miércoles, 22 de febrero de 2017

KAFKA EN LA LUNA:Un brevísimo viaje por la ciencia-ficción venezolana







Queridos amigos:

Es un gusto acercar otro nuevo texto de Alberto Hernández, en esta ocasión acusando recibo de un libro de narraciones con el increíble título de "Kafka en la luna"

La explicación de Hernández es más que suficiente para sumarnos a la idea de promocionar, uniendo nuestro apoyo, una publicación de 14 relatos narradores venezolanos casi desconocidos. Con esto queda demostrado que no importa el número de dificultades que puedan presentarse, el trabajo del escritor es sencillamente escribir, y eso no se detiene nunca.

Graciela Bonnet


Kafka en la luna. NSB grupo editorial
(Caracas 2014)

Compilador: Nesfran González Suárez


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**Alberto Hernández**

Es un viaje intergaláctico muy corto. No digo vuelo porque los pájaros no pueden sostenerse sin el aire de la atmósfera terrestre. Y aunque pájaros no hay en este vuelo, sí hay catorce cuentos de algunos autores venezolanos casi desconocidos, pero cuentistas al fin, que andan con sus relatos de astro en astro, de satélite en satélite, de librería en librería o de ojo en ojo en busca de alguien que los lea y los convierta en lo que realmente son: historias de ciencia ficcionada, inventada y desangelada de paisajes comunes y corrientes.

Con el título de “Kafka en la luna” (NSB Grupo Editorial, Caracas 2014), el joven escritor Nesfrán González Suárez le dio por brincar de planeta en planeta venezolano para alcanzar la cantidad arriba señalada con los autores Alberto Castillo Vicci, Alberto Hernández, Belén Muñoz, Dacio Medrano, Elmer Locatelli, Jorge Gómez Jiménez, José Alberto Mejías, Luis I. Suárez Meza, Manuel Rojas y Nesfrán González Suárez, en perfecto orden alfabético hacen aparición en una nave que los llevó a entregarse en ficción plena a los lectores.

En el prólogo, el también narrador Arnaldo Jiménez, conocido por su pasión brevecuentística, señala que “El lenguaje encuentra sus espacios de malabarista y de mago, vistiéndose a ratos de ser citadino y a ratos de habitante del terror, como en el cuento de Manuel Rojas…”, y así se desplaza Jiménez por cada uno de los autores hasta terminar con “Y es que en esta memoria de lo vivido las posibilidades de los acontecimientos encuentran un lugar en la creencia de aquellos que sabemos que la ficción es la médula de lo real”.

Arnaldo Jiménez nos entrega varias señales: “malabarista y mago”, “terror”, “citadino”, “ficción”, “lo real”.

Y, en efecto, cada una de estas palabras se ajusta al cosmos de asteroides que aquí figuran como cuentos, desde una polis inundada de acontecimientos fuera de la realidad, hasta un encuentro con el autor de “La metamorfosis” en el espacio exterior.

La escritura de ciencia/ficción en Venezuela no ha sido bien difundida. Son pocos los ejemplos que podrían sumarse a esta lista. La mayoría de quienes se han dedicado a este tema son narradores de relatos breves o brevísimos, como podrían ser los casos de Gabriel Jiménez Emán o Armando José Sequera, entre otros que este viajero ha dejado en alguna brumosa constelación. 

Se trata entonces de catorce historias en las que se combinan diferentes temas que están más allá de la realidad. Relatos que, como afirma Arnaldo, forman parte de acontecimientos no vividos, realmente ficcionados, tan ficción que ya son una realidad, no sólo en el imaginario colectivo sino en cada uno de los personajes que se han convertido en sujetos inimaginables, pero que se pasean por plazas, iglesias, bosques, planetas y no tienen ningún empacho en estacionar sus naves en autopistas y avenidas de cualquier ciudad del mundo.


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Graciela Bonnet

 Nació en Córdoba, Argentina, en 1958. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Ha trabajado 25 años como correctora de pruebas y supervisora de ediciones por contrato para todas las editoriales venezolanas, entre ellas Monte Avila, Planeta, Biblioteca Ayacucho, ediciones de la Casa de la Poesía, Pomaire, Eclepsidra, Santillana, Editorial Pequeña Venecia, La Liebre Libre. Experiencia de tres años como redactora free lance para una editorial de libros de autoayuda. Escritora fantasma (sin firma) realizó investigaciones para crear libros, novelas, tesis y monografías.Es dibujante amateur. En 1997 el grupo editorial Eclepsidra publicó su poemario "En Caso de que Todo Falle." En 2013 editorial Lector Cómplice editó "Libretas Doradas, Lápices de Carbón" En el año 2000 participó del encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia.





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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».







domingo, 19 de febrero de 2017

LOS COMICS DE SUPER-HEROES. Parte IV/VI:

La Edad de Plata




Estimados Amigos

Llegó el domingo acompañado con el suplemento dominical de comiquitas. Hoy continuamos con la cuarta entrega de la fascinante historia de los superheroes realizada por el escritor español Joan Antoni Fernández. Aún quedan dos episodios más

Deseamos disfruten de la entrada.


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Las limitaciones que el Comics Code imponía a las historias de super-héroes fueron ayudando a que éstos cayeran en un abandono preocupante. A principios de los 50 tan sólo Superman, Batman y Wonder Woman seguían con sus colecciones, aunque la cosa no era para tirar cohetes. La editorial Atlas (antigua Timely) intentaba seguir los pasos de DC y, animada por el relativo éxito de su rival, sacó de nuevo a sus más antiguos y populares super-héroes. Namor, The Human Torch y Captain America recuperaron de forma breve sus títulos para luchar contra el enemigo comunista. Con un tono muy extremista y conservador, reflejo de la "caza de brujas" del momento y donde hasta el antiguo nazi Cráneo Rojo (la Calavera roja en latinoamérica) pasaba a ser un malvado agente soviético, el intento no fructificó y los personajes volvieron a caer en el olvido.



Pero todo cambió de súbito con un número especial de la DC, convirtiendo de nuevo a los super-héroes en fuente de ingresos. La serie Showcase era un cómic mensual donde se presentaban héroes uniformados como bomberos o policías. Sin embargo en el número cuatro reaparecía un viejo conocido del público: The Flash. Pero este personaje tan sólo se parecía a su predecesor de la Era de Oro en el nombre y en sus poderes. Recreado por el guionista Robert Kanigher y el dibujante Carmine Infantino, caló hondo entre el público lector y abrió el camino para que le siguieran toda una pléyade de compañeros. El estilo de dibujo de Carmine Infantino fue un auténtico revulsivo. Con un trazo mucho más realista y estilizado, sabía aprovechar al máximo la composición de las viñetas y las páginas.



Aunque hay quien toma la aparición de Martian Manhunter (El Detective Marciano) en noviembre de 1955 como el pistoletazo de salida, no es hasta la llegada de The Flash que la Edad de Plata adquiere carta de naturaleza. Naturalmente el éxito obligó a realizar nuevas adaptaciones de otros personajes clásicos. Así no tardaría en aparecer también (1959) la versión remozada de Green Lantern (Linterna Verde) por John Broome. Aprovechando el tirón, en marzo de 1960 aparecería por primera vez la Justice League of America, basada en la antigua Justice Society of America (JSA), serie publicada en los años cuarenta. Este grupo vio la luz por primera vez en The Brave and the Bold 28, con guiones de Gardner Fox y dibujos de Mike Sekowsky. En sus páginas se veía luchar codo con codo a los personajes más emblemáticos del momento, como Superman, Batman, Wonder Woman, Green Arrow y Aquaman entre otros. Se habían cimentado las bases para crear los grupos de super-héroes.



Pronto DC inició lo que llegaría a llamarse el "Multiverso DC". En "El Flash de dos mundos" (setiembre de 1961), el superhéroe actual, Barry Allen, iba a parar a una tierra paralela donde habitaba el antiguo Flash de la Edad de Oro. De esa forma nacía "Tierra 2". Pero saldrían muchas más: "Tierra 3" era un mundo donde los buenos eran malos y viceversa, "Tierra S" era donde vivía Captain Marvel, personaje cuyos derechos  habían sido comprados a Fawcett Comics, y así podríamos seguir hasta la saciedad. Llegó un momento que los propios lectores se perdían entre tantas tierras paralelas y DC tuvo que hacer "limpieza general". Pero eso sería años más tarde.



Por su parte, Atlas seguía dando palos de ciego en su intento por arrebatar mercado a su rival. Títulos como Strange Tales o Journey Into Mistery presentaban relatos cortos, repletos de magia y ciencia-ficción. Se vendían bien pero no arrasaban, faltaba algún ingrediente en el conjunto. Claro que la situación iba a cambiar bien pronto.



También corría el año 1961 cuando Martin Goodman, máximo responsable de Atlas (o Marvel Comics, como sería llamada en breve), hizo un encargo a Stan Lee, editor de la casa. Se trataba, ni más ni menos, que copiar de forma descarada la exitosa Justice League of America de DC, utilizando personajes de la propia factoría.



Stan Lee buscó la colaboración de un dibujante de prestigio, Jack Kirby, y entre ambos crearon The Fantastic Four (Los Cuatro Fantásticos). El planteamiento resultó muy original para la época. Huyendo de personajes anteriores, a excepción de un remozado Human Torch, se concibió una historia bien atípica. Aquellos nuevos héroes eran diametralmente opuestos a todo lo creado hasta la fecha. En primer lugar iban sin disfraces y carecían de identidades secretas, además de estar siempre discutiendo entre ellos. Su comportamiento era como el de cualquier ser humano normal, lejos del mesianismo que hacían gala los personajes de la competencia. Ellos se mostraban acuciados por problemas y preocupaciones mundanas. Unos elaborados diálogos atrapaban la atención de sectores de público más refinados, aumentando el interés hacia sus historias.




En su primer número (The Fantastic Four 1) fueron presentados Reed Richards, Ben Grimm, Susan Storm y Johnny Storm. A consecuencia de un frustrado vuelo a la Luna estos primerizos astronautas eran expuestos a los rayos cósmicos, obteniendo unos poderes que les hacían convertirse en Mister Fantástico, la Cosa ( La Mole en latinoamérica), la Chica Invisible y la nueva Antorcha Humana. Juntos, formaban el grupo de los Cuatro Fantásticos y ayudaban a la humanidad luchando contra toda amenaza que se terciara, comunistas incluidos. Aunque el esquema resultaba clásico existían conceptos nuevos dentro de la situación. La Cosa se nos presentaba como un héroe amargado a quien el poder también había traído una fealdad difícil de soportar, por lo que a veces incluso arremetía contra sus propios compañeros. En cuanto a la Antorcha, era un adolescente impetuoso que desobedecía con frecuencia las órdenes de sus compañeros adultos. En el número cuatro volvía a aparecer Namor, esta vez como villano que despertaba sentimientos de atracción en la Chica Invisible, siendo un obstáculo entre ésta y Mister Fantástico. Otro detalle importante fue el asentamiento del grupo en el mismísimo Nueva York, huyendo de la tendencia a tener a los super-héroes en ciudades imaginarias.



Tal vez el éxito de la colección se basó en la idea de Stan Lee: "Super-héroes con superproblemas". Lo cierto es que aquel concepto caló entre el público. Así, en mayo de 1962 aparecía The Incredible Hulk. El científico Bruce Banner, también por culpa de un malvado espía soviético, resultaba expuesto a la radiación de una bomba gamma. Como consecuencia de ello, cuando se enfadaba, se convertía en una fuerza imparable de la naturaleza: un monstruo verde de fuerza descomunal, inmune a las balas y apodado Hulk. Otro personaje atormentado para quien sus poderes resultaban más un castigo que una bendición. Nuevas creaciones del momento fueron Iron Man, capaz de volar gracias a su armadura, y Thor, el dios escandinavo que se revitalizó en un intento descarado de rivalizar con Superman.



Fue en junio del mismo 1962 cuando un nuevo personaje entraba en escena, sacudiéndolo todo. Nacía Spider-Man. Su primera aparición fue en la revista Amazing Fantasy 15, la cual cerraba con aquel número. Esto demuestra la poca confianza que los editores tenían en el personaje. Pero Stan Lee había apostado fuerte por su creación. Se trataba de Peter Parker, un estudiante de quince años que era picado por una araña radioactiva, adquiriendo los poderes del insecto. Pero lo más llamativo de todo era que aquel protagonista era un perdedor nato, un chico lleno de angustias que supo conectar de inmediato con toda una corte de fieles seguidores. Se trataba de un tipo normal, ni demasiado guapo ni demasiado musculoso. Stan Lee decidió que el mejor dibujante sería Steve Ditko y rechazó los primeros bocetos de Jack Kirby



La elección resultó acertada, pues Ditko dejó a un lado el colosalismo de Kirby supo dotar al personaje de una fragilidad atrayente, con una movilidad sinuosa y torturada. Esta peculiar forma de dibujar explotaría artísticamente en la que está considerada su obra maestra: Doctor Strange. Por desgracia, diferencias de criterio con Stan Lee le harían abandonar Marvel al cabo de pocos años.



Tendríamos que esperar hasta 1963 para que la editorial Marvel crease su verdadera réplica a la Justice League of America de la DC. Serían The Avengers (Los Vengadores) y, desde luego, fueron dibujados por Jack Kirby. A diferencia de sus rivales de DC, este grupo no paró de modificarse, sufriendo importantes cambios en sus componentes. Pronto Hulk, Thor, Iron Man, El Hombre Hormiga y la Avispa, los componentes originales fueron variando en un cambio que ha sido la constante en dicha serie. También en 1963 Stan Lee creó Uncanny X-Men, un grupo que pasó sin pena ni gloria hasta su posterior estallido de popularidad, muchos años más tarde. Otro personaje discreto para la época fue Daredevil, quien también habría de aguardar tiempos mejores. Lo único cierto es que el talento creativo de Stan Lee, junto con Jack Kirby, creó toda una nueva galería de super-héroes que caló hondo en los lectores. Tal vez lo más importante fue la creación de un universo coherente que funcionaba con sus propias reglas. A Stan Lee se le debe la creación del por entonces revolucionario concepto de continuidad, que a la larga fue copiado por sus competidores. Todo lo que sucedía dentro del universo Marvel afectaba a sus moradores. Además, los personajes de Marvel envejecían, bien es cierto que a un ritmo mucho más lento que en la realidad, pero ya no eran esos seres estáticos de la DC, quienes jamás se veían afectados por los años y permanecían inmutables al devenir del tiempo. En cierta manera, eran más humanos.



Puede decirse sin temor que los años sesenta fueron una década prodigiosa para los cómics de super-héroes. En es lapso de tiempo se llegaron a forjar grandes mitos que aún hoy en día tienen plena vigencia. Fue una época maravillosa que, en cierta manera, potenció el crecimiento de un género que parecía estancado.


                                                                                   Joan Antoni Fernández





Esta historia continuará




Joan Antoni Fernández nació en Barcelona el año 1957, actualmente vive retirado en Argentona. Escritor desde su más tierna infancia ha ido pasando desde ensuciar paredes hasta pergeñar novelas en una progresión ascendente que parece no tener fin. Enfant terrible de la Ci-Fi hispana, ha sido ganador de premios fallidos como el ASCII o el Terra Ignota, que fenecieron sin que el pobre hombre viera un céntimo. Inasequible al desaliento, ha quedado finalista de premios como UPC, Ignotus, Alberto Magno, Espiral, El Melocotón Mecánico y Manuel de Pedrolo, premio éste que finalmente ganó en su edición del 2005. Ha publicado relatos, artículos y reseñas en Ciberpaís, Nexus, A Quien Corresponda, La Plaga, Maelström, Valis, Dark Star, Pulp Magazine, Nitecuento y Gigamesh, así como en las webs Ficción Científica, NGC 3660 y BEM On Line, donde además mantenía junto a Toni Segarra la sección Scrath! dedicada al mundo de los cómics. Que la mayoría de estas publicaciones haya ido cerrando es una simple coincidencia... según su abogado. También es colaborador habitual en todo tipo de libros de antologías, aunque sean de Star Trek ("Últimas Fronteras II"), habiendo participado en más de una docena de ellas (Espiral, Albemuth, Libro Andrómeda, etc.). Hasta la fecha ha publicado siete libros: "Reflejo en el agua", "Policía Sideral", "Vacío Imperfecto", “Esencia divina”, “La mirada del abismo”, “Democracia cibernética” y “A vuestras mentes dispersas”. Además, amenaza con nuevas publicaciones. Su madre piensa que escribe bien, su familia y amigos piensan que sólo escribe y él ni siquiera piensa.

viernes, 17 de febrero de 2017

La distopía de la venganza en Venezuela:

Los Vengamientos del ejército Justiciador




Estimados Amigos

En Venezuela actualmente corren tiempos distópicos. Eso es más que evidente al levantarse cada día y ver los titulares rocambolescos de las noticias en los cada vez más escasos periódicos que circulan, para muestra un boton: Mujeres lanzan a 2 robabusetas de un puente en Valencia. Decidimos ir a la cocina de nuestra casa para tomar café sin azúcar porque la azúcar no la conseguimos o es muy cara para nuestro bolsillo y sin embargo nos sentimos afortunados por poder tomar café. Luego salimos caminar por la ciudad y vemos las largas colas que hacemos los venezolanos para poder comprar alimentos a precio regulado y lograr que lo poco que ganas te permita comprar lo básico para subsistir porque los precios en el mercado negro son terroríficos. Lo más denigrante que ha sucedido últimamente es que el gobierno venezolano realice un proceso de registro para que los venezolanos opten por un "carnet de la patria" con el que podrán comprar comida cuando lo lógico como dice nuestro amigo Yuri Valecillo es que el único carnet de la patria que puede existir es la cédula de identidad. Quizá Charles dickens podría describir mejor nuestra situación: «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada...».



Hace unos días tuvimos el placer de presentarles la más reciente antología de ciencia ficción venezolana realizada por Ricardo Acevedo Esplugas. Hoy tenemos el inmenso placer de hacerles llegar el abordaje que hace nuestro amigo Carlos Yusti a la novela de Ana Rosa Angarita Trujillo titulada: Los vengamientos del ejercito justiciador. ¿Este libro es de ciencia ficción, es de ficción especulativa, es una distopía como la que vivimos día a día? Eso solo lo pueden responder ustedes queridos lectores.


Deseamos disfruten de la entrada.


Richard Montenegro

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Carlos YUSTI


La palabra distopía se considera como antónimo de utopía y en tal sentido hace referencia a esa sociedad imaginaria cuya convivencia se hace un tanto bituminosa (o apocalíptica) y en el cual el control político/ideológico se caracteriza por su rol policial un tanto paranoide, violentando todos los derechos humanos y convirtiendo la justicia en una herramienta para sojuzgar a los individuos en niveles extremos de sumisión. La literatura, sobre todo la de ciencia ficción, es el escenario ideal para explorar estas sociedades distópicas.




La novela se presenta como una gran collage en el que se interconectan y mezclan las voces, en la cual se entrelazan utopía y distopía, en la que la diacronía del tiempo no se respeta, como tampoco se tiene en cuenta las estructuras al uso de la gramática convencional. La novela parte de un hecho insólito: Un ejército de justicia ha encerrado a la canalla política y social decretando que cada uno de los blancos sea transformado en indio o negro, además todos los orificios del cuerpo (menos los oídos, la nariz y las cuencas de los ojos) serán sellados.  Hay otros cinco decretos que buscan impartir esa particular justicia de un ejército que colinda con el comic y la ciencia ficción.

Más que un argumento determinado hay dos personajes que mueven los hilos de esta extravagante novela. En primer lugar tenemos al ilusionero que tiene la fantástica capacidad de proyectar en cualquier superficie, como si de una película se tratara, los pensamientos y sentimientos de las personas. Luego está Clara que es algo así como una médium con poderes formidables. Estos dos personajes hace un recuento del futuro, presente y pasado no sólo del país, sino de la humanidad.




En esta novela están presentes todos los temas que le preocupan a la escritora, pintora y sicóloga Ana Rosa Angarita Trujillo. Los elementos políticos no faltan. La crítica sin mediatintas a la canalla política (pasada, presente y futura) que nos ha gobernado tampoco. Como es lógico los mitos ancestrales de nuestras etnias indígenas se deslizan como poética en las entrelíneas de la novela.

Ana Rosa en esta novela apuesta por la controversia, la rebeldía en ese sentido del amor libre y con lo hippie dejando ver sus costuras descoloridas un tanto añejas. Apuesta por darle un vuelco a la gramática y sus lineamientos; aparte de retorcer los parámetros de la novela en la que lo hipertextual se incorpora como un juego de múltiples matices. Apuesta más por la utopía que por la distopía, pero por sobre todo apuesta por lo humano; por los mitos de nuestros ancestros que descubrieron a través de esas narraciones fantásticas la extraña relojería poética del universo.


 La escritora nigeriana Chimamanda Adichie escribe algo que me parece pertinente: “El poder es la capacidad no sólo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva”. La novela de Ana Rosa intenta contar la historia del otro desde una visión cosmogónica, plural; narrar un cuento sin riendas de ningún tipo. Es necesario que las historias, los cuentos, los mitos se ramifiquen, se cuenten una y otra vez de manera distinta para decirle al poder que no existe una historia única.


Chimamanda Adichie


La justicia vengadora del ejército de la novela de Ana Rosa es tan utópica, por no decir pueril, como ese paliativo humanitario ideado por Fray Bartolomé de las Casas, y del cual su autora acota un epígrafe, como fue esa de traer negros esclavos para minimizar el sufrimiento de los indios sojuzgados por los conquistadores españoles. Y eso es lo bueno de las novelas que como lectores en ocasiones nos adueñarnos de ellas y queremos amoldarlas a nuestros prejuicios y antojos.


Cuando la realidad apesta la ficción novelesca le salva a uno el día. Uno va a las novelas no a leer que llueven gotas lluvias, sino que en un día soleado llueven paraguas de colores. A uno le gusta la utopía, pero la distopía va ganando terreno y al fin está lloviendo, como vocifera un personaje al final de la novela, pero no llueven paraguas comprueba uno como lector descreído. La realidad apesta, que viva la ficción novelesca.



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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia