lunes, 2 de septiembre de 2013

A modo de fábula:

sobre el interés real decrece que decrece (por décadas), Nilo Fabra (el rentista temeroso) y el Innombrable (economista).

By PacoMan



Nilo María Fabra

Estimados Amigos

Hoy compartimos esta interantísima entrada realizada por nuestro amigo PacoMan.

Esperamos que les guste tanto como a nosotros.

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lunes, 5 de agosto de 2013 



A modo de fábula: sobre el interés real decrece que decrece (por décadas), Nilo Fabra (el rentista temeroso) y el Innombrable (economista). 

 



Andaba yo leyendo, como usualmente, el Informe Mensual de Junio 2013 número 369, por su página 32, que elabora el Departamento de Mercados Financieros de La Caixa. Y me sorprendió que sus autores afirmaran que unas pocas décadas de intereses reales decrecientes tenían asombrados y perplejos a inversores, responsables de la política económica y académicos…





LA INVERSIÓN, CLAVE PARA EL CRECIMIENTO
¿Por qué son tan bajos los tipos de interés reales a nivel global?

A lo largo de las últimas décadas, los tipos de interés internacionales se han orientado a la baja, hasta alcanzar en la actualidad niveles inusualmente reducidos. La persistencia e intensidad del descenso han sorprendido a inversores, responsables de política económica y académicos. A posteriori se han ido elaborando diversas explicaciones plausibles para las distintas fases que ha atravesado el proceso, pero lo cierto es que los repetidos pronósticos de cambio a una tendencia alcista sostenida de los tipos se han incumplido una y otra vez. De hecho, en estos momentos la opinión de consenso vuelve a apuntar en la dirección ascendente, lo que invita a repasar la experiencia acumulada tanto en el plano conceptual como en el empírico.



Departamento de Mercados Financieros

Área de Estudios y Análisis Económico, ”la Caixa”





Para ver el huevo roto con mas detalle pulse sobre la imagen







Y sin embargo existe un cuento de 1.895 que aborda esta misma cuestión en un tono pedagógico con moraleja incluida: Las tijeras




Nilo María Fabra (Blanes 1843 – Madrid 1903) fue un periodista, escritor y político español. Corresponsal del Diario de Barcelona en Madrid y en las guerras austroprusiana y francoprusiana.


En 1865 fundó una organización de corresponsales dedicada a suministrar de noticias a los periódicos de provincias, que se convertiría, tiempo más tarde, en la agencia de noticias Fabra, primera agencia de noticias en España. Dicha agencia, fue desde 1870 la corresponsal de las agencias Havas y Reuters.


Miembro del Partido Liberal, fue candidato en las Elecciones al Senado de España del 15 de febrero de 1891 por Alicante y salió elegido el tercero.





Nilo escribió tres bonitas antologías de ciencia ficción siendo uno de sus  precursores en España. Para mejor ilustración de este punto es muy recomendable el artículo de Augusto UribeDe las proto-máquinas del tiempo a las anticipaciones de lo por venir” página 67 a 94 en La Ciencia Ficción Española, Varios Autores (2002) Ediciones Robel, S.L. 

Uribe tiene una interesante página web donde profundiza en esta temática:







El cuento que nos ocupa se recogió en el segundo libro de Nilo: Cuentos ilustrados, 1.895. En el referido artículo, Augusto comenta:



“…  El cuento siguiente, muy breve, se titula “Las Tijeras” y es una de las menos acertadas prospecciones del futuro de Fabra (aunque, realmente, se podría haber reescrito haciendo protagonista a la inflación).   …”



Evidentemente Augusto no escribió su mejor frase, como veremos tras leer el cuento. El verdadero trasunto del cuento es la reducción persistente del tipo de interés real (y del incremento del salario real) fruto del agotamiento del mecanismo de acaparación de la plusvalía relativa en el proceso de acumulación de capital. Situación que aterraba a nuestro liberal autor… posiblemente Nilo, a diferencia de Augusto y de los economistas de La Caixa, si había leído al economista INNOMBRABLE.



El cuento esta copiado de la antología que recoge toda su obra de ciencia ficción:







Fabra, Nilo María, La Guerra de España con los Estados Unidos y otros relatos. Berenice, 2010







LAS TIJERAS





A finales del siglo XIX eran inquilinos de una misma casa en Madrid, dos jóvenes de veinte años: Pedro y Fortunato.

         Vivía aquél en la buhardilla, sin más bienes de fortuna que el oficio de sastre, y esto en el cuarto principal, disfrutando de una renta de cuarenta mil pesetas anuales que le legó un tío suyo; pero sólo en usufructo, en títulos del cuatro por ciento interior perpetuo, o sea un capital nominal de un millón de pesetas.



         La necesidad, eterno acicate del pobre, el temor de los azares y contingencia de lo porvenir y la propia satisfacción de la recompensa, eran poderosa parte para que Pedro, sin desfallecer un punto no se lo diese de reposo en su honrado oficio: mientras que Fortunato, sin el apremio de la lucha por la existencia, seguro de su renta, con ciega fe en la solvencia del Estado, ajeno a toda inquietud y zozobra, se entregaba a los frívolos placeres de una vida regalada y elegante, mirando con menosprecio al trabajo en sus múltiples manifestaciones.



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Y pasaron cinco años y no estalló ninguna revolución, ni siquiera un pronunciamiento; las cosechas fueron abundantísimas; la exportación adquirió considerable incremento se nivelaron los cambios, la circulación fiduciaria quedó reducida a sus naturales límites, y por primera vez gozó la nación de un buen gobierno.

         El 4 por 100 interior subió sobre la par, y el Estado, siguiendo el ejemplo de Inglaterra, Francia y otros países prósperos, ofreció a sus acreedores el reintegro del capital o reducir la deuda del 4 al 3 por 100, y se llevó a cabo la conversión, dentro del derecho perfecto y con beneplácito general.

         La renta que Fortunato disponía en usufructo, quedó reducida a treinta mil pesetas. Cuando todo prosperaba, él, acreedor del Estado, venía a menos y veíase obligado a suprimir el coche.

         Entretanto, por una ley natural que se observa en las naciones ricas, aumentaba el precio de la mano de obra y Pedro conseguía lo que Enrique IV de Francia ambicionó para sus súbditos: la gallina una vez por semana en el puchero.



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Al terminar el primer quinquenio del siglo XX, el 3 por 100 interior perpetuo se cotizaba a 115 y las Cortes aprobaron un proyecto de ley convirtiendo dicho valor al 2 por 100.

         Fortunato cobró entonces veinte mil pesetas de renta y no tuvo más remedio que mudarse al piso segundo, mientras que Pedro, gracias al aumento creciente de su jornal, pudro trasladarse al cuarto.



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Cinco años después una gran transformación social se había producido en el mundo civilizado, transformación debida a un movimiento-evolutivo, que no se escapó a la perspicacia y previsión de muchos sociólogos y estadistas del siglo anterior. Las asociaciones de trabajadores, cada vez más perfeccionadas: la propaganda en las comarcas agrícolas, que permanecieron al principio ajenas al clamoreo de las clases proletarias; las manifestaciones del 1º de Mayo, que trascendían a las aldeas más apartadas; las huelgas frecuentes que imponían la voluntad del trabajo sobre el capital; el creciente triunfo de los candidatos obreros en las elecciones legislativas; el Estado, por la fuerza de las cosas y por imposición del mayor número arrojándose en brazos del socialismo, habían modificado lentamente la legislación secular y los antiguos organismos; pero, ¡cosa rara en la historia de los pueblos!, sin disturbios ni violencias y respetando el principio del derecho a la posesión legítima.

         Merced a este espíritu de justicia que prevaleció en los altos poderes, se reconocieron en toda su integridad los derechos de los acreedores del Estado; pero el valor del capital mermaba de día en día, y el 2 por 100 interior obtuvo cambios superiores a la par; entonces se decretó la conversión voluntaria en el 1 por 100.

         La renta usufructuaria de Fortunato bajó a 10.000 pesetas, y como al propio tiempo se encarecían los salarios, aquel tuvo que renunciar al servicio de su criado, mientras que Pedro ganaba un jornal de 12 pesetas.



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En 1915 el 1 por 100 interior era convertido en ½ por 100, y Fortunato, con su 5.000 pesetas de renta, alquiló el piso tercero de la derecha, y Pedro pudo ocupar el inmediato de la izquierda, pues su salario ascendía ya a 15 pesetas diarias, o sea 5.000 pesetas anuales próximamente, descontado los días festivos.



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El ½ por 100 se redujo en la misma forma y por idénticas circunstancias en ¼ por 100 al expirar la segunda década del siglo XX. Fortunato vio mermada su renta a la mitad, bastando apenar para cubrir las necesidades más apremiantes de la vida: tal era el incremento del precio de las cosas, producto del trabajo. En tanto que él, usufructuario de un millón de pesetas, tenía que apelar al rastro para vestirse, Pedro, con el sueldo de cortador de sastrería, pudo permitirse el lujo en invierno de un gabán de pieles.



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El interés del millón de pesetas quedó limitado a 1.250 pesetas en el año 1925 por la reducción del ¼ en 1/8 por 100, y Fortunato pasó a ocupar el piso cuarto, cuando el sastre bajaba al segundo



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Por fin, en 1930 se llevó a cabo la última conversión del 1/8 por 100 en 1/16, gracias a la depreciación progresiva del capital.

         Fortunato el millonario disponía sólo de 625 pesetas de renta al año. Era casi un pobre de solemnidad y se resignó a subir a la buhardilla y a trabajar cuando frisaba con los 55 años. No había querido estudiar profesión alguna ni aprender oficio, y tuvo que acogerse a la escoba municipal.

         Pedro aprovechando los progresos de la subdivisión del trabajo, había llegado a ser un especialista en el corte de chalecos, y los principales sastres de Madrid acudían a él para la preparación de aquellas prendas. Ganaba 40.000 pesetas al año, y en el espacio de treinta y cinco logró bajar de la buhardilla al principal.



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Las tijeras del sastre, cortando paño, habían vencido a las tijeras del rentista, cortando cupones.





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El breve, conciso y magistral cuento anticipa el pacto entre burguesía y proletario, describe el acceso del proletario a la clase media y la desaparición de los rentistas como clase social ociosa. Este malestar ante la desaparición de la élite de los rentistas y la brutal aparición de las masas es lo que predice Nilo… y que luego Ortega y Gasset lamentará en 1929 en su Rebelión de las masas.



Carlos Marx, el economista innombrable, creó y sistematizó en su El capital (1867) el proceso de acumulación del capital y la lucha agónica de los propietarios del capital por apropiarse de la plusvalía… queda lejos del objetivo de esta fábula comprender las condiciones que pueden llevar a este proceso de acumulación del capital a un escenario de largos periodos de tipos de interés reales decrecientes… 


La cuestión relevante es:


¿Por qué economistas tan capacitados sólo conocen un Marx?... Groucho






Me niego a acabar esta fábula sin una moraleja de rabiosa actualidad…


Esta es la «ley general de la acumulación capitalista» demostrada y enunciada por Marx: a medida que aumenta la acumulación de capital se produce y consolida necesariamente un número creciente de obreros sobrantes para el sistema, una población supernumeraria teniendo que subsistir en condiciones precarias y presionando a condiciones de explotación mayores a los demás obreros y a mayor miseria para los obreros en general. A estos obreros sobrantes se los denomina «ejército industrial de reserva». Esto explica que a medida que se acumula capital y por consiguiente riqueza se produce de manera pareja una acumulación creciente de miseria en la mayoría de la población: la acumulación de capital en un polo es equivalente a la acumulación de miseria en el otro. 

Marx explica que en tanto, crece la masa de obreros desocupados, de manera que las posibilidades de consumo decrecen, mientras por otra parte aumentan las mercancías en el mercado. Entonces es menester, para que los parados vuelvan a consumir, ocuparlos en nuevas ramas de la industria, o desarrollar las que ya existen. Pero para esto son menester nuevos capitales y los nuevos capitales no se pueden obtener sino con la acumulación, y la acumulación no se obtiene sino con el aumento de la plusvalía. Para aumentar el valor relativo de la plusvalía sería menester disminuir el valor de la mano de obra, bajando el precio de las mercancías consumidas por el trabajador. Para disminuir el precio de las mercancías es necesario aumentar la productividad, mejorando la técnica. Y para mejorar la técnica, es menester también acumular, aumentando la plusvalía, y así sucesivamente.


El círculo vicioso queda cerrado. De cuando en cuando el círculo se interrumpe; con los almacenes repletos, y las salidas cerradas, el mercado ya no acepta nada; quiebras, obreros sin trabajo, revueltas de los hambrientos: crisis. Tal es el círculo vicioso del sistema capitalista; pero éste, como el sistema de que es expresión, ha tenido también su punto de partida. 

Preferiblemente no confundir


by PacoMan

Tomado de by PacoMan




by PacoMan

En 1968 nace en el barrio Bellavista de Les Franqueses del Vallès (Barcelona), pero reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente, impartió en la Universitat Autònoma de Barcelona y en la Universidad de Málaga. Sigue impartiendo, para matar el gusanillo, en ESESA (Málaga) y en Vértice Business School (On-room).


En la actualidad, trabaja de Director Técnico en la corporación empresarial de una entidad financiera andaluza.

Aficionado a la Ciencia Ficción de toda la vida y activo en el Fandom desde siempre, hace muchísimo tiempo que no escribe ficción. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog: http://bypacoman.blogspot.com.es/



Y colabora con el blog de Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com.es 



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