martes, 30 de abril de 2013

El complejo hispanohablante en Cataluña







Ernest Benn, un escritor, publicista y político británico, dijo: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos aunque no existan, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar el remedio equivocado” –la frase, dicho sea de paso, se suele atribuir a Grouxo Marx, quien para muchos era la única persona capaz de crear una frase ingeniosa en el siglo XX.

Los políticos suelen ser odiados y envidiados –todos llevamos a la vez un anarquista y un presidente de gobierno dentro-, pero habitualmente se exageran filias y fobias aún cuando parezca que se esfuerzan muchos en llevar a la práctica la apreciación de Ernest Benn.





Durante los últimos años en los editoriales, tertulias políticas, blogs y resúmenes de actas de los congresos, no hay día que falten referencias a Cataluña, la lengua, las lenguas, el nacionalismo, el estatuto de autonomía, los disparates de alguna que otra figura pública. De manera general, los temas se tratan con bastante respeto, a veces incluso con respeto inmerecido.

Uno de los temas más discutidos suele ser el “problema” de la lengua. Los idiomas catalán y castellano son enfrentados como si realmente se tratase de una batalla. Los defensores del catalán y los del castellano se desgatan en una cruzada publicitaria, de declaraciones y se cargan de razones.

El 7 de mayo de 2009, basándose en el principio de que el catalán es la única lengua propia en la región, la Comisión de Educación y Universidades del Parlamento de Cataluña instituyó el uso del catalán como única lengua oficial y vehicular de la enseñanza. En enero de este año, el pleno del Parlament aprobó la Ley del Cine de Cataluña y admitió a trámite un nuevo Código de Consumo de Cataluña, que prevé un endurecimiento de las sanciones por no rotular en catalán en locales comerciales de todo tipo. Esta nueva normativa establece que cualquier comerciante que no rotule o no redacte los documentos inherentes a la labor comercial -facturas, instrucciones, folletos publicitarios o presupuestos de su comercio, etc.-, al menos en catalán, puede ser multado hasta con 10.000 euros –hasta ahora la multa podía ascender “sólo” a los 3.000. La norma establece, además, el criterio de "disponibilidad lingüística" por el que se obliga a los comerciantes a responder en catalán a los consumidores que se les dirijan en este idioma. La mayoría de los grupos políticos votaron a favor.

Para estas medidas políticas se esgrime, como ya he dicho y, entre otras cosas que pretendo no tener en cuenta hasta más adelante –por ejemplo aquel razonamiento pueril que viene a decir más o menos: si el franquismo desaconsejó, prohibió o persiguió la lengua catalana, ahora se tiene una justificación moral para hacer lo mismo, o sea, desaconsejar, prohibir o perseguir otras lenguas o más específicamente la lengua castellana-, la oficialidad única del catalán en la región o la mayoritaria importancia del idioma respecto a otros.

Sin embargo, según datos del 2008 ofrecidos por el Institut d’ Estadística (www.idescat.cat) el 45,9% (2.830,000 habitantes) de la población catalana usa el castellano de manera habitual frente al 35,6% (2.196,600 habitantes) que usa el catalán –los datos referentes a lengua materna aumentan esa diferencia a unos 55 y 31,6%, respectivamente. ¿Por qué, entonces, teniendo en cuenta que el castellano es la lengua propia y la lengua más usada de la mayoría de los catalanes, el parlamento se sumerge en estas decisiones? ¿Por qué los políticos se sienten avalados para apoyarlas? ¿Por qué no hay una respuesta más contundente de la sociedad catalana a estas leyes y normas?
 

Inconscientemente se recurre a un tema moral y a un complejo. El asunto moral, al que ya hemos hecho referencia anteriormente, se basa en que la relevancia actual del idioma español es consecuencia de la represión del catalán por la dictadura franquista y las políticas llevadas a cabo por el gobierno central durante esos veinticinco años. Sin embargo, el castellano no llegó a Cataluña -al País Vasco o a Galicia- junto al ejército de Franco. Estaba allí desde hacía quinientos años y había alcanzado gran relevancia por diferentes razones que se alejan lo suficiente de la imposición o la obligatoriedad. El complejo se justifica en otro concepto no en balde relacionado con la política: el poder. La parte de la sociedad y las clases catalanohablantes son representativas de la solvencia económica, el éxito comercial o industrial y la jerarquía. El catalán, a pesar de los datos referidos anteriormente, es el idioma de los ejecutivos, de los empresarios, de la gente bien. El castellano es el de la portera, el del obrero, el del andaluz o el extremeño que vino a dejarse el pellejo en la fábrica, en el campo.

La generalidades tienden a equivocarse, ya lo sé, por eso aclaro que no es mi apreciación del asunto, sino la apreciación generalizada que creo detectar. Si uno quiere prosperar en la sociedad catalana tiene que hablar catalán. O más, tiene que ser catalán, lo que quiere decir, tienes que pertenecer a “los catalanes de toda la vida”, al poder –de otro modo nunca pasarás de “charnego” aunque seas el presidente de la Generalitat. Y el hispanohablante baja la cabeza y asiente y asegura que así es como debe ser.

Los políticos catalanes han encontrado el problema que no existe. Han diagnosticado erróneamente. Han aplicado el peor remedio: reprimir lo irreprimible: los niños seguirán hablando castellano en el recreo; en el bar se seguirá pidiendo una mediana y un cortado.

Publicado por  


Tomado de The Galimatias



Ahora compartimos con ustedes este video.








lunes, 29 de abril de 2013

LAMENTO DE LA ESCALERA DE GEMAS, por Li Po








LAMENTO DE LA ESCALERA DE GEMAS


Los enjoyados escalones están ya blancos de rocío,
Es tan tarde que el rocío empapa mis medias de gasa,
Y bajo la cortina de cristal
Y miro la luna en el claro otoño.


Rihaku




Li Po




 Versión de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal a partir del original de Ezra Pound



Ahora disfruten del texto de Ezra Pound


THE JEWEL STAIRS' GRIEVANCE


The jeweled steps are already quite white with dew,
It is so late the dew soaks my gauze stockings,
And I let down the crystal curtain
And watch the moon through the clear autumn.




Ezra Pound







domingo, 28 de abril de 2013

Buscan la solución al misterio de los legendarios jinetes númidas




Representación de uno de los temibles jinetes númidas

 

 

En busca del misterio de los númidas

Jacinto Antón/ Barcelona/ 19 MAR 2012 

Arqueólogos catalanes desentierran en las ruinas de Althiburos, en Túnez, el pasado de los jinetes más famosos de la antigüedad



Eorum in equitatu maxima laus fuit”. Su mayor gloria fue la caballería. La palabra númidas conjura la vertiginosa imagen de la caballería ligera más famosa y decisiva de la antigüedad. Los jinetes que ayudaron a Aníbal a convertirse en leyenda, que luego colaboraron resolutivamente a su derrota en Zama y que más tarde cabalgaron junto a César en sus campañas en la Galia. Convertida en indispensable fuerza auxiliar de las legiones, la caballería númida era tan emblemática como los honderos baleares, los arqueros cretenses o los nadadores bátavos. Tito Livio, admirado de su virtuosismo ecuestre los comparó con los desultores del circo, los acróbatas caballistas, por tener la misma capacidad de saltar de un caballo a otro, incluso en pleno combate. ¿Pero quiénes eran esos númidas ágiles y veloces que han dejado un rastro de sobresaltado respeto en el mundo antiguo?


Originarios de Numidia (abundante en feroces leones, decía Plinio), un reino que comprendía partes de Argelia, Túnez y Marruecos, entraron en contacto con los cartagineses, que los usaron como mercenarios (Serge Lancel ha dicho que fueron para Cartago lo mismo que los cosacos para el imperio ruso), y luego con los romanos. Divididos en tribus y facciones, a menudo enfrentadas, los númidas apoyaron a Cartago o a Roma y guerrearon contra una y otra en las Guerras Púnicas. Entre sus caudillos figuran grandes personajes de la antigüedad como Sifax, aliado de Cartago y casado con la desgraciada Sophonisba, entregada por su padre Asdrúbal Gisco; Naravas, inmortalizado por Flaubert en Salambó; Masinisa, amigo de Escipión el Africano, y Jugurta, que tuvo en jaque a la república romana con sus guerras y sobornos.



Excavaciones en Túnez. / UB


Las fuentes clásicas nos dan información escasa y confusa sobre el pueblo númida, más allá de su relación con Roma, y la historiografía y la arqueología no los ha tenido muy en cuenta. Así que en realidad son unos grandes desconocidos y si historia está llena de enigmas. A resolverlos en lo posible se dedican ahora sobre el terreno un grupo de arqueólogos de la Universidad de Barcelona (UB) encabezados por Joan Sanmartí que excavan desde 2006 en el yacimiento númido-romano de Althiburos (actual el Medeina), en el noroeste de Túnez, en la provincia de el Kef, a 215 kilómetros de la capital del país y a menos de 50 de la frontera argelina.

Las excavaciones, un proyecto catalano-tunecino en el que colabora el Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC), trata de sacar a los númidas de la oscuridad de la historia y de momento ya ha conseguido hacer retroceder su pasado la friolera de medio milenio, hasta al menos el siglo IX antes de Cristo. Alguno puede pensar que la cronología númida no es algo para quitarnos el sueño y menos con la que está cayendo, pero descubrir que hubo una gente en el Magreb que ya se había sedentarizado y construía núcleos urbanos antes del contacto con cartagineses y romanos es un puntazo para nuestra arqueología.

“La idea de excavar allí nació al observar el vacío de conocimientos que tenemos del mundo africano pre romano”, explica Sanmartí en su abigarrado despacho de la UB en el que destaca una vieja reconstrucción de la Acrópolis y la más bien incoherente foto de un grupo de guerreros apaches, entre ellos Jerónimo. “Existe un gran desequilibrio en comparación con lo que sabemos de la historia de la otra orilla del Mediterráneo, situación que tiene que ver con los planteamientos colonialistas con los que se ha trabajado en el Magreb, una arqueología de legitimación de la ocupación occidental que exaltaba y ponía en valor el pasado romano ignorando e incluso ocultando las muestras de civilización autóctona”. En Althiburos, como en la mayor parte del norte de África, esas huellas están bajo las ciudades romanas, si exceptuamos las grandes tumbas reales númidas.


Otra razón que ha llevado a Joan Sanmartí y su equipo a excavar es el interés por estudiar el proceso de formación de los Estados antiguos


Otra razón que ha llevado a Sanmartí y su equipo a excavar es el interés por estudiar el proceso de formación de los Estados antiguos. La misión de la UB ha aprovechado las buenas relaciones catalanas con Túnez y la receptividad tunecina ante el proyecto, aunque luego se han encontrado con la Primavera Árabe y la revolución que derrocó al presidente Ben Alí, lo que les costó no poder excavar el año pasado. Regresan el próximo día 30.

“De los númidas sabíamos que en la Segunda Guerra Púnica, en el siglo III antes de Cristo ya eran importantes, así que en el siglo IV cuando menos ya debía existir un Estado númida. La Numidia de las fuentes clásicas, como Salustio, es un mundo de grandes monarcas sometido a tensiones y turbulencias sucesorias, que Roma aprovecha y a menudo instiga. ¿Pero qué había antes?”. Le pregunto al estudioso antes de seguir cómo hemos de imaginarnos físicamente a los númidas. “Eran bereberes, paleo bereberes si quieres, hay una continuidad muy clara con ellos, de idioma, de escritura, el amazigh. Su estructura política era de base tribal, no tenían una idea de estado nacional moderno; una serie de grandes señores elegirían a un primus inter pares como rey. Las fidelidades eran variables y fáciles de comprar. Esa propensión a cambiar de bando que observamos en los númidas también se da en los iberos”.

Allthiburos está en un altiplano a casi 800 metros, un lugar muy bonito en el que destacan las ruinas de la ciudad romana, foro, capitolio, teatro. “Excavamos a lado y lado del capitolio, donde podemos; hemos encontrado los niveles antiguos númidas. No hay elementos visualmente espectaculares pero hemos hallado la pared de piedra más antigua de África, descontando las estructuras prehistóricas. Del siglo IX o X a. de C. No conocíamos ni una sola pared númida anterior al siglo III a. de C. Como ves resulta un salto temporal extraordinario”. Sanmartí subraya que se aprecia en la estratigrafía una evolución fluida y una continuidad cultural. “Es el primer paso para hacer una documentación científica de este mundo. Cierto, el interés monumental es muy pequeño, pero hemos llevado a los númidas 500 años atrás en la historia, hasta el siglo X a. de C, medio milenio antes de lo que nos mencionaban las fuentes escritas. Ahora sabemos que eran sedentarios en ese momento tan remoto, cultivaban viña, y luego olivo; no eran nómadas, se habían asentado. Y lo habían hecho puramente por desarrollo propio y no por influencia de Cartago. Había empezado el camino hacia estructuras estatales”.

Le pregunto a Sanmartí que habría pasado de no mediar los cartagineses y romanos. “Es una ucronía, ¿habrían desarrollado conceptos de ciudadanía como los del mundo griego y luego romano? No parece, su base era muy tribal, no creo que hubiesen dado lugar a una gran civilización de referencia”. En todo caso, recalca, para un país como Túnez es muy importante descubrir la dimensión histórica de su pasado, aunque también es cierto, matiza, que se recela en algunas instancias de los orígenes identitarios amazigh, bereber. Se ve a los númidas como paganos remotos, preislámicos. Más sospechosos que los cartagineses, al fin y al cabo de lengua semita.

Dese el punto de vista humano, Sanmartí está encantado con la experiencia. “La gente en el mundo rural tunecino es muy hospitalaria y amable; conservan identidades tribales”. No considera que los cambios en Túnez hayan traído un clima malo, y es optimista sobre el futuro del país. Los trabajos de la UB, de los que se acaba de publicar un impresionante primer volumen de memoria científica, no acaban en Althiburos: realizan prospección en todo el valle, estudian monumentos megalíticos, quieren excavar un gran túmulo. .. Los viejos jinetes, pues, seguirán revelando sus secretos.


 Tomado de El País


sábado, 27 de abril de 2013

Como pagar las cuentas mientras escribes

El pan de los escritores





Dashiell Hammett

 21/03/2012  

  • De Dashiell Hammett a Franz Kafka o Bruce Chatwin, son muchos los autores célebres que han tenido que desempeñar oficios variopintos para ganarse la vida 

  • Dos libros nos adentran en la historia laboral de los grandes literatos




SERGIO VILA - SANJUÁN


Barcelona




Hay gente que empieza con mal pie en un trabajo. Dashiell Hammett, por ejemplo. Contratado como recadero de ferrocarril por la B&O Railroad, perdió su puesto porque llegó tarde todos los días de una misma semana. Fulminantemente despedido, su jefe decidió ofrecerle otra oportunidad si prometía no volver a retrasarse. "Es imposible", respondió Hammett, y dejó para siempre la compañía.

Bruce Chatwin
Otros, en cambio, parecen encajar en un empleo como si hubieran sido específicamente diseñados para hacerlo. Bruce Chatwin, por ejemplo, fue en los años cincuenta y sesenta el perfecto empleado de la casa Sotheby's. Aún se ocupaba de quitar el polvo a las cerámicas cuando un día en que estaba trabajando junto a una pequeña pieza de Picasso, un señor le preguntó que opinaba de ella. "Es falsa", respondió.
En vez de ponerle en la calle por espantar clientes, sus superiores apreciaron la intuición y lo ascendieron; durante años fue el encargado estrella del departamento de antigüedades.
Hammet y Chatwin, claro, no han pasado a la posteridad por estos empleos sino por sus libros, aunque en ambos casos hay razones para preguntarse si su literatura hubiera resultado tan interesante de no contar con la experiencia que su vida laboral les aportó.


La relación entre literatura y economía práctica es un tema en auge en los últimos años, y coinciden ahora en librerías dos obras sobre el tema. Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores, de la ensayista italiana Daria Galateria, ha sido publicada por Impedimenta, que está haciendo en este momento las ediciones más bonitas del mercado, y traducida por Félix Romeo en la que debió ser uno de sus últimos trabajos de esta índole.


Ganarse la vida en el arte, la literatura y la música es un volumen colectivo dirigido por Javier Gomá Lanzón, que publica Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores; los capítulos sobre literatura corren a cargo del maestro José Carlos Mainer, que traza un panorama general, y de Joan Oleza, que analiza el caso de Vicente Blasco Ibañez.
Vicente Blasco Ibañez
En su introducción, Gomá critica con razón la "limitada perspectiva" de las historias de la cultura que estudian las obras de arte como una cadena de influencias, y en cambio se olvidan de reseñar cómo se ganaban la vida los autores que recogen. Y se pregunta si acaso es irrelevante para la creación que Byron o Tolstoi vivieran de rentas, y Thomas Mann se casara con una mujer que podía mantenerlo, mientras Balzac o Dickens dependieran para su subsistencia del éxito de sus obras.

Antoine de Saint-Exupéry
Irrelevante no lo es, tanto para sus condiciones de trabajo como para los contenidos que produjeron. El escritor chileno José Donoso me contó una vez que, nacido en una familia burguesa, había pasado varios meses trabajando como camionero con la finalidad de "ganar experiencia". El diplomático Paul Morand, el médico Louis Ferdinand Céline, el aviador Antoine de Saint-Exupéry, el empleado de seguros Franz Kafka, ¿qué hubieran escrito sin el bagaje de sus oficios? Sin duda algo diferente a lo que aún les da vigencia.

Tomado de La Vanguardia




viernes, 26 de abril de 2013

50 novelas célebres y sus comienzos




 22/06/2012


Hay quien piensa que el comienzo de un libro es fundamental, la parte más importante del mismo pues si el primer párrafo no te “engancha” probablemente no te animes a continuar la lectura. Por eso a algunos escritores les cuesta tanto comenzar a escribir (aun teniendo clara toda la trama) pues necesitan encontrar la frase perfecta con la que empezar su narración.

Nuestro colaborador D.S. se ha puesto manos a la obra y ha realizado una lista con algunos de los comienzos de libros que más le gustan. Como ocurre siempre con estas listas, no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

¿Cuáles es vuestro comienzo de libro favorito? ¿Pensáis que un buen comienzo es el augurio de una buena novela? ¿Cómo empieza el libro que estás leyendo?

Los 50 comienzos literarios a partir del salto.


1- Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino.

“Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida.”

2- Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra.

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”

3- Lolita, de Vladimir Nabokov.

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.”

4- Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”

5- Scaramouche, de Rafael Sabatini.

“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese era todo su patrimonio.“


6- Yo, Claudio , de Robert Graves.

“Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico esto-lo-otro-y-lo-de-más-allá…”

7- La regenta, de Leopoldo Alas Clarín.

“La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte.”

8- Historia de dos ciudades, de Charles Dickens.

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.

9- El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias.

“¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanadas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!”

10- El filo de la navaja, de William Somerset Maugham.

“Nunca he comenzado una novela con tanto recelo. La llamo novela porque no sé qué otro nombre darle. Su valor anecdótico es escaso y no acaba ni en muerte ni en boda.

11- Rayuela, de Julio Cortázar.

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.


12- Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante.

“Showtime! Señoras y señores. Ladies and gentlemen. Muy buenas noches, damas y caballeros, tengan todos ustedes. Good-evening, ladies & gentlemen. Tropicana, el cabaret más fabuloso del mundo…”

13- El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.”

14- El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald.

“En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza.”Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…”

15- Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos.

“Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono.”


16- Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez.

“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.”

17- La metamorfosis, de Franz Kafka.

“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.”

18- Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa.

“Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?”

19- Anna Karenina, de León Tolstoi.

“Las familias felices son todas iguales; las infelices lo son cada una a su manera.”

20- El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

“Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez.


21- Middlesex, de Jeffrey Eugenides.

“Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica en Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974″.

22- La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares.

“Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro.”

23- El túnel, de Ernesto Sabato.

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.”

24- Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

“2 de noviembre. He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.

25- El tambor de hojalata, de Günter Grass.

“Lo reconozco: estoy internado en un establecimiento psiquiátrico y mi enfermero me observa, casi no me quita el ojo de encima; porque en la puerta hay una mirilla, y el ojo de mi enfermero es de ese color castaño que a mí, que soy de ojos azules, no es capaz de calarme.”


26- Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk.

“Encuentra al hombre que me asesinó y te contaré detalladamente lo que hay en la otra vida.”

27- David Copperfield, de Charles Dickens.

“Si soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán estas páginas. Para empezar mi historia desde el principio, diré que nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente.”

28- Babbitt, de Sinclair Lewis.

“Las torres de Zenith se alzaban sobre la niebla matinal; austeras torres de acero, cemento y piedra caliza, firmes como rocas y delicadas como varillas de plata.”

29- La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes.

“Yo despierto… Me despierta el contacto de ese objeto frío con el miembro. No sabía que a veces se puede orinar involuntariamente. Permanezco con los ojos cerrados. Las voces más cercanas no se escuchan. Si abro los ojos, ¿podré escucharlas?…”

30- El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers.

“En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos”


31- Niebla, de Miguel de Unamuno.

“Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta.”

32- 1984, de George Orwell.

“Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece”.

33- Moby Dick, de Herman Melville.

“Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo.”

34- Matadero cinco, de Kurt Vonnegut.

“Todo esto sucedió, más o menos“.

35- El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas.

“El 24 de febrero de 1815, el vigía de Nuestra Señora de la Guarda dio la señal de que se hallaba a la vista el bergantín El Faraón procedente de Esmirna, Trieste y Nápoles.”

36- El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier.

“Detrás de él, en acongojado diapasón, volvía el Albacea a su recuento de responsos, crucero, ofrendas, vestuario, blandones, bayetas y flores, obituario y réquiem —y había venido éste de gran uniforme, y había llorado aquél, y había dicho el otro que no éramos nada…”


37- Musashi. La leyenda del samurai, de Eiji Yoshikawa.

“Takezo yacía entre los cadáveres, que se contaban por millares. «El mundo entero se ha vuelto loco —pensó nebulosamente—. Un hombre podría compararse a una hoja muerta arrastrada por la brisa otoñal.» Él mismo parecía uno de aquellos cuerpos sin vida que le rodeaban.”

38- Orgullo y prejuicio, de Jane Austen.

“Es una verdad universalmente aceptada, que todo hombre soltero en posesión de una buena fortuna, debe estar en búsqueda de esposa.”

39- El arco iris de gravedad, de Thomas Pynchon.

“Un grito a través del cielo.”

40- Murphy, de Samuel Beckett.

“El sol brillaba, no teniendo otra alternativa, sobre lo nada nuevo.”

41- Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Marquez.

“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.”

42- Robinson Crusoe, de Daniel Defoe.

“Nací en el año 1632 en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no del país, pues mi padre era un extranjero, oriundo de Bremen, que se había radicado inicialmente en Hull. Gracias al comercio, poseía un considerable patrimonio, y, al abandonar los negocios, vino a vivir a York, donde casó con mi madre, que pertenecía a una distinguida familia de la región, de nombre Robinson, razón por la cual yo fui llamado Robinson Kreutznaer.”


43- El buen soldado, de Ford Madox Ford.

“Esta es la historia más triste que jamás he leído.”

44- El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien.

“Cuando el señor Bilbo Bolsón de Bolsón Cerrado anunció que muy pronto celebraría su cumpleaños centesimodecimoprimero con una fiesta de especial magnificencia, hubo muchos comentarios y excitación en Hobbiton.”

45- Cuentos de amor, de locura y de muerte, de Horacio Quiroga.

“Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia.”

46- Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago.

“Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador de paso de peatones apareció la silueta del hombre verde. La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra del asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso.”

47- Herzog, de Saul Bellow.

“Si estoy chalado, tanto mejor”, pensó Moses Herzog. Algunos lo creían majareta, y durante algún tiempo él mismo había llegado a pensar que le faltaba un tornillo.”

48- El Capitan Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte.

“No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.”

49- Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne.

“Un domingo, el 24 de mayo de 1863, mi tío, el profesor Lidenbrock, volvió precipitadamente a su casa, situada en el número 19 de Königstrasse, una de las calles más antiguas del viejo barrio de Hamburgo.”

50- El principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

“Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas”, una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera.”


Madrid, 22 jun. (D.S. / Quelibroleo)



Tomado de Quelibroleo.com.