martes, 22 de octubre de 2013

LO FANTÁSTICO EN EL CUENTO VENEZOLANO CONTEMPORÁNEO:

Alegoría, parodia y otras formas de alteridad.

Por Freddy Crescente






Estimados Amigos

Hoy compartimos con ustedes este texto que gentilmente nos facilitó nuestro amigo by PacoMan. El texto es inédito en la red y creemos que será de mucha ayuda a aquellas personas que quieran adentrarse en los orígenes de la Literatura fantástica en Venezuela

Esperamos la entrada sea de su agrado.

Richard Montenegro


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LO FANTÁSTICO EN EL CUENTO VENEZOLANO CONTEMPORÁNEO: alegoría, parodia y otras formas de alteridad.


Por Freddy Crescente





Creo que la imaginación humana no ha inventado nada que no sea verdadero

Gerard de Nerval






Los antecedentes del género fantástico en Venezuela hay que buscarlos en algunos relatos premodernistas, entre los que cabría citar El número 111, de Eduardo Blanco y Las paredes que hablan (1889), de Tulio Febres Cordero. Pero nuestro propósito, por ahora, no va dirigido a analizar aquellos primeros tiempos de la imaginación  narrativa tan imbuidos de romanticismo. Al contrario, se centra en el trazado, con sus correspondientes cortes y recortes, del cuento fantástico venezolano a partir de la vanguardia. Es evidente que el proceso historio-gráfico de esta categoría novelesca se ramifica, a la hora de la creatividad, en diferentes tendencias, que va de la anécdota, el universo marginal, el experimento a lo fantástico. Sin embargo, podía decirse que algunos de los últimos trabajos que han aparecido sobre narrativa corta venezolana no dedican un apartado a los poderes de la ficción en este tipo de relato, salvo el caso de Víctor Bravo, quien ofrece un pequeño volumen enteramente dedicado al tema [Nota 1].

 
Tulio Febres Cordero


Por otra parte, también debemos plantearnos, en segundo lugar, el puesto que ocupa la narrativa fantástica venezolana dentro del corpus general. De todos es sabido, y las distintas historias de la literatura y el propio discurso ficcional así se han encargado de recordárnoslo, que el país de doña Bárbara ha sido un filón constante de obras realistas, cuyos contenidos sociales tantas veces derivan hacia tonalidades políticas. Alternativa metodológica, por supuesto, justa y legítima, si tenemos en cuenta que Venezuela se ha visto sorprendida por múltiples asonadas, que van desde el flagelo de los caudillos, las guerras civiles postindependentistas, las sucesivas dictaduras, la explotación petrolera al cruento imperialismo cultural.


Eduardo Blanco


            Aunque ya el grupo Sardio, por la década del 50 declaró la muerte literaria del saurio galleguiano, habría que esperar hasta los años 60 para asistir al renacimiento de una producción que ha tenido su más genuino padre en los textos garmendianos de La tienda de muñecos (1927) [Nota 2]. Si la narrativa de lo fantástico ha sido escasa y dispersa en Venezuela desde las primeras tentativas de Don Tulio hasta Pedro Berroeta con su obra Marianik (1945), sólo hacia la segunda mitad de los 60 despuntará un renuevo gallardo de esta expresión. A ello contribuyeron los libros Doble fondo (1966), de Salvador Garmendia y Quorum (1967), de David Alizo.


Pedro Berroeta


            De todos los narradores fantásticos venezolanos, ha sido Pedro Berroeta  considerado el segundo eslabón de la cadena fantástica  el que nos ha legado una producción más extensa, y que se prolonga hasta hoy con su novela Natacha te quiero tanto (1981). Dentro de toda su obra, la crítica ha diferenciado dos líneas de trabajo y sentido, que muchas veces convergen: la razón cósmica y la razón amorosa [Nota 3]. En cuanto a las distancias que lo separan de su predecesor, la narrativa de Berroeta se queda anclada en una dimensión alegórico-didáctica, frente a los relatos de Julio Garmendia, siempre en permanente articulación con la realidad a través de la parodia y el humor. Sin embargo, a raíz de la publicación del libro Migaja (1974), el sesgo de la prosa berroetiana cambia sustancialmente de rumbo.


David Alizo


             Habría que reflexionar, además, de la fecha del nuevo nacimiento del relato fantástico en Venezuela, lo que bien puede llamarse la tercera fase de este imaginario. Es sintomático quizás el hecho de que el resurgir del género esté centrado en la que se conoce como década violenta (1960-1970), dados los acontecimientos que estaba viviendo la historia venezolana. De todas maneras, tampoco hay que concebir esta literatura como un discurso atípico dentro de esa dramática realidad, pues como ha apuntado Bravo:



“… por mucho que la ficción profundice la alteridad que la alteridad que la constituye a través de la puesta en escena de sus propias leyes, siempre supondrá, en atención a su inteligibilidad, una vinculación con lo real.    ….”



            Los narradores fantásticos venezolanos de la promoción actual han asimilado de la poética de Julio Garmendia el recurso estilístico del humor, el desparpajo verbal y la ambigüedad del discurso. En lo referente a las formas de la fantasía, esta literatura crea escenificaciones extrañas, que provienen del terreno de la alteridad, que se asienta en los pilares de la fábula y la vacilación. La puerta de acceso a este mundo otro se hace a través de un lenguaje misterioso y absurdo, cargado de parodia y tintes de ironía, donde lo cotidiano se vuelve irrealidad.


Julio Garmendia


            El camino de la narrativa fantástica venezolana continúa en las generaciones recientes, por senderos que a veces se bifurcan, con obras como Los dientes de Raquel (1973), de Gabriel Jiménez Emán, Me pareció que saltaba por el espacio como una hoja suelta (1977), de Armando José Sequera, El agresor cotidiano (1978), de Ednodio Quintero, Hace mal tiempo afuera (1986), de Salvador Garmendia, El cocodrilo rojo (1987) de Eduardo Liendo y Cementerio privado (1988), de Earle Herrera. Estos flamantes narradores de lo fantástico han sido los encargados de emprender literatura insomne, capaz de mantener al lector vigilante, al acecho de nuevos mundos, otros juegos, en constante diálogo con lo real.


Armando José Sequera



Notas:


[Nota 1] Víctor Bravo, Cuatro momentos de la literatura fantástica venezolana, Caracas, Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 1986.


[Nota 2] La tienda de muñecos, de Julio Garmendia, es uno de los textos fundacionales de la literatura fantásticas no sólo venezolana sino también de todo el continente.


[Nota 3] Víctor Bravo, op. Cita., pág. 34


[Nota 4] Víctor Bravo, Los poderes de la ficción, Caracas, Monte Avila Editores, 1985, pág. 298


Este artículo se publicó por primera vez en La Gaceta de Canarias, 6 de marzo 1993.



Extraído de la revista BEM; ciencia ficción y fantasía, editada por Interface Grupo Editor, Año 4. Número 35, Octubre-Noviembre 1993

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Publicado en la columna Reflexiones Urbanas del diario Ultimas Noticias en la página  18 el domingo 22 de mayo del 2016


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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.

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