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jueves, 15 de noviembre de 2012

Zhang Yimou nos narra la historia de un primer amor en una época en que enamorarse era un reto en China.

La Revolución Cultural y el "Amor bajo el espino blanco”





Zhang Yimou abandona el cine de acción al que nos ha acostumbrado en la última década para regresar a un cine intimista, siempre con vocación universal, y explicar a través de una aparente sencilla historia de amor el horror y la destrucción moral que representó la Revolución Cultural. 



El premiado realizador chino regresa con este filme al cine sin artificios ni efectos especiales. Con una narrativa delicada y subrayando los pequeños detalles que dan sentido a la historia, nos hace recorrer la relación de dos jóvenes ante el primer amor para hablar de temas eternos como la vida, el amor y el coraje para superar dificultades. 


Tras películas de gran impacto visual como “Hero”, “La casa de las dagas voladoras” o “La maldición de la flor dorada”, donde los efectos especiales, las artes marciales y el movimiento de masas se convertían en un protagonista más de la historia, con “Amor bajo el espino blanco” Zhang Yimou vuelve a la sencillez expositiva y poética de filmes como “El camino a casa”.



Zhang Yimou nos narra la historia de un primer amor en una época en que enamorarse era un reto en China. Jing es una colegiala ingenua de la ciudad, debe trasladarse a un remoto pueblo en la montaña para su “reeducación” durante la Revolución Cultural. Su padre ha sido encarcelado por “derechista”, y su madre lucha para alimentar a sus tres hijos. Jing sabe que tanto su futuro como el bienestar de su familia dependen de su buen comportamiento en opinión de las autoridades. Bastaría con un error para arruinar sus vidas.



A pesar de ello se enamora de Sun, el encantador hijo de un militar de élite. Debido a la diferencia social que les separa, un romance entre ellos es impensable. Más aún, peligroso. Pero la atracción es mutua, poderosa e innegable. Jing intenta resistirse, pero Sun la persigue, incluso después de que la chica regrese a la ciudad. El amor entre ambos florece; puro, apasionado y secreto. Nadie debe enterarse, y menos aún la madre de Jing. 



De pronto, Sun desaparece. Cuando vuelve, Jing se da cuenta de que algo ha cambiado. Deberá revisar sus ideas acerca del amor, el honor y la lealtad antes de decidir en lo que cree realmente. La vida de ambos nunca volverá a ser la misma…



La película está basada en la novela del mismo título del escritor Ai Mi publicada en 2007 con gran éxito de crítica y público. La editorial Suma de letras la ha publicado en español. 



“Amor bajo el espino blanco” se presentó en el último festival de cine de Valladolid, SEMINCI, donde su joven protagonista Zhou Dongyu obtuvo el premio a la mejor actriz.


Descarga la novela pulsando aquí.


Amor bajo el espino blanco - Tráiler Español




Tomado de Asiared


lunes, 19 de diciembre de 2011

Zhang Yimou retrata la matanza de Nankín (1937) en la película:

"The Flowers of War"






"The Flowers of War" es la primera incursión en el cine bélico de Zhang Yimou.

Zhang Yimou


Pekín, China.- Hasta en un hecho tan inhumano como la matanza de Nankín (1937), en la que los invasores japoneses mataron a 300,000 chinos, en su mayoría civiles, queda un rincón para la belleza y la humanidad: es lo que propone el último filme de Zhang Yimou, "The Flowers of War", estrenado ayer.





La estremecedora película, la más cara de la historia de China y una de las pocas de su cine que tiene a un actor de Hollywood como protagonista (un impecable Christian Bale), ofrece lo que su título indica: flores en la guerra, personas que en medio del horror más atroz son capaces de cometer la más grande heroicidad.
 
Geling Yan. Autora de la novela Las trece flores de Nankin sobre la cual se basa la película.



El enterrador John Miller (Bale), viaja a Nankín y queda atrapado en uno de los momentos más infames de la humanidad, lo que los chinos conocen como "la violación de Nankín", iniciada el 13 de diciembre de 1937.





Miller acaba refugiado en la iglesia del sacerdote con dos grupos de chicas bien diferentes: unas niñas huérfanas y unas prostitutas, entre ellas la bella Yu Mo (encarnada por la debutante actriz china Ni Ni), por la que el sepulturero se siente atraído.




La película -que no rehuye escenas terriblemente gráficas y sangrientas, combinadas con otras en las que Zhang Yimou vuelve a demostrar a ser uno de los mejores escenógrafos del mundo- va contando el paso de los protagonistas por el horror de la guerra, y cómo éste les convierte desde seres egoístas y materiales a héroes inolvidables.






Se trata de la primera incursión en el cine bélico de Zhang Yimou, famoso en Occidente especialmente por sus películas de los 80 y 90 ("Vivir", "La linterna roja"), que lograron numerosos premios en los festivales europeos con un cine muy social.

Tras una última década de películas comerciales y con muchas artes marciales, pero algo frías, ("Héroe", "La casa de las dagas voladoras") y su trabajo como coreógrafo en los JJOO de Pekín, el mago de Xian regresa a su cine más sentido, aunque ambientado esta vez en un conflicto.



Con todo, las trepidantes escenas de disparos y bombardeos son pocas, pero suponen los momentos más dramáticos del filme, que alcanza sus tramos más terroríficos cuando retrata la rapiña del invasor japonés, que 70 años después sigue siendo para los chinos un enemigo irreconciliable con el que se asusta a los niños.




La película, que además supone un interesante regreso de Bale al tema de la invasión japonesa de China, 25 años después de haber protagonizado como niño "El Imperio del Sol" (Steven Spielberg), va directo al corazón del espectador, al estilo de los mejores dramas bélicos, recordando a obras maestras como "La lista de Shchindler" o "El pianista".

Bale, cuya actuación servirá para enganchar a la audiencia occidental en medio de un reparto de desconocidos actores chinos, ha estado esta semana en China para promocionar el filme y hablar de él en su estreno a los medios, el 11 de diciembre; la visita ha tenido un lado amargo, ya que el actor intentó reunirse con un disidente chino y fue atacado por la policía, aunque no resultó herido.

El director con el elenco protagónico en la premiere en China.


"The Flowers of War", que dentro de una semana llega a los cines de Estados Unidos y el próximo año al resto del mundo, representará al cine chino en los próximos Oscar, y se postula como firme candidata a llevarse la primera estatuilla a la mejor película extranjera para el cine chino (la laureada "Tigre y Dragón", de Ang Lee, era taiwanesa).

Ya está nominada a los Globos de Oro, donde compite con "La piel que habito", de Pedro Almodóvar, y consiga o no alguno de los galardones, dejará a los espectadores completamente destrozados por los horrores de la guerra, pero emocionados al reflexionar que, en el atroz campo de batalla, también pueden crecer flores.  





The Flowers of War Official US Trailer



Tomado de La Vanguardia.


Enlaces relacionados:













31/03/2024

domingo, 6 de junio de 2010

Yu Hua: “¡Vivir! representa la lucha contra la adversidad”






Se publica en castellano la primera gran novela del escritor chino, escrita en 1992 

La editorial sigue con su propósito de traducir toda la obra de Yu Hua, uno de los escritores chinos actuales más leídos y traducidos dentro y fuera del país. Tras publicar en 2009 su éxito más reciente, “Brothers”, llega “¡Vivir!”, su primera gran novela. Fugui es un campesino que pierde toda su fortuna en apuestas y burdeles a principios del siglo XX, pero que sobrevive a las dificultades impuestas por la guerra civil, la llegada del comunismo y la Revolución Cultural. 

Es una historia de superación, según el propio Yu Hua, autor tan popular como controvertido en China, donde no siempre se acepta bien la dureza con la que describe los episodios más oscuros de la historia de su país. 


 
*******


“¡Vivir!” es una novela sobre la voluntad de sobrevivir, una historia dura y vital a la vez, con una fuerte presencia de la muerte. 
 
Sí, representa la lucha contra las adversidades.

¿Cómo ve la novela ahora, dieciocho años después de haberla escrito?
 
Es una novela que me trae muchos recuerdos y me hace aflorar muchos sentimientos. Me cuesta recordar qué emociones sentía cuando la escribía, pero cada vez que se ha reeditado la he releído y revisado y este proceso me ha aportado una sensación muy especial. Como lector, cada vez que la releo me emociono y me pongo a llorar, a veces me ha pasado incluso en público. 

¿Esta novela supuso un punto de inflexión en su carrera?
 
Sí, “¡Vivir!” marcó mi carrera de escritor porque cambié la forma de escribir. Hasta ese momento, yo formaba parte del vanguardismo chino, más formalista y experimental, y escribía relatos cortos que eran difíciles de entender para muchos lectores. “¡Vivir!” fue la primera novela larga, me convertí en más realista, pasé a escribir en primera persona y empecé a oír las voces de los personajes que tomaban vida dentro de mí. También trabajé mucho para simplificar el lenguaje y adaptarlo a la forma de hablar de un campesino sin cultura. Muchos escritores, cuando consiguen el éxito, consolidan un estilo de redacción, pero a mí no me importa adaptar mi estilo a cada obra para abrir nuevos caminos. 



La versión cinematográfica realizada por Zhang Yimou, ganadora del Gran Premio del Jurado de Cannes en 1994, fue prohibida en China. Cuando escribía la novela, ¿pensó que tendría problemas con la censura? 
 
No, mientras escribía no pensaba en factores externos a la novela, ni en la censura ni en si tendría éxito. Se ha reeditado muchas veces y nunca he tenido problemas con el gobierno, aunque evidentemente tampoco he recibido alabanzas. La diferencia con la película es que el proceso de censura de libros y películas es diferente, y en aquel momento los funcionarios que controlaban el cine eran muy estrictos. Seguramente hoy la película tampoco tendría problemas porque el país ha cambiado mucho. 

¿Le gustó la adaptación de Zhang Yimou? Introdujo importantes cambios, como situar la acción en la ciudad y no en el campo…
 
Nunca estuve de acuerdo con este cambio, además su único argumento fue que estaba aburrido de hacer películas en el campo. He visto la película más de veinte veces y me gusta, pero no me reconozco como autor de la historia. Zhang Yimou quiso introducir muchos cambios para evitar la censura y al final no le funcionó. Fue una colaboración accidentada pero divertida, y debo decir que me pagó muy bien por los derechos. 



Estudió odontología y trabajó como dentista cinco años. ¿Cómo decidió empezar a escribir? 
Empecé a trabajar como dentista en 1978 y entonces el gobierno no nos dejaba escoger, nos asignaban el oficio que les parecía mejor. A mí me tocó el peor, dentista, ¡pero yo odiaba mirar dentro de las bocas! Por eso empecé a pensar alternativas. 

Fue educado durante la Revolución Cultural, cuando era casi imposible conseguir libros, ¿cuáles fueron sus primeras experiencias como lector?
 
Crecí en una época sin libros, en casa sólo había libros de medicina de mis padres y la colección de obras de Mao, pero yo la leí porque me interesaban sus apéndices. Mao introducía muchas referencias interesantes en las notas de sus libros. Luego, cuando llegué a secundaria, la única posibilidad de leer eran los carteles de los guardias rojos colgados en las paredes explicando las denuncias que se hacían unas familias a otras. También leía los periódicos que mi padre usaba para tapar los agujeros del techo y que siempre estaban encima de mi cabeza cuando iba a dormir. La primera novela que leí la encontré. No tenía título y le faltaban páginas del principio y del final. No entendía nada, pero había escenas de sexo y como adolescente me interesaba mucho. Después de la Revolución Cultural, con Deng Xiaoping, empezaron a llegar libros y un día compré la novela “Une vie” de Guy de Maupassant y descubrí que era la de mi adolescencia. 

¿Cuáles han sido sus referentes literarios? 
 
La lista de escritores que me han influido sería muy larga, pero quisiera mencionar especialmente a Yasunari Kawabata, a quien intenté imitar durante años, a Kafka y a Faulkner. Con el tiempo me doy cuenta de que hay muchos que me han influido, constantemente estamos absorbiendo de las buenas obras que leemos. 

“¡Vivir!” es su segunda novela publicada en español, tras “Brothers”. ¿Considera que son sus dos obras más representativas? ¿Cómo las sitúa dentro del conjunto de su obra?
 
Diría que son mis dos obras más populares. Escribí “¡Vivir!” en 1992 y “Brothers” en 2005, así que con trece años yo había cambiado, China había cambiado y en consecuencia son dos obras muy diferentes.

Antes de publicar “Brothers” pasó casi diez sin publicar novelas.

Tras la publicación en 1995 de “Crónica de un vendedor de sangre” empecé a trabajar para un amigo que puso en marcha una revista. Daba mi opinión sobre autores extranjeros y mi columna tenía bastante éxito. Después de este paréntesis de tres o cuatro años me costaba volver a escribir y decidí dedicar unos años a viajar, leer y estudiar a otros autores, como Borges y Faulkner. Estuve siete meses en Estados Unidos y allí pude leer mucho sobre la Revolución Cultural, ya que en China era más difícil conseguir información. Supongo que esto, junto con las sensaciones que me produjo tener que explicar a mis amigos occidentales mis vivencias en China fueron el impulso para escribir “Brothers”. 



Sus libros explican la parte negra de la historia del siglo XX en China. ¿Siente como escritor la responsabilidad de dar a conocer a las jóvenes generaciones este periodo?

No, no escribo pensando en una responsabilidad. Todo lo que he escrito ha salido de mis sentimientos, mis sensaciones, era mi vida y necesitaba expresarlo. Pero sí que es verdad que tengo muchos lectores jóvenes y cuando participo en encuentros con estudiantes veo que para ellos mis libros son una oportunidad para entender y conocer un pasado que no vivieron. También es verdad que el segundo volumen de “Brothers”, que ya no habla de la Revolución Cultural sino de la China más reciente, sufrió muchas críticas por la falta de perspectiva. Fue una polémica que me sorprendió, pero creo que con el tiempo los lectores se han vuelto más tolerantes. 

De hecho, “Brothers” llega hasta nuestros días y lleva implícita una fuerte crítica al desarrollo del país en las últimas décadas. ¿La visión que da en el libro refleja su opinión personal sobre la transformación de China?

Sí, mi punto de vista sobre los últimos 40 años, desde la Revolución Cultural a hoy, es la base de “Brothers”. La apertura económica ha traído riqueza al país pero ha provocado múltiples problemas. La corrupción y las desigualdades hoy son enormes. Los problemas sociales que quedaron ocultos por el crecimiento económico empiezan a aflorar. En estos años, considero que las protestas de Tiananmen han supuesto un punto de inflexión. Tras la Revolución Cultural la gente había acumulado la necesidad de expresarse, pero en cambio, visité la Universidad de Pekín pocos meses después de la matanza en Tiananmen y los estudiantes habían cambiado completamente. Se volvieron apáticos políticamente y empezaron a preocuparse sólo por el dinero. China decidió renunciar a la apertura política y se centró en la económica, y creo que ahora se dan cuenta de que no se puede caminar con una sola pata, pero el gobierno no se atreve a cambiar.

¿Seguirá reflejando este punto de vista en sus obras?
 
De hecho, como todas mis opiniones no tenían espacio en la novela, con lo que me quedó por decir he escrito un nuevo libro que se ha publicado en China en febrero y que este verano llegará a Francia y Alemania. El título es algo así como “China en diez palabras” y no sabría como clasificarlo, pero no es ficción. 

Eva Queralt

12/05/2010











Tomado de Asiared