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lunes, 16 de junio de 2025

David Cortés Cabán: la poesía no se hace para creer en ella sino para sentirla

 




EL ENCUENTRO


Después del encuentro

el alma se asoma

y un reflejo alumbra lo más hondo.

Luego sale el sol

y las sombras se desvanecen.

Los caminos se alejan

pero todo sigue repitiéndose.

Vuelve a anochecer

y la luna ya no está en los tejados,

ni sobre los árboles distantes.

Llega la mañana

y los insectos brillan sobre la hierba.

No hay nada que reclamar.

La vida pasa y nos contempla

desde un jardín lejano

y doliente.


******


jueves, 26 de octubre de 2017



David Cortés Cabán. La entrevista



El poeta acaricia la nostalgia, hurga en la memoria del viento, pregunta por los caminos, los habitantes de aquellas casas que alguna vez fueron parte de la vida. Nutre su voz con el silencio, nombra todo de nuevo.



Bienvenido David al espacio Claroscuro



*¿Quién es David Cortés Cabán?


Aunque es difícil hablar de uno mismo, te diré que David Cortés Cabán es como cualquier otra persona que vive humildemente la realidad de cada día. Una persona que está lejos de su patria y escribe versos. Un puertorriqueño que trata de crear algunos poemas que puedan ser compartidos con los amigos o lectores/as desconocidos/as. Eso es todo. 



*¿Cómo defines la poesía?


Como tú bien sabes, es difícil definir la poesía. Quiero decir, no existe una definición consensual de la poesía, y sería absurdo caer en esas fórmulas que da el diccionario. Si bien sabemos que en cada lengua y cultura existe la poesía y podemos acercarnos a ella y describirla, pero creo que eso es lo más concreto que podríamos hacer. Lo demás es pura soberbia, y como decía una querida profesora que ya no está con nosotros " la poesía no necesita que nadie hable por ella". 



*¿Por qué creer en la poesía?


Yo pienso que la poesía no es un organismo religioso. Es, ciertamente, lo que más se acerca a un sentimiento religioso, pero no es una religión. Creo, sin embargo, que la poesía no se hace para creer en ella sino para sentirla. 



*La poesía crea y forma valores. ¿Cuál debe ser el enfoque de la poesía en las aulas, y cómo acercar la poesía a niños y jóvenes?


Sergio, pienso que el enfoque del que me hablas tendríamos, de algún modo, exigírselo a las Escuelas y Universidades. La poesía, como sabes, se funda en una tradición, y el poeta es parte de esa tradición, y por sí solo no tiene los mecanismos para llevar a cabo una labor semejante. Pienso que recae sobre los organismos del Estado y otras entidades, crear un programa escolar que le provea al estudiantado la oportunidad de conocer qué es la poesía y quiénes la escriben. Estos valores, por supuesto, se infunden mejor en las aulas escolares, porque la mayoría de nuestros niños no tienen acceso a libros de poesía - o a libros de otras disciplinas - en los hogares. Pero ciertamente, la inquietud que señalas, debería ser compartida por cientos de educadores que apenas piensan que la poesía es una forma útil de proyectar en los niños una sensibilidad y unos valores humanos de beneficio para la sociedad. 



*¿Cuáles son tus influencias poéticas?


Las influencias poéticas no son solo situaciones que se dan en un autor. Todos tenemos influencias de uno u otro poeta, o de cualquier autor dependiendo del género que sea. 

En mi caso, primero fueron los románticos españoles, especialmente Bécquer,  y luego Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Martí y en un primer tiempo Rabindranath Tagore. Mas tarde Vallejo, Luis Palés Matos, Pablo Neruda, Rubén Darío. Pero las influencias más profundas no vienen del estilo o la forma de estos escritores, sino del modo en que ellos sintieron la realidad y de la sensibilidad que emanaba de sus textos. Creo que ahí está la mayor de las influencias. Lo que un lector puede adquirir de otro, se encuentra en la percepción de su mundo, y el modo de acercarse a la realidad. 


Lo demás es otra cosa, el estilo uno lo adquiere a través del tiempo con la madurez y la perseverancia en el trabajo.



*¿Cómo es tu voz poética?


En realidad, nunca me había puesto a pensar en mi voz poética. Lo único concreto que puedo decirte es que en mis poemas trato de recoger el latir del tiempo y de la vida, y los elementos de la naturaleza, la flora y la fauna que algún lector piadoso hallará en mis versos. Creo que la emoción y un sentido de pulcritud y sinceridad capta allí el universo con el que me relaciono. Trato, solamente trato de decir lo que ubican mansamente en el tiempo las palabras.



*Por último, háblanos de tu experiencia en el I Encuentro Internacional de Poetas "Germán Cardona Cruz" celebrado recientemente en la ciudad de Tuluá, Colombia. 


Fíjate, para mi fue, y es, un gran honor haber sido invitado a este bonito y gratificante encuentro. 

Agradezco al poeta amigo Omar Ortiz por su gentileza y la oportunidad que me brindó de conocer esta hermosa ciudad, su cielo despejado y luminoso, y la bondad de tanta gente dispuesta a ofrecerte una sonrisa, un gesto amable y cariñoso. Esto de por sí ya es una gran ganancia para el extranjero que como yo, llega de una ciudad tan diferente como lo es Nueva York. Una gran ganancia espiritual y profundamente humana, conocer personalmente a tantos excelentes y reconocidos poetas de Colombia y de países hermanos. En realidad no hay palabras para explicar la emoción que se siente de haber estado en la hacienda El Paraíso y pensar que la inmortal novela del romanticismo hispanoamericano se ambientó en este hermoso lugar tan lleno de profundos sentimientos para los que han leído María de Jorge Isaacs. También haber visitado el prestigioso Museo Rayo en Roldanillo fue una formidable experiencia para todos los que disfrutamos las estupendas obras de Omar Rayo. Te digo de todo corazón, estimado poeta, que la experiencia de haber compartido con estudiantes deseosos de conocer la poesía y de intervenir con sus preguntas animadas y llenas del esplendor juvenil de sus rostros ha sido para mí uno de esos recuerdos imposibles de olvidar. 



El invitado 




David Cortés Cabán, Arrecibo, Puerto Rico, 1952. 

Desde el año 1973 reside en la ciudad de Nueva York.


Estudió en The City College el Graduate Center of the City University of New York.

Fue maestro en las Escuelas Públicas de Nueva York y profesor adjunto del Colegio Eugenio María de Hostos.


Publicaciones:

Poemas y otros silencios (1981)

Al final de las palabras (1985)

Una hora antes (1990)

El libro de los regresos (1999)

Ritual de pájaros: Antología personal (2004)

Islas (2011)

Lugar sin fin (2017)


Sus poemas y reseñas literarias han sido publicados en Puerto Rico, Latinoamerica, España y Estados Unidos.


Ha participado en Festivales Internacionales de Poesía en Venezuela (III Festival Mundial de Poesía, 2006), Colombia y Nicaragua.

En el año 2014 la Universidad de Carabobo le otorgó la Orden Alejo Zuloaga Egusquiza.



http://poetachiappe.blogspot.com/2017/10/david-cortes-caban-la-entrevista.html


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domingo, 12 de enero de 2025

LA PRESENCIA DE LO EFÍMERO de David Cortés Cabán: La advertencia que le hace el tiempo a la existencia. Por Alberto Hernández.

 



7 Feb 2022


«PRESENCIA DE LO EFÍMERO», DEL PUERTORRIQUEÑO DAVID CORTÉS CABÁN. COMENTARIO DE ALBERTO HERNÁNDEZ



David Cortés Cabán en la salmantina Plaza de Anaya (foto de Luis Borja, 2019)




Crear en Salamanca se complace en publicar la reseña que, sobre el libro de poemas en prosa y mini-cuentos Presencia de lo efímero (Ediciones Boán, Arecibo, 2021), obra del destacado poeta y ensayista puertorriqueño David Cortés Cabán, ha escrito Alberto Hernández, poeta, narrador, periodista y pedagogo venezolano (Calabozo, 1952). 



1.-


La fugacidad se desplaza, muchas veces, con lentitud. Se deja ver. Se deja extrañar. Es tan instante que se hace pasajera en la hora de un día. Pasa el tiempo y la vida no se entera. El diccionario encara el significado: lo que tiene corta duración, lo que dura un día, un segundo, un parpadeo, lo fugaz, lo breve.



Su presencia es tan innegable como su ausencia. ¿Cuánto dura lo que no es? ¿Y cuánto lo que habrá de ser? ¿Cuánto lo que es?


La premura del tiempo desvanece las respuestas.


Un texto efímero es una suerte de símil. Es como la agonía de un insecto. La advertencia que le hace el tiempo a la existencia es tan próxima a la muerte que también desvanece el instante: todo lo que se piensa es tiempo. Dentro de él, lo que se recuerda y luego se olvida por la brevedad del ensueño. La realidad –esa cosa que perdura mientras es nombrada- es también efímera. Más dura lo que la contiene: el tiempo es su amenaza.


Un axioma de lo breve: rebelarse contra el tiempo. Ser una demostración de eternidad. Un poema, un relato se extiende mientras dura su presencia. Es decir, el vacío de su ausencia.


Un poema, un cuento: ambos breves ausentan lo efímero. Son más que eso: el recuento de lo que no está. De lo que habrá de estar en la imaginación: los temas se desarrollan en medio de la amplitud de lo breve. Son todos los temas.



2.-

 

El libro, como lo advierte su título, contiene 28 poemas en prosa y 15 mini cuentos que, sin titubeo alguno, se cruzan para ser relatos los primeros y poemas los segundos. Los géneros se intercambian, dicen, glosan y versifican, hacen maromas, cuentan y cantan.


Publicado por Ediciones Boán en la Colección Voces de Abacoa, en Arecibo, Puerto Rico, en el año 2021, “Presencia de lo efímero”, de David Cortés Cabán, es un recorrido por algunas brevedades, por algunas eternidades cortas, recogidas en un lenguaje que atrapa al lector y lo seduce.


David Cortés Cabán es un conocido escritor que tiene lectores en Venezuela. Su recorrido verbal atiende más hacia la lírica, hacia ese yo que se ha disgregado y convertido en una pluralidad, de allí entonces que conjugue, en este volumen, poesía con cuerpo prosaico para darle fuerza al todo, envuelto en una burbuja de múltiples significados, cuyos referentes están a la vista.


Por eso dice:


“Yo estoy fuera de sitio. / ¿Qué sentido tiene marcharse? ¿Qué razón tiene regresar?”


Ese ir y venir en medio de las palabras lo consigue sujeto a un instante: el de no tener un sitio para ser o para dejarse estar. Y así como ´la vida pasa´: “La muerte susurra: ´te amo desde la primera vez´”.


Ese ir y venir, constante, se observa en casi todos los textos que Cortés Cabán entrega en este libro:


“Si regresas ahora, qué habrás ganado cuando la vida no dé para más”,


Aforístico, axiomático, el texto se sigue revelando uno tras otro con la medida de la brevedad, de lo efímero, en presencia de muchas preguntas:


“¿Qué expresan las palabras cuando no puedo más?”


 

la poesía, tan de uso diario por el autor, conjuga sus instantes, trasladable:


“Miro las nubes y todo desaparece. Intento alejarme, pero estoy en el paisaje sin poder regresar”.


Por eso habrá suficiente lugar para el retorno. Siempre habrá un retorno, el mito eterno de estar en el mismo sitio sin estarlo:


“Ha pasado el tiempo. Si regresas, despiértame para olvidar el/ comienzo, para recuperar el final”.


Principio y fin. La primera y la última bocanada verbal o de tierra recorrida.


3.-


Hay un cuerpo agregado. Un resumen carnal. Una voz que se calca ella misma desde un alguien invisible. El poema no se agota en el silencio:


“Tu espalda es un eco si te aleja. Si alguna vez/ regresas… ¿Oirás mi eco?”.


Ida y vuelta. La lejanía, lo extremo. La presencia.



“Mi corazón tiembla cuando se alejan”, habla de los árboles como seres movibles, desplazables.



La palabra persiste en repetirse: alejarse, regresar, volver, estar.


“La oveja también sigue / sin regresar, sigue allá fuera esperando”.


Estar es efímero. Estar es sólo un instante. Ir o venir forman parte de ese momento, de esa brevedad.


4.-


La segunda parte del libro es una pregunta: “¿Cuál es el orden?”, y se responde con una oración rotunda: ¡Todo esto es tan gracioso!”.


Los mini cuentos que aquí se leen hablan de perros y gatos, de un gallo mientras ocurre el exilio, el amor como tenencia, las ciudades vividas en destierro, una mirada a la historia universal, un paseo por la imaginación de Alicia y su país maravilloso como una alegoría. Y así, los tantos imperios: lo efímero como un paseo que forma parte de la vida trasegada.


"Islas" David Cortés Cabán
130 visualizaciones  4 mar 2020





https://centroculturalsol.com/PRESENCIA DE LO EFIMERO - David Cortes original.pdf


 

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Alberto Hernández

Reside en Maracay, Aragua. Tiene un posgrado en literatura latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar (USB) y fue fundador de la revista Umbra. Ha publicado, entre otros títulos, los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia(1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Nortes (1991),Intentos y el exilio (1996), Bestias de superficie (1998), Poética del desatino (2001), En boca ajena: antología poética 1980-2001 (2001), Tierra de la que soy (2002), El poema de la ciudad (2003), El cielo cotidiano: poesía en tránsito (2008), Puertas de Galina (2010), Los ejercicios de la ofensa (2010), Stravaganza (2012), 70 poemas burgueses (2014), Ropaje (2012). Además, ha publicado los libros de ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981) y Notas a la liebre (1999); los libros de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994), Cortoletraje (1999), Virginidades y otros desafíos (2000) y Relatos fascistas (2012), la novela La única hora (2016) y los libros de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999) y Cambio de sombras (2001). Dirigió el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito (Maracay), donde también ejerció como director, secretario de redacción y redactor de la fuente política. Publica regularmente en Crear en Salamanca (España), en Cervantes@MileHighCity (Denver, Estados Unidos) y en diferentes blogs de Venezuela y otros países. Sus ensayos y escritos literarios han sido publicados en los diarios El Nacional, El Universal, Últimas Noticias y El Carabobeño, entre otros. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano, al portugués y al árabe. Con la novela El nervio poético ganó el XVII Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2018).


https://www.crearensalamanca.com/presencia-de-lo-efimero-del-puertorriqueno-david-cortes-caban-comentario-de-alberto-hernandez/




Presencia de Lo Efimero - D... by Dimitri Lipo



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domingo, 8 de diciembre de 2024

David Cortés Cabán y su Presencia... de lo efímero

 



El exiliado regresa de Nueva York

(minicuento)


Salieron a recibirme con desconfianza. Me confundieron con el otro, el exiliado que les había robado la identidad. “Yo tengo una boina gris, les dije, además no estoy afiliado a ningún partido”. Le hice también una señal a mi madre que venía a recogerme. “La vida de un exiliado debe de ser amarga y desolada”, dijo mi madre. “No tanto”, le dije cuando me abrazó, luego de persignarse. Para calmarla le expliqué que mi primer exilio había comenzado en mi casa, y después se fue extendiendo cuando los vecinos me dijeron: “niño, tú pareces un exiliado”. La maestra también lo dijo cuando le preguntó a mi mejor amigo: “¿has visto al exiliado?”. “No conozco a ningún exiliado”, le contestó mi amigo; “además Paco vive cerca de una finca donde sólo viven vacas y fantasmas”. Mi amigo comprendía mejor que yo la palabra exiliado y la repudiaba, a mí me parecía mágica, al pronunciarla me sentía como un héroe. “Estar exiliado es como montar un caballo de siete colores y echarse a volar por el mundo”, le dije a mi madre. Le recordé que un día escribí la palabra e x i l i a d o en el uniforme de la escuela. Me dio la impresión de que no me escuchaba cuando me dijo: “hijo mío, no te eches la vida tan a pecho”. Entonces, me levanté y miré por la persiana. La ciudad estaba desierta, abrí la puerta y me eché a caminar… ¿Cómo un turista? No, como un exiliado.


 




Sobre ‘Presencia de lo efímero’, de David Cortés Cabán


MARITHELMA COSTA


Hay que celebrar la reciente publicación del magnífico libro de poemas en prosa y mini cuentos Presencia de lo efímero (Ediciones Boán, Arecibo, 2021) del autor puertorriqueño afincado en Nueva York, David Cortés Cabán. El libro, de tono intimista y atmósfera onírica, se divide en tres partes. En la primera aparecen veintiséis poemas en prosa, escritos en un lenguaje sencillo y accesible, que exploran diferentes temas, pero producen sensaciones de alucinación o ensueño análogas. Llevan títulos como “Arboles”, La sed”, El eco”, “La razón” o “El anciano”.  La segunda sección: “Cuál es el orden? ¡Todo esto es tan gracioso!” agrupa quince mini cuentos que, partiendo de argumentos relativamente definidos, se hacen cada vez más abstractos. Esta imprecisión, que domina a partir del tercer texto, cede parcialmente hacia el final, pues los tres relatos que preceden el espléndido mini cuento que cierra el libro, están enmarcados en escenarios y experiencias neoyorquinas. La tercera parte ya no pertenece a la pluma de Cortés Cabán sino a la del crítico Ernesto Alvarez, quien presenta un extenso estudio sobre su obra.


Presencia de lo efímero está enmarcado por los temas del orden y su anulación: el desorden. Se inicia con “Problema de perspectiva”, donde se presenta un insólito diálogo entre “el poeta mayor” (que podría coincidir con el Jorge Luis Borges cuyos versos lo anteceden como epígrafe) y la voz poética, sobre el espacio que deben ocupar los objetos en el mundo: “Entonces este poema es un desorden? Le pregunté al poeta mayor. / Cierto, explicó: la máquina de coser debe ir en la esquina y el pavo real debe estar en el centro”./ Sentí que había un problema de perspectivas… La perspectiva no lo es todo, pensé, además la máquina de escribir está debajo de la mesa y debería estar sobre la mesa donde he puesto la máquina de coser…” (p. 7).  Este cuestionamiento sobre tres objetos representativos en la vida –la escritura, el trabajo fabril y la belleza– ,  establece el tono onírico de la colección a la vez que apunta indirectamente a la importancia de la ordenación de los textos en el libro.


 


El problema del orden y su negación se combina con el tema de la vejez, y reaparece de forma impactante en el mini cuento final. En efecto, en “Cuál es el orden”  se desglosan algunas de las razones por las cuales un hijo ingresa a su padre en un asilo de ancianos debido a la incapacidad del padre, que figura como narrador del relato, de mantener el mundo en orden. El texto se inicia de forma dramática: “’No dije nada, Sabía que vendrían a buscarme. Habían decidido llevarme a un asilo porque mi ancianidad les perjudicaba“. Más adelante, la misma voz poética explica: “Hay un orden para todas las cosas. Debí haber pensado que había un tiempo para todas las cosas, pero nunca comprendí la palabra orden. Es posible que mi vejez sea el desorden. Soy un verdadero desorden… ” (p. 50).


Pero volvamos al principio. En los poemas en prosa iniciales también se exploran  temas como el tiempo, las dificultades del regreso a la patria y el amor. Aparecen a menudo elementos de la naturaleza (el bosque, el abedul, el gallo) y obras emblemáticas de poetas y pintores de los siglos XIX y XX. Como se declara en “Voces que no tienen edad”, domina  la sensación de haber entrado en un sueño: “No siento el peso de la realidad. Mis vecinos tampoco la sienten” (p. 9).

Este desprenderse de lo real se manifiesta en “Hojas y tiempos”, un poema circular, donde se reflexiona sobre el paso del tiempo: “El viejo y el muchacho trabajan en el patio. Mientras leo a Whitman recogen las hojas que el viento arremolina. El viento despeina sus cabellos y lleva sus voces…/ Estamos en un mismo lugar. Ahora el viejo y el muchacho leen un poema de Walt Whitman. Para no avergonzarlos yo sigo su labor, recojo las hojas secas del patio mientras el viento desprende un remolino de hojas rojas detrás de mis pasos” (p. 19). Por otro lado, “Hay más opciones” nos presenta a una muchacha aristócrata que pide escuchar, en una fiesta imposible, la sonata “Claro de Luna” y en “Estamos tratando de soñar”, de título especialmente significativo, se incorporan al tejido poético las aldeas de Marc Chagall y los icónicos girasoles de Vincent Van Gogh (pp. 31 y 23).



Poco antes de pasar a los mini cuentos, en el conmovedor “Los enamorados” la voz poética dialoga con un interlocutor y le describe un espacio natural por donde pasa una pareja de jóvenes: “No te avergüences del leve soplo sobre el pasto seco. Sobre el azul más profundo la luz brilla y se disipa. No estás en el jardín, no estás donde pudiste estar. La luz es igual. Inclínate y escucha el viento”. El texto, de apenas media cuartilla, incluye una magnífica definición de la vida anclada en el desorden : “La vida es lo que alcanzamos cuando corremos sin rumbo” (p. 26).





La segunda parte de Presencia de lo efímero combina en su título el del último relato, “Cuál es el orden” y el octavo “Todo es tan gracioso”. Se inicia con dos cuentos espléndidos narrados en primera persona que recrean, siempre dentro de la lógica de la ensoñación, una experiencia infantil (un niño que se hace amigo de un misterioso perro) y un viajero, en este caso un poeta, que se enfrenta a las autoridades por llevar en el fondo de la maleta un gallo de pelea.


“El exiliado regresa de Nueva York”, tercer mini cuento, indaga sobre la formación identitaria del que se va de su país, explorando cómo se forja el personaje del exiliado. Y en los relatos que siguen se suceden temas abstractos como la soledad o el amor que habían aparecido en la primera sección del libro. Frente a los dos cuentos iniciales, en la mayoría de estos textos los hilos argumentales ceden y también se impone el tono abstracto que dominaba en los poemas en prosa. El libro va cerrando con tres relatos que se desarrollan en un marco neoyorquino: “El río Hudson” ambientado en el otoño, “Desde un hospital de Manhattan” que explora la vida y la muerte en un hospital de la ciudad y “No hay nadie en Battery Park” donde figuran un grupo de niños junto a su maestra en un parque del Bajo Manhattan que se halla muy cerca de los antiguos muelles. En este último mini cuento se escinden las líneas que separan la realidad de la literatura y el presente del pasado, dejando en el lector una sensación de inseguridad y extrañamiento. Y esta perplejidad sirve magníficamente de prólogo a “Cuál es el orden” reflexión final sobre la vejez y el desorden que cierra el poemario.


David Cortés Cabán ha publicado más de media docena de libros de poesía a lo largo de cuatro décadas. Para aquellos familiarizados con su obra, esta nueva entrega redondeará su visión sobre la poética de su autor. Y para los que leen por primera vez a este fascinante poeta boricua, Presencia de lo efímero constituirá una experiencia sorprendente y transformadora.


"Islas" David Cortés Cabán
130 visualizaciones  4 mar 2020




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Marithelma Costa nace en San Juan de Puerto Rico en 1955 y vive, desde 1978, en Nueva York, donde es profesora del Departamento de Lenguas Romances del Hunter College. Es autora de los poemarios Diario oiraiD (1997), De tierra y de agua  (1988) y De Al’vión  (1987); del libro de cuentos El metro y otras historias (en prensa) y de las novelas Era el fin del mundo (1999) y Los papeles de Bea. También ha publicado Las dos caras de la escritura. Conversaciones con M. Benedetti, M. Corti, U. Eco, et al.  (1988), Kaligrafiando. Conversaciones con Clemente Soto Vélez (1990) y Enrique Laguerre. Una conversación (2000). Es autora de varios libros sobre la literatura española y caribeña (Bufón de palacio y comerciante de ciudad. La obra del poeta cordobés Antón de Montoro (2001), Antón de Montoro. Poesía completa (1990); y ediciones de La llamarada (2002) y La resaca de Enrique Laguerre (2009), y La carreta de René Marqués (2013). Ha participado en múltiples encuentros internacionales de poesía en Latinoamérica y publicado poemas y cuentos en innumerables revistas literarias. Desde 1988 enseña literatura en Hunter College de la City University of New York.


 

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David Cortés Cabán. Imagen tomada de Crear en Salamanca.

David Cortés Cabán. (Arecibo, Puerto Rico, 1952). Poeta y ensayista. Reside en Nueva York, Estados Unidos.Posee una Maestría en Literatura Española e Hispanoamericana de The City College (CUNY). Ha publicado los siguientes libros de poesía: Poemas y otros silencios (1981), Al final de las palabras (1985), Una hora antes (1990), El libro de los regresos (1999), Ritual de pájaros: antología personal (con prólogo de Ramón Palomares y Eugenio Montejo, 2004),, Islas (2013). Sus poemas y reseñas literarias han aparecido en revistas de Puerto Rico, Estados Unidos, Latinoamérica y España. Fue maestro en las Escuelas Públicas de Nueva York y profesor adjunto del Departamento de Lenguas Modernas de Hostos Community College of The City University of New York.En 2006 fue invitado al III Festival Mundial de Poesía de Venezuela, y en 2015 a la Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN), dedicada a Puerto Rico. La Universidad de Carabobo le otorgó la Orden Alejo Zuloaga Egusquiza, en el Festival Internacional de Poesía de la ciudad de Valencia en 2013. Ha participado en los Festivales Internacionales de Poesía de Cali, Colombia  (2013), y de Managua, Nicaragua (2014). En 2014 fue invitado a presentar el acto «Noche de Juglaría: Lectura de Poetas Venezolanos» en Berna y Ginebra, Suiza.


https://tiberiades.org/?p=6103


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martes, 3 de septiembre de 2024

Enrique Labrador Ruiz: Un crayón cubano, por Vicente Gerbasi

 



Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes un texto del siempre recordado Vicente Gerbasi descubierto por nuestro amigo David Cortés Cabán.

David Cortés Cabán. Imagen tomada de Crear en Salamanca.


El texto es un acercamiento a la obra  del escritor cubano Enrique Labrador Ruiz y fue publicado en la revista Puerto Rico Ilustrado, el 2 de Octubre de 1948.




Disfruten de un texto que muy  pocos venezolanos han leído y que sirve para desmontar el supuesto aislamiento cultural en que vivían los escritores latinoamericanos previo al famoso Pum (Boom) latinoamericano


Gracias David Cortés Cabán por el regalo.


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“Un crayón cubano” por Vicente Gerbasi



Enrique Labrador Ruiz desanuda su desesperación en la búsqueda de su propia libertad, y es como una silueta cubana que surge junto a la piedra antigua y el perfume de los jardines... entre las palmeras que se levantan en medio del crepúsculo frente a la bahía de la Habana. 






Enrique Labrador Ruiz colecciona el ensueño en Reina 108. Para este escritor La Habana abre un viejo abanico de colores cerca del lento y fabuloso Barrio Chino. En su biblioteca las horas se detienen en estatuillas de marfil, en barrocos y relucientes objetos de porcelana, en agresivas máscaras de Oriente.

En su casa Pablo Neruda ha apresado en ‘un gordo' frasco la cromática magia del mar. La anémona marina y la retorcida caracola nacarada; la convulsa rama de coral y el vidrio ultravioleta pacientemente gastada por las olas; al alga de frágil verde y la porosa piedra estrellada; la esponja, la geografía del abismo y el reflejo, del alba en el agua.

Enrique Labrador Ruiz vive en una biblioteca-museo, en medio, de una decoración descuidadamente realizada cómo para que en ella pueda habitar la soledad y dialogar en la penumbra con esa misteriosa pianista Con rostro y vestimenta de monja, de novia y de muerte, que el gran pintor Fidelio Ponce ha colgado entre los libros y las pipas de Enrique.

Fidelio Ponce


 —Todo coleccionista es un descentrado—, me decía hace poco este inmejorable amigo cubano,mientras, paseábamos por el ancho malecón de La Habana, de esta Habana tan parecida en algo a Nápoles, de esta Habana que el mar toma por la cintura, mientras ella toca una joven guitarra sensual. 



Tambor, tamboril, tamborilero de Africa.- Son en la brisa del surgen la palmera, en la bahía de la noche iluminada, en la mañana que sostiene lentas gaviotas en el aire, de los grises edificios. Aquí la piedra antigua y la flor de los jardines; la áspera muralla hispánica y el flamboyán equinoccial; las calles con sombrillas; muchachas con ligeros trajes que recuerdan tiempos helénicos; los galgos que van a lamer los arrecifes de coral.

Es un español muy francesamente pronunciado, el hierático poeta negro de Haití, Roussan Camille, nos dice cuando de pronto se aparece en silencio a esta ciudad:

"—¡Qué Havana! ¡Queeeee Havana! Es la ciudad donde uno siente más..sed, porque siente sed de ella misma. "


Enrique Labrador Ruiz prefiere a La Habana, de noche, ruidosa e iluminada, con anchos bares hasta en la puerta del cementerio, con barcos que pasan como grandes ataúdes rodeados de cirios entre montañas de carbón relucientes bajo las estrellas, y acordeones de marineros. Prefiere a La Habana de noche, porque el día es para su biblioteca, para sus novelas gaseiformes y sus cuentos neblinosos.

—Entre mis libros, en la penumbra de mi biblioteca, yo soy el gobernador del mundo—nos dice-, así cómo tú eres el jefe civil, de una nube, según Andrés Eloy Blanco.



Y en verdad su biblioteca-museo es un mundo, un maravilloso mundo. De México, de los Estados Unidos, de Colombia, de todos los países que ha visitado, se ha traído las más raras y antiguas ediciones, los más subyugantes títulos, hay en su biblioteca toda una serie de libros sobre el mar. Él gran amigo del Profesor Been, el hombre que en batisfera ha descendido a la noche imperturbable del océano, a los silenciosos abismos, allí donde descansan los barcos hundidos, los esqueletos de los monstruos marinos; donde los ahogados han construido sus negras ciudades, iluminadas por raudas constelaciones de peces fosforescentes.

Enrique Labrador Ruiz guarda la poesía de todos los tiempos en volúmenes empastados a manera de sabrosas tablas de chocolate. En lujosos estantes de madera labrada, están la filosofía, el ensayo, la novela, el cuento; los alucinantes libros dé viajes.

"—La vida del hombre es un extraordinario viajé. Cuando no se puede viajar en barco o en avión, hay que hacerlo en la lectura. Pero viajar, viajar, siempre viajar, caer de pronto en lejanas ciudades, cruzar comarcas salvajes, llegar a parajes que antes sólo han existido en nuestros sueños."

Unos cuantos libros de cabecera están en un mueble giratorio: Dostoiewsky, Balzac, Poe, Meville. Claro, es "Moby Dick”, la ballena blanca, la anónima aventura de los océanos, las soturnas tempestades ululantes entre las flotantes montañas de hielo, las tranquilas noches de los mares tropicales que impulsan lejanas músicas de estrellas, la muerte tendida en las aguas, con brazos y cabellos y los ojos vueltos hacia las nubes y el lento vuelo de las aves migratorias.

Sí, este es el mundo de Enrique. Le hubiera gustado pescar ballenas, o andar por las nieves del Gran Lama, o buscar la muerte como la buscó Gauguin. Por eso cuando , no viaja está entre sus libros, como la bestia herida se refugia en su cueva.

Su dramática nostalgia, de viajes le ha permitido darle extraña forma a su existencia. No es un tipo monástico, pero sí le gusta encerrarse para vivir imaginando, recordando, reconstruyendo días. Le gusta tener ante sus ojos las cosas que ha recogido en sus viajes. Cuelga de las paredes armas de guerrilleros, sombreros charros, idolillos; animales disecados, pipas, retratos.

Este escritor no usa espejos. Prefiere mirarse en las numerosas caricaturas qué tiene en su cuarto. Sabe que las furias de los días no podrían reducir a nuestra propia caricatura. Los espejos nos muestran, apaciblemente, lo que somos; las caricaturas, violentamente, lo que podríamos llegar a ser.

En la azotea dé su apartamiento, en medio de techos habaneros, Enrique hace al levantarse media hora de ejercicio con un par de muletas, mientras lo miran asombrados dos pequeños morrocoyes que hace poco le mandó en avión desde Ciudad Bolívar, Venezuela, el Profesor Sifontes, un venezolano que se conoce la vida íntima del Orinoco. 

Entre cajas de tabaco, revólveres, pistolas, objetos de bronce realizados por el genial Rebajes, uno de los dueños espirituales de New York,  está su ya prediluviana máquina de escribir, de la que han salido sus raras novelas gaseiformes y sus cuentos de demoníaco dinamismo. Actualmente Enrique Labrador Ruiz escribe la angustiante biografía de un maniquí. Encontró a su personaje, ya muerto, descolorido y con un brazo desgarrado, en un oscuro rincón de uña sastrería habanera. 

Enrique escribe en una penumbra presidida por los grandes pintores contemporáneos de Cuba: Amelia Peláez, Fidelio Ponce, René Portocarrero, Carlos Enriquez, Cundo Bermúdez, Felipe Orlando, Luis Martínez Pedro, Mario Carreño, Jorge Arche y Víctor Manuel

Para estos extraordinarios creadores,, color y movimiento son una sola cosa. Ponce logra, inclusive, el dramatismo del color. Para Enrique Labrador Ruiz la literatura es vida: movimiento y color


Por eso, como hombre y como escritor prefiere por sobre todas las cosas el viaje. En el viaje se unen la realidad y el sueño. En ellos la imaginación se hace realidad, y la vida, regida por el misterioso, destino, se enriquece de maravillosas experiencias. 

Vive inventando viajes. Hace poco fue a New York con el único y fantástico objeto de ver la más grande nevada que le ha tocado en suerte a aquella urbe, días después fue a Venezuela. El Orinoco le sorprendió de tal modo que al verlo se lanzó a sus turbulentas aguas. En la Guayana allá, dónde según, la leyenda, se esconde El Dorado, quiso visitar "las mansiones verdes”. Anduvo por la ruta de Marco Vargas, el personaje de Rómulo Gallegos, y en los parajes más sombríos de la selva oyó el grito lúgubre de la araña mona, la voz de Canaima, el demonio de los indios. En la Gran Sabana, una alta meseta venezolana, que cercada por caprichosas convulsiones geográficas, se extiende hasta la frontera del Brasil, se hizo amigo de los caciques indígenas, quienes en una bulliciosa fiesta nocturna, iluminada con fogatas, le ofrecieron típicos presentes que ahora guarda en su apartamiento entre otros recuerdos de lejanas geografías.



Es amigo del pseudónimo, pero nunca ha usado ninguno porque sabe que su nombre posee la calidad rebuscada de los pseudónimos. Muchos de los que se cambian el nombre lo hacen porque con el propio no podrían ir a ninguna parte. En su libro “Papel de Fumar”, que subtitula Cenizas de Conversación, nos recuerda que Boccaccio se llama Gíovanni di Certaldo, buen nombre para un mercader florentino; que Stendhal, era Enrique Beyle; que el diabólico Lautreamont era Isidro Ducasse; que André Maurois es Emille Herzog; que el verdadero nombre de Apollinaire era Kostrowisky.

Me imagino que los que adoptan un pseudónimo comienzan a vivir, desde el momento en que abandonan el nombre con el cuál se han visto crecer, una vida pirandelliana, ún dramático desdoblamiento... Enrique no  quiere ser, ya pasados los cuarenta años, un Difunto Matías Pascal. Por lo aquí descrito a tan rápidas pinceladas, diríase que la vida de este artista, ha venido transcurriendo en un teatral desorden. Pero nada menos cierto, pues su vida está regida por un maravilloso orden espiritual y creador. Lo que hay en él es angustia, lucha por alcanzar la conquista de si mismo. Es una vida personal, propia, cuyas diarias experiencias, cuyo arduo desenvolvimiento, cuyo difícil rumbo, son intransferibles. La propia vida, con su secreto imperio, con todo lo que tiene de dolor y de alegría, es la única propiedad sagrada. Pero hay que saber ser dueño de ella. Hasta los momentos más tremendos y oscuros de nuestros días, hasta esas horas en que nos hemos visto caer en húmedos rincones negros, en medio de los harapos de la pobreza, propia o ajena; en que nuestros ojos han estado fijos en los muertos; en que la más desolada tristeza nos lleva por turbias alamedas crepusculares, son solamente nuestros, profundamente nuestros, definitivamente nuestros. Enrique Labrador anda en busca de sí mismo y de su propia muerte. Ese afán de viajes, de ver el mundo, de verse en el mundo, rodeado por las cosas de aquí y de allá, de añorar lo lejano y alcanzarlo y luego buscar lo que de nuevo está distante, es para él una dolorosa tarea que cumple para ver su vida, y para dejar en sus novelas y cuentos un testimonio de que él, como hombre, ha existido. Este escritor que se siente esperado por la muerte, que siente la angustia que la muerte nos impone, quiere llegar a ella ofreciéndole una existencia plena, creadora. 

Existe en él un devorador sufrimiento por la muerte física. Su obsesión son los ataúdes. Los lleva en la palabra, en los Sueños, en sus relatos, y los ve bambolearse en los puertos cuando la mar se enluta entre reflejos de farolas.

Todo ser atormentado. Le tiene pavor a los ataúdes. El ataúd es el lecho eterno en que nos quedaremos acostados sin poder ver más las cosas de .aquí; sin poder hablar, sin, poder gritar. En él se pudrirán nuestros labios, nuestros ’ ojos, nuestro sexo.

Cuando esto suceda, es verdad, no tendremos conciencia de ello. Pero lo terrible es que ahora, cuando estamos vivos,, sabemos que eso habrá de suceder.. ;

¿Acaso es malsano hablar de esto? ¿Pero quién nos prohíbe pensar en este horror? Lo importante es poder evadirse de tan espantosa Verdad. Para lograrlo es necesario vivir l0 más intensamente posible, como lo hace Enrique Labradór Ruíz, el perseguido por el ataúd. Por eso él anda por el mundo huyendo de crueles, sombras, de tenaces fantasmas. En este azaroso deambular ha encontrados u vida. Ha visto su vida. Es testigo de su existencia, así como es testigo,de su muerte. Esto le obliga a buscar, a lo largo de sus torbellinosos días, su propia libertad, La búsqueda de esa libertad lo lleva a la desesperación.

Algunos dé sus personajes son abatidos brutalmente porque rehúsan someterse al destino. Este es el tremendo problema de gran parte de la humanidad, especialmente de la humanidad de hoy. Nos estamos olvidando de esta expresión: “El destino conduce a Quien consiente y , arrastra a quien rehúsa”, Hay algo superior a nuestra voluntad a lo cual es menester someternos si queremos ser dueños de nosotros mismos.

Creo qué existe un estrecho parentesco entre vocación y destino. Darle la espalda a la propia vocación es rehusar el destino para ser arrastrados por éste hasta el caos y hasta una muerte que no es propia.

Enrique Labrador Ruiz se ha hecho un solitario para poder cumplir con su irrevocable vocación de escritor, vocación que le impone él duro deber de ser “testigo”, no sólo de su existencia, sino del mundo, de la humanidad.



Vicente Gerbasi


“Un crayón cubano”, pp. 21, 22, 25 y 30.


Puerto Rico Ilustrado, Octubre 2 de 1948.



Puerto Rico Ilustrado, Octu... by Dimitri Lipo



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