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jueves, 21 de marzo de 2013

'Cazadores de plagios',

la especie que mantiene en vilo a los políticos tramposos de Alemania



 'Código de barras' ideado por el 'cazador de plagios' Klicker que indica un 94% de plagio (marcado en rojo y negro) en la tesis doctoral del exministro de Defensa alemán Guttenberg 


Estimados amigos

Hoy compartimos esta nota que denigra el panorama político alemán. Nosotros nos preguntamos si esto sucede en la impoluta Alemania, con todos sus controles que no sucederá en nuestra Venezuela, que para muchos de nuestros compatriotas es la capital mundial del compadrazgo político.

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María Torrens Tillack

viernes, 08/02/13


  • Son ciudadanos defensores de la ciencia, hartos de que se copien trabajos de doctorado.
  • Su activismo antiplagio ya ha puesto en evidencia a dos ministros de Merkel.

Ni los presuntos casos de corrupción que sacuden a su socio español, ni los datos del paro que también aumentan en Alemania. El responsable de los últimos quebraderos de cabeza de Angela Merkel es un bloguero que se hace llamar Robert Schmidt.


Él fue quien dedicó un blog para investigar la tesis doctoral de la ministra de Educación, Annette Schavan, que ahora se ha quedado sin su título. La Universidad de Düsseldorf ha comprobado la denuncia pública de Schmidt y ha tenido que reconocer que pasaron por alto un plagio. De momento, la canciller alemana defiende que Schavan siga en su puesto. Pero este asunto no es precisamente lo ideal para afianzar su popularidad a poco más de medio año para las elecciones generales.


En 2011, las investigaciones de ‘PlagDoc’ y su plataforma GuttenPlag ya acabaron con la prometedora carrera del ministro más popular del Gobierno de Angela Merkel, el exministro de Defensa Karl Theodor zu Guttenberg. El anónimo cazador de plagios se hizo eco del plagio que había descubierto un abogado en el texto de quien hasta entonces se consideraba el heredero natural de la canciller. Con la colaboración de internautas anónimos, sacaron a la luz que el 94,4% de los pasajes estaban copiados de otros textos sin la pertinente cita. La Universidad de Bayreuth, que le había concedido el título de doctor, se lo acabó retirando.


“No me puedo imaginar que [Annette Schavan] siga siendo ministra [de Educación] la semana que viene. Su credibilidad ha quedado destruida”, opina el cazador de plagios Martin Klicker, seudónimo de uno de los fundadores del portal colaborativo VroniPlag.


Este ingeniero doctorado y treintañero prefiere mantener el anonimato para evitar represalias. Ya participó en la iniciativa que destronó a Guttenberg y la plataforma donde colabora ahora activamente, VroniPlag, ha publicado 40 casos de supuestos plagios, 12 de ellos eran de políticos. Aún así, asegura que le interesa “el lado científico, no solo el político”.

GuttenPlag, SchavanPlag, PlagiPedi, VroniPlag… existe todo un ejército en la Red alemana para combatir las copias de trabajos doctorales.

Un referente para esta particular comunidad de cazadores es el experto austríaco en la materia, Stefan Weber. Y él admira a la vez la labor de estos activistas que califica de “inmensamente importante”.



“Los responsables tendrían que haber desechado los trabajos de ambos ministros desde el principio”



Este profesor de teoría de medios no tiene ninguna duda sobre las copias de ambos ministros cristianodemócratas, que también ha examinado. “Los responsables tendrían que haber desechado los trabajos desde el principio”, afirma. Dice que no le hizo falta leer las tesis de Schavan y Guttenberg al completo: “Cuando encuentro muchos plagios en un trabajo, ni siquiera tengo que leer el contenido de arriba abajo. En ese caso es una simulación de un texto y como tal no tiene valor alguno para la ciencia y la adquisición de conocimientos”.

Weber encontró hace diez años una motivación clara para el que desde 2007 se ha convertido en su otro trabajo: sufrió en sus propias carnes el plagio de su tesis doctoral. Cuenta que a dos de sus tres “plagiadores” les retiraron el título. Además, asegura que muchos estudiantes no saben citar correctamente. Ahora suele llevar a cabo revisiones de tesis doctorales por encargo de un bufete de abogados.

“La crítica a publicaciones científicas debe ser siempre posible y discutida abiertamente”, opina Martin Klicker. “Me parece bueno poner al descubierto el engaño, da igual si es un profesor universitario o un político”.

Klicker asegura que fueron ellos quienes empezaron a investigar a Schavan en diciembre de 2011, pero “por diversos motivos” decidieron no publicarlo en su web, sabiendo que algún otro lo podría hacer.


"Los plagiadores de la era de la imprenta como Schavan se podían sentir seguros hasta hace poco"



Stefan Weber reconoce que es sorprendente que haya gente que en plena era digital piense que no va a ser descubierta, pero “los plagiadores de la era de la imprenta como la señora Schavan se podían sentir seguros hasta hace pocos años”.

En Alemania se aceptan cada año unas 25.000 disertaciones doctorales, según Weber, que vive a caballo entre Austria y Alemania. “Si solo se ha plagiado un 1% de ellas, tenemos en Alemania miles de falsos académicos de las últimas tres décadas”, calcula, a la vez que critica la falta de cifras oficiales.

¿Pero con la era digital no deberían los propios profesores ser capaces de detectar al menos indicios de plagio? “Como tarde desde 2005, todo el mundo tendría la posibilidad de experimentar con software antiplagios o simplemente con el buscador de Google”, opina Weber, autor de un libro titulado El Síndrome del Google-Copy-Paste (2008). “Muchos [profesores] no están abiertos a las nuevas posibilidades tecnológicas”, arguye.

Los cazadores de plagios buscan dignificar los títulos de doctor y destapar a los estafadores

De hecho, el profesor asegura que en el caso del exministro de Defensa “bastaba con googlear las primeras palabras de la introducción para descubrir el plagio”. Fue un plagio “mucho más torpe y descarado” que el de la actual ministra de Educación descubierta ahora. Y la publicó en 2009, según el diario Die Zeit. Así que la “era de la imprenta” a la que se refería Weber en el caso de Schavan ya había evolucionado a una más digital tiempo atrás.

Algunas voces críticas en Alemania opinan que los cazadores de plagios deberían preocuparse por asuntos más importantes en medio de la crisis financiera, pero Klicker responde que la vida sigue y también existen otras preocupaciones pegadas al día a día: “La educación y la ciencia son muy importantes para nosotros. Los estafadores dañan tanto a la ciencia como a la política [y] en ambos sectores necesitamos personas que trabajen con esmero y de forma honrada”.


Tomado de La información.




sábado, 11 de agosto de 2012

Helene Hegemann, con 17 años, copiando y pegando se convirtió en una estrella literaria.



Su primera novela hizo de ella una niña prodigio de la literatura alemana. Hasta que se supo que Helene Hegemann estaba sobre todo dotada...para el plagio. Foto: Ullstein ed.



Helene Hegemann, el arte de copiar-pegar


11 febrero 2010
BERLINER ZEITUNG BERLÍN




La literatura alemana tiene una nueva estrella. A los 17 años, Helene Hegeman ha seducido a la crítica con una novela que habla de una juventud sin límites ni puntos de referencia. El problema es que partes de la novela son un plagio. Sin embargo, la autora lo asume y lo presenta bajo una nueva perspectiva.

En la escuela aprendimos que copiar del compañero es un medio eficaz para tener éxito. Sin embargo, hay que dominar la técnica. La primera regla es evitar que te pillen. La segunda es que cuando te pillan debes reconocerlo al momento. En este juego, Helene Hegemann es una alumna modelo.
He aquí los hechos. Helene Hegemann, de 17 años, publicó recientemente su primera novela, Axolotl Roadkill. Se trata de una obra feroz y vehemente sobre el paso a la edad adulta. Desde su aparición, las críticas alaban su genialidad. ¡Qué dominio de la lengua! ¡Qué seguridad de estilo! ¡Qué radical! ¡Esas observaciones siempre pertinentes, esas reflexiones inesperadas! ‘He aquí un debut como hacía tiempo que no se veía ninguno’, exclamaba con entusiasmo un círculo literario adicto a la fascinación.
Tres rayas de speed en el baño
Los que no se interesan por la literatura pero sí por los acontecimientos, también estaban emocionados: ¿escribir una obra así a los 16 años? ¡Maravilloso! Todo el mundo tomó esta novela como un relato auténtico, convencido de que Helene H. había vivido personalmente todo lo que relató sobre la droga, el sexo y la pubertad. El impacto de Axolotl Roadkill no hizo sino hacerlo más impresionante aún. ¿Entró realmente Helene en Berghain, la "mejor discoteca del mundo", de diabólica reputación, cuya entrada está prohibida oficialmente a los menores de 21 años? ¿Se metió realmente "tres rallas de speed" en los lavabos? Parece increíble.
Es obvio que el personaje de Mifti, de 16 años, es una creación de Helene Hegemann, pero la mayoría de los lectores no pudieron evitar identificar inmediatamente a Mifti con Helene. Y cuando surge en la obra la figura del padre, todos pensaron en Carl Hegemann, renombrado dramaturgo que ofició en el Volksbühne [célebre teatro berlinés]. Cuando Mifti hace el amor sin amor en un coche, cuando filosofa sobre la bisexualidad y se recrea en la "actitud de la guarra desdeñosa", uno cree escuchar a la verdadera Helene. Axolotl Roadkill explota deliberadamente esta impresión de autenticidad, y lo hace majestuosamente. Helene Hegemann quedó convertida en niña prodigio y nueva estrella del firmamento literario.
Escribo, luego plagio
Pero he aquí que el blog cultural gefuehlskonserve.de descubrió que Helene Hegemann había plagiado varias obras. Sobre todo de Strobo, una novela que habla sobre sexo, droga y la discoteca Berghain, publicada el año pasado en la pequeña editorial berlinesa SuKuLTuR y firmada por la bloguera Airen, nacida en 1981. Helene Hegeman tomó prestadas fórmulas divertidas como "tecno-plasticidad" o "pezones vaselinados", además de frases enteras y situaciones.
Helene Hegemann se disculpó. Era consciente de que no estaba bien "no citar a todas las personas que me han ayudado a escribir el texto". Sin embargo, Helene defiende el texto, pues "en realidad la autenticidad no existe, sólo la sinceridad". Por otro lado, afirma no ser más que una inquilina en su propia mente: "Yo me sirvo de todo aquello que me inspira y de todas las cosas que me estimulan".
El club de los poetas virtuales
El escándalo que crece entorno al "Asunto Hegemann" tiene que ver sobre todo con el reflejo: se piensa que el aura de la autenticidad no se puede plagiar. Sin embargo, en Axolotl Roadkill no se distingue la diferencia entre la ficción y la realidad. Helene Hegemann forma parte de ese "club de poetas virtuales" de los que se habla en Strobo: "Nosotros formamos parte de una intriga que deriva de vez en cuando en la ficción. Eso es lo esquizofrénico del caso".
Carl Hegemann, por lo demás, se ha encargado de desarrollar la estructura teórica de este arte híbrido: "Los ‘miembros’ de una cultura no pueden descubrir ninguna realidad, sólo conducirla". En este sentido, Helene Hegemann ha hecho lo que mejor sabe hacer: se ha creado una existencia de personaje novelesco copiando a otros.


Tomado de Presseurop


Actualizada el 28/01/2024