lunes, 2 de abril de 2018

Sonia Sanoja: A TRAVÉS DE LA DANZA



Sonia Sanoja
Estimados Liponautas

A un año de la partida de la bailarina venezolana Sonia Sanoja tenemos el gusto de compartir con ustedes un texto elaborado por el escritor Alberto Hernández dedicado al recuerdo de la artista. 

Honremos el trabajo de Sonia y el de todos los venezolanos que día a día construyen un mejor país a pesar de la condiciones adversas que vivimos en la actualidad.

Disfruten de la entrada.


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30 de marzo de 2017 · 

Crónicas del Olvido


A TRAVÉS DE LA DANZA

**Alberto Hernández**

1.-
La tarde que conocí a Sonia Sanoja en una calle de Caracas ella iba tomada de la mano de Alfredo Silva Estrada. Se reflejaban en la vitrina de una tienda de Sabana Grande. Eran un espejismo: cuatro y flotaban en el ambiente de aquel día capitalino. Esa noche soñé con ella y con Marisol Escobar. No sé por qué. Debió ser por sus caras tan parecidas, o por lo que hacían: una dueña y señora de la contradanza, la otra, ánima de la escultura no tradicional.


Marisol Escobar


Ambas mujeres nunca me miraron, pero yo sí. Y ahora, lejanas, las sigo mirando. Una, en la todavía Caracas de nuestras miserias, y la otra, en el frío norte donde se quedó desde un para siempre aún ella viva. 


Sonia Sanoja

De Marisol Escobar quedan dos figuras destartaladas en Macaray. Una al lado de otra: dos tótems con el rostro de aquella mujer que inventaba y creaba el mundo todos los días. Su obra en la perversa ciudad de los cuarteles es una ofensa a la mirada: rota, grafitada, orinada por perros y borrachos, vomitada por las autoridades de todos los tiempos. Y ahora, peor, convertida en atuendo de malandrines y malsines que pululan por los predios del mal llamado Complejo Cultural.

De Sonia Sanoja, la bailarina, la siempre compañera del poeta Silva Estrada. La mujer de mirada redonda, de nariz en avanzada, de rostro agudo y vivaz. La mujer de cuerpo para el movimiento, de una belleza que provocada otros sentimientos. La dama del contrabaile: la contractura de la danza. Ella era puro cuerpo y un espíritu liviano. 

Sonia Sanoja


No sólo nos legó su presencia, su danza en escena. También nos dejó un libro, unas páginas de una poética que vibra ante nuestros ojos. Textos y fotografías publicados por Monte Ávila Editores en aquella Caracas de 1971.

Su desempeño escénico era salvaje, violento. Era una pantera en el aire. Un animal hermoso que retaba la gravedad mientras sus músculos se estiraban como cuerdas sin sonidos.

Elegante también mientras el mundo giraba al revés. A través de ella, de su danza.

Callada para que supieran de su gracia.



Sonia Sanoja y su esposo Alfredo Silva Estrada.


2.-

Hoy, esta madrugada de finales de marzo, un poco después de su partida definitiva, vuelvo a su libro: “Sonia Sanoja: A través de la danza”. Con fotos de Heide Herbig y hermoso prólogo de Roberto Guevara. Es una joya que pocos han consumido. Es un libro de poemas que danzan, que se adentran en la filosofía del movimiento, en la utopía de ser pájaro. Es un libro donde resalta una escritura para desplazarse con los ojos cerrados y bailar con la autora, pero sobre todo reflexionar. 

Y como bien lo afirma Guevara: “Sonia Sanoja danza y todo el espacio está allí, en tensión. Sabemos que a partir de ese momento vamos a depender de un acontecimiento múltiple, resonante, que tendrá para sí el privilegio de crear su propio universo, su propia medida, su propio tiempo”.

Y tiempo, precisamente, es el que la conduce a volar, a sostenerse con las alas de sus brazos, con las aspas de sus pies, con las contorsiones de su estructura corporal y ser ave, milagro selvático, poema en acción.

Se danza para vivir, para alejarse de los malos presentimientos. Se danza para sobrevivir con la quietud. Ella, la mujer pantera. Ella, la de cabellera abundosa. Ella la de ojos nocturnos. La de carrera hacia los extremos de la escena mientras los husos horarios comulgan con el silencio.
Cuerpo extremo. Cuerpo tenso. Cuerpo de todos los seres vivos en conjunto. Árbol, río, turbulencia, lenguaje, habla, lengua, mordedura. Espacio para flotar. 

Ella, Sonia Sanoja viva en la mirada. En el globo ocular. En la memoria.

Sonia Sanoja


3.-

De su libro extraemos líneas con los ojos puestos en la tensión de su cuerpo, en la redondez de sus saltos, en la premura de su languidez cuando nos mira desde la distancia, cuando aquella tarde de Caracas se quedó para siempre en el reflejo de la vidriera de una tienda.

Sonia Sanoja


Poemas:

“Estoy en un mundo donde no puedo más que sumergirme. A veces lo palpo con el ángulo de un brazo, con un giro circular de torso, en una huida libre de la cadera.

Eso es la danza. El único dominio donde puedo expresarme”

(***)

“Yo estaba en el centro de todo. Un poco perdida y sorprendida a la vez por lo extraño: algo desconocido que venía en el roce con aquella realidad interior y también en los sentidos apenas capacitados para intuir aquello…

Yo estaba en el centro de todo. Mi única señal, mi única medida: mi coprazón latiendo en un espacio extraño”.

(***)

“Una bestia se tiende al sol. El calor abrasa sus costados. Sus ojos abiertos ya no miran. Se hunde en un infinito rojo. Una pata se estremece. El animal limita su cuerpo. Salvado…
Soy joven y me tiendo al sol. Las imágenes se alejan. La piel me trae un saber sin lenguaje”.

(***)

“La mujer va hacia la tierra. La mujer es en la tierra. La tierra es la casa de los muertos. La mujer es el recipiente de la vida. La mujer trae a la vida. Sembramos a los hombres en la tierra para que se hundan en la muerte. Sembramos la semilla en la tierra para que reviente en vida.” 

(***)

“Cada ciudad modela sus monstruos, sus ángeles, según sus propios recodos, según sus cloacas, según sus claraboyas, según sus medios de aireación”.



4.-

La contradanza es una conspiración contra el movimiento tradicional. Contradanzar es contradecir: bailar para otro espacio, para expresar que se danza en gesto, en dominio de un lenguaje silencioso, áspero y feliz. Rudo y vibrante. Bestial y angelical. 

La contradanza es Sonia Sanoja en las nubes.

Sonia Sanoja. Fotografía de José Sardá



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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».


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