sábado, 19 de diciembre de 2015

Antes de ser el primer embajador de Venezuela ante la Unión Soviética fui encerrado en fortalezas y cárceles, aherrojado con grillos, los más vulgares de la cristiandad

Nota aubiográfica de José Rafael Pocaterra





Estimados Amigos


Hoy tenemos el placer de compartir con ustedes dos documentos inéditos en la red que tienen que ver con uno de los escritores mas importantes de Valencia y de Venezuela: José Rafael Pocaterra (Valencia, Estado Carabobo, 18 de diciembre de 1889 - Montreal, Canadá, 18 de abril de 1955). Ayer 18 de diciembre se cumplió un año más del nacimiento del padre de Panchito Mandefuá por lo que decidimos compartir estos importantes aportes que aumentaran la presencia virtual de nuestros escritores en la red.

Los documentos que tenemos el gusto y el orgullo de publicar hoy son:

a) Nota Autobiográfica. Texto redactado por José Rafael Pocaterra el 27 de febrero de 1955, dos meses antes de su fallecimiento en Canadá.

b) Una fotografía de Pocaterra joven. Tenemos el orgullo de haber subido a la red la primera imagen de calidad de Pocaterra y ahora subimos la segunda fotografía con una enorme calidad y que será una gran novedad para la mayoría de nuestros lectores. 

De esta manera continuamos, poco a poco y sin ningún apoyo oficial, aumentando el acervo cultural venezolano, sintiendo un gran orgullo al ser multiplicadores de lo bueno que este país puede ofrecer al mundo.

Deseamos disfruten de la entrada.

Richard Montenegro


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Nota aubiográfica


           Nací, al fin del año 89, en una vieja ciudad provinciana de Venezuela –Valencia del Rey-; viví en mi país hasta 1922… Los Llanos, Occidente, Caracas…, peones, políticos, generales “y la dama de calidad y el mercader y el estudiante”.


     Dos de los consabidos tiranuelos penúltimos que proliferan por largas temporadas en esta parte del hemisferio occidental me encerraron en fortalezas y en cárceles, aherrojado con grillos, los más vulgares de la cristiandad. A tres años, por turno, entre adolescencia y la juventud. La mayor parte de mis ilustres contemporáneos, doctores sapientísimos, bardos inspirados, eminentes letrados, acompañaban con guitarra grande la bufonada trágica. Y para que no siguiera aquella desastrosa cuenta, que de mis treinta y tres escasos ya me habían sustraído seis, tuve que escaparme a buscar afuera con mi trabajo un poco de decoro que mermaba y se envilecía por el mero hecho de convivir con el mandamás en esta tierra que amo con amor térreo, casi animal. Ya había publicado aquí tres novelas y la primera serie de Cuentos grotescos.



        Un tercio de siglo he vivido (salvo cortas temporadas) en el para entonces muy remoto Canadá. Trabajando de día en una Compañía inglesa de seguros y por la noche dando clase de lengua y literatura castellanas en una Universidad francesa de Montreal. Además, escribía crónicas para los periódicos extranjeros, Heraldo de cuba, etc. Y así se me fueron diecisiete años.



   Meses antes de la segunda guerra mundial volví a Venezuela, en plan de regreso. Mi provincia natal me había elegido senador. Fui a ese congreso nacional de 1939; lo presidí por un mes. Luego me hicieron ministro, dos años. Después, gobernador (se decía entonces presidente) de mi provincia natal Carabobo: otros dos años. Y en 1943 se me despachó, ya no como en el año 22, fugado en un barco, sino con credenciales de embajador para un Lóndres en guerra.



        Torné a mi viejo refugio, a media hora de Montreal, en Vacaciones, al terminar el conflicto.


      Y todavía humeantes los escombros de Berlín, volví a Inglaterra a entregar la Embajada a mi sucesor y a seguir a Moscú para instalar la primera misión diplomática que acreditaba Venezuela ante la Unión Soviética.


          Tumbaron al presidente en 1945, y vuelta a mi casa del Canadá. Pasaron dos años.


      Se me incorporó a la Delegación venezolana a la IX Conferencia Interamericana, en Bogotá. Había estado allí tres años antes, en rápida misión para fundar un esporádico nexo colombo-venezolano, y Bogotá me fue grata entonces. Pero la antedicha Novena a duras penas terminó sus sesiones, porque el asesinato del líder Jorge Eliécer Gaitán -9 de abril de 1948- desencadenó una revolución. Y entre papeleo de actas, discusiones largas y copiosas, algunas fastidiosísimas, se lograron cosas buenas, otras pésimas, y se extrajeron las tres iniciales O.E.A., que ahora funciona en Washington con el optimista rótulo de Organización de Estados Americanos…


        A raíz del “bogotazo”  me hicieron embajador en el Brasil. Informé en Caracas sobre la novena. Salí para Río, donde pasé algunos meses.


        Tumbaron otro Presidente a fines del mismo 48. La Junta Militar que asumió el Poder me encargó inmediatamente gestionar en los Estados Unidos la reanudación de las interrumpidas relaciones. (De la bendita Novena, entre otras cosas buenas, quedó ésta: nada tiene que hacer nadie con el vecino cuando éste haga en ella lo que le parezca, sin perjuicio de tercero.) Y aunque no faltaron disertaciones y se publicaron algunos disparates, hubo que rezar la Novena. Dos años residí en Washington como embajador ante la Casa Blanca.

            Mataron al Presidente de la Junta  en noviembre de 1950 y envié mi renuncia a la nueva Junta de Gobierno. Volví a la vieja casita de Montreal. Allí he puesto en orden mis Cuentos grotescos, ya que el anterior no estaría bien –supongo- que lo considere perteneciente a la serie.



Playa Grande (Maiquetía), 27 de febrero de 1955.




Tomada del libro: Valencia, la de Venezuela. Perteneciente a la colección Separata del Departamento de literatura del Universidad de Carabobo


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Richard Montenegro. Perteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 y en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica editado por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.



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