Wafi Salih ha sido fecundada en los amores de dos países.
No hay ninguna duda de eso: Wafi Salih tiene su jardín propio. Vive en el modo de ser de una escritura que cultiva como si fuera un pueblo de mujeres ella sola. Mil manos firmes pero amorosas sembrando imágenes, ideas, explicaciones del alma sobre las experiencias que la realidad depara.
El oasis que brota para complementar el desierto; la isla que se anuncia para el naufragio.
Mil ojos escrutando para entender las transformaciones del dolor y del querer; una sensibilidad exigente para saber en qué momento han alcanzado su más alto fulgor la belleza, la conciencia y la imaginación.
Una paloma hay en ti, noble y orgullosa, caída de lo más alto del cielo. No hay velo que la oculte y, sin embargo, ni la mirada del iniciado la ve.
Esa paloma es un alma. Un alma semejante a la poesía de Wafi Salih. Con la diferencia de que los iniciados y los no iniciados tienen la posibilidad de estimar la riqueza de su escritura.
La poeta Wafi Salih
Unos dicen que Wafi Salih nació en 1965 y otros que nació en 1966, aunque eso es de escasa importancia. Lo importante es que nació, creció y escribe unos poemas que lucen con el brillo de la más meditada poesía.
Nació en Valera, estado Trujillo, y parte de su adolescencia la vivió en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo. Es profesora de literatura, magister en Literatura Latinoamericana, egresada de la Universidad de los Andes.
(Su familia es del Líbano. El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano. Y además, en el Cantar de los cantares preguntan: ¿cómo es el olor de tus vestidos? Y allí mismo responden: como el olor del Líbano).
(Adquieres más poder gustativo si creces en el sabor de los pueblos zulianos, en la Costa Oriental del Lago, por ejemplo, donde hubo épocas en que se tornaba maravilla posible saborear el chivo en coco o los dulces benditos que han inventado o mejorado las manos de las mujeres de esos ámbitos. Ahí se quedó establecido el sabor que ha llegado desde los pueblos indígenas, los seres que hablaban con los peces antes de pescarlos y hacer sus platos; las recetas de sus costumbres y de sus ancestros traídas por los europeos anhelantes y por los africanos que podían hacer un plato regio con hojas de yuca.
Después, si tienes la constitución genética y sentimental del Líbano, significa que hueles cuando los rayos del sol atraviesan las hojas; porque el Líbano es un aroma fundado por la naturaleza en celo, por el ave Fénix buscando nido y por todas las divinidades que se quedan pegadas en cada paisaje oloroso a paraíso).
Entre sus libros figura un ensayo sobre el feminismo, titulado Las imágenes de laausente, que publicó Monte Ávila Editores en el año 2007. En ese libro Wafi Salih expone:
Abundar en los detalles de un enfrentamiento de sexos es un tránsito sin desplazamiento, aunque es necesario recalcar el crudo argumento que redunda en la visión de la mujer como la siempre excluida, la apartada de la autoría de las épocas, la heroína sin epopeya.
Exclusión ésta, marcada al hacerla ajena del espacio público, con lo que a ella no sólo se le condena a vivir en el lugar privado-doméstico, también se adiciona a dicha condena la argumentación de los rituales: el cuerpo como pecado, la debilidad física, la conspiración banal, el desinterés político, alejándola de la posibilidad de ser semejante al varón en la búsqueda del poder.
Echada a un lado, la mujer redimensiona esa consigna aleatoria de toda revolución: “libertad, igualdad, fraternidad”, para ella tiene otro sentido, pues si bien un esclavo puede liberarse y hacerse propietario de su trabajo, un obrero emanciparse y ser dueño del valor social de su producción y de su vida, una nación puede ser edificada, redimida, la mujer “al dejar el arma” debe regresar a su labor de madre, de esposa, de hija, de propiedad, pero sobre todo, debe ser devuelta al principio, al silencio.
Entre otros ejemplos, Salih analiza la gesta de Juana de Arco, quien colocó en el trono a Carlos VII y sin embargo no fue considerada una presencia determinante de la mujer. Aunque la quemaron amarrada, en un solo haz, con toda su vehemencia, su valentía y su nobleza femeninas.
Tomemos el ejemplo de Juana de Arco, quien se representa como una “verdad revelada”: es un “mariscal” victorioso liberando Orleáns, derrotando a los ingleses en Poitiers. Su acción guerrera no se le aduce ni a su razón, ni a su arrojo, ni a su visión de guerrera; su actuación se inscribe como ejecutoria del mandato divino, es decir, ella es un ser intervenido, ungido con las potencias de lo masculino, con sus atuendos, con su misma voz (viril); es un otro que no viene a redimir al invadido pueblo francés, sino a suplir una carencia transitoria: la necesidad de liderazgo moralizante.
Y la poeta especifica:
En los leños no arde Juana, en la pira no se corrompe una bruja, no, en la pira se vuelve cenizas la debilidad masculina, debilidad para la que no está preparada la Francia viril. En llamas yace la demostración práctica de la impotencia del poder del varón. De alguna manera, Juana había roto la fundamentación bíblica donde se sostiene el significado de la “debilidad absoluta” de Eva.
Wafi Salih ha sido traducida al árabe, al francés y al inglés. El escritorEnder Rodríguezla ha definido acertadamente: “Lo vivido se ha convertido en sus obras literarias, ella es lo que escribe”.
Es de innegable importancia este ensayo, de una seriedad acentuada por la investigación de la autora. Pero me he dedicado a leer con voracidad su poemario El dios de las dunas. En cuyas páginas he vivido la fascinación por una poesía propia, de ella, de la mujer que se moviliza en la escritura al ritmo que le impone su conciencia.
El dios de las dunas
En la niñez se perciben varios mundos. Predominan el de la vida real que tiene sus sabrosuras y sus incomprensibles arrebatos de equivocación adulta, y el de la fantasía obligatoria que puede convertir una hoja de cuaderno en alfombra voladora. En la infancia se poseen la patria del hogar y la patria que se intuye en la lejanía de los orígenes.
Eso podría comentarse partiendo de este verso:
¿Quién puede en el rayo de la niñez distinguir dos cielos?
Salih gesta frases contundentes envueltas en la atmósfera de una poesía extremadamente sagrada, con aires de templos viejos, de civilizaciones perdidas, de divinidades que ya no recuerdan lo que fueron, ni quiénes las adoraron.
Uno de los poemas más hermosos y perfectos de Wafi Salih figura en las páginas del libro El dios de las dunas:
En los nichos del aire, rapta lentamente
sobre mi incertidumbre, esta noche de café e insomnio,
relámpago en su sílaba más alta desata un pájaro, oxida los
segundos. Noche de la noche, mellada como un cuchillo en
las mejillas, como el eco de una página borrada del porvenir.
Oigo sus torturadas formas en el declive de los jazmines.
Lobos, lobos en la piel enloquecidos, buscan
salir hacia atrás, donde la palabra por decir desvanece la
visita de los que se han ido, el cielo imposible entre ruinas de
agua.
Siglos y minutos como migas caen en el
mantel esparcidos, líquido del canto en el alma de Agar.
Dialoga el Sahara como un conjuro con mi nombre, cierra las puertas del mediodía. Un río contra otro, la geografía de tus
manos, dobla esta noche como un imposible poema de amor.
De pie ante el cielo, soy uno en el sin fondo. ¿De qué tierra
inclinada en el pecho me duelo?
Leerla es expresarla un poco
Ella ha sido fecundada en los amores de dos países. Es una venezolana fuertemente marcada por la libérrima calidez de la vida zuliana, por la búsqueda punzante de la verdad y la belleza que es una fiesta y al mismo tiempo un combate en el alma maracaibera. Wafi también es ese tormento que la guerra ha dejado encima del Líbano, ese lugar de fragancias donde “la alta cumbre del Hermón” se emparenta con los cielos. El venezolano que la lee siente el contacto de los calores humanos que la naturaleza ha gestado; el libanés que la lee puede encontrar en su poesía las heridas profundas de Beirut y la curación otorgada por el aliento del Monte Líbano.
Caracas, me encuentra una tumba sobre un mapa del Líbano.
Una página, como un mercado persa alisa la mirada,
afirma negándome un desordenado amor infatigable
Este país comienza a caminarme,
su longitud de signo desnudo ensancha el Sinaí,
sepulta en el aliento punzante los retratos,
algo sobre el ademán de la tarde
He gastado como fósforos mis días.
Una pequeña estatua entre Beirut y Baalbak.
En estos días, de tanto leerla, dije “voy a escribir algo”, sobre todo para dejar sentado que la estamos leyendo en alguna parte, nosotros, los lectores que no la conocemos en persona. Con la única finalidad de darle apoyo en estos tiempos difíciles a quienes laboran con el lenguaje para mantener los espíritus con vida. No tengo ni un ápice de crítico o de ensayista literario. Lo que hago aquí es mostrar el sentir de un lector.
Los haikús
Ahora repito la frase del escritor Ender Rodríguez, pero un poco más completa:
Lo vivido se ha convertido en sus obras literarias, ella es lo que escribe. Algunos haikús o poesía breve, como prefiere llamarlos, tienen un dejo en su tono, de pureza infantil.
Esa alusión a los haikús da pie para mostrar otra faceta de Wafi Salih, quien tiene figuración internacional gracias a la difusión de sus haikús.
Por cierto: ella mantiene en bajo perfil una contentura. Es un secreto que está contenta porque varios amigos que estuvieron en un recital de Rafael Cadenas, le contaron que el poeta la mencionó de manera elogiosa. Ella no lo difunde, pero sus amigos sí. Wafi admira, como una mayoría de lectores venezolanos, a Rafael Cadenas. Y el poeta Cadenas recordó a Wafi gracias a los haikús. Así lo ratificó una amiga común, que estuvo presente en el lugar de los hechos.
El poeta leyó tres poemas breves de su libro titulado Sobre abierto. Y comentó, con su humildad de siempre, que no se trataba de haikús “porque el haikú es una forma muy exigente de escritura”. Y apuntó algo así como: “Hay una poeta en Barquisimeto (Wafi Salih), que escribe muy bien los haikús”.
Ahí llego inusitadamente y aprovecho para colocar unos haikús de Wafi Salih:
¿Quién comerá
los dátiles que plantó
mi abuelo?
(Significa que en el Líbano quedó una parte de la vida del abuelo, el resultado de una buena acción en favor de la naturaleza y la existencia. Pero ella no sabe si habrá gente para comer esos dátiles. O duda respecto al tipo de personas que aprovecharán lo que ha nacido gracias a su abuelo).
Puente colgante
deja pasar también
a mi tristeza
(La tristeza es como un sentimiento independiente de todo, que existe por su propia cuenta. Igual que el puente. Y ella no tiene inconvenientes en que ese trayecto que une dos orillas, que carece de principio y de fin, deje pasar a la tristeza. Porque le pertenece. Aunque la tristeza sea independiente y haga lo que le venga en gana)
Blancos suspiros
cuando miro las garzas
cruzar el cielo
(Precioso. Las garzas son suspiros y los suspiros se vuelven garzas. Y los suspiros podrían tener que ver con la imposibilidad de ir lejos, a través de la libertad del aire, tal como lo hacen esas aves)
Casa en ruinas
una mujer espera
señales del cielo
(Este me gusta sobremanera. La fe. El diálogo del espíritu de la mujer con la inmensidad. La casa en ruinas es una señal para el cielo. Ahora, firmamento, haz el favor de mostrar la señal de los astros)
Por mi ventana
los lirios del comedor
ven la tormenta
(Este es un poema extraordinario. Los lirios son seres vivos que están ubicados bajo la protección de la casa, de la mujer. Se hallarán a salvo hasta que les llegue el momento de marchitarse. Pero ahora ¿tienen miedo de la tormenta? ¿añoran estar a la intemperie? ¿qué ven los lirios?)
Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.
Vive en Génova, Italia.
En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado acreadores y artistas.
(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correo: jipulido777@gmail.com)
Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras.Ha sidoinvitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova.Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.
Publicaciones más recientes:
El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.
Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.
Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.
Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado porBarralibro Editores.
El escritor Ender Rodríguez comparte algunos de sus hallazgos tras la lectura de la poesía de Wafi Salih.
“Yo Wafi Salih
un haikú con espinas
sobre el mundo”.
...¿Será cierto que existo?...
...¿Cuantas tumbas hay en el pecho de Dios?...
Por Ender Rodríguez
El texto a continuación trata de ser un aproximado espejo que se asoma a la multi-versa poética como indagación de la vida en Wafi Salih. No pretende ser un estudio, cronológico, en todo caso, sería más exacto decir que intenta apenas dejarse tocar profundamente por el aleteo de la lírica y el aullido prolongado de lo más vívido en su literatura. Y es que Wafi (Valera, 1966), es una escritora libano/venezolana complejamente inclasificable, no representa ella una limitada bandera dedicada solo al registro de versos sobre los dolores de una confrontación armada en el espectro árabe, ni es la pura belleza y absoluta del canto/ haikú, ni tampoco una única ensayista amante de la espiritualidad aborigen venezolana en María de La Onza, menos aún es solamente una pedagoga de la vida desde su larga carrera de “maestrías experienciales” o quien solo ha generado “guiones para teatro” montados en más de 300 oportunidades por el país; es decir, no es así, porque Wafi son todas las Wafi Salih que la naturaleza integradora del “Todo” le ha obsequiado ser desde la multiplicidad de su ser, de su “otredad vital” que comulga en ella y se interrelaciona en mediación con el mundo.
“Nativa de un país mío y desconocido me nombro donde no estoy”
Lleva la poeta consigo el olor en su memoria del cedro, la flor del azahar, los dátiles, la voz genética al fondo de sus palabras; Parte de su infancia y y juventud, criada en la Costa Oriental del lago, en el Zulia, Venezuela y esa otra patria de sus parientes de sangre, evoca, también su escritura, el arrullo de los balancines que con su seco chirrido, como un lamento, succiona el negro oro, que es el petróleo.
Lo vivido se ha convertido en sus obras literarias, ella es lo que escribe. Algunos haikús o poesía breve, como prefiere llamarlos, tienen un dejo en su tono, de pureza infantil. Etérea, en ese maravillarse ante los elementos, fluye en una cosmogonía de lo que existe y puede vivirse tanto hacia adentro como hacia afuera. Conocida como la maestra del poema breve en el país, se borran las fronteras, los limites, de las realidades, en esos rayos de luz que son sus versos, siendo afuera, adentro, y viceversa. Pienso que estas poéticas tan sucintas, son una manera de sobrellevar el mundo, huir de las puertas de la desolación. Son un método para encenderse el alma desde el enchufe esencial: el verbo.
“Mientras,
La Vía Láctea
en mi taza de té
cada mañana”
Ha publicado Wafi los poemarios Los cantos de la noche (1990), Las horas del aire (1991), Pájaro de raíces (2002), El Dios de las Dunas (2005), Huésped del alba (2006), Caligrafía del aire (2006) y Cielos descalzos (2009), Con el índice de una lágrima y una veintena de libros más, de diversos géneros, ensayo, cuento, poesía infantil, etc.
Destaco de su trabajo literario, “Hombre moreno viene en camino”. Una serie de monólogos, que no pierde relación con su estilo poético. Su reconocimiento literario trasciende el país, lo encontramos en periódicos y revistas literarias por todo el mundo. He contado más de diez antologías poéticas, que la incluyen, seguramente serán muchas más. Traducida al italiano, árabe, francés inglés y pronto al portugués. Numerosos investigadores de la literatura escriben sobre su literatura. Espera un extenso trabajo de investigación literario-antropológico, ser publicado.
“…Atemporales los muertos, la brusca ternura de su presencia ida, golpea en el pecho, similar a un Sultán cuando hinca en el lomo blanco de su corcel las espuelas.
Exceso de espesura sobrevive de ellos. Quietud ilimitada, copia el tormento en las ramas de sol. Ritual silencioso de la amargura.
1973. ¿Ha muerto quién dentro de mí? El desierto tenía la tez húmeda de pólvora, comparable a la grandeza ostentosa de un Califato. Deshace esta tarde de esfinges traídas en el paisaje litúrgico del agua, el simple acto de vivir. Allí dibuja la borra del café, serpientes de triunfo, en el semblante de ángeles sin reino.
Himnos del país inmolado por las arañas del alba, espejo ausente del devenir, pudre la luz, y el ver una rara propiedad de las arterias, proyecta este otro país sustituido por sus sombras…”
El poema anterior tomado del libro “El Dios de Las Dunas” hace referencia a las heridas más hondas que producen las confrontaciones armadas. La guerra civil del Líbano que inició en 1973, y duró 18 años. País siempre convulso, se filtra en la escritura de Wafi. Percibimos la tierra dolida en ella, la tierra misma, desierto que somos, al indagar en lo invisible, en la espiritualidad, de los abrazos, de los que nos amaron y se fueron a algún plano, levitan en silencio, o cantan en nosotros. En este texto el amor es el origen, la esencia (animal, vegetal, mineral, humana) de las vibraciones. En fin, es su obra un salmo a la vida y su contra-vida, es un beso a la luz que engendra y una denuncia a lo macabro que arruina el alma y gime, cual demonios desatados sobre el mundo y hace pensar a muchos que Dios al parecer es otra bomba más que se avecina.
“…Una caravana de camellos salvajes asemeja la celeridad de las lágrimas. Racimo de oscuridades hincha el vidrio de la honra. Noche con sol... Error, vagina, flor, sobra de Dios. En su apacible oasis, asoma por los velos, su viva muerte…Cuerpo donde no vive nadie. Suena una puerta, tocada por el viento. Quiere entrar, mueve la arena y la casa del cuerpo y el cuerpo de la casa. No alteran el orden incoherente del amor…”
Respiramos este fragmento de poema y viajamos a la aurora árabe que circunda verbos y arenas no movedizas, en el papel. Me confió Wafi en una carta donde le preguntaba las motivaciones de algunos de sus poemas, que una “bomba racimo” esparció el cuerpo de una de sus abuelas, por el patio de los jazmines, y más allá. En el ensangrentado Líbano del año.1983, cuando entró Estados Unidos. Escucho uno de sus cantos, son letanías, que acercan lo sagrado: “…Suspende una cimitarra, al revés del Corán, donde la candidez solar de un Sufi, balancea una lección de fe: “Los dientes del peine de un tejedor, son todos iguales, los hombres blancos y negros, árabes y no árabes…”
Yo como autor de este texto he vivido de cerca la guerra, otras guerras, pero guerras al fin, agrias también al corazón y al tacto. Las guerras de mi infancia, la muerte de seres entrañables. Descubrimos formas igualmente crueles de hacer la guerra, de estar en guerra. Puedo decir que mi infancia como la de Bukoswki, solía irse ciega a saltar como un delfín en el mar congelado. A mi hijo con un síndrome cerebral lo he visto casi morir siete veces. La última en agosto de 2019 cuando convulsionó y se dobló tembloroso derribado en el suelo como una lastimada oruga que no respiraba, su color morado era como el de una mariposa que se despedía. Logró vencer otra batalla, y nos libró del dolor. También se salvó mi padre de sus guerras del alma, cuando sus brotes psicóticos lo hacían estallar y yo jugaba con hojillas, retando la vida. Soy un varón, sin duda alguna, pero sentí que aullaba extrañamente algo en lo que se me asemejaba a un vientre dentro de mí, es que los dolores más profundos, están en esa parte, aunque no se tenga. Es un misterio todos nos parimos a nosotros mismos, cuando algo nos derrota.
El suicidio me persiguió por un largo tiempo, caminaba junto a mi como queriendo ser mi derrotero. Era un humo como el de las ollas de mi madre, que la fuerza de mi familia, el ancla que son ellos, sopló, y lo alejó de mí. Espero que sin retorno. A mi abuela la mató la guerra, de la negligencia, un doctor que abusó de la anestesia, la derribó, para siempre.
La poeta vuelve sobre sus pasos, y me dice, al inquirir sobre su historia personal:
“…Al Líbano viajé a los 7 años, en 1972, y estalló la guerra en el año 1973. Más de un bombardeo, me hizo temblar de terror, y esconderme junto a mi mamá y mi hermano debajo de la cama. Esa memoria de los estallidos sigue atormentándome en muchos de mis sueños. Mi padre nos fue a buscar, la guerra no cesaba, menos mal, porque dieciocho años si es que uno queda vivo, minan el espíritu… Mis abuelos se amaban profundamente, nunca se hablaron ni se vieron antes de casarse, y sin embargo, fueron felices como la más bella historia de amor, pero como toda bella historia, terminó en tragedia. Repetidamente, decía, MI ABUELO, mirando al cielo, a Dios, que jamás, ella, le faltara, que no permitiera, se fuera antes, pero Dios a ese ser, lleno de piedad, no lo oyó, y se la llevo de su lado, de la peor forma.
La trae mi memoria, amasando el pan y haciéndolo bailar por los aires. Recoger las aceitunas, de todo tipo y tamaño, exprimirlas para sacar gota a gota el aceite, todo eso aprendí con ella, y a recitar de memoria los libros sagrados de los Drusos, mientras cebaba el mate. Era enérgica, fuerte, y olía como a tierra con almizcle. Muchos aseveran ver su sombra tras de mí cuidando mis pasos.
Mi familia es de migrantes, de Palestina, que por el desierto llegaron al Líbano. Una caravana, de sucesos, de viaje, mueve mis días. Del Líbano me traigo los sabores del cardamomo, los dátiles, las perras de agua, los frutos secos, las especies, la ternura de las expresiones de afecto de los árabes, y la voz de los desiertos surcándome”.
Yo Ender, me asombro con la dualidad de vida, que en una mano nos entrega belleza, y en la otra espinas. Amo el quehacer poético de Wafi, su vida llena de altibajos, una paradoja hecha mujer. Ama ENSEÑAR, por sus manos sé que han pasado muchos jóvenes, de todo el país, la consultan, para que ella amorosamente los oriente. Tiene muchos hijos del corazón como ella expresa. Pero del cuerpo, el cuerpo, eso que tanto placer da, no pudo sostener más que uno. Perdió los otros cuatro, en los meses de gestación. No hay sufrimiento más grande. Esas almas navegan, iluminándola, lo sé, aunque aún no la conozco en persona, en sus palabras veo esa luz que se desprende, en su rítmica poesia. Insisto ha marcado a muchos jóvenes escritores, en Táchira ya es una referencia. Estudiantes de letras y artes, asesorados por Wafi, hoy son excelentes escritores, una madre lírica que corrige sus metáforas con severa ternura. Por eso la vida nos remienda, y descose, nos reconstruye y desconstruye… a pesar de los pesares.
Wafi es de libar poco, pero cuando lo hace el cocuy y el miche tachirense son sus preferidos. Yo pienso lo mismo. El tabaco, es otra cosa, es para meditar, para reflexionar/poetizando, para sintonizar su espíritu descifrando las neblinas del humo. Al igual que este servidor, sus placeres son simples, costumbres de gente mansa. Sin prejuicios, sometidos a los rituales que impone el arte, y que cada uno interpreta como mejor puede. Yo viví muchos años en la Amazonía venezolana, aprendí, que no todo lo inexplicable, nos era ajeno. Vi cosas y oí otras, que difícilmente me creerían. Por saber que otros mundos son posibles, tal vez por eso, me convertí en poeta, para caminar de mundo a mundo, sin impedimentos, de espacio, tiempo. Solo desde el ser único de la poesía. Muchas cosas me conectan, e identifican con la poeta, pero especialmente el arriesgado goce por vivir.
Desde lo ancestral que le acompaña, la imagino, rememorando amores, batallas perdidas y ganadas que la hacen lo que es. La poeta luminosa como sus haikus, una María de La Onza, elevada en su tapir mágico. Wafi adelanta un trabajo sobre identidad, tesis doctoral, y experiencia de vida, MARIA LIONZA, es su objeto de estudio, y la ceremonia, del tabaco lo que la lleva a ella.
Viví rituales extraordinarios en la amazonía venezolana por los años 91 y 96, como en sueños, un shamán piaroa, envuelto en humo, lanzaba sus oraciones, quejidos, ruidos destemplados de animales, salían de su boca. El extraía de mi pecho, espalda, brazos, todo mi cuerpo y de mi ser más adentro, la malignidad de espíritus extraños, oscuros que según ellos, procuraban mi mal. Yo no los vi, aunque confieso, algo de tranquilidad, logré, no sé, si por sugestión, o porque realmente algo habitaba mi espíritu.
Me explicaron en la cuenca del Suapure (El Río Suapure es parte de la cuenca del Río Orinoco). Existen liturgias muy interesantes, cargadas de símbolos identitarios de sus pueblos, Se de una etnia africana, donde los hombres riegan con su semen la tierra para fertilizarla. Las mujeres wayuú, desentierran al cabo de algunos años a sus muertos, limpian sus huesos con esmero, respeto y devoción y los mudan de sitio, pero no sin antes pedirles que como ella los cuida, ellos la cuiden a ella. Emocionante viaje de los espíritus, de los vivos y los muertos, encontrándose, para el preservación mutua. Comparto con la poeta, la proximidad, a lo mítico, originaria, su relación con esta su otra identidad por adopción.
Salih y el mundo de los ancestros a través del culto de María de La Onza como “empoderada” mujer mítica. Comparto, como premisa mayor, eso de indagar en lo sagrado.
“Cuántas tumbas hay en el pecho de Dios”
El Dios de las dunas
Creo que escribir es entrar a un laberinto dentro de nosotros mismos buscando el infinito. Yo escribo, por necesidad, de escribir, no sé de donde viene esa necesidad, pero viene, y cumplo fiel, al llamado. Houellebecq: dijo: "El poeta es un parásito sagrado". Es posible que nuestra misión sea aplastar el culo a la silla de las fábulas mentales para iluminarnos. "Deseo morirme pluma en mano como un caballero con su espada" nos deja escrito Ludovico Silva y luego declama que: “Un dragón no es un dragón hasta que un poeta no lo decide”.
Rafael Cadenas cavila con nosotros en frente: "Qué se espera de la poesía sino que haga más vivo el vivir". Para algunos escribir es algo que no tienen del todo claro, una pregunta sin respuesta, duda más que pregunta. La poesía: “sirve para sacar la flor de las cenizas” (Sabines), “huye hacia la nada” (Kepa Murua), “es un arma cargada de futuro” (Gabriel Celaya), “es la verdadera alma del mundo” (Benedetti), “es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse” (García Lorca). El sapo/acerca la charca/ cuando croa. (Wafi Salih) En fin, se escribe para todo y para nada. A veces, escribimos para levitar. Yo digo que “La eternidad podrá apalearme, eso es seguro, pero la nada no”.
“Escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es suturar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos”.
San Agustín refiriéndose al tiempo dijo: “Si no me preguntan qué es, lo sé. Si me preguntan qué es, no lo sé”. Borges dijo que pensaba igual que San Agustín sobre la poesía.
Yo creo que el poeta Pablo Mora acierta, sobre sentir y poetizar cuando escribe: "Hundirse, hurgarse, ser, serse".
¿Será eso el ser al escribir y más aún?
Le pregunté a Wafi que ¿por qué escribía? y ésta fue su respuesta:
“Yo escribo porque no sabría vivir sin hacerlo De niña escribía, hacía garabatos que imaginaba, cartas y las colocaba del lado afuera de la ventana esperando un cartero repentino que las haría llegar a alguien que viniera por mí, siempre les explicaba a mis padres, que no era mi casa, que pronto me buscaría mi verdadera familia. A estas alturas de mi vida, el misterio se ha develado, mi verdadera familia, son mis libros, los que leo, los que escribo, y los que añoro, tener y crear.
Al llegar del Líbano, apenas escribía el árabe. Yo no sabía escribir, recordaba el idioma a fuerza, de imponerme pensar en castellano. La maestra Gladys y un ex guerrillero el poeta Reimar Añez, eran mis vecinos y su biblioteca empezó a ser parte de mis visitas con asesorías de ellos. Me dijo la maestra Gladys que debía leer mucho para nivelarme y ellos tenían libros. Entonces, me enamoré de la literatura, del decir, de esa droga que significaba, el viaje que me provocaba. Leía y leía incansablemente. Y para motivar en mí la escritura mi maestra, me sugirió, que les escribiera cartas la familia que había dejado al otro lado del Atlántico. Mis cartas eran tímidas, preguntas claras, como telegramas, la maestra Gladys me dijo, usa todas las palabras que te sabes, y escribe con belleza, me enseñó qué es una metáfora, y aprendí, le obedecí a esos ojos repletos de ternura “has bonitas tus cartas para que les lleguen al corazón”.
Hubo un concurso regional de escuelas incluyendo las pertenecientes a las compañías petroleras y has de creer que quien se ganó el concurso fui yo, con un poema que se llamaba: “Había una vez el primer día de escuela. García Márquez, cuenta que él escribía para que sus amigos lo quisieran. Yo escribía primero como un proceso catártico. Había que comunicarse, decirlo todo, para no ser como mi madre un ser hermético, a quien casi nunca vi llorar, ni hablar de más, solo mirar por horas un punto fijo. Me enamoré del poder decir. Me enamoré del poder de crear. En palabras de Ruben Darío de torcerle el cuello al cisne, que es el lenguaje. Reinventarlo, hacer el amor con él, para desde sus cimientos, hacerlo estremecer”.
Uno de los poemas breves de nuestra escritora: “…La casa es una palabra que regresa. La deletreo en lo mejor de mí, flota, se extiende con un gesto de amor desconocido…” Yo creo que Wafi al escribir recrea el mundo, sublimándolo. A mí, me seducen sus haikús o poemas breves, porque puedo redescubrir los elementos y los signos de vida, más menudos, lo insignificante, lo hace trascendente.
De la antología del Haikú:
“Avispas enloquecidas
sacan de su labor
al jardinero
***
Rugido de lluvia
entre las sabanas
como un león
***
Amor lejano
el calor de otoño
en mi pie desnudo
***
Una lámpara
un ratón, un hombre
roen las horas
***
Desde el puente
fatigan los amantes
el agua quieta
***
Va y viene
la abeja
la rosa aguarda
***
Día de júbilo
en el árbol seco
el cristofué
***
Las hormigas
en fila una tras otra
destino de soldados
***
Fuera de casa
el quejido de la lluvia
suena hondo
***
Frescura en la aldea
arde la choza del mercader
de incienso
***
Se levanta
el invierno más aprisa
en otra parte
***
Retengo sin querer
el chillido desordenado
de las urracas…”
Suelo pensar que la poética de Wafi puede llegar a silenciar de algún modo, las ojivas y los aullidos de las metralletas que muerden el sexo de la tierra.
Leer sus brevedades es abstraerse ante la génesis del “Todo”. Ese que incluye: Las moscas, las almas sobrevolando amaneceres suspendidos en el péndulo imaginario del “otro existir”, el estiércol de las mentes alienadas, y hasta las pulgas de los perros más urbanos y no tan desagradecidos. Yo creo que es en la espiritualidad de las cosas y los seres, en donde reencarna la emoción del sentirse vívido y verbalmente lúcido. Nos dice el poeta e investigador Alberto Hernández sobre los haikús del libro “Honor al fuego” de nuestra poeta:“Este libro de Salih es un remanso en el espacio poético venezolano… Se lee para levitar, para solventar una deuda con la tierra, para hacerle la contraparte a Anteo, quien tenía que pisar tierra para poder llenarse de energía…”
Unos de entre los dos haikús que más me agradan de los casi 1500 que ha escrito en once libros publicados. Todos lúdicos e ingeniosos, pero de ellos, los preferidos son estos: “Ratón sin casa / en la iglesia del pueblo / duerme la siesta”. Y en especial éste donde la poeta pregunta al gran maestro de la palabra:
“Maestro Issa
este tachón con ira
¿será un haikú?”
En un tono más juguetón y visualizador, el artistaCarlos Luís Sánchez Becerra ilustra uno de estos poemas breves:
De su libro de cuentos ganador del concurso de la editorial “Negro Sobre Blanco” en el 2015 “Discípula de Jung”, extraigo un relato que por irónico y profundo, me atrapa:
POETA
Mi no tiempo, cuando me revuelvo en mi yo inflexivo, mi súper yo arruinado, mi ello improbable, muerdo a mi alter ego de viaje, y siento a mi pobre ego desdoblarse en la cruz de su calvario narcisista, ondulo como una cosa detrás de los alambres. Nada puede romper el hechizo de un ser triste, escrito con tinta.
Como podemos observar, olfatear y hacernos deleitar, encontrarnos en Wafi Salih, suerte de reconstrucción de lo escritural íntimamente asumido como su propio decir. Saberse embebida por lo escatológicamente existencial y por otra parte su lírica, de particular finura, son opuestos, que se intercambian las vestimentas, cada tanto. Nuestra poeta nos lleva de la mano a conocer los desiertos que cantan o se lamentan dramáticamente, en la garganta del Cheik, o el eco de las metrallas. Por otro lado nos escarba hasta lo más telúrico, para colocar la lámpara de Diógenes sobre nosotros, y sacar lo venezolanamente nuestro, donde somos y a veces no somos del Todo. Como reza el título de su último libro de ensayos, “MÁS ALLÁ DE LO QUE SOMOS” publicado por “Zócalo Editores”, también de su amada Táchira, en este caso de Rubio, y de la mano del maestro poeta, Segundo Adolfo Medina.
La poeta nos revela, revelándose supremos en su poesía nos trasmuta, ejemplo de lo que digo, es este fragmento de su poema en prosa. Del Dios de las dunas. “¿Quién puede en el rayo de la niñez distinguir dos cielos?”.
En el texto “Carta a Adita” encontramos un pedagógico cantar a la misma poesía, una declaración hermosa de principios, UN ART poético, un credo, para el altar de la poesía. Como una declaración de amor al universo un interlocutor que escucha a la manera de las Cartas a un joven poeta, de Rilke.
De su libro “Con el índice de una lágrima” dejamos como final y cierre temporal el poema “cansancio”:
“Quien soy
ya no está
El era y él vendrá
turba los almendros
Fiel ¿A qué?
Desierta
como un astro
Habito
la llama
inútil
de este día
El peso
de tanto cielo en la mirada
Ahoga como barcos de papel
la batalla
del vértigo
de esta noche
en ruinas”.
Hermoso texto que nos habla de las expectativas existenciales y del vacío así como del asombro que nos rebasa, alegra u oprime. Mientras tanto el Líbano vive una especie de irregular guerra continuada; por otro lado, nuestro país asiste a la catástrofe humanitaria más terrible y la sangre galopa, derramándose, por doquier. A pesar de las carcajadas de la muerte y el hastío, la poesía nos devuelve una fe en lo trascendental. Querida Wafi Salih, eres un espacio ganado para el deshielo de las mortandades, para lo elevado del espíritu, el amor y la risa. Para la resiliencia más sagrada desde la lírica más sacra, y los huesos de la vida alineados. Sanos como ahora al fin, están los de mi espalda, tan maltratada, y sometidos a dos operaciones que fueron dos torturas, por el peso, de tanta realidad, doliendo.
Y aunque Murua nos diga, que escribir no sirva para tomar el poder, ni para enseñarle nada a nadie; tomar el lápiz o la máquina de pedales en las manos, siempre será un desvelo lúdico, una aventura, una obsesión por contar lo incontable. Es como re-hacer un big bang con imágenes que se nos salen del tintero cerebral y hasta del alma, para el otro que nos leerá.
Ha sido un honor para mí escribir sobre la, querida poeta Líbano/venezolana y de este modo, me deje llevar por su voz: crines desahogadas del infinito, ardiendo amaneceres. Eso creo que también, es ella, Wafi.
“Yo, hecho un palabrero, he sido invitado a tanta poiesis”.
(San Cristóbal - Venezuela. 1972) Escritor y artista multidisciplinario. Lcdo en Educación Integral. Ha publicado: Cantos del origen (2001, CONAC); El sofá de Beatrice (2006, CENAL); Primavera cero (IPASME, 2007); Creactivo I (BARIQUÍA , 2007); Rabo de Pez Nuevos idiomas en la creación formato e-book (FEUNET, 2014), Entrecruzamientos (EAE Editorial Académica ESpañola 2015), Ex sesos y asa res Borrones para textos no tan perversos (CENAL, 2016), El Blues de la Parca (AMAZON, 2017), Creactivo II (AMAZON, 2017), Poemas Absurdos (LP5 Chile, 2020) y VISO Poesía visual, objetual y collages en Venezuela (SABERULA, 2020) entre otros publicados en internet, y en físico como coautor. Ha publicado en espacios digitales literarios de Venezuela, España, México, Bolivia, Argentina, Chile, Colombia y Brasil. A través del proyecto LAVOE algunos de sus poemas se han traducido y grabado al alemán, inglés, francés, portugués, wayuú. Actualmente se plantea publicaciones alternativas, audiopoesía y experimentos variados en otras plataformas de publicación digital y audiovisuales de fácil acceso.(SCRIBD / ACADEMIA.EDU / SABERULA)