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viernes, 8 de noviembre de 2024

Las Solapas de Carlos Villaverde

 





El escritor de solapas


Carlos Yusti jueves 8 de julio de 2021


En uno de esos diálogos casuales con Carlos Villaverde (poeta, médico, siquiatra, editor del Fondo Editorial Predios y diletante portentoso), me contó su intención de reunir como libro sus textos escritos para las solapas y contraportadas de los libros que con esmero editó. Eran alrededor de cuatrocientos breves escritos que sintetizaban, de forma sintetizada/apresurada, el contenido del libro, y en ocasiones una semblanza de estrella fugaz del autor.

Mario Muchnik .Imagen tomada de El País.

Editar libros es una operación compleja, plena de minucias, contiendas y tropiezos de toda índole. Mario Muchnik, en su libro Oficio editor, relata un poco este engranaje y en un aparte de la obra detalla en categorías las características de algunos escritores, sus manías y perturbaciones de divismo trasnochado al momento de publicar. Así, tenemos a escritores que no admiten que se les toque una coma de su texto, aunque no se entienda bien lo que escriben. Están los que intentan imponer su propia idea de cubierta. También los autores extranjeros que, sin saber una palabra de español, pretenden corregir una traducción. Por supuesto, hay escritores convencidos de que el editor se enriquece a costa de ellos. Y así una lista larga de un pintoresco zoológico en el que los egos bordean lo maniático. A pesar de ello Muchnik acota: “Y, sin embargo, en este oficio de editar libros, lo peor no son los autores”.

Alejandro Otero en 1960


El poeta Villaverde como editor tuvo que lidiar muchas veces con los autores. Recuerdo un incidente del que fui testigo. Fuimos a casa de un poeta, del que no diré su nombre, pero sí de su gran solvencia como poeta y de su gran aplomo estilístico como escritor; Villaverde quería comunicarle en persona el retraso de la publicación de su libro. Así, comenzó a explicarle todos los intríngulis del retraso, pero subrayó que el libro tardaría todavía más debido a que los herederos del pintor Alejandro Otero le habían entregado un manuscrito, Papeles biográficos, para su publicación. Argumentó la importancia de editar aquel libro autobiográfico de quien aparte de gran pintor vivió durante algún tiempo, en su infancia, en Upata. Yo mientras tanto degustaba un Jack Daniel’s en el sosiego zen total. Por su parte, la cara del poeta se volvió un rictus de pocos amigos y se tornó rojo de ira y, sin levantar la voz, dijo: “Poeta, usted insinúa que Otero es mejor escritor que yo; usted piensa que la obra de Otero tiene más valor que la mía y por ese motivo publicará sus paparruchas biográficas antes que mis poemas. Si es así, gracias por la visita y los acompaño a la puerta, pero debo atender otros asuntos”. Apuré como pude el trago y salimos sin decir palabra. Ya en la calle el poeta gritó: “Adiós, ex editor, y sobre el libro haga lo que mejor le parezca”. Al cabo de algunos días el poeta llamó por teléfono a Villaverde para disculparse. Casi simultáneamente se editaron los Papeles biográficos de Otero y el libro del poeta.



Carlos Villaverde como editor tiene algo de extravagante y tampoco es ahorrativo en eso de las manías. En una ocasión eliminó algunos ensayos del primer libro que me publicó en Predios. Aducía que eran redundantes, endebles y además abultaban más de lo previsto el libro, y procedió a podarlo sin que le temblara el pulso. Ese montón de textos huérfanos e inconexos fueron de nuevo al quirófano de la reescritura y armé un delgado libro. Sin saber qué hacer con semejante Frankenstein lo envié a un concurso. El libro ganó el primer premio en metálico y publicación. Una cualidad que admiré de Villaverde como editor era que nunca tuvo simpatía por los subsidios y prebendas que otorgaba el gobierno; jamás comulgó con ese engranaje cultural, repleto de trampas y engreimiento burocrático, para su trabajo de edición.


El poeta Villaverde me aseguró que escribir las “solapas” tiene más truco que técnica en sí. Su procedimiento consistía en leer los manuscritos, hacía las correcciones preliminares y en ese intervalo iba tomando notas sobre las particularidades de la obra, y luego, cuando ya el libro estaba en la imprenta, retomaba las anotaciones y la solapa salía con fluidez.

Imagen tomada de Revista Santiago.

Roberto Calasso dice que el antepasado de la solapa es la epístola dedicatoria, que tuvo su despunte en el siglo XVI y en la que el autor (o el impresor) se dirigía al príncipe que había dado su protección a la obra. Calasso escribe: “La solapa es una forma literaria humilde y difícil, que espera todavía quien escriba su teoría y su historia. Para el editor suele ser la única ocasión de señalar explícitamente los motivos que lo han impulsado a escoger un libro determinado. Para el lector, es un texto que se lee con sospecha, temiendo ser víctima de una seducción fraudulenta. Sin embargo la solapa pertenece al libro, a su fisonomía, como el color y la imagen de la portada, como la tipografía con la que se lo ha impreso. Una cultura literaria se reconoce también por el aspecto de sus libros”.


Escribir con exactitud de brevedad no es sencillo y la solapa requiere cierto tacto y una grandilocuente delicadeza. Para escribir solapas lo primero es sortear los consabidos tópicos del elogio lambiscón; a continuación debe seducir y al mismo tiempo debe ser una invitación. Que la solapa no sea una publicidad que vende un producto con el elogio de virtudes engañosas. Villaverde, por su parte, intentó con sus solapas dejar el estilo rotundo de los críticos de página cultural e intentó que cada texto fuese creativo, ameno, buscando la complicidad del lector hacia el libro y su autor. Villaverde buscó escribir una breve misiva para el lector por aquello escrito por Calasso: “Observemos a un lector en la librería: toma un libro en sus manos, lo hojea y, durante algunos instantes, está del todo ausente del mundo. Escucha que alguien habla y que sólo él lo oye. Acumula fragmentos casuales de frases. Cierra el libro, mira la portada. Después, con frecuencia, se detiene en la solapa, de la que espera una ayuda. En ese momento está abriendo —sin saberlo— un sobre: esas pocas líneas externas al texto del libro son, en efecto, una carta: una carta a un desconocido”.


Pedro Téllez. Fotografía de Yuri Valecillo

Villaverde, en la solapa del libro Tela de araña, de Pedro Téllez, escribió: “…propone catorce abordajes, en forma de notas breves, de leer por gusto, de leer y apreciar de muchos modos, de ensayar la agudeza tras la entrelínea, en donde llega a recrear no pocas de las variables que comporta toda lectura…”. En la solapa del libro Textos de la prisa, de José Carlos De Nóbrega, ediciones del Gobierno de Carabobo, escribe: “En literatura el ensayo es una voluntad, siempre insatisfecha, de conocer. Es en esencia actividad del ingenio, en afán, por acceder a una experiencia. El escritor hace en el ensayo desde el ejercicio crítico como aguda manera de solidaridad hasta la precisión de lo oculto como forma más intensa de pasión”. Para el libro Taumaturgias del verbo, de Josefa Zambrano Espinosa, anota: “Zambrano escoge el ensayo para ratificar con agudeza la perfecta compatibilidad del juego y la indagación, adentrándonos en el pasadizo-espejo donde las palabras y los signos se intercambian, se potencian y desgastan, como la vida misma en su tráfico de días”.

Josefa Zambrano.

Las razones que inducen a un poeta a convertirse en editor pueden ser muchas. Pero me gustaría pensar que lo hace por descubrir esa metáfora traspapelada que tiene cada libro impreso, esa magia de carpintería y fragua que tiene la edición de un libro. Editar libros es un arte y un negocio, sólo que a veces a muchas editoriales (o editores) se les nota más el negocio. En los libros que editó Villaverde se notaba, claro, el arte y el esmero organizado. Para él fue un desasosiego y un aprendizaje; puede que las solapas sean su huella en la arena de la edición, su visión particular de alabanza y crítica. Quizá los libros de Predios eran el poema y las solapas eran esas desprendidas y apuradas notas al pie.


Para un escritor el universo cabe en un poema, en una novela o en un cuento; para el editor el universo debe entrar con apretado equilibrio y sensibilidad en una solapa.


Tomado de Letralia



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Carlos Villaverde, médico cirujano egresado de la Universidad de Carabobo, especialista en Salud Mental.

Magister en Gerencia de Servicios de Salud por la Universidad Católica Andrés Bello.

Doctor en Salud y Sociedad por la Universidad de Carabobo.

Profesor Universitario en la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo.

Coordinador General del programa avanzado de Formación de Tanatopraxia PAFT del convenio académico entre ASOPROINFU y FUNDACELAC-U.C.


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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordinó la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal. Actualmente es coeditor de la revista digital Cárcava


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domingo, 22 de abril de 2018

Josefa Zambrano a Carlos Yusti: Convirtieron el teatro Teresa Carreño en una gallera para mítines así que la vida misma proporciona el mejor material ficcional


Josefa Zambrano.


Estimados Liponautas.



Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar la más reciente colaboración de nuestro amigo Carlos Yusti. Una entrevista que le realizó a la escritora venezolana Josefa Zambrano.



Deseamos disfruten de la entrada.


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Josefa Zambrano: “La vida misma proporciona el mejor material ficcional”.

por Carlos YUSTI

Fui en autobús desde Puerto Ordaz (40 minutos y algo) hasta Ciudad Bolívar para conocer a Josefa Zambrano, a quien conocía sólo por sus cuentos. Ella por su lado vino desde Caracas (1 hora en avión) para participar en alguna actividad literaria junto con la poeta (y excelente amiga) Teresa Coraspe. Josefa tampoco me conocía, pero había leído algunos de mis ensayos en el suplemento cultural de Últimas Noticias y le causaba algo de intriga mi estilo desencuadernado, mi lirismo de cafetín literario y esa gramática pendenciera de lectura desesperada y apremiante. A mi me gustaban sus cuentos trajeados con un estilo un tanto tradicional, pero que poseían un encanto inusitado y en la que personajes sencillos daban una lírica surrealista, similar a esa niebla que a veces baja desde el páramo y todo lo desdibuja, lo torna todo como un sueño movedizo. Lo cierto es que Josefa Zambrano vino a Ciudad Bolívar a sus cosas y si quedaba algún chance trataría de conocerme. De eso está hecha la música de la literatura; de esa armonía del azar están hechos los encuentros.

Teresa Coraspe

Teresa Coraspe hizo lo conveniente para el encuentro. Me impresionó (y me gustó enseguida) esa mujer blanca, de pómulos rosados y una blusa estilo chino de color azul oscuro, con finos estampados de flores y dragones. Al hablar tenía cierto tic de paisana, pero en la conversación enseguida uno descubría a una mujer inteligente que iba a su propio compas tanto en su escritura como en su vida; una mujer que escapó de esa refriega de la cotidiana bostezante y pueblerina para encaminarse por esa vía de lo políticamente incorrecto, quien a fuerza de tenacidad y agudeza fue minando sin ruido, pero con firmeza, todas las convenciones. Desde ese fugaz encuentro, en la calurosa ciudad del Orinoco, nos une una amistad fluida y con sus tempi respectivos.



La visité en Caracas varias veces, pero la primera vez que compartimos en una cena estuve husmeando por su biblioteca. Tenía una edición de la Mil y una noches. La edición era la de Richard Burton. Si, la tan citada por Borges: “Aventuro la hipérbole: recorrer Las Mil y Una Noches en la traslación de Sir Richard no es menos increíble que recorrerlas ‘vertidas literalmente del árabe y comentadas’ por Simbad el Marino. Los problemas que Burton resolvió son innumerables, pero una conveniente ficción puede reducirlos a tres: justificar y dilatar su reputación de arabista; diferir ostensiblemente de la eñe; interesar a caballeros británicos del siglo diecinueve con la versión escrita de cuentos musulmanes y orales del siglo trece”. En su escritorio de trabajo tenía una reproducción a todo color del Jardín de las delicias del Bosco y como música tenue de fondo se dejaba escuchar La Carmina Burana. Además estaba Sandra Dick, con su belleza elegante y sofisticada; poseía una luminosidad ávida y era como una emulsión estimulante de vitalidad y delicadeza, especie de mariposa febril; no era una mujer, sino invitación sana al misterio, sin mencionar su amabilidad ilimitada. Esa fue una inolvidable velada digna de cuento árabe.

Witold Gombrowicz con sus perros en Córdoba , Argentina en 1954


Witold Gombrowicz se perpetraba entrevistas así mismo como una forma eficaz de darse a conocer y promocionarse cuando era una quimera como escritor. Enrique Vilas-Mata ha escrito: “…fui feliz en la época en la que inventaba las entrevistas y hoy en día, como entrevistado, lo paso bien ensayando ideas y teorías…” . Con esto quiero acotar que las entrevista tienen algo de irreal y pasajero, pero me gusta conversar con mis amigos escritores y escritoras no para saber más que de los entrevistados en sí, sino de esos laberintos de la creación de la literatura. Quiero conocer más de ese verse con el lenguaje a lo hora de escribir. Necesito escudriñar detrás de las palabras, de ese gran instante de iluminación, que atrapa a escritores y a lectores por igual, al leer un texto.. Esta entrevista es un encuentro (a la distancia) no con una gran amiga, ni siquiera con una indispensable escritora, sino con un nervio literario, con un estilo de escritura que va a esa filigrana de la vida, que hurga en lo menudo con recursos creativos e imaginativos de gran fuerza poética. Además Josefa Zambrano tiene esa entereza silenciosa de esos seres de la montaña atareado en contar con tranquilidad lo extraordinario, mientras la niebla lo desdibuja todo hasta descubrir el hueso de una realidad distinta, pero excesivamente narrativa.

¿Cómo es su proceso de escritura?

-Es de ritual. Esquivo la escritura. Hago una y mil cosas antes de dejarme atrapar por las palabras que se agolpan en mi cabeza esperando que me siente a plasmar con ellas una historia, una reflexión; en fin, un nuevo texto. Mi proceso de escritura sigue siendo de mucha inseguridad, de escribir y reescribir hasta conseguir la palabra, la frase que exprese mis sentimientos, mis pensamientos. Es un proceso lento y silencioso, de soledad y angustia, de alegría y gozo cuando siento que he encontrado la palabra precisa o alcanzado el texto deseado. 

 


¿Una idea, un recuerdo, una imagen le sirven de acicate para escribir cuentos o los estructura razonadamente?

-Sí, por lo general se trata de una imagen desencadenante, de un recuerdo que actúa como detonante de lo que será un cuento. El cuento va tomando cuerpo por sí mismo, pero nace de un entrecerrar los ojos, de un ensueño. Distinto es el proceso escritural del ensayo, pues amerita mayor reflexión, estudio, investigación, es decir, de esa estructura razonada que mencionas.

¿La realidad es el mejor material para escribir ficciones?

-Vivir. Creo que la vida misma es la que te proporciona el mejor material ficcional. La ficción es también una realidad; realidad que nace de la mente creadora, cobra vida a través de la escritura y se echa al mundo mediante la lectura. 

Sherezade. Ilustración de Virginia Frances Sterrett
 

Por lo general cuando de narradoras mujeres se trata enseguida se piensa en la Sherezade de las Mil y una noches: una mujer que narra historias para salvarse. ¿Escribe usted también para salvarse?

-La escritura nos salva de los fantasmas que nos acompañan desde que nacemos. La escritura es un don, un gozo, pero al mismo tiempo puede ser, como dice Truman Capote, un látigo que sirve para auto flagelarse. La escritura es una amante muy exigente y posesiva a la que una se entrega, como dice Susan Sontag, “en íntima libertad”. Así que puede salvar o destruir.


El escritor y novelista estadounidense James Salter decía que es difícil escribir novelas, que se debía tener una idea y con ella los personajes, luego era necesario la historia. Entiendo que en la actualidad escribe una novela ¿Puede adelantarnos algo de su proceso y elaboración?

-Lo único que puedo decirte es que ya tiene cuerpo, pues he escrito más de lo que considero la mitad pero por las circunstancias que me ha tocado vivir en estos dos últimos años no he podido retomarla; de ahí que Salter tiene mucha razón al afirmar que es muy difícil escribir novelas. 

 


¿Qué autores han marcado su estilo literario?

-Fui una niña que prefirió la compañía de los libros. Desde muy pequeña he gozado del placer de la lectura, así que el primer libro que leí fue una versión depurada de Las mil y una noches. Al mismo tiempo leía los cuentos de hadas, los suplementos de Superman, La pequeña Lulú, hasta que descubrí a Don Quijote de la Mancha. Es un libro que jamás me cansaré de leer y releer. Jorge Luis Borges y Virginia Woolf son autores que me acompañan siempre, quizás porque también fueron apasionados lectores. Creo con ellos y con Bachelard que el paraíso debe ser una enorme biblioteca, que vale más jactarse de los libros que se han leído que de los que se nos ha sido dado escribir y que el cielo es una lectura infinita, inacabada.


¿Qué lee en la actualidad?

-Como te dije hace rato, estos dos últimos años han sido muy difíciles y dolorosos para mí, ya que perdí a Sandra Dick –el amor de mi vida— con quien compartí feliz unión durante treinta y tres años y siempre dije que ella, como Dulce María Loynaz, vivió “un estilo que el mundo va perdiendo”. Y seis meses después de su muerte, falleció José Luis mi único hermano. Cuando la tristeza es tan inmensa pierdes la capacidad de concentración, así que no era capaz de leer ni siquiera el editorial ni un artículo de opinión en la prensa diaria. Poco a poco fui sobreponiéndome y como quedé sola con cuatro hijitos felinos: Pompeyo Augusto, Pericles, Isis Coromoto y Konstantin Kavafis, y dos caninas: Chilindrina y Palas Atenea, comencé de nuevo a leer. Leí sobre esos sensuales e inteligentes seductores que son los gatos y comencé con El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum, los poemas para niños de T. S. Elliot. Después seguí con Gatos sin fronteras de Antonio Burgos y Lo que aprendemos de los gatos de Paloma Díaz-Mas. Además leí esos cuentos maravillosos sobre gatos de Guillermo Cabera Infante, Patricia Higsmith et al. Luego seguí con Herejes, El hombre que amaba los perros y Aquello estaba deseando ocurrir de Leonardo Padura. 


 
Hace poco me atreví a leer ese libro devastador, espejo en el que no queremos mirarnos pero que el régimen nos obliga a hacerlo y es ese extenso trabajo realizado sobre Corea del Norte por Bárbara Demick: Querido líder. Ayer finalicé un libro que me llenó de satisfacción, que me dio mucho gozo leerlo y que no es otro que el ganador del Premio Internacional de Ensayo de Siglo XXI Editores: TRAMPATOJOS. El círculo en la obra de Remedios Varo de Magnolia Rivera, en cuyas páginas tuve la grata sorpresa de ver varias veces mencionado mi nombre y reproducidos párrafos de mi ensayo Lo mágico, lo enigmático y místico en el arte de Remedios Varo.



¿Qué es ser escritora en este momento actual donde la cultura y el país están como desmantelados?

-Algo horrendo que jamás imaginé que podría vivir. Es impresionante la capacidad de destrucción del régimen. Comenzaron por convertir el “Teresa Carreño” en una gallera para sus mítines y actos propagandísticos y proselitistas, siguieron con los museos, acabaron con los Ateneos, atentaron contra el Palacio de las Academias. El teatro, las ediciones, las exposiciones y el cine sobreviven gracias al esfuerzo que hacen conjuntamente las instituciones privadas, los creadores y productores y el público ávido de ese cosmos cultural que conocimos y disfrutamos hasta los primeros años de este siglo.

¿Cómo es su relación con la Internet? ¿Tiene algún Blog?

-Muy buenas. Gracias a Internet seguimos en contacto con el resto del mundo. El régimen ha hecho todo lo posible para ralentizarlo, pero aun así no han podido impedir que nos conectemos y nos unamos a las dinámicas redes sociales. Y no tengo ningún Blog, pero no niego la posibilidad de crearlo.


¿Para usted escribir es un trabajo o es una necesidad de expresarse creativamente a través de las palabras?

-Definitivamente, una necesidad de expresarme creativamente a través de las palabras. Sigo creyendo que la palabra nombra y crea, que el escritor vive por y para la palabra.

¿La literatura puede incidir en los vaivenes sociales o sólo es un saludo insustancial a la bandera?

-Indudablemente incide. Si no fuera así, ¿por qué entonces los escritores, los artistas, los intelectuales son tan perseguidos en los regímenes autoritarios, dictatoriales, totalitarios como el que está destruyendo a Venezuela?

¿Qué aspira como escritora?

-Poder seguir escribiendo. Poder seguir leyendo, pues el escribir es un releer.


Remedios Varo y su obra Vampiros Vegetarianos.

Usted ha escrito un libro de ensayos1 ¿Es más sencillo el género a la hora de escribir?

-Es más acucioso. Tienes que investigar, estudiar y desarrollar un trabajo intelectual arduo para hilar ese fino tejido que es el ensayo. Debo a mis ensayos sobre Dulce María Loynaz y Remedios Varo2 mis mayores satisfacciones, pues ambos han sido reproducidos por múltiples publicaciones. Además, desde el punto de vista económico el de Remedios Varo me ha permitido realizar durante dos años un diplomado de escritura virtual en Mérida, Yucatán, México. Así como verlo publicado por una editorial bostoniana y en unas lujosísimas revistas dedicadas al exclusivo mundo de los clubes de golf. Sí, estoy muy feliz por el nombramiento de mi gran amiga y excelsa poeta Teresa Coraspe como miembro correspondiente por el estado Bolívar de la Academia Venezolana de la Lengua.




1 Taumaturgias del verbo, Predios ensayo. Marzo 1999.


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Josefa Zambrano Espinosa. Boconó, Trujillo,1950. Reside en Caracas. Cuentista, ensayista, abogado(1973) Postgrado en Criminología (Universidad Coplutense de Madrid,196). Fue profesora de UNSER y de la UCV.

Estudios, monografías y ensayos: Taumaturgias del verbo(1999).

Obra Compilatoria: J. Fernandez “El hombre del anillo” Recopilación de sus escritos: Cuentos, reflexiones y poemas(1977).
Obra en otros idiomas: L’aube S’eville envoutee (1992, trad. Al francés de Al día siguiente todos los caminos amanecen abiertos, y selec. De Magia de páramo y Malaventuras).

Obra Narrativa: De Magia de páramo( 1984, cuentos); Al día siguiente todos los caminos amanecen abiertos(1988,cuentos); y Malaventuras (1995, cuentos)

Datos tomados de: Quiénes escriben en Venezuela de Rafael Ángel Rivas Dugarte y Gladys García Riera.


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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


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