martes, 30 de abril de 2019

"Siempre he sido un periodista democrático": PASCUAL VENEGAS FILARDO





PASCUAL VENEGAS FILARDO | 31 DE ENERO DE 1960 

"Siempre he sido un periodista democrático"


Pascual Venegas Filardo es padre de seis hijos, ha escrito más de una docena de libros, y ha sembrado varios árboles (…). Esto quiere decir que según un antiguo aforismo árabe, que Pascual Venegas Filardo ha cumplido varias veces con la vida. Si a todo esto –los libros, los hijos, los árboles– se agregan los 25 años que hoy está cumpliendo en el ejercicio de la profesión de periodista, es de justicia reconocer que hablamos de un hombre que ha sobrepasado con creces las exigencias que impone la sociedad para decir que alguien ha sido útil.

Son 25 años frente a una maquinilla de escribir, manipulando todas las teclas que existen en la profesión. Primero fue la crónica deportiva, apasionada y rutinaria. Seguidamente la noticia, el suceso, violento pasajero, intrascendente. Luego el trabajo anónimo en la redacción de provincia. Y más tarde la seriedad de los editoriales, donde el periodismo se hace exigente para enfocar la seriedad y responsabilidad de dolores y problemas de la realidad nacional.

—¿Cuál es su opinión sobre los editoriales dentro del periodismo moderno?

—Se toca la nariz y contesta: Considero el editorial como algo fundamental, no porque en él se exprese una línea ideológica del diario sino porque a través de lo que en él se expone se orienta al público sobre los aspectos más trascendentes de la vida de un país. Por eso un editorial tiene que estar recta y cuidadosamente concebido y por eso mismo en los grandes diarios de todos los países avanzados cultural y socialmente las editoriales están cargo no de una persona sino de un equipo donde incluso hay especialistas para determinadas materias (…).

Hay otra pregunta polémica. ¿Qué piensa sobre el periodismo? Y otra: ¿Debe hacerse el periodismo escueto, objetivo sin opinión dentro de la información? Una tercera: ¿No considera que esa frialdad del periodismo llamado objetivo no corresponde a la época?

Las tres preguntas tienen su respuesta:

—No lo creo así. Considero que dentro del periodismo informativo no se debe opinar sino expresar únicamente la noticia, con la condición sine qua non de que sea veraz. Si el periodista informativo quiere opinar, que lo haga con su firma a manera de crónica o de artículo para que se vea que esa opinión emana de una sola persona y no del diario en sí, ya que se supone que al opinar el diario a través de un editorial, de una nota breve, sin firma, o simplemente de una mancheta, se sabe que estar formas de expresión han sido filtradas por varios criterios.

— El momento más feliz, sin pensarlo, fue el amanecer del 23 de enero. Había estado escondido por la huelga comenzada el 21. Como medida de precaución pidió al automóvil que lo dejara en la esquina de El Conde. Un grupo de ciudadanos que pasaban en manifestación se le echaron encima. Lo subieron en hombros y lo llevaron a la redacción, gritando “viva a los periodistas democráticos”. Y eso me he considerado siempre, un periodista democrático. 


Pascual Venegas Filardo, circa 1952


—El momento más difícil. Fueron muchos, no sé, realmente, cuál citar

No sabía Pascual al mencionar en primer término el día que en que los miembros de la censura le llamaron para entregarle una lista de personajes, escritores los más, que no podrían ser mencionados; la lista la encabezaban Germán Arciniegas y Mario Briceño Iragorri. (…) O el día de una huelga frustrada –otro caso de recuerdo grato– cuando presentaron varios sujetos a la Seguridad Nacional, el jefe de la Imprenta Nacional y otros, cuyos nombres por nobleza calla, para obligar la circulación del periódico.

—Antes de recibirlos fui al taller y ordené que botaran todo lo que había y que pudiera ser usado. Cuando un periodista tiene que recurrir a estos medios, obligado por circunstancias infamantes, se puede decir que se ha cumplido con el deber.

Y Pascual Venegas Filardo, maestro, escritor, poeta, economista, estudioso de las ciencias, periodista a carta cabal se vanagloria de una sola condición en su vida: haber cumplido con el deber, siempre.

Tomado de El Nacional


domingo, 28 de abril de 2019

Muy queridos libritos de Aguilar





Estimados Amigos

La Editorial Aguilar cierra dejara de producir la colección de pequeños libros iniciada en 1946 y por esta razon compartimos con ustedes esta vieja nota.

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Muy queridos libritos

Aguilar recupera una colección de pequeño formato iniciada en 1946 como regalo navideño y anhelada por muchos bibliófilos


RAFAEL FRAGUAS

Madrid 19 DIC 2001

Los anaqueles de muchas bibliotecas particulares madrileñas se aprestan a realizar en fechas venideras un esfuerzo de encogimiento. Ligero, pero encogimiento al fin. Se trata de dar cabida a unos nuevos huéspedes, chiquitos, pero importantes. Los libros-padres de los que llegarán ahora llevan en la arena desde el año 1946, cuando, de la mano del editor Manuel Aguilar y Muñoz, fueron primorosamente creados: les confirió Aguilar 6,5 centímetros de base por 8,5 centímetros de altura, así como rostro de piel, tajuelo plateado, tripas de papel suave y textos del cuerpo 5. Formaron parte de los libros más pequeñitos de España. Fueron conocidos como crisolines y codiciados por aquellos coleccionistas de libros curiosos a quienes a veces llamamos bibliófilos.

'La vida es sueño', de Calderón, 'La gitanilla', de Cervantes, y 'Doce cuentos', de Clarín, primera trilogía


Muchos de los amantes de estos tomitos se mostraban disgustados por las dificultades de hallar, a precios razonables, ejemplares de aquellos primeros libritos, cuya cotización se ha disparado en librerías de viejo, de lance o comoquiera que sean, hasta alcanzar cifras de cuatro ceros.

Los primeros fueron inicialmente imprimidos por el editor de la calle de Serrano, sólo como regalo para sus mejores clientes durante las Navidades. Pero, al poco, su éxito fue tan evidente que decidió comercializarlos y estos días reaparecen avalados por su propia historia.

El empresario Eugenio Farré es el único miembro madrileño de una familia al completo catalana. Es un hombre en la cincuentena, casado y padre de tres hijos, de porte jovial y resuelto, con un interés indesmayable por casi todo. Sus preferencias coleccionistas se orientan hacia grandes aparatos emisores de radio, de los cuales tiene hasta trescientas unidades; también reúne históricas máquinas de escribir: ufano muestra una Lambert, varias Underwood y otra rarísima, circular, un prodigio de ingenio, similar a la que empleó en su despacho el filósofo alemán Friedrich Nietzsche antes de morir en 1900.

Santiago Riopérez, a la izquierda, y Eugenio Ferré muestran orgullosos sus colecciones. ULY MARTÍN


Farré es anfitrión de un recién conocido suyo, el abogado matrimonialista Santiago Riopérez; escritor y lector empedernido, de 69 años, es quizá uno de los mejores especialistas en la obra de Juan Martínez Ruiz, Azorín, a quien conoció en su juventud, apenas recién licenciado en Derecho. Riopérez recibió de Azorín el legado de su correspondencia con personajes como Pérez de Ayala, Valle Inclán y Ortega y Gasset. Es coleccionista, entre otros objetos singulares, de cronómetros. 'De relojes antiguos y de piedras preciosas se más que nadie', dice sin rubor. 'Mi padre fue orfebre de las coronas de las principales vírgenes', admite.

A Farré y a Riopérez les une la pasión por los libros raros y curiosos. Al primero le subyugan los que versan sobre agricultura, de los que posee excelentes ejemplares del siglo XVI en adelante; acostumbra seguir sus enseñanzas para cultivar, por afición, hasta doscientos árboles frutales en una finca propia, en Hoyo de Manzanares,'sin apenas agua', remarca.

Por su parte, Santiago Riopérez atesora libros cervantinos, de los que cuenta incluso con ediciones príncipe, las más preciadas. 'Aquella en la que Mayans y Siscar introdujo la primera biografía de Cervantes denominada Vida de Miguel, editada por Thompson en Londres en 1738, la adquirí yo por 50.000 pesetas en Roma y hoy vale más un millón y medio', señala. Y explica: 'En ella, su autor corrigió el lugar de nacimiento del escritor universal y de Madrid pasó a situarlo por vez primera en Alcalá de Henares'.

Son libros, pues, difíciles, señaladamente por sus precios, ya que estamos ante dos importantes bibliófilos de Madrid, que poseen colecciones cuyo mero enunciado asusta a cualquier economía salarial. Se acaban de conocer, pero ya están rivalizando. Los bibliófilos son así. La competitividad, pundonorosa siempre, les lleva a alardear de las primicias que descansan sobre los anaqueles de sus bibliotecas.

Pero lo que hoy verdaderamente les concierne son los pequeños crisolines que, en grupos de tres, acaban de ser puestos a la venta. Ellos no se ponen de acuerdo sobre el número de títulos que fueron editados desde 1946: Eugenio Farré suma hasta 73 'si incluimos los americanos', y confiesa que le faltan cuatro; Riopérez, a su vez, sentencia: 'Aquí no hubo más de 63 títulos'. Ana Rosa Semprún, directora de la colección bautizada con el nombre de Crisolin XXI, tercia, por su parte: 'Queremos dar la oportunidad a los colecionistas para atesorarlos todos de nuevo'.

UN 'TASCABILE' PARA LLEVAR EN LA CARTERA

El crisolín correspondiente al año 2001 es un tomito, en piel denominada de primera flor, azul celeste, con tres cuentos del escritor lusitano José Saramago, premio Nobel de Literatura en 1998, explican fuentes de la editorial. Además, en un estuche que contendrá La gitanilla, de Miguel de Cervantes, La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca, y Doce cuentos, de Leopoldo Alas Clarín, los bibliófilos tendrán la oportunidad de reemprender su colección a un precio en torno a las 8.000 pesetas. 'Los libritos siempre han tenido buena acogida; se leen bien y son llevaderos, incluso en la cartera, junto al documento de identidad', aseguran los bibliófilos consultados. 'En Francia se emplean dos palabras, livre de poche, para definir este tipo de obrita; nosotros los llamamos libros de bolsillo, pero los italianos, tan sutiles', precisa Riopérez, 'emplean una sola palabra para nombrarlos: tascabile', dice con una sonrisa. Alaba asimismo a impresores y encuadernadores: 'Entre los más grandes, Palomino, Brugalla y Cortés han sido españoles', comenta ufano. También Eugenio Farré loa a los míticos editores hispanos Gabriel de Sancha, Joaquín Ibarra y Benito Monfort. Ambos se entusiasman al hablar de los tamaños de los libros: 'Hay doce formatos distintos, cuatro correspondientes al denominado folio (con cuatro modalidades: grande, de 40 centímetros, mayor, normal y menor); tres del conocido como cuarto (a partir de los 30 centímetros); otros tres al llamado octavo (desde 22 centímetros), más el denominado dieciseisavo, de 12, y el treintaidosavo, de 8. Por ello, los crisolines son dimensionalmente únicos', subrayan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de diciembre de 2001

Tomado de El País 

sábado, 27 de abril de 2019

"Más que buscar la identidad nacional, debemos formarla": INOCENTE PALACIOS





INOCENTE PALACIOS | 7 DE JUNIO DE 1980 



María Teresa Castilllo junto a Inocente Palacios, impulsores de lo que luego sería el Ateneo de Caracas. Imagen tomada de aquí 



"Más que buscar la identidad nacional, debemos formarla"

Entrevista a Inocente Palacios


Por Ramón Hernández


Por el color de su corbata de lino y los pajarracos que la adornan debe ser un excéntrico en el vestir: amarillo mostaza y pavos reales cruzados con guacharaca. Su saco a cuadros y cuadritos amarillos y ocre-naranja lo confirman. Inocente Palacios es el director de la Escuela de Arte de la UCV y hombre de la generación del 28. Él se dice autodidacta.


―¿Para qué sirve una escuela de arte en un país como el nuestro?


―No sé hasta qué punto se pueda hablar de “un país como el nuestro”. No es el único que no ha alcanzado un elevado grado de desarrollo, o un grado aceptable. Formamos parte, y es un lugar común, de los países subdesarrollados que aspiran a desarrollarse. Nos diferenciamos en que con el dinero proveniente del petróleo podríamos llegar a la meta con mayor amplitud y rapidez. Pienso que el desarrollo no debe abarcar únicamente el aspecto económico, aunque sea lo fundamental, la cultura también es importante. Si se orienta bien la acción oficial y con el apoyo de la colectividad es posible imprimirle al proceso cultural una mayor velocidad.


―¿Cuál es la filosofía de la escuela?


―Procuramos que no tenga.


―¿No tiene ninguna filosofía estética?


―No somos esteticistas ni formamos esteticistas. El hecho artístico es producto de dos elementos: del artista y la historia. Una obra de arte que no exprese la esencia de los valores sociales inherentes al momento cuando fue creada, difícilmente resistirá el paso de los años.

Ramón Hernández se enredó formulando una pregunta que intentaba encerrar la paradoja de encontrar la identidad nacional valiéndose de instrumentos propios de la cultura occidental.


―Habría que precisar con exactitud qué es lo que se llama identidad nacional. Antropológicamente somos un producto mestizo. Elementos autóctonos indígenas que recibieron el aporte impositivo y colonizador del mundo occidental y la contribución de los elementos mágicos y poéticos del mundo negro, que están adquiriendo  personalidad propia en el continente americano. Lo que habría que dilucidar es su posición frente a la cultura universal, ante ese ciclo cultural nuevo que arranca a comienzos de siglo.

Tomado de El Nacional



jueves, 18 de abril de 2019

Jinete a pie, de Israel Centeno: Una distopía Venezolana





Estimados Liponautas:

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes un texto realizado por Daniel Fermín, publicado en el vol. 16 de la Revista Co-Herencia, donde hace una acercamiento a la novela Jinete a pie, del escritor venezolano Israel Centeno. En esta entrada compartiremos algunos fragmentos del texto y el texto completo para la lectura en linea y su descarga en la pc.

Israel Centeno



La distopía del presente: apuntes sobre Jinete a pie, de Israel Centeno.


La revista Co-herencia es una publicación semestral de acceso abierto que tiene como propósito publicar artículos derivados de investigación y reseñas críticas en torno a la literatura, la filosofía y la historia.



Daniel Fermín


Resumen: Este artículo propone una lectura analítica de la novela Jinete a pie (2014), de Israel Centeno, que forma parte del grupo de obras, publicadas en los últimos años, que vislumbran un futuro distópico para Venezuela. Inicialmente se repasa el origen de la distopía como género literario y sus antecedentes utópicos, así como el auge de la novela distópica venezolana en el siglo xxi; luego se estudian las características de Jinete a pie, para analizar la construcción de una distopía que remite a una Caracas arrasada por la violencia y su relación con el contexto venezolano actual.

"Introducción: sobre los orígenes de la distopía El origen de la palabra “distopía” hay que buscarlo en el término “eutopía”. No se pretende resumir aquí la ingente bibliografía que existe sobre este último. Sería una tarea imposible, por no decir utópica, y ajena al objetivo central de este artículo. Bastará con decir que la eutopía, hoy más conocida por el neologismo griego “utopía”, acuñado por Tomás Moro en el siglo xvi, significa literalmente “no lugar”."

"Sobre el auge de la distopía en Venezuela. La literatura venezolana del siglo xxi ofrece testimonios de la crisis que afecta a ese país. La llegada de Hugo Chávez Frías a la presidencia de Venezuela en 1999 vino sucedida por una crisis política y social, que se ha agudizado en los últimos años con el mandato de Nicolás Maduro Moros: incremento de la delincuencia (Agencia efe, 2017), debacle económica (Europa Press, 2018), escasez de productos básicos (El Nacional, 2017), protestas callejeras (El Nacional, 2018), migración masiva (Agencia efe, 2018). Ese contexto ha coincidido con el aumento de novelas distópicas escritas por venezolanos."

"En el siglo xx, la práctica de la novela distópica en Venezuela no es muy notoria. Una cronología del género hasta entonces, apenas tendría escasos títulos. Algunos estudiosos de la ciencia ficción, como Richard Montenegro (2017), señalan que El regreso de Eva, de Federico León Madriz (1933), firmada bajo el seudónimo Pepe Alemán, es la novela que inaugura el género en la literatura venezolana. Desde ese momento, pocos autores de ese país han incursionado en universos prospectivos. Las novelas 1998, de Francisco Herrera Luque (1992), y Dóctor, de Carlos Moros Puentes (1998), podrían incluirse en la corta lista de obras distópicas venezolanas publicadas en el siglo pasado."

"Sobre la trama y la estructura de la sociedad en Jinete a pie.


Jinete a pie es una novela distópica en la que se narra la historia de un hombre que intenta sobrevivir en una Caracas en ruinas, dominada por hordas de motorizados. Roberto Morel, el protagonista, un antiguo profesor, sufre, al igual que el resto de personajes, de desmemoria: poco se sabe con certeza del pasado de cada uno de los individuos que habitan en la ficción; sin embargo, Morel está obsesionado en rescatar los recuerdos de sus viejos romances. Pero Jinete a pie es más que un relato de amores perdidos. Lo que destaca de la obra es la recreación de un universo decadente, en el que predomina la miseria y la violencia."


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Descarga La distopía del presente: apuntes sobre Jinete a pie, de Israel Centeno pulsando aquí 






miércoles, 17 de abril de 2019

Notre-Dame de Paris por Gérard de Nerval



Charles Laughton en 'El jorobado de Notre Dame'
Estimados Amigos

La Catedral de Nuestra Señora de París sufrio un incendio la tarde del lunes 15 de abril de 2019 que fue controlado el martes 16 en la tarde. Por esta razón decidimos compartir con ustedes este poema.

Imagen tomada de El Periodico 


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Incendio en la Catedral de Notre Dame en París.



Nuestra Señora de París


Aunque Nuestra Señora es muy vieja, es posible
que algún día sepulte a ese mismo París
que ella ha visto nacer; pero cuando transcurran
más o menos mil años, podrá el tiempo abatirla,
como un lobo derriba hasta a un buey, y torcer
esos nervios de hierro, y roer con sus dientes
tristemente su antigua osamenta de roca.

Para entonces vendrán gentes de todo el mundo
para así contemplar esas ruinas austeras,
releyendo abstraídas la novela de Víctor...
Y la antigua basílica creerán estar viendo,
poderosa y magnífica, como fue tiempo atrás
que se yergue cual sombra de una muerta a sus ojos.


Gérard de Nerval (1808-1855)



Notre-Dame de Paris 



Notre-Dame est bien vieille : on la verra peut-être
Enterrer cependant Paris qu'elle a vu naître ;
Mais, dans quelque mille ans, le Temps fera broncher
Comme un loup fait un boeuf, cette carcasse lourde,
Tordra ses nerfs de fer, et puis d'une dent sourde
Rongera tristement ses vieux os de rocher !

Bien des hommes, de tous les pays de la terre
Viendront, pour contempler cette ruine austère,
Rêveurs, et relisant le livre de Victor :
- Alors ils croiront voir la vieille basilique,
Toute ainsi qu'elle était, puissante et magnifique,
Se lever devant eux comme l'ombre d'un mort !


Tomado de Poemas en Francés 




"Nuestra cultura es una cosa hinchada y creo que ha llegado la hora, en beneficio de todos, de desinflar el globo": MARTA TRABA



Fotografía de Hernán Díaz


MARTA TRABA | 17 DE JULIO DE 1965
"El arte latinoamericano es inflacionista" 




—¿Para quién pinta América Latina?

—El artista es esencialmente un hombre libre, lo importante no es preocuparse para quién pintan, sino cómo pintan. La intención previa del artista, conduce o no a la obra de arte.


Imagen tomada de Señal memoria



—¿Qué le reprocha esencialmente a los artistas latinoamericanos?


—La velocidad con que adoptan y reciben todas las formas extranjeras y el desinterés por ubicarse en una circunstancia propia.


—¿Qué propone, entonces?


—No propongo soluciones, sino solamente sugerencias que cambien de actitud. Que tengan la intervención básica de cambiar, sin que nada importe los resultados que por otra parte no podría adivinar. No sé si con el cambio vamos a lograr o no solución. Pero lo importante es el cambio. No puedo aceptar la tesis de J. R. Guillent Pérez de que debemos adscribirnos a la cultura occidental. ¿Por qué? Si no somos una cultura occidental. En la relación entre colonizadores y colonizados, los culpables son los que no dejan colonizar. Los colonizadores están en su papel.





—¿Por qué el mundo considera entonces a nuestros pintores?


—Porque están figurando en el campo internacional en mayor número que antes y naturalmente se habla de ellos. Son citados como los son muchos de otros países. Los pintores nuestros no son pioneros, sino seguidores, entre otros motivos porque hasta ahora no han podido ser pioneros. Nuestra cultura es una cosa hinchada y creo que  ha llegado la hora, en beneficio de todos, de desinflar el globo. En esta cultura inflacionaria hay verdaderos valores que quedan mezclados en todo este maremagnum sin una auténtica escalda de autenticidades. Yo entiendo las reacciones, a nadie le gusta que le revisen sus valores cuando se ha llegado a las cimas de la apología, aunque en el fondo no haya motivos para defenderlos.





—¿Entonces su actitud?


—No es en modo alguno una actitud destructiva, sino constructiva para que nos afiancemos en bases sólidas y reales. No soy una redentora, ni un político que reclama votos electorales o una cantante de hoteles que exija adhesiones, a mí las adhesiones o las repulsas no me importan nada, porque no es lo esencial.


Tomado de El Nacional




martes, 16 de abril de 2019

El momento más temido para los escritores: ¿Cómo depurar la biblioteca?



Biblioteca del profesor Richard Macksey




Los escritores le responden a Marie Kondo


El momento más temido: ¿cómo depurar la biblioteca?

En clave humorística, seis autores aceptaron el juego de contestar si podrían desprenderse de algunos libros en nombre del orden y el minimalismo contemporáneos, a partir de una serie que se volvió fenómeno viral. 

Pablo de Santis. De fondo, su biblioteca personal / Constanza Niscovolos








 15/02/2019 - 16:30 
s
Partamos de la base de que esto es un juego. Después de que la gurú del orden Marie Kondo, terminara de convencer a millones de lectores y espectadores de su programa de la plataforma Netflix (el reality A ordenar con Marie Kondo!, ocho capítulos protagonizados por personas con dificultades para hacer orden en sus casas) de que solo ciertos objetos y prendas –y no otros- nos “proveen felicidad” y son los únicos que merecen ser conservados, sobrevinieron también las críticas y las reacciones adversas. Por ejemplo, entre quienes se sorprendieron y disgustaron frente a la propuesta de que su método alcanzara las bibliotecas: 30 libros es suficiente, llegó a sugerir la japonesa que, entrenada en la estética del minimalismo.       

¿Acaso alguien que ame los libros podría conceder que éstos puedan ser descartados por una mera cuestión decorativa? La sola idea de equiparar los libros a las prendas viejas provoca fastidio: está claro que la pasión por la lectura y la consecuente acumulación de volúmenes –a veces excesiva, hay que admitirlo- suele obedecer a razones bastante más personales que a cómo presentamos nuestro living a las visitas.

Marie Kondo. La autora de "La magia del orden" / Associated Press


Sin embargo, considerando que, como plantea Fernanda García Lao, cualquier biblioteca es de algún modo una prolongación de la mente de un lector, la selección de aquellos libros que conservamos y aquellos de los que, en cambio, preferiríamos donar para que integren la de algún otro lector, acaso pueda no ser pensada como un sacrilegio.

Bajo esa premisa, una serie de autores se prestaron -con una necesaria cuota de humor- a la propuesta de revelar qué títulos o autores no forman parte de sus elecciones actuales: “Hay libros que odio de autores que admiro”, admite Pablo De Santis. Otros le producen, directamente “aversión, aburrimiento o fastidio”. Guillermo Martínez también asume que podría sacrificar algunos sin tanta culpa. Cada uno esgrime sus propias razones. Un dato curioso es que la propia Kondo termina exiliada de las bibliotecas de varios de los consultados, bajo los mismos argumentos que ella esgrime para decidir qué deberíamos preservar: su método no les provee felicidad.   



Pablo De Santis
“Con tope: si compro uno, otro debe irse”

El político inglés Samuel Pepys (1633-1703), autor de un famoso diario, tenía tres mil libros en su biblioteca. El número era invariable: cuando compraba un título nuevo, otro tenía que salir.

En casa nunca aplicamos ese método, aunque los libros ya han desbordado hace mucho las bibliotecas y se extienden por toda superficie. Alguna vez empecé escribir la historia de un “asesino de libros”, un bibliófilo y librero que compensa su amor por los libros con la destrucción a través del agua y el fuego. Se preocupa por destruir libros valiosos, a diferencia de lo que uno suele hacer cuando se deshace de libros: descubrir en los estantes motivos de aversión, de aburrimiento, de fastidio.

Entre los libros condenados está Mr. Holmes, de Mitch Cullin, que usurpa al personaje de Conan Doyle para una historia deprimente, sin misterio ni encanto. No menos deprimente y sin sentido me pareció Animales nocturnos de Austin Wright. A veces hay libros que odio de autores que admiro, como El jardinero fiel, de John Le Carré, que pertenece a la época en que abandonó su propia arcadia, la guerra fría, para tomar temas “candentes”, traicionando su poética. Stephen King es otro autor que tiene obras que pueden ser arrojadas a la hoguera sin remordimientos: La chica que amaba a Tom Gordon o La cúpula, por ejemplo. Me encanta Kazuo Ishiguro, pero El gigante enterrado me resultó falso y confuso. El lector capaz de llegar al final de Los inconsolables merecería de premio un viaje al Caribe. También pongo en el index IQ84 de Murakami, en parte por culpa del autor y en parte del impresor: mi ejemplar tiene muchas páginas en blanco.

"Podemos preguntarnos qué es mejor: una biblioteca más chica, pero que acepta la novedad (y exige la expulsión) o una más grande pero congelada". Pablo De Santis.

Otra biblioteca con número fijo es la del capitán Nemo. Pero más amplia que la de Pepys: 12.000 ejemplares. Podemos preguntarnos qué es mejor: una biblioteca más chica, pero que acepta la novedad (y exige la expulsión) o una más grande pero congelada. Creo que prefiero a Pepys. Además, quien desordena los libros de Nemo puede terminar hundido en la biblioteca de la Atlántida.



Guillermo Martínez

"Todo libro merece ser leído hasta la página 10"

Martínez. El escritor presenta este mes "Los crímenes de Alicia".


Siempre me da algún remordimiento tirar libros, quizá porque en la biblioteca Rivadavia, a la que iba en la infancia, cada libro tenía una etiqueta pegada que decía, casi como una amenaza: “Todo libro merece ser leído hasta el final”. Con los años, sin embargo, aprendí a reducir esta máxima a: todo libro merece ser leído hasta la página 10. Héctor Libertella decía que unas pocas páginas bastaban para darse una buena idea de la “cárcel sintáctica” en que se mueve cada autor. Enviaría entonces en primera fila a los que no resistieron esta prueba. Y al de Marie Kondo si lo tuviera. Después, si tuviera que sacrificarlos, aunque con muchísimo más dolor, los libros que leí en letras que ahora me parecen diminutas. (¿Por qué no me resigno a leer con lentes? ¡Estás dando muchas ventajas!, diría mi oftalmólogo). Quedarían para el final, para “cuando ya no importe”, los libros subrayados por esa otra persona extraña, y a veces ininteligible, que uno fue muchos años atrás. 



Fernanda Garcia Lao

"Aunque sean oscuros me dan alegría"

García Lao. Su último libro es "Los que vienen de la noche" (en coautoría con Guillermo Saccomanno).
En casa tengo cuatro bibliotecas atestadas, cinco mesitas. Y ningún libro feliz. Son oscuros casi todos pero me provocan alegría. No quiero prescindir de ellos. Los que no me interesan no están. Un libro es una extensión de la cabeza de su autor y me gusta ocupar cabezas ajenas, con la mía no me basta. Cabezas que me pongan en contradicción, listas para ser devoradas.

"Un libro es una extensión de la cabeza de su autor y me gusta ocupar cabezas ajenas, con la mía no me basta", dice Fernanda García Lao.

La verdad es que no compro libros que no resistan una primera lectura. Leo mucho de parado. Soy pre Kondo. No adquiero novedades hasta que se ponen viejas. Voy detrás de cada libro de manera muy puntual. Si se cuela un prescindible, aconsejo abandonarlo. Dejar libros por ahí, en lugares estratégicos, es muy recomendable. En baños, sobre todo. Familias con problemas gástricos serían ideales.



Ernesto Mallo

"Atención: hay que sacarle la dedicatoria"

No sé quién es la tal Kondo y, lo poco que leí de ella no me interesó. Debe ser una de esas celebridades instantáneas que produce el sistema de redes sociales, que viene a ser como una especie de Mac Donald de la cultura. Sé que ella propone no acumular libros y proceder a desprenderse de unos cuantos. Para mí no es ninguna novedad. No tengo ese orgullo que a muchos les causa tener muchos libros, no reverencio al libro como objeto sagrado, algunos lo son, otros no valen la tinta con la que fueron impresos.

Mallo. El escritor y organizador el Festival BAN!, puede prescindir de los malos libros sin culpa. / Lucia Merle

De joven, con mi hermano, le arrancábamos las páginas a los libros para que el otro no tuviera que esperar a que termine para leerlo. Luego nos peleamos y abandoné esa saludable práctica que nadie más quiso ejercer. Mi desapego de los libros debe estar relacionado con una vocación trashumante, contabilizo en mi vida más de 50 mudanzas, de barrio, de ciudad y hasta de país. Los libros son la cosa mas incómoda y pesada de mudar, sin contar con que su manipulación produce bíblicos ataques de alergia.

"Hay muchísimos libros que no vale la pena conservar, y muchos que ni siquiera vale la pena leer". Ernesto Mallo

En una de mis últimas mudanzas me deshice de unos 200 libros mediante el simple expediente de vendérselos por nada, o casi, a un librero. Poco tiempo después recibí las furibundas invectivas del autor que, habiéndomelo dedicado, lo encontró en la librería de viejo. Desde entonces tengo cuidado de arrancarles la dedicatoria. Los buenos libros son como los buenos amigos, los malos son el enemigo. Hay unas dos docenas de ejemplares que siempre van conmigo y que han sobrevivido a todas las mudanzas. Pero esos no son libros, son como hermanos con los cuales no es posible pelearse. Son libros que siempre tienen algo nuevo para contar en cada relectura. Son libros que están vivos. Muchas veces me deshago de libros por temor a que contagien su mediocridad a mis libros geniales. Son libros mortales. Hay muchísimos libros que no vale la pena conservar, y muchos que ni siquiera vale la pena leer. La vida no es tan larga para leer libros malos. Hay otros que una vez leídos se quedan si nada qué decirnos. Hay muchos que dejo en las primeras diez páginas. No participo de ese improbable mérito de obligarse a leer un libro sólo por que se comenzó. No sé cuáles serán las razones de la tal Kondo para proponer que nos deshagamos de libros, pero estas son las mías y si no le gustan, como dijo Groucho, tengo otras.



Gustavo Nielsen

"El de Marie es el primero que tiraría" 

El primer libro que tiraría es el de Marie Kondo, en el caso de que lo tuviera entre los que las editoriales me envían.

Tiraría algunos que conseguí y leí en su momento para saber por qué eran exitosos. El Alquimista, Gente Tóxica, El tercer ojo. La conclusión a la que llegué es que la gente que consume esos libros cree que lee. No me resto idiotez: también lo hice, aunque fuera por trabajo.

Tiraría los libros que alguna vez usé para las investigaciones de mis novelas. Para El corazón de Doli leí muchos libros sobre clonación; la mayoría son malísimos. No estoy cerca de mi biblioteca ahora, pero recuerdo uno de Gina Kolata que era imposible. Para El amor enfermo utilicé varios sobre música clásica; todos a la basura. Para escribir Auschwitz usé citas de la Biblia y el Mein Kampf. Los tiraría también, si no es que ya lo hice.

Gustavo Nielsen. La Biblia y Mein Kampf, entre los libros que no elige. / Fernando de la Orden

Una broma simpática de mi primer encuentro de escritores en Málaga. Era una juntada de cien jóvenes del mundo hispano (yo tenía veinticinco), mitad locales y mitad latinoamericanos. Un mes de convivencia. La idea era absurda: el gobierno español y los medios pretendían que nos comportáramos como intelectuales cuando nosotros estábamos a puro sexo y borrachera. Cómo sería que lo menos divertido era que te regalaran libros. Al final del evento la pila se había hecho tan grande que para cualquiera de los participantes latinoamericanos era imposible de trasladar. Descartabas o pagabas sobrepeso. Yo, por ejemplo, dejé todo lo de mis compañeros castizos, los ensayos y las crónicas, casi toda la poesía y un par que tenían tapas horribles. Estábamos en una especie de hotel. En un momento de la despedida nos adueñamos del micrófono de recepción con Birmajer y, a medida que veíamos a los escritores llegar al hall con la valija para volverse a casa anunciábamos por los parlantes, poniendo voz de gallego: “Aviso para Leopoldo Brizuela de Argentina… se ha olvidao un mogollón de libros en el placar de su recámara…” Los demás escritores lo miraban como diciendo “¿no será el mío?”. Los dueños del mensaje llegaban colorados a la Administración.

Tiraría uno que me firmó Marcos Aguinis en un convite que tuvimos con un publicista argentino al que él le había escrito la faja. Tiraría también el del publicista.



Agustina Bazterrica

Al tacho no tiraría nada. Donaría, regalaría, reciclaría. De todas maneras me resulta muy difícil pensar en la posibilidad de desprenderme de mis libros porque según la propia Kondo hay que quedarse con los objetos que a uno lo hagan feliz, y los libros me hacen feliz. No tengo problemas con las otras cosas. Dono ropa, zapatos, muebles (Kondo estaría muy orgullosa), pero los libros son sagrados. Incluso con los apuntes de la facultad que estaban prolijamente guardados en 20 cajas, ahora que me mudé y no tengo lugar, los estoy escaneando y reciclo el papel. Unos nunca sabe cuándo puede necesitar ese texto sobre “Participación indígena en la conformación de patrones religiosos y artísticos en las misiones jesuíticas guaraníes”, por ejemplo.

Agustina Bazterrica. La ganadora del premio Clarín Novela del año pasado empezaría por donar los de autoayuda y los diccionarios. / Ruben Digilio

Ahora, si un día aparece Kondo y me amenaza a mano armada para que me deshaga de algunos libros porque el desborde de mi biblioteca interfiere con su universo zen, empezaría con los de autoayuda, porque me producen efectos paradojales y colaterales. No hay nada mejor que me dictaminen ¡Sé feliz!, ¡Logra tus objetivos!, ¡Sigue tu corazón! para que emerja la psicópata que hay en mí.

Después regalaría los diccionarios porque sé que puedo recurrir a internet y me arriesgo a que cuando llegue el apocalipsis zombie no necesite buscar el significado de ninguna palabra. Mientras corrés por tu vida nunca está de más saber qué significa la palabra “Pneumonoultramicroscopicsilicovolcanoconiosis”. Pero, quizás, en esas circunstancias sea más importante evitar que te coman el cerebro.

Después seguiría con los míos, porque ya está, los escribí, de alguna manera están en mi cabeza (mientras no me visite el señor Alzheimer). Por último, con mucho pesar, donaría aquellos libros que no me interpelaron, que me parecieron mal escritos, plagios velados, complacientes. De esos libros también se aprende, pero si realmente tengo que elegir y no tengo más opción (Kondo me sigue apuntando con el arma y me grita cosas en japonés que no entiendo) me quedo con los que volvería a leer una y otra vez. (No le digan a Kondo, pero son más de 30).



Editó: V.A.

Tomado de El Clarín