miércoles, 22 de abril de 2020

BASTANTE EN BURLA, BASTANTE EN SERIO: Valentín es mi revolucionario preferido...




Estimados Amigos

En Febrero de 2020 recibimos este material y, algo apenados, lo compartimos con ustedes hoy. Esperamos lo disfruten: 

BASTANTE EN BURLA

BASTANTE EN SERIO


Al  amoroso Valentín lo ejecutaron
por andar santificando las parejas
que urgidas por el alma
y por la carne
escogieron la noche y los abrazos
antes que las espadas
y la guerra

Por eso Valentín
es mi revolucionario preferido

No importa si después los
comerciantes
los floristas y los poetas
más sentimentales
inventaron los regalos
las rosas y el bolero

En cuanto a mí
y a pesar del furor del almanaque
ya le pregunté  a María
qué piensa hacer con mi corazón
en este día
tan tonto
tan comercial y cursi
pero también
tan inevitablemente bello.

Valencia, viernes 14-02-2020

                                                           Fáver Páez



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Faver Páez. Fotografía de Yuri Valecillo. Tomada del Libro "Rostro y Poesía" 1995.


Fáver Páez (San Carlos de Austria, Estado Cojedes, 1943), es Licenciado en Historia de la Universidad Central de Venezuela. Se desempeña como profesor en las Facultades de Ciencias de la Educación y de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo.

Fue coordinador de la página "La Mirada Quincenal" en el extinto diario "El Espectador" de Valencia en el periodo 1993-94. Fue director de la publicación cultural independiente URTEXT.  Sus textos han aparecido publicados en la página de arte y espectáculos del diario "El Carabobeño", en la Revista "Tiriguá" revista cultural del estado Cojedes y en "Predios", la revista del sur entre otras publicaciones de Venezuela.

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miércoles, 15 de abril de 2020

Buscando al monstruo, al de verdad: Los archivos de Van Helsing


Reseña de Los archivos de Van Helsing de Xavier B. Fernández, Ediciones El Transbordador.

Ediciones el Transbordador

Hay situaciones externas a un libro que marcan su lectura, sólo tengo otra experiencia semejante a lo ocurrido con este libro aquí reseñado. Hablo de 1992, del verano que pasé en Philadelphia (EE.UU.), que sin ser comparable con el confinamiento que hemos/estamos sufriendo con el coranavirus covid-19 comparte ciertas características desagradables y la más importante de todas, la forma que las combatí: leyendo sendos libros magistrales. En 1992 leí El amor en los tiempos del cólera (1985) del premio nobel de literatura Gabriel García Márquez, tal era el disfrute que sólo me permitía leer un capítulo por día para maximizar mi deleite. 



En 2020 ha sido Los archivos de Van Helsing (octubre 2019) Ediciones El Transbordador de Xavier B. Fernández. No me entusiasma ni el horror, ni el terror, he leído y leo algunas obras, escogidas de este género y siempre bien aconsejado: tantos libros que leer y tan poco tiempo para ello. En un principio me resistí, son 531 páginas, en un libro muy hermoso, todo hay que decirlo: Con una portada de Rebombo Estudio y una maquetación virtuosa, un objeto admirable en sí mismo. Pero la cosa mejora y mucho al empezar a leerlo. Y no era fácil ¿Quién no conoce la historia de Drácula? Junto con Sherlock, posiblemente sean los personajes de ficción (curiosamente ambos de la época victoriana) que más veces se han llevado al cine y que más pastiches han protagonizado.
Estamos ante un texto in crescendo: se inicia como un interesante y ameno pastiche, que toma prestados los personaje del irlandés Bram Stoker; para acabar en una lucha contra el mal absoluto, contra el monstruo definitivo. Pero no adelantemos estadios.

Peter Cushing interpretado a Abraham Van Helsing en alguna producción de la Hammer

¡Y como lucen los personajes creados por Stoker! Todo un descendiente del profesor Van Helsing, un pequeño católico polaco de ascendencia judía que es entregado a las SS durante la Segunda Guerra Mundial nada menos que por intermediación del Conde Drácula… y luego el Conde desaparece. ¿Desaparece? ¡Cómo va a desaparecer! Pues sí, digo no, él no está. Pero no se ha ido, está en los textos escritos de su puño y letra y recopilados por el abuelo de nuestro protagonista: el niño polaco, hecho cura, y ¡Vaya cura! todo un exorcista, el último exorcista.



Xavier no utiliza el estilo epistolar que usó Stoker y que ralentizaba mucho su obra, al menos desde la perspectiva de las exigencias actúales. Xavier usa la técnica fix-up (recurso muy extendido en la ciencia ficción: una serie de novelettes engarzadas con una narración para configurar una historia coherente que se presenta como libro. Esta técnica nace en la ciencia ficción y permite reutilizar cuentos ya publicados en revistas de género en un libro, son fix-up la trilogía inicial de Fundación (1951, 1952 y 1953) de Isaac Asimov, Más que humano (1953) de Theodore Stugeon, Dune (1965) Frank Herbert y El círculo de Jericó (1995) de Cesar Mallorquín.





Las primeras narraciones y anotaciones nos cuentan la historia ya sabida del Conde Chupón, pero se salpimienta con otros monstruos legendarios e históricos: Golem, la Condesa Erzsébet Báthory, San Juan de Capistrano, Hitler y toda su cohorte, Nicolae Ceaușescu, el monstruo de Frankestein que el autor hábilmente zurce en una urdimbre coherente con los dos protagonistas: la saga de los Van Helsing, los campeones del bien, y el magnificente Dracul, el defensor de su propia casa, porque él crea el mal, su propio mal. Cita de la página 34:

“… Si el bien es dar a los demás más de lo que recibes de ellos, y el bien absoluto es darlo todo por lo demás sin esperar nada a cambio, el mal es extraer de los demás más de lo que les proporcionas, y el mal absoluto es cogerlo todo de los demás sin dar nada en contrapartida. Como hace un vampiro, la metáfora más perfecta del mal absoluto. …”
La tesis del libro es rompedora, pero no original. Dios se ha ido y el demonio nunca ha existido. Página 39:

Isaac Luria

“… Según el rabino y cabalista del siglo XVI Isaac Luria, llamado «el León» y objeto de mi tesis, Dios, que siendo infinito debería ocupar todo el espacio y el tiempo, no dejando sitio para la existencia de nada más aparte de él, se restringió, un fenómeno que Luria llamó el tzimtzum, para dejar un hueco en el que pudiera existir la creación. Y en ese hueco dejado por el tzimtzum, la voluntaria limitación divina, ese hueco donde no existe Dios que Luria llamó el chalal panui, existimos nosotros y todo lo creado. Así que, según Luria, en cierto sentido, vivimos en la inexistencia de Dios. Dicho de otra forma, si Dios existe en alguna parte, no es en este mundo, ni en este universo. …”
Xavier cede la pluma al propio Drácula para que narre su historia en su Valaquia natal y como consigue su fama de empalador. Pese a ya conocer su historia se hace apasionante leerla de su puño y letra, sólo he sentido la misma fascinación cuando leí El príncipe (1532) de Nicolás Maquiavelo anotado por Napoleón. Es imposible no reconocer la fuerte determinación, rayando la locura del joven Bonaparte al redactar esos breves comentarios, pero esclarecedores en los márgenes de esa obra del Medioevo. Leer a Drácula es captar esa misma determinación y fortaleza. Pero no todo son éxitos, también  fracasa y va forzando alianzas eternas y todo ello de forma coherente con el canon vampírico que conocemos.

El autor introduce nuevas historias. El fragmento de las memorias manuscritas del teniente André Duvalier donde Xavier utiliza de modelo el cuento de Bram Stoker El invitado de Drácula que en posteriores reimpresiones de Drácula (1897) se incorporó definitivamente a la obra que hasta hoy nos ha llegado.

El Drácula ya vampiro padece la insoportable soledad del inmortal que Roger Zelazny ya nos contó en su Tú, el inmortal (1965), o como Anne Rice en Lestat el vampiro (1985) contó; la desesperante búsqueda por estar al día de los tiempos. Los condescendientes pero a la vez anhelantes diálogos con los humanos, donde Drácula lucha por impregnarse del espíritu del momento, se hacen aditivos.

Grande Armée en Rusia

Pero personalmente la novelette que más me ha gustado narra la historia del correspondiente Van Helsing que se une a la Grande Armée para junto a Napoleón invadir Rusia, y donde su camarada de armas-medicas es nada menos que el doctor Víctor Frankestein. Es una lástima que se nos privase de una conversación entre Drácula y Napoleón. La novela muta muy progresivamente, en consonancia con los tiempos que va viendo, va abandonando la barraca de feria donde muestra la parada de monstruos para ahondar en las relaciones de poder, de la esencia del poder, de su mutable naturaleza.
Xavier no pude sustraerse a reflejar un acontecimiento verídico que inspiró a Arturo Pérez Reverte el cuento “La sombra del águila” (1993). Cita tomada de Wikipedia:



“… En el año 1812, en medio de una batalla entre las tropas de Napoleón y el ejército ruso en Sbodonovo, el batallón 326 de infantería del ejército francés que estaba formado por antiguos prisioneros españoles, decidió desertar y pasarse al enemigo. La maniobra fue contemplada por Napoleón desde la cima de una colina cercana y la interpretó erróneamente como un acto de inusitado valor, ordenando una carga de caballería dirigida por Murat en auxilio de los temerarios españoles. …”
Napoleón, Víctor Frankestein, Drácula, un Van Helsing, un batallón de españoles y el destino de Europa ¿Qué podría salir mal en la campaña de La Grande Armée en Rusia?

Me ha gustado mucho como Xavier gestiona el periodo temporal que se solapa cronológicamente con la novela de Bram Stoker, como justifica que Bram conociese la historia, como evita volverla a contarla nuevamente, y lo bien que la resumen desde la perspectiva del Conde, que no tiene voz propia en la obra del irlandés. Sucintamente resuelve ese envite y nos coloca en un nuevo episodio: el sobrino nieto del héroe de Stoker debe volver a luchar contra el rey de los chupasangres. En el ínterin aparece Arthur Conan Doyle que nos cuenta como quiere matar a Sherlock Holmes en un simpático guiño a los holmesianos. Tras ese intervención, cuando Drácula retoma la escritura de su diario, este usa expresiones que definen al Moriarty holmesiano, pero claro, Drácula describe al verdadero Napoleón, al que conoció. Descripción que luego Doyle usará para definir a Moriarty como el Napoleón del crimen. Cita de la página 355:

Moriarty el Napoleón del crimen


“… Al principio, y tras estudiar sus primeros pasos como emperador, me maravilló su notable habilidad para tejer una telaraña de alianzas políticas y servidumbres en cuyo centro, cual araña suprema, se encontraba él. …”
Es cierto que el Drácula de Xavier B. Fernández es un tirano clasista y misógino, pero es culto, fuerte y clarividente. Drácula emerge como un monstruo total, flexible, adaptable: en suma el diablo. Los extremistas, cuando son inteligentes, tienen un discurso cautivador. Cada vez que toma la palabra, la novela mejora. Sus análisis sobre las distintas épocas que le ha tocado vivir y no vivir, son viviseccionadas con una profundidad y rotundidad encomiables, eso sí con el barniz de su personaje: absolutamente deleznable.  Pero en cualquier caso se añora su presencia, sin él, el lector se siente huérfano.

Nada contaré de la batalla del Van Helsing actual con Drácula, en lo bien traída, ajustada y resuelta que está y mucho menos del final de la obra salvo que se desarrolla en Barecelona. Pero para ir acabando me voy a concentrar en el monstruo final, el único ante el que Drácula reconoce su inferioridad. Un preaviso lo da cuando conversa con un banquero en las postrimerías del siglo XIX. Pero el demonio se quita la careta en el siglo XXI. Cita de la página 512:

“… —El mercado. Es ese un tirano ubicuo con un poder inmenso, pues ejerce un férreo control sobre todos los gobiernos de la tierra, no importa lo democráticos que digan o pretendan ser. Y además, también ejerce un férreo control sobre todos y cada uno de los aspectos de la vida de todos y cada uno de los súbditos de esos gobiernos; excepto, por supuesto, de los pocos que son lo suficientemente ricos como para poder resistirse a sus embates.

     »Ese tirano abstracto y total, ese tirano perfecto, gobierna sin ningún plan, porque ningún plan le es necesario. No tiene cabeza, ni mente, pero sus logros son asombrosos: ha liberado a los poderosos de las responsabilidades que tradicionalmente iban asociadas al ejercicio del poder. En especial, de la obligación de, en alguna medida, proveer y proteger a sus gobernados; de preocuparse, ni que sea mínimamente, porque sus necesidades estén mínimamente cubiertas, de que haya grano en sus graneros para que no se mueran de hambre y de que los enemigos exteriores no invadan sus tierras y maten a sus hijos. En nuestra época, por primera vez en la historia de la humanidad, gracias al sistema capitalista existe una casta dominante que tiene todo el poder y ninguna responsabilidad de las que, tradicionalmente, han ido asociadas a su ejercicio. …”
by PacoMan

by PacoMan 


by PacoMan en extasis


En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de cuatro lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad,sobrevive como puede: lo que viene siendo malvivir.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando sube posts a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po

martes, 14 de abril de 2020

Quintín Hernández: Desde el misterio al encanto.





Para disertar sobre la vida y obra del maestro Quintín Hernández,debemos purificar los cimientos internos del Alma,ya que tanto en su vida y obra se debaten como dos gigantes en constante lucha el misticismo propio y popular con lo profano y desafiante de un irreverente.como el creador pictórico que hoy se erige con la majestad de una catedral contemporanea

 Esa dicotomía antagónica que solo un creador de la talla de quintín ha podido controlar a tal punto de formar una armonía casi perfecta es lo que ha llevado al maestro Quintín Hernández a formar todo un universo propio en el campo de la plástica,dando y procreando una obra a sudor de creyones y con la omnipotencia de su mirada mágica que carga sobre sus hombros el peso gestual de dónde transpiran acrílico y oleo sobre sus poros.


Es que Quintín ha sido y sigue siendo un creador nato que con constancia y profundidad asumió con pasión su rol de creador,y sin doblarse ante la academia y los convencionalismos estéticos desafío paradigmas y extravagancias para plantarse con nombre propio en las artes plásticas.

La perseverancia y la devoción junto a la rebeldía se funden en la paleta mágica del maestro quintín lo han llevado a pulso por caminos experimentales sumergiéndose así en los collages y el ensamblaje para siempre explotar con más fuerza y magistralmente en sus típicas Venus de Tacarigua. Seres para él únicos y cargados de una esencia misteriosa que son capaces de envolvernos y elevarnos para después dejarnos caer plácidamente en la armónica paz de su encanto interior.

José Gregorio Medina

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 José Gregorio Medina.

Profesor de Literatura y amante de la Poesía.



lunes, 13 de abril de 2020

¿En qué se parece el coronavirus y unas gafas del sol?





Ambos permiten ver extraterrestres.

Las gafas de sol son las que accidentalmente encuentra John Nada (interpretado por Roddy Piper) en la película: Están Vivos (They Live, 1988, John Carpenter). Son unas gafas que permiten ver a los alienígenas que llevan décadas viviendo entre nosotros y dominándonos.

Estás gafas de sol permiten ver alienígenas.




El Cobi D-19 (sí, ya sé que no se escribe como la mascota de Barcelona 92, pero me da igual)  nos ha permitido identificar a los extraterrestres infiltrados en las ciudades, en los barrios, en nuestros bloques de pisos y sin necesidad de usar unas gafas de sol como las de John Nada.


 Los extraterrestres están pero no los podemos ver, pero con Cobi D-19 eso ha cambiado.


Sí, me explico. Estos alienígenas que nos tienen invadidos (¿y dominados?), son como nosotros, no se diferencian, sangran si les pinchas, lloran si les hacen daño, pero en la intimidad, cuando están seguros en sus hogares, a la hora de comer comen… otras cositas. Por eso cuando ambas especies nos hemos visto atacadas por este virus: el primo del Zumosol del virus de la gripe. Nosotros, vulgares humanos, acaparamos comida y ellos también, pero claro ellos comen papel del culo. Lo que ya no sé, es si lo hacen antes o después de usarlo.



El anuncio de Zumosol, que hizo famoso al primo.




¿Deliro? Puede ser, pero por favor explicarme porque mucha gente compró compulsivamente papel como para poder limpiarse sus nalgas durante seis meses de diarrea diaria… estomacal que no mental, que esa la tienen de nacimiento.


Cada día me gustan más mis vecinos de Segalerva (un barrio de Málaga); en el pequeño colmado de Fernando, un Coviran[1] en la esquina de mi calle, no se ha agotado en ningún momento el papel del váter. He preguntado a la cajera y me ha dicho que se vende como siempre, que en el barrio la gente no se ha cagado… y yo añado que esperamos no hacerlo. Eso, o mis vecinos (y yo) somos tan pobres que no podemos acaparar, porque no tenemos con qué pagar ese gasto extra. O quizás somos tan civilizados que nos preocupa lo que piensen de nosotros y nos vamos a acaparar papel del culo al Mercadona[2] de Martiricos (el barrio de los bomberos del centro y de La Rosaleda, el campo de fútbol de la ciudad). Donde me consta que se agota sistemáticamente, donde van a comprar los pijos digo los alienígenas… ¿en qué estaría yo pensando?


 ¿Los extraterrestres acaparan papel del culo para demostrar a los demás su poderío económico?






[1] Marca comercial de una central de compras que actúa como franquicia de pequeños colmados.

[2] Gran empresa distribuidora que con locales de media y gran extensión se han posicionado en el segmento de compradores de renta alta-media, urbanos, sofisticados y que les gusta aparentar pertenecer a un grupo social con más renta de la  realmente tienen.

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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po

domingo, 12 de abril de 2020

RAFAEL CADENAS: La palabra realidad para mí es otro nombre de lo desconocido.



Rafael Cadenas, Jalisco, 2009. FOTO Claudia Posadas



CONTRA LOS HUMOS DE LA PROPIA ESTIMACIÓN. 

ENTREVISTA CON RAFAEL CADENAS









Con el otorgamiento al venezolano Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, 1930) del XXVII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2018, el más prestigioso del género en los países de lengua española y portuguesa, se refrenda su figura como una de las conciencias críticas más importantes de América Latina en tanto su obra poética y ensayística ha significado un riguroso análisis del hombre contemporáneo.
La coherencia de su pensamiento y poesía con su actual discurso, vertido en sus dos recientes libros de poemas, Sobre abierto y En torno a Basho y otras cuestiones (Pre-textos, España, 2012 y 2016), y en Contestaciones (Fundación para la cultura urbana, Venezuela, 2016), una especie de diálogos incisivos y breves que ejerce con la escritura de diversos autores, demuestran la continuidad, fuerza y vigencia de una obra fincada en la honestidad, acorde con la preocupación fundamental en su obra: la búsqueda de una ética universal de lo humano a partir de la aceptación y el concilio con el misterio de la existencia desde la disolución del yo.
En octubre próximo, Cadenas recibirá el galardón iberoamericano en el paraninfo de la Universidad de Salamanca entidad que, junto con Patrimonio Nacional de España, concede dicho reconocimiento. Ha recibido, además, y entre otros, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca 2015, el Premio Nacional de Literatura en Venezuela 1985, el Premio fil de Literatura en Lenguas Romances 2009 y el Premio Andrés Bello de la Academia Venezolana de la Lengua 2015.
La presente entrevista revisa temas fundamentales de su reflexión poética y de su biografía. Para conocer más en torno a su trabajo y complementar aspectos vertidos en esta conversación, se puede consultar el ensayo “La observancia como quietud que aguarda el instante”, realizado por Claudia Posadas, en este enlace.
Un aspecto central de su pensamiento es la búsqueda del concilio con nuestra condición humana, que se ha resuelto en el ethos clásico. ¿Cuál es el origen de esta búsqueda y cómo se fue conformando? ¿Cuál es el balance de este proceso, cuál es la distancia entre el Cadenas del desasosiego al Cadenas de la gratitud?
El origen está en una especie de quiebra psíquica al comienzo de los años sesenta, la cual me llevó a hacerme preguntas que creía resueltas. Fue un despertar, pues hasta entonces yo había vivido conforme a ideas procedentes de un esquema que a todo responde, que todo lo explica, cuando en realidad no existe nada que esté fuera del misterio, de ese misterio de fondo que también nos constituye, y cualquier explicación no trasciende el campo de lo relativo donde sí puede tener validez. Es allí donde funciona el pensamiento, más allá no, más allá tiene que enmudecer, lo que no está mal pues es muy hablador, porque ha de toparse con lo desconocido, con la fuente infranqueable, con lo que ha recibido muchos nombres, pero en realidad no puede tener ninguno. Es asombroso ¿verdad?, que en rigor no podamos dirigirle la palabra a nuestro fundamento esencial. En cuanto al balance, no me atrevo a hacerlo, pues me parece que implica un cierre. Se asemeja a un inventario espiritual, lo que exigiría más espacio del que ofrece una entrevista. Espero, sin embargo, que mis otras respuestas complementen las que acabo de darte.
Una de las maneras de emprender esta búsqueda es a través de un cuestionamiento del yo. Este proceso es paulatino: ante la derrota, hay un enfrentamiento crudo y descarnado con los diversos yo (Falsas maniobras); después, se presenta un estado de vacío (Intemperie —1977—). En Memorial se estanca este proceso hasta llegar a Gestiones (1992) y Anotaciones (1983), donde se da un concilio. ¿Qué implica este enfrentamiento como método? ¿Qué yo permanece?
Cuestionar el yo, enfrentarlo suena contradictorio. Es lo que suele hacerse, pero no creo que resulte difícil darse cuenta de que eso lo realiza el mismo yo. Así, además de dividirse, termina fortaleciéndose. Ésta es una lucha que se refleja, como bien lo señalas, en los libros que mencionas, todos escritos desde cierta depresión, especialmente Intemperie. En Memorial confluyen las diversas formas usadas en los libros anteriores. Gestiones también las mantiene, pero hay más despersonalización, un intento de expresarme indirectamente, mediante motivos, algo que, claro, tampoco estaba ausente en los demás libros. Yo no rehúyo la primera persona, ni creo que usarla signifique egotismo; muchos, en cambio, la evitan, pero carecen de humildad. Me preguntas qué yo ha quedado. Pues el actual, el que traza estas líneas para pasarlas a la pequeña Olivetti y enviártelas; el que se interrumpe para ir a comprar Tal cual, periódico que dirige Teodoro Petkof, periódico padrísimo, como dicen ustedes, los mexicanos; el que intenta darse al instante, habitarlo, pues sólo existe el presente y un incesante devenir, de manera que el que escribió mis libros es otro, el de ayer es otro, el de hace unos minutos, ya que cambiamos, es otro, otro y el mismo, pero ese mismo es sólo la sensación de ser, de sentirse siendo. “El presente es perpetuo”, dice un verso de Octavio Paz, quien siempre insistió en el valor absoluto del presente y del origen. ¿Habrá diferencia entre ellos? Estas dos constantes de Paz me parecen vitales para sus lectores, siempre que las tomen en serio.




El fracaso como lucidez
El cuestionamiento es en torno al yo pero también del orden; además, ambos aspectos, están ligados al concepto de derrota: se parte de un sentimiento de no pertenencia (Los cuadernos del destierro —1960—), que se expresa en el famoso poema “Derrota”. Después, dicho sentimiento se convierte en un espacio de libertad que desemboca en un estado de vigilancia y cuestionamiento de un sistema que nos presiona y que se manifiesta en el poema “Fracaso”, donde éste es una actitud ética. ¿Qué significó ese estadio de tal modo que fue punto de partida? Actualmente, ¿se encuentra en los poemas citados? ¿Su actitud surge de la experiencia que vivió en su exilio?
Los cuadernos del destierro es un poema en prosa sobre mi experiencia como exiliado en Trinidad (1952-1956), isla muy próxima a la costa oriental de Venezuela. Era entonces todavía colonia inglesa, de modo que durante cuatro años fui súbdito involuntario, pero gustoso, de la reina Isabel. A este periodo le debo un idioma que leo mucho, pero que hablo sólo cuando viajo a Estados Unidos o a Inglaterra. El libro recoge también mi situación íntima de los años sesenta que te mencioné. Hoy no me encuentro en “Derrota”, pero no porque crea tener éxito, esta palabra no forma parte de mi vocabulario, lo que ocurre es que ese poema lo escribió un joven con quien ya casi no hablo, es decir, yo hace cuarenta años. Te daré un ejemplo: en el poema se aprueba en cierta forma la lucha armada y hoy la rechazo. Hace muchos años me di cuenta de que no es ésa la vía para lograr determinado cambio social. Ahora pienso en términos de reforma, no de revolución. Ésta se me antoja, después de las experiencias del siglo que acaba de concluir, un sangriento anacronismo que en todos los casos terminó en dictadura. En cambio, hay revoluciones que no suelen tenerse por tales como la que ha ocurrido en la física, cuyas implicaciones filosóficas apenas comienzan a vislumbrarse o la comunicacional tan prodigiosa o la del movimiento ecológico, y tal vez estén en camino otras que no podemos anticipar. Mi atención está puesta en el individuo más que en lo colectivo. Siento más cercano el poema “Fracaso”; y actitud crítica siempre he tenido, sólo que ahora no procede de ninguna postura previa, sino del simple ver. Al menos me vigilo para que sea así. Cualquier ideología es perversa, aunque esté guiada por la buena intención, porque separa a los seres humanos. El bien que se busca termina trocándose en mal. Las revoluciones traen violencia, se vuelven sangrientas, instauran dictaduras, destruyen y se autodestruyen, todo por el bien del pueblo. Prefiero el sentido común, que es ajeno a carismas, redencionismos, salvaciones, a todas esas grandiosidades hipócritas cuyos promotores nunca se han visto a sí mismos. Si lo hicieran se darían cuenta de que el mal que pretenden combatir está también en ellos y eso es igualmente valedero para los que se les oponen, quienes, sin embargo, por estar más cerca de la realidad —al menos su retórica no tiene pretensiones mesiánicas— podrían acercarse al autoconocimiento.




La necesidad del “autohacerse”
Tanto en su poesía como en su ensayo, la crítica se orienta a cuestionar cualquier fundamentalismo ya sea económico, religioso o político, y se centra en cuestionar la realidad. ¿Por qué este escepticismo como método para sus indagaciones?
El politólogo alemán Thomas Meyer definió el fundamentalismo como “movimiento de exclusión arbitrario” muy opuesto a la modernidad y el cual “pretende ofrecer, en la medida en que condena toda posible alternativa, certezas absolutas, sostén firme, auxilio permanente y orientación incuestionable”. Esta definición que encontré en el libro El fundamentalismo religioso, de Klaus Kienzler (Alianza Editorial), permite detectar dicho fenómeno en muchos otros ámbitos. En todo caso, su auge se debe probablemente a que suministra a la persona que elige una creencia cerrándose totalmente, una seguridad que ella siente como inexpugnable. En realidad, no se trata de una elección. La creencia procede inicialmente del hogar, la escuela, el ambiente, y es sólo más tarde cuando puede afirmarse con carácter absoluto, impermeable a todo interrogar. Aparte de la religión, donde hay más propensión a incurrir en fundamentalismos es en el terreno de la política. Los estragos que causa este fenómeno y su acompañante inseparable, el fanatismo, están a la vista con una contundencia inaudita debido al terrorismo que es en su expresión extrema. En cuanto a mi método, en realidad no tengo ninguno salvo la cautela de ese ver que he mencionado.
¿Considera que esto debería ser un centro de reflexión contemporánea, dada la situación de las confrontaciones a gran escala a partir de lo religioso que observamos?
En realidad, todos los fanatismos son religiosos, pues entrañan una absolutización de lo relativo. En ellos subyacen las funestas deificaciones de causas. Fanático es el que extrema su adhesión a una ideología. Según Arthur Koestler “el problema de nuestra especie no es un exceso de agresión, sino una excesiva capacidad de fanática devoción”. El fanático se identifica totalmente con un credo, que puede estar representado por su tribu, patria, iglesia, Dios, historia, futuro, revolución, caudillo. Para reiterar lo que he dicho sobre el condicionamiento, agrego estas otras palabras de Koestler: “Para una vasta mayoría de hombres a lo largo de la historia, el sistema de creencias aceptado, por el cual estuvieron dispuestos a vivir o morir, no fue de su propia factura o elección; fue impelido hacia sus gargantas por los azares del nacimiento”, lo cual nos dice cuánto peso tiene en la historia lo que se acepta sin examen. A propósito de lo que vengo diciendo, pienso en el peligro que encierran las grandes palabras, pues en su nombre se suelen suspender la razón, la ética y la piedad, y entonces todo desmán, toda inhumanidad, todo horror se tornan posibles. Las citas que he hecho de Koestler proceden de su ensayo “La explosión cerebral”. Este escritor, testigo y víctima de las tragedias del siglo xx, que se prolongan en éste, no creía posible un cambio en el ser humano. Confiaba sí en que la ciencia pudiera crear una sustancia que impidiese las locuras del cerebro arcaico, el reptiliano, pues sólo a él se las atribuye, librando así de responsabilidad a la neo-corteza, el cerebro propiamente humano, que para mí, al contrario, es el más acusable. También Peter Sloterdijk apela a la tecnobiología con un fin parecido, en su libro Normas para el parque humano.
¿De qué manera refrenda su visión al observar la situación de su país?[1]
Me preocupa mucho la división del país. Estamos ante un gobierno que trata de fabricar una revolución que en ningún momento ha definido claramente, y ante una oposición que la rechaza por considerar que conlleva un propósito de dominación con miras a implantar un régimen hecho de retazos ideológicos de la vieja izquierda, militarismo y caudillismo, todo ello cubierto con el nombre de Bolívar cuyo uso desmedido da la impresión de que el gobierno ha literalizado el poema de Neruda a este héroe: “Todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada”, etc., lo que está bien en un poema, pero en la realidad resulta un exceso. En el país existe, sin duda, libertad de expresión, pero los llamados círculos bolivarianos —tenían que llamarse así, ¿verdad?— constituidos por el propio gobierno para su defensa, amenazan, insultan y agreden a periodistas y a manifestantes de la oposición. La justicia adolece de una falla radical: los poderes públicos —contralor, fiscal y defensor del pueblo— son personas que están al servicio del régimen y no al de la sociedad. También los magistrados del Tribunal Supremo fueron escogidos con la misma intención, pero últimamente dieron una muestra inesperada de independencia para consternación del gobierno que reaccionó inmediatamente con insultos y amenazas a los magistrados que no votaron como éste lo deseaba.  En una democracia es esencial que los poderes públicos sean realmente autónomos. A mi ver tal ha sido aquí el problema central pues sin justicia la verdad es inoperante. La división de poderes ideada por Montesquieu tenía el propósito de cerrarle el paso al despotismo y moralizar el Estado, urgencia por la que claman en vano desde su nacimiento los países de nuestro continente. “Es una experiencia constante —piensa— que todo hombre que posee poder tiende a abusar de él y esto último es, precisamente, lo que hay que impedir”, dice José Luis Aranguren en su libro Ética y política (Guadarrama). Por eso dije en una declaración que ese francés ha sido muy infortunado en nuestro país, sobre todo en el actual periodo. De tal anomalía —a la cual se suma el control de la Asamblea Nacional por el gobierno— se derivan los otros males que no voy a mencionar para no extenderme. Finalmente, no puedo pasar por alto que la cultura ha estado muy relegada. Daré un solo ejemplo: la Editorial Monte Avila tiene más de un año sin recibir el aporte del Estado para la publicación de libros. Es necesario sobre todo en Latinoamérica —permíteme insistir en esto— limitar el poder de los presidentes, tengan o no inclinación autoritaria, pues a veces actúan como reyes del periodo absolutista cuando simplemente son empleados públicos al servicio del país, y nunca al de una parcialidad, lo cual sería una aberración. Ellos son elegidos por el pueblo, denominación que incluye a todos los sectores de una nación, no por una divinidad. Ponerles coto mediante la constitución contribuiría a evitar que el poder los enloquezca, tal vez dejarían de sentirse importantes, y hasta se vuelvan humildes al perder los “humos de propia estimación”, para decirlo con frase de Santa Teresa. Después de todo, el brillo que presta el cargo dura poco, y al concluir, el mandatario pasa o debería pasar a ser un ciudadano corriente.


                             Lisbeth Salas, para el libro Rostro y decires. Tomada de aqui



Misterio y realidad
Hay cierta trayectoria del espíritu que inicia con una negación “de los caminos de gracia”; posteriormente acepta un “hambre de gracia”, hasta que llega a la aceptación del fluir con la vida. Así, concilia dos aspectos, la razón y esta apertura “al misterio de vivir”, es decir, llega a una “mística personal”, como dice. ¿El concepto del ethos clásico es la manera de conciliar estos aspectos?
Sí, procuro ir con la vida sin oponerle resistencia. Casi me dejo llevar, aunque a veces me atasco. Dependemos de esa fuente, pero no la poseemos, más bien le pertenecemos. Ver, sentir eso es una apertura que puede significar mucho para quien esté muy envuelto por su ego. Debo decir que siempre evito la palabra mística porque se presta a confusión. Al usarla conviene tener la precaución de precisar qué tratamos de decir con ella. Razón y misterio no se oponen, lo que pasa es que ella llega a un punto después del cual no puede seguir. Allí se encuentra con el espacio del misterio, palabra que por cierto tiene la misma etimología del término místico. Deriva como éste de mistés, que designaba en Grecia a la persona iniciada en los ritos secretos. Si lo que se llama certeza religiosa tiene que ver con creencia, pues no tengo ninguna. ¿Creer significa religión? Pienso que no, aunque es lo que piensan los más. Pero sentir el misterio que nos rodea y nos constituye sí me parece religiosidad.
Como ha dicho, en sus concepciones hay un privilegio de lo existente, e incluso, el concepto del misterio de vivir, se afinca en la realidad (por ejemplo, niega cualquier concepción que privilegie otra realidad más allá de ésta). ¿De qué manera esta visión se fue conformando dentro de su proceso crítico? ¿Qué se deja de lado o qué se gana?
La palabra realidad para mí es otro nombre de lo desconocido, que nunca será conocido. Es todo cuanto sucede, pero también lo nouménico. Detrás de lo existente hay una especie de inteligencia ¿verdad? Marco Aurelio tiene una frase que me gusta y viene al caso. Él habla de “la mente gobernadora del universo”. Piensa, por ejemplo, en nuestro cuerpo. Ahí tienen lugar innumerables y complejos procesos que afortunadamente no dependen de nuestra mente consciente. El yo no podría manejarlos, produciría un desastre como pasa con todo lo que toca. Es otra mente absolutamente impersonal la que los lleva cabo. Alan Watts tiene sobre esto páginas esclarecedoras. Preguntas qué se gana. Creo que nada y todo. Se deja de lado la mezquindad, y si aparece en nosotros nos damos cuenta. En realidad, no somos dueños de nada. El yo se apropia de todo empezando por el cuerpo, lo que le es más próximo. Si alguien, pongamos por caso, tiene un don, cualquiera que sea, el yo se lo apropia cuando en rigor el mérito de éste estribaría en lo que haga con él, pero básicamente no le pertenece. Comprender esto puede ponerle fin a la vanidad. Acabo de notar que estoy hablando como alguien que sabe y eso me alarma; pido me disculpen.
De pronto se vuelve la sombra, al yo que todo lo trastoca; por ejemplo, en Memorial: “hoy descubrí que el borde maligno aún existe”. Después escribe “Caemos, recaemos”. Una vez llegado al concilio, ¿éste permanece? ¿Qué es lo alcanzado entonces?
Porque no existe ninguna garantía. Podemos deprimirnos o sentirnos ansiosos o ser visitados por el miedo. Aunque se haya lidiado con el yo, es posible que esos estados se aparezcan y se trate de hacer algo, pero no creo que enfrentarlos con la idea de vencerlos sea lo más conveniente. Tal es el impulso habitual. Como si se tratara de una pelea, pero en este caso la inveterada agresividad de los humanos no tiene cabida. Ellos quieren siempre dominar, controlar, triunfar. Uno de los poemas de D. H. Lawrence que traduje hace tiempo es precisamente “Triunfo”. Lo copio.
Me parece que durante cinco mil años por lo menos
los hombres han querido triunfar, triunfar, triunfar,
triunfar sobre sus semejates, triunfar sobre obstáculos
triunfar sobre el mal
hasta que ahora la palabra misma es asqueante, no la
podemos oír más.

Si miráramos en nuestros corazones, veríamos
que detestamos la idea del triunfo,
estamos hartos de eso.
El trayecto no es lineal. Tampoco la palabra resultado sería apropiada y nada tiene permanencia, como lo sabía bien Heráclito.



El erario del poeta
Una característica de su escritura es un discurso contundente, pero sobrio, temperado, ajeno a la “verbosidad abundosa”, como usted dice, que se da a la par de un proceso de escritura meditado. Estos aspectos se reflejan en temas escritos a partir de una auto exploración honesta. ¿Desde qué convicción surge esta actitud de vida y escritura? ¿La asume como una estética?
Hoy pienso más las palabras, lo que tal vez no sea conveniente para la poesía, pero ¿qué puedo hacer? En su reino no caben las decisiones. Los cambios se dan un poco solos. Van apareciendo sin que uno se dé cuenta, aunque están vinculados con nuestro movimiento interior. Mi actitud no es estética, si bien le doy, claro, mucha importancia a la forma, sin ella no hay poema ni nada, y lo que haya de ética en mi trabajo nace de un sentimiento de unidad, de esa unidad que subyace en todo lo existente. Uno puede rechazar posiciones ideológicas de otros sin perder de vista que son seres humanos, y lo más importante es esta condición. Percatarse de que ella está por encima de todo es muy saludable en este mundo tan lleno de violencia. El crimen en política comienza con la palabra enemigo. Usarla es ya prepararlo.
Su escritura tiene varios registros: el poema breve y metafórico escrito en sus primeros libros; los poemas en prosa, abundantes y plenos de imaginería, y por último los aforismos y los “dichos”, donde sintetiza su pensamiento. ¿De qué manera este proceso estético se ha desarrollado a la par del proceso existencial? ¿Qué trayectoria de decantación implica el haber llegado a los aforismos?
Trayectoria existencial y proceso estético son inseparables. Los cuadernos del destierro fueron escritos desde la depresión, luego, poco a poco, iba saliendo de ella, lo cual se puede palpar en los libros siguientes. Junto a los de poesía fueron surgiendo los de prosa y por eso están como entrelazados. Las lecturas han sido vitales para mí. Me interesa mucho el pensamiento vedántico, el taoísmo, el zen, y del lado de acá Whitman, Rilke, Lawrence, Pessoa, Ungaretti, Milosz (Czeslaw), Michaux; han sido una presencia constante en mí. También Jung, Watts, López Pedraza. He leído mucho a los clásicos, sobre todo los españoles, y de los modernos a Ortega, Unamuno, Machado, Salinas y Guillén. De Hispanoamérica me han acompañado siempre sus maestros, Reyes, Henríquez Ureña (Pedro), Sanín Cano, Borges, Paz, pero en fin sólo puedo mencionarte algunas de mis lecturas. Es cierto, me atrae el apunte como el de Anotaciones, la forma gnómica de Dichos, el aforismo. Tal vez eso se deba a cierta urgencia por ir derechamente al blanco sin todo el acompañamiento explicativo que suelen llevar los escritos más completos. Tal vez influya también mi gusto por leer, que no me deja salir de la escritura breve. Tal vez mi propia limitación, no sé, pero confieso que admiro a los poetas abundantes, mis opuestos, aunque los leo poco. Los veo como a príncipes que hunden sus manos cada vez que quieren en su erario verbal y de ahí sacan toda clase de joyas. Yo soy más bien lento, paso semanas, meses, años revisando un poema, indeciso, avergonzado, pobre.
Un tema constante a lo largo de sus libros es una revisión del lenguaje, del poema y del poeta. Para usted, la poesía es contrapeso del poder, una ofrenda. En cuanto al autor “uno sólo espera de los poetas un óbolo que sirva para el trayecto”. Pero ante la barbarie, ¿el poema y poeta tiene algún sentido?
La poesía, el arte, el pensamiento son como contrapeso del poder y de la sociedad. Aquél tiende a volverse perverso y ésta a aletargarse. Se requieren antídotos fuertes para contrarrestar esas calamidades ¿y dónde encontrarlos sino dentro de la cultura? Se suele pensar que la poesía puede muy poco frente a la barbarie porque sólo le interesa a una ínfima minoría, pero ésta es una legión del espíritu y por medio de ella actúa la poesía llegando así a ámbitos más amplios. En todo caso, lo más importante es el desarrollo de la conciencia; en tal sentido la lectura, pero no sólo de poesía, es decisiva.




El hombre crucificado por su existencia
¿Cómo se puede conciliar esta búsqueda de la dignidad, este “autohacerse”, con el escepticismo que siente hacia el ser humano? ¿Éste es permanente y definitivo?
Escepticismo, para lo que uno siente en este momento, es un término eufemístico. Basta ver lo que ocurre todos los días en el mundo para no incurrir en optimismos, que nos colocan, voy a usar una frase que le robo a Juan Goytisolo, en las afueras de la realidad. La verdad es que nos hemos acostumbrado al horror. Ni siquiera el más extremo, el de los genocidios, no conmueve a la mayoría de los seres humanos. Voy a citar sólo uno. Según Mathieu Ricard, en un diálogo con su padre Jean Francois Revel, los chinos asesinaron un millón de tibetanos además de destruir seis mil monasterios y oprimen el Tíbet, todo ello ante la indiferencia mundial. En casi todos los países se violan los derechos humanos. Los más civilizados son los que fabrican más y mejores armas. El último aporte de Italia a la cultura, por medio de la fiat, es el haber perfeccionado las minas antipersonas. Ahora no las hace de metal sino de plástico para que no puedan ser detectadas. Mujeres y niños seguirán siendo las víctimas de esas bombas. Las armas atómicas y químicas continúan siendo una amenaza. No se le ve fin a la insania antirreligiosa de las religiones más mortíferas. El más inteligente de los depredadores sigue hiriendo la tierra, que es como si hiriera su propio cuerpo. Los brotes de violencia aparecen en cualquier parte, cesan en un lugar y surgen en otro. La delincuencia, el terrorismo y la corrupción son enfermedades endémicas y a todo lo anterior se añade el crecimiento desmedido de la población, que reproduce sin cesar los problemas; pero no seguiré esta enumeración. Son tan sabidos los males que nos rodean. En cuanto a los países hispanoamericanos, parecen destinados a no acertar. Suelen ser víctimas de caudillismos militaristas o de regímenes democráticos que terminan destruidos por la viveza criolla. En nuestras naciones lo único que parece prosperar es el ego. ¿Cuándo tendremos gobiernos donde realmente prevalezca la honestidad, una honestidad que sea inexpugnable? Yo siempre espero que aparezca el hombre ético. Sin embargo, a la democracia, aunque siempre nos deja insatisfechos, hay que cuidarla; esto se lo digo, con abuso de confianza, a mis queridos mexicanos, y la mejor manera de hacerlo es ampliándola, despojándola de sus vicios, haciéndola socialmente más justa y por tanto más sólida. Casi siempre es posible mejorarla, a menos que haya fuerzas diabólicas que lo impidan. Termino, a modo de desquite, con una pregunta. ¿Cómo anda la de ustedes?
[1] Cabe señalar que esta pregunta se le realizó todavía en el contexto del gobierno de Hugo Chávez.


Rafael Cadenas, Jalisco, 2009. FOTO Claudia Posadas (Detalle)

Tomado de Tierra adentro.