Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar este breve acercamiento audiovisual a un descubrimiento por parte de Marichina Garcia Herrero, periodista, narradora, poeta, articulista y una emigrante más de la gran diáspora venezolana. Uno de los 770.000 que residen en los estados Unidos y uno de los 8 millones desperdigados por el mundo. Marichina como migrante está más llena de cuentos que Delia Fiallo en su mejor momento y ha recorrido grandes distancias calzándose sus botas de 14 bolívares, que permiten recorrer distancias mucho mayores y más rápido que las clásicas botas de siete leguas. Recuerden que la devaluación bajo el chavismo fue (y es) un potro loco desbocado. Las botas de 14 bolívares hacen referencia a los 14 ceros que el chavismo, y su fase superior el madurismo, le han quitado al bolívar. La fase obsesivo compulsiva se inició con Chávez que el año 2007 le elimino tres ceros a la moneda (la devaluó) y el bolívar pasó de ser solo bolívar a secas a ser un bolívar con apellido. En ese momento nació el bolívar fuerte. Luego vendría otra devaluación y nacería el bolívar soberano, al cual soberanía le duró poco.
La hiperinflación seguiría desbocada y daría a la luz el bolívar digital, una forma elegante de decir que el bolívar era un billete de Monopolioque solo existe en el ciberespacio con una influencia en el entorno real donde nos desenvolvemos. El próximo paso sera parir al bolívar complejo o imaginario que se destacará sobre su ancestros por tener la enorme cualidad de no cortar al plano real. Pero ya es hora de que abandonemos por unos momentos la erosiva realidad venezolana para poder compartir los descubrimientos y aventuras de la exploradora, adelantada y reinventora constante de si misma: Marichina García Herrero.
Ahora es el momento de disfrutar de la breve crónica sobre la Carlo's Bake shop que nuestra amigaMarichina Garcíahizo sobre, al descubrirla y de disfrutar su estadía en ese peculiar patrimonio estadounidense y ahora neoyorkino.
Disfruten de la entrada y nos excusamos con Marichina Garcia Herreropor echar un cuento de terror en la antesala de su bonito reportaje.
Atentamente
La Gerencia
Esta pastelería merece una mención especial por su variedad de sabores, pero también por su historia, de más de 100 años, que Buddy Valastro supo repotenciar con sus programas de TV y con su arte maravilloso en la pastelería...
*Periodista, graduada en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela. Narradora, poeta y articulista. Actualmente escribe una novela basada en la Guerra Civil Española y están por publicarse sus poemarios “El éxodo que nos habita”, con prólogo del poeta José Pulido, y “Desde la vida entera”, con prólogo de José Carlos De Nóbrega.
Hoy culminamos las 10 pildoras de sabiduria de Milton Glaser.
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6. El estilo no es confiable
Creo que esta idea se me ocurrió por primera vez cuando miraba una maravillosa acuarela de un toro de Picasso. Era una ilustración para un cuento de Balzac llamado “La obra maestra desconocida”. Es un toro expresado en doce estilos, desde una versión muy naturalista hasta una abstracción reducida a una simple línea, con todos los pasos intermedios.
Lo que surge con claridad al observar este impreso es que el estilo es irrelevante. En cada uno de esos casos, desde la abstracción extrema hasta el naturalismo fiel, todos son extraordinarios más allá del estilo. Es absurdo ser leal a un estilo. No merece tu lealtad. Debo decir que para los viejos profesionales del diseño es un problema, porque el campo está manejado más que nunca por intereses económicos. El cambio de estilo suele estar ligado a factores económicos, como todos los que leyeron a Marx saben. También se produce cansancio cuando la gente ve demasiado de lo mismo todo el tiempo. Entonces, cada diez años más o menos se produce un cambio estilístico y las cosas se vuelven diferentes. Las tipografías van y vienen y el sistema visual cambia un poco. Si llevas años de trabajo como diseñador, tienes el problema esencial de qué hacer. Quiero decir, después de todo, has desarrollado un vocabulario, una forma que te es propia. Es uno de los modos de distinguirte de tus pares y establecer tu identidad en el campo del diseño. Mantener tus creencias y preferencias se vuelve un acto de equilibrio. La duda entre perseguir el cambio o mantener tu propia forma distintiva se vuelve complicado.
Todos hemos conocido casos de ilustres personajes cuyo trabajo repentinamente pasó de moda o, más precisamente, se quedó en el tiempo. Y allí hay historias tristes como la de Cassandre, indiscutidamente el más grande diseñador gráfico de principios del siglo XX, que no pudo ganarse la vida en sus últimos años y se suicidó.
7. En la medida en que vives, tu cerebro cambia
El cerebro es el órgano más activo del cuerpo. De hecho, es el órgano más susceptible de cambiar y regenerarse. Tengo un amigo llamado Gerard Edelman que es un gran erudito en estudios del cerebro y para quien la analogía del cerebro con la computadora es desafortunada. El cerebro es más como un jardín silvestre que constantemente está creciendo y esparciendo semillas, regenerándose, etc. Y él cree que el cerebro es maleable —en una forma de la cual no somos totalmente conscientes— a toda experiencia y a todo encuentro que tengamos en nuestra vida.
Together, la ultima propuesta en la que trabajo Milton Glaser. Una forma de elevar el animo de todos aquello que han sido afectados por COVID-19
Me fascinó una historia en un periódico hace pocos años acerca de la búsqueda del oído absoluto. Un grupo de científicos decidió que descubriría por qué alguna gente tiene oído absoluto. Son los que pueden escuchar una nota con precisión y replicarla exactamente en el tono correcto. Alguna gente tiene un oído muy fino, pero el oído absoluto es raro incluso entre los músicos. Los científicos descubrieron —no sé cómo— que en la gente con oído absoluto el cerebro era diferente. Ciertos lóbulos del cerebro habían experimentado algún cambio o deformación recurrente entre quienes tenían oído absoluto. Esto fue suficientemente interesante en sí mismo, pero entonces descubrieron algo aún más fascinante: si tomas un grupo de niños de cuatro o cinco años de edad y les enseñas a tocar el violín, luego de unos años algunos de ellos habrán desarrollado el oído absoluto, y en todos esos casos su estructura cerebral habrá cambiado. Bien… ¿qué podría significar eso para el resto de nosotros? Tendemos a creer que la mente afecta al cuerpo y que el cuerpo afecta a la mente, pero generalmente no creemos que todo lo que hacemos afecte el cerebro. Estoy convencido de que si alguien me gritara desde el otro lado de la calle, mi cerebro podría ser afectado y mi vida podría cambiar. Es por eso que mi madre siempre decía: “No te juntes con esos chicos malos”. Mamá tenía razón. El pensamiento cambia nuestra vida y nuestro comportamiento.
También creo que el dibujo funciona de la misma manera. Soy un gran defensor del dibujo, no por haberme convertido en ilustrador, sino porque creo que el dibujo cambia el cerebro, de la misma forma en que encontrar la nota correcta cambia la vida de un violinista. El dibujo te vuelve atento, te hace prestar atención a lo que ves, lo cual no es tan fácil.
8. La duda es mejor que la certeza
Todo el mundo habla siempre de tener confianza, de creer en lo que haces. Recuerdo que una vez en clase de yoga el profesor dijo que, espiritualmente hablando, si tú crees que has alcanzado la iluminación, apenas has alcanzado tus límites. Pienso que es verdad en un sentido práctico. Las creencias profundamente arraigadas de cualquier tipo evitan que te abras a experimentar, y es por eso que encuentro cuestionable toda posición ideológica sostenida con firmeza. Me pone nervioso que alguien crea demasiado en algo. Ser escéptico y cuestionar toda convicción arraigada es esencial. Por supuesto, hay que tener clara la diferencia entre escepticismo y cinismo, porque el cinismo es tan restrictivo de la propia apertura al mundo como las convicciones apasionadas: son como gemelos. En definitiva, resolver cualquier problema es más importante que tener razón. Existe una sensación de autosuficiencia tanto en el mundo del arte como en el del diseño. Tal vez comienza en la escuela.
Las escuelas de arte a menudo privilegian un modelo de personalidad como el de la filósofa Ayn Rand, quien siempre se resistía a las ideas de cultura que la rodeaban. La teoría de las vanguardias es que como individuo tú puedes transformar el mundo, lo cual es verdad hasta cierto punto. Uno de los signos del ego dañado es la certeza absoluta.
Las escuelas alientan la idea de no comprometerse y defender tu trabajo a toda costa. Bien, el asunto es que todo trabajo tiene que ver más que nada con la naturaleza del compromiso. Sólo tienes que saber con qué comprometerte. La búsqueda ciega de tus propios fines a costa de excluir la posibilidad de que otros puedan tener razón, no tiene en cuenta el hecho de que en diseño siempre lidiamos con una tríada: el cliente, la audiencia y tú mismo. Lo ideal sería que mediante alguna clase de negociación todas las partes ganaran, pero la autosuficiencia suele ser el enemigo. El narcisismo generalmente proviene de alguna clase de trauma de la infancia que no debe profundizarse. Se trata de un aspecto muy difícil en las relaciones humanas. Hace algunos años leí una cosa muy notable sobre el amor, que también aplica a la naturaleza de la relación con los otros. Era una cita de Iris Murdoch en su obituario. Decía: “El amor es el hecho extremadamente difícil de darse cuenta de que el otro, que no es uno, es real”. ¡¿No es fantástico?! La mejor conclusión sobre el tema del amor que se pueda imaginar.
9. Sobre la edad
El año pasado alguien me regalo para mi cumpleaños un libro encantador de Roger Rosenblatt, llamado Ageing Gracefully [Envejeciendo con gracia].
No me di cuenta del título en el momento, pero contiene una serie de reglas para envejecer con gracia.
La primera regla es la mejor: “No importa. No importa lo que pienses. Sigue esta regla y agregarás décadas a tu vida. No importa si es tarde o temprano, si estás aquí o allá, si lo dijiste o no, si eres inteligente o estúpido. Si saliste despeinado o calvo o si tu jefe te mira rayado o tu novio o novia te mira rayado, si tú estás rayado. Si consigues o no que te den ese ascenso o premio o casa: no importa”. Gran sabiduría. Entonces escuché un maravilloso cuento que parecía relacionado con la regla número diez: Un carnicero estaba abriendo su negocio una mañana y mientras lo hacía un conejo asomó su cabeza a través de la puerta. El carnicero se sorprendió cuando el conejo preguntó: “¿Tiene repollo?”. El carnicero dijo: “Ésta es una carnicería, vendemos carne, no verduras”. El conejo se fue saltando. Al día siguiente el carnicero estaba abriendo su negocio y el conejo asomó su cabeza y preguntó: “¿Tiene repollo?”. El carnicero ahora enojado le respondió: “Escúchame pequeño roedor, te dije ayer que vendemos carne, no verduras, y la próxima vez que vengas por aquí te voy a agarrar del cogote y clavaré esas orejas flojas al suelo”. El conejo desapareció precipitadamente y nada sucedió durante una semana. Entonces una mañana el conejo asomó su cabeza desde la esquina y preguntó: “¿Tiene clavos?”. El carnicero dijo: “No”. Entonces el conejo dijo: “¿Tiene repollo?”.
10. Decir la verdad
El cuento del conejo es importante porque se me ocurrió que buscar repollo en una carnicería sería como buscar ética en el campo del diseño. No parece ser el lugar más adecuado para encontrarla. Es interesante observar que en el nuevo código de ética del American Institute of Graphic Arts aparece una cantidad importante de información sobre conductas para con los clientes y para con otros diseñadores, pero ni una palabra acerca de la relación del diseñador con el público. Lo que se espera del carnicero es que venda carne que se pueda comer y no mercadería engañosa. Recuerdo haber leído que, durante los años de Stalinen Rusia, todo lo que llevaba la etiqueta de “ternera” en realidad era pollo. No me quiero imaginar qué sería lo que llevaba la etiqueta “pollo”. Podemos aceptar algún nivel mínimo de engaño, como que nos mientan acerca del índice graso de las hamburguesas, pero cuando el carnicero nos vende carne podrida, nos vamos a otra parte. Como diseñadores, ¿tenemos menos responsabilidad con nuestro público que un carnicero? Quien esté interesado en matricular a los diseñadores gráficos, debería notar que la razón de ser de una matrícula es proteger al público, no a los diseñadores ni a los clientes. “No hacer daño” es una advertencia a los doctores que tiene que ver con la relación con sus pacientes, no con sus colegas o con los laboratorios. Si fuéramos matriculados, decir la verdad se convertiría en algo más importante en nuestra actividad.
Milton Glaser: “Crear es descubrir que todo está conectado”
Hoy compartimos esta joya hallada en la red que versa sobre una libreria clandestina en Nueva York. Un suceso que va más alla de lo peculiar en un mundo donde las librerias convencionales van desapareciendo poco. Es una bella iniciativa y digna de imitar en Venezuela, ya estamos pensando seriamente en convertir nuestro refugio en una Batilibrería.
Brazenhead Books, la librería secreta de Nueva York /
Por encima del ruido y del movimiento de
las calles, se encuentra oculta la librería de Michael Seidenberg que,
además de ser un hallazgo babilónico, tiene una valiosa historia que
contar. Su librería de segunda mano es descrita como “la Meca de los
amantes de los libros y una de las joyas más raras de la ciudad de Nueva
York”. Es sin duda un lugar extremadamente fascinante y sin embargo
desconocido. Quizá uno de los últimos de su especie.
Michael Seidenberg
lleva toda una vida vendiendo libros. La última encarnación de su
tienda es esta, que por no ser legal y ocupar una residencia no está
abierta al público como tal, tiene que ser secreta. “Las tiendas de
segunda mano han sido borradas de la ciudad por compañías como Barnes
and Noble”, apunta Michael en entrevista. “Y es una batalla perdida.
Perdimos. Yo sólo quiero hacer todo lo que pueda”.
Michael ha rechazado docenas de
entrevistas, pero por suerte accedió a una, y ahora tenemos una pequeña
película musicalizada por The Album Leaf que nos deja entrar por tres
minutos a su cueva de tesoros. Dirigido por Andrew David Watson, este
video muestra a Seidenberg como una persona entrañable y genuinamente
apasionada con los libros. Entre tragos de whisky y bocanadas de humo,
Michael relata una parte de su historia como vendedor de libros de
segunda mano, y nos platica cómo es que llegó a ser uno de los más
lindos secretos de Nueva York.
La única manera de poder visitar el
sitio es llamando a Michael y haciendo una cita. Su nombre está en el
directorio telefónico. Si logras ir, seguramente te invitará un trago y
te mostrará sus ejemplares favoritos o primeras ediciones.
Quizá lo más importante que hay que
aprender de Michael sea lo gratificante que es vivir la vida bajo tus
propios términos, y luchar la batalla que tengas que luchar aunque, como
él dice: “esté perdida de antemano”. Siempre hay lugar para vestigios
de la belleza.