domingo, 27 de noviembre de 2016

ROCO VARGAS.

                                          
Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes otra deliciosa reseña sobre una historieta de nuestro amigo Joan Antoni Fernández. Esta vez nos adentra en las aventuras de Roco Vargas. Un personaje creado por el historietista español Daniel Torres. Como es usual en nosotros leer una reseña de Joan siempre implica aprender un poco más. Ya habíamos visto a Roco Vargas en las tiendas especializadas pero nunca hemos leído una de sus historias. Esa es otra tarea pendiente que tendremos que cumplir 😄     


IX semana del cómic de Tarragona 2016


Roco es un nombre de de doble origen. Uno de ellos es germánico y puede asociarse su significado con el cuervo o con la gloria. El origen latino del nombre es muy evidente y deriva de roca. Podemos entonces decir que las características asociadas con el el personaje Roco Vargas son la capacidad de volar,  y la dureza o resistencia personal. 




No conocemos cuales fueron las razones para que Daniel escogiera este nombre y es bastante probable que nuestro estudio etimológico solo sea una tontería y que Torres solo haya escogido el nombre de Roco por su similitud con la palabra rocket (cohete en inglés)


En cuanto al apellido Vargas lo más probable es que sea un homenaje velado al artista peruano Joaquín Alberto Vargas y Chávez artífice de esas hermosas pin up que salían en los años 40 en la revista estadounidense Esquire.


Una chica Vargas en el famoso Memphis Belle, el primero en cumplir 25 misiones en 1943

Estás imágenes llenas de una belleza idealizada sirvieron de amuleto y estímulo a los soldados de la segunda guerra mundial. Era común que los aviadores dibujaran estas chicas de Vargas en el fuselaje de sus aeroplanos.
Tripulación del Memphis belle
Quizá el bigote de Roco sea un préstamo del bigote que usaba Alberto Vargas o  Alex Raymond, el creador de Flash Gordon, el mago de Oz para los soldados estadounidenses en la segunda guerra o simplemente Roco sólo sea el alter ego de Daniel Torres, que por cierto usa bigote.

Alberto Vargas y una modelo
Hay unas cuantas cosas que nos vinculan con Roco, el amor por el espacio ,  Flash Gordon y esa chaqueta de aviador que alguna vez tuvimos en nuestra niñez.


Flash Gordon

Esperamos que esta entrada sea el anzuelo que los enganche a conocer las historias creadas por Daniel Torres.




Disfruten de la entrada.


Richard Montenegro





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El inicio de la “IX Semana del Cómic de Tarragona”, que este año 2016 tiene entre sus ilustres invitados a Daniel Torres, me ha recordado su saga de cómics de ciencia ficción, impregnada con un delicioso aire retro, que sin duda es la obra más popular de tan original autor. Y no tan sólo por tratarse de un buen producto autóctono, algo que desde luego tiene su mérito. En gran medida Roco Vargas se ha convertido en todo un referente dentro del cómic español. Pero para situarlo en su justo lugar hagamos primero un poco de historia.



   En el año 1981 nace Cairo, una revista de cómics (o historietas como se decía entonces) que marca un antes y un después en el mercado español. Cierto que nunca tuvo un gran éxito a nivel de público y que en sus momentos de mayor esplendor no llegó a sobrepasar siquiera los 8.000 ejemplares de venta, a pesar de imprimirse tiradas de 20.000 copias por número. Pero sin duda la importancia de su obra ha quedado para la historia. En contraposición a la línea underground de otras publicaciones como El Víbora, en una apuesta personal de su director Joan Navarro, se opta por potenciar en Cairo la llamada línea clara. Así se trata de renovar la estética de las historietas en España, apostando por el modelo del ya por entonces exitoso cómic franco belga.



    La primera etapa de Cairo, la más pura en cuanto a su estilo, finaliza en diciembre de 1984. Sus ventas han bajado en picado y Joan Navarro arroja la toalla. Al cabo de unos meses la revista vuelve a los kioscos de la mano de Rafael Martínez, Antoni Guiral y Montesol, siendo más permeable a nuevos estilos y tendencias. No obstante, sólo aguantará a duras penas hasta 1991, año en el que cerrará de forma definitiva.

    Pero lo importante es el inmenso caldo de cultivo que Cairo generó en su seno. Este “neo tebeo”, como se subtitulaba en un principio, dio cancha en sus páginas a grandes dibujantes autóctonos como Montesol, Sento, Micharmut, Gallardo, Miquel Beltrán o el propio Daniel Torres. Toda una gozada de genialidad, sin duda. Tampoco podemos olvidar que la revista fue en gran parte “responsable” de la tardía recuperación de uno de los Grandes Clásicos de la historieta española, el injustamente olvidado Josep Coll. Este Artista con mayúsculas, quien tras su paso por TBO tuvo que trabajar de nuevo como albañil para ganarse la vida hasta suicidarse en 1984, es sin duda uno de los ejemplos más evidentes de que nadie resulta profeta en su tierra. Quede para otra ocasión un estudio de su genial obra, tan inmensa y tan injustamente olvidada.



    Centrándonos en la obra de Daniel Torres, digamos que su colaboración con Cairo arranca en 1982 con la publicación seriada de su primer gran éxito, la extraordinaria serie Opium, a la que seguiría Tritón, primera aventura sideral de Roco Vargas. Aunque vamos a centrarnos en este último personaje, sería injusto no hacer referencia alguna al anterior. Opium ocupa un lugar de honor en la historia de cómic español, y ello por varios motivos fundamentales.

    Es obligatorio señalar que Opium está considerada como la primera novela gráfica editada en España, así como el personaje que generó el primer cómic book autóctono al ser continuado por otros autores en seis números más. De hecho esta obra rompió moldes al presentarnos con fuerza lo que sería uno de los componentes más destacados en el dibujo de Daniel Torres: el llamado retrofuturismo. El estilo de Daniel Torres ha sido catalogado de línea clara por unos y de la nueva escuela valenciana por otros. Sin duda influenciado por el gran maestro Miguel Calatayud, parece más evidente esta segunda teoría. Lo que no puede negarse es que resulta muy personal.



    En Opium asistimos a la creación artística de todo un universo propio, un futuro imaginario que Daniel Torres recrea y ensambla a la perfección con un pasado de lujo. En sus páginas surgen ambientes urbanos típicos del mejor steampunk. Los edificios dibujados reflejan una arquitectura futurista deudora del estilo arquitectónico googie, popularizado por el arquitecto John Lautner a partir de 1949. Grandes edificios afilados y repletos de formas geométricas, donde predomina el cristal y el neón. Por sus calles a diferentes niveles se deslizan grandes automóviles basados en los Cadillacs o Buicks de los años 50, pero con un aire futurista y a la vez barroco. El propio vestuario de los personajes presenta una estética entre retro y moderna que deja sin aliento. Una ambientación coherente en su estética que conforma un universo fascinante. Sin duda toda una gozada visual.

    Daniel Torres nos presenta en Opium un futuro digno de las historias de Fumanchú. El propio personaje de Opium resulta un villano heredero directo de los antiguos pulps anglosajones, con unos secuaces típicos y tópicos como la cruel Acapulco o el musculoso Gulp. Los mismos antagonistas, el presentador de televisión Rubén Plata y su siempre atribulada novia Blanca Clara, están trazados con un humor refrescante. En resumen, una obra divertida sobre el mundo de los folletines que nos recrea un futuro alternativo y estéticamente impecable.




    Tan sólo señalar que Norma editó no hace mucho un tomo único de 240 páginas, bajo el título genérico de Opium, donde recopila todas las aventuras del personaje. Aunque sin duda la novela gráfica es superior a los seis cómic books realizados por otros dibujantes del equipo de Torres, el conjunto resulta muy estimulante y con viñetas antológicas. Muy recomendable para todo buen aficionado al cómic.

    Pero centrémonos en la creación más famosa de Daniel Torres. Es también en 1982 cuando en la revista Cairo empiezan a publicarse las aventuras seriadas de Roco Vargas. Estas tiras darán lugar a un primer tomo que en 1984 se publicará bajo el título de Tritón. Es allí donde se perfilan los personajes principales de la serie. La historia nos presenta en un año 1982 alternativo y futurista al escritor de ciencia ficción Armando Mistral, quien oculta un turbulento pasado bajo el nombre de Roco Vargas, siendo a la vez dueño del club nocturno “Mongo”. De igual forma conoceremos a su ayudante marciano, el simpático Sansón, su enamorada secretaria Rubí, un viejo conocido suyo, el doctor Pierre Covalsky, así como a Jill, la bella hija de éste y también enamorada del protagonista. Como se puede apreciar, tanto la ambientación como el argumento son muy al estilo de un Buck Rogers o un Flash Gordon del gran Alex Raymond.



    Tritón aparece como un tomo sencillo en su argumento, pero sienta las bases del universo habitado por Roco Vargas.  La historia, con un ritmo siempre ascendente, sirve de excusa para presentar a los personajes y verlos actuar de forma paulatina. La intriga, la lucha entorno a un campo de icebergs en Tritón capaz de abastecer de agua a la Tierra, en realidad es una simple excusa, una especie de ensayo general de cara a historias de mayor envergadura. El dibujo de los personajes, aunque potente y personal, sigue siendo anguloso en extremo, todavía deudor del mundo publicitario del que Torres proviene. Todavía queda lejos de la perfección que alcanzará en La estrella lejana, sin duda su obra cumbre. No obstante, este primer tomo ya nos sumerge por entero en el complejo Universo Vargas. Así descubrimos una Tierra alternativa que se ha extendido por todo el Sistema Solar, colonizando sus planetas y creando en ellos megalópolis atestadas de humanos y robots que a su vez cohabitan con formas de vida alienígenas de lo más exótico. Toda una borrachera de mundos imaginarios para deleite del lector.



    La segunda historia aparece en 1985 y se titula El misterio de Susurro. Nuevos personajes se incorporan al elenco: Chico Panamá, joven e intrépido amigo de juventud del protagonista, Cosmo, el simpático y pequeño robot que genera situaciones humorísticas, o Scarlet Trébol, aventurera de Rea que lucha contra el misterioso traficante Susurro. Dentro de un entorno de Guerra Fría y tráfico de drogas, un producto llamado krop que refinado se convierte en el valioso alumax, Roco Vargas y Panamá se ven envueltos en la lucha a muerte que mantienen Scarlet y Susurro, enigmático personaje que parece conocer de antaño al protagonista.



    En este segundo tomo el humor resulta más patente y sirve para presentar situaciones que nos ayudan a conocer detalles del día a día en el club Mongo. El estilo y el dibujo de Torres son más precisos y se nota el cambio del rotring por el pincel. Por otra parte se va perfilando un universo por completo steampunk, donde todo encaja a la perfección, creando una atmósfera realmente atractiva y por completo única. No hay fisuras en la narración y aunque la historia también sea bastante convencional, funciona a la perfección en un universo de gran coherencia visual.



    La progresión en el estilo resulta patente dentro del tercer tomo de la serie, Saxxon, que es publicado en 1986. El uso de pincel en el coloreado que ya se mostraba en el tomo anterior aquí adquiere mayor relevancia. Al mismo tiempo la historia se complica con conspiraciones políticas que pueden dar paso a una guerra colonial entre Venus y Rea. Con un ritmo trepidante seguimos la marcha de Roco y sus amigos hacia Rea, donde se encontrará con Saxxon, un viejo amigo y tal vez nuevo enemigo. Acción sin límite esta vez en paisajes exóticos repletos de razas extrañas y fascinantes, como los Etéreos o los Inmundos.



    De todas formas, aquí ya se nota cierto tono más introspectivo en el protagonista, se perciben sus sentimientos que lo configuran como un personaje nada plano. Un final trágico, donde la muerte hace mella en todos los personajes, nos muestra una historia mucho más distanciada de la divertida evasión que representaba la primera aventura. Todo está a punto en la obra para dar un paso definitivo hacia la genialidad.

    Por fin llega el año 1986, saliendo a la luz la que sin duda es la mejor historia de la serie. La estrella lejana resulta una obra redonda en todo su esplendor. Su dibujo es por completo impecable, trascendiendo a los grandes maestros de la línea clara como el francés Yves Chaland (quien por cierto también triunfó en el mundo de la publicidad y hasta coloreó Las aventuras de John Difool de Moebius y Jodorowsky). Sin duda Daniel Torres ha alcanzado la cima de su arte y nada tiene que envidiar a otros artistas de fama internacional, más bien al contrario. Casi cada viñeta del tomo es por sí sola una pequeña joya que exige una contemplación entusiasta.



    Pero si el estilo de Daniel Torres roza la perfección absoluta, con una estética propia y deslumbrante, no menos puede decirse de la historia en sí misma. Narrada en un convincente flashback por el propio Roco Vargas a sus amigos Rubí y Sansón, los lectores asistiremos al glorioso pasado del protagonista. Así descubrimos a un Roco niño, quien huyendo de las bombas que le han dejado huérfano es recogido por el doctor Covalsky, siendo adoptado por él. Mención aparte merece esa pequeña/gran viñeta de homenaje con el rostro del crío en primer plano, fascinado por la contemplación de las estrellas, mientras en sus manos sostiene una revista de Flash Gordon.

    El relato desgrana con gran maestría los años dorados de Roco Vargas, la incorporación de Saxxon y Chico Panamá en el grupo hasta formar los “Chicos siderales”.  El desarrollo del motor de propaxol y las luchas por su control hacen que la historia adquiera ciertos tintes casi crepusculares, con un protagonista que recuerda a veces un viejo vaquero del Oeste en su última aventura. Sin duda el personaje de Roco alcanza una hondura como pocas veces se ha dado en los cómics. Se muestra como un hombre que ve sus sueños truncados y huye para empezar de nuevo, esta vez como escritor de ciencia ficción. Un intento por alcanzar con la mente unos mundos lejanos que jamás podrá alcanzar de forma física. Perfecto colofón a tan fascinante historia.


    Señalar que en 1997 la editorial Norma publicó los cuatro tomos unidos en un único volumen de 240 páginas, añadiendo bocetos y escritos del propio autor, bajo el título genérico de Roco Vargas. Sin duda merece la pena adquirir semejante maravilla. Leyéndola en orden cronológico y sin falta de continuidad, se puede paladear mucho mejor esta pieza cumbre del cómic.

    Parecería que con esto ya está todo dicho respecto a la serie Roco Vargas y en gran medida así es. Pero tras publicar nuevas maravillas como El octavo día y su continuación (1992 y 1996), crear el personaje entrañable de Tom (1995) o realizar esporádicas colaboraciones en The Spirit y Sandman Mystery Theatre entre otras, Daniel Torres vuelve a la carga con un nuevo tomo de su famoso aventurero sideral. De tal manera Norma publica en el año 2000 El bosque oscuro.




    Este nuevo relato, con introducción y bocetos del propio autor, presenta a nuestro protagonista ya liberado de la pesada losa de su pasado. Simple hilo conductor de la historia, habrá de enfrentarse a otra conspiración a gran escala, toda una amenaza para la raza humana que se oculta en un mensaje críptico. Poco a poco se va perfilando una nueva presencia, la IA (Inteligencia Artificial) que servirá para desarrollar el argumento en números posteriores. Historia en cierta manera independiente y autoconclusiva, aunque sus ecos resuenen en los volúmenes futuros. En esta ocasión, no obstante, resulta un simple ejercicio que ni quita ni añade nada nuevo a la saga. Lo mejor sin duda es el planteamiento y la consolidación de las bases de esa nueva sociedad, así como la creación de la medusa, un extraño ser cambiante capaz de transformarse en sus víctimas antes de matarlas.

    Tras un lapso de tiempo más corto, en el año 2004 sale una nueva aventura de Roco Vargas. Su título es El juego de los dioses. Aquí ya no se acompañan bocetos ni explicaciones, se va de cara al grano. Un grano, todo hay que decirlo, no tan fructífero como otros de su autor. Eso sí, hay acción a raudales en una aventura menor. Como rasgo más distintivo se empieza a poner en tela de juicio las tres leyes de la robótica de Asimov, a la vez que se amplía el reparto, destacando la creación de Mann Offerat, directivo de Cyra Corp. Un personaje nada plano, que sin duda resulta lo más elaborado de la historia junto con los “bastardos”, robots con su logogén alterado y reprogramados para combatir, menospreciando las vidas humanas. Un divertimento muy bien realizado pero que no va más allá. Sin duda un Roco Vargas menor.



    Llega el año 2005 y se publica Paseando con monstruos, una obra tal vez mejor que la anterior aunque sólo sea por su mayor complejidad argumental. En el terreno artístico hay que resaltar, igual que en el tomo anterior, el excelente trabajo a la tinta y el color de Paco Cavero.  Impecable en el desarrollo de la acción, aunque existen demasiados momentos alargados en la trama, como si el autor realizara la historia con cierta desgana. Recuerda en algunos momentos las peores historias de Asimov, como Fundación y Tierra, donde los protagonistas se enzarzan en diálogos recurrentes sin que la narración se desarrolle lo más mínimo.

    Sin embargo, no podemos considerar que se trate de un tomo fallido. A nivel argumental cada vez se halla mejor definida una sociedad humana dispersa por todo el Sistema Solar. También la presentación del personaje Dry Martini es un anticipo del siguiente relato, máxime cuando el volumen acaba con un manido “Continuará”. Una vez aceptado no se trata de una historia independiente y sí de la primera parte de un arco argumental, deberemos reconocer su valía.



    No tarda en llegar la octava y, hasta la fecha, última entrega de las aventuras de Roco Vargas. En el año 2006 Norma publica el tomo La balada de Dry Martini. Por fin podemos reconciliarnos con el mejor Daniel Torres, de nuevo nos hallamos ante una gran obra. Sin alcanzar toda la perfección de La estrella lejana, su obra cumbre, aquí vuelve a resurgir de las cenizas el más puro Roco Vargas. Y de forma paradójica sin los demás personajes de su universo, pues sólo aparece el propio Roco, aunque  perdiendo parte de su protagonismo.


    Con un hilo argumental similar al desarrollado en La estrella lejana, de nuevo nos encontramos ante un personaje narrador, Dry Martini, quien explica en flashback la historia de sus orígenes al propio Roco Vargas. Admirable resulta la coherencia con la que ciertas acciones descritas en los dos tomos anteriores vuelven a ser visionadas, esta vez desde la perspectiva del nuevo personaje. Es un ejercicio de estilo que homenajea en cierta forma al célebre filme Rashomon del maestro Akira Kurosawa. Aunque, a la hora de buscar paralelismos, se ha de señalar que el estilo del dibujo se emparenta cada vez más con el del más virtuoso Moebius.



    Un sabor a Clásico con mayúsculas impregna esta última aventura de Roco Vargas. De nuevo notamos ese tono melancólico donde el mito del moderno Prometeo es abordado de forma más desesperanzada que en los relatos optimistas de Asimov, hasta ahora un puntal en los argumentos de Daniel Torres. Digamos que aquí la trama resulta más bien deudora de Philip K. Dick, con sus mega corporaciones manipuladoras y donde late la eterna incógnita de qué hace a alguien humano. Incluso su final abierto resulta brillante y estimula la mente del lector. Un cóctel de la mejor ciencia ficción expuesto con gran belleza y precisión. Una pequeña maravilla del cómic que cierra la saga dejando un buen sabor de boca.



    No cabe añadir nada más. Sin duda, y por méritos propios, el Roco Vargas de Daniel Torres debe figurar en la Historia del Cómic como una de las mejores sagas de ciencia ficción.




    Merece la pena disfrutarla, en muchos aspectos resulta una auténtica obra de arte.


                                                                                                            Joan Antoni Fernández


Ahora disfruten de una entrevista a Daniel Torres donde habla de su obra Burbujas. Hasta hora solo tiene 100 visualizaciones. Esperamos que con esta entrada mucha gente disfrute de esta entrevista.





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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.

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Joan Antoni Fernández nació en Barcelona el año 1957, actualmente vive retirado en Argentona. Escritor desde su más tierna infancia ha ido pasando desde ensuciar paredes hasta pergeñar novelas en una progresión ascendente que parece no tener fin. Enfant terrible de la Ci-Fi hispana, ha sido ganador de premios fallidos como el ASCII o el Terra Ignota, que fenecieron sin que el pobre hombre viera un céntimo. Inasequible al desaliento, ha quedado finalista de premios como UPC, Ignotus, Alberto Magno, Espiral, El Melocotón Mecánico y Manuel de Pedrolo, premio éste que finalmente ganó en su edición del 2005. Ha publicado relatos, artículos y reseñas en Ciberpaís, Nexus, A Quien Corresponda, La Plaga, Maelström, Valis, Dark Star, Pulp Magazine, Nitecuento y Gigamesh, así como en las webs Ficción Científica, NGC 3660 y BEM On Line, donde además mantenía junto a Toni Segarra la sección Scrath! dedicada al mundo de los cómics. Que la mayoría de estas publicaciones haya ido cerrando es una simple coincidencia... según su abogado. También es colaborador habitual en todo tipo de libros de antologías, aunque sean de Star Trek ("Últimas Fronteras II"), habiendo participado en más de una docena de ellas (Espiral, Albemuth, Libro Andrómeda, etc.). Hasta la fecha ha publicado siete libros: "Reflejo en el agua", "Policía Sideral", "Vacío Imperfecto", “Esencia divina”, “La mirada del abismo”, “Democracia cibernética” y “A vuestras mentes dispersas”. Además, amenaza con nuevas publicaciones. Su madre piensa que escribe bien, su familia y amigos piensan que sólo escribe y él ni siquiera piensa.


2 comentarios:

  1. Está muy bien el artículo. Es uno de mis comics favoritos y tengo alguna portada como decoración en casa

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  2. Fantástico! ...y gracias por la mención a la semana del cómic de Tarragona!

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