viernes, 11 de abril de 2014

EN UNA CULTURA ABRUMADA POR LA IRRELEVANCIA Y LA IMPOTENCIA HEMOS CONVERTIDO LA INFORMACIÓN EN DIVERSIÓN,

por NEIL POSTMAN





“Para la mayoría de nosotros, las noticias sobre el tiempo algunas veces tendrán consecuencias; para los inversores, las noticias sobre la Bolsa; quizá algún relato sobre un crimen, si por casualidad ha ocurrido cerca de donde vivimos o afectado a alguien que conocemos. Pero la mayoría de las noticias que recibimos diariamente son inertes, consisten en información que nos proporcionan algo de lo que hablar, pero que no nos conduce a ninguna acción significativa. ¿Qué se piensa hacer? Me tomaré la libertad de responder por vosotros: no pensáis hacer nada al respecto. Por cierto, se podrá votar a favor de alguien que anuncie tener algunos planes, como también el poder para actuar. Podemos decir que votar es el penúltimo refugio de la impotencia política. Obviamente, el último refugio es dar vuestra opinión a un encuestador”.

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Tal como supuso Thoreau, la telegrafía otorgó relevancia a lo que no la tenía. Puede que el telégrafo transformara el país en “un vecindario”, pero en un vecindario peculiar, poblado por gente que sólo conocía los hechos más superficiales de cada uno.

LA MAYORÍA DE LAS NOTICIAS QUE RECIBIMOS NOS PROPORCIONAN ALGO DE LO QUE HABLAR, PERO NO NOS CONDUCE A NINGUNA ACCIÓN SIGNIFICATIVA

Puesto que hoy vivimos en un vecindario así (algunas veces denominado “aldea global”), se puede captar el sentido de lo que queremos decir al hablar de una información fuera de contexto, planteándonos la pregunta siguiente: ¿Con cuánta frecuencia ocurre que la información que recibimos por la mañana, sea por la radio, la televisión o la prensa, nos obliga a cambiar nuestros planes del día, o a hacer algo que de otra manera no hubiéramos hecho, o nos aporta alguna percepción sobre alguna cuestión que tenemos que resolver?


Para la mayoría de nosotros, las noticias sobre el tiempo algunas veces tendrán tales consecuencias; para los inversores, las noticias sobre la Bolsa; quizá algún relato sobre un crimen, si por casualidad ha ocurrido cerca de donde vivimos o afectado a alguien que conocemos. Pero la mayoría de las noticias que recibimos diariamente son inertes, consisten en información que nos proporcionan algo de lo que hablar, pero que no nos conduce a ninguna acción significativa.

Es posible tener una idea de lo que esto significa planteando otra serie de preguntas, a saber: ¿Qué medidas se piensan adoptar para reducir el conflicto en Oriente Medio? ¿O los niveles de inflación, de crimen y de desempleo? ¿Cuáles son los planes para preservar el medio ambiente o reducir el riesgo de una guerra nuclear? ¿Qué se piensa hacer en cuanto a la “Acción Afirmativa” (grupo político que critica el sistema político y social estadounidense), la OTAN, la OPEP y la CIA, y el monstruoso tratamiento que reciben los Baha’is en Irán?


EN UNA CULTURA ABRUMADA POR LA IRRELEVANCIA, LA INCOHERENCIA Y LA IMPOTENCIA HEMOS CONVERTIDO LA INFORMACIÓN EN ENTRETENIMIENTO O DIVERSIÓN

Me tomaré la libertad de responder por vosotros: no pensáis hacer nada al respecto. Por cierto, se podrá votar a favor de alguien que anuncie tener algunos planes, como también el poder para actuar. Podemos decir que votar es el penúltimo refugio de la impotencia política. Obviamente, el último refugio es dar vuestra opinión a un encuestador, que obtendrá una versión de la misma por medio de una pregunta desecada, y luego la sumergirá en una catarata de opiniones similares, convirtiéndola en -¿qué si no?- otra noticia.

Mientras que antes la gente procuraba información para mantener los contextos reales de sus vidas, ahora tienen que inventar contextos con el fin de que la información inútil pueda aparentar algún valor. El crucigrama es uno de esos falsos contextos; el cóctel es otro; los programas de preguntas y respuestas de las radios, y los modernos juegos-espectáculo de la televisión, otros más; y el último quizá sea el Trivial Pursuit.

Trivial Pursuit

De una u otra manera, la respuesta a la pregunta: “¿Qué voy a hacer con todos estos hechos desconectados?”, es siempre la misma: “¿Por qué no utilizarlos como diversión, como entretenimiento o para divertirse jugando?”.

Podríamos decir que el pseudocontexto es el último refugio de una cultura abrumada por la irrelevancia, la incoherencia y la impotencia.

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NEIL POSTMAN, Divertirse hasta morir. Ediciones de la Tempestad. Barcelona, 1991.



Tomado de Filosofía Digital



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