divino misterio, su transcurrir incesante me llevaron a sentir el paso de los momentos, del habla, de la gente. Y hacia los libros, las grandes ciudades. Al intento de regresar siempre a todo lo amado", agregó el también cuentista, que -como todos- empezó imitando.

 Ya lo dijo en uno de sus ensayos de su último libro: "Sólo a fuerza de ser lo otro se puede ser único" (página 380). Porque un escritor comienza por copiar a los autores que admira. "Imitamos desde el momento de nacer, para ser. Escribir es renacer siempre: sí, imitación y riesgo personal", indicó Balza, que ha sido traducido al italiano, francés, inglés, alemán y al hebreo; que hoy tiene tanta repercusión internacional que algunos aseguran que merece ganar el Premio Cervantes, aunque a él no le consta. "Como dije una vez a Igor Delgado Senior, la fama es algo que manejan los demás. No he podido saber de qué se trata".

José Balza se desconoce siempre en su propia escritura. La literatura es un espejo que nos refleja con el paso del tiempo. "Es espejo y muro. Cambia nuestra vida porque cambian los lugares, las maneras, la cotidianidad. Los amores y las amistades. Por eso, al reflejar todo eso en la escritura, no podemos reconocer nuestro yo", agregó el narrador nacional, que dice que fuera del país se lee con admiración a José Antonio Ramos Sucre, Rafael Cadenas, Alejandro Rossi, Eugenio Montejo, Guillermo Sucre, Josu Landa o a Gustavo Guerrero.


Dos preguntas sueltas:


-Guillermo Meneses, al que usted trabaja en varios de sus ensayos, hablaba de la figura del escritor como una totalidad: nunca ajeno al acontecer político pero no encarnación de ambiciones partidistas o gubernamentales. ¿La realidad política de un país siempre influirá en la obra de un escritor?


-Creo que influye sobre todas las poblaciones, pero más profundamente en la gente paupérrima y en los artistas. De diferente manera, desde luego. Pero el creador no tiene por qué escribir panfletos o estar en la televisión para demostrarlo. Su compromiso es más exigente, porque aspira a retener en su trabajo todo un tiempo.


-Usted dijo en uno de sus textos que pocos autores llegan a saber a lo largo de sus vidas qué es la literatura. ¿Usted, que ya lleva tantos años dedicado al oficio, encontró el significado?

-Obviamente, no. Por eso sigo escribiendo.

 

dfermin@eluniversal.com

 

Tomado de El Universal

 


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