jueves, 31 de agosto de 2017

Un canto para los cantores


Ilustración de Daniel Nava


Un cantor armado con su instrumento, de pie ante el mundo, es uno de los actos más heroicos que pueda registrarse. Dejo esto asentado pues siempre he creído, aunque suene muy rosa, que los cantores redimen a la humanidad.

Unos terminan en plazas, en parques… y sin embargo, estos aparentes perdedores reivindican la belleza. Otros, se encumbran, son aclamados e inclusive, llegan a ser entes representativos de su época. Pero este canto va dedicado al cantor anónimo y al reconocido, no deja a ninguno afuera.  



Pensemos un momento en la divina locura de John LennonLennon imaginó que todo el mundo podía compartir el mundo. Pensemos un momento en Víctor Jara insuflando vida hasta en las cosas yermas. Pensemos en Simón Díaz venerando la tonada.


Conmueve la fuerza frágil de un hombre que canta, pues esa armonía, esa voz, puede trascender las barreras del espacio y del tiempo. Los tiranos pese al poder político, económico y militar desaparecen en un instante. Pero un cantor, como dice una afamada copla, ni muerto se calla.

Facundo Cabral

Quién puede decir que Facundo Cabral está muerto, quién puede decir que Bob Dylan morirá. Muchos omiten esta fuerza, de hecho, no la conocen y aunque puedan vivir sin poesía no necesariamente están vivos. La vida está en la firmeza de los hombres que, cual profetas, traen la buena nueva.

Por ello este canto es para ti, para aquel, y para todo el que se anime.

Francisco José Aguiar

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Daniel Nava

Valencia, Edo. Carabobo, 1980. Diseñador Gráfico – Artista Plástico. Instituto de Diseño de Valencia desde el año 2000. Licenciado en Educación en Artes Plásticas Universidad de Carabobo (UC) – Mención Honorífica Magna Cum Laude. Especialidad en fotografía, ilustración, artes visuales e historia del arte. Participante de varias exposiciones entre las que destacan: Bienal de Fotografía Fundación Daniela Chappard (2008), Salón Regional de Fotografía UC (2009), El cuerpo, un discurso poético de la Feria Internacional del Libro  FILUC  (2010) y WE ARE ON THE SIDE OF PEACE VENEZUELA – Valencia (2016 – 2017). Sitio web: www.artesnava.weebly.com

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Francisco José Aguiar. 

San Carlos, Edo. Cojedes, 1985. Narrador, poeta y dramaturgo. Lcdo. en Educación. Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT) en el 2014. La Revista Memoralia publica el monólogo que se titula La Alcantarilla en el 2015.

martes, 29 de agosto de 2017

N. K. Jemisin: Negros y latinos, gente pobre con trabajos basura, votaron a Trump, porque creen que esos blancos son mejores que ellos.




Queridos amigos de la página:
                                      
Tengo el gusto de anunciar la publicación la siguiente entrevista con la escritora norteamericana Nora una escritora de éxito que además es psicóloga y ha sido galardonada recientemente con premios importantes. No he leído aun su obra, pero sin duda buscaré sus libros. La entrevista nos deja percibir una brillante posibilidad: la de tener entre manos y ante los ojos una obra que narre la realidad de los jóvenes en la actualidad, sus luchas, sus relaciones fallidas o exitosas con sus padres y tutores y la otra parte, la que no vemos pero igualmente es importante, la de un misticismo mezclado con magia que nos hace tener esperanzas incluso en los peores momentos.

Algo bueno pasará que lo cambiará todo para bien. Yo lo creo. Me alegro de saber que pronto leeré un libro que esté de acuerdo conmigo.

No importa el lugar donde se desarrolle la acción. Es real y es actual. Leamos!

Graciela Bonnet


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Lo que tiene que hacer un escritor es escribir. La frase parece hasta tonta, de lo lógica que es. Pues claro que lo que tiene que hacer es escribir; y a ser posible, escribir bien. Y contar historias que nos maravillen, nos emocionen o nos impacten de alguna manera. Pero hay algo más que puede hacer un escritor; tener conciencia social y trasladarla a su obra. Eso es precisamente lo que hace la estadounidense Nora K. Jemisin, ganadora de dos premios Hugo consecutivos, en sus libros.

            Jemisin nació en 1972, en Iowa, y creció en Brooklyn (New York). Es psicóloga de formación y escribe novela fantástica, género en el que ha sido nominada en varias ocasiones a los premios más importantes. Acaba de ganar el premio Hugo 2017 a la mejor novela por “The Obelisk Gate”, continuación de “La quinta Estación”, con la que también ganó el Hugo 2016 en la misma categoría. Su condición de mujer negra la ha llevado, según sus propias palabras, a explorar en sus escritos los diferentes conflictos raciales y de género que ha detectado a lo largo de su vida. Jemisin aboga por una fantasía reivindicativa, en la que abunde la diversidad racial y no se mantengan las estructuras patriarcales tradicionales; aboga, en resumidas cuentas, por enseñarnos una parte de la realidad que no estamos muy dispuestos a ver y transformarla en mundos que nos sugieran lo que sí podría ser. Y en ese camino de visibilización, no está ni mucho menos sola.

            Hay una polémica, relativamente reciente, establecida en el mundo de la literatura a propósito de estos temas. En ella, hay quien defiende que introducir mensajes sociales o políticos en las obras fantásticas es desvirtuar el género, e introducir personajes no normativos, panfletario. Para este sector, los colectivos históricamente discriminados que alzan la voz para reivindicar su presencia, son grupos de presión que ponen sus intereses identitarios por delante de la “esencia” del género fantástico. Este punto de vista presupone, por un lado, una estructura rígida para ese género literario y, por otro, una visión también rígida del mundo. Si la introducción de diversidad es panfletaria, se deduce bajo esta visión que es necesario justificar la presencia de personajes no normativos, lo cual a su vez los señala como “no normales” o “raros”, como si no tuvieran derecho propio a transitar por las ficciones creadas por los humanos. Se les pide, en resumen, que justifiquen su propia existencia.  




            Este tipo de argumentos suele ir de la mano del argumento “de realidad”, según el cual todo aquello que no se corresponde con la estructura social imperante o es minoritario dentro de ella, no resulta creíble. Así, sus defensores pueden ver con total naturalidad historias en las que haya dragones, extraterrestres o cualquier tipo de seres mágicos, pero no admiten la presencia de mujeres empoderadas o guerreros homosexuales, por poner un ejemplo. Y hago especial hincapié en que hablamos de género fantástico, en el que no hay más normas que las que el propio autor imponga. Todo esto parece señalar a que no es precisamente la esencia de un género literario lo que defienden estos grupos.     

            Pero algo está cambiando. Los premios Hugo de este año han sido toda una fiesta para los sectores más reivindicativos, ya que en catorce de las dieciocho categorías las obras ganadoras fueron escritas por mujeres. Jemisin ha declarado al respecto que “Las mujeres están irrumpiendo en el género de la fantasía y la ciencia ficción como heroínas”, en un gesto de activismo que, una vez más, le ha regalado unas cuantas críticas. Sin embargo, son muchas también las voces que la aplauden (la aplaudimos) por dar un paso adelante y atreverse a decir lo que sentimos; que ser mujer en un entorno masculinizado es un duro camino y que abrirse paso y llegar hasta lo más alto contra todas las adversidades es precisamente lo que hacen los héroes en las fantasías épicas.

            La realidad es que aún queda mucho camino por recorrer, que hay bastantes pruebas de que las mujeres todavía no gozan de una igualdad real de oportunidades (no hay más que entrar en Google y buscar los datos; número de publicaciones, reseñas, premios…); que el “Yo no miro el género del autor, solo la calidad de la obra” sigue estando a la orden el día, dicho casi siempre por personas cuya biblioteca está formada en un 90% por títulos firmados por hombres y que no se dan cuenta de que eso, según sus propias palabras, significa que las mujeres escriben objetivamente peor que los hombres. Y, lo que es peor todavía, que las iniciativas de visibilización siguen siendo recibidas en algunos ámbitos con una gran desconfianza, cuando no abierta hostilidad. Hay quien no quiere entender que los espacios femeninos no mixtos no son un ejercicio de discriminación, sino una consecuencia de la misma; que durante cientos de años el mundo entero fue un espacio que excluía a las mujeres y que eso no se equilibra sin un esfuerzo activo y consciente; y que uno de los mayores deseos de las mujeres es que no sea necesaria la existencia de dichos espacios, porque eso significará que la igualdad real se ha alcanzado.


              En resumen, que ojalá llegue un momento en que catorce premios Hugo ganados por mujeres sean tan noticia como catorce ganados por hombres. En ese momento, las mujeres dejarán de ser heroínas por el simple hecho de ser reconocidas al mismo nivel que los hombres. Mientras tanto, figuras como N. K. Jemisin siguen siendo muy necesarias porque necesitamos referentes femeninos. Heroínas que se expongan ante la tormenta de un mundo adverso con el único escudo de sus ideas.


Nieves Delgado 

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N. K. Jemisin. Foto: Llibert Teixidó


“He sufrido amenazas por ser mujer, negra, escritora y con éxito”


IMA SANCHÍS

26/07/2017 


Siempre quise ser escritora, pero daba por hecho que ser mujer y negra me impediría triunfar en la literatura fantástica y de ciencia ficción, que es mi género.

En su novela una mujer negra, cuarentona y grandota lucha contra el mal.

Sin duda se parece a mí: tiene mi edad, lleva rastas como yo..., pero ella tiene hijos, está mucho más enfadada y ha pasado por más traumas.




¿Por qué la escogió?

Porque mujeres negras de mediana edad cuya principal preocupación son sus hijos no aparecen en las novelas de ciencia ficción. Cuando murió mi madre reflexioné mucho sobre los problemas entre madres e hijas.

¿A qué problemas se refiere?

En EE.UU. los padres afroamericanos disciplinan a los hijos con castigos físicos, una especie de legado del esclavismo, pero la idea es enseñar a los hijos a sobrevivir en esta sociedad, porque si un adolescente se porta mal en la calle, la paliza de la policía va a ser mucho peor.

¿Cómo afecta a la relación madres e hijas?

En el segundo libro de mi trilogía, La puerta del obelisco, que aparecerá en el 2018, la madre es una mujer con mucho poder personal que entiende que la sociedad es injusta y peligrosa y quiere que su hija sobreviva, pero la relación choca porque no está siendo cariñosa y dulce.

¿Eso le ocurrió a usted?

La hija de la protagonista es la única que sobrevive de los tres hermanos, la más dura, pero salva la vida a costa de su alma. Es un tema con el que se enfrenta toda madre, y yo no pude hablarlo ni solucionarlo con la mía. Escribir sobre ello es la única manera que tengo de afrontarlo.




Como psicóloga, usted ha trabajado con adolescentes.

Sí, con la primera generación norteamericana de jóvenes que pertenecen a minorías –mujeres y negros de entornos pobres–, en especial en carreras de ingeniería, que han accedido a la universidad: a un entorno patriarcal y blanco.


¿Se sienten desubicados?

Totalmente. Yo me enfrentaba a problemas de identidad y estereotipos castrantes.




¿Hoy contra qué lucha?

Como especie, podríamos llegar muchísimo más lejos si dejáramos de aplastarnos unos a otros. Hay demasiada energía dedicada a la opresión: los opresores a oprimir y los oprimidos a sobrevivir.

¿Hay escapatoria?

En mi primera novela la respuesta es destruir el mundo.


No parece una respuesta muy positiva.

Es el sentimiento de una persona llevada al extremo: destruyendo el mundo consigue que todos compartan su sufrimiento. La opresión y los problemas de violencia que esta genera sólo acabará cuando los opresores entiendan que oprimir también les daña a ellos.

¿Por qué soportamos la opresión?

La opresión es sistémica: las leyes, las costumbres y las creencias la promueven y protegen. Se supone que los oprimidos están donde tienen que estar y los opresores son los que tienen que ser porque son superiores.




¿Los oprimidos se sienten inferiores?

...Por eso negros y latinos, gente pobre con trabajos basura, votan a Trump, porque creen que esos blancos son mejores que ellos.

Es triste.

Uno de los problemas es que los norteamericanos no viajan, no ven todo el dinero que ustedes invierten en transporte público, sanidad, en la limpieza de las calles... ¡Alucino con lo limpias que están las calles en Barcelona!


Presentación de La Quinta estación en la librería Gigamesh

¿...?

Nueva York está asquerosa, y los propios republicanos pobres rechazan destinar dinero a la sanidad, es decir: se están hiriendo a sí mismos.

¿Decepcionada del género humano?

Yo creo que tenemos capacidad de cambiar, quizá en un par de siglos...


Calle Joaquín Costa. Barcelona

En su literatura la gente recurre a la magia para salir de la opresión. ¿Cree en la magia?

Con el tiempo, la ciencia explicará cosas hoy inexplicables. Pero la magia es una buena metáfora del poder personal: no es suficiente para combatir la opresión, un solo héroe no puede cambiar el mundo, necesitamos la comunidad, ahí está el poder útil.

¿Conoce a personas con magia?

Mi bisabuela podía ver el futuro y curar a la gente, pero mi familia sigue siendo igual de pobre.


Calle de Nueva York


Dígame algo positivo...

Las mujeres están irrumpiendo en el género de la fantasía y la ciencia ficción como heroínas, y eso es algo importantísimo.

¿Ya no nos matan en el primer capítulo para que el héroe nos vengue?

La literatura es un microcosmos que refleja esas dinámicas de opresión de las que hablamos, y hay gente blanca que se está sintiendo amenazada por esa irrupción de escritoras negras. Yo he sufrido amenazas de muerte.




¿Por escribir novelas de ciencia ficción?

Sí, por ser mujer, escritora, negra, y con éxito. Es una manera de decir: “Tú no perteneces a esta comunidad, vete”, en lugar de competir sanamente. Que se jodan.

¡...!

He recibido tuits terribles y diatribas sobre por qué los negros o las mujeres somos inferiores. En una ocasión, supremacistas blancos me amenazaron públicamente: “Zorra, te va a pasar un tren por encima”, que significa: vas a ser violada en grupo. A pesar de ello, gané el premio Hugo que votan los lectores.

Activismo literario


Sus novelas no transcurren en la Tierra, pero van cargaditas de reflexiones sobre lo humano, la justicia social, la opresión sistémica, el cambio climático, el machismo, la política y todas las complejidades de nuestro comportamiento. De entrada, las protagonistas de su trilogía La tierra fragmentada, que arranca con La quinta estación (Nova), son una negra cuarentona con rastas y su hija, algo insólito en el mundo de la ciencia ficción. Ha sido galardonada con el premio Hugo 2016 a la mejor novela, primera voz afroamericana con tal reconocimiento. La segunda entrega, The obelisk gate, ha sido nominada al Hugo y al Nebula 2017, premio este último que ya recibió en el 2010 por Los cien mil reinos.


Tomado de La Vanguardia


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Graciela Bonnet


 Nació en Córdoba, Argentina, en 1958. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Ha trabajado 25 años como correctora de pruebas y supervisora de ediciones por contrato para todas las editoriales venezolanas, entre ellas Monte Avila, Planeta, Biblioteca Ayacucho, ediciones de la Casa de la Poesía, Pomaire, Eclepsidra, Santillana, Editorial Pequeña Venecia, La Liebre Libre. Experiencia de tres años como redactora free lance para una editorial de libros de autoayuda. Escritora fantasma (sin firma) realizó investigaciones para crear libros, novelas, tesis y monografías.Es dibujante amateur. En 1997 el grupo editorial Eclepsidra publicó su poemario "En Caso de que Todo Falle." En 2013 editorial Lector Cómplice editó "Libretas Doradas, Lápices de Carbón" En el año 2000 participó del encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia.






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Nieves Delgado (Coruña) Estudió astrofísica y actualmente ejerce como profesora de educación secundaria en la comunidad autónoma de Galicia. Escribe relatos de ciencia ficción y terror que han sido publicados en las revistas digitales “Portalycienciaficción” , “Ianua Mystica” y “Los zombis no saben leer”, así como en la web “Sitio de Ciencia-Ficción”. Así mismo, su relato La Condena formó parte de la Antología SdCF de Relatos de Ciencia Ficción 2012. En el año 2014 su cuento Casas Rojas fue incluído en  la antología de relatos de ciencia ficción en español escritos por mujeres Alucinadas.

Podéis leer algunos de sus relatos en su perfil de Wattpad:


La ficha bioliteraria de Nieves Delgado fue tomada de Ficción científica.

lunes, 28 de agosto de 2017

Fernando Sosa: museo soñado en el corazón de Valencia, la de Venezuela






Estimados Liponautas

Una de las funciones del blog es la de dar a conocer el talento local y la vida cultural de nuestra ciudad. Valencia, la de Venezuela es muy ingrata pero sin embargo siempre hay alguien que lucha por ganar espacios para la cultura bajo el sol. En momentos como los que vivimos en la actualidad hacer cultura es resistir. Hoy le damos a conocer un espacio de resistencia y le hacemos un poco de promoción a un espacio que no tiene presencia en la red.

La nota fue tomada del Tiempo Universitario  el semanario de la Universidad de Carabobo correspondiente al 1 de febrero de 2010 en la página 14. Por cierto el semanario dejó de circular de forma impresa por las restricciones existentes en Venezuela para conseguir papel periódico

Deseamos disfruten de la entrada.

Atentamente 

La Gerencia


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La Universidad de Carabobo, a través de la Galería Universitaria "Braulio Salazar" y la Dirección de Medios y Publicaciones, auspició fielmente esta iniciativa que se consolidó a finales de año, en el marco del 117 aniversario de nuestra Alma Máter

1 de febrero de 2010


Ana Verónica Gómez / Fotos: Orlando Baquero


Fernando Sosa (Valencia, 1960-2006) siempre tuyo una visión bien definida de lo que quería, cuando en el 2002 se mudó a una vivienda en la populosa parroquia de San Blas, en pleno centro de Valencia, la de Venezuela, una muestra de la arquitectura de la ciudad de principios del siglo XX.

El propósito del ceramista, escultor y pintor, era simple: convertir la casa, algún día, en un espacio para las artes, la música, la cultura, en el que se pudieran exhibir sus obras y también colecciones privadas de otros artistas.

A finales de 2009 el sueño se vio cristalizado, y ya la vivienda de la calle Uslar, de San Blas, se convirtió en Casa Museo, ésas que, como bien lo pensó Sosa, deben estar ubicadas en el corazón de las ciudades, al alcance de todos los visitantes, testigos arquitectónicos de un pasado histórico, social, artístico y comercial.

Taller de Fernando Sosa

La Casa Museo tiene la particularidad de intimidar con el recordado artista plástico, donde vivió durante sus últimos años, sus obras, sus cuadernos de bocetos, trabajos que intercambió con amigos, su jardín, murales, su cama antigua y hasta el aguamanil de la abuela, el sombrerero de papá y muchos otros recuerdos acumulados.

"Siempre me comentaba que quería hacer eso en un futuro y dejarle a la gente lo que siem-pre quiso transmitir", dice Olga, la mayor de tres hermanos Sosa y la eterna cómplice y confidente de su menor, Fernando, por quien se hizo motor de la idea y buscó la respectiva asesoría.

La Universidad de Carabobo, a través de la Galería Universitaria "Braulio Salazar" y la Dirección de Medios y Publicaciones, auspiciaron fielmente esta iniciativa que se consolidó a finales de año, en el marco del 117 aniversario de nuestra Alma Máter.



El trabajo museográfico

La Casa Museo Fernando Sosa es la número 98-74 de la calle Uslar de la parroquia San Blas, y está abierta al público los martes y jueves de 9 a 11 de la mañana, y los miércoles y domingo, de 3 a 5 de la tarde.

"Es una muestra de la arquitectura doméstica valenciana del siglo XX, distribuida siguiendo el modelo tradicional en torno a un patio central. Mantiene la estructura y materiales originales con algunas modificaciones derivadas del uso museístico", reseña en el catalogo inaugural llich Rodríguez, de la Galería Universitaria 'Braulio Salazar", encargada de la museografía, en la cual las tres salas están concebidas como una recreación documentada de los ambientes en los que transcurrió la vida del artista.



Lunes Rodríguez, director de la Galería Universitaria de la UC, señala que a la Casa Fernado Sosa "se le aplicó el proceso de curaduría para convertirla en un espacio habitable, donde a partir de este año 2010 se harán actividades de talleres de artes del fuego, cerámica, artes gráficas, serigrafía y grabados".

Femando Sosa recibió su formación en gráfica y diseño en el Centro de Enseñanza Gráfica (Cegra) y en el instituto Neumann, donde validó lo aprendido en la Escuela de Artes Plásticas "Arturo Michelena" de Valencia y en la Escuela de Artes Visuales "Cristóbal Rojas", Caracas.

Fernando Sosa

El crítico Gabino Matos escribió que Fernando Sosa, en su propuesta, "reunió lo ritual y lo utilitario, lo volumétrico y lo pictórico, lo independiente de la forma escultórica, con la posición fija del mural y el relieve".



viernes, 25 de agosto de 2017

Jorge Luis Borges: La palabra Neverness del obispo Wilkins es mas potente que el Nevermore de Poe





Estimados Liponautas

Ayer fue el cumpleaños de Jorge Luis Borges. porloque hoy decidimos compartir con ustedes esta entrevista realizada a Jorge Luis Borges en 1964 por Alejandra Pizarnik e Ivonne Bordelois para la revista venezolana Zona Franca (1964-1984) dirigida por por el poeta Juan Liscano.


Juan Liscano

Deseamos disfruten de la entrada.


La Gerencia



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Entrevista a Jorge Luis Borges por Alejandra Pizarnik e Ivonne Bordelois




El lector de esta entrevista no dejará de reconocer en las respuestas, que fueron orales, el sabor de la escritura de Borges. En efecto, no hemos corregido ni suprimido casi nada de lo que acogió la cinta grabadora. Solamente hemos omitido ciertos conmovedores sustentos del habla: "yo no sé", "me parece", “yo creo”, etc.




En particular, tuvimos que suprimir muchísimos "yo no sé".En fin, a partir de las respuestas ya se verá que la humildad es uno de los rasgos esenciales de Borges. Por ejemplo, en más de una ocasión se refiere a Leopoldo Lugones considerándolo superior a él (el tono de su voz al enunciarlo era el de quien afirma una verdad universal o una cosa obvia). Esta injusticia que se inflige a sí mismo la emplea, también, en sus "simpatías y diferencias". Así por ejemplo, nos dijo (en conversación fuera de la entrevista) que Kafka no es superior a Kipling. Pero esta misteriosa injusticia pertenece, también, a la tradición literaria y grandes escritores dieron testimonio de ella. Baste recordar a Víctor Hugo y a Goethe.

Revista Zona Franca
¿Qué interés le ofrece la literatura contemporánea?

J.L.B.  —En general me ofrece muy escaso interés. Yo tengo la impresión de que la literatura participa de la declinación general de esta época.

Entonces, ¿cuáles serían, a su juicio, las épocas de apogeo de la literatura?

J.L.B.  —Por mi parte, puedo hablar con cierta autoridad de las literaturas de lengua inglesa: Y pienso que no hay actualmente en Inglaterra escritores comparables a Shaw, a Chesterton, a Wells... Y creo, además, que el hecho de que yo tenga alguna fama es una de las pruebas de la declinación de la literatura.

¿No será, más bien, que usted pertenece a la época de esa otra literatura ["la de Shaw, de Chesterton, de Wells..."]?

J.L.B. —No lo sé; pero sé, por ejemplo, que escritores argentinos evidentemente superiores a mí —básteme recordar a Lugones o a Paul Groussac— no alcanzaron, sin embargo, la resonancia y el renombre que yo he alcanzado. Y creo que si yo hubiera sido estrictamente contemporáneo de ellos, no se me conociera especialmente.



Literatura necesaria

¿Cuáles son, a su juicio, los defectos mayores de la literatura argentina frente a la literatura europea?

J.L.B.  —El defecto mayor de la literatura argentina —y aquí estoy generalizando porque la pregunta es una pregunta general y exige una contestación general— fuera de algunos casos contados, no parece una literatura necesaria. Recuerdo que Wordsworth decía de Goethe que le faltaba inevitabilidad. Entiendo que en este país hay muchos escritores que están ejerciendo su oficio con mucha destreza pero cuya obra no corresponde a la conciencia argentina o a los momentos actuales de esa conciencia. Es decir, conozco personalmente el caso de jóvenes escritores de nuestro país que hacen lo posible —y a veces lo consiguen— por ser Eliot o por Kafka o cualquier otro escritor. Pero al mismo tiempo no sé hasta dónde esto tiene sentido porque una obra como la de Kafka o una obra como la de Eliot —a quien admiro pero menos que a Kafka, evidentemente— corresponde, aunque el actor no lo quiera, a ciertos problemas. Por ejemplo, uno de los temas de la obra de Kafka es la relación del hombre con la divinidad, el lugar del hombre en el universo, el misterio de saber según qué cánones, y según qué leyes, somos juzgados; da por sentado que hay un juez que nos juzga. En fin, en un país esencialmente ateo como el nuestro, esos problemas no tienen mayor sentido o no pueden corresponder a una sinceridad del escritor.

Es decir que usted postula una radical consonancia de la literatura con la conciencia de su época. Ahora bien: ¿cree que la literatura fantástica también tiene que corresponder a ese tipo de consonancia o de acuerdo?

J.L.B. —Yo creo que toda literatura debe hacerlo. Pero creo, también, que no deberíamos hablar de literatura fantástica. Y una de las razones —que ya he declarado alguna vez— es que no sabemos a qué género corresponde el universo: si al género fantástico o al género real. Otra razón es que, ya que toda literatura está hecha de símbolos, empezando por las letras y por las palabras, es indiferente que esos símbolos estén tomados de la calle o la imaginación. 

Es decir, creo que esencialmente Macbeth —a quien llevan al crimen las tres brujas o parcas ("hermanas fatales, hermanas del destino")— no es un personaje menos real que Rodion Raskoinikov. Pero, seguramente, Shakespeare, para concebir a un asesino, eligió una historia que encontró en viejas crónicas, y Dostoyevski, en cambio, imaginó una historia en San Petersburgo. Pero eso es indiferente: ambos personajes son igualmente reales y ambos viven y creo que seguirán viviendo en la imaginación de los hombres.




Evocación del ultraísmo

¿Qué importancia tiene para usted el ultraísmo?

J.L.B. —Bueno, yo entiendo que esa época que se llama de Martín Fierro o de ultraísmo fue en todo caso, en este país, una suerte de equivocación, porque lo esencial del ultraísmo fue la renovación de la metáfora. Y esa renovación ya había sido predicada y ejercitada, sobre todo —lo cual es más importante— por Leopoldo Lugones en su Lunario sentimental, que se publicó en 1909, y fue una obra revolucionaria en esa época. Es decir, entiendo —y esto lo dije antes del suicidio de Lugones— que el movimiento ultraísta en este país fue un movimiento un tanto superfluo y tardío, porque Lugones ya había hecho todas esas cosas; y creo que las había hecho mejor que nosotros; o, en todo caso, mejor que yo —porque no tengo por qué juzgar a otros poetas— en su Lunario Sentimental, o sea, unos 15 años antes de nuestra supuesta producción. La otra diferencia entre el ultraísmo y Lugones, fue una diferencia negativa porque Lugones que había escrito en sus Montañas del Oro, de 1897, admirables versos libres a la manera de Walt Whitman, uno de los maestros entonces, llegó luego a creer que el verso moderno, por lo menos el verso en lengua española, necesitaba como elemento esencial la rima. Por eso, en las Montañas del Oro, él elige y alaba a cuatro poetas esenciales de la humanidad. Esos poetas son Homero, Dante, Hugo y Whitman. En cambio, en el prólogo del Lunario Sentimental, menciona a los tres primeros y no cita a Whitman. Sin duda porque pensó que Whitman se equivocaba al creer en la posibilidad de un verso sin sílabas largas y breves, como el hexámetro griego o latino, y al mismo tiempo sin rima.


Rafael Cansinos-Assens
No nos referíamos tanto a la alternancia entre escuelas literarias como a la relación que une a un escritor con otros escritores.

J.L.B. —Yo vine de una España de cenáculos literarios. Tuve el honor de pertenecer al cenáculo de Rafael Cansinos-Assens, en el café Colonial, en Madrid. Cansinos-Assens ha muerto hace poco y era un hombre que parecía haber leído todos los libros, en todas las lenguas. Además, fue un gran poeta; un poeta en forma psálmica o en prosa, pero sin duda un gran poeta, y ahora ha sido olvido con injusticia... No sé porqué, posiblemente por la misma generosidad de Cansinos. El hecho de que dedicó buena parte de su vida a alabar a escritores muy inferiores a él (si yo les digo que ha dedicado libros a Concha Espina, que ha elogiado con exceso —me parece a mí— a Gabriel Miró, harto inferior a él en el mismo tipo de prosa musical y pictórica), todo esto, creo, debilitó el juicio que otros tuvieron de él. Pero esto ocurrió porque Cansinos era un gran poeta: de igual manera que para un gran poeta una puesta de sol, o una rosa, o una calle, o el rostro de una mujer entrevisto, puede ser el punto de partida para un poema, así ocurría para Cansinos con la lectura de un libro mediocre, pues no escribía sobre el libro mismo sino sobre lo que el libro hubiera podido ser. Esa sería una de las razones para el olvido en que ha caído Cansinos-Assens y que yo, personalmente, he hecho lo posible por corregir. Otra cosa: Cansinos publicó la primera traducción española de Las mil y una noches. Resulta un escándalo que en España, el país de Europa que está más vinculado al Islam, ya que los árabes vivieron durante tantos siglos ahí, no hubiera otra cosa sino traducciones del libro de Las mil y una noches, hechas de segunda mano (es decir, versiones del inglés y del francés). O sea que Cansinos, por increíble que parezca, fue el primer escritor español que en el siglo XX publicó una traducción directa de este libro que no pudo publicarse en España porque el Estado juzgó que no convenía publicar libros islámicos, además no siempre decorosos. Por eso la Editorial Aguilar tuvo que publicar esa versión en México porque en España eso era, y es, imposible.


Concha Espina

Ahora bien, ya que he mencionado a Cansinos-Assens, quiero mencionar también a un gran escritor y sobre todo a un gran pensador y gran conversador argentino, Macedonio Fernández, que tenía su cenáculo aquí. Pero todo esto resulta anacrónico porque la pasión de nuestro tiempo es la política y no la literatura pero, por aquellos años —estoy hablando del mil novecientos veintitantos— existía una pasión literaria, es decir, era posible que se reunieran grupos jóvenes y estuvieran hasta el alba discutiendo si convenía o no usar rimas o usar metáforas, si convenía la poesía narrativa, la poesía descriptiva o la poesía musical, simbólica. Y eso ocurría de tal manera que si yo pienso en mis amigos de aquella época no sé que opiniones políticas tenían salvo en algunos casos. Quiero decir que la literatura podía ser una pasión en aquellos años, y actualmente, no sé si la literatura es una pasión entre la gente joven o si la literatura está supeditada a lo que se llama littérature engaggé, etc..




Sin embargo, se dice que Martín Fierro fue disuelto por un problema político a propósito de la candidatura de Irigoyen.

J.L.B.  —Yo no sé, lo que recuerdo de aquella época es que hubo una polémica entre dos grupos: el grupo de Boedo y el de Florida, y me consta que esa polémica fue organizada por Ernesto Palacios, del grupo de Florida, y por Roberto Mariani, del grupo de Boedo, y que a mi me inscribieron en el grupo de Florida. Por aquellos años, yo escribía poemas sobre los suburbios, sobre las orillas de Buenos Aires, y hubiera preferido estar en el grupo de Boedo, pero ya me habían inscrito en el grupo de Florida; y además nadie tomaba muy en serio esa polémica. Yo creo que todo eso ocurrió simplemente, con el fin de estar a la page: ya que había polémicas y grupos literarios en París, entonces no podían faltar en Buenos Aires. Pero no creo que eso tuviera mayor trascendencia, si bien luego ha sido tomado en serio y agigantado por los historiadores de la literatura.



Sin embargo, ha habido puntualizaciones últimamente acerca de la falta de importancia que ha tenido ese incidente.

J.L.B. —No tuvo absolutamente ninguna importancia, tanto así que recuerdo el caso de un poeta, Nicolás Olivari, que pertenecía a ambos grupos y a nadie se le ocurrió reprochárselo, porque nosotros estábamos más o menos en el secreto, sabíamos que todo eso correspondía... no sé, a un mecanismo de publicidad. En Francia, ciertamente, esos mecanismos de publicidad literaria están mucho más desarrollados que aquí, en primer término porque Francia es un país literario; además, los franceses tienen una conciencia literaria, es decir, a un francés le gusta saber exactamente qué está haciendo y aún aquellos franceses que son revolucionarios contra una tradición pero no ignoran que esa revolución formará parte de la tradición, ulteriormente.


Nicolás Olivari

En cambio nosotros en este sentido por lo menos, nos parecemos a los ingleses que son individualistas y aquí podríamos recordar aquello de Novalis que dijo "cada inglés es una isla", es decir, a un escritor inglés no le preocupa tanto ubicarse en una escuela literaria. Por eso enseñar la literatura inglesa por escuelas no tiene mayor sentido porque estamos más bien ante individuos y no ante grupos colectivos.




La vocación literaria

El hecho de que en Europa un escritor pueda llegar a subsistir materialmente gracias a la literatura, ¿le parece que es de importancia para la obra en sí?

J.L.B. —No, quizá sea importante para la obra. Creo que André Gide dijo "il faut décourager la litérature"; es decir, creo que si un hombre tiene vocación literaria —he escrito un soneto sobre eso ¿no?— entonces las desventuras personales, todo eso puede ser un alimento para su obra, y si me permite incurrir en ejemplos muy elementales y muy evidentes, no creo que la cárcel de Cervantes o de Verlaine, o la ceguera de Milton, les impidiera escribir poesía que aún admiramos. Ahora bien, en general yo creo que sería más conveniente para la obra literaria que se siguiera la tradición judía, es decir, la tradición que hace que el rabino, que vendría a ser también el hombre de letras, ejerza a la vez un oficio cualquiera y convendría, me parece, que ese oficio no fuera el periodismo, porque el periodismo se asemeja peligrosamente a la literatura y puede contaminar la obra del autor. Me parece mejor, digamos, el caso de Spinoza puliendo lentes y puliendo un sistema filosófico al mismo tiempo.




¿Cómo ve el actual desgaste de la palabra literatura o literato?

J.L.B. —Creo que los literatos tenemos alguna culpa en ello porque que yo sepa los pintores no hablan mal de la pintura ni los escultores de la escultura; en cambio como el instrumento del literato es la palabra, esa palabra ha sido usada también para desprestigiar la literatura y aquí hay un ejemplo famoso, que es aquel famoso verso de L'art poetique en donde se dice:

Que ton vers soit la bonne aventure 
eparse au vent cripe du matin 
Qui va fleurant la menthe et le thim
et tout le reste est littérature.

En este caso la palabra literatura está usada despectivamente, de modo que los mismos literatos tenemos alguna culpa de ello. Pero en lo que se refiere a la República Argentina, el hombre de letras tiene harto menos prestigio que en otras repúblicas americanas. Sin ir muy lejos en Uruguay, por ejemplo, a mí me pueden presentar en una reunión a un poeta o escritor Fulano de Tal, en cambio en Buenos Aires, ante una presentación así uno pensaría que hay cierta sorna en ello.También en Colombia me parece que el literato es una persona no solamente admitida sino admirada y esa admisión y esa admiración puede ser anterior al conocimiento de su obra, es decir, hay algo ya respetable en la idea de un literato.




Literatura española, inglesa y francesa

¿Cree usted que hay una resistencia particular del español a la poesía?

J.L.B.  —No, pero creo, con Unamuno, que una mayoría de escritores españoles son oradores por escrito. Ahora, en cuanto a resistencia del idioma, creo que no tenemos derecho a hablar de ello si hemos leído la Noche Oscura del Alma o si hemos leído a Góngora o a Darío o a Lugones o a Enrique Banchs, además que no se trata de acumular nombres aquí para demostrar que el idioma es capaz de poesía.

Ahora, ya que estamos en este tema, el español tendría una desventaja: y es que la mayoría de la palabras son, me parece, excesivamente largas. Y eso se nota cuando se quiere traducir, digamos, un soneto de Shakespeare al español. Y es que en el verso inglés —ya el inglés en su parte germánico-sajona es prácticamente monosilábico— cabe mucho más que en el verso español. Esta abreviación sería una suerte de perfección. Ahora bien, otro inconveniente —ya que ustedes me llevaron a este tema— es que en los adverbios el acento cae en el español en la parte no significativa. Por ejemplo, si uno dice "alegremente" o "tristemente" lo que se oye es "mente" y esto corresponde a un mero mecanismo del idioma. En cambio si uno dice "sadly", "gaily","darkly","lithly", el acento cae sobre la parte significativa, es decir, sobre el adjetivo y no sobre "ly", que simplemente nos dice que es adverbio.


Pero que no pueda escribirse poesía en español me parece una afirmación aventurada. Ahora recuerdo que la única vez que yo conversé con Pablo Neruda —pero era una conversación sin rigor, una conversación que quería ser amistosa más que exacta— llegamos a la conclusión de que el español era un idioma reacio a la poesía, y que era absurdo intentarla. Pero creo que ninguno de nosotros lo creía y la prueba está en que hemos tratado —él con éxito, desde luego— de escribir en español. En cambio, si hubiéramos pensado que estábamos tratando de manipular una materia del todo rebelde, no lo hubiéramos hecho.




¿Por qué escribió usted dos poemas en inglés?

J.L.B. —Bueno, la primera razón que se me ocurre es que los pensé en inglés, es decir, que no los escribí en español, y no los traduje al inglés sino que los sentí directamente en inglés. Y la segunda razón —pero esto es un mero accidente genealógico— es que una de mis abuelas era inglesa. Mi padre tenía una excelente biblioteca inglesa. Escribí alguna vez que yo nunca había salido de esa biblioteca; había pasado la vida leyendo y releyendo esos libros. Y en casa hablábamos indistintamente inglés y español. De modo que les pido que no crean que se trata de una pedantería. En absoluto. Los poemas salieron en inglés. La voluntad mía poco tiene que ver. Además no tengo por qué ocultar el hecho de que me gusta mucho el inglés y ustedes ya saben que hace cinco años que estoy estudiando inglés antiguo o anglosajón y que hará un mes he emprendido el estudio de los vikings, que se habló en Inglaterra como se habló también en tantas partes del mundo, en las calles de Constantinopla, en Groenlandia.


John Wilkins

¿Es que el inglés le parece un idioma más apropiado para esos poemas?

J.L.B. —Yo creo que no, porque recuerdo que esos poemas los escribí espontáneamente y sin tener una teoría previa a la escritura en inglés. Los poemas se escribieron, digámoslo así, en inglés, y sólo dos poemas se escribieron en inglés; y luego nunca he vuelto a intentarlo. Ahora alguna vez he usado títulos ingleses, por ejemplo, hay un soneto mío que se llama Everness y no Eternidad, pero yo lo llamé Evernes porque la palabra Everness que es una palabra inglesa acuñada en el siglo XVII por el obispo Wilkins me parece una palabra más expresiva que la palabra eternidad o que la palabra común inglesa eternity, tomada del francés o del latín. Y, ya que estamos hablando de esto, quiero deciros que Wilkins acuñó otra palabra, -los poetas ingleses fueron tan torpes que no la recogieron nunca-, que tiene mucha más fuerza que el "never more" usado por Poe. Wilkins acuñó la palabra "neverness", es decir, aquello que nunca ha ocurrido, que nunca puede ocurrir. Aunque Keats usa dos veces la muy expresiva palabra "nothingness" es una lástima que no recogiera la palabra "neverness" que ha quedado sola como si el propio sentido hubiera influido en su soledad, como si hubiera habido una operación mágica.


Edgar Allan Poe

¿Por qué la literatura francesa ocupa menos lugar en su lectura y en su producción crítica que la inglesa o que la alemana?

J.L.B. —Si pensamos que la literatura francesa ha producido La Chanson de Roland, y ha producido a Victor Hugo y ha producido a Verlaine y ha producido a poetas menores cuyas composiciones yo sé de memoria, como Toulet, por ejemplo, cualquier animadversión contra la literatura francesa sería absurda. Pero —y aquí se trata de una idiosincrasia en particular, algo así como la torpeza de mi voz o el color de los ojos— hay algo que me hace sentir de un modo mucho más intenso la literatura inglesa y la literatura alemana, y ahora la antigua literatura inglesa, la poesía anglosajona épica y elegíaca. Pero yo no quiero imponer estas preferencias a nadie. Entiendo que esto es más o menos como si discutiéramos la ventaja del café sobre el té. La verdad es que yo siento con mas profundidad la poesía inglesa que conozco bien. En cuanto al alemán, lo conozco menos, pero lo suficiente como para poder sentir hondamente una poesía de Angelus Silesius, de Hoffmmansthal o de Heine.




La emoción épica

¿Por qué cree usted que Martínez Estrada y Lugones son los mejores poetas argentinos?

J.L.B. —Bueno, aquí estamos en un terreno de sensibilidad. Yo estoy muy apartado personalmente de Martínez Estrada quien, como amigo, es una persona difícil. Pero creo, en primer término, que Martínez Estrada es un discípulo de Lugones, es decir, que la poesía de Martínez Estrada es inconcebible sin la poesía previa de Lugones. Al mismo tiempo pienso que Lugones era un hombre relativamente simple, que sentía profundamente ciertas cosas fundamentales: el amor, la patria, etc., y que inventó una manera compleja de versificar: inventó un sistema de rimas y metáforas complicadas. Entonces, hay cierta discordia muchas veces entre lo que Lugones está diciendo, que es relativamente simple, y la manera compleja en que lo dice. En cambio, Martínez Estrada recoge la tradición de Lugones y también, en buena parte, la de Darío: en la obra de Martínez Estrada se notan ambas influencias. Además, Darío influyó sobre Lugones, según es fama. Pero creo que Martínez Estrada hizo bien, porque Martínez Estrada es esencialmente un hombre complejo. Y ese sistema complejo de poesía se aviene más a su carácter que al carácter relativamente elemental y simple de Lugones.


Ezequiel Martínez Estrada

¿Está usted de acuerdo con la afirmación hecha por alguno de sus críticos de que la poesía suya es un debate entre la lírica y la épica?

J.L.B. —Yo no sabía eso. Yo ignoraba esa afirmación. Pero, en cuanto a mí, personalmente, lo que me emociona más es la épica y además no es inútil recordar que la poesía comenzó por lo épico. Es decir, la poesía es anterior a la prosa, que son puramente poéticas. Pero una literatura sin épica es por lo menos en el occidente, inconcebible. Parece que la literatura empieza, como La Eneida, por el "arma virunque", es decir, por las hazañas y el hombre, por las armas y el hombre. Ahora, personalmente, lo que yo siento más es lo épico. A mí me ha sucedido, y no tengo por qué ocultarlo; cuando voy al cinematógrafo y de pronto siento que tengo los ojos con lágrimas. Ello no me ha ocurrido nunca en películas de guerra o en películas del Far West, que son una forma de la épica también. Ya que los poetas han resuelto abandonar la épica, alguien tiene que hacerse cargo de la épica, porque la épica es una de las necesidades fundamentales del alma humana. Y el hecho de que hayan tomado forma de cowboys no me parece censurable tampoco: es una forma de épica. Y, además, en este país tenemos el Martín Fierro, que es nuestra épica. Aunque fue escrito simplemente por motivos políticos —lo que Hernández quería era censurar al Ministerio de la Guerra y a las levas que se hacían para mandar gente a la frontera y a la guerra del Paraguay— Hernández escribió sin proponérselo, y acaso sin saberlo, un poema que tiene sabor épico: creo que no hay duda de ello. En todo caso, lo sentimos como épico, que es mucho más importante que la intención del autor.


Heinrich Heine, 1831, Pintura de Moritz Daniel Oppenheim

¿Considera usted que sus cuentos son una forma de poesía?

J.L.B. —Sí. Ahora que mi ceguera o mi casi ceguera me impide escribir cuentos, yo noto que en casi todos mis poemas hay algo narrativo. En cuanto a ser realista, en el sentido que suele darse a esta palabra, es algo que me ha tenido muy sin cuidado siempre, por aquello de que "la realidad no es verbal". Y tanto es así que el único cuento mío que puede llamarse realista, Emma Sunz, es un cuento cuyo argumento fue inventado por una excelente amiga mía, Cecilia Ingenieros, que me dijo que no tenía vocación literaria y me dio el argumento.Y vi que ese argumento exigía un tratamiento realista y así traté de hacerlo. No sé cómo ha salido el cuento. En cuanto a otro cuento mío que es demasiado famoso, Hombre de la esquina rosada, no es realista. Y hasta podría explicar porqué no lo es. Yo tengo 64 años y voy a cumplir 65. Bueno, yo he asistido a provocaciones entre gente criolla, orillera. Y las provocaciones nunca se hacían —y eso lo sabía perfectamente cuando escribí el cuento—, de la manera en que están hechas en el cuento, es decir, jamás un individuo se hubiera presentado ni hubiera dicho: "yo soy fulano de tal, un hombre del Norte, me han dicho que aquí hay uno que tiene fama de cuchillero". Jamás habría sido así; la provocación habría sido más lenta; habría empezado adulando al otro. Luego, esa adulación no habría sido tan excesiva en caso de ser una burla. Luego, el desafío habría venido después de una larga conversación desconcertante. Todo esto yo lo sabía cuando escribí el cuento. Pero yo lo escribí, también, influído por los films de Sternberg, influído por el ballet, es decir, quise hacer algo muy vivido, muy visual, muy dramático, y me desconcertó mucho cuando ese cuento fue leído como si fuera un cuento de compadritos o un cuento realista. Realmente, los compadritos no obran así.Yo sólo estaba tratando de hacer una fantasía muy visual sobre un tema criollo.Y si ustedes recuerdan el cuento, verán que todo es visual. Por ejemplo, el hombre provocado no solamente renuncia a pelear sino que toma el cuchillo y lo tira por la ventana para que veamos el fulgor del acero. Esto no era necesario. La intención, muy diferente, era digamos, meramente decorativa.

Hugo von Hofmannsthal





Entrevista realizada en casa de Borges
Publicada en la revista Zona Franca de Literatura e Ideas
Número 2, Caracas, 2 de septiembre de 1964

Tomada de Alejandra Pizarnik, pública y secreta