sábado, 9 de septiembre de 2017

La Ciencia Ficción y la Fantasía han sido demasiado WASP por mucho tiempo.

Entrevista a N. K. Jemisisn






Hola Liponautas.

Hoy nos ocuparemos de la escritora norteamericana Nora Jemisin, ganadora de la tensa edición de los premios estadounidenses Hugo de ciencia-ficción 2016.

¿Fueron unos tontos los negros que dócilmente cedían sus asientos a los blancos, y junto con ellos todos sus derechos, hasta que una agotada empleada doméstica dijo basta?

¿Son unos retrasados cognitivos quienes aceptan un trabajo en tiempo de crisis por un salario que apenas cubre sus necesidades básicas?

¿Fueron débiles mentales quienes siguieron la costumbre instalada por décadas de mirar sumisamente al suelo al recibir órdenes de un atroz capataz?
Son estas mismas preguntas las que trata de abordar la escritura de Nora Jemisin, y lo novedoso es que lo haga utilizando el formato de la denominada Ciencia-ficción, o como ella define, Ficción-épica.

En un mundo que cuenta con claros antecedentes de rebeliones exitosas contra el status quo, las mismas que fueran reprimidas utilizando variados mecanismos de opresión y violencia en manos de los poderosos de siempre, y donde a los rebeldes no les quedó otra opción que adaptarse a condiciones absolutamente injustas para conservar la vida, las novelas de Jesimin emergieron desde la necesidad de identificación con un cambio superador, llevado a cabo por individuos discriminados que se unen con un objetivo.

El hecho que hayan sido tres mujeres las protagonistas de su novela premiada, no es casualidad. Si hay un colectivo doblemente victimizado por las políticas de represión y violencia, es el que integra nuestro género.


Sin embargo, que su novela haya logrado imponerse en los Estados Unidos, en medio de la puja con novelas “conservadoras, racistas y derechistas además de malas” nos remite a un ámbito editorial local que puja y aún se resiste a los cambios atroces que están haciendo retroceder a los Estados Unidos a sus peores épocas. 



El robo infame de Papel Prensa

Lamentablemente, no podemos sostener lo mismo aquí en Argentina, donde los popes editoriales han llegado a donde están a fuerza de sostener intereses con la empresa monopólica que fabrica y distribuye un insumo tan elemental como el papel para imprimir.

Quizás muchos de ustedes desconozcan que tal monopolio fue otorgado durante la dictadura militar argentina para sellar tanto un pacto de silencio con los diarios de mayor tirada del país, así como para garantizar al poder militar cierto tono en la opinión pública conducente al sostenimiento de políticas fuertemente cuestionadas por la legislación internacional.

Hacia 1969 se había fundado la empresa Papel Prensa, para resolver el problema de la importación de papel. En 1975, un grupo empresario comenzó a adquirir acciones de Papel Prensa, y para agosto de 1976 el grupo Graiver tenía el control absoluto. Sin embargo, David Graiver murió en un dudoso accidente de avión el 7 de agosto de 1976, mientras viajaba de Estados Unidos a México. En medio de aquel drama familiar, Lidia Papaleo, viuda de Graiver, pidió una reunión con Videla para esclarecer lo sucedido, pero se la negaron. Los genocidas tenían otros planes.


David Graiver

Papel Prensa era un objetivo central tanto para la Junta Militar como para los diarios. Para los militares, significaba usarla como prenda de cambio para el silenciamiento de sus crímenes. Para los diarios, obtener el preciado monopolio de su insumo básico.
Entre la muerte de Graiver y el robo de Papel Prensa hubo un perverso juego de pinzas orquestado entre los diarios y los militares. Los medios comandaron una feroz campaña contra Graiver y sus negocios. Allegados al gobierno militar atormentaban a la familia para que vendiera la empresa Papel Prensa a Clarín, La Nación y La Razón, insistiendo que era lo que les convenía hacer si querían sobrevivir, y que no estaban en condiciones de hacer otra cosa.



El día que comenzaron las tratativas para la cesión de acciones, la viuda de Graiver aún mantenía dudas respecto de si era lo correcto firmar en dudosas condiciones. Sin embargo, años después diría que jamás olvidaría la mirada de profundo desprecio ni el tono amenazante en la advertencia de Héctor Magnetto, (del diario Clarín) ya que percibió que hablaba en serio respecto del peligro que corría su vida, cuando le dijo que “firmara para conservar la vida de su hija y la suya también”. Firmar sin embargo no impidió que después Lidia Papaleo fuera torturada con picana eléctrica en infames centros de detención de los que la sacaban para firmar papeles. Quizás muchos desconozcan también que la desaparición forzada de personas, también fue la ocasión para comenzar a hacerse de escrituras de propiedades, de empresas y otros objetos muy valiosos de individuos que poco tenían que ver con los clandestinos movimientos revolucionarios. Además del robo infame de bebés. En el caso del dudoso traspaso de acciones de Lidia Papaleo a los diarios locales, y a pesar que fue reconocido por un juez (uno solo y luego de varias décadas) que la cesión de acciones constituyó un crimen imprescriptible de lesa humanidad en un marco de tortura, los empresarios beneficiados y responsables de lo que sucedió continúan impunes y prosperando.
Los burócratas infames lograron impedir también, durante el gobierno anterior, que la justicia hiciera efectiva la ley de Medios largamente discutida que limitaba su acción monopólica. Desde su lugar privilegiado como distribuidor del papel, han presionado sobre pequeños diarios locales del país hasta hacer desaparecer literalmente toda voz disidente. Lo mismo hicieron como dueños de la TV por cable, eliminando una tras otra todas las pequeñas emisoras provinciales. Una vez asumido Macri, no solo borraron de un plumazo la Ley de medios, sino que el Gobierno actual aumentó la influencia del Grupo al cederle de manera inaudita gran parte del control del espacio satelital donde viajan nuestros mensajes virtuales. El que una oficina del Grupo Clarín ocupe el mismo edificio donde funcionan oficinas del buitre Paul Singer en Estados Unidos, quizás resulte solo un detalle más en esta trama sostenida con nudos tan perversos.



Volviendo al tema que inició esta digresión, no extraña entonces que el obsceno pulpo clarín también controle editoriales y cadenas de librerías, razón por la que les resulta muy difícil a los pequeños empresarios mantenerse en pie, y se encuentren atravesando la peor crisis editorial en muchos años.
Por las razones señaladas, si el premio Hugo se hubiera realizado en Argentina, estamos en condiciones de inferir que Jemisin jamás lo hubiera obtenido. 
Concluimos recordando sus términos de ficción utópica, a modo de resistencia colectiva:

Tenemos a Donald Trump y como presidente es terrible… Espero que la gente se dé cuenta de que lo que quieren esos republicanos reaccionarios derechistas y neonazis y diga que no, que eso no es lo que quieren.”

“Y esto está empezando a pasar.” También en la Argentina.


   
Vivina Salvetti


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N. K. Jemisin: la ganadora del Hugo que irrita a los frikis reaccionarios

Nova publica en España 'La quinta estación', ganadora de la tensa edición del 2016


La ganadora del premio Hugo de ciencia ficcion 2016   la escritora N K  Jemisin  posa en la librería Gigamesh  / JORDI COTRINA


Ernest Alós

Sábado, 10/06/2017 


Un continente único, como la Pangea de hace muchos millones de años, pero que periódicamente se quiebra en catástrofes geológicas de lava, azufre, terremotos y ceniza que desencadenan extinciones masivas. Con unos misteriosos monolitos que flotan sobre él, míticos comedores de piedras, algunas personas muy especiales capaces de ocasionar o detener los movimientos tectónicos, civilizaciones que desaparecen o consiguen adaptarse a cada uno de estos cataclismos… Es el mundo de ‘La quinta estación’ (Nova), el libro con el que N. K. Jemisin obtuvo en el 2015 el Hugo, el premio anual de la Sociedad Mundial de Ciencia Ficción.  

“La mayoría de novelas fantásticas se construyen sobre la edad media en Europa, o la mitología, o monstruos, de culturas realmente existentes en nuestro mundo. Yo quería crear algo completamente nuevo”, explica Jemisin, de paso por Barcelona.

Sin embargo, al mismo tiempo que imagina un mundo radicalmente imaginativo, Jemisin lo hace para plantear cuestiones y conflictos absolutamente contemporáneos y reales. “En lo que a mí respecta la fantasía ha de estar en la magia, en el mundo, en las bestias fantásticas, pero la gente ha de ser normal. La mayor parte de las novelas fantásticas hacen ver que la gente es distinta de lo que realmente es en la realidad. Yo no creo en eso. Teniendo en cuenta mi experiencia como mujer negra es inevitable que desarrolle sociedades en las que se manifieste la intolerancia en diversas formas: sexismo, clasismo, racismo… No existe ninguna sociedad sin este tipo de conflictos.  En la realidad tenemos, intolerancia, y tenemos que hablar de ella”, sostiene.




"LA FANTASÍA HA LLEGADO A LA MADUREZ"

El paradigma de la fantasía enraizada en Tolkien ha sido asaltado desde diversos frentes: cinismo en lugar de héroes idealistas, sexo multiforme en lugar de castidad patriarcal, mujeres protagonistas y activas en lugar de figuras virginales, inspiraciones orientales en lugar de nórdicas, vida cotidiana en lugar de aristocracia elitista... “Lo que hay detrás de todos estos elementos de la narrativa fantástica post-Tolkien –opina Jemisin- no es más que es el progreso de la sociedad. Tolkien escribió en los años 40 y 50, antes de la revolución sexual, antes de la era de los derechos civiles, escribía para una audiencia muy específica formada sobre todo por británicos de determinada edad y generación. Una vez que la fantasía se ha integrado en el ‘mainstream’ ya no puede ser insular, no puede ser un producto específico para ese tipo de lector. La mayoría de los lectores de libros, por ejemplo, son mujeres, y si quieres su dinero probablemente es una buena idea que en el libro, por allí en medio, haya al menos alguna mujer. ¡E incluso que sea la protagonista! ¡O que dejar que las mujeres hagan cosas de mujeres!”, bromea la escritora estadounidense. “En psicología, cuando las personas maduran evolucionan de un pensamiento dual a uno más relativista. Lo que estamos viendo es que la fantasía ha llegado a la madurez. Pasamos del bien y el mal, de la hermandad de la luz, de los héroes del oeste frente a las sombras del este, de los hombres del norte contra los enemigos que vienen del sur, hacia un mundo en el que todo el mundo se puede equivocar. Y esto es mucho más humano”, resume.




En su mundo, las personas con capacidad de mover magma, montañas y fallas son perseguidos o domeñados. Todo el mundo les teme. Y ellos temen al mundo. ”Intento explicar que una sociedad que esté construida para acomodar al otro no tiene por qué sufrir los conflictos que se desarrollan en una sociedad que trata de suprimir al diferente”, concluye. Y además lo hace del brazo de la aventura, sin resultar cargantemente aleccionadora, se podría añadir.

La preocupación por el medio ambiente es otro estrato evidente en ‘La quinta estación’. “Lo más importante que quiero explorar es una tendencia, que creo que es típica del pensamiento norteamericano, que es un individualismo extremo, que hace sentir a la gente fuerte y autosuficiente, y que se refleja en la narrativa postapocalíptica tipo Mad Max. Esta actitud es la que hace que Trump se retire del tratado de París. La creencia de EEUU se las puede arreglar por sí mismo. Esto es estúpido. Sencillamente estúpido. En ‘La quinta estación’ lo que intento mostrar es que las sociedades que colaboran tienes más posibilidades de sobrevivir. Quería escribir una novela postapocalíptica que no fuese individualista. Sobrevivirás si estás dispuesto a ayudar a los demás y sacrificar tu egoísmo”, plantea.




SAD PUPPIES, RABID PUPPIES Y TRUMP

Esta visión militante de la fantasía le ha llevado a Jemisin a convertirse en blanco de las iras de los Sad Puppies y los Rabid Puppies, dos colectivos que hicieron labor de lobi para que los Hugo del 2015 y del 2016 no fueran a parar a esos liberales que introducen ideología de género y ecologismo en la ciencia ficción, sino a obras tradicionales con héroe varón y blanco, naves espaciales y rayos láser que fríen alienígenas. La victoria de Jemisin en la edición del 2016 fue una victoria contra este colectivo.

“Este tipo de movimiento reaccionario existe en cada rincón de nuestra sociedad. También en el mundo friki ha habido una resistencia a reconocer el racismo, la intolerancia y el sexismo que existe en su seno, al menos en EEUU. Los frikis siempre se han percibido a sí mismos como un colectivo discriminado, así que suponían que no eran capaces de discriminar a los demás. Pero lo son y siempre lo han sido. Cuando era una adolescente no podía entrar en una habitación como esta (la entrevista se desarrolla en la sala de actos/juegos de Gigamesh, con las estanterías llenas de figuras y demás material de coleccionista) porque estaría llenas de hombres blancos, viejos o jóvenes, que empezarían a hacer comentarios sexistas o racistas que dirían que solo son bromas cuando de hecho son hostiles. Yo entraría, me miraría las cosas rápidamente y saldría corriendo. Espacios como estos eran el feudo de una clientela formada por hombres jóvenes blancos”, explica.

Este tipo de guerra cultural también existió en el campo de los videojuegos (la polémica Gasmergate). Pero este ‘tea party’ friki acabó siendo neutralizado en las votaciones de los Hugo… mientras que su equivalente en el conjunto de la sociedad estadounidense, más bien no.  “No todavía (responde). Creo que el mundo friki es un microcosmos, una incubadora y un laboratorio para lo que sucede en esferas más amplias. En los premios Hugo, por ejemplo, los Puppies consiguieron colar sus candidatos en la lista de nominados. Y eran horrorosos, espantosos. No es solo que sean conservadores, racistas, derechistas, es que eran novelas malas. Es lo mismo que estamos viendo en el escenario político general. Tenemos a Donald Trump y como presidente  es terrible. Espero que suceda lo mismo que con los Puppies: lograron su objetivo, la gente pudo ver qué es lo que defendían y reaccionó. Espero que eso suceda a escala nacional y que la gente se dé cuenta de que lo que quieren esos republicanos reaccionarios derechistas y neonazis y diga que no, que eso no es lo que quieren. Y esto está empezando a pasar”.



Pulsando aquí podrán leer el prólogo de La Quinta Estación



Tomado de El Periódico



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Vivina Perla Salvetti, es Licenciada en Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires, con interés en Neurociencias y Ciencias de la Complejidad. Realiza presentaciones regulares en ámbitos académicos y cuenta con publicaciones en revistas sobre temas referidos a su especialidad.

Nació en PorlamarIsla de Margarita. Aunque vive en Argentina desde hace años, siempre recuerda su Venezuela natal, y el suave y cálido arrullo del mar venezolano rodeado de palmeras.

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