viernes, 31 de mayo de 2013

Philip K. Dick: el hombre que soñaba dioses eléctricos y que murió sin un dolar antes del estreno de Blade runner




  • A los treinta años de su muerte, es el escritor que más nutre el imaginario de Hollywood 

  •  Stanislaw Lem, Roberto Bolaño, Rodrigo Fresán o Jonathan Lethem se declararon fans de sus libros

  •  "El poder del mal es hacer que la realidad deje de existir", decía el autor 

  • Murió sin un dólar antes del estreno millonario de 'Blade Runner' 

  • Una crisis nerviosa en 1974 le hizo creer que habitaba en dos mundos paralelos

Josep Massot


  20/08/2012



Es uno de los grandes escritores del siglo XX y sin embargo es de los menos leídos por los grandes escritores. Philip K(indred) Dick (1928-1982) es un autor popular que escribió más de 120 relatos y 30 novelas y cuya influencia sigue creciendo de la mano de filmes basados en sus obras, como Blade Runner (Ridley Scott) o Minority report (Spielberg), Lin Wiseman estrena el 14 de septiembre el remake de Desafío total, Ridley Scott prepara una adaptación de El hombre en el castillo y están en marcha las versiones de Ubik, Fluyan mis lágrimas, dijo el policía y El rey de los elfos. Beben de sus obras El show de Truman (inspirado claramente en Tiempo desarticulado), The Matrix, Abre los ojos, eXistenZ, El sexto día o El origen y escritores como Stanislaw Lem, Roberto Bolaño (“Dick era una especie de Kafka pasado por el ácido lisérgico y la rabia”), Rodrigo Fresán, Jonathan Lethem o Murakami se declararon fans de sus libros, mientras otros le imitan (Martin Amis con La flecha del tiempo tan similar a El mundo contra reloj).



La biografía del autor podría resumirse en que fue un pobre diablo, al que su fracaso como escritor que quería escribir como Kurt Vonnegut le llevó a ganarse la vida con relatos pulp de ciencia ficción y al que las drogas y una crisis de esquizofrenia paranoide (el 2 del 2 de 1974) le hizo creer que hablaba con Dios y que llevaba una doble vida en mundos paralelos, una como escritor de novelas fantasiosas en el siglo XX, asediado por la CIA, el FBI y Nixon, y otra como cristiano del siglo I en Judea. Pero, como decía Nabokov, lo importante en una novela o en una biografía, son los detalles.




La escritura acelerada, ansiosa y desordenada de Philip K. Dick trasciende su encasillamiento en la ciencia ficción, del mismo modo que Hammet o Chandler desbordaron la novela negra. La vida de Philip K. Dick, trazada por Emanuel Carrère en Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, reúne los elementos propicios para congregar el fervor de mitómanos. Murió sin un dólar en 1982 con sólo 53 años, apenas unos meses antes del estreno millonario de Blade Runner, basada en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. La construcción de la leyenda del autor se inicia con un nacimiento trágico. Su hermana melliza murió a los pocos días y sobre la lápida de la tumba se grabó su nombre junto al de su gemela fantasma, con la fecha de caducidad en blanco (1928-....) Culpó a su madre por haber dejado morir a su hermana por malnutrición y nunca le abandonó la mala conciencia de haber sobrevivido a su célula melliza.



Trasladado de Chicago a la California beat, el malditismo de Philip K. Dick se fue nutriendo después con su adicción a los alucinógenos y a las anfetaminas y a sus cada vez más frecuentes episodios esquizoides. En sus indigeribles diarios –The Exegesis– sostiene que un día de 1974, descansando en su casa, después de haber ido al dentista, y atormentado por el dolor, reclamó por teléfono analgésicos a la farmacia. Cuando abrió la puerta de la calle, la mensajera, que lucía un collar con el símbolo cristiano del pez, le disparó un rayo láser rosa que la transmitió conocimientos arcanos. Descubrió la anamnesis, la pérdida del olvido, y jura que en un parpadeo recordó que en realidad era un griego que vivía en el año 50 después de Cristo. El propio Philip K. Dick bromeaba con que sostener con demasiada obstinación la veracidad de sus visiones le hubiera conducido directamente al manicomio. Sus escritos se hicieron más ininteligibles; fracasado de nuevo en su enésimo matrimonio, su casa e vio poblada de yonquis, camellos de tres al cuarto y prostitutas baratas, y su mente fue invadida por visiones mesiánicas y religiosas. Atiborrado de sedantes y barbitúricos, e inútiles las curas de desintoxicación, soñaba que el universo le hablaba y que la radio le insultaba. Quedó atrapado en el mundo que había imaginado.



La escritura de Philip K. Dick no hubiera pasado ningún examen académico. Es obsesiva, deshilvanada, absorbente. Quiso ser un escritor mainstream (Confesiones de un artista de mierda), pero enamoró a lectores underground, como John Lennon, Timothy Leary o Robert Crumb, y al final fortaleció la creencia de que sólo la literatura popular merecía la pena. La divinidad -decía– se revela en lo humilde y sus mensajes son enviados por medio de anuncios televisivos, novelas baratas o acertijos en la prensa.




"Me gusta construir universos que se deshacen. Me gusta verlos desbaratarse y ver cómo los personajes en las novelas se adaptan a este problema". escribió Dick. No sólo creía que el mundo era teatro.También el tiempo era para él una ficción. En su misticismo delirante creía que Dios enviaba información codificada al mundo y que los seres humanos tenían que desvelarla. O en lenguaje más actual: "parece que somos bucles de memoria (portadores de ADN capaces de experiencia) en una sistema computacional pensante en el que, aunque hemos correctamente grabado y almacenado miles de años de información experiencial, y cada uno de nosotros posee depósitos un tanto diferentes de todas las otras formas de vida, hay un mal funcionamiento -una falla- en la recuperación de la memoria”. Como los gnósticos, creía que un demiurgo malévolo había construido un contramundo falso y que sólo el amor o la empatía podía deshacer el engaño de las apariencias y recuperar el mundo original. Si Mary Shelley daba un final trágico a Frankenstein, cuya existencia artificial retaba el monopolio creador de Dios, Philip K. Dick actualiza la sátira de Swift y los yahoos sabios, convirtiendo a los humanos deshumanizados, idólatras de la razón, en seres más mecánicos que los robots e indiferentes y pasivos ante el poder que determina sus vidas.


¿Ya estaría pensando aquí si los androides sueñan con ovejas eléctricas?

“El poder del mal es hacer que la realidad cese de existir. Es el lento diluirse de todo lo existente hasta que la vida se difumine como un fantasma", escribió en La divina invasión. En sus libros los humanos programan estados de ánimo a conveniencia para huir de sus realidades o pasan a vivir realmente en el mundo de los muñecos Barbie y Kent.



"La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras. ¿Cuál es la verdadera base del poder político? No las armas ni las tropas, sino la habilidad de hacer que los demás hagan lo que uno desea que hagan". No estaba alienado cuando decía odiar los Estados que se interfieren en las vidas privadas de los ciudadanos: "La idea que se aferró a mi hace 27 años es ésta: toda sociedad en la que la gente interfiere en la vida privada de los demás no es una buena sociedad; todo Estado en que el gobierno ‘sabe de usted más que usted’, es un Estado que debe ser derribado”.





Películas basadas en su obra...

BLADE RUNNER. 1982. Basada en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, encumbró a Philip K. Dick

MINORITY REPORT. 2002. Spielberg rodó una absorbente versión del relato Informe de la minoría, donde aparecen las obsesiones del escritor

UNA MIRADA A LA OSCURIDAD. 2006. De Richard Linklater, con Keanu Reeves y Winona Ryder, rodada con el método rotoscopia.

DESAFÍO TOTAL. 2012. Remake, por estrenar, de Lin Wiseman con Colin Farrell y Jessica Biel, del fallido filme de Paul Verhoeven

...e inspiradas por sus libros

EL SHOW DE TRUMAN. 1998. Dirigida por Peter Weir, la trama parece un calco de la desarrollada por Dick en Tiempo desarticulado

ABRE LOS OJOS. 1997. Amenábar nunca no la reconocido, pero su película no hubiera sido posible sin haber leído Ubik

MATRIX. 1999. El filme trata el gran tema dickiano sobre la realidad real y la virtual, que influyó a Gibson (Neuromance) y a Lew

eXISTENz. 1999. David Cronenberg se inspira en Los tres estigmas de Palmer Eldricht y es un homenaje a Philip K. Dick



Tomado de La vanguardia




Enlaces relacionados


"Ya no estamos escribiendo sobre el futuro": La última entrevista de Philip K. Dick


jueves, 30 de mayo de 2013

"Daniel Navea Acevedo, un hombre bueno y sabio, autor del libro Abajo Cadenas" por Luis Beltrán Prieto Figueroa








Estimados Amigos

Hoy compartimos con ustedes este texto escrito por Luis Beltrán Prieto Figueroa, donde hace una semblanza sobre ese gran maestro chileno Daniel Navea Acevedo, autor del libro de alfabetización Abajo Cadenas. Que mejor título para un libro que arranca de la mirada esa particular ceguera de aquellos que no saben leer y que convierte en oscuridad esa conversación silenciosa que nos brinda la lectura. Es un momento para recordar a todas aquellas personas que dieron su grano de arena en el mejoramiento de esta Tierra de Gracia


*******

Gloria al Bravo Pueblo, himno de la República Bolivariana de Venezuela

 

Coro
¡Gloria al bravo pueblo!
que el yugo lanzó
la Ley respetando
la virtud y honor (bis)
I
¡Abajo cadenas!
Gritaba el señor (bis)
y el pobre en su
choza libertad pidió
a este santo nombre
temblo de pavor
el vil egoismo
que otra vez triunfo (bis)
II
¡Gritemos con brío!
¡muera la opresión! (bis)
compatriotas fieles,
la fuerza es la unión;
y desde el Empíreo
el Supremo Autor,
un sublime aliento
al pueblo infundió (bis)
III
Unida con lazos
que el cielo formó, (bis)
la América toda
existe en nación;
y si el despotismo
levanta la voz,
seguid el ejemplo
que Caracas dió (bis)

 


DANIEL NAVEA ACEVEDO, .


Al escoger el nombre de Daniel Navea para una Biblioteca destinada a los maestros, el Banco del Libro ha elegido el de mayor significación y prestancia para instituciones de esta clase.

Daniel Navea, además de gran lector, era un hombre para el cual el libro constituía un instrumento de trabajo, puesto al servicio de la formación, del entrenamiento, de la orientación de los maestros y de los niños. Tuvo tanta fe en los libros que no solamente lo leía sino que los escribía, la más importante forma de servir a las ideas, que tomarán forma en la imprenta y se difundirán mediante los servicios de distribución, haciéndolas accesibles al gran público.

Conocí a Daniel Navea hace veintiocho años, cuando Venezuela, fenecida la dictadura de Gómez, iniciaba un proceso de renovación política, cultural e ideológica en general. Vino una misión de maestros chilenos y la fuimos a recibir al puerto de La Guaira.

Daniel Navea era representante del grupo de maestros de primaria. El Profesor Oscar Vera representaba a los maestros de Escuela Secundarias y de Universidades de la Misión. Juntos emprendimos una tarea. Con nosotros formaban grupo los chilenos Manuel Mandujano, Salvador Fuentes Vega y el destacado educador boliviano Carlos Beltrán Morales, muerto también en esta tierra en 1949. Los cinco, hermanados en ideales, nos consagramos a una misma labor renovadora. De la muerte de Beltrán Morales tuve noticias en la Cárcel Modelo de Caracas, a donde me había conducido la dictadura de los diez años para cobrarme el delito de amar y luchar por la libertad y por el bienestar de mi pueblo. De la muerte de Daniel Navea fui testigo. Me la anunció un turbulento río que se arremolinaba alrededor de un puente caído y se llevaba fervor y esperanza, arrastraba hacia el mar los esfuerzos de un grupo de maestros que trabajaba laboriosamente por hacer prosperar, mejorar la educación en Venezuela.

Entre esos maestros estaba Daniel Navea. Había ido conmigo en el mismo automóvil. La noche anterior estuvimos trabajando hasta las tres y media de la mañana. ¿Qué hacíamos? Discutíamos la Tesis de la renovación educativa en Venezuela, en lo que se denomina "Declaración Educativa de Guayana", aprobada el lunes 24 de agosto, por la XIX Convención Nacional del Magisterio, después del desgraciado acontecimiento del Salto de La Llovizna.

Hacíamos algo más, pensábamos para el futuro, en su sentido más amplio. porque pensábamos para los niños, en los cuales el hombre adulto pone ideas y esperanzas que se realizarán en la medida en que hagamos a estas personas capaces de poner en práctica lo que pensamos y lo que soñamos para ellos. Discutíamos las cosas que hace el Banco del Libro; sobre una nueva edición, con formato diferente, del libro "Abajo Cadenas", que escribiera en 1947 Daniel Navea para la alfabetización de los adultos venezolanos. Ese libro, escrito por insinuación mía, se publicó en edición experimental para ser utilizado en las campañas intensivas de alfabetización realizadas en Aragua, Margarita y Yaracuy con excelentes resultados. En esas campañas, al lado del Ministro, que las dirigía personalmente, estaba siempre Daniel Navea. tomando notas, corrigiendo, insinuando, orientando la labor que se realizaba en los Centros de Alfabetización. Porque cuando había algo que hacer, Daniel Navea se sentía obligado a meter las manos. Simbólica manera de expresar la ayuda prestada, porque las manos de Daniel Navea no eran muy hábiles para los quehaceres materiales, incluso su mano derecha había sufrido fractura en uno de esos días de trabajo en el campo con los maestros. Su gran instrumento de trabajo era el pensamiento, sus claras y precisas ideas que ponía generoso al servicio de sus colegas. Sólo quienes le conocimos a fondo podemos valorar el caudal de energías espirituales que hemos perdido con la muerte de Daniel Navea. Su desbordante mentalidad, puesta al servicio de los demás para un fructífero aprovechamiento se sumaba al quehacer de los otros. Sabía que la tarea de la educación es un quehacer colectivo y su voz, sus ideas, sus proyectos eran cifras en ese esfuerzo totalizador.


En Chile, la Escuela Renovada le debe a Daniel Navea gran parte de su impulso, de su orientación general. Es invalorable lo que Daniel Navea aportó al trabajo de renovación de la Educación en Chile.

La Circular Nº 49, sobre "Orientaciones socio-educativas para las Escuelas Primarias de Chile", firmada por el Director General de Educación Primaria es obra de Daniel Navea, cuyos originales, en su cursada letra de calígrafo, se conservan en su archivo. Esa circular, dictada en los días de la Segunda Guerra Mundial, cuando se combatía por la libertad, pone el acento sobre una educación dirigida a formar la conciencia del hombre libre, para crear actitudes democráticas de cooperación y de servicio público, tan necesarias en nuestros pueblos, ensimismados en sus egoístas estructuras de intereses clasistas.


Los instrumentos de renovación de las escuelas experimentales, donde trabajaba personalmente con los maestros, son obra de Daniel Navea. El Liceo renovado le debe esfuerzos y consejos, pues Daniel Navea trabajó como miembro del Organismo Orientador de los Liceos Renovadores y, a la par de sus colegas, trabajó en esos liceos para vitalizar la tradicionales e inoperantes estructuras del liceo clásico, deterioradas por el tiempo y por el exceso agobiador de su intelectualismo.

Daniel Navea salió de Chile para servir a la Educación en América. Lo encontramos en Argentina, al lado de los maestros americanos y españoles, fundando la Internacional del Magisterio Americano; luego en Venezuela trabajando con los maestros y ayudando a la creación de la Federación Venezolana de Maestros; laboró en México, en Salvador, en Honduras. A todas partes llevaba cálido entusiasmo, fe de maestro y deseos de servir.

La escuela salvadoreña le debe a Daniel Navea la mayor parte de sus estructuras renovadoras. El trabajó allí fervorosamente al lado de ese gran educador y entusiasta político salvadoreño, doctor Reinaldo Galindo Pohl, Ministro de Cultura, que contrató sus servicios. Navea redactó los instrumentos necesarios para el cambio, promovió la investigación pedagógica, el planeamiento educativo y formuló las bases de la Escuela Normal Superior de El Salvador.

A El Salvador lo fui a buscar cuando UNESCO me transfirió de Costa Rica para Honduras, con el mismo cargo de Jefe de Misión. Le ofrecí un trabajo a mi lado, como asesor en educación primaria de dicha Misión, que aceptó, y se vino a trabajar conmigo. Juntos recorrimos Honduras, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, realizando la más extensa e intensiva investigación educativa hasta entonces cumplida en nuestro países. Conversamos con los maestros, con los funcionarios con los comerciantes, con los estudiantes, con el pueblo en sus sindicatos, recogiendo informaciones, ordenadas y tabuladas luego. Junto con nosotros trabajaba, como miembros de la Misión, la Profesora Luz Vieira Méndez, hoy Presidente del Consejo Nacional de Educación de Argentina*, y el Profesor José R. Almea. Durante dos años y medios trabajamos doce a cartoces horas diarias, aun en días feriados, pero la labor fue rendidora. Terminada la investigación, formulamos el plan de realizaciones, elaboramos los instrumentos de trabajo, organizamos la Escuela Superior del Profesorado "Francisco Morazán", redactamos el instrumento para el cambio de la estructura de la administración municipal de la educación para transformarla en una administración nacional, el escalafón de servicio de los maestros; nos entregamos al entrenamiento en servicio de supervisores, directores y profesores sin título; propusimos las escuelas normales asociadas, promovidas por la UNESCO; organizamos y realizamos cursos centroamericanos de entrenamiento de profesores de Ciencias Naturales y de Física y Matemáticas. Las escuelas experimentales que allí funcionaban fueron reorganizadas. Redactamos las bases para la nueva Ley de Educación entre otros muchos trabajos. Era una labor de equipo coordinada y eficaz. Cualquiera de nosotros exponía las ideas, sugería las tareas. La discusión aclaraba y complementaba, y la obra iba sugiriendo de la comunión de pensamientos y esfuerzos, a los cuales se sumaban los consejos, la insinuaciones, las ideas de los educadores hondureños que nos prestaban colaboración, entre ellos el Profesor Rafael Bardales, eficaz Director de Educación Secundaria, gran animador y sereno ejecutor de la obra surgida de esa conjunción de voluntades.

No hubo tarea en la que no estuviese presente la acuciosa actividad de Daniel Navea, y no hay generosidad con un muerto en estas palabras, sino reconocimiento de los méritos efectivos de un educador que no conoció el reposo.

Daniel Navea unía a su acervo de ideas una tenacidad, una voluntad de realización. Se preocupaba cuando las gentes hablaban y no actuaban. No le gustaban las palabras sólo en el papel, sino las ideas en marcha. Terciaba ardosamente en la discusión, y cuando estaba convencido de una idea la defendía con calor, pero, como todo buen educador, sabía rectificar cuando llegaba al convencimiento de que había equivocado el camino.




Resonante fue en Chile la discusión sobre métodos de enseñanza de la lectura. El Profesor Domingo Valenzuela, para entonces Director de la Escuela Normal Superior "José Abelardo Nuñez", sostenía el valor del método de la frase normal. Daniel Navea, sin negar los valores de ese método, se afiliaba a la idea del uso del método de la palabra normal, método global y analítico también, que era el más difundido entre los maestros y, por tanto, ofrecía mayores posibilidades de aplicación. Pero no quiso quedarse en la simple discusión, sino que escribió un manual para enseñar a los maestros la mejor manera de poner en práctica ese método, que explicaba en sus clases de didáctica y en los Cursos de Verano de la Universidad de Chile, en las cuales tenía siempre un número de alumnos dos o tres veces mayor que el profesor de más arraigado prestigio.

En la discusiones sobre la enseñanza de las matemáticas elementales sostenía que los fracasos de los alumnos se debía a deficiencia de la enseñanza porque, como lo afirmaba Diderot, "es más fácil aprender matemáticas que aprender a leer". Para corregir las deficiencias de la enseñanza de las matemáticas elementales, Daniel Navea escribió también un libro sobre la materia.

Y cada vez que había un problema, que se discutían ideas, Daniel Navea aportaba las suyas. Frente a las escuelas renovadoras o escuelas europeas, encargadas de aplicar métodos para promover la actividad de los alumnos, Daniel puso en práctica en Chile la Escuela Experimental Renovadora y la Escuela Experimental de Trabajo, ocupadas en resolver problemas sociales de los alumnos y de las comunidades. No funcionan esas escuelas en barrios de gente acomodada, sino en los barrios de escasos recursos, donde viven los trabajadores. El esfuerzo y la sensibilidad social de Daniel Navea hicieron posible el funcionamiento de esas escuelas en Chile. Siguiendo ese ejemplo, en 1948 quise fundar aquí en Caracas, en la barriada de El Calvario, una escuela para limpiabotas, vendedores de periódicos y para esos muchachos que deambulaban en la noche sin tener donde dormir, una escuela que fuese, al mismo tiempo, taller y hogar: Ese plan acaso se encuentra en los archivos del Ministerio; una copia se conserva en mis propios archivos. Posiblemente algún día se pueda poner en marcha tal escuela con el nombre de Daniel Navea.

Era Daniel Navea profesor de grandes recursos. Desempeñó las cátedras de Didáctica General y Especial, de Pedagogía, de Organización Escolar y de otras materias ligadas al quehacer educativo. Sus alumnos le distinguían y apreciaban grandemente. Dejó gran cantidad de material inédito y de su actividad al frente de la Misión de la UNESCO en Venezuela, quedan en Eduplán numerosos informes y colaboraciones valiosas.

¿Qué otras cosas pueden decirse de este maestro que no se hayan dicho ya de los grandes maestros? Que era un hombre en el cual la idea del servicio estaba por encima de las ideas del beneficio; que era un educador para el cual la actividad enderezada a realizar obra útil para los demás tenía prelación, incluso sobre las tareas para ganarse la vida. Lo vimos entregado noche y día a escribir, en esa letra menuda, regular y hermosa con que expresaba sus pensamientos, llenaba hojas y hojas; discutía cuanto pensaba porque tenía el asentimiento de que no hay ideas que valgan la pena si no tienen el asentimiento de otras voluntades, de otros entendimientos, de otras inteligencias; por eso los escritos acostumbrados a llamarlo con una expresión que aprendimos en la UNESCO; "papeles de trabajo", que tenían valor después de la discusión en la cual se borra una parte y se agrega otra. Después de este laborioso trabajo de quitar aquí y poner allá, le oí decir muchas veces: "Me lo cambiaron todo, pero ahora está mejor": Su pensamiento se había enriquecido con el pensamiento de los demás. Así trabajaba Daniel Navea.



La Biblioteca consagrada a su homenaje es el permanente recuerdo de la obra de este hombre bueno y sabio. De él podría decirse con un viejo maestro venezolano, que "el bueno y el sabio son una misma cosa".

Está bien que los maestros de Venezuela nos adelantemos a rendirle este homenaje sencillo, pero cordial y sincero. Ya en otros países y en el suyo propio comenzaron a reconocerle en la gran significación que tuvo. A este efecto, una profesora chilena, ligada entrañablemente a la obra de Daniel Navea, me escribía hace poco diciéndome que en Chile no le entendieron. Acaso con su muerte comiencen a comprender su mensaje y, como a Gabriela, le serán consagradas escuelas, calles y plazas. La muerte aviva las conciencias que habían permanecidos indiferentes para el recuerdo y para la cultura de Chile.

No quiero decir como la profesora chilena. En Venezuela sentíamos por Daniel Navea un afecto entrañable. Los maestros lo querían como a un compañero y nunca hicimos diferencia entre él y el mejor de los maestros venezolanos. Conmigo estuvo en muchas partes, trabajamos juntos en varios países y lugares. Lo que hizo en Venezuela es tan valioso como lo que pudiera haber hecho por ella cualquiera de los buenos venezolanos. Por eso la consagración de esta Biblioteca pedagógica a su nombre es también motivo para el recuerdo permanente por lo que nos dejó y un ejemplo para lo que tenemos que hacer nosotros mismos.




* La profesora Vieira Méndez renunció a su cargo después del derrocamiento del Presidente Constitucional de Argentina, doctor Arturo Illía, y tornó al servicio de la UNESCO. Ahora desempeña el cargo de Directora de la Oficina que esa Institución Internacinal sostiene en Santiago de Chile para toda la América.





LUIS B.  PRIETO FIGUEROA, 




En: Maestros de América. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas, 1975









miércoles, 29 de mayo de 2013

«La Enciclopedia Mecánica» un precursor de los lectores de e-books

ideado por Ángela Ruiz, una maestra española, en 1949




MADRID 


 28/01/2013

Ángela Ruiz inventó un soporte único para leer diferentes libros basado en unos carretes intercambiables con los textos escritos

 

El cambio de siglo trajo consigo la revolución digital del mundo editorial, pero más de cincuenta años antes una maestra gallega ya había ideado un soporte único para poder leer diferentes libros basado en unos carretes intercambiables con los textos escritos.

Ángela Ruiz muestra «La Enciclopedia Mecánica»

Corría el año 1949 y «La Enciclopedia Mecánica» de Ángela Ruiz tal vez fue demasiado adelantada para su tiempo. La que podría considerarse precursora del actual «e-reader» nació en Villamanín (León) en 1895, aunque pasó prácticamente toda su vida en Ferrol. Con una personalidad cuanto menos inquieta, inventó, escribió libros, fundó su propia academia, ayudó a los que pasaban por dificultades y sacó tiempo para cuidar de sus hijas.





Entre sus innovadoras ideas destaca «La Enciclopedia Mecánica», que patentó en 1949 y que era en realidad un libro de texto para estudiantes que funcionaba con un sistema mecánico de aire a presión, al que se le podían colocar diversos carretes correspondientes a las diferentes materias, según relata la Agencia Sinc.




La descripción de la patente es bien concisa a la hora de explicar el funcionamiento de esta enciclopedia: «Lleva unas bobinas donde se colocan los libros que se desee leer en cualquier idioma. Por un movimiento de las mismas van pasando todos los temas, haciendo las paradas que se quiera». «La Enciclopedia Mecánica» disponía incluso de un hueco ideado inicialmente para colocar una calculadora, que finalmente no fue en el prototipo básicamente porque no existían dispositivos de cálculo tan pequeños.



Lo mismo sucedió con la adición del sonido y la luz, a pesar de que ya estaban en la cabeza de la inventora. El objetivo final de Ángela era facilitar la vida a todos los relacionados con los libros: a los niños en las escuelas, a los editores para ahorrarles el papel, a los autores para difundir sus obras.


Pero «La Enciclopedia Mecánica» nunca se llegó a comercializar por no encontrar la financiación necesaria en una España que no avanzaba a la misma velocidad que la imaginación de esta inventora leonesa.





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Tomado de ABC






martes, 28 de mayo de 2013

El valor cultural de los libros usados.

Una conversación con Martín Szinetar, propietario de la Librería Nexos







Conversación con Martín Szinetar, propietario de la Librería Nexos

Por Jessica Labrador


Nuestro suplemento literario se complace en presentar hoy una conversación con Martin Szinetar, propietario de la Librería Nexos, sobre el origen de ésta y cómo ve él, el mercado de libros usados en Venezuela.  La Librería Nexos abrió sus puertas en Mérida desde hace ochos años, aproximadamente, en la avenida 3 Independencia, entre calle 30 y 31. Es la segunda librería de libros usados en el área de las humanidades de la ciudad.


Jessica Labrador: ¿Cuál es la historia de Nexos, cómo se formó?


Martin Szinetar:   Se formó por dos profesores jubilados de la Universidad de los Andes, uno de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Escuela de Historia, mi persona, y otro de Economía, Rafael Cartay, que ha escrito sobre diversos temas, de gastronomía sobre todo, y soñaron tener una librería de libros usados.


J.L: ¿Recibe todo tipo de libros para la venta o tiene una línea?


M.S: Recibimos libros que encajan con nuestro perfil, en buen estado, de interés para la gente lectora y que sean económicos. Nuestro perfil es humanístico, es decir, libros de historia, arte, literatura, educación, etc.


J.L: A propósito de ser económicos, ¿es proporcional la idea del libro usado a la del libro barato?


M.S: Sí hay proporcionalidad, aunque no en todos los casos. Nosotros les compramos a algunas editoriales libros nuevos, pero éstos tienen que ser saldables, es decir, económicos, para que se puedan vender a un precio menor en comparación con otras librerías. No puedes vender libros caros, pero si, por ejemplo, quieres la primera edición del Quijote, no la vas a conseguir a un precio sumamente económico, por el valor de la obra en la historia de la literatura. Igual, si quieres una primera edición de Borges y que haya sido firmada por él, no la vas a conseguir tan económica. Los libros usados, los libros de segunda mano, digamos, son relativamente económicos, algunos precios dependen de su contenido y su importancia. 



 




J.L: ¿Cómo define y ve el mercado de libros usados, sobre todo en Venezuela?


M.S: El mercado tiene distintos niveles. Cuando te metes a Internet y pones libros usados, en Argentina, sólo en Argentina, la red arroja 140 librerías de libros usados. En Nueva York, en Broadway, está Strand Book, una librería con cuatro millones de libros usados. En Venezuela no hay un mercado definido. En Caracas no pasan de cuatro librerías, La Gran Pulpería, El Buscón, entre otras.


J.L: ¿Qué actividades se hacen constantemente en Venezuela o Mérida para la promoción de los libros usados?


M.S: La Feria del libro usado organizada por Roberto Chacón, cuya primera Edición fue el año pasado en la Facultad de Humanidades y Educación (Mérida) y la segunda viene en Abril. La FILU también le ha abierto un espacio, en la edición pasada hubo dos stands de libros usados. 

J.L: ¿Qué tipo de relación hay entre las librerías y las bibliotecas, en este caso Nexos?

M.S: No creo que haya una relación como tal. En el caso de Nexos vendimos en dos oportunidades a una biblioteca pública de la ciudad, es decir, que la relación fue comercial.

J.L: ¿Qué opina de la actividad editorial de la Biblioteca Ayacucho y El Perro y la Rana, por ejemplo?

M.S: No tengo información al respecto, no la tengo clara. He comprado buenos títulos a muy buen precio, dos bolívares, creo, pero no sé si eso sea rentable.  El Estado asume todo el costo de producción y los vende a un precio bastante económico, y no está mal.

J.L: ¿De dónde vienen los libros usados?



M.S: De personas que quieren desprenderse de su biblioteca, personas jubiladas, sobre todo, que no saben qué hacer con sus libros y quieren venderlos. 

J.L: ¿Qué autores y libros recomendaría?

M.S: Recomendaría Sigmund Freud y su obra Interpretación de los sueños, y autores       que me gustan, Alberto Moravia, y de su obra, Los Indiferentes (1929) y La Romana (1947). Pero hay que tomar en cuenta que la oferta del libro es vasta, y cada quien la combina a su manera, y cuando esa combinación no coinciden entre los lectores, las personas, difícilmente hay comunicación. 


Fotos: Rosa María Salih/ Reportera Gráfica del Diario de los Andes