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lunes, 2 de noviembre de 2026

Dr. Pedro Téllez Pacheco: La telepsiquiatría no sirve, la entrevista psiquiátrica requiere el encuentro presencial, por eso en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula funciona una emergencia de 24 horas que atiende a unos 30 pacientes diarios

 




Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir una entrevista al escritor y médico psiquiatra Pedro Téllez, director del hospital psiquiátrico Dr. José Ortega Durán, hecha por Rafael Simón Hurtado. 



Esta entrevista fue publicada en la revista digital Inagoagoa.


Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.


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Dr. Pedro Téllez Pacheco: “En el Hospital Psiquiátrico de Bárbula funciona una emergencia de 24 horas que atiende a unos 30 pacientes diarios”.


Dr. Pedro Téllez Pacheco:

“El núcleo interpersonal de la psiquiatría no puede replicarse a distancia”


Rafael Simón Hurtado



Dr. Pedro Téllez Pacheco. Fotografía de José Antonio Rosales



Una conversación con el director del Hospital Psiquiátrico de Bárbula, el médico psiquiatra Pedro Téllez Pacheco (Valencia, 1966), rescata el legado institucional.


Ensayista, conferencista y bibliófilo, Téllez se formó en la Universidad de Carabobo y se especializó en el Hospital Psiquiátrico de Caracas.





92 vistas desde el 20 de feb de 2015 hasta el 1 de noviembre de 2026.


Su bibliografía refleja la doble vocación de médico y humanista: un ensayista que transita con naturalidad entre la clínica, la estética y la memoria cultural venezolana.


¿Podrías hacer una breve memoria histórica del psiquiátrico de Bárbula?

—El Hospital Psiquiátrico de Bárbula se inaugura formalmente en 1951. Obedece a una serie de políticas públicas y planes nacionales de la Dirección de Higiene Mental en el gobierno de Medina Angarita. El director nacional de salud mental era el Dr. José Ortega Durán. Hoy en día el centro lleva su nombre:  Dr. José Ortega Durán.




—Se hizo un plan nacional de salud mental que incluía una colonia rural psiquiátrica, que en su momento llegó a ser la segunda de América Latina en número de casos. La planificación comenzó antes de 1947, se continuó en gobiernos posteriores y la dictadura de Pérez Jiménez concretó la planta física. Los primeros médicos vinieron de la Colonia Psiquiátrica de Anare.


—Antes funcionaba un asilo de enajenados dirigido por el Dr. López Viedma, que cerró y los pacientes se trasladaron al hospital que funcionaba bajo el paradigma del tratamiento institucional, que combinaba hospitalización, laborterapia, arte y tratamiento comunitario. Era como una hacienda horizontal, una ciudad en el campo con publicaciones, anfiteatro, iglesia, pinturas y muebles hechos por pacientes. 


Un puente sobre el exilio


¿Hubo participación de médicos venezolanos y extranjeros? ¿Quiénes fueron los fundadores?

—Sí, hubo médicos venezolanos y extranjeros. Los fundadores incluyeron al Dr. Cristóbal Masia, su primer director; Rafael Betancourt Moreno, José Solanes, Román Prytcham y otros. Muchos eran republicanos españoles en el exilio (como Ortega Durán y José Solanes). Prytcham venía de Ucrania. Mi papá, el Dr. Pedro Téllez Carrasco, llegó en los años 60, en una segunda oleada.



¿En qué año comenzó la planificación y qué comprendía originalmente?

—La planificación es anterior a 1947. Originalmente incluía 15 pabellones, de 30. Todo lo que hoy forma parte de la Universidad de Carabobo: escuelas de enfermería, salud pública, facultad de ciencias de la salud, decanato, biblioteca, oncología, etc., eran pabellones del hospital psiquiátrico. El auditorio, control de estudios y otros espacios también integraban el centro. Se realizaban cirugías (incluyendo psicocirugía como lobotomías) en el que hoy es el oncológico. Era un gran hospital completo.



¿Cuál era la concepción original del tratamiento en la Colonia Psiquiátrica?

—Se inspiraba en autores como Francesc Tosquelles Llauradó. Superaba el modelo asilar clásico y era un hospital abierto: los pacientes dormían en pabellones pero tenían vida comunitaria, cafetines, talleres de laborterapia y arte. Se combinó el tratamiento institucional con el farmacológico (aquí se usó por primera vez en el continente la clorpromazina y la clozapina).



El arte como puente de lucidez


¿Qué rol tenía el arte?

—El arte tenía importancia fundamental. Había anfiteatro, proyecciones de películas diarias, obras de teatro hechas por pacientes y la revista Nanacinder, -nombre escogido por un paciente-, que funcionó varios años y fue la primera revista literaria de la zona (10-20 años antes que otras publicaciones regionales).



¿Quién promovía la revista y quién la dirigía?

—La promovían los psiquiatras fundadores y la realizaban los pacientes. El Dr. José Solanes y todo el equipo de médicos fundadores apoyaban la publicación. Solanes había tenido experiencia editorial en España. Mientras estudiaba colaboró con la revista “helix” (en minúscula) que salió en 1929, publicada por integrantes del movimiento surrealista.




—Luego, hubo un director, el Dr. Luis Erasmo Maldonado (quien era médico pero no psiquiatra), decidió cerrar Nanacinder, pues consideró que el relato “Luz, cenizas y espuma”, escrito por un paciente con las iniciales A.P., se parecía demasiado a una historia clínica, lo cual chocaba con el discurso médico tradicional.


—Existe una antología digital editada por el Gobierno de Carabobo, el Fondo Editorial Pocaterra: Nanacinder (1954-1962) Revista Literaria del Hospital Psiquiátrico de Bárbula, cuya recopilación y nota de cierre es de mi autoría, con prólogo de Carlos Yusti.


La curaduría del caos


¿Los pabellones estaban distribuidos por patología?

—Sí, había pabellón de alcohólicos, de niños, de pacientes agudos, etc. El hospital se masificó (llegó a más de 2.000 pacientes), hubo hacinamiento y violaciones de derechos humanos, lo que llevó a una reconversión y desinstitucionalización. Muchos pacientes salieron a la calle. El Estado no tenía recursos para mantenerlo.




¿Había una capilla o componente religioso?

—Sí, había capilla para que pacientes y familiares rezaran, pero la religión no formaba parte del esquema terapéutico. Históricamente, en el medioevo la religión tuvo un rol negativo, la quema de “brujas” que eran consideradas enfermas mentales.


El nuevo rostro del hospital


Pedro Téllez Pacheco en compañía de su equipo de trabajo planificando jornadas, en la biblioteca Pedro Téllez Carrasco. Fotografía de José Antonio Rosales


¿Cuál es la situación actual del hospital?

—La principal diferencia es que antes era para pacientes crónicos y ahora es para pacientes agudos, con estancia ideal de un mes. Funciona una emergencia de 24 horas que atiende unos 30 pacientes diarios. Está articulado con 12 Centros de Salud Mental Comunitarios (CESAME) que funcionan como una consulta externa municipalizada.




¿Qué diferencias hay entre pacientes agudos y crónicos?

—El crónico es una enfermedad estancada/ refractaria al tratamiento, con deterioro social; por eso se enfatiza en la rehabilitación y control de síntomas. Puede requerir institucionalización si no hay apoyo familiar. El agudo es  transitorio (ej. depresión, ansiedad) y responde al tratamiento.

Pabellón administrativo. Fotografía de José Antonio Rosales


¿Cómo distinguir una emoción normal de un problema de salud mental?

—Los problemas de salud mental se caracterizan por su intensidad, permanencia en el tiempo y, muchas veces, por la ausencia de causa proporcional (depresión endógena). Una tristeza reactiva ante un duelo significativo es normal y culturalmente esperada. Cuando la depresión es intensa, prolongada y sin causa aparente, amerita tratamiento combinado: psicoterapia y, en ocasiones, farmacoterapia. La combinación es superior a cualquiera de las dos por separado.


¿Las emergencias son realmente psiquiátricas?

—Sí, principalmente trastornos de ansiedad y depresión.


¿Con qué equipo cuentan?

—Fundamentalmente con talento humano: de 4 a 7 psiquiatras, 9 residentes, psicólogos, personal de enfermería y de 5 a 8 trabajadores sociales. Es un equipo multidisciplinario.

Residentes en la biblioteca Pedro Téllez Carrasco. Fotografía de José Antonio Rosales.



¿Cómo se capacitan los residentes?

—El posgrado de psiquiatría dura 3 años. Requiere título de médico cirujano más un 1 año de especialidad (medicina interna o general integral).


¿Se produce investigación en el hospital?

—Sí. En dos años consecutivos, trabajos del hospital (principalmente del servicio de psicología) ganaron el premio al mejor trabajo en el Congreso Nacional de Psiquiatría, con el cual se demostró superioridad de la terapia familiar sobre la individual en depresión; otro estudió patologías en personal de salud con guardias.


¿Hay grupos de apoyo familiar?


—Sí, el departamento de psicología los está implementando. Es poco usual pero efectivo, especialmente en psicosis y depresiones.


¿Cuál es la capacidad actual del hospital?

—88 camas para adultos (hombres y mujeres). Los niños se atienden en emergencia y en el psicopedagógico, pero no se hospitalizan.


¿Cómo funciona el servicio psicopedagógico?

—Contamos con apoyo para unos 100 niños/ estudiantes para mejorar rendimiento escolar y apoyo farmacológico si hay déficit cognitivo. Hay psiquiatra infantil.


¿Hay programas de seguimiento tras el alta?

—Sí, a través del CESAME (Centros de Salud Mental Comunitaria), donde los residentes del posgrado continúan el tratamiento ambulatorio e intervienen a nivel familiar.


¿Hay aumento de suicidios en Venezuela?

—La respuesta es compleja. No hay estadísticas definitivas para afirmarlo categóricamente. Mérida concentra un alto porcentaje debido a posibles factores culturales/endogamia. Aumentan conductas de autolesión en adolescentes ligadas a ansiedad, impulsividad, narcisismo, bullying y redes sociales. El suicidio es más frecuente en la vejez y en la adolescencicrisis


El Informe anual de Violencia autoinfligida del año 2024 hecho por el Observatorio venezolano de violencia afirma que en Venezuela hubo 1962 muertes por suicidio. La tasa de mortalidad fue de 6,9 muertes por cada 100 mil habitantes. Esta CIFRA representó una disminución del 15,7% frente al año 2023 donde hubo 2358 casos que generó una tasa de 8,2.


Entidades con mayores tasas:





El abordaje del estigma cruzado


¿Cómo se atienden pacientes con HIV?

—El programa CAISIDA (Centro de Atención de Enfermedades Inmunoinfecciosas), a cargo de la Dra. María Eugenia Belisario y con servicio de psiquiatría propio a cargo de la Dra. Astrid, funciona en las instalaciones de este Hospital. Opera como un programa independiente.


¿Se atienden pacientes que han cometido delitos?

—Se atienden en pacientes agudos pero no se hospitalizan (están bajo orden judicial). Se hacen informes para tribunales y jornadas mensuales en penales.


Vínculos institucionales


¿Qué relación tiene con las universidades?

—Tenemos relación con las universidades Arturo Michelena, Rómulo Gallegos, Cecilia Acosta, para pasantías. Pero no hay relación orgánica con la Universidad de Carabobo a pesar de la vecindad.



¿Hay relación con Hogares Crea?

—Sí, para pasantías de terapia psicosocial.

No hay servicio específico de adicciones en el hospital, aunque se ven psicosis por drogas. Se presentó un proyecto para comunidad terapéutica (no concretado).


La ilusión de la consulta virtual


¿Qué opinas de la telepsiquiatría?

—La telepsiquiatría no sirve, ni siquiera como orientación. Mucho menos la inteligencia artificial. Se usó en pandemia por necesidad, pero no se justifica ahora. La entrevista psiquiátrica requiere el encuentro presencial, la relación personal, la empatía y los fenómenos de transferencia y contratransferencia que son terapéuticos en sí mismos. Recomiendo a quienes usan telepsiquiatría privada que acudan a la emergencia del hospital, donde la atención es gratuita y presencial.


¿Qué opina sobre la presencia de coaches en salud mental?

—Es intrusismo profesional. Un psicólogo clínico requiere 5 años de psicología, más 3 de especialización; un psiquiatra, 6 años de medicina, 1 de postgrado general y 3 de psiquiatría. Un coach suele formarse en solo 3 meses. No tienen la acreditación ni el rigor necesario.


Las prioridades de un sistema en crisis


¿Por qué la salud mental no se prioriza?

¿La sociedad venezolana le da la importancia que merece?


—La salud es biopsicosocial. En los últimos 25 años, las políticas nacionales han transformado el sistema hacia la salud colectiva, la prevención y la atención primaria (Barrio Adentro), con énfasis en la inclusión social.

Se crearon miles de consultorios populares, se incorporó la odontología pública, rehabilitación y medicina comunitaria. Esto representa un cambio de paradigma. Aunque existen limitaciones económicas por el bloqueo y las sanciones, el sistema priorizó la salud y la defensa en la crisis, como el cuerpo prioriza órganos vitales.


¿Cuáles trastornos mentales están aumentando?

—Los trastornos de ansiedad, influenciados por el modo de vida. También el vacío espiritual, el narcisismo, el egoísmo y la soledad. Las redes sociales simplifican el lenguaje y conta-minan el concepto de “semiósfera”, término desarrollado por el semiólogo y lingüista ruso Iuri Lotman para definir el espacio cultural, social y simbólico en el que los seres humanos vivimos e interactuamos. Sus propietarios -Elon Musk, Bill Gates- tienen un historial preocupante. Necesitamos controlarlas, no que nos controlen.

El camino a luz esta lleno de huecos y goteras en la techumbre. Fotografía de José Antonio Rosales.


Paredes fuertes, techos rotos


¿Cómo se financia el hospital? ¿Cuáles son las limitaciones de infraestructura?

—Somos financiados por el Estado a través de Insalud y el Ministerio del Poder Popular para la Salud. Las limitaciones principales son de impermeabilización, cuando llega el periodo de lluvias, común en todo el país.


Desmantelar el estigma desde las aulas


¿Cuáles son los proyectos futuros del posgrado?

—Potenciar la sinergia docencia-asistencia. El hospital se vuelve más universitario. Con la integración de residentes en clases, revistas, visitantes. Ampliar el Centro de Salud Mental (CESAME). Luchar contra el estigma, mediante el trabajo de campo, la integración con escuelas y otras disciplinas. Con enfoque en la desinstitucionalización sin cerrar el hospital.


Si pudieras cambiar una cosa en la política de salud pública…

Unificaría todos los sistemas públicos de salud (Ministerio, Seguro Social, Salud Militar, Alcaldías, Barrio Adentro) en un Sistema Único Público Nacional de Salud. 




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Fotografía de Yuri Valecillo






Pedro Téllez (Valencia, Venezuela, 1966). Ensayista. Conferencista. Bibliófilo. Médico psiquiatra. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana.  Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena», Coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula. Ha publicado los libros: Añadir comento (1977). Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005) y Un Naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).  . Ha sido redactor en las revistas Poesía y La tuna de oro y colaborador de la revista Zona Tórrida, publicaciones   adscritas al Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Colaborador en publicaciones periódicas tales como Predios, Arte de leer, Mañongo y Tiempo Universitario. 

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Rafael Simón Hurtado. " Al fondo la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Maracaibo. Estado Zulia


Rafael Simón Hurtado

Escritor y periodista venezolano. Licenciado en comunicación social egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Maracaibo, Zulia). Ha obtenido el Premio Municipal de Literatura Ciudad de Valencia (años 1990 y 1992), el Premio Nacional de Periodismo Científico (2008),  el Premio de Periodismo “Jesús Moreno” (Universidad de Carabobo, 2009) y el Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt" (2016). Ha publicado el libro de cuentos Todo el tiempo en la memoria y las crónicas literarias “Leyendas a pie de imagen, croquis para una ciudad”. Fue editor-director de la revista cultural Laberinto de Papel y de las publicaciones de divulgación científica Saberes Compartidos y A Ciencia Cierta, todas de la Universidad de Carabobo. 


Enlaces relacionados:













































viernes, 16 de octubre de 2026

Pedro Téllez, siquiatra y escritor venezolano: El Banquete de Platón es uno de los tratados de psicoterapia más elevados de la historia

 


Imagen tomada de aquí.




Conversando con el Dr. Pedro Téllez en el marco del Día Internacional de la Salud Mental


12 octubre, 2026




Cada 10 de octubre, el mundo conmemora el Día Internacional de la Salud Mental, una fecha concebida para sensibilizar sobre la importancia del equilibrio de la psiquis en el bienestar integral y para derribar las barreras invisibles de la incomprensión social.

Un Naipe en el Camino del Dorado.


Recordar la máxima socrática: “Conócete a ti mismo” —heredada del antiguo oráculo délfico— nos recuerda que la verdadera salud de la mente no estriba en la imposición de una norma rígida o en el mero diagnóstico de un manual, sino en el encuentro honesto con nosotros mismos y con los demás.


En esta oportunidad, nos adentramos en una conversación profunda con el reconocido médico psiquiatra, ensayista e historiador venezolano Dr. Pedro Téllez Pacheco, quien desde una perspicaz sensibilidad académica y un profundo arraigo humanista reflexiona sobre el aparato psíquico, el sesgo social que rodea las afecciones mentales y el valor de la vida en comunidad.


Pedro Téllez


Raíces, Legado Sanitario y Formación Humanística


Dr. Téllez, para dar inicio a este diálogo, nos gustaría conocer sus orígenes y el recorrido de su formación profesional en el área de la salud mental.

Nací en Valencia, Venezuela, en 1966. Estudié la carrera de Medicina en la Universidad de Carabobo (UC) y, posteriormente, realicé la especialización en Psiquiatría en el Hospital Psiquiátrico de Caracas, el centro asistencial de su tipo más antiguo del país. 

Pedro Téllez y Teresa Pacheco en Madrid en 1955 (tomado de archivo histórico del Colegio Internacional de Neuropsicofarmacología)- Imagen tomada de  Diario de un Medico de guardia

Sin embargo, hablar de mi formación implica remontarme de manera ineludible a mi entorno familiar: tanto mi madre como mi padre fueron médicos psiquiatras. Mi madre fue la Dra. Teresa Pacheco de Téllez, natural de Turmero; mi padre, el Dr. Pedro Téllez Carrasco, oriundo de Madrid. Ambos se formaron en España y fueron discípulos directos del eminente profesor Juan José López Ibor. De igual modo, la vertiente psiquiátrica abarca a ambas ramas de mi familia: mi madrina, la Dra. Alais Pacheco —hermana de mi madre—, ejerció la psiquiatría, al igual que mi tía Isabelita por la línea paterna. 


En mi andadura asistencial, previa al posgrado en Caracas, me desempeñé durante un año como médico residente en la Clínica Residencias Carabobo —institución psiquiátrica privada— junto al Dr. Prypcham. Posteriormente, cumplí tres años de residencia asistencial en el Hospital Psiquiátrico Dr. José Ortega Durán de Bárbula (Insalud), donde tuve la oportunidad de trabajar al lado de los doctores Álvaro Gandica, Giuliana Olivieri e Ildiko Patkus.

Javier Téllez

En el ámbito personal y académico, debo mencionar a mi hermano menor Javier Téllez, quien ha desarrollado un encomiable trabajo artístico junto a pacientes crónicos, creando obras codo a codo con ellos. Asimismo, evoco con profunda gratitud a mi hermano mayor, Santiago (+), quien fue mi tutor y a quien debo los cimientos de mi formación humanística a través del diálogo constante y las lecturas dirigidas.


Durante mi posgrado en Caracas, guardo especial reconocimiento hacia tres de mis profesores: los doctores Padilla, Morales y Cabrera. Asimismo, en el marco de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría (SVP), fue fundamental el aprendizaje recibido de los doctores Carlos Rojas, Efraín Sedek y Néstor de la Portilla.


Finalmente, considero que el proceso de aprendizaje también se consolida entre iguales y en la docencia. En el posgrado compartí aulas y enriquecedores intercambios con condiscípulos como Juan Miguel Soto, Slavko Zupcic y José Guillén. Por esa razón dicto docencia en Bárbula (en el ámbito hospitalario), para aprender con y de mis estudiantes de pregrado y posgrado. Nunca he dejado de considerarme un alumno.


 



​La dinámica psíquica y el mito de la máquina


Si tuviera que conceptualizar la salud mental no a través de una taxonomía médica convencional, sino desde su propia vivencia profesional, ¿cómo la definiría?

La salud mental es, fundamentalmente, una relación armónica con todo aquello que nos rodea: con la pareja, los hijos, los amigos, los padres, los compañeros de trabajo; en fin, con los otros y la sociedad, así como con la naturaleza y con nosotros mismos. 

Pedro Téllez y Slavko Zupcic. 

https://www.instagram.com/p/DdiQ-9CkSIY/


Esta armonía se manifiesta de forma integral en el pensamiento, en la afectividad y en la conducta, sustentándose en un equilibrio psíquico entre los diversos componentes del yo.


Añadir comento (1997)


¿Cuál es el mito o idea errónea sobre la psiquiatría y la salud mental que consideraría prioritario erradicar en la sociedad actual?

El miedo a la enfermedad mental, ese temor desmedido, constituye la auténtica raíz del estigma social.  Para comprender adecuadamente la salud mental es indispensable aproximarse al aparato psíquico, a la mente, la cual dista enormemente de funcionar como un ordenador o computadora. Entre los modelos platónicos sobre el alma, frente al célebre mito del Auriga y los dos caballos, prefiero la alegoría expuesta en La República: una tríada conformada por un león, un hombre y una quimera, habiendo dentro de aquel hombre otro pequeño hombrecillo, un león menor y una quimera, en una sucesión continua. Este modelo respeta y preserva el misterio inherente a la conciencia. Hoy empleamos el término mente, pero “alma” era, en verdad, una categoría conceptual más precisa.

Pedro Téllez


​La salud mental como construcción colectiva


Suele acudirse al especialista solo ante una crisis agudizada. ¿Por qué la salud mental debe concebirse como un hábito cultural cotidiano y no únicamente como un dispositivo de emergencia?

Coincido plenamente. No obstante, debemos precisar que, desde la perspectiva profesional, el abordaje sobrepasa al médico especialista: involucra al médico de familia, a los psicólogos, a los terapeutas, a la maestra o al maestro, a los guías espirituales o sacerdotes de la fe que se profese, a los ancianos y a las personas sabias de la comunidad; es decir, a múltiples actores sociales capacitados para orientar el bienestar emocional. 


La salud mental se edifica en la cotidianidad mediante un estilo de vida saludable, mediante un esfuerzo compartido. No es un asunto estrictamente individual; la salud colectiva debiera entenderse, propiamente, como una salud mental colectiva.


 


​En ese orden de ideas, ¿cuáles serían los hábitos fundamentales para cultivar diariamente un estado de bienestar psíquico?

Señalaría cuatro hábitos esenciales: 


​Compartir con amigos «vivos»: Fomentar el vínculo presencial y afectivo directo.


​Compartir con amigos «muertos»: Es decir, acudir a la lectura de los autores clásicos.


​Evitar las adicciones lícitas e ilícitas: Prescindir de la dependencia al juego, al alcohol, al cigarrillo, al cánnabis, a la cocaína e, inclusive, de la adicción desmedida al dinero.


​Guardar una justa proporción entre el ocio y el trabajo.


 

Pedro Téllez. Fotografía de Yuri Valecillo


Sociedad, aislamiento y sentido de vida


Suele indagarse con frecuencia sobre la patología mental, pero desde su experiencia, ¿qué implica mantenerse «sano» mentalmente en la sociedad contemporánea?

Irónicamente, quien goza de salud mental en el mundo contemporáneo suele ser percibido como «loco». Los alienados suelen calificar de ese modo a quienes eligen un estilo de vida genuinamente saludable; vale decir, a quienes marchan en sentido contrario a la corriente dominante. 


 


​Desde la perspectiva de la psiquis, ¿por qué el aislamiento o la desconexión afectiva deterioran la estabilidad personal y qué ocurre en la mente al experimentar compañía y comprensión?

El primer presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría, el Dr. Ewen Cameron —quien colaboró en proyectos de la CIA—, diseñó cámaras de aislamiento sensorial como métodos de privación. Estar privado de estímulos sensoriales resulta ser una condición más severa que el dolor físico. 

Dr. Ewen Cameron. Imagen tomada de aquí.


​Sabemos bien que esto no se limita a los sentidos: el aislamiento social perjudica profundamente y se utiliza como un instrumento de control colectivo. Es una vía mediante la cual se transita del no sentido al falso sentido. Resulta sobrecogedor observar a un niño jugando en soledad, aislado con visores e interactuando con elementos invisibles de un videojuego. ¿Quiénes están tras estas dinámicas?… es algo que con el tiempo se esclarecerá.


Respecto a la experiencia de sentirse acompañado y comprendido: de ello se nutre la psiquis. Prefiero hablar de la mente, del alma. Esta se alimenta primordialmente del amor; por ello, El Banquete de Platón sigue siendo uno de los tratados de psicoterapia más elevados de la historia.


 



​¿Por qué a la mente humana le resulta complejo desarticular patrones perjudiciales aun cuando se comprende racionalmente su daño, y de qué forma la plasticidad psíquica o social ayuda a transformar dicho proceso?

En la interrogante, allí donde empleamos el vocablo «mente», bien podríamos colocar «familia». ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Antes están la gallina y el gallo; la familia es el núcleo que antecede a la mente individual. La sociedad, la estructura familiar, la escuela y el trabajo son constitutivos. 


Es preciso transitar de una sociedad basada en el convencimiento rígido hacia una sociedad de la persuasión, cuyo eje sea la libertad; pero no una noción de libertad egoísta o mercantil, sino una libertad colectiva, ejercida en una atmósfera de auténtica solidaridad. En un clima social de esa naturaleza surgirá una dinámica de plasticidad psíquica radicalmente distinta. La empatía, la tolerancia y el diálogo constituyen las herramientas insustituibles para una comunidad saludable.


 



Prescripción para la existencia


¿Qué mensaje orientador transmitiría a una persona que atraviesa por un periodo convulso o de oscuridad y experimenta reparo o vergüenza de buscar ayuda profesional?

Le sugeriría que comience por acercarse a dos amigos; dos amigos verdaderos. Contar con un solo amigo no siempre resulta suficiente ni del todo adecuado en esos momentos. 


 



​Tras años de escucha atenta frente al padecimiento humano, ¿cuál considera que es la lección más valiosa que le ha legado la práctica psiquiátrica acerca del sentido de la vida?

El sentido de la existencia es de carácter individual y subjetivo: cada persona debe hallar su propia razón de ser. No todos los pacientes que acuden a consulta sufren de manera estricta; muchos de ellos se encuentran, más bien, desorientados o aburridos. Indudablemente, la ausencia de un propósito vital constituye una modalidad de afección de la existencia. 


A este respecto, cabe subrayar una certeza fundamental: todos, en algún momento de nuestra trayectoria vital, hemos experimentado o experimentaremos alguna alteración de la salud mental. Ello forma parte inalienable de la condición humana. Un profesional de la medicina veterinaria jamás podría aseverar algo semejante respecto a otras especies.


 

La última cena del ensayo (2005)



​Si tuviera que prescribir una reflexión final para el lector al concluir esta entrevista, ¿cuál sería esa formulación para el alma?

Apelaré a una pequeña licencia literaria, pues la prescripción no es de mi autoría y entraña una exigencia sumamente compleja que no considero haber alcanzado plenamente, sino que la asumo como un horizonte constante. Por ello, concluyo invocando el oráculo de Delfos: «Conócete a ti mismo». Esa premisa, articulada en la filosofía socrática, funciona como el más alto principio de promoción de la salud mental. 


​Y para quienes atraviesan una fase de crisis severa, evoco de memoria al pensador presocrático Heráclito, quien advertía que, en medio de la peor tempestad, son los relámpagos los que iluminan el camino.


 

https://www.ciudadvalencia.com.ve/pedro-tellez-salud-mental/


Fotografía de Yuri Valecillo





Pedro Téllez (Valencia, Venezuela, 1966). Ensayista. Conferencista. Bibliófilo. Médico psiquiatra. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana.  Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena», Coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula. Ha publicado los libros: Añadir comento (1977). Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005) y Un Naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).  . Ha sido redactor en las revistas Poesía y La tuna de oro y colaborador de la revista Zona Tórrida, publicaciones   adscritas al Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Colaborador en publicaciones periódicas tales como Predios, Arte de leer, Mañongo y Tiempo Universitario. 




Vanileiby Rivas: originaria de Puerto Cabello, Carabobo, Venezuela, es una artista plástica y poeta con formación en el área educativa y artística.


​Es licenciada en Educación, Mención Artes Plásticas, egresada de la Universidad de Carabobo (UC).


Ha fortalecido su faceta literaria participando en diversos talleres de poesía en el Departamento de Literatura de la UC y en el Instituto Municipal para la Cultura de Puerto Cabello.


​Complementando su perfil artístico, Rivas ha desarrollado habilidades en el campo de la comunicación social, ejerciendo como presentadora en el canal Todo y más TV y como redactora en el periódico Todo y más noticias.


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2/11/2026