viernes, 29 de abril de 2016

EL QUIJOTE DE AVELLANEDA



Estimados Amigos

Hoy compartimos con mucho placer un nuevo texto de nuestro amigo Carlos Yusti sobre el Quijote de Avellaneda. Con nuestro país patas arriba, lleno de cortes eléctricos, ya es más que quijotesco escribir aún.

Deseamos disfruten del texto.

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EL QUIJOTE DE AVELLANEDA

“Al lector desprejuiciado y curioso (el lector por antonomasia) que se acerque a esta obra le espera una sorpresa. Desde las primeras páginas se verá ante una obra bien escrita, muy divertida, desvergonzada... y asombrosamente respetuosa con la de Cervantes. Respetuosa porque es perfectamente coherente con el hilo argumental de la primera entrega, y hace un buen ejercicio de continuación”.
José Antonio Millán




Carlos Yusti



El 23 de abril de cada año se celebra el día del idioma y por supuesto el Quijote escrito por Cervantes, no obstante el otro Quijote, el de Avellaneda apenas se menciona.

Antes de la publicación de su obra magna, como lo es Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) era lo que se dice un escritorzuelo del montón. Eclipsado por un conjunto de autores, con un dominio bastante excepcional de la prosa y el verso, Cervantes no encuentra su tono, ni la musa ni la suerte parecen estar de su lado.

Por esa razón decide probar suerte escribiendo teatro. Como autor teatral tampoco brilló mucho debido a que Lope de Vega era el dramaturgo que daba la hora para ese momento. En fin que Cervantes, era un redomado fracasado tanto como soldado, poeta, novelista y escritor dramático. Hasta como funcionario le fue fatal.

En 1594 se le encargó el cobro de los tributos en el reino de Granada. Durante tres años se dedicó a tarea tan poco espiritual. Depositó lo recaudado en un banco de Sevilla, que a los pocos días se declaró en quiebra y Cervantes al no poder rendir cuentas fue a parar a la cárcel, de dónde salió tres meses después bajo fianza. Por esas fechas comienza a escribir el Quijote.

En el año 1605 se publica en Madrid la primera parte de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. El éxito del libro fue inesperado, incluso para su autor. Pasaron los años y la gente pedía con entusiasmo la segunda parte en la que presuntamente trabajaba Cervantes.

Emiliano M. Aguilera en el prólogo del libro, "Nuevas andanzas del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha", de Alonso Fernández de Avellaneda informa: "Nueve años después de aparecida la primera parte del Quijote cervantino y uno antes de que la segunda viese la luz, un novelista que decía ser licenciado y llamarse Alonso Fernández de Avellanada publicó en Tarragona, con los correspondientes permisos eclesiásticos e impreso en los talleres de Felipe Roberto, un segundo tomo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras".

Desde la aparición del libro de Avellaneda, conocido también como el Quijote apócrifo, ni su autor ni el libro gozaron de popularidad alguna y menos todavía al publicarse en el 1615, la segunda parte escrita por Cervantes, que agotó en un año la primera edición realizada por Juan de la Cuesta en Madrid.

Sobre Alonso F.Avellaneda se han producido infinidad de conjeturas y pesquisas, las cuales barajan algunos nombre, pero nada solido se ha decido todavía. Algunos señalan como el cerebro de plan tan elaborado fue Lope de Vega, enemigo declarado de Cervantes.

Con el correr del tiempo el Quijote de Avellaneda se convirtió en un libro si se quiere maldito. Su autor fue tachado de advenedizo, resentido y envidioso. En el prólogo escrito por el propio Avellaneda explica las razones que lo impulsaron para escribirlo y de paso aprovecha la oportunidad para clavarle algunas banderillas críticas a Cervantes: “COMO casi es comedia toda la historia de don Quijote de Mancha, no puede ni debe ir sin prólogo; y así, sale al principio desta segunda parte de sus hazañas éste, menos cacareado y agresor de sus letores que el que a su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra y más humilde que el que segundó en sus Novelas, más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas. No le parecerán a él lo son las razones desta historia, que se prosigue con la autoridad que él la comenzó y con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron —y digo mano pues confiesa de sí que tiene sola una; 20 y hablando tanto de todos, 21 hemos de decir dél que, como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos, 22 tiene más lengua que manos—; pero quéjese de mi trabajo por la ganancia que le quito de su segunda parte. Avellaneda buscaba, aparte de dinero, un poco de la fama que el Quijote Cervantino había deparado a su autor”.

Lo cierto de todo este asunto es que el libro no tuvo resonancia de ningún tipo, al punto tal que tardó más de un siglo en imprimirse de nuevo en castellano por allá en el año de 1732, también existía una versión francesa de 1702, cuya traducción al francés fue hecha por el escritor Le Sage.

Algunos escritores españoles vieron en el Quijote de Avellaneda una intervención directa del Santo Oficio, que buscaba sustituir el Quijote liberal de Cervantes por un Quijote más apegado a los preceptos ortodoxos de la iglesia.

Nabokov han expresado en su estudio sobre el Quijote cervantino, que Cervantes no le interesaban las cuestionares religiosas y que el libro en unos pasajes era en extremo cruel. Por su parte Marthe Robert escribe: “Al pretender elevar su baratija literaria a la altura de una teología, por el contrario, corre el riesgo de perder mucho de su dignidad. Este resultado secundario de la imitación le proporciona una argumentación a la crítica humanista que en Cervantes ante todo un hombre del Renacimiento, un pionero del racionalismo moderno que emprendió con su mente y su talento una lucha sorda contra el oscurantismo de su época”.

El Quijote de Cervantes es una novela prolífica y caótica, el de Avellaneda es más coherente y versátil. Además, es bueno dejar claro que Avellaneda no imitó el Quijote cervantino, sino que se sirvió de los personajes principales, para escribir una continuación con una atmósfera y con un estilo propio.

Avellaneda elimina algunos personajes, convierte al Quijote en el caballero desenamorado y otros aspectos por el estilo. Su narración es directa, aunque bastante lenta. Los personajes pierden su halo irreal y se hacen más corrientes y descarnados. Los diálogos no poseen sutileza y rozan la escatología castiza sin pruritos intelectuales.

Jorge Luis Borges en algún texto enumeró como una de esas magias parciales del libro de Cervantes, que los personajes sean lectores del Quijote e incluso del Quijote de Avellaneda y, que, además, emitan opiniones y juicios traspapelando la realidad y la ficción. Como sucede en la segunda parte: "Y poniéndole un libro en las manos, que traía su compañero, le tomó don Quijote, y sin responder palabra comenzó a hojearle, y de allí a un poco se le volvió diciendo: "En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera, en algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos, y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia; porque aquí dice que la mujer de Sancho Panza se llama Mari Gutierrez, y no llama tal, sino Teresa Panza".

Nabokov ha escrito que Cervantes critica en el autor del Quijote espurio, errores y descuidos que él mismo cometió en proporciones alarmantes sea por falta de inspiración, cansancio etc. O como lo escribe Nabokov: "Al escribir la obra, Cervantes parece haber pasado por fases alternativas de lucidez y vaguedad, planificación meditada y descuido desaliñado, del mismo modo que su protagonista está loco a trozos. La intuición lo salvó".

Al parecer mientras escribía la segunda parte del libro no tuvo a la mano la primera parte y recordó el libro de manera desordenada y a fogonazos como lo hubiese hecho un lector común y como quizá lo recordó Avellaneda.

En el Quijote de Avellaneda, según lo escrito por Segundo Serrano Poncela, los personajes eran como más terrestres, más mundanos. Don Quijote y Sancho dejaron de ser personajes trajeados de palabras y hazañas metafóricas para adquirir rasgos menos líricos y como más  cercanos a la cotidianidad.  Poncela escribe: "El honrado Avellaneda debió trazarse mentalmente un esquema a su modo del orbe cervantino. Tenía por delante un loco cuya singularidad estaba en confeccionar ciertos tipos de locuras y unos cuerdos que gozaban del disparate con un placer elemental y de superficie tal como en los pueblos se goza del espectáculo del tonto o el chiflado,."

Con esos personajes, un loco que se cree caballero andante, un glotón ordinario que vomita refranes y que le acompaña en su travesía enajenada, Avellaneda trató de allanar otro terreno narrativo, se apropió de los personajes creados por Cervantes y los movió desde una perspectiva normal, dando rienda suelta a una segunda parte más vulgar y realista, desechando lo quijotesco de la vida y presentando la existencia hispana de la época de manera desnuda y sin asomo alguno de humor o poesía. Ese puede ser el pecado de Avellaneda, no obstante su obra puede ser considerada hoy como la otra cara de la moneda de un personaje mucho más vital y grande que su autor.

Nabokov escribió que eso de considerar el Quijote como la mejor de todos los tiempos es una soberana tontería y que la verdad es que no es siquiera una de las mejores novelas del mundo, pero su protagonista es en si la invención más genial y extraordinaria de Cervantes.

La publicación del Quijote de Avellaneda ha sido para los cervantistas posteriores sólo un amago inútil, un artilugio vano. Jamás consideraron que Avellenada fue el primero en darle importancia al libro de Cervantes, es decir el primer cervantista que se interesó en la obra.

Para los escritores contemporáneos Cervantes no existía en lo absoluto. Ni Lope de Vega, ni Quevedo ni Baltasar Gracian se dieron por aludidos con la publicación del Quijote y mucho menos se preocuparon por su autor, cuya biografía es tan difusa como la España que recorre el caballero de la triste figura. Nabokov escribió: "Debemos, pues, imaginarnos a Don Quijote y su escudero como dos siluetas pequeñas que van caminando allá a lo lejos, sobre un fondo dilatado crepúsculo encendido, y cuyas negras sombras, enormes, y una de ellas especialmente flaca, se extiende sobre el campo abierto de los siglos y llega hasta nosotros".

Avellaneda tuvo la virtud de sentir la sombra de esas dos siluetas gigantescas y no pudo escapar al embrujo y es así que con, villana o ingenua intención, quiso escribir un Quijote más manejable a los esquemas mentales del hombre de su tiempo y se entregó a la tarea de escribir su espurio Quijote, prefigurando con ello a Pierre Menard, el personaje de Borges que quería escribir no otro Quijote, sino el Quijote.

Hoy día el acto de Avellaneda tiene más de metáfora que de acto vil, tiene más de poética literaria que de empresa quijotesca. El Quijote de Avellaneda ha pasado la prueba y hoy en día puede considerarse otra obra imprescindible de la literatura clásica española.



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.


Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


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