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viernes, 7 de octubre de 2022

Bård Borch Michalsen: El español tiene una forma especial de usar los signos de exclamación e interrogación. Creo que es una forma muy efectiva

 


Entrevista con Bård Borch Michalsen


  Bård Borch Michalsen exhibiendo una piedra en forma de coma.Imagen tomada de Vol.No.



La puntuación, software indispensable

El profesor y divulgador noruego repasa el fascinante recorrido de puntos, comas y demás signos de civilización en Cómo la puntuación cambió la historia.


Alejandra Rodriguez Ballester



11/03/2022 

Clarín.com Revista Ñ Literatura


Actualizado al 11/03/2022 15:15


Con el fin de rastrear el origen del punto, la coma, los dos puntos, y el resto de los signos de puntuación, el noruego Bård Borch Michalsen se remonta veintidós siglos hasta ese momento fundacional que no se recuerda en las efemérides pero que, a partir de su libro, Cómo la puntuación cambió la historia, debería encontrar un lugar en el calendario.


Desde la ciudad de Tromsø, más allá del Círculo Polar Ártico, donde las auroras boreales, en invierno, y los soles de medianoche, en verano, permiten ver el mundo bajo luces casi psicodélicas, este académico que fue vicerrector de la Universidad Ártica de Noruega (UIT) se embarcó en la pesquisa de esas pequeñas marcas a las que reivindica y valora en su libro como “signos de civilización”.


En nuestro mundo digitalizado, en el que asistimos a la fusión del lenguaje oral y escrito en el chat, y a la emergencia de formas prealfabéticas de escritura como los emojis –similares a los ideogramas de los antiguos semitas–, la puntuación pareciera estar cayendo en desuso.


En este contexto, es muy oportuno el libro de Michalsen, que indaga en el pasado y en el valor de la puntuación, a la que llama “la frutilla del postre en el lenguaje escrito”. Su mirada retrospectiva nos lleva a un tiempo sin puntos ni comas, de scriptio continua, en el que las palabras se escribían sin separación, en mayúsculas, como en las antiguas Grecia y Roma, con la consecuente dificultad para la lectura.


Los primeros signos de puntuación, creados en la biblioteca de Alejandría, buscaron facilitar la lectura en voz alta, marcando pausas breves (coma) o largas (punto). Pero llevó más de mil años consolidar un sistema de puntuación que aportara claridad y agilidad a la lectura; nació ligado a las necesidades retóricas de la antigüedad y se perfeccionó una vez creada la imprenta, junto al avance de las artes de la edición.


Para Michalsen, “la tarea más importante de la puntuación es contribuir a la comunicación”, a la comprensión del mensaje “de la misma manera en que el escritor lo creó”. Reducir las ambigüedades, facilitar la coherencia y la continuidad en la lectura, dotar de un ritmo y una cadencia al texto, son algunos de los méritos que trae aparejado el buen uso de la puntuación. Pero Michalsen va más allá: “La puntuación es una parte avanzada del software tecnológico del pensamiento”, afirma, una herramienta de precisión que no sólo permite expresarse adecuadamente sino pensar mejor.


Siguiendo las huellas de autores conocidos en estas latitudes, desde Walter Ong a Manuel Castells, Bård Borch Michalsen incorpora los aportes de autores nórdicos que no están traducidos, entre ellos Alva Dahl y Anders Johansen, en una reflexión amena e inspirada, accesible a lectores no especializados.


Desde su universidad polar, accedió amablemente a responder a las preguntas de Ñ, que llegaron por mail, igual que su foto que lo muestra en medio de la nieve, exhibiendo una piedra en forma de coma.


–Su libro se inicia con la historia del sistema de puntuación, cuyo desarrollo no fue simultáneo con el de la escritura. Hoy en día nos cuesta imaginar un texto sin puntuación, sin espacios entre las palabras ni signos que indiquen pausas, como en Grecia, Roma, e incluso en la Edad Media. ¿Con qué dificultades se encontraban los lectores de esos textos? Esa dificultad para la lectura de la scriptio continua, ¿reducía el número de “usuarios”? ¿La lectura quedaba en poder de una elite?


–La escritura y la lectura eran una actividad exclusivamente en manos de una elite, y especialmente de aquellos que tenían poder dentro de la iglesia. Los religiosos eran conscientes del poder del lenguaje, de manera que querían conservar su monopolio. ¿Qué podía suceder si alguien interpretaba las palabras de Dios de una manera diferente? ¡Les parecía muy peligroso!


–En el ensayo menciona que los primeros signos de puntuación remiten a 2200 años atrás, en Alejandría, capital intelectual de la antigüedad. ¿Cuál fue el objetivo de la creación de ese primer sistema de puntuación? ¿En qué se parecía o se diferenciaba del actual?


–Creo que Aristófanes de Bizancio, director de la biblioteca de Alejandría, fue un auténtico innovador. Él reparó que el lenguaje escrito necesitaba mejoras. Su idea básica fue dotar a los textos de “distinctiones”, signos circulares que debían ubicarse a distintas alturas. ¡Dos de los tres signos que él introdujo son todavía los más importantes: la coma y el punto!




–La puntuación está atravesando un momento de cambios: la coma y el punto parecen estar fuera de moda en las redes sociales. ¿Deberíamos preocuparnos?


–Como usted sabe, el lenguaje es un organismo vivo. No le temo a la influencia de las redes sociales ni del textismo. Creo que en la escritura profesional (en las escuelas y universidades, en los negocios y en el sector público) usaremos la puntuación casi como hasta ahora por muchos (¡muchos!) años.


–Los signos de puntuación, creados para favorecer la lectura en voz alta, ¿fueron útiles en la lectura silenciosa? ¿Qué cambios vinieron aparejados con ella?


–Fue el clérigo y estudioso español Isidoro de Sevilla el hombre que merece que estemos eternamente agradecidos por haber introducido la lectura silenciosa hace 1500 años. Él pensó que era un método mucho más eficiente, que permitía facilitar la comprensión y la memorización. Los signos de puntuación fueron de gran ayuda para el desarrollo de esta práctica.


–La puntuación llegó de la mano de otras innovaciones en el texto, como la diferenciación entre mayúsculas y minúsculas. Usted llama a Alcuino de York y Carlomagno responsables de la invención de la minúscula carolingia, “los hombres que crearon la cultura escrita en Europa”. ¿Cuál fue el alcance de su obra?


Alcuino de York fue, de hecho, el ministro de educación del imperio carolingio, comparable a la Unión Europea de aquellos tiempos. Él escribió libros sobre la escritura y manuales de gramática e inspiró a Carlomagno a dedicar mucho dinero para la escuela en Aquisgrán –la ciudad donde había instalado su corte– y también en otros lugares de su imperio. Sin embargo, Carlomagno no era capaz leer, aunque Alcuino intentó ayudarlo en sus intentos de aprendizaje. Hay una pintura que encontré en el Centro Carlomagno de Aquisgrán, que muestra a ambos en esas tareas; es un cuadro de Otto Rethel, de 1847.


–Su libro hace un homenaje entusiasta a Aldo Manuzio, editor veneciano del Renacimiento, creador, entre otras cosas, del libro de bolsillo y la tipografía Times New Roman.


Aldo Manuzio es mi hombre. Lo que él hizo por la escritura es comparable con lo que Steve Jobs y otros innovadores hicieron por la industria de la computación. Sin el software y las artes de la edición, la imprenta de Gutenberg y las computadoras hubieran valido mucho menos.


–La puntuación es, en gran medida, una cuestión de estilo. La escritora sueca Alva Dahl diferencia entre puntuación densa –la que utiliza muchos signos– y escasa, pesada –con muchos puntos– y ligera –la que recurre a otros signos. ¿Cómo fueron cambiando estas tendencias con el tiempo? ¿Cuáles serían los patrones de puntuación preferidos en la actualidad?


–Lo que yo sé es que la puntuación solía ser mucho más densa y pesada hace cien o doscientos años. En nuestros días solemos usar menos signos de puntuación cuando escribimos. Lo que yo supongo es que este desarrollo –hacia el uso de menos signos de puntuación– es probable que continúe.


–Aunque escribe sobre temas académicos y se basa en fuentes de ese origen, lo hace en un estilo cálido, cercano a la divulgación, con anécdotas curiosas y muchos ejemplos. ¿Es esto frecuente en la academia noruega? ¿A qué tipo de lectores intenta dirigirse?


–Creo que sí y que no. Muchos académicos noruegos escriben como los académicos en todas partes pero, de alguna manera, creo que noruegos y escandinavos en general son un poco más informales, más directos y relajados que la gente en Alemania, Francia y Gran Bretaña. Cuando escribo un libro como este, veo a este lector: una persona interesada en la cultura, en la historia y en el lenguaje, que quiere leer para estar informada y entretenerse. Trato de hacer caso a este proverbio: no sobreestimes el conocimiento de tus lectores pero tampoco subestimes su inteligencia.


–¿Por qué me comentó en uno de sus mensajes que envidiaba nuestro sistema de puntuación español?


El español tiene una forma especial de usar los signos de exclamación e interrogación. Creo que es una forma muy efectiva. Me parece que para el lector el hecho de saber de manera temprana que lo que sigue es una pregunta o una exclamación, facilita la comprensión de la oración. ¿Podrían intentar exportar esta modalidad de puntuación al resto del mundo?


Cómo la puntuación cambió la historia, Bård Borch Michalsen. Trad. Christian Kupchik. Ediciones Godot, 176 págs


Tomado de Revista Ñ.



domingo, 8 de octubre de 2017

Noruega: El Asgard de los escritores






“El mejor país para ser escritor” no nos habla de España (como era de suponer) sino de Noruega que, tras pasar por una grave crisis económica en los años sesenta, descubrió ser rica en petróleo e invirtió parte de los beneficios obtenidos del mismo en potenciar la literatura con el fin de “revitalizar las letras en noruego y esquivar la presión del imperialismo cultural anglófono”. Eso les ha llevado, por ejemplo, a desarrollar un programa de becas-sueldo de veinticinco mil euros anuales para escritores emergentes, así como a otro de compra masiva de ficción contemporánea para las bibliotecas públicas que sólo el año pasado se gastó 13,8 millones de euros.

Una postal Noruega

            Pero no entraré en más detalles porque lo van a poder leer todo muy clarito a continuación y lo que haré será contarles aquello que me dio por pensar nada más terminar de leer el artículo. Idealista que es uno, lo primero que hice fue permitirme soñar despierto con un ejercicio de imaginación que empecé preguntándome:

“Si mañana encontráramos petróleo, ¿sería posible algo similar aquí en España?”

            Como también soy optimista (lo tengo todo; así me va...), decidí concentrarme en trazar un hilo de similitudes, paralelismos y razones a favor del sí que vino a ser más o menos como el que sigue: “Venimos pasando una larga crisis económica, como les pasó a ellos. También al igual que ellos, tenemos precio fijo en el libro. Nuestro IVA para los libros de papel no es del 0% (como el suyo) pero todavía lo seguimos manteniendo al 4% (que no es alto). Poseemos una amplia red de bibliotecas y una industria editorial fuerte en las que podemos apoyarnos, y el hecho de que nuestros índices de lectura estén por debajo de los suyos resulta una razón de más para invertir en cualquier cosa que tenga que ver con la lectura, su fomento y los libros. Tenemos lenguas más allá del castellano que, como le pasara al noruego, necesitan revitalizarse; y nunca está de más revitalizar el mismo castellano (por qué no decirlo)... Vale que ellos son una nación de cinco millones de habitantes (menos de los que hay en Cataluña o la Comunidad de Madrid, para hacernos una idea) frente a los en torno a cuarenta y seis millones que somos aquí, y que eso, pienso, podría repercutir en las condiciones a cumplir a la hora de conceder una beca, o incluso en su cuantía. Bueno, digamos que tocamos a menos. Como he dicho, no hablo de hacer lo mismo sino de hacer algo similar... ¿Podría ser? ¿Por qué no?”



            Unos veinte minutos después me caigo de la nube cuando entro al salón de mi casa y en las noticias escucho que el Ayuntamiento de Sabadell ha pagado seiscientos euros por la elaboración de un informe que propone retirar una plaza Antonio Machado por considerarlo “españolista”. La noticia me llega como una de esas hostias que te das (o te dan) y te quitan toda la tontería. Entonces lo veo claro. “¿Qué va a ser posible?”, me digo (y me lo digo enfadado),“los noruegos tienen petróleo, pero no es sólo eso: allí le dan valor a la lengua, la literatura y la cultura, cosa que aquí no”. Un valor que no se saca de una prospección, que para conseguirlo hay que trabajarlo, dedicarles mucho tiempo y medios, y podemos tener la certeza de que no se está por esa labor cuando nuestra última reforma educativa (LOMCE) ha eliminado (entreotras) la posibilidad de examinarse de “Literatura Universal” en la Prueba de Acceso a la Universidad, cuando se han recortado Humanidades en favor de la Religión.

            No. Aquí hacemos las cosas diferentes. Spain is different. La política sólo se interesa por la cultura cuando se trata de utilizarla con intereses partidistas, como arma arrojadiza o para que trinquen unos cuántos. Así que mejor nos ahorramos conceder licencias para prospecciones de las que es menos probable que obtengamos gas o petróleo a que nos acaben costando millones de indemnización por prohibirlas.



            Escritores, editores, bibliotecarios, libreros, amantes de la literatura en general... disfruten de cómo hacen las cosas nuestros amigos del norte, una política en favor de la literatura que, como la aurora boreal, es hermosa pero nunca veremos por aquí. Y no les tengamos envidia, que para revitalizar el idioma nosotros tenemos a la RAE aceptando“almóndiga”, “asín”, “otubre”, “amigovio” y “albericoque”...

            ...quien no se consuela es porque no quiere. ¬¬




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El mejor país para ser escritor




La rica y menuda Noruega es modélica en la protección del escritor y la industria del libro. A las ayudas para promocionar la creación se suman el IVA cero para el libro de papel y el precio fijo.




11 AGO 2017


Si Noruega, con sus gestionables cinco millones de habitantes, sus productivas reservas de petróleo y su devoción por la cultura, no es el mejor país de Europa para ser escritor, al menos, tiene las condiciones para serlo:



Una antigua cabina teléfonica convertida en minibiblioteca en Oslo. JO STRAUBE / THE NORWEGIAN LIBRARY PROJECT




—Un autor emergente puede soñar con vivir solo de la literatura porque las becas-sueldo del equivalente a 25.000 euros anuales son una realidad que no se da con cuentagotas.



—Un escritor consagrado, pongamos Karl Ove Knausgård, el autor de la saga Mi lucha (Anagrama), también puede ser beneficiario, y lo ha sido, de las ayudas —de hasta el 50%— que concede el Gobierno a través de Norla (Norwegian Literature Abroad) para la traducción de libros escritos en noruego: 499 a 46 lenguas en 2016, entre ellos, la cuarta entrega del rey de la autoficción al español y al catalán.
—Publicar resulta menos arriesgado que en otros países. El Estado tiene un programa de adquisición de libros para las bibliotecas, único en el mundo por su dimensión, por el que compra, por ejemplo, cada año 773 ejemplares del 85% de los títulos de ficción y 1.550 de los de literatura infantil y juvenil, cuando la tirada media ronda los 2.500 ejemplares.

—Los libros de papel están libres de impuestos —una rareza que en Europa solo se reproduce en Reino Unido, Irlanda, Albania, Ucrania y Georgia— e impera un sistema de precio fijo, similar al de países como España, Francia y Alemania, por el que no puede rebajarse el coste de los ejemplares hasta mayo del año siguiente a su publicación.

—La escrupulosa gestión de los derechos de autor por préstamos bibliotecarios y por copias privadas, y la educación, que ha hecho que la piratería no sea allí un problema, garantizan que cada cual cobre lo que es suyo.
—La fiscalidad de la cultura está bonificada y, como en Alemania, Austria, Portugal o Italia, se permite al escritor jubilado cobrar los royalties de sus obras sin tener que renunciar a la pensión, al contrario de lo que ocurre en países como España, Irlanda o Malta.




—Y lo más importante, que explica lo anterior: existe un respeto reverencial por la cultura y el creador. Y esa veneración tiene en una de las naciones más ricas del mundo una traducción económica (1.440 millones de euros para cultura en 2017; 85,6 millones para el sector del libro) que apenas se ha resentido durante la crisis y un impacto en el desarrollo del talento patrio y su expansión por el mundo.

“Noruega está exportando literatura. La calidad media de las letras del país es muy alta y creo que se debe en gran parte a ese apoyo que ha prestado el Estado durante muchos años”, resume Jostein Gaarder.





Hace no tanto, en los noventa, cuando el escritor dio el campanazo con El mundo de Sofía (Lumen) —que lleva ya más de 40 millones de copias vendidas— y amplió las fronteras de la literatura noruega, la presencia de autores del país en las librerías extranjeras no era más que una exótica anomalía, como corresponde a una nación con menos población que la Comunidad de Madrid. Eran internacionalmente conocidos Henrik Ibsen, uno de los padres de la dramaturgia moderna, y por supuesto el polémico Nobel y colaborador de los nazis Knut Hamsun, autor de la aclamada novela Hambre. Poco más. ´


Jostein Gaarder: “Estamos exportando literatura. La calidad es muy alta y en parte se debe al apoyo del Estado”

Hoy, solo tres décadas después, Noruega ya no solo vende fuera a sus clásicos y a sus firmas de novela negra y aventura, vende al exterior mucha y muy variada literatura. Knausgård es la gran estrella. Pero no está solo. Dag Solstad, ganador este año del premio de la Academia Sueca, el pequeño Nobel, y Kjell Askildsen, maestro del relato breve, son mundialmente conocidos y reconocidos. Igual que Per PettersonLinn UllmannJo Nesbø; el dramaturgo Jon FosseMaja Lunde, en boca de todos por su Historia de las abejas (Lumen), o Maria Parr, la nueva Astrid Lindgren, que acaba de publicar en España Tania Val de Lumbre (Nórdica).



Las letras de esta monarquía parlamentaria parecen vivir así una nueva edad de oro, que tiene su gran manifestación en su elección como país invitado de la Feria del Libro de Fráncfort 2019. Y debe dar gracias por ello a la profunda crisis que atravesó en los sesenta, en vísperas de descubrir que, además de en pescado, era rica en petróleo (1969) y de rechazar por primera vez en referéndum (1972) su ingreso en la Unión Europea (UE). En una nación lectora, muy lectora —el 90% de la población lee al menos un libro al año, con un promedio de 16 títulos, frente al 60,6% que lo hace en España—, en una nación con una gran tradición de narradores y un sólido sistema de bibliotecas, apenas emergían nuevos genios literarios y los títulos interesantes eran cada vez un bien más escaso. Y el culto Reino de Noruega, uno de los países más felices, seguros y desarrollados del mundo, no se lo podía permitir.


“Era una situación muy seria para un país tan pequeño como el nuestro con una lengua territorialmente tan limitada”, explica Oliver Møystad, responsable de Ficción de Norla, en la sede del organismo en Oslo. “Había miedo de que pudiera desaparecer si no se hacía algo para potenciar la literatura, que siempre se ha considerado fuente de renovación y transmisión del idioma”. Así que para revitalizar las letras en noruego y esquivar la presión del imperialismo cultural anglófono, el Gobierno socialdemócrata de la época estableció un formidable programa de compra masiva de ficción contemporánea para las bibliotecas públicas que, con el tiempo, se ha ido ampliando —hoy también se concede a no ficción para adultos, ficción y no ficción infantil y juvenil, ficción traducida y novela gráfica— y que, a juzgar por la información que aporta Ingeri Engels­tad, directora general de la editorial Oktober, ha logrado sobradamente el objetivo perseguido: “En los sesenta salían solo uno o dos escritores debutantes al año. Ahora más de 60”, apunta. “En Suecia y Dinamarca hay proporcionalmente menos porque no pueden arriesgar tanto”, añade Møystad.




Su repercusión también ha sido capital en la industria. “Económicamente es de gran importancia”, continúa Engelstad. “Permite a los editores apostar por escritores desconocidos y publicar un mayor espectro de géneros y expresiones literarias”. 35 títulos de su sello, todos menos uno de su catálogo de ficción de 2016, pasaron el filtro de calidad del comité que decide las adquisiciones. El Gobierno, últimamente cuestionado por vender su transformación verde mientras autoriza sondeos de crudo, les compró 24.605 copias de papel y 2.450 licencias de e-books por los que Oktober recibió el equivalente a 828.000 euros, el 60%. El 40% restante se lo lleva el autor, que, además, solo por haber sido seleccionado cobra más por derechos de autor (20% si escribe ficción) que si no lo hubiera sido (15%).



Este programa al por mayor, en el que el Gobierno se gastó el año pasado 13,8 millones de euros, es la joya de un sistema patrocinado por el Estado con la cooperación de la industria y solidariamente respaldado por los superventas del país. El Ejecutivo del país, con una renta per capita de 69.300 dólares (59.000 euros) en 2016 y una tasa de paro en junio del 1,9%, subvenciona a quienes se aventuran por el camino de la escritura y también a los autores consagrados —en 2017 concedió solo a escritores de ficción para adultos 125 ayudas por valor de más de 2,5 millones de euros, según datos de Richard Smith, responsable del secretariado del programa de ayudas para artistas—. Pero también lo hacen las asociaciones de escritores. Y si pueden repartir cuantiosas becas para que un autor investigue, viaje o pueda dejar su trabajo para dedicarse en exclusiva a escribir un libro es porque sus fondos colectivos se nutren de derechos de autor por préstamos de libros (en 2016 el Gobierno pagó 11,6 millones de euros por este concepto a los autores) o copias realizadas en universidades, empresas… (la entidad de gestión Kopinor distribuyó más de 21 millones de euros entre el colectivo). Y los que más aportan son los que más venden.

El escritor Karl Ove Knausgard. ALBERT GARCÍA




Ida Hegazi Høyer, que ya va por su sexto libro, se ha beneficiado dos veces del sistema. Ha recibido hasta la fecha dos becas: una de tres y otra de dos años. Solo ha consumido la primera y ya ha recibido el Premio de Literatura de la UE en 2015 por Perdón (Nórdica). Cobra 25.000 euros anuales. “Hay quien protesta porque las becas sueldo le parecen demasiado bajas, dado lo cara que es aquí la vida, pero vivir de tu arte no es un derecho humano. Somos los escritores más afortunados del mundo”, defiende. Maria Parr incide en la misma cuestión: “Ha habido una gran solidaridad de generaciones anteriores a la mía que han logrado privilegios para todos para que no todo esté gobernado por el capitalismo. Deberíamos tener cuidado de no perderlos”.


La escritora noruega Ida Hegazi Høyer. 


En el sector, que lucha por el IVA cero para los e-books (está en un 25%), ha habido cierta preocupación de que los paradigmas del singular ecosistema literario pudieran venirse abajo. La cultura siempre ha sido un asunto público y el actual Ejecutivo, de corte liberal, ha defendido y defiende un modelo mixto público-privado. El programa de compra de libros para las bibliotecas no está en cuestión, pero se teme por otros pilares del sistema que están regulados por acuerdos entre los agentes del sector, como el precio fijo o los contratos estandarizados por los que los autores inscritos en las asociaciones de escritores (que son prácticamente todos), se llamen Nesbø o sean debutantes, cobran el mismo porcentaje de derechos de autor.



Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN y antes primer ministro del país, se saltó las reglas del juego cuando en 2016 negoció condiciones privilegiadas con el sello Gyldendal para escribir sus memorias y puso en su contra a todo el sector. Estaba en su derecho, no pertenecía a ninguna asociación de escritores, pero se juzgó una actitud muy incoherente para alguien que había sido líder del partido socialdemócrata y adalid de la solidaridad.

Maria Parr: “Ha habido gran solidaridad de anteriores generaciones para que el capitalismo no gobierne todo”

“Esperamos que haya un cambio de Gobierno con las elecciones de otoño. Estamos haciendo lobby para lograr una ley del libro que asegure el precio fijo y los contratos estandarizados”, dice Trond Andreassen, secretario de Asuntos Exteriores de la Asociación noruega de Escritores de No Ficción y Traductores. “Es importante defender el sistema que tenemos, que creo además que está más allá del coste”, tercia Gaarder. “He ganado fuera mucho dinero que luego ha revertido en Noruega: más de 10 millones de euros en impuestos. En cierto modo el sistema, que es generoso, se paga a sí mismo”.



La globalización ha dejado poco espacio para comparar las leyes de propiedad intelectual y las políticas de protección al escritor y la literatura en Europa. Los modelos se asemejan, aunque cada país destaca por algo y se distingue por su mejor o peor aplicación. Francia se tiene como modélica por su respeto a la entidad del escritor; Irlanda, como paraíso de la fiscalidad —ningún creador, ni U2, tributa por sus obras—; los nórdicos, por la promoción de la cultura. Y, en concreto, Noruega, donde la ostentación es pecado y la modestia se ejerce como gran virtud, puede presumir de tener un sistema que permite que un autor que no sea superventas persiga su sueño. No es una quimera. En el país de los fiordos se puede vivir de la literatura sin ser comercial.
Tomado de El país

Disfruten ahora de un video corto donde conocerán un poco más de la Biblioteca de Vennesla





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            ¿Y quién es Bernie Ohls? Soy un librero hard-boiledDuro para poder seguir vivo y dulce para merecer estarlo en esta jungla de asfalto que es el mundo del libro, donde unos pocos tienen el dinero y el poder con el que procuran marcar las directrices del mercado. ¿Demasiado cruda la carne que te sirvo? No pienso disculparme. Creo que ya es hora de que se saquen del jarrón veneciano los tópicos y se arrojen a la calle, que alguien diga en voz alta verdades como puños y afronte la realidad del mundo del libro con otras palabras.



martes, 2 de agosto de 2016

Thor Heyerdahl y la hazaña del Kon-Tiki,


 Kon-Tiki, réplica del original, actualmente  en el Museo de Oslo


por Vivina Perla Salvetti


  
Mientras se está llevando a cabo la replicación experimental del viaje del Kon-Tiki, creo pertinente dedicar esta entrada a conocer un poco más al antropólogo Thor Heyerdahl (1914-2002) Por tal motivo comparto a pie de página un par de vídeos documentales breves que valen la pena, y a continuación el trailer de la película realizada en 2012 sobre la enorme hazaña:


Kon - Tiki, Un Viaje Fantástico - Tráiler subtitulado [HD]


Como anticipamos la semana pasada, Kon-tiki fue el nombre de la balsa utilizada por el explorador noruego en su expedición de 1947 por el océano Pacífico desde Sudamérica hasta la Polinesia. El nombre de la embarcación se debía al dios solar de los incas, Wiracocha, de quien se decía que antiguamente había portado el nombre de «Kon-Tiki».

Thor Heyerdahl   
                                                                              
Heyerdahl sostenía que pobladores procedentes de Sudamérica podrían haber llegado hasta la Polinesia ya en tiempos precolombinos. El propósito de Heyerdahl era demostrar la posibilidad de que el poblamiento de la Polinesia se hubiese llevado a cabo por vía marítima, desde América del Sur, en balsas idénticas a la utilizada durante la expedición y movidas únicamente por las mareas, las corrientes y la fuerza del viento, que es casi constante, en dirección este-oeste, a lo largo del Ecuador. No obstante, la expedición dispuso de ciertos elementos como una radio, relojes, mapas, sextantes y cuchillos, aunque los mismos no fueran relevantes a la hora de probar que una balsa como la utilizada podía realizar la travesía.

Imagen tomada de National Geographic




La expedición Kon-Tiki fue financiada mediante préstamos, y contó con donaciones de parte del ejército de Estados Unidos. Heyerdahl viajó tiempo antes a Perú donde, junto con un pequeño grupo de personas y dentro del espacio provisto por las autoridades nacionales, se dedicó a la construcción de la balsa. Para ello, se utilizaron troncos de madera balsa y otros materiales autóctonos, y se mantuvo el estilo de construcción indígena tal como se observó en las ilustraciones dejadas por los conquistadores españoles.



La travesía comenzó el 28 de abril de 1947. Heyerdahl y otros cinco integrantes viajaron durante 101 días a lo largo de casi 7.000 km por el océano Pacífico, hasta llegar a un arrecife en el atolón de Raroia, en las islas Tuamotu, el 7 de agosto de 1947. Toda la tripulación llegó a tierra sana y salva.



El libro Kon-Tiki, que Heyerdahl escribió relatando las peripecias de la expedición, fue un best-seller y se tradujo a 66 idiomas, y la película que  filmó el mismo Heyerdahl durante la travesía ganó un Oscar al mejor documental en 1951.

Imagen tomada de Revistería Ponchito



Más expediciones en barcos antiguos

En 1969, para demostrar que los otros tipos de buques antiguos eran capaces de transportar personas a través de los vastos océanos, Heyerdahl y un equipo internacional de siete cabezas oeste a través del Atlántico desde Safi, Marruecos, en una de 50 pies de papiro barco caña de diseño antiguo egipcio, llamado Ra en honor del dios egipcio del sol.

Heyerdahl frente al Ra II desde Marruecos
                                  
Después de cubrir 2.700 millas en ocho semanas, el Ra se anegó en una tormenta y tuvo que ser abandonado a 600 millas de Barbados en las Indias Occidentales.

Sin desanimarse, Heyerdahl y su tripulación zarpó de nuevo desde Marruecos en un nuevo barco de papiro de caña llamado Ra II en 1970. Ellos completaron con éxito el viaje de 3.270 millas náuticas a Barbados en 57 días.

Heyerdahl también organizó y dirigió un tercer viaje, a bordo de un tipo sumeria caña barco llamado el Tigris, que viajaron desde Irak hasta el Mar Rojo en 1977 para demostrar la posibilidad de contacto entre las grandes civilizaciones antiguas de Mesopotamia, el valle del Indo y Egipto.

Su proyecto final y más ambiciosa le llevó a Azov, una ciudad rusa en el delta del río Don.

Imagen tomada de Instagram.




Para ayudar a financiar sus diferentes proyectos, Heyerdahl escribió muchos libros populares, incluyendo "Aku-Aku: El Secreto de la Isla de Pascua", que narra la expedición arqueológica 1955 en la Isla de Pascua, la isla de la Polinesia  más cerca de América del Sur.

Aunque recibió numerosas medallas de oro de las sociedades geográficas y antropológicas de todo el mundo, así como 11 doctorados honoris causa, Heyerdahl sus proyectos siguieron alimentando la polémica respecto de la capacidad marítima de pueblos antiguos.

“Creo que era básicamente un aventurero, alguien que buscaba apasionadamente aumentar la comprensión del pasado y estaba dispuesto a participar en todo tipo de formas no tradicionales para sostener una teoría” dijo una antropóloga de Yale que se reunió Heyderdahl varias veces.

Lo que sigue siendo cierto es que muchos científicos aún se muestran escépticos de la teoría de Heyerdahl sobre la población de Polinesia por antiguos sudamericanos que habrían llegado en balsas.

Imagen tomada de Revistería Ponchito



Kon Tiki documental histórico

Película a color que registra cómo era la balsa Kon Tiki diseñada según crónicas españolas del siglo XV y probada eficazmente por  Thor Heyerdahl en 1947.

Se trata del único registro visual sobre el KonTiki en el mar, con tomas obtenidas por el mismo Heyerdahl desde un bote atado a la balsa.





Kon-Tiki Official Theatrical Trailer (2013) - Oscar Nominated Film HD


La balsa original fue posteriormente trasladada al Museo Kon-Tiki de Oslo, Noruega. Video presentación del Museo Oslo (dura 1:21 minutos)


Kon-Tiki balsa raft. Reconstruction of 1947 Thor Heyerdahl expedition from Peru to Polynesia


También recomiendo que ingresen al siguiente vídeo que logra describir en pocos minutos la hazaña del Kon-Tiki




Bueno, habiendo llegado hasta aquí, me despido hasta la próxima aventura!!!




Las imágenes fueron tomadas de diversas fuente y se acreditaron las que se pudo determinar su fuente.

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Vivina Perla Salvetti, margariteña nacida en Porlamar reside en la Argentina desde hace muchos años. Le gusta presentarse como antropóloga por la Universidad de Buenos Aires, con interés en las Neurociencias y Ciencias de la Complejidad., Disfruta de discurrir por literatura, filosofía, psicología, historia, ciencia y arte.

Todavía hoy recuerda las palmeras frondosas, el agua tibia y el suave ronroneo marino de las playas doradas de su infancia.

E-mail: visalvetti@gmail.com


Su blog esFronteras de la Antropología


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