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miércoles, 2 de noviembre de 2022

Juan Goytisolo:Los mapas antiguos no se regían por el norte cardinal, sino por el Oriente. Por eso orientarse significa lo que significa..

  
FOTO JAVIER LIZÓN / EFE



| 19 de Marzo, 2012
 
 

0. La palabra voladora. Los caraqueños que no se acercaron a escuchar a Juan Goytisolo un jueves en la noche quizás tendrían una excusa poderosa. Fue una lástima que tantos se perdieran la aparición de términos como “cleptocracia”, enterarse de que muchos árabes le van al Barcelona, saber que en Egipto aún se duerme entre muertos, oír de viva voz a un hombre que le dijo que no a Gaddafi, compartir la vez que no quiso salir en una foto con Arafat, saber que se negó dos veces a ir al Irak de Saddam Hussein y hasta aprender cómo se dice “hipócritas” en árabe.

Ante esos que suelen tratar el “asunto” árabe como una sola cosa, un escritor que ha vivido en casi todos sus paisajes posibles demarcaba claramente lo importante que es atender la singularidad, la diferencia, el contraste.

Es la ventaja que da tener respeto por las millas recorridas.

Goytisolo es un posible Ibn Battuta, aquel trotamundos del Islam nacido en 1304. Durante más de dos décadas recorrió Oriente y todos esos viajes fueron registrados por Ibn Yuzayy en la Rihla de Ibn Battuta. Todo cuanto se sabe de Battuta es gracias a este largo relato. Su vida es su leyenda y así se desplaza hasta territorios de lo fantástico que nos hacen creer que así eran las naciones del Islam de entonces. Sus viajes sumaron más leguas que los de Marco Polo.





Creo que el homenaje más hermoso al viajero árabe es otro: el aeropuerto internacional de Tánger se llama Ibn Battuta.

Las postales que se venden en las tiendas de los aeropuertos no reflexionan. Sólo acompañan a aquellos ausentes y a sus excusas, tomando un paisaje y repasándolo de nuevo.

La vida escrita de un viajero es una línea sobre otra.

El Prat, en Barcelona, podría llamarse “Aeropuerto Internacional Juan Goytisolo”.

1. El volumen de la verdad. Nada hace mejor la verdad que aparecer. “Si la información es un poder, la ausencia de información es un poder mucho mayor”, dice Juan Goytisolo en el segundo tercio de su no-conferencia en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. El aforo no está tan lleno como merece la frase. A estas alturas nos ha hablado de Argelia, Egipto, Irán, Siria, Túnez, Yemen, Israel, Palestina, Irak, Libia

Se enteró de que Ibn Khaldoun ha sido traducido en Venezuela y subraya que eso lo alegra. “En España es un completo desconocido”. Pero Goytisolo no se deja llevar por impresiones inmediatas. Ha aprendido en su biografía –porque su vida es más que ese enorme periplo árabe– que la duda es una enseña eficaz. Y lo contagia cuando escribe. Cuando habla. Cuando calla. Nada hace mejor la palabra que ausentarse. “Si la información es un poder, la ausencia de información es un poder mucho mayor”, repite Goytisolo en el último tercio de su no-conferencia en Caracas.

Para todos nosotros, la Primavera Árabe se convirtió en una realidad cercana. Virtual, pero cercana. Todos los perfiles de Facebook y las cuentas de Twitter tenían alguna manera de anudarse a ese fenómeno y, al mismo tiempo, cada quien empezó a animarse a soltar en la red imágenes y palabras capaces de denunciar la injusticia que tuvieran más a la mano.

Pero la distancia cultural era otra cosa, algo más grande que los nexos invisibles con CNN y Al Jazzerah. Un asunto casi infranqueable.

2. El “asunto” árabe. Goytisolo ya no es un europeo insolándose en lo exótico de un paisaje ajeno, sino el intérprete necesario. Goytisolo ya no es el autor de España y los españoles, sino el primer teléfono que levantan los editores que quieren saber “de qué van ahora los árabes”. Goytisolo es más que un conferencista: es el referente real, gestionado por sí mismo, para esta parte del planeta donde la palabra empeñada necesita de la palabra escrita para ser legítima.

Eso le permite advertirnos que “en el mundo árabe, lo que descubrirán en un país no les sirve para otro. Es un patchwork, una colcha de retazos, un diagrama”. Su primera visita a Argelia fue en 1963, en el primer aniversario de la Independencia Argelina, donde empezó a sedimentar la experiencia que lleva a los escritores a articular enunciados infinitos con el tiempo: “La democracia es un camino largo, difícil y sembrado de trampas”.

Goytisolo nos recuerda que en Argelia se estaba ante el cambio de un modelo nacionalista, como los de Egipto, Irak y Siria, por una dictadura cuya otra opción era un Islamismo radical. “Argelia quería desafrancesarse sin entender que un país es una suma de las culturas que lo han conformado. Quisieron estimular el árabe clásico: el nivel del francés bajó, el del árabe no subió y el Islamismo radical se transformó en una guerra que no era una guerra civil, sino una guerra contra los civiles”.

En la extrema violencia los culpables ejercen sin rostro. Nos cuenta de una mujer a la que le habían matado su marido, pero ella no sabía decir ni quién lo había matado ni por qué. “Durante ese tiempo, la Asociación de Escritores de Lengua Árabe fue muy amable conmigo. No me afeité en todos esos días en los cuales nunca me crucé con europeos, porque los mataban”.

3. Alrededor de la media luna. Túnez. Lo visité en dos ocasiones”. Recuerda a Habib Bourguiba, muerto el año 2000 y presidente durante tres décadas, entre 1957 y 1987, cuando fue derrocado por Zine El Abidine Ben Alí. Túnez, ese país que “no importaba mucho durante el protectorado francés” por no tener la riqueza de otras naciones y que tenía quizás la mejor situación de la mujer en la sociedad de todos los países árabes, también hasta que “el golpe militar de Ben Alí se convirtió en una dictadura y luego en una cleptocracia”. Y el término “cleptocracia” se convierte en otro nexo cercano. Virtual, pero cercano.
“Escribí algo poco amable sobre Ben Alí”, dice Goytisolo sin necesitar aclarar que la escritura en contra del poder es una dinámica natural. “Iba a dictar una conferencia, donde hablaría algo a propósito de los cuatro califas justos”. Según los sunníes, los cuatro primeros califas del mundo islámico constituyeron una edad de oro y de justicia, un período que no ha podido ser igualado. “Yendo a la conferencia me di cuenta de que me seguían dos individuos. Era casi ridículo, pues volteaba y los veía disimular. Incluso los invité a tomar el café. No aceptaron”. La conferencia iba a dictársela a líderes de oposición, una docena quizás. Le alegró ver que había venido más gente hasta que le aclararon que el resto del auditorio eran policías de civil.

Un estado paranoico, nervioso.

Quienes llegan al poder con la resolución de las armas pocas veces son depuestos por la inteligencia, pero siempre la vigilan.

En un exceso de mi parte, me pregunto si a tantas butacas vacías no le vendrían bien algunos policías de civil.

4. Libia, la incómoda. “Libia. Libia… conocía a gente que había estado allí”. La distancia es una estrategia de las ideas. “El cónsul de España una vez fue llamado porque un español estaba detenido, acusado de intento de violación en la Plaza Verde. Era absurdo. ‘¿Qué hiciste?’, le preguntó. ‘Le guiñé un ojo’. La mujer era de la Guardia Femenina de Gadaffi y quiso mostrar su poder”. La única manera de salir del entuerto era que el acusado declarara que era homosexual y que en ese guiño no había el más mínimo deseo. Así era Trípoli.

En una ocasión lo llamaron para felicitarlo por un premio que había ganado. Hay egos que no tienen resquicios. Preguntó y preguntó hasta dar con lo que sospechaba: rechazó un premio gordo al enterarse que era pagado por la Fundación Gadaffi. “Tuve el apoyo de todos los escritores, quienes me hicieron saber que era quizás el primero en haberle dicho que no”.

Libia y Marruecos firmaron un acuerdo en 1984 que establecía una unión entre ambas naciones, que fue roto por el rey Hassan II durante los conflictos recientes. “Durante los años de la unión con Marruecos, no encontré a alguien que no volviera horrorizado por la segregación. El particular humor marroquí tenía un chiste que decía que se hacía un concurso: el primer premio era tres días en Libia; el segundo era diez días; el tercer premio un mes”. Todo el auditorio reía cuando la palabra apareció: crímenes. Buena parte del público tenía la guarda baja y dejó de reír de un solo golpe. Así es el numen: una palabra basta. “Todos conocemos los crímenes cometidos por el señor Gadaffi, un hombre recibido con honores en Europa y capaz de gritar ‘Matad a las ratas. Yo soy la República Popular’. No derramé ninguna lágrima cuando…”

5. Ciudades de los muertos. “Empecé a ir a Egipto desde joven y lo conozco prácticamente todo”. Arafa, ese cementerio habitado del cual ya ha escrito donde la gente lleva su cotidianidad entre los mausoleos y visitar a los muertos incluye pasar el fin de semana junto a las tumbas. “Tuve que dormir en un cementerio, algo que fue como una cura psicoanalítica, aunque allí estén enterrados los grandes poetas”. El auditorio ríe de nuevo, pero con más cuidado. Pronto hablará de Mubarak.

“Allí pude ver que la pobreza de los barrios de El Cairo es inhumana. Volví en 2008. Pensé que habría mejoras, pero la situación había empeorado. Los guardias de porra ganaban unos sesenta euros al mes. Quien ganara cien debía considerarse muy afortunado. La situación económica era inaguantable. Y entre las redes, los teléfonos móviles y Wikileaks… cuando me afirmaban que después de Siria se levantaría Argelia, yo les decía que sería Egipto”.

Entender al otro no consiste en adivinarlo a él, sino en prestarle suficiente atención como para poder adivinarse en él.

“Cuando los jóvenes estaban en la Plaza de Tahari manifestaban su descontento porque las elecciones se decantaron a favor de los Hermanos Musulmanes, pero además de segundos quedaron los salafistas. Los laicos habían quedado relegados”. En Egipto se habló de excesos como demoler el edificio de la radiodifusora por su forma fálica, temiendo que las mujeres se excitaran al verlo. Este tipo de tópicos alarmó a los coptos y a los sufíes. Pero los musulmanes mediaron. “Es obvio que el poder se decantará hacia ellos: estaban presentes, hacían…”.

Ahora el Concejo Militar Supremo, se ha instalado en el poder. “La dictadura es muy fácil. Basta con dar un golpe militar. Pero la democracia es un camino largo lleno de trampas. Miren España. El rey felón, Fernando VII. Derogación de la Constitución. Cortes Constituyentes. Primera República. La Restauración. El Golpe de Estado de Primo de Rivera. Segunda República. Guerra Civil y Franco. No hay que tener prisa: hay que educar a la población”.

El déficit educativo de los países árabes, señala, marca que el 48% de la población es analfabeta. “Los saudís invierten en mezquitas, no en escuelas ni universidades”. En Egipto las cosas no han seguido el curso que parecía que iban a tomar. “Pero no desespero. Hay una frase de Kant sobre la Revolución Francesa que dice que el año 93 no abolirá el año 89”.

6. La franja. Goytisolo hizo un seriado cultural de TV y uno de los temas fue la primera intifada. En árabe, esa palabra que tanto repetían las anclas de los noticieros a finales de los ochenta y principios de los noventa significa “levantar la cabeza”. Los miembros del equipo de técnicos del seriado, con Goytisolo a la cabeza, eran detenidos y expulsados de pueblos donde no les permitían filmar, pero cuando llegaban a esos poblados “incursionados” por los israelitas la gente se emocionaba. Sin embargo “sabíamos que afuera nos esperaban los israelitas”.

Es duro sospechar de quien está dispuesto a escucharte.

“Fuimos a parar a un cuartel. Ahí tuve un diálogo con un coronel que me preguntó ‘You are the Godfather of the group?’ y le respondí ‘Is not the mafia. Is a TV team”. No dijo cuándo sucedió, pero parecía ser antes de 1993. En ese año Yasir Arafat, líder de la Organización por la Liberación Palestina, reconoció el Estado de Israel en una carta a Isaac Rabin, el primer ministro israelí. Israel reconoció a la OLP como “representante legítimo del pueblo palestino” y así empezaron los Acuerdos de Oslo. “Yo pensaba que Eduard Said exageraba en su crítica, pero en efecto le habían dado un virreinato a la OLP. En el entorno de Arafat se construían villas lujosas en medio de chozas. Vino Palestina (Ni guerra ni paz) y le escribí a Said para darle la razón”.

La espada y la pared: “¿Política de Israel y Teocracia Saudí? No sé cuál de los dos es peor”.

Quizás esto ilustre mejor la posición de Goytisolo. “Volví con el Parlamento Internacional de Escritores. Arafat nos quería recibir. Manifesté mis reservas, pero el resto quería ir y fuimos. Le dije que lo saludaba no como presidente de Palestina sino como a un palestino más privado de libertad de movimiento. Él se extrañó. En el momento de tomar la foto, me hice a un lado manifestando alguna indisposición. Tuvo que tomarme de la mano y así me llevó hasta el grupo”.

Puesto en medio, con la duda como estrategia, escuchando antes de creer.

“No habrá paz hasta que no haya dos naciones. No se puede imponer una razón religiosa ante la política internacional”.

A favor de sus convicciones individuales, entendiendo la dimensión macro pero habitándola de un modo menor.

7. Mosaico ausente: Irak, Afganistán y Yemen (más brevísima pakistaní). “No conozco Irak. Fui invitado dos veces y no quise ir. No quería hacerme cómplice de una dictadura tan brutal como la de Sadam Hussein. Pero las invasiones americanas son ir de Guatemala a Guatepeor”. // “Nunca he estado en Afganistán, pero es el único país que los británicos no pudieron ocupar. Luego del fiasco que fue la URSS, estos de ahora saldrán con el rabo entre las piernas”. //  “Yemen es un país maravilloso. Pude ver la fragmentación en la zona norte, pero su arquitectura… hay casas de ocho pisos en medio del desierto. En un pueblo donde todos iban armados con kalashnikov me habían prevenido que raptaban a los turistas como negocio, pero sé dialogar. Les dije: ‘Soy del extremo occidente y allá hay un dicho que dice que la Fe es del Yemen y la Ciencia es del Yemen’. Nadie se metió conmigo”. // “Pakistán ya tuvo una presidenta y Francia no. Es algo para reflexionar, ¿no?”

8. El culto Irán y las cabezas de Siria. “Estuve en el periodo de apertura de Jatami. Me sorprendió verlos a todos leyendo. Chicas leyendo filosofía occidental y Simone de Beauvoir”.

El recuerdo de su estadía en Irán lleva a hablar de una rama del chiismo que, como siempre sufrieron el domino del poder y entienden que es fácil que el poderoso tienda a comportarse como un opresor, saben que mientras más fragmentado esté el Poder puede ser mejor utilizado. Justo el día antes, en Irán, el diputado Alí Motahari, ultraconservador islámico que se opone al presidente Mahmoud Ahmadinejad, conducía una suerte de interpelación en la cámara legisladora dirigida a la persona del mandatario. Es lo bueno de las ideas bien enunciadas: cada oyente se consigue los ejemplos en el bolsillo.

Pero hoy, a pesar del ruido iraní, el tema álgido es Siria. “En 1968 terminé de corregir Reivindicación del conde don Julián en Palmira”, dice Goytisolo trazando otra distancia. En esa época, en Siria ya gobernaba el Partido del Renacimiento Árabe Socialista bajo la figura de un estado de emergencia, pero aún no se había instaurado la hegemonía de la familia Assad. Aun así no tarda en afirmar que cuando la invasión de EE.UU. a Irak “ir a Siria era un alivio”.

En la llamada Mezquita de los Omeyas, en Damasco, dicen que está la cabeza de San Juan El Bautista, una figura reconocida por islamitas y cristianos. Allí, donde se resguarda la cabeza, estuvo un templo a Júpiter que, mucho antes, fue del dios sirio Hadad. “Allí están los hombres dándose fuertes golpes en el pecho. Los sunís, los chiís y los cristianos viviendo en paz, pero bajo una dictadura. Como en ningún otro lugar del mundo, imágenes de la Virgen María y escudos del Barca”

Dibuja un territorio en el cual las diferencias sostenidas durante siglos se supeditan a un poder enorme que impone sus caprichos desde el exceso, como las caderas de Salomé cuando la cabeza aún estaba unida al cuello de Juan El Bautista.

“Con treinta años de diferencia nada ha cambiado: se ha repetido una matanza como la de Hama en 1982”.

9. La Salomé de Homs, que estuvo en España y Sarajevo. “El peligro que hay ahora es que no hay una posibilidad militar de intervención exterior, como la que se hizo en Libia, que sabemos bien se hizo por razones poco santas”. La mención del extravío del presidente francés Nicolás Sarkozy se vio venir: “Francia tenía que lavar la vergüenza de aquellas vacaciones de su ministra, invitada por Mubarak y Ben Alí”.

Pero la no-intervención a veces…

Sarajevo es un ejemplo de la no-intervención. Salvo la ayuda a la República de México y URSS, la no-intervención en la Guerra Civil Española sólo ayudó a los franquistas. Ésa puede ser una forma de intervención más brutal”. Goytisolo se sorprende al ver en Sarajevo se repetía un grito que España había soltado décadas atrás: “Defiéndannos o dejen que nos defendamos”. Lo hace mientras fabula las memorias de un dictador apedreado por quienes antes lo besaban.

10. El viajero que escribe vs. Los hipócritas. Goytisolo tuvo noticia de un texto escrito por moriscos españoles que en el siglo XVI viajaban escondidos hasta La Meca. Llevó el material al Presidente del Consejo Europeo de Mezquitas, quien le dio el visto bueno. Tocaba emprender ahora con la embajada Saudí, quienes empezaron a darle largas al asunto. Goytisolo quería investigar los recorridos. “No me autorizaron porque no soy musulmán”. Entonces les recordó cómo durante un levantamiento de peregrinos chiís, junto a la piedra negra, llamaron a gendarmes franceses para que los apalearan. Y a ninguno de esos gendarmes se le plantearon problemas de conciencia.

Cerró la conversación diciéndoles “Munâfiq”, que es como los musulmanes llaman a los hipócritas.

En la mitad de nuestro encandilamiento, muchos se preguntaban qué vendría a decir Goytisolo, como si hubiera otra manera de saberlo que yendo a oírlo.

Pocos se acercaron.

Parte de los grandes aportes de Ibn Khaldoun, el autor que a Goytisolo sorprendió ver traducido en Venezuela, es haber instalado una noción de Historia, precursado la dinámica de los mercados e identificado un conflicto central en la relación ciudad versus desierto. No fue descubierto por Occidente sino mucho tiempo después.

En las más feroces polarizaciones de la historia del hombre, la única sensatez de Occidente ha estado en poner por escrito la experiencia para que se pueda volver a ella hasta que todo lo necesario alcance a coincidir con lo oportuno.

Goytisolo vino a decir que mucha gente en el mundo ha perdido el miedo a hablar. “Hay protestas todos los días y la gente planta cara. La semilla de la primavera árabe ha quedado ahí”, pero el lugar que ha conseguido para germinar no ha sido producto de una voz única, sino de colectivos en los cuales el rostro que lo identifica no está obligado a tener un solo nombre.

Antes de que el Mundo fuese redondo para todos, en los mapas las cosas no se regían por el norte cardinal, sino por el Oriente.

Por eso orientarse significa lo que significa.

(a Jorge Carrión)


Por Willy McKey 



Tomado de Prodavinci



 

lunes, 15 de marzo de 2021

EL SENET, EL ANTIGUO JUEGO EGIPCIO, PRECURSOR DEL BACKGAMMON: Cobraría sentido gracias al Libro de los Muertos



El antiguo tablero de juego que explicaría el sentido del Libro de los Muertos de Egipto. (CC/Wikimedia Commons)





Durante un periodo de más de 400 años, se pierde señales del senet: ahora, un tablero perdido podría explicar cómo se convirtió en un verdadero símbolo religioso


El senet está considerado como uno de los juegos de mesa más antiguos del mundo. Las primeras referencias que se tienen sobre él datan del año 2650 a. C. para, posteriormente, haberse encontrado referencias al respecto en escritos e, incluso, en tumbas de grandes personalidades. Pero ahora podría haberse descubierto su verdadero sentido: podría haber sido un simple divertimento del Antiguo Egipto hasta convertirse en un símbolo religioso.
De hecho, el senet está considerado como el precursor del backgammon, pues el objetivo era conseguir sacar las fichas del tablero antes que el rival, haciendo avanzar tus piezas, al mismo tiempo que se podían bloquear o capturar las del otro jugador. Es cierto que las reglas no han llegado a nuestros días, pues seguramente era tan popular que todo el mundo sabía jugar y no era necesario dejar referencia por escrito... pero el juego cambió.

Se trata de una tabla de 30 casillas, divididas en tres filas de diez. Para contar cuántas casillas se avanzaba, se tiraban cuatro tablillas, lisas por un lado y dibujadas por otra, avanzando tantos espacios como dibujos cayeran boca arriba... salvo si salían todas en esa posición, momento en el que se avanzaba seis posiciones (es decir, el único número que no existía era el cinco). Pero en los cuadrados del 26 al 29, comenzaron a dibujarse una serie de símbolos.
En un momento determinado, esas posiciones pasaron de ser simples elementos del juego (retroceder casillas, perder turnos...) a tener un simbolismo religioso: en un momento determinado pasaron a representar sentimientos o, incluso, a determinados dioses. ¿Qué significaba? Muy sencillo, no era más que una representación del Libro de los Muertos, por lo que el senet pasó a representar el viaje del alma desde el mundo de los vivos hasta la otra vida.
A pesar de que este juego está bastante documentado, existe un pequeño vacío entre el 2613 y el 2181 a.C, un periodo de unos 400 años en los que se desconoce qué pasó para que cambiara la orientación del juego. Pero un tablero conservado en el Museo Egipcio de San José (California, EEUU) puede tener la respuesta: podría confirmar cómo cambió de simbolismo para convertirse en un objeto religioso. Esta tablilla podría confirmar su transición.

Pintura encontrada en el enterramiento de Nefertari. (CC/Wikimedia Commons)

Y es que en ella se puede ver no solo cómo cambiaron los objetos decorativos, sino que también se demuestra que cambia la orientación del juego: de hecho, en lugar de jugarse de arriba a abajo y de derecha a izquierda, pasó a ser utilizado de abajo a arriba y de izquierda a derechaSegún explica Walter Crist en un estudio publicado en el Journal of Egyptian Archaeology, podría ser la confirmación de cómo el humano 'jugaba' contra las deidades para saber lo que le esperaba en la otra vida.
El Libro de los Muertos, el texto funerario más famoso del Antiguo Egipcio destinado a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, recoge varias referencias al juego, cuya importancia se confirma con los tableros encontrados en tumbas de la más absoluta relevancia, como los dibujos en el enterramiento de Nefertari o los cuatro juegos hallados junto a Tutankhamon. Y el tablero de San José podría tener la respuesta para comprender cómo se convirtió en un elemento religioso.


Tomado de El Confidencial








lunes, 16 de febrero de 2015

Destellos de Al-Ándalus

Españoles conversos al misticismo Sufí



La caligrafía es arte islámico por excelencia. En la imagen, Alí escribe con el cálamo bajo la mirada atenta de su hijo.
Fernando Sánchez Alon





¡VEN, VEN.!  

¡Ven, ven, quienquiera que seas, ven!
   
Infiel, religioso o pagano, poco importa;  

Nuestra caravana no es la de la desilusión!

Nuestra caravana es la de la esperanza!

¡Ven, aunque hayas roto mil veces tus promesas!

¡Ven, a pesar de todo, ven!













Corren malos tiempos para los musulmanes en occidente (como ya vimos en Conan el Bárbaro, la II República Española y el Estado Islámico) y aún peores para sus nuevos conversos. Al Qaeda, Estado Islámico, yihadismosalafismo son términos de rabiosa actualidad que unen violencia e islam. Irremediablemente, la parte contagia al todo y más en estos tiempos de inmediatez global, de vorágine informativa: donde sabemos lo que ocurre en el momento que ocurre, pero no su porqué. En esta sociedad de océanos de información caemos en la falacia de creernos informados con la más estrecha de las capas epidérmicas de los acontecimientos. Somos ignorantes residentes en la biblioteca de Alejandría… a la distancia de un click tenemos toda la información posible, pero la desidia y la pereza nos mantiene alejados de las capas más profundas de los acontecimientos. El conocimiento dista mucho de ser un repositorio de información, sin embargo nos mostramos satisfechos ante el espejismo del nuevo rico: disponer de la mejor biblioteca del mundo nos convierte en el más sabio del mundo mundial.

Malcolm X


Si hablamos de conversos famosos es posible que nos asalte el nombre de deportistas como el recién converso Franck Henry Ribéry (Mohamed Yassim Ribéry) futbolista francés, más alejados en el tiempo la del jugador de los Lakers Kareem Abdul-Jabbar (previamente a su conversión, Ferdinand Lewis Alcindor), la del boxeador Cassius Clay (Muhammad Ali) ó la del cantante inglés Cat Stevens (Yusuf Islam). Con más calado ideológico y trascendencia política se produjo la conversión al islam del  activista por los derechos civiles de los afroamericanos Malcolm X (1925-1965, El-Hajj Malik El-Shabazz).  Mucho menos conocida es la conversión del padre de la Patria Andaluza: Blas Infante Pérez de Vargas: nacido en 1885 y fusilado por falangistas (sin juicio previo) el 11 de Agosto de 1936 recién iniciada la Guerra Civil Española. El 15 de Septiembre de 1924 se convirtió al islam como Ahmed Infante.




De entre los 800.000 a 1.130.000 de musulmanes que viven en España (según las fuentes), unos 30.000 son conversos. En el artículo de Fernando Sánchez Alonso, que sigue a esta entradilla, se nos muestra a la comunidad de conversos sufí más importante de España, precisamente en Granada, el último reducto del Al-Ándalus, que cayó en 1492 en manos de los Reyes Católicos.

Blas Infante Pérez de Vargas


El islam se divide en varias ramas, muchas veces enfrentadas entre ellas. Al igual que Europa sufrió las guerras entre las distintas ramas del cristianismo, el islam está inmerso en un enfrentamiento similar entre sunies y chiíes. El sufismo es la tercera vía principal del islam: el ihsan o perfección espiritual.  Abusando de licencia poética, los sufíes son los hippies del islam. Como vía alternativa a las lecturas dogmáticamente literales e interesadas del Corán (ninguno de los 6.235 versículos (aleyas) del Corán prohíbe representar a Mahoma), los sufíes son perseguidos a lo largo y ancho del mundo musulmán dominado por los integristas.




El aspecto sufí más conocido en Occidente son los derviches turcos y su vistoso baile hipnótico. Un magnífico acercamiento al sufismo lo encontramos en la película El señor Ibrahim y las flores del Corán (Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coram, 2003, dirigida por François Dupeyron) con un inconmensurable Omar Sharif en el papel protagonista, basada en la novela homónima del 2001 del filósofo y dramaturgo belga Éric-Emmanuel Schimitt, un canto a la convivencia entre religiones.  



Cat Stevens - Father And Son (Subtitulada)

by PacoMan


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Mariam Sakina Scott tiene 22 años. Hija de padre norteamericano y madre catalana, es de las primeras personas en Órgiva que nacieron ya en el seno de una familia musulmana conversa. “Hay gente que me pregunta si pertenezco a una secta”, asegura. Fernando Sánchez Alonso

 

 

Conversos sufíes, los místicos del islam

  • En España viven unos 1.200 sufíes naqshbandíes, una rama espiritual de la religión musulmana. Hay un colectivo en la Alpujarra granadina y otro cerca de Cáceres.


  • “Nos miran como bichos raros. El islam es paz. Eso es lo que no toleran los integristas”, explica el gijonés Muhammad Iskander.


22 ENE 2015 


Fernando Sánchez Alonso


Órgiva es la pequeña Manhattan de Andalucía. Capital de la Alpujarra granadina, lugar de retiro del último rey nazarí Boabdil, tierra de moriscos y cuna de heterodoxos, prolonga en el presente una parte del esplendor multicultural del pasado, pues esta localidad de apenas 6.000 habitantes alberga en su callejero 68 nacionalidades distintas.

68 nacionalidades conviven en Órgiva, la localidad de la Alpujarra granadina en la que está localizada la comunidad sufí naqshbandi más amplia de España.



Quizá la mejor encarnación de este variopinto mestizaje sea el café Baraka, regentado por Qasim, un bilbaíno de 41 años y musulmán converso. En este local, símbolo de la tranquila Babel de Órgiva, conviven el lugareño feliz y jubilado de todo, el filósofo errante, el profeta laico con su desierto a cuestas, el hippy que descubre en un té moruno una nostalgia perdida en Woodstock. “Aquí a nadie se le niega la entrada”, resume Qasim (Pedro Barrio antes de su conversión). Pero el café Baraka –donde no se sirve alcohol– es, sobre todo, el sancta sanctórum de la comunidad musulmana. Se trata de conversos españoles que no solo decidieron abrazar el islam, sino que ahondaron en su rama espiritual y mística, el sufismo. Una vida de contemplación y de paz.

Qasim Barrio, bilbaíno de 41 años, leyendo el Corán en el café Baraka de Órgiva.




“Cuando le dije a mi familia que me iba a hacer musulmán, mi madre lo aceptó”, recuerda Qasim. “Pero mi padre se disgustó mucho. En el islam, el cerdo y el alcohol están prohibidos. Daba la casualidad de que en Bilbao yo era catador de vinos y teníamos además un restaurante familiar, al que todo el mundo conocía por el bar de los jamones. ¿Cómo iba a hacerme musulmán y estar a la vez bebiendo vino y cortando jamón? Así que me desvinculé del negocio familiar y monté el mío propio. Hace 11 años que soy sufí. Y es una de las mejores cosas que me han sucedido en la vida”.




El islam, aseguran los conversos españoles, les ha aportado “esperanza y seguridad”. Pero no ha sido fácil. Salvo contadas excepciones, todos ellos se enfrentaron a la incomprensión de sus allegados. Tuvieron que explicarles que el islam nada tiene que ver con los salafistas y yihadistas, apegados a la violencia y a la interpretación literal de los textos sagrados. De hecho, hasta hace unos años los sufíes conversos han estado sometidos a la vigilancia de los servicios secretos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). “Nos citaron en un lugar cuyo nombre no puedo decir y nos preguntaron quiénes éramos, qué hacíamos, qué relación teníamos con grupos islamistas”, relata Omar Ibrahim (antes Rafael Martín), un madrileño de 59 años. “Después de un tiempo, al comprender que solo cantábamos y rezábamos, nos dejaron en paz. Pero algunos seguimos teniendo pinchados los teléfonos”.

El emir se llama Umar Margarit y es el dirigente de la comunidad sufí naqshbandi en España.




Un gran número de sufíes españoles pertenecen a la orden naqshbandi, que se remonta a los tiempos de Abu Bakr as-Siddiq, el compañero predilecto de Mahoma y su sucesor en el califato. El emir en España es Umar (antes Felipe Margarit). Lo nombró a mediados de los años setenta el maestro general, el jeque Nazim, quien falleció en Chipre la pasada primavera. La orden, explica Umar, barcelonés de 63 años, es un cruce entre un centro espiritual y un hospital. “Nazim acogía a todos los heridos por la sociedad actual. Él mismo se consideraba un cero. Decía que solo tenía algún valor si Dios, el Uno, lo colocaba a su derecha. Su hijo y ­sucesor en la jefatura naqshbandi insiste en lo mismo”.






En toda España hay unos 1.200 sufíes ­naqshbandíes. La comunidad más amplia, 35 familias, está en Órgiva. Esto se debe a que precisamente ahí vivía Umar antes de convertirse al islam. Una vez que fue proclamado emir por el sheij Nazim, todos los musulmanes españoles sufíes que pudieron se agruparon en torno al líder catalán en dicha localidad granadina. La segunda comunidad sufí en importancia vive en Villanueva de la Vera, en Cáceres. El campo es más propicio para el desarrollo espiritual y la contemplación de Alá.

Sufíes de Órgiva (Granada) recogiendo la aceituna. La agricultura es uno de los oficios prestigiados por la tradición sufí naqshbandí.




Bajo la luz inverniza, un grupo de sufíes varea los olivos en las montañas orgiveñas. Estos íntimos de Alá prefieren desempeñar alguno de los cuatro oficios prestigiados por su tradición: la agricultura, la ganadería, el comercio y la artesanía. Lo que no significa que constituyan una comunidad hermética al margen de la sociedad, como los amish, por ejemplo. No desprecian Internet, ni la televisión, ni los periódicos. Sus hijos asisten a los colegios de la localidad. Pero todos ellos coinciden en una vida espartana y justifican con su actitud la etimología del término sufismo, que deriva de la palabra árabe suf (lana) y que en sus orígenes se aplicó a ciertos ascetas musulmanes que, imitando a los eremitas cristianos, se vestían con esta ropa humilde en señal de renuncia a las vanidades mundanas.



Derviches giróvagos en El señor Ibrahim y las flores del Corán




Porque el sufí vive en el mundo sin ser del todo de este mundo. “Todos los días le pido a Alá que me ayude a convertir mi ego en mi alfombra de rezo”, confiesa Mansur (José Carlos Sánchez), un malagueño de 41 años licenciado en Psicología que denuncia que, “a pesar de que la cultura de Al Ándalus está de moda, existe un innegable rechazo al musulmán”. Su mujer, Bahía (María José Villa), una sevillana de 35 años licenciada en Derecho, asiente: “A los conversos nos miran como a bichos raros. El islam no es lo que la gente cree. El islam es paz. Es pedir amor a Dios no para quedarte tú con él, sino para devolverlo a los demás. Si tu intención en la vida no es derretirte en el amor puro, que es Dios, tu islam no tiene ningún sentido”. “Y eso es lo que no toleran ciertos círculos próximos al integrismo islámico, que pretenden derogar la aleya de la misericordia del Corán por la de la espada”, dirá Muhammad Iskander (Alejandro), un gijonés de 54 años que prefiere ocultar su apellido y que ha trabajado de patrullero del servicio de vigilancia aduanera, de tatuador y de marino mercante, “aunque el único oficio constante que he tenido en mi vida ha sido buscar a Dios”.

Momento de oración en la 'dergha' de Villanueva de la Vera (Cáceres), donde la comunidad sufí se reúne los jueves para celebrar el 'dikhr' o recitación de los nombres de Alá.




La dergha –la casa de reunión y oración sufí– está separada de Órgiva por unos tres kilómetros de caminos tortuosos que jadean en medio de olivos y naranjos, de huertas feraces y del agua conventual de las acequias. En la dergha, la comunidad sufí celebra el jueves, a la caída de la tarde, el dhikr o recitación de los nombres de Alá, una práctica común a otros musulmanes, y el hadra, un ejercicio de meditación exclusivamente sufí consistente en entonar una serie de cánticos en alabanza a Dios acompañados de balanceos rítmicos de brazos y cuerpo, y todo ello escoltado por el sonido de instrumentos de percusión en la penumbra de las velas. “Esta práctica recuerda el momento en que Dios insufla con su aliento vida a Adán”, cuenta Amin (Andrés Fernández). “El viernes, día sagrado en el islam, celebramos también la oración del yuma y después una comida comunitaria. Todas las oraciones las hacemos en árabe. Y ahí se reduce el conocimiento que tenemos, salvo excepciones, de la lengua sagrada. Nuestra formación islámica proviene de muchas lecturas, de conversaciones con otros hermanos más sabios y del sermón del sheij. Los naqshbandi somos tal vez los menos intelectuales de los sufíes. Nos interesa más el corazón”.





Los sufíes son víctimas de los movimientos más radicales del islam, desde los salafistas en Egipto hasta los talibanes en Pakistán.

Amin es un leonés de 45 años, casado, que llegó a profesar las órdenes menores en el seminario. “Pero murió mi padre, tuve una crisis espiritual muy fuerte y me hice comunista. No quería saber nada de Dios”. Amin se queda pensativo unos instantes; luego concluye: “Cuando me convertí al islam, sentí que por fin regresaba a casa”. “Mi maestro me enseñó el arte del fracaso. Es decir, aprender a fluir con la vida y a pensar con el corazón”, explica Amin. “El que obra así no llegará nunca a nada en la sociedad actual. Pero se habrá ganado a sí mismo, porque para él tendrán el mismo valor el oro y el barro. Eso es ser sufí”.


Una vida con sentido. Eso es lo que afirma haber encontrado en el sufismo Amín Fernández, exseminarista y excomunista.



Marhaban (bienvenido) es la palabra inscrita en un cartel de madera sujeto a un poste, entre campos de tabaco, huertas y las pocas casas que conforman la Aldea Tudal, una pedanía de Villanueva de la Vera (Cáceres) donde está la segunda comunidad sufí naqshbandí más importante de España, liderada por el sheij y escultor de renombre nacional Abdul Wahid (Cristóbal Martín).



Yo quiero verte danzar-Franco Battiato



El coche se hunde en la dirección que señala la flecha del cartel. Al cabo de cinco minutos, el camino muere a los pies de la casa de Omar Ibrahim, un madrileño que vivió 35 en Alemania, donde mantuvo durante 10 una cadena de restaurantes. “Luego vendí todo y me vine aquí”.


Es jueves. Omar Ibrahim está esperando a que llegue el resto de hermanos a su casa, que también hace las veces de dergha, para celebrar el dhikr. “Me hice musulmán hace casi 30 años. Y entonces comencé a sentirme verdaderamente cristiano. No hay contradicción, porque Jesucristo es un profeta muy querido en el islam. Creemos en los santos; veneramos sus tumbas y sus reliquias. Esto es algo que nos distingue del resto de los musulmanes”.

Muhammad Bahauddin (derecha) y su hermano Abdul Salam consultan el libro de cantos antes de la celebración religiosa del 'hadra', en Villanueva de la Vera (Cáceres).


A continuación explica el porqué de los patronímicos en el sufismo. “El nombre árabe te lo elige el maestro. Ese nuevo nombre expresa la esencia de lo que realmente eres y sirve para que el discípulo aspire a lograr aquello que significa. Omar, por ejemplo, significa fuerza o sustento”.


Como en Órgiva, los sufíes de Villanueva de la Vera son españoles. “De hecho, ahora solo hay un hermano marroquí”, explica Yamaluddin (Juan Andrés Molina), un madrileño de 44 años. Todo él es una viva estampa de la más pura estética naqshbandi: el anillo en recuerdo del que llevaba Mahoma, la barba solemne, el chaleco y los pantalones amplios de origen otomano que facilitan los movimientos en la oración, el bastón y el ­turbante verde, que es la corona mística y la mortaja que cubrirá el cuerpo desnudo del sufí.

Hawa Soto es zaragozana, de 41 años. Tiene nueve hijos.



Las mujeres usan también ropas holgadas y el hiyab o velo para cubrirse la cabeza, algo que a Hawa (Ana Rosa Soto), una zaragozana de 41 años y madre de nueve hijos, le agrada. “La mujer debe vestir con recato. Pero también nos tapamos para proteger dos lugares muy energéticos de nuestro cuerpo: la cabeza y la garganta. Yo, con el islam, he recuperado mi feminidad”, sostiene. “Y nunca se ha metido nadie conmigo por vestir así”. A Mariam Sakina Scott, nacida musulmana en Órgiva hace 22 años e hija de un norteamericano y una catalana convertidos al islam, el velo sí le ha atraído problemas en su centro de estudios. “Allí todos saben que soy musulmana, pero no hago ostentación de ello”, admite. “En nuestra sociedad prevalece la idea de que el islam es una religión de fanáticos. Pero todavía se entiende peor el sufismo. Hay gente que me ha preguntado si pertenezco a una secta. ¿Cómo decirles que el sufismo es respeto y amor por todas las criaturas?”


Derviches Giradores. Turquía | Cultura - Planet Doc


El sufismo, que en Europa se conoce, sobre todo, gracias a la danza de los derviches giróvagos de Turquía, “remite a la pregunta de quién es uno en realidad”, dice el sheij Umar Margarit. “Y eso solo se puede responder buscando a Alá en el corazón. Para ello, el sufí cumple con todos los preceptos islámicos, pero no se queda en ellos; los trasciende”.


Los sufíes son víctimas de los movimientos más radicales del islam, desde los salafistas en Egipto o Libia hasta los talibanes en Pakistán, que los consideran heterodoxos. Pero el sufismo es muy antiguo. Hay estudiosos que arguyen que hubo un sufismo preislámico, y lo sitúan en el Gran Jorasán, en el noreste de Irán. Lo cierto es que todavía hoy perduran las controversias eruditas sobre sus orígenes. Una de las teorías más divulgadas sostiene que el sufismo recibe influjos del monacato cristiano, de la filosofía neoplatónica, del chamanismo de Asia Central, del hinduismo y del budismo. De hecho, el sufí confiesa que su doctrina espiritual, aun insertándose dentro del islam, es la misma que las de las demás religiones: la unión con Dios. Y el único ve­hículo para ello es el amor incondicional a todo y a todos. Ibn al Arabi, el gran místico sufí nacido en Murcia en el siglo XII, lo expresa así:


Ibn al Arabi


“Mi corazón puede adoptar todas las formas. 

Es pasto para las gacelas. 

Y monasterio para monjes cristianos, 

y templo para ídolos, 

y la Kaaba del peregrino,

y las tablas de la Torah, 

 y el libro del Corán. 

 Porque yo sigo la religión del amor”.



Tomado de El País


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by PacoMan


En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.



Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.



Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.


Y colabora con el blog de Grupo Li Po


20/7/2025