martes, 21 de julio de 2020

Mario Vargas Llosa a José Pulido: “El socialismo en libertad parece cada vez más remoto”...



Estimados Amigos:

Hoy tenemos el agrado de compartir con ustedes esta entrevista que el escritor venezolano José Pulido le hizo a Mario Vargas Llosa en 1982.

Disfruten de la entrevista.


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Mario Vargas Llosa: “El socialismo en libertad parece cada vez más remoto”...
 Una entrevista de José Pulido.




Mario Vargas Llosa, un escritor siempre vigente y activo




SIENTO UN ANGUSTIOSO VACIO CUANDO TERMINO UNA NOVELA.

José Pulido


Una bala pasó cerca de la cara de Mario Vargas Llosa, quien se lanzó al suelo exactamente en medio del estruendo de la guerra de Canudos. El cabello liso se le fue a la frente cuando levantó la cabeza y vio cómo los cangaceiros y unas mujeres descalzas disparaban, cargaban las armas, corrían, gritaban, contra un bosque de soldados que se hincaba y disparaba, se levantaba y disparaba, se lanzaba a tierra y disparaba.

Mario Vargas Llosa en la ráfaga de un salto observó a Joao Abade y más allá en una trinchera a una mujer delgadísima que casi cargaba a cuestas con un hombre de lentes rotos; entre una maraña de heridos, muertos y gente en retroceso vio un lomo que andaba, una melena sucia que se escondía tras los montones de cadáveres: “es el León de Natuba “, pensó Mario. Sintió húmedas las manos y al vérselas se percató de que a su lado se desangraba un caballo.


Única fotografía de Antonio Conselheiro, tras su muerte en 1897.


—¿Cómo dice?— preguntó Vargas Llosa mirando con fruición casi infantil las plantas ornamentales goteadas de lluvia del hotel Tamanaco.


El hotel Tamanaco.


—¿Cuál ha sido el cambio más importante registrado en su estilo de escribir La guerra del fin del mundo? —esa fue la pregunta.

—Para mí, el hecho de escribir una novela con personajes brasileños del siglo XIX, que no eran de esta época, significó algo distinto en relación con mis otras novelas… no sólo eran personajes de otra época sino que hablaban un portugués del siglo XIX. Es un libro despersonalizado, los otros surgieron en base a experiencias directas, éste no. Hay cosas personales que ni yo mismo capto, pero no en el plano anécdotico. El viaje en el tiempo, el espacio y lo concerniente a la lengua fueron tres desafíos que desconocía hasta ahora. La guerra del fin del mundo es una novela que me costó empezar y me dio un trabajo enorme, pero me resultó más exaltante, más emocionante. Era algo que quería escribir: la historia de Canudos me fascinó.




—¿Investiga mucho antes de escribir?

—En este caso sí, por ser un hecho histórico… —responde. Sonríe con los ojos y los dientes completamente desprovistos de maldad o de pedantería.
Cuando se queda en silencio esperando una interrogante que dé continuidad a la conversación, da la impresión de estar inmerso en una nueva trama o de hallarse apresado en los movimientos de Canudos.

—Después de lograr una novela que parece marcar una nueva y exitosa etapa ¿cuál es la meta más deseada de Mario Vargas Llosa?

—Tengo tantos proyectos para escribir —dice— que no voy a tener vida suficiente para llevarlos todos a cabo, aunque tenga muchos años de existencia… no voy a tener vida suficiente para escribir lo que quiero, no voy a tener tiempo suficiente. Mi proyecto inmediato es hacer una obra de teatro, una cosa distinta, una farra, una obra de humor grueso, truculento, algo de exageración, como el humor latinoamericano. He descubierto la posibilidad del teatro. Pensaba que en la novela se podía hacer todo, pero en un escenario tan reducido puede caber todo lo que se quiera expresar. Creo, por otra parte, que no hay motivos para sentirme exaltado o agotado: lo importante es no sentirse importante, darse uno cuenta que está en pleno proceso.




—Hay muchos personajes inventados en su novela, que se funden con los verdaderos: ¿cuál de esos personajes le emocionó más poner en acción?

La pregunta pasa sobre una taza de café que se enfría. “Yo quiero un cortico”, había pedido Vargas Llosa.

—Primero se me apareció Antonio El Consejero, un personaje que existió. Decidí tratarlo a distancia porque cuando intenté hacerlo desde adentro, íntimamente, lo mataba.  En la primera versión, el personaje que me estimulaba era el coronel Moreira César. En la segunda versión los lugartenientes, Pajeú, Joao Abade… luego fue el León de Natuba. Llegué a tener tres referencias superficiales sobre el León de Natuba: una aseguraba que había un escriba que anotaba todo lo que decía o hacía el Consejero; un personaje así donde había más del 90 por ciento de analfabetismo me interesó mucho. Otra referencia fue que su nombre era León de Natuba, de un sitio llamado Natuba; y la tercera que era un monstruo con deformaciones físicas. Poco a poco se convirtió en una obsesión para mí, me conmovía muchísimo ese personaje, en ese mundo tan primitivo y analfabeta. Representa algo así como lo más patético que tiene el intelectual, la confusión, lo indefenso, la impotencia de esa pluma rasgando el papel… Después me interesaron el periodista miope que es Euclides Da Cunha, sin cuya historia se habría olvidado casi enteramente lo de Canudos. También el Barón de Cañabrava toma fuerza luego y llega a entender el malentendido general que fue Canudos… a Galileo, el extranjero, lo tenía para otra obra pero encontró en La guerra del fin del mundo su lugar.

De improviso desea explicar que investigó bastante antes de escribir la novela “no por fidelidad sino para mentir con conocimiento de causa”. Cuenta que uno de los Vilanova sobrevivió y ya anciano fue entrevistado por un periodista, que escribió un libro muy relativo porque Vilanova estaba demasiado anciano.

—¿Sabe? estuve en un poblado brasileño llamado Bon Jesús y allí se conserva intacta la iglesita que construyó Antonio Consejero. Tenía aún el letrero que él ponía a sus iglesias: “Deus es grande”. Ahí entramos en una casita donde estaba una ancianita limpiando maíz. Hablé con ella sobre Canudos y me sorprendió, porque estaba completamente convencida de que Antonio Consejero está vivo —“espero verlo”— me dijo la viejecita.

Vargas Llosa disfruta esa experiencia. La viejecita le sirvió para crear al personaje que al final de la novela dice que a Joao Abade se lo había llevado un ángel.





LA FAMA

—¿Qué tipo de tristeza le ha traído la fama?

—Sobre todo —explica— complicaciones, pérdida de libertad, de privacidad, tienes siempre que tratar de defender tu tiempo. Quisiera quedarme viviendo en Lima, pero debo irme a Europa para poder escribir. La televisión convierte a uno en un objeto público, invadido, asediado por cosas diversas, unas importantes y otras tontas pero que me quitan tiempo. La fama crea enemigos, los amigos de repente se vuelven enemigos y no sabes por qué. Te odian a muerte. El ser figura pública es algo muy mediatizante. Yo deseo libertad para romperme la cabeza si quiero… la fama te petrifica a la larga, si no luchas y sobre todo si no te convences de que lo importante es no sentirse importante. Pienso que si mis libros no hubiesen sido editados en el momento justo y por una editorial importante, tal vez habrían pasado desapercibidos.



Él participó en una marcha que se hizo en Lima como protesta contra la represión hacia los obreros polacos, y señala que la izquierda peruana mostró un cambio positivo en su mentalidad al participar en esta acción.


Tygodnik Solidarność (Solidaridad Semanal): Primer periódico legal semanal  del sindicato polaco Solidaridad "Solidarność" antes de la ley marcial en Polonia. Imagen tomada de Wikipedia.


Sin embargo, manifiesta que “el socialismo en libertad parece cada vez más remoto”.

 Como vicepresidente del Pen Club, apunta que es una cosa terrible la lista de escritores y poetas presos que hay en muchos países de todo el mundo.

“Ningún país tiene el monopolio de la barbarie” asegura, refiriéndose al hecho de que en el capitalismo y el socialismo hay creadores presos o sometidos a la represión constante.

“Me parece una aberración incomprensible denunciar lo de Pinochet y silenciar lo de Polonia”, dice.


Mario Vargas Llosa en 1982Fotografía tomada de Wikipedia.


MIEDO DE ESCRITOR


La lluvia amenaza a Caracas y unas gotas esparcidas como polvo van mojando el exterior.

—¿A qué le teme Vargas Llosa?

El escritor confiesa: 

— Quizás a la esterilidad intelectual… Si en algún momento quedara privado de eso, que es lo más importante, realmente sería peor que quitarme la vida. Las cosas que escribo son mi manera de vivir, temo al apolillamiento en vida… me asusta. Uno descubre que hacerse famoso escribiendo no es lo importante sino el tránsito hacia el libro, escribir un libro, el ejercicio en sí mismo es lo que te hace vivir.

Se calla y luego repite: "me asusta. Escribir es mi orden vital, es lo que me organiza la vida. El momento más horrible llega cuando termino un libro… siento un vacío muy angustioso, pero cuando me embarco en otra novela se me organiza el mundo: es como un centro de gravedad".

—¿Cuál de sus libros se ha vendido más?

—No llevo estadísticas, pero creo que Pantaleón ylas visitadoras.


—No… yo admiro muchísimo Los pasos perdidos y El siglo de las luces, pero en mundo carpenteriano es muy frío, casi glacial, la prosa de Carpentier es petrificadora, congela totalmente todo lo que toca con su perfección formal y su erudición libresca… es un mundo estatuario. La acción es el eje de mi novela, el acto prevalece en ella, la cronología es casi lineal y la estructura es simple y transparente: Es una novela de aventuras.


Alejo Carpentier.

Vargas Llosa dice que, probablemente en septiembre de este año, se montará en Venezuela su obra teatral La señorita de Tacna, que ha sido bien recibida en Lima y Madrid por el público y la crítica.

El silencio parece envolverlo con un celofán a través del cual Caracas se esfuma. Antes había dicho que trata de no recordar Canudos, la historia, la novela. Ahora parece irse hacia aquella trama que revivió y lanzó al mundo. Oye los balazos, los gritos, los vivas a Dios y los mueras a la República. Miles de balazos le lanzan tierra en la cara. Se esconde detrás de un árbol de pocas hojas y tronco achatado.




Una pelota de tenis cae y con un diminuto tamborileo blanco se detiene cerca de los pies de Mario Vargas Llosa. Unas piernas doradas y suaves, y una cabellera casi albina, dan un paso hacia la pelota. Dos ojos verdes, con centros negros, observan asombrados al escritor y esas pupilas reflejan a dos Vargas Llosa tomando la pelotita con cierto temor ¿una bala?. Una mano se agranda en el video tape de los ojos femeninos. La tenista da las gracias en inglés y un tanto confundida se aleja hacia las canchas pese a la amenaza de lluvia. La faldita blanca se detiene en un ángulo de la escalera, como una banderita que ondea demasiado. Vuelve el rostro y sonríe.


El Nacional, 15 de enero de 1982.


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.



Arthur Miller: No hay nada nuevo que pueda decir sobre Marilyn

Una entrevistade José Pulido


Enlaces Relacionados:



































































































































































































domingo, 19 de julio de 2020

“PARTIR”, DE ALEJANDRO SEBASTIANI VERLEZZA.




Crónicas del Olvido

“PARTIR”, DE  ALEJANDRO  SEBASTIANI  VERLEZZA


**Alberto Hernández**

**Foto: Carlos Germán Rojas**

“Por múltiples senderos,
de todos los países,
marchan los emigrantes.


Estos vienen de las estepas blancas,
que acorta el ferrocarril transiberiano.
Traen los ojos hondos de niebla y de tormenta.
Han visto las cosas antiguas 
de los emperadores y de los lobos hiemales…”

**Joaquín Gabaldón Márquez: “Los hermanos”**


“De la otra orilla llegaban amables los poetas
salidos ya de las garras del naufragio”.

**Rubén Osorio Canales: “Estado de sitio”**


“Ahora. Mañana. Bocas de lobo en esta tierra.
La esperanza pidió asilo en otra.
Ayer se respiraba aire puro. Hoy, aflicción.
(Sobre)vivir implica diarias dosis de nostalgia”.

**Yéiber Román: “Los futuros náufragos”**

1.-

Podría parecer intrascendente, pero hay un momento en que emerge un impulso que nos lleva a quitar el polvo de una maleta mientras intentamos meter en su interior ropa y artículos de aseo personal. Y en ese instante, el polvo que anida en un rincón del equipaje nos lleva a pensar en la gente que se queda, en la amada, en la que no amamos, en los lugares visitados, en las calles que hemos transitado, en los momentos alegres, en los tristes y también en los fracasos, porque irse, escapar del país, es un evento que comprime el deseo de quedarse, de establecer las razones para que el mapa que se ocupa no sea luego un recuerdo, una distancia, una manera de decir que hemos salido porque no quedaba otra opción. O porque el mundo que ocupábamos se nos hizo estrecho. O porque –es lo más seguro y urgente- el país que hemos tenido por casa ya no nos pertenece.


“Partir”, título de Alejandro Sebastiani Verlezza, publicado por Oscar Todtman Ediciones, Caracas, 2019, lleva al lector a ser plural, no porque él haya partido con un amigo, vecino o familia, sino porque muchas de las personas amadas, conocidas o gramaticales lo han hecho sin él y él a la vez siente que se ha quedado para marcharse en el mismo lugar. 
Por eso se puede afirmar que “partir” es el otro en nosotros. Que el éxodo es un nosotros en uno. Que el poema casi desconocido de Joaquín Gabaldón Márquez es parte del equipaje emocional que habrá de llevar en la mirada quien se va, quien se convierte en emigrante, y que los versos de Rubén Osorio Canales suscriben lo que más adelante, en el tiempo, ha escrito o seguirá escribiendo Alejandro Sebastiani Verlezza, el poeta que hace poesía desde esta orilla en la que estamos instalados, pero puede sentir desde otro lugar la ausencia de quienes llegan a ese allá lejano.

La tierra, el trozo que compartíamos, queda desalojado: el asilo mencionado por Yéiber Román desglosa todo el discurso del déspota, quien ha provocado la desbandada, la partida de quienes ahora cargarán con la aflicción abrigada por la nostalgia.

Tres generaciones distintas han escrito ese “partir”, el tema que hoy nos congrega. Sólo tres de los tantos poetas y narradores que han paseado su angustia por el escape de las dictaduras, de los golpes mortales de quienes han transformado el país en un desierto social, político y económico.

Sebastiani Verlezza confirma su existencia en estas páginas que leemos para desnudarnos como exiliados, como insiliados (porque también partimos o huimos dentro del mismo país), como presencias invisibles, como fantasmas en medio de tanta “sombradura”.

2.-

Partir es cambiar de lugar. Aunque la memoria se quede en el de origen. Partir es ver pasar los distintos accidentes geográficos por nuestro ánimo. Partir es quedarse en otro paisaje mientras se escapa, mientras se deja la piel de la ciudad, del pueblo o caserío natal. Partir es estar siempre en la extrañeza del otro. Por eso, la lectura de Alejandro nos obliga a vernos en estos versos:


“el paisaje está ahí/ -siempre moviéndose-/ aunque a veces lo quiera ver fijo/ hay pequeñas coladeras de luz/ sombras van desdibujándose en el piso/ sobre una tabla demasiado corrugada…”

El que viaja se desconoce en la medida en que va conociendo lugares. Quien viaja se desprende. Deja su nombre en la boca de quienes lo despiden. Siempre habrá una intención poética en la ausencia, aunque quien lo haga no tenga conciencia de la poesía. Los viejos relatos griegos confirman que somos herederos de aquellos eventos.

Dejarlo todo para no borrarlo. El lugar que abandonamos al partir se lleva en las maletas. O en la mochila de quien cruza el páramo.

La idea de barrer, de limpiar, de dejar limpio el lugar que desocupamos, nos hace a la idea del lugar que habremos de ocupar:

“…ahí no habrá aserrín ni extintor capaz de amansar las aguas/ no habrá distancia/ -ni vergüenza-/ el pan no será amargo/ la tristeza será capaz de traspapelarse/ y el exilio/ -si alguna vez llegamos a nombrarlo-/ será otro chiste más la sobremesa del caos/ que nos desanda hacia/ la piedra la espuma/ la cuerda y la vibración/ el nombre y su carne buscando aliento…”

Podría suceder que quien parte no tenga idea de que ha partido, porque se trata de una pesadilla, de un mal sueño en plena siesta, de un mal “chiste” mientras se traga el pan, que no es “amargo”, pero sí solitario. Mientras tanto, se esconden en el armario algunas palabras que podrían advertir de otro “caos”.

Por eso: “Con esta máscara/ será posible adentrarse en la ilusión”.

3.-

Ir, partir “hacia ninguna parte” es el plural que se le asigna a la larga cola en la frontera. A los pasos apresurados sobre los colores de Carlos Cruz Diez en el aeropuerto en Maiquetía. O a los saturados nervios al cruzar el Arauca en una canoa. Es la pregunta de la voz sobre la lenta superficie del río Apure en viaje de huida hacia las entrañas de la selva en Doña Bárbara”. La soledad obliga a la liturgia de una oración y a juntar a todos los santos: “¿Con quién vamos?”.


El “Aquí” que se queda se convierte en otro lugar para imaginarse cerca. Y los recuerdos, las imágenes fallidas en la pupila:

“todo/ todo/ fue barrido/ apenas quedaba/ tu tos/ esa presencia de la ceniza/ su paso avasallante (seco)”.

De ida y vuelta, los poemas se apresuran a encontrarse en los distintos sitios donde los que parten hacen nido. Un solo vagar, un deambular del alma. Un agregarle al espíritu otro acento, otras amarguras o alegrías.

El antiguo inventario de la mitología nos asume como personajes de la que hoy se construye, de la épica que congrega a culpables e inocentes: los que se van porque sus anhelos no caben en el mapa y los que lo hacen porque sus delitos podrían tener futuro en otros ámbitos.

Aquí entonces el Odiseo, el que se tapona lo oídos para no escuchar los gritos del país o quiere oír otra voz que lo haga visible entre preguntas sin posibles respuestas:

“quiénes han sido/ -dónde están-/ los que supieron amarrarse al mástil? // ¿dónde viven?//¿en cuales aguas?”
Y más adelante, al salir del naufragio o salvarse de él, ya en otro horizonte:


“¿qué es la lejanía / sino el morboso e invasivo impulso/ por levantar los dedos/ y fijarle la hilera al paisaje?”.

4.-

La afirmación de “partir” encaja en la idea de regresar, en la idea de mirar hacia dos lados, hacia dos orillas, hacia dos puntos de vista, hacia todos los cardinales para –al final- tratar de regresar, que es una manera de partir en otro tiempo, en el que vendrá. Aunque no se retorne.


Y mientras eso pasa, de nuevo el equipaje, el momento de partir, de justificar el escape, la ausencia:
“ahora están llenas de basura las maletas”

(…)
“partir/ siempre será necesario/partir sin turbación (…) así sea hablando solo”

(…)

“marcharé/ largamente/ sin anhelos”, porque “cambiar tierras siempre entusiasma/ llegué y no me fui”,

Y

“yo no sé si un día vuelva”.


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Alejandro Sebastiani Verlezza.


Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982). Poeta con incursiones en las artes visuales. Ha publicado en poesía: Posdatas (El pez soluble, 2011), Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016), Partir (OT Editores, 2018), Los hilos subterráneos (Eclepsidra, 2020), el diario Derivas (bid & co, 2013), La orilla del retorno (El Taller Blanco, 2023) y Festina Lente (LP5 Editora, 2023).

Aparece en las compilaciones Voces nuevas 2005-2006 (Celarg, narrativa), Voces nuevas  2006-2007 (Celarg, ensayo), 102 Poetas. Jamming (OT Editores, 2014), Tiempos grotescos (UNAM, México, 2015), Nuevo país de las letras (Banesco, 2016), Nubes (Pre-Textos, 2019) y Total interferencia (LP5 editora,2021).

Ha participado en las muestras colectivas Ciudad volátil (La Caja, 2011), Confluencias (Galería Universitaria, UCV, 2012), Reflejos vagabundos (Librería El Buscón, 2013), Caracas horizontal (2013), Manifiesto país (Sala Mendoza, 2014) y Fragmentos a su imán (Sala Mendoza, 2019).

Con Adalber Salas Hernández editó Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia, 2013) y Destinos portátiles (Vallejo & co, 2013). Preparó las antologías Del fluir de Santos López (Kalathos, 2016) y de Armando Rojas Guardia La otra locura (bid & co, 2017). Ha colaborado con poesías, prosas y traducciones en las siguientes obras de Paolo Gasparini: El baúl mundo de Paolo Gasparini (La Cueva, 2018), Andata e ritorno (La Cueva, 2019) y Da Gorizia alle Ande (Galeria Studio Faganel, Gorizia, 2021). Con Carmen Verde Arocha publicó Al tanto de sí mismo. Conversaciones con Alfredo Chacón (Eclepsidra, 2021). 

Licenciado en Comunicación Social (USM, 2005) y Letras (UCV, 2012), donde ha ejercido la docencia en el departamento de Literatura y Vida desde el año 2015. Obtuvo la Maestría en Estudios Literarios de la UCV (2022), cursó el diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2014) y formó parte de la IV edición de la Semana de la Narrativa Urbana (2009). Hizo la residencia para escritores en Rianxo –Galicia– con Axóuxere Editores (2013).

Del libro La orilla del retorno, publicado por El Taller Blanco Ediciones, Colombia, 2023.



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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés.