viernes, 25 de marzo de 2016

CRÓNICAS VALENCIANAS.... Remembranzas azules.







Estimados Amigos

Hoy  25 de marzo de 2016 cumple un año más nuestra Valencia, la de Venezuela y tenemos el gusto de compartir con ustedes este hermoso texto lleno de amor y nostalgia por nuestro burgo realizado por nuestro amigo Freddy Ordáz. Quizá para algunos de nuestros amigos el escrito sea muy local pero no podía ser de otra manera. Es una forma de compartir vivencias con las personas que hicieron vida por esa Valencia de antaño y de hacerlas más cercanas a las nuevas generaciones.



Deseamos disfruten de la entrada.


Richard Montenegro



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 Freddy Ordáz T.

Es propicia la ocasión para compartir unas pinceladas históricas con motivo de cumplirse un nuevo aniversario de nuestra  querida y tan maltratada ciudad; “La novia del Sol”. 

Entonces los invito  a un recorrido para fijar una Valencia  del recuerdo. Una revisión a partir de las décadas  50-60, cuando  la urbe aun  no empezaban a caérseles los techos rojos de sus confortables casonas y su casco urbano conservaba su Palacio Municipal, su magia y su encanto, con sus retretas dominicales. 

Registro un recuerdo personal de ella conformado por las vivencias, personajes y sitios de diversión sana que ya desaparecieron  y siempre recordaremos, como una expresión viva y dinámica; sin olvidar los personajes populares irreverentes  de la razón. Como Lázaro, el Negro Antonio,  Aparicio “copei”. El Nazareno, La Gata etc; el lotero y exvendedor de torrejas Vicente Diaz “el espaturra'o” en las cercanías del Pasaje Centro, donde se pulían zapatos a 1,50 Bs.  En ese pasaje se hallaba un rincón acogedor llamado “Jolly Bar”.  Un sitio para encuentros amistosos y citas amorosas con vista a la parada “La Elegante” por la calle Páez donde llegaban los buses del  transporte Michelena. Traeré a colación un funcionario policial de estampa humilde, me refiero a Guarenitas. 

Recordamos los medicamentos Azul de metileno, mercurio dulce, kantrex, la emulsión de scott, sal de uvas Picot acompañadas con Kola G, purgante efectivo,  pastillas commel para el dolor de cabeza, gotas Valeriana. Las ñapas en las bodegas como la “Yaracuyana” de Policarpo Pacheco, Av. Martín Tovar cruce con Calle Comercio  donde se expendían las bebidas de las boconas botellas,   Green Spot, chicha A-1 y la sabrosita colita Grapette, las ordenadas cajetillas de cigarrillos Lido. Viceroy, Bandera Roja y Capitolio, al lado del cartelito “Yo vendí a contado. Yo vendí a crédito”. Jabón Heno de Pavía, las pastillas de menta, canela y tuti fruti .en cajitas de chicles Adams. El sabroso  y exquisito café con leche Klim y bizcocho butaque. El mundo de las aguas de colonias; Yardley, Old Spice, Vetiver pañuelos perfumados, y las infaltables Jean Marine Farina (Roger Galett) o la 4711. Los “picoteos”  caseros de la Pastora, San Blas o San José.

Los cantantes y músicos como el serenatero mayor Julio Centeno,Eleazar Agudo, Margot Valencia, Eddy Castro, Kike Aponte y su afamado Trío Evocación, el arpista Marcos Colmenares, los morochos Salazar de la Pastora. 




En el sector El Viñedo se ubicaba el carrito de  perros calientes de Víctor a 0,50 Bs, las pizzerías Oh.. que Bueno, atendida por Antonio,  La Napoles hechas a la leña, , El Cubanito con una novedad para la época merengadas servidas a sus propios carros, El Tap- Room. Hostería El Rey. Las fiestas bailables con los Billos Caracas Boys, los Melódicos, Orquesta Universidad, Porfi Jimenez en los elegantes salones del Hotel Capri (Frente a la Cámara de Comercio), La Casa los Andes y el Circulo Militar con entradas a 20 Bs. Las fiestas de las cumpleañeras en el Country Club con la bebida más promocionada del momento el “Ron Cacique”. Las “Pavitas” de la Michelena, La Manguita, Nuestra Señora del Pilar y las popof de los institutos privados.  

Mi juguito en la Esquina Cruz Verde en la parroquia La Pastora. Las Pensiones El Carmen por los lados del Terminal de la 5 de julio, Barinas y José Gregorio Hernandez por la Candelaria muy cerca el restaurante Ítalo-Venezolano con un menú diario de espagueti a la Boloñesa y refresco por Bs. 1,50.  Los paseos en el deportivo carrito descapotado MG frente al volante el Sr Vizcarrondo, el Abogado Michelena solucionándole la libreta militar a los “pavos bolondronados”. Florencio asomado en la ventana de su casa en la calle Colombia por las cercanías al  Bar Brasil, la gorda Adela con afeitadas a Bs. 1,00 , corte “totuma”  o muñeco e' palo -léase cuadrado-.  

Las damas añoran a las tiendas por departamentos Sears, Selemar, Gina, Tropicana, la cuchita o la permanente Helene Curtís. La minifalda y el mechoncito “robacorazón”. Joyería Tina relojes Nivada, Tissot, Mulco, Relojería Camilo Rubes. Las fiestas de carnaval de la alcurnia local en Club Centro de Amigos, cotillones gratuitos para las comparsas, una botella de Jhonny Walker servida, Bs. 70. Pollos del Este a la broaster en la Urb. Michelena. Las empanadas operadas en el Bar Royal, frente a Torre Castillito, atendida por Juan el Eléctrico. Los frecuentes contertulios, jugadores de Domino en el Bar La Cruz del Sur en la Avenida Díaz Moreno. Dándole rienda suelta a la bohemia; recordamos las bien frías “Lisas” con sus respectivos pasapalos en el Bar “Don Pelayo” detrás del Teatro Municipal (Hoy Biblioteca Publica Manuel Feo La Cruz). 

El recoveco del mercado Principal donde se expedía vasos de toddy, avena y de trigo. “Asadura” el arrocero mayor por los lados de la Plaza  Bolívar y la plana mayor de los miembros del CIPEM– Club de invitados por ellos mismos-. El Ford Falcon exhibido en H. Motores.  Las areperas como El Mayantigo en el sector Las Acacias de la  Avenida Bolívar norte se llenaban de fluxes y trajes largos en horas de la madrugada sin temor a ser atracados. Los “arroceros” venidos del Club Campestre “Mi Rancho Tropical” en  San Diego y del terminal Turístico Dique Guataparo “aterrizaban” en  la Parrilla “La 24”, atendidos por el gordo Saul en la  calle 24 de Junio  donde nadie se metía con nadie. 

No existían las Avenidas Lara, Las Ferias o la Cedeño. Siguiendo la senda bohémica, también se rememora   el Chipi- Chipi en los Sauces, Las Cibeles, La Mascia, en la Parroquia San José. El hotel Madrid frente a la Plaza Bolívar, igual La Torre de Plata en la calle Colombia. La rockola en el Bar de Adela en la esquina de la Calle Arvelo en la Plaza Santa Rosa, Bar “ El Silencio” El portugués “ cabeza e' nepe” por la Avenida Urdaneta. “El Danubio Azul” del Señor Colombo calle Roscio. La Plaza de los Emigrantes para ensayar serenatas en Lomas del  Este, llegarse hasta Columba en el barrio La Adobera para abastecerse de bebidas que llegan al alma y seguir cabalgando sobre los lomos de los minotauros para reinventar la noche y romperle el silencio ...Quisiera ser la golondrina...y despertarte si aun estas dormida .... El Bar de Francisco en el rincón “aula abierta” colmada de estudiantes de la Facultad de Derecho de la U.C pasando los nervios de los exámenes o celebrando a punta de agarrar “El águila por el pico”. 




Los Winschester, olores a estrenos, calcetines cha-cha-cha, pantalones de kaki “Palo Grande” o los Ruxton, calzados Apache, Corfan, mocasín y los US Keds. Trajes Dovilla, Dorsay, o Tortolero en la Avenida Constitución, pantalones tubitos, acampanados; el Flux blanco “Fiesta Brava” con solapa atacona; “los bolondrones abrillantados”con Glostora o Brylcreen; las arepitas dulces anisadas y cafecito madrugador, multisapidas. Los trofeos en manos de los patinadores, pan y leche, acompañados de carcajadas húmedas , gaitas parrandas. El pesebre mecánico de los Salesianos en la Redoma de Guaparo. “El Pacheco” (el frío navideño) obligaba a desempolvar los puloveres, suéteres cuellos tortugas a lo Cesar Costa, Enrique Guzmán o Archie. Ahí esta la ciudad, la ciudad que dibujo su tiempo. Se vivía en paz con esa alegría contagiosa, con sus remembranzas azuladas


freddyordaz@yahoo.com









3 comentarios:

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  2. Freddy me gusta tu crónica, y con su lectura no dejo de pensar cómo nos hemos vuelto unos nostálgicos. De un tiempo a esta parece que no hacemos otra cosa que recordar lo que fuimos como ciudad: una ciudad, en la que tú mismo dices que "se vivía en paz con esa alegría contagiosa, con sus remembranzas azuladas". Hoy no hay tiempo para el presente, ni para el futuro. No sé.

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