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viernes, 7 de mayo de 2021

EL GRUPO LI PO CUMPLE AÑOS por José Pulido

 

Amanecer sobre la tierra. vista imaginaria del planeta tierra en el espacio exterior con el sol naciente. Imagen tomada de Freepik.


Estimados Liponautas:

Hoy tenemos el tremendo gusto de compartir esta entrada que nos dedic
ó nuestro amigo José Pulido en nuestro aniversario.

Muchas gracias José Pulido y muchas gracias a todos los amigos que con su aporte han permitido que este blog siga existiendo.


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Durante la fugaz pero inolvidable infancia, la palabra “grupo” solo me hacía pensar en mi escuela de todos los santos días, que se llamaba Grupo Escolar Arístides Rojas. Recuerdo otras: Grupo Escolar República de Bolivia y así por el estilo.



En la adolescencia la palabra “grupo” también significaba que íbamos a jugar pelota con la pandilla del barrio y al retorno nuestras madres nos regañarían ferozmente por ensuciar o romper los pantalones. Nuestra vestimenta se adaptaba a todos los momentos. Uno no se ponía un pantalón de jugar pelota para que no se le rompiera el pantalón de ir a la escuela. Eran uno y el mismo. Un pantalón es lo que es. Más metafísico imposible.



 

En la juventud nos convertíamos en grupo para ir a bailar y a parrandear con unos amigos que tampoco tenían mucho dinero como para pagar las cervezas. El grupo necesitaba hacer vacas y las hacíamos.  La vaca no es solo la hembra del toro, según el diccionario de la Academia Española de la Lengua y los pueblos conocedores de ganado vacuno. De acuerdo al Diccionario de Venezolanismos, la palabra “vaca” es también una “Colecta de dinero que se hace entre varias personas para compartir un gasto determinado”.



Grupo Escolar República de México. Imagen tomada de FAC


Más tarde, en la juventud tirando hacia la adultez, el susodicho término “grupo” significaba “reunirse para llevar a cabo planes políticos ilusorios”.

Y ahora, en la vejez, he estado incursionando en un grupo que hace tai chi.

La palabra “grupo” solo me ha dejado uno que otro amigo a lo largo de la existencia, pero creo que eso es suficiente para una sola palabra.

Alumnos de la EBN Arístides Rojas con la maestra Josefa Rojas.
Imagen tomada de Letra y Artes de Zamora  Aragua.



En este tiempo de pandemia y soledades, estoy en contacto con un grupo muy extraño integrado por un solo personaje, aunque con una voluntad y una perseverancia que lo convierten en una laboriosa multitud. 

Me estoy refiriendo al Grupo Li Po. O sea, aquí entre nos, a Dimitri Li Po.




EN LAS REDES


En Facebook y Twitter aparecen con frecuencia muchos trabajos importantes o interesantes publicados por diversos medios. Es una difusión permanente firmada por un personaje: Dimitri Li Po. Se trata de una especie de transporte especial, llamado Grupo Li Po, que lleva los textos y sus imágenes con mucho aprecio hasta donde los lectores confluyen. 



El Grupo Li Po también tiene trabajos propios, aunque en algunas ocasiones su administrador necesita valerse de un teléfono celular ante las fallas de su computadora debido a los apagones y el desfallecimiento de Internet. Lo sé porque en el año de la cuarentena susodicha he mantenido bastante contacto con Dimitri y he podido intuir sus dificultades, aunque él no anda mencionándolas. Ni siquiera se queja. Está pendiente de realizar lo mejor posible ese empeño, una actividad ejecutada en el tiempo libre que le deja el ejercicio venezolano de sobrevivir.

Nadie puede imaginar las dificultades con que el misterioso Dimitri Li Po hace su blog, en cuyos espacios da cabida a escritos, ensayos, entrevistas, poemas y otras creaciones.  Él difunde con esmero y pasión que se agradecen. Cada vez que puede enriquece los trabajos con su diseño o agregando referencias, videos, imágenes alusivas.

Esto lo viene haciendo desde el 2007 y la mayoría de las veces apenas recibe uno que otro agradecimiento, pero eso no impide que continúe su labor. No le he preguntado si tomó el nombre del poeta chino, pero creo que sí. Es probable que Dimitri haya sentido mucha admiración por ese poeta de la antigüedad: Dimitri se desvive por todo lo cultural, la comunicación, el arte, la creación literaria, la poesía.

Del poemario titulado Eres tan bella como una flor, pero las nubes nos separan, tomé esta referencia biográfica sobre Li Po, el poeta cuyo nombre está ahora sonando como un blog:

“El poeta Li Po nació en la ciudad de Shuiye en el año 701. Durante su juventud vivió durante un tiempo como eremita y luego viajó por el país. En 742 se estableció en Changan, la capital del imperio Tang. Fue presentado al emperador y frecuentó la corte hasta que cayó en desgracia, y más tarde se le desterró temporalmente por su apoyo al príncipe Yong durante el estallido de una rebelión.

Murió en el año 762. Le tocó vivir una época de paz y de relativa libertad ideológica que se tradujo, entre otras cosas, en la promoción de la poesía por parte de los emperadores. Escribió más de diez mil poemas, de los que se han conservado unos mil. Y en ellos abordó todos los temas: el amor, la nostalgia, el canto a la vida de los ermitaños, el elogio de los caballeros, la guerra, la Naturaleza, la vida en las regiones fronterizas y, como buen bebedor, los placeres del vino. Junto con su contemporáneo y amigo Du Fu está considerado uno de los poetas más importantes de la poesía china”.


No sé cómo es Dimitri, ni cómo se llama en realidad. Pero su labor encierra un significado que es admirable. He aprendido a ser su amigo virtual. He aprendido a valorar su esfuerzo. Y celebro con él los catorce años en que ha estado realizando un trabajo que sin ninguna duda lo hace por amor al arte. Un amor que funciona en todos los tiempos. 


Los Pilares de la Creación.


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Enlaces relacionados:






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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.



sábado, 29 de julio de 2017

Cristhian Hova: El ILUSTRADOR QUE ROMPÍA VENTAS.






He usado como portada de mi perfil en facebook la ilustración de Cristhian Hova de Darth Vader sosteniendo un helado con la leyenda “Helado Oscuro”. Me agrada todo lo que he visto de la obra de este ilustrador peruano, me place su reconocible estilo y los motivos que ilustra. Mi opinión sobre su arte no ha variado un ápice, me sigue gustando mucho.

El pasado 25 de Julio de 2017 en clasesdeperiodismo.com publicaron el artículo que estoy introduciendo: un trabajo de investigación de Diego Salazar donde demuestra que Cristhian Hova ha mentido, se ha atribuido méritos que no posee, publicaciones de sus trabajos que son falsas, ha hinchado su currículum para acrecentar su fama y (supongo yo) facilitar la venta de su obra.

No voy a desvelar como acaba el artículo, el trabajo de Diego Salazar merece ser leído, y ya de paso contemplar la obra de Cristhian que ilustra magníficamente el artículo.

Comentar mi primera reacción de incredulidad. ¿Alguien se ha tomado la molestia de investigar algo tan nimio? ¡Pero si no le hace daño a nadie! Ese fue mi primer pensamiento, instantes después reaccioné aterrorizado de mi mismo, de esa primera opinión instintiva, no filtrada por mis esfínteres mentales. Y acabé abochornado. Esta entradilla es mi redención, mi condena. Lo admito, la corrupción ha anidado en mí, prometo combatirla. En mi interior daba por bueno mentir en el currículum vitae para beneficiarse. Me parecía poca cosa. Vivo en una sociedad, la española, que ha aceptado que el Rector de una Universidad pública, que ha plagiado continuadamente, no dimita de su puesto (LINK 1). Una sociedad que aplaude y sostiene a ministros reprobados por el parlamento que no sólo no dimiten, sino que se atreven a dar lecciones de moralidad. O ese otro ministro también reprobado, y que tampoco dimite, ha visto como el Tribunal Constitucional sentencia que la Amnistía Fiscal que él promovió es inconstitucional y no lo destituyen. Pero en el rizo de lo esperpéntico, los españoles se quedan impasibles ante el Presidente del Gobierno que acaba de declarar ante la justicia sobre la probada financiación ilegal de su partido. Su defensa ha sido negar cualquier conocimiento sobre el asunto… no sé que me da más miedo: que me gobierne un corrupto o un necio que nada sabe.

En cualquier caso la corrupción generalizada tiene efectos perversos: el evidente empobrecimiento de la sociedad española, la destrucción del tejido empresarial honesto a manos de los empresarios corruptos (la forma de corrupción más extendida es la de una empresa que da dinero a un político para que este la conceda contratos públicos) y la aceptación de su existencia, de su inevitabilidad, por parte de los ciudadanos.

Los españoles estamos aceptando como algo dado por descontado, intrínseco al gobierno, la existencia de la corrupción generalizada, sistemática y constante en el tiempo. El umbral de aceptación es tan alto que mentir en el currículum no llama la atención. ¿Por qué va a estar mal si todo el mundo lo hace?

Una vez sentadas las bases de la aceptación de la corrupción, es fácil deducir el proceso por el cual, a pesar de los continuos escándalos de corrupción del partido político en el gobierno, las encuestas de intención de voto lo dan como ganador e incluso con un leve crecimiento en el número de sus votantes.

Es sutil pero constante, es lento pero imparable, la corrupción al no atajarse pudre nuestras creencias, embota nuestra percepción de la realidad, desequilibra nuestra báscula moral, en suma nos hace proclives a ella.

Por eso hay que aplaudir y darle resonancia a todas las acciones que la combata. Aplaudir a esos empleados que denuncian las prácticas corruptas de sus empleadores (lo que suele costarles el puesto de trabajo), a los arrepentidos que confiesan y denuncian, a la policía y guardia civil que la investiga pese a las presiones y represalias, a los fiscales y jueces que, como superhéroes de cómic, se enfrentan a ella arriesgando incluso sus vidas y no digamos ya su carrera judicial. Y también a quien combate la pequeña corrupción, la de estar por casa, la que no hace daño a nadie, también hay que dar difusión al trabajo de Diego Salazar. En el fondo es un ejemplo de la controvertida teoría de criminología: Ventanas rotas (link X).



by PacoMan


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El ilustrador peruano que no publicó en The New Yorker



Por Diego Salazar  (*)
El sábado 22 de julio, la revista Somos del diario El Comercio publicó un artículo sobre el artista peruano Cristhian Hova, quien, decía la nota: “ha ilustrado cuatro portadas alternativas de películas de Marvel, 11 para DC Comics y una para Century Fox. Además, tres tapas para la revista The New Yorker”.

Fue esto último lo que me llamó la atención. Yo he visto el trabajo de Hova antes. He sonreído, como muchos, ante el nostálgico y sutil sentido del humor de la que debe ser su obra más conocida: Helado Oscuro, un retrato de Darth Vader sosteniendo una paleta de negra de helado -un Jet de D’onofrio para los peruanos- mordisqueada en la mano derecha.

De hecho, como buen fanático de Batman, tengo uno de sus afiches homenaje al Caballero de la noche. Pero, además, soy subscriptor de The New Yorker desde hace años. Al igual que mi esposa, Elda Cantú, que fue quien me mostró el artículo sobre el ilustrador peruano que hacía portadas de nuestra revista favorita. Snobs, nosotros, nos dijimos: ¿Cómo es posible que un artista peruano haya publicado no una sino varias veces en The New Yorker -portadas, de hecho- y no nos hayamos dado cuenta?

En el artículo de Somos un recuadro indicaba que “Este año, por medio de un ilustrador de The New Yorker que conoció, la revista lo contactó para que produzca algunas portadas. A la derecha, Donald Trump protagonizó alguna de ellas”.

La “portada” en cuestión es esta:

No recordaba haber visto nunca esa imagen en The New Yorker, y mucho menos en portada, así que de inmediato fui al archivo digital de la revista. Había algo familiar en la ilustración, además del trazo de vectores que ha hecho reconocible el trabajo de Hova, pero en ese momento todavía no sabía qué. En el archivo del New Yorker revisé todas las portadas de la revista entre 2016 y 2017, un total de 75, ninguna de las cuáles mostraba la ilustración del artista peruano. Había una, publicada en el número del 23 de enero de 2017, con motivo de la toma de poder de Trump, que tenía un vago parecido temático. Aun cuando el trazo de su autor, Barry Blitt, no tiene ninguna semejanza con el de Cristhian Hova:

Intrigado, me fui a revisar la página pública de Facebook de Hova, a ver si había algún error y la ilustración en cuestión había aparecido en alguna otra página de The New Yorker. De ser así, seguramente el ilustrador había compartido en sus redes sociales la página correcta. Ahí encontré esto:



La ilustración, entonces, según esa imagen compartida por Cristhian Hova en su página de Facebook, no había sido portada sino que había ilustrado un artículo en las páginas interiores de la versión impresa. Un artículo escrito por Jeffrey Frank y titulado Trump Can’t Stop Himself. Para cualquiera familiarizado con el diseño de The New Yorker, esa página resulta extraña. No se parece en absoluto a la icónica y clasicista maqueta de la revista.

De todas formas, busqué el artículo en el archivo digital. Nada. No existía. Lo siguiente fue buscar artículos de Jeffrey Frank sobre Trump en newyorker.com. Ahora sí. El artículo existía, solo que nunca se publicó en la revista impresa. Apareció en una sección de la web llamada Daily Comment, donde distintos autores escriben textos cortos comentando noticias del día.

Esta es la cabecera del artículo de Jeffrey Frank, como apareció publicado el 14 de marzo de 2017 en la página web de The New Yorker:

La imagen que ilustra la nota es una fotografía de Al Drago, fotógrafo de The New York Times, y, como cualquiera puede ver, no un trabajo de Cristhian Hova. Este hallazgo hizo que me sumergiera de lleno en la página de Facebook de Hova y en su cuenta de Instagram, a la que también había llegado buscando la dichosa portada de The New Yorker. En Somos hablaban no de una portada, sino de tres. No tuve que buscar mucho más. Las redes sociales de Hova son pródigas en muestras de su trabajo.

El 16 de marzo, el ilustrador compartió esta imagen en su cuenta de Instagram:



Al parecer, otro trabajo suyo había aparecido en las páginas de The New Yorker. De hecho, en una entrevista aparecida en la sección postdata del diario El Comercio el viernes 7 de abril de 2017, el periodista Renzo Giner Vásquez dice lo siguiente: “El año pasado uno de sus dibujos acompañó la nota que hizo The New Yorker tras la muerte de David Bowie y en marzo de este año volvieron a recurrir a él para graficar al presidente Donald Trump”. A continuación, Giner Vásquez le pregunta al artista: “¿Cómo te contactó The New Yorker?”, a lo que Hova responde: “A través de una agencia con la que trabajo. Yo solo hice el dibujo y ellos se encargaron de todo”. El mismo ilustrador compartió ese día la entrevista en su cuenta de Instagram:



Una vez más, hay algo muy extraño en esa página de The New Yorker ilustrada con una imagen de David Bowie obra de Hova. La maqueta dista bastante del estilo clásico de la revista. Así que volví a newyorker.com. Bastó buscar el titular de la nota publicitada por Hova en su Instagram para llegar al artículo original:



Es una nota de la periodista Sarah Larson, corresponsal de Cultura de newyorker.com, que no se publicó en la versión impresa de la revista ni fue ilustrada con el trabajo del artista peruano. Pero no sólo eso. La primera línea del artículo posteado por Hova en Instagram dice: “This was not supposed to happen”, mientras que la nota de Larson empieza así: “Like many of us who adored David Bowie, I’ve had his music in my head lately”.

¿De dónde había salido esa primera línea? Una vez más, Google tenía la respuesta. Una sencilla búsqueda me llevó a otro artículo publicado en la web de The New Yorker, esta vez obra del crítico de arte de la revista, Hilton Als, titulado Postscript: David Bowie, 1947-2016. Esta es la cabecera de la nota, una vez más, publicada únicamente en la página web de The New Yorker:

Y este es su primer párrafo, de donde sale la primera línea de la página publicada por Hove en su cuenta de Instagram:



Alguien, no podía saber quién pero tenía una sospecha, había fabricado esa otra página de The New Yorker, cogiendo un titular de aquí, un arranque de artículo de allá, y pegando una ilustración obra de Cristhian Hova.

La supuesta relación del ilustrador, siempre según sus redes sociales y sus declaraciones en entrevistas (y los crédulos periodistas que las repetían sin verificación alguna), con The New Yorker no quedaba aquí. El 16 de abril de 2017, Hova posteaba esta nueva página en su cuenta de Facebook:



A diferencia de los otros artículos, este relato de Stephen King sí había sido publicado en las páginas de la revista impresa de The New Yorker. Apareció en el número del 9 de marzo de 2015 y fue ilustrado de esta manera:

La ilustración pertenece al artista Jon Gray, no a Cristhian Hova. La siguiente página, donde comienza el texto del relato, es esta:

De hecho, en la entrevista de El Comercio de abril de este año, el periodista Renzo Giner Vásquez señala que la primera colaboración de Hova con The New Yorker fue la imagen que “acompañó la nota que hizo The New Yorker tras la muerte de David Bowie”. Bowie murió el 10 de enero de 2016, así que, según el relato del periodista y del propio Hova, es imposible que el artista haya realizado una ilustración para The New Yorker para un relato que se publicó casi un año antes, en marzo de 2015. Las fechas, además de la maqueta de las páginas, el archivo de la revista impresa, las notas de la página web y demás evidencia, no cuadran.

Como tampoco cuadra esta otra supuesta página de The New Yorker que Hova publicó en sus cuentas de Facebook e Instagram hace poco más de un mes, el 2 de junio de 2017:



De nuevo, el artículo que se supone ilustra la imagen del artista peruano, escrito por John Cassidy y titulado “Donald Trump’s ‘Screw You’ to the World”, fue publicado únicamente en la página web de la revista, nunca en la versión impresa:



Y, una vez más, había sido ilustrado con una fotografía y no con una obra de Cristhian Hova, como mostraba la página que el artista había posteado en sus redes sociales.

A través de un amigo periodista que trabaja en The New Yorker, me comuniqué con Genevieve Bormes, asistente editorial de la editora de Arte de la revista. En un email le envié las imágenes con ilustraciones de Hova que él mismo había posteado en sus redes sociales y le pregunté si podía confirmarme que esos trabajos habían sido encargados y publicado en la revista o no. Un par de horas después, Bormes respondió: “Hasta donde tengo conocimiento -la expresión en inglés es ‘To the best of my knowledge’, una formalidad habitual en las comunicaciones oficiales-, puedo afirmar que este artista no tiene relación alguna con The New Yorker ni con sus portadas”.

Con esa confirmación, decidí ponerme en contacto con los periodistas de Somos y El Comercio, que habían escrito o editado artículos sobre la obra de Cristhian Hova en los que se mencionaban las portadas que supuestamente había hecho para The New Yorker.

Primero llamé a Rafaella León, editora de Somos, para contarle lo que había encontrado y preguntarle si ellos, en la revista, habían realizado algún tipo de comprobación. León respondió que no. A continuación me explicó que Cristhian Hova había ido a la entrevista acompañado de dos personas de la agencia de comunicación con la que trabaja, que la revista recibió un USB con el dossier del artista y ellos dieron por bueno todo lo que afirmaba. “Fue un acto de fe”, me dijo León cuando insistí y le pregunté si en ningún momento se les había cruzado por la cabeza verificar si en efecto el trabajo del ilustrador había aparecido en The New Yorker.

Luego de hablar con León, llamé a Renzo Giner Vásquez, autor de la entrevista publicada en abril de 2017, quien había escrito: “El año pasado uno de sus dibujos acompañó la nota que hizo The New Yorker tras la muerte de David Bowie y en marzo de este año volvieron a recurrir a él para graficar al presidente Donald Trump”. Giner se mostró tan sorprendido como Rafaella León cuando le comenté lo que había encontrado. Le pregunté de dónde había sacado que The New Yorker había publicado ilustraciones de Hova. A lo que respondió de inmediato: “Me lo dijo él. Y estaba en la nota de prensa cuando me ofrecieron la entrevista”. Así que repregunté: ¿En ningún momento verificaste si en efecto se habían publicado? “No”, me dijo Giner. 

Después de esto, hablé con la autora de la nota en Somos, Brunella Vásquez. Su editora, Rafaella León, me facilitó su número de teléfono. Cuando me comuniqué con ella, Vásquez me dijo que León le había contado lo ocurrido. Después de hablar con su editora, Vásquez, me dijo, llamó a la responsable de la agencia y le explicó lo que pasaba. “Ella está haciendo todas las averiguaciones del caso”, me dijo Vásquez. Una vez más, como había hecho con León y Giner, le pregunté a Vásquez si en algún momento se le había ocurrido verificar si lo que decía Cristhian Hova, que The New Yorker había publicado varias portadas realizadas por él, era cierto. Al igual que sus colegas, Vásquez me dijo que no.

Ni bien colgué con Vásquez, llamé a la responsable de la agencia de relaciones públicas que maneja la comunicación de Cristhian Hova para solicitarle que me contactara con él. Le dije que Brunella Vásquez, de Somos, me había dicho que la había llamado antes y explicado la razón de mi interés. La responsable, que me pidió que no mencionara su nombre, me explicó que ella se había sorprendido también y que había hablado con Hova para exigirle que le explicara qué estaba ocurriendo. Las respuestas que le dio, que una supuesta galería de arte en Estados Unidos le había solicitado realizar unas ilustraciones para homenajear portadas de The New Yorker, con consentimiento de la revista, no la convencieron y su agencia había decidido ya terminar la relación laboral con el artista.

Cuando le pedí que me pusiera en contacto con él, me dio su teléfono y me dijo que le había recomendado que aceptara conversar conmigo y, sobre todo, que tuviera a mano el supuesto email o recibo o lo que fuera que comprobaría el pedido de la galería. “Porque si no aclara esto resulta que le ha mentido hasta al curador de su exposición en Índigo, donde hay una línea de tiempo que señala que ha publicado trabajos en The New Yorker”, me dijo.

La explicación, por supuesto, resulta bastante improbable. Sobre todo cuando desde el mismo The New Yorker, recordemos, la asistente editorial de la editora de Arte señala que: “hasta donde sé, puedo afirmar que este artista no tiene relación alguna con The New Yorker ni con sus portadas”. Y cuando las páginas fabricadas que Cristhian Hova publicó en sus redes sociales no corresponden a portadas sino a supuestas páginas interiores de la revista.

Las publicaciones de Cristhian Hova en las páginas de The New Yorker no son el único caso sospechoso que he podido desenredar echando un vistazo a sus redes sociales, haciendo uso de Google y redactando unos cuantos emails y mensajes de Facebook messenger.

El 27 de marzo, Hova publicó en su página de Facebook esta imagen:




Pero si uno descarga la imagen de Gallagher sosteniendo el cuadro y realiza una búsqueda en Google Images, se encontrará con que la foto ha sido modificada, tomando como base esta otra:

El 19 de marzo, Daniel Pitts, un artista inglés residente en Manchester, compartió en sus varias redes sociales la imagen de Liam Gallagher sosteniendo un cuadro pintado por él. El cuadro era un homenaje a la portada del soundtrack de la película Quadrophenia. Luego de encontrar la imagen, contacté a Pitts a través de Facebook messenger. Me respondió de inmediato.

Antes de explicarle la razón de mi mensaje, le pregunté si podía decirme cuándo, dónde y quién había tomado la foto de Gallagher sosteniendo su cuadro que estaba en su página de Facebook. Pitts me dijo que la foto fue tomada el 17 de marzo por una amiga suya que conoce a Liam Gallagher y que le habló al músico del trabajo del pintor. O sea, 10 días antes de la primera publicación de Hova. Digo primera porque un par de meses después, el 4 de junio, el artista peruano volvería a compartir la misma imagen de Gallagher con su ilustración. Esta vez en su cuenta de Instagram:




Al terminar de hablar con la responsable de la agencia de comunicación que trabajaba con Hova, lo llamé una decena de veces. No hubo respuesta. Le dejé un mensaje de voz y varios mensajes a través de messenger en sus dos cuentas de Facebook. La responsable de comunicación me escribió minutos después diciéndome que el ilustrador le había escrito por whatsapp diciéndole que tenía varias llamadas perdidas y que ella le había dicho que “conteste y que asuma lo que tenga que asumir”. Las llamadas eran mías. La responsable de la agencia me pidió un momento para volver a hablar con él. Segundos después me escribió: “Nada, a mí tampoco me contesta”.

RECONOCE ERROR

EL COMERCIO SE PRONUNCIÓ
“A raíz de la publicación “El ilustrador peruano que no publicó en The New Yorker” en el blog del periodista Diego Salazar, El Comercio ofrece disculpas a sus lectores por no haber hecho las verificaciones respecto a la versión ofrecida por Cristhian Hova quien en una entrevista en la sección Posdata y en la revista Somos aseguró que había ilustrado cuatro portadas alternativas de Marvel, 11 para DC Comics y una para Century Fox. Además, de tres tapas para “The New Yorker”. Todo ello, según reveló Salazar y confesó luego Hova, resultó falso”, señaló el diario.

(*) Este artículo se publicó inicialmente en el blog de Diego Salazar.

Cristhian Hova | the new yorker

Fuente:

http://www.clasesdeperiodismo.com/2017/07/25/el-ilustrador-peruano-que-no-publico-en-the-new-yorker/


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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.
Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.
Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po

domingo, 21 de mayo de 2017

LECTORES

(Para celebrar el millón de lectores/visitantes del Grupo Li Po).

Por Carlos Yusti






Carlos Yusti



Esta fase teleinformática en la que estamos enganchados ha cambiado la manera de comunicarnos y relacionarnos. Los adminículos electrónicos se han convertido en extensiones no sólo del cuerpo, sino de las emociones y el pensamiento. En una reunión la gente ya no necesita compartir con los demás de la manera tradicional ahora cada individuo es un ser simultáneo  que atiende una llamada por el móvil, mira un video en la tabla, toma fotos y las sube de manera inmediata a la red. Ya lo social no tiene ninguna rigidez formal y se caracteriza por esa simultaneidad que proporciona estar conectados a la red. El mundo ha dejado de ser una vastedad inusual (o inexplorada) para devenir en un punto simultáneo de hechos, imágenes y noticias.


Dinosaurio de la máquina de escribir jamás imaginé (encerrado en mi cuarto tecleando sobre mi destartalada Brother mis primeros textos, el giro espasmódico que daría mi entorno inmediato con el advenimiento del computador personal y la Internet.

Portadade la  revista Zikeh


Todavía recuerdo la primera revista multigrafiada (500 ejemplares) que hice con otros amigos de farra y literatura. Todo el esfuerzo y el dinero invertido; todos los innumerables desasosiegos y sinsabores que soportamos para editar, en un lapso de tres años, los cuatro números que logramos costear sin ningún subsidio institucional ni cosa parecida y sin duda con un contingente de lectores irrisorio.




Hoy todo desde esta distancia resulta una anécdota de hemeroteca, sólo nostalgia amarillenta ya que la Internet hizo desaparecer por el desagüe de los días  la manera de leer e incluso de diseñar una revista. A pesar que los utensilios para elaborar una revista y subirla a la Web son más de la ciencia ficción, que una mecánica máquina de escribir, el esténcil y el multígrafo, las vicisitudes (y los pájaros agoreros que nunca faltan) para subir el contenido a la red no ha cambiado un ápice.

Una revista literaria, un blog, una página poética por la Internet, además de manejar los recursos de la tecnología al uso, posee un mecanismo y un ritmo distinto a una publicación en papel, sin mencionar los costos. En lo particular asumo que la pasión por la palabra escrita es determinante, luego debe estar la perseverancia como ese combustible necesario e indispensable para vencer todos los obstáculos y poder llevar a buen puerto todo proyecto de  carácter literario y en eso Dimitri Lipo y la gente (quienes arriman el hombro para contribuir con la publicación) que hace posible el GRUPO LI  PO[1], los cuales ha demostrado pasión y perseverancia a toda prueba que es ya decir bastante si de un proyecto con característica literarias y culturales se trata, sin hacer mención que la ciudad de Valencia, de San Desiderio que dijeran mis amigos Slavko Zupcic[2] y José Carlos De Nóbrega[3], no es el patio ideal para la siembra de las palabras y las ideas.

Légitimo escudo de Valencia


Valencia por su raigambre tan pacata y conservadora, hoy sin embargo ha perdido algo de brillo y pedigrí, no se rinde con facilidad ante la inteligencia o el talento, prefiere la periferia del individuo (sin bienes de fortuna, su apellido con registros, los títulos académicos, etc.) para sentirse a gusto. Nunca ha tolerado la inteligencia a contracorriente y mucho el talento respondón. A pesar de esa hostilidad, disimulada con buenas maneras, la inteligencia se abre paso y le ofrece a la ciudad su lado más afable.



Como es lógico no hago referencia a la inteligencia modosa o acomodaticia, sino a esa inteligencia filosa, aguda y creativa que busca comunicar cierta dosis de espiritualidad; de imaginación fecunda que accione los mecanismos prácticos para darle impulso a la escritura sin domesticidad alguna.

Con la Internet se ha incrementado el lenguaje y hay una especie de neolengua pero en un sentido inverso al pronosticado por Orwell en su novela. Byung-Chul Han ha escrito: “Neolengua es la lengua ideal en Estado vigilante de Orwell. Tiene que desplazar totalmente a la vieja lengua. La neolengua tiene como único fin estrechar el espacio de pensamiento. Cada año el número de palabras disminuye y el espacio de la conciencia se reduce. Syme, un amigo del protagonista Wiston, está entusiasmado por lo bella que es la aniquilación de palabras. Los delitos de pensamiento deben resultar imposibles erradicando del vocabulario de la neolengua las palabras que se requieran para estos delitos.  Así también se elimina el concepto de libertad. Ya en esto se distingue sustancialmente del panóptico digital, que hace un uso excesivo de libertad. No la eliminación, sino el incremento de palabras sería lo característico de la sociedad de información actual”.

1984 (John Hurt) - Official Trailer



Esta libertad de enriquecer la lengua no es suficiente en un sitio web (o en un blog) que le de espacio a otros escritores. En tal sentido no puede ser unidireccional y mucho menos estar anclado a determinada ideología. Un sitio web debe aspirar (en la medida que la administración, o el estado vigilante, lo permitan) a poseer un gran sentido de pluralidad y tener presente aquella frase atribuida erróneamente a  Voltaire, pero con visos volteriano indiscutibles: “Combato tus ideas, que son contrarias a las mías, pero estoy dispuesto a luchar hasta perder la vida para que tú puedas expresar tus ideas libremente”.



Meterse en lo zapatos del otro siempre es un asunto complicado. Aunque es bueno tener presente que las ideas del otro no son nada y se pueden pisotear, responder o colocarla en el cesto de basura lo que es intocable es aquel que emite la ideas. A propósito de Voltaire hay una anécdota ilustrativa. En cierta ocasión en una reunión con ilustres ciudadanos y militares las puyas y de dardos de Voltaire dieron blanco en un militar encopetado y con ínfulas. Como este carecía de inteligencia e ingenio no fue capaz de responder las banderillas ingeniosas del filósofo. Para desquitarse del tal afrenta pública contrató a dos vagos de cantina para que le dieran una lección de puñetazos al descarado hombre de letras. Los vagos cumplieron su cometido y el militar veía todo desde su carruaje deleitándose, pero como los vagos golpeaban a Voltaire en la cabeza se bajó del carruaje y se acercó gritando: “No lo golpeen en la cabeza, en la cabeza no, que de allí puede que salga algo bueno”. Cuando no hay argumentos se recurre a la fuerza, sin embargo la inteligencia siempre seduce incluso al enemigo más conspicuo.

Un sitio web debe tener entre sus premisas argumentos y mucha dosis de tolerancia y manejar los prejuicios con cierta equilibrada disposición a meter el pie.



Tanto la poesía como la literatura hacen daño y es bueno tener esto presente cuando se tiene un sitio web. Un hombre que lee es un hombre que piensa y ahí comienzan las elucubraciones menos perversas. Hay que desterrar todo romanticismo y entregarnos al practicismos verborreico (envolvente e inútil) de los coachs o como ironizaba Fernando Savater en un artículo: “Si duele no es amor”, han decretado los coachs(esos psicólogos para quienes no tienen ya psique). Así podemos despachar el estorbo de casi toda la literatura occidental, basada en que solo es amor si duele. Y sus contradicciones: el poeta que se queja de la espina en el corazón clavada y cuando se la quitan protesta porque ya no siente el corazón... ¡Bah, no tienen pensamiento positivo, no saben pasarlo bien! Así les va a las pobres chicas, Emma, Ana, Desdémona... el último beso de Otelo. ¡Otelo! ¡Cómo no le da vergüenza a Shakespeare ser tan romántico al hablar de la violencia de género! Necesitamos menos poetas y más pilates: hay que decírselo a los adolescentes enseguida, para que no se amarguen la vida”.

Todo espacio en la Internet que enriquezca nuestra vida, nuestro cerebro y nuestra alma siempre es bienvenido y que, por otra parte, no se amolde del todo a los dictados de la administración es ya una ganancia que se agradece.

Creo que no importa el soporte para que la escritura descanse (la web, la piedra, el papel, las pieles de animales, la madera, la tablilla de arcilla, etc.). Lo importante al parecer es tender un puente de palabras con el otro. Se escribe sin saber si lo escrito tendrá lectores. Es como la araña que teje su esplendida tela sin saber si habrá insectos en el mundo. De igual modo uno teje con palabras una tela a la espera de ese lector ideal y que puede ser uno, doscientos o ninguno o incluso uno mismo. En una oportunidad Juan Rulfo dijo que escribió su novela Pedro Páramo  debido a que deseaba leer un libro como ese y que no había encontrado. Alberto Manguel ha escrito: “Leer nos brinda el placer de una memoria común, una memoria que nos dice quiénes somos y con quiénes compartimos este mundo, memoria que atrapamos en delicadas redes de palabras”. Algo permanece cuando escribimos/leemos.


Para cerrar el círculo este poema de Li Po



EL SUEÑO DE CHUANG CHENG

EN SUEÑOS, CHUANG CHEN SE CONVIERTE EN MARIPOSA
y la mariposa vuelve a ser Chuang Chen.
Un solo cuerpo toma diversas formas.
Las cosas de aquí abajo son en verdad inciertas.
¡Quién sabe si el agua de Pen-lai no proviene de un
humilde arroyuelo!
El que ahora cultiva melones en Puertas Verdes
era ayer el duque de Tong-ling.
Nobleza y fortuna son así, fugitivas.
¿Hacia qué parte corres y qué es lo que deseas?







[1] El escritor mexicano José de la Colina ha escrito: “Li Po (701-762), nacido en la nobleza provinciana, pasó la mocedad estudiando libros "raros", ejercitándose en las armas, soñando ser una especie de don Quijote: un hsieh, un héroe vengador de los agravios que sufrían las mujeres desvalidas, los huérfanos, los pobres, los humillados y ofendidos. Durante unos años convivió en los montes y fuera del hogar con un monje taoísta al que llamaba el Maestro del Acantilado Oriental. "Nunca poníamos los pies en una ciudad —escribió—, y miles de pájaros acudían a comer en mi mano sin dar signos de desconfianza o temor." De tal gusto por los estudios, por la vida viajera, por las soledades, lo apartarían las seducciones mundanas. Cantó la vida cotidiana de los guerreros, y, llamado en 1843 a la ciudad capital de la dinastía por un alto funcionario admirador suyo, fue un poeta áulico: celebrador de las fiestas de la Corte. Con unos letrados heterodoxos formó la sociedad Los Ocho Inmortales de la Bebida, quienes “bebían sus poemas y se recitaban entre ellos el vino”.

[2] “Quien hizo traer los huesos de San Desiderio a Valencia fue el padre Ricardo Alterio. Era Director del Seminario Salesiano de Altamira. En 1947, visitando las catacumbas de San Calixto en Roma, compró para el Seminario las reliquias de San Desiderio e hizo que las transportaran a Caracas. Las reliquias viajaron en barco, como era usual entonces. Cuando finalmente llegaron, el Padre Alterio ya no estaba en Altamira y, años después, en 1969, días antes de la consagración del Santuario de María Auxiliadora, como viera que las reliquias de San Desiderio no estaban precisamente en un lugar privilegiado del Seminario sino, todo lo contrario arrumadas en un rincón oscuro de sus dependencias, las trajo a Valencia y las colocó en la primera capilla”.

[3]En la Valencia del Rey, preferiblemente de San Desiderio como lo novelaba y ensayaba Slavko Zupcic, todavía se cree que el Morocho del Abasto merodea los bares de la ciudad en un nuevo exilio que desmiente su muerte trágica en Medellín, recostando su manoseada humanidad en la rocola clásica, la de los acetatos de 45 rpm”.



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


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31/01/2026