miércoles, 26 de enero de 2011

"La vida comienza a los 70".

Una entrevista a la poetisa Tomasa Ochoa Cordero


Tomasa Ochoa en 1986. Fotografía de José Ricardo



La poetisa y pintora carabobeña Tomasa Ochoa Cordero, falleció el pasado jueves 20 de enero de 2011 en la Valencia de Venezuela o de san Desiderio. El sabado 22 fue cremada acompañada por la poesía, familiares, amigos y admiradores. No faltaron versos ni perfomances para despedirla. Tomasa había nacido un 15 de enero de 1915 en las tierras altas de Carabobo, específicamente en  el pueblo de Montalbán.  Como poetisa llegó a publicar cuatro libros que llevan los siguientes títulos: Canto uno, Montalbán; Mi canto es del viento (Separata, 1981); Páginas en el espacio (Ediciones del Gobierno de Carabobo, 1991) y Viento de sequía sobre el arado (Ediciones del Gobierno de Carabobo, 1996). Como pintora llegó a participar en diversas exposiciones artísticas efectuadas en los estados Carabobo y Aragua,  siendo destacable  la admisión de sus obras en tres ediciones del Salón Michelena, el salón más antiguo e importante de Venezuela.
Como un pequeño homenaje el grupo Li Po decidió publicar esta entrevista realizada a Tomasa por la escritora Laura Antillano en 1986 para el número especial de la revista Pandora, de el diario  El Nacional, dedicado al estado Carabobo. Agradecemos a Richard Montenegro facilitarnos el acceso a su hemeroteca y el haber digitalizado el material.
Cerraremos la nota introductoria a la entrevista con las palabras que le dedicó el  escritor  José Carlos De Nóbrega:

El viento seguirá susurrándole versos sencillos e inmediatos y, con la vista recobrada, pintará estampas arraigadas en la tierra y el corazón. 


  La vida comienza a los 70


Tomasa Ochoa nació en Montalbán una mañana de 1915. Si ustedes han estado en Montalbán sabrán de qué estamos hablando: un cielo siempre limpio, con nubes que parecen pintadas con creyones prisma-color, una placita en el centro, una gente que se quitaría la camisa para regalártela si a ti te gusta. Las casas tienen como empalizadas donde se unen hasta los cardos y los arbustos. Bueno, Tomasa ahora pasa por allá de visita, a ver una hermana que es igualita a ella, pero menos empapada de esta cosa de ciudad, y a la que ella le lleva medias de esas largas hasta arriba hasta el último cuento de los nietos.

Lo que pasa es que Tomasa se quedó en Valencia, en el barrio El Palotal, para más señas. Esa casa, escondidita, se volvió como la casa de los perros recogidos, de los poetas sin techo, de toda esa gente que anda por ahí sin mucho acojo, quienes venían a recibir la mano de buena samaritana de la señora. Después se mudó para La Pastora, y allí está, en una casita cerca de la Avenida Cedeño, cerca también del Ipasme (todo esto por si quieren visitarla).

L.A. —¿Cómo es eso de que tú te pusiste a escribir después de que eras " gente grande"?

T.O.: —¿Después de vieja? bueno, sí, es que yo estaba con un telegrafista, tu sabes, el padre de mis hijos, y él trabajaba de noche, sobre todo de noche, sí, en una guardia fue que se murió, entonces nosotros tenía una vida como muy movida, con mucho viaje por el trabajo de él, me llevó a Maracaibo y a Cumaná, y a todas partes, y con los hijos. Entonces después que él murió fue que yo vine a salir de casa y valérmela sola, antes no. El me cuidaba.

L.A.: —Tu has contado que él era leído...

T.O. -Sí, como no, él leía cosas, le gustaba, él era preparado, tenía una letra muy linda, y me escribía cartas bellísimas. Al principio a mí él no me gustaba, pero como dicen, la porfía... me escribía esas cartas y mazos de telegramas (era telegrafista) me leía y me aconsejaba, me cuidaba, me ayudó a mejorar la letra.

L.A.: —¿Y cuándo inventaste eso de dibujar y escribir?

Página de la extinta revista Pandora de El Nacional de donde fue extraída esta entrevista


T.O.: —Quería escribir, hacer cosas bonitas, cosas que me gustaran, eran como unas ganas, un "impulso".

L.A. —En tus poemas anotas la hora al final y veo como una rúbrica.

T.O.: —Se la pongo como una protección, lo de la hora, me ayuda a saber, lo anoto en seguida, siempre pongo la verdad en esos poemas, en todo lo que hago, me hace feliz hacerlo, me llena- yo los llamo los disparates, escribo mucho cuando estoy triste, son mis pensamientos.

L.A.: —¿Para quién escribes esas cosas?

T.O.: —Para mí y para la gente, y al principio lo hacía mucho para mi nieto, esa es letra de él, los cuadernos es él quien los escribe, yo se los dicto, él creció aquí conmigo, yo lo crié. Mi otra compañía es mi Malva, mi perrita. Ella no me abandona, todo lo que hablo lo hablo con ella, somos amigas, y entonces escribo, hay que escribirlo porque lo hablado pasa...

Dejamos a Tomasita, rodeada de sus matas, de sus dibujos de caracteres muy pequeños, en donde combina imágenes recortadas y dibujos superpuestos, la dejamos con Malva, con los poemas, con la taza, el pocillo para el café, y con sus ojos verde-agua profundos, y sus manos con las líneas azulitas de las venas a flote.
 
Laura Antillano



3 comentarios:

  1. Gracias por dar a conocer a Tomasa Ochoa, ha sido maravilloso encontrarla como porteña, como mujer, como escribidora de disparates también.

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  2. Carolita gracias por pasra por nuestro blog. esun placer divulgar las cosas buenas que tenemos.

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  3. que bien me siento al leer sus poemas y haber conocido a Tomasa me llena da orgullo

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