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sábado, 19 de septiembre de 2026

Cuando Chávez leyó más que Miranda. Por Mariajosé Escobar

 



Estimados Liponautas

Hurgando en la red conseguimos este texto titulado Yo Conocí al Chávez Lector perteneciente a la escritora Mariajosé Escobar que fue publicado en el año 2013 en El Correo del Orinoco. La búsqueda no fue sencilla ya que el portal de El Correo del Orinoco no tiene colgada esta colaboración o la eliminó.  En ese texto Escobar nos presenta una imagen, que consideramos  sumamente alejada de la realidad, la de Chávez como un Lector profundo y consumado. 





Uno de los recursos utilizados es la de nombrar ciertos autores y ciertos títulos para presentarnos al finado Comandante intergaláctico como un lector estudioso y dedicado que se valía del manido recurso del subrayado en los libros. Afirma que en la biblioteca del comandante había autores tales como Marx, Ho Chi Min, Lenin, Galeano, Aquiles Nazoa y Franz Fanon. También menciona los libros que tenia dedicados por Fidel Castro. Lo que nos pareció curioso es que no mencionara a El oraculo del Guerrero, libro que le fue regalado a Hugo Chávez por la que era su esposa en ese momento María Isabel de Chávez y  que se convirtió en una espesa y pegajosa influencia para Hugo Chávez que no dejaba de recomendarlo. 



Hugo Chávez Remix 2 El oráculo del guerrero



Obviamente el texto se convirtió en un fenómeno de ventas; así que todo miembro serio del Movimiento Quinta República fue raudo y veloz a la librería o buhonero más  cercano a comprar el sucedaneo del libro rojo. Y la gente no recuerda que antes de recomendar a los libros de Noam Chomsky, Eduardo Galeano o Victor Hugo recomendó este portable libro.




El amor incondicional de Hugo por Lucas Estrella duró hasta que el periodista Venezolano Boris Izaguirre afirmó que El Oráculo del Guerrero era un libro de homoerotismo. Incluso en una entrevista televisiva llego a interpretar algunas máximas del libro de manera homoerótica. Bastó esta afirmación del escritor venezolano para que Chávez abandonará al libro y su promoción indiscriminada. 



Con posterioridad a este desliz se dio inicio a la creacion de la leyenda urbana, debidamente apoyada por los medios de comunicación oficiales,  de Chávez como megaléctor. En el año 2013, después de la muerte del presidente, Maríajosé Escobar publica un artículo en El Correo del Orinóco titulado: Yo conocí al Chávez lector donde afirma que la biblioteca personal de Chávez constaba de unos 15 mil libros. Se conoce que la biblioteca personal de Francisco de Miranda estaba formada por unos 2.613 títulos y unos 6 000 volúmenes. Pero quizá podamos confirmar ese dato preguntándole al psiquiatra y escritor Pedro Téllez.


General Francisco de Miranda por Martín Tovar y Tovar


Pero ya es el momento de dejar de atosigarlos con datos y dejarlos con Mariajosé Escobar y su Chávez, el que leyó más que Miranda, ups!... y su Yo Conocí al Chávez Lector

Disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.




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Yo Conocí al Chávez Lector




30 abril, 2014




Mariajosé Escobar Gámez


A finales de 2011, trabajaba yo en el Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia, inicialmente como editora en la División de Publicaciones de la Dirección General de Gestión Comunicacional (luego pasaría a ser Directora de Archivo y Publicaciones, pero esa es otra historia). A finales de ese año, estaba ya el Comandante enfermo. Una esperanza se crecía en medio de tanto dolor que significaba verlo batallando contra un mal que, no me cabe duda, le fue inoculado por el malevo imperialismo que un día derrotaremos.


Por esas fechas fui convocada, junto con un equipo, a la hermosa, titánica e histórica tarea de arreglar y clasificar, nada más y nada menos, que la biblioteca de Chávez. Tal tarea nos fue encomendada desde septiembre de 2011 y se extendió hasta diciembre del mismo año. Fueron días en los que no dejaba que mi cuerpo sintiera fatiga. Vivía yo entregada, maravillada ante cada hallazgo del Chávez lector. Tenía más de 15.000 libros, entre los cuales recuerdo especialmente El Manifiesto Comunista, porque tenía una inscripción en la primera página, en rojo, con la letra que le conocimos a Chávez cuando nos dijo que él no había renunciado. Aquella impresión quedó por siempre grabada en mi retina y en mi corazón, y se me viene a la mente cuando la esperanza flaquea: “Es un río, son muchos ríos, es un gran río invisible” decía en unos versos sencillos, porque el comunismo en nuestro milenio ya no es un fantasma sino un río, como el Orinoco, como el Arauca, como el Caroní, como ese gran río al que se fue Chávez hecho pura energía y desde donde cada mañana nos rocía de amor y de espíritu de lucha.


Recuerdo claramente El libro Verde, de Gadaffi dedicado a nuestro Comandante por el líder Libio, dolorosamente asesinado ese mismo año. La noticia del homicidio de Gadaffi la recibí por cierto mientras tenía en mis manos un ejemplar, subrayado y comentado por Chávez del libro Los condenados de la tierra de Franz Fanon, y que minutos antes de la noticia estaba leyendo y curioseando las notas del gigante. Las lágrimas acudieron a mis ojos al ver la grotesca escena que circuló por los medios del momento en el cual las esperanzas de Libia estaban siendo truncadas. Compartí el dolor con mis compañeros, varios de ellos militares, sargentos, tenientes de esa nueva fuerza armada bolivariana que Chávez formó. Seguimos la labor. Porque la lucha es indetenible.


Por cierto qué, conforme avanzábamos en el trabajo, del personal civil sólo quedé yo y una camarada querida cuya amistad aún conservo, que me vivía regañando porque no hacía altos en la labor y me metía entre los libros de Chávez, como hipnotizada por su fuerza telúrica, como si él mismo me hablara desde sus libros. Ambas compartimos la ardua tarea con un grupo de sargentos y tenientes muy sensibilizados acerca de la gran importancia histórica de lo que estábamos haciendo.


Algunos de los libros que recuerdo son varios del filósofo Enrique Dussel y Noam Chomsky, dedicados por los autores, un ejemplar del Popol Vuh, todo viejito él, uno de Cien Años de Soledad del gran Gabo (por cierto que Chávez tenía toda la bibliografía del escritor colombiano) y otro de Don Quijote de la Mancha del que Chávez tenía varias ediciones y, sin embargo, había un ejemplar subrayado por él que era su favorito, y había que buscarlo siempre que lo pedía. Uno piensa entonces en Chávez como en un atesorador de libros, como uno, y eso lo hace tan noble, tan cercano.


Tenía también, en cuanto a literatura, la amplia bibliografía de poetas como Miguel Hernández, Pablo Neruda y Mario Benedetti, entre muchos otros. Por ello siempre pienso, que tuvimos y tenemos por siempre en nuestros corazones a un Presidente poeta, sensible, noble, alma buena a quien imagino, como nosotros, aprendiéndose versos sencillos, humanos, plenos de ternura.


El Comandante de los sueños leía sobre los temas más variados: ciencia, literatura, política, filosofía, religión. A veces encontraba hallazgos que quedaran siempre haciéndome eco en la memoria, alguna carta a algún amor, alguna carta de sus hijas, alguna que otra foto como marcalibros. Y es que nuestro amado Chávez era tan pueblo, tan nosotros. Sus libros estaban acuciosamente subrayados y trabajados. Era el tipo de lector estudioso, detallista, de cierta manera obsesivo, de los que marcamos cada detalle que nos interese del texto, encerramos en óvalos las palabras que no entendemos, ponemos el clásico simbolito de “ojo” en las ideas resaltantes, hacemos flechitas y establecemos, mediante comentarios marginales un diálogo cercano, casi de tú a tú con el autor, sin importar que el mismo sea Carlitos Marx o Simón Bolívar, Luis Brito García o Gustavo Pereira.


Chávez tenía volúmenes y volúmenes sobre Bolívar. Libros contentivos de sus cartas y proclamas y numerosas biografías y estudios sobre su obra y pensamiento. A veces me pregunto en qué momento leía todo lo que vi, todo lo que supe que leía porque estaba trabajado por él. Me gusta imaginarlo como yo. Leyendo mientras desayuna, mientras descansa el almuerzo, al filo de la madrugada en la que una mente en permanente ebullición como la suya no le dejaba dormir, esperando en los aeropuertos, en el avión. Me gusta pensar que alguna manchita que pudieran tener sus libros, era de tanto que los trajinaba o gotitas de ese café tan Chávez que siempre le caracterizó. Me gusta imaginar llevando sus libros a cada país al que iba a predicar “la buena nueva” del Socialismo del Siglo XXI, ese que él se inventó, ese que nos legó la apoteósica tarea de terminar, de construir, pensar y formular.


Yo conocí al Chávez lector, a ese que subrayaba y comentaba sus libros en rojo. Yo ordené su biblioteca. Aprendí a utilizar el sistema de cotas DIUU y lo enseñé al resto del equipo que se incorporó después. Fueron 4 meses de absoluta maravilla. Fueron 4 meses de resplandores de páginas. A veces salía a las 9, 11, 12 pm. A veces no salía, y me quedaba a dormir en Miraflores. Digo a dormir por decir algo, pues el trabajo era arduo y las horas de sueño eran 2 o 3 luego de las cuáles seguíamos entre sus páginas, clasificando sus libros por materia, por país, por año de publicación, por autor, por editorial, por si tenía o no comentarios marginales, por si estaba o no dedicado, por si tenía alguna cosa personal del Comandante dentro, por si era necesario mandarlo a restaurar.


Yo recorrí kilómetros de páginas de los libros de Chávez, que fue casi como recorrer kilómetros con él. Fue conocerlo desde algo tan personal, tan cercano como su biblioteca, como sus tesoros personales ya que son eso los libros para todo amante de ellos. Vi dedicatorias de familiares, amigos, grandes filósofos y políticos y desconocidos, anónimos amorosos que regalaban libros al Presidente cuando tenían la oportunidad de verlo en un mitin, en un acto, de penetrar los anillos de seguridad, abrazarlo y entregarle fervorosamente un libro “Pa que lo lea”. Puedo decirle a esos, los sin nombre, los fervorosos, los pueblo que Chávez sí leyó muchos de los libros que le entregaron en medio de la marea roja y bajo el sol. Que los que no leyó fue porque la vida no le alcanzó, pero que los atesoraba, y los guardaba con la misma devoción con que un niño guarda sus juguetes.

Entre los libros de Chávez conseguí Catalino Bocachica de mi admirado y querido amigo el poeta colombo-venezolano Luis Darío Bernal Pinilla y di la buena nueva a su autor que con su mirada de duende casi saltó de la silla.


Entre los libros de mi Comandante lector, dejé el libro de mi abuelo de 92 años Andrés Escobar Muñoz Antología de poemas revolucionarios. No sé si Chávez lo encontró. No sé si pudo leerlos, pero ahí están para la historia los versos rebeldes de mi viejito, ese viejito campesino y obrero, que no fue a la escuela, pero que dedicó su vida a la siembra, al trabajo duro y al tejido del verso.


Por esas fechas Chávez estaba enfermo e iba de viaje a curarse a Cuba. Por esas fechas se acercaba navidad, y todos orábamos por su salud. Yo todos los días dedicaba 12 horas o más de jornada laboral a arreglarle su biblioteca. Y lo hacía por amor. Lo hacía elevando de tanto en tanto una plegaria por el primer Presidente lector, poeta, promotor de lectura.


Chávez tenía entre sus libros los más diversos: los de Ho Chi Min, los de Lenin, los de Vo Nguyên Giáp, los del Che. Qué decir de tanto libro que encontré dedicado por Fidel, ese padre de Chávez, ese amigo, ese hermano que recomendaba siempre a Chávez libros que lo nutrían y le hacían crecer dentro la semilla revolucionaria.

Libros de Galeano y de Aquiles Nazoa, libros de Juan Calzadilla y Simón Rodríguez, libros de Paulo Freire y de Gramsci, libros de Trotski y de Retamar.


Libros sobre Hostos, San Martín, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Allende, el Che, Fidel Castro, Marx, Bolívar, Simón Rodríguez, Antonio José de Sucre, Zamora, sobre los mambises, Martí, sobre el Frente Farabundo Martí, los Sandinistas, el subcomandante Marcos, era Chávez un ávido lector y conocedor de todos los movimientos insurgentes de América Latina desde la colonia hasta nuestros días. Y no sólo eso: libros sobre Vietnam, la Guerra del Golfo, La I y II Guerras Mundiales, la guerra de Irak, el conflicto entre Isrrael y Palestina, la Guerra de Angola, La Guerra Fría, La Guerra de los Cien días, La Guerra del Golfo Pérsico, Chávez estaba muy bien documentado acerca de los conflictos generados por el imperialismo en su afán expansionista y los estudiaba constantemente, junto a las diversas respuestas de resistencia de los pueblos del mundo.


Libros sobre agroecología, filosofía, comunas, poder popular, guerra de cuarta generación, economía, informática, guerra mediática, construcción de casas ecológicas –libros de Fruto Vivas-, libros sobre arte, arquitectura, avances científicos, temas indígenas y afros, multiculturalidad, libros sobre la historia de diferentes países del mundo y sus líderes, y muchos otros, Chávez poseía una vasta cultura, manejaba muchos temas diversos.


Ese es nuestro Chávez lector, yo tuve la dicha, el honor, el sueño cumplido de conocerlo, de organizar sus libros. Yo supe de sus desvelos frente a un libro abierto y no una, sino muchas tazas de café. Vivirá siempre en nuestros corazones ese Chávez sencillo, amable, ese Chávez promotor de lectura, que siempre mostraba más de 10 libros en sus alocuciones –libros que estaba leyendo y me consta- ese Chávez lector, que tenía sus libros trajinados, y que era poseedor de una biblioteca muy basta y completa, ese Chávez poeta, que en los márgenes de sus libros ensayaba versos como ese hermoso que me aprendí de memoria y que siempre que pienso en él se me viene, caudaloso, desafiante, bravío como el Orinoco al que se fue Chávez multiplicado, Chávez llovizna nuestra, Chávez tan fuerza Caribe: “Es un río, son muchos ríos, es un gran río invisible”.


Mariajosé Escobar Gámez


https://cultureandoenbarinas.wordpress.com/2014/04/30/yo-conoci-al-chavez-lector/





Mariajosé Escobar (Caracas,​​ 1986).​​ MSc. en Literatura Comparada (UCV, 2023) Lic. en Letras (UCV, 2011). Diplomado en Edición (UNEARTE y Editorial El Perro y la Rana, 2020).​​ Ha publicado​​ Poemas de Insomnio y Lluvia​​ (El Perro y la Rana, 2011);​​ Versos Diversos. Antología poética sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana, Zambrano y Escobar Comp. (El Perro y la Rana, 2011);​​ Gestación​​ gana el Concurso Metro Relatos (2014), auspiciado por Monte Ávila Editores y el Metro de Caracas;​​ La Casa en el Espejo​​ (Casa de las Letras Andrés Bello, 2015),​​ Mención Honorífica del Premio Municipal de Poesía, Luis Britto García, 2016;​​ Verbeldía, Locura del verbo​​ (El Perro y la Rana, 2019);​​ Liquen​​ (Fundarte, 2022);​​ Desde el Vagón,​​ Mención Honorífica del Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo (2022).


 

Redes: IG: @marijo_escobarg ​​ X: Escobar_Marijo ​​ Facebook: Mariajosé Escobar.



https://circulodepoesia.com/2024/04/poesia-venezolana-mariajose-escobar/




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martes, 14 de julio de 2026

Miranda y su Diario de viaje por los Estados Unidos

 




Estimados Liponautas


Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar el prólogo del libro Miranda en USA. UN libro que iba a publicarse dentro de la serie menor de Ayacucho. El texto fue escrito por el escritor venezolano Pedro Téllez.


Esperamos que la entrada sea de su agrado


Atentamente



La Gerencia.


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PROLOGO DEL LIBRO; MIRANDA EN USA


                                              

Francisco de Miranda (1750-1816) llevó un registro de la mayor parte de su itinerario vital. Su diario de viajes y la colección de cartas y documentos conformarían su archivo personal. Parte de este era trasladado en sus múltiples periplos. Con él viene a Venezuela y luego de la caída de la Primera  República, antes de ser apresado tomó la precaución de poner a salvo sus papeles, enviándoles a Curazao donde son incautados y llevados a Inglaterra,  permanecerían allá por mas un siglo. El mismo había titulado su archivo personal como Colombeia, y le dividió en tres conjuntos: Diario de Viajes, Revolución Francesa, y Negociaciones.

.El primer conjunto, el diario de viajes en su totalidad abarca un periodo de casi 20 años; desde Enero de 1771, cuando el joven Miranda hace sus primeras anotaciones a bordo del navío que lo lleva a España, hasta noviembre de 1790, cuando en Londres escribe “notas” para el diario, que no alcanzará ya a desarrollar (Castillo, 1992). Viaja por lo que entonces eran: Estados Unidos, Holanda, Electorado de Hanover, Ducado de Brunwich, Italia, Grecia, Turquía, Rusia, Alemania, Suiza, Francia e Inglaterra (Alonso, 1988). 

Una escritura permanente: Era el Joven Miranda que escapaba de la inquisición; el revolucionario participaría en la Revolución Norteamericana y en la Revolución Francesa; el  viejo General Miranda al mando de la Primera República, en su fase final, combatiendo por la independencia Latino Americana, la meta de su vida. El archivo personal y el diario de viajes que siempre le acompañan

            

Mapa de los desplazamientos de Miranda por Estados Unidos entre 1783 y 1784 extraído de The Life of Miranda, por William Spence Robertson (haga click en la imagen para obtener una versión ampliada).


EL ESTILO EMOCIONAL                                           

Para comprender un texto no solo debemos interesarnos por su contenido sino también por su forma. Miranda eligió el Diario, un género literario flexible, cuya estructura básica es la relación de hechos día por día; es una relación histórica o de lo que ha ido sucediendo, y de marcado índole autobiográfica, como género ha sido muy cultivado en el siglo XVIII y en la actualidad. Enciclopédico y confesional, las tareas de Miranda son las del hacedor de un espejo de su tiempo donde el también se refleja, una enciclopedia “personal”,  vital y como tal  imagen de su universo: No se trata de un encadenamiento, sino del “circular” (transitar) de un hombre sobre el conocimiento de su sociedad.


La estatua de Francisco de Miranda a lo largo del Benjamin Franklin Parkway, entre las calles 20 y 21, en el centro de la ciudad.
ANTHONY PEZZOTTI / Staff Photographer



Nos ocuparemos fundamentalmente, no de los 20 años del diario de viajes, sino de los 18 meses correspondientes al diario norteamericano, refiriéndonos al lapso que va de junio de 1783 a octubre de 1784; Sus escritos iníciales y los primeros en ser editados. Este diario norteamericano y el resto del archivo personal  fueron hallados en 1922, por el historiador Williams Spence Robertson.



Middlenton Murry adopta la noción de que el estilo esta en relación directa con una médula o núcleo de experiencia intelectual y emotiva, noción  que nos seria útil en la interpretación del Diario de Viajes de Miranda. Para Murry: “el más elevado estilo es aquel en que se mezclan los dos significados corrientes de la palabra. Es una combinación del máximo de personalidad con el máximo de impersonalidad. Por una parte es una concentración de emoción peculiar y personal; por la otra, una proyección cabal de esta emoción con la cosa creada” (Murry, 1975). En el Diario de Viajes de Miranda se muestra una verdadera individualidad de estilo en el sentido de que observamos que es inevitable, pues captamos un modo de experiencia coherente consigo mismo, la peculiaridad de su estilo es necesaria, pues la emoción a la que somos sensibles exige ese método de expresión y no otro: Esa prosa inmediatista, involuntariamente descuidada, con esa sensación de no-literatura. Su principal falta: la poca precisión de sus palabras al expresar sus pensamientos; lo que pierde aquí, lo gana en emoción natural. Se trata de una literatura testimonial, de grado cero cercano a la naturalidad.



...



Pueden leer el prólogo completo a continuación:



 

Prólogo del libro Miranda en USA de Pedro Téllez by Anonymous jv6D4X





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Fotografía de Yuri Valecillo


Pedro Téllez (Valencia, Venezuela, 1966). Ensayista. Conferencista. Bibliófilo. Médico psiquiatra. Ha publicado los libros: Añadir comento (1977). Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005) y Un Naipe en el camino de El Dorado (2007). Ha sido redactor en la revista Poesía y colaborador de la revista Zona Tórrida, publicaciones de la Universidad de Carabobo. Colaborador en publicaciones periódicas tales como Predios, Arte de leer, Mañongo y Tiempo Universitario. 




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2016: LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO DESTRUYE SUS LIBROS



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Entrevista de Ludovico Silva



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Conrad, Sulaco, Valencia, y El corazón en las Tinieblas con Nosotros.



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Coleccion de textos en Prosa y Verso. Parte V/V



Nacinder: Antología mínima.

Coleccion de textos en Prosa y Verso. Parte IV/V



Nacinder: Antología mínima.

Coleccion de textos en Prosa y Verso. Parte III/V



Nacinder: Antología mínima.

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Nacinder: Antología mínima.

Coleccion de textos en Prosa y Verso. Parte I/V



Reverón, la locura, los psiquiatras y el arte.

Prólogo del libro Los Laberintos de la Luz



Invitación a la presentación del libro El diario de viajes de Francisco de Miranda en la FILUC 2016



La casa de Laura Antillano



Un Aniversario doble: Los 460 y 111 años de VALENCIA-SULACO

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Pedro Téllez: Asumí la escritura como militancia y no al revés en esta Valencia contradictoria

Una Entrevista de Marisol Pradas



ELOGIO RETICULAR DEL LIBRO EN RÚSTICA Y SUS ALREDEDORES



Invitación a la presentacion de los libros "Elogio en cursiva del Libro de Bolsillo" y "Para leer el Socialismo"



Invitación a la charla "La maldad cotidiana según Saki"



Nanacinder (1954-1962) Revista Literaria.

Una Fruta Tropical

por Pedro Téllez



Una Jornada Lúdica sobre la Literatura en el Liceo Pedro Gual en Valencia, la de Venezuela



Biblioteca Personal del Diablo por Pedro Tellez





domingo, 28 de marzo de 2021

MIRANDA RUMBO AL CIELO por Eduardo Casanova

 

General Francisco de Miranda por Martín Tovar y Tovar


Por Eduardo Casanova


Francisco de Miranda, el más universal de los americanos, se encontró con la muerte el 14 de julio de 1816, aniversario de la toma de la Bastilla. Había sido traicionado y abandonado por sus compañeros de aventura de 1811, y también por otros protagonistas del que le había parecido su mayor día de gloria pero en realidad había sido el comienzo de todos sus infortunios. El más traidor de los traidores, el marqués de Casa León, lo lanzó a la arena de los leones, pero la traición de Casa León no fue el único vejamen que en esos días apuntó contra su cabeza ya adornada por nobles canas. El “Manifiesto de Cartagena”, de Simón Bolívar, contiene acusaciones de las que su autor se arrepentirá después. Se trata de un documento fundamental, en el que el futuro Libertador asienta su derecho a ser Libertador. Tiene que caminar sobre los huesos de Miranda, y lo hace. Con el tiempo se dará cuenta de que esa parte del documento se vierte en su contra y lo hace ver mezquino, y más aún, frente a su propia muerte entenderá que hizo muy mal, y que es posible que la vida le esté cobrando aquella muerte. No obstante esa fea mancha, esa nueva traición, poco después de cometerla, Bolívar arrancó, como un cóndor vencedor, hacia su propia gloria. Fue la Campaña Admirable que, por desgracia, no llegó a tiempo para salvar a Miranda. Miranda ya estaba en el mar, navegando muy despacio hacia muerte de su cuerpo.


Miranda en La Carraca. Arturo Michelena.


El 4 de junio de 1813 fue sacado en la noche y colocado en un buque con rumbo a Puerto Rico. Un mes antes, en Mérida, Bolívar había recibido el título de “Libertador”. En La Guaira, Miranda sufrió horrores, encadenado, rodeado de alimañas y testigo de las crueldades más inicuas realizadas por los enemigos de la Independencia Empezaba su Vía Crucis. Poco después pasaría por Puerto Rico, donde sus condiciones mejoraron algo. Empezaron a tratarlo casi como un ser humano. Fue allí en donde lo visitó varias veces el realista venezolano, pero no por realista indigno ni nada que se le parezca, Andrés Level de Goda, que por cierto era cuñado de José Francisco Bermúdez e hizo cuanto pudo a favor de Miranda, y tiempo después a favor de todos los independentistas, cuando en España (Level de Goda) insistió en que la rebelión de los venezolanos no podía ser considerada traición. En Puerto Rico, en donde por órdenes del gobernador Salvador Meléndez su prisión se hizo más liviana, escribió Miranda un memorial dirigido a las Cortes, y fechado el 30 de junio. Era una posibilidad, una esperanza que se estrelló contra el muro del atraso que supuso la restauración brutal de Fernando VII, triste rey que sólo puede compararse en infelicidad a su tristísimo padre, Carlos IV. Hacia fines de 1813 fue embarcado de nuevo, y de nuevo atravesó el océano de oeste a este, pero ahora con cadenas. Y con cadenas llegó a Cádiz en enero de 1814. Se cerraba un círculo crudelísimo, que se abrió a comienzos de 1771, cuando vio “monstruosísimos pexes que llaman ballenatos”, así como los delfines, que llama toninas y juegan y saltan en torno a la nave. Monstruos y ágiles bailarines que esta vez, esta última vez, no pudo ver desde el espacio encerrado en donde viajaba unido a una pared de ignominia por sus cadenas. De allí en adelante el cuerpo de Francisco de Miranda quedó encerrado en La Carraca mientras su alma se elevaba y cantaba entre las nubes más altas. Su alma inmortal, aun dentro de su envoltorio material, volvía a visitar los sitios que mucho antes había visitado su cuerpo. Su imaginación retornaba a cumplir con su deber ineludible: una y otra vez se veía escapado, fugado de aquel sitio. Logró que le permitieran moverse con alguna libertad, pero él mismo se encargó de que lo encadenaran de nuevo: le remacharon los grillos cuando descubrieron un plan de fuga, y casi un par de años más, hasta marzo de 1816, estuvo engrillado. Allí se enteraría de que el joven Simón Bolívar, el que lo llevó a Caracas y fue uno de sus paisanos que forjaron el primer escalón de su cadena, se convirtió en el hombre que llevaba todo el peso de la lucha, el Libertador, que voló sobre los Andes y retomó Caracas en una campaña que bien mereció el título de Admirable. Supo también que el más bárbaro de todos los bárbaros, el feroz y sanguinario José Tomás Boves, recorría los Llanos reclutando soldados para la causa realista, y en aquellos paseos que a veces se salpicaban de sangre en las batallas, quedaba demostrado que la ignorancia llevaba a aquellos seres miserables a traicionarse ellos mismos, y que Bolívar, mediante la guerra a muerte, trató de que entendieran que no estaban luchando contra los mantuanos, sino contra su propia patria. Y también supo que Bolívar había dejado atrás toda civilización y se había convertido casi en un caudillo, si no equivalente por lo menos parecido a Antoñanzas o a Cervériz o a Boves, y que muchos de los hombres que seguían a Bolívar lo habían imitado y por ello se había convertido Venezuela en un territorio de carniceros y bárbaros, en donde la muerte bailaba y se frotaba los huesos y reía desde su oquedad regando su pestilencia sobre cerros de gusanos. Y como contraparte de aquella danza macabra, las esperanzas de Miranda renacían a cada hora. Sus intentos de fuga fueron descubiertos, pero él insistía en soñarse libre. Trató de escaparse hacia Gibraltar, en donde estaba el hijo de su amigo Turnbull. Otra vez se enfermó justo cuando estaba a punto de fugarse. Su sobrino López Méndez, en Londres, trató de interceder por él. Hasta que, por fin, el 25 de marzo de 1816 logra ponerse al borde de lo que más ansía: escapar. Su alma, gracias a Dios, inicia el proceso que la llevará a escapar de su cuerpo. Un ataque de apoplejía convierte, ahora sí, su cuerpo, casi en objeto. Un dominico, de apellido Albarsánchez, trata de llevarle auxilios religiosos, pero el cuerpo responde con brusquedad: “Déjeme usted morir en paz”. Era la paz lo que llamaba a su alma que ya llevaba más de cuarenta años dominada por la guerra. En mayo pareció recuperarse. Escribió varias cartas en las que le decía al mundo que sabía muy bien que su muerte estaba cerca. Hasta que el 13 de julio de 1816 se agravó, y murió el 14. Era el aniversario de la Toma de La Bastilla, el día de la Revolución de Francia. Era día de cantar himnos guerreros. Pero Miranda se adentraba por fin en el reino de la paz, en silencio. Apenas lo vieron morir Pedro José Morán, su criado, y uno de los presos que vivía también su muerte de piedra. Los jefes de la cárcel, como si Miranda hubiera muerto de peste, quemaron de inmediato todas sus pertenencias. Su cuerpo, envuelto sumariamente por las sábanas y el colchón en donde había muerto, fue enterrado en una fosa común en la propia fortaleza, y con el tiempo se perdió. Debe haber salido a reencontrarse con todos los paisajes que conoció en vida. O a averiguar qué pasaba con el Continente que él quería libre, y que terminó de hacerse libre en una hermosa batalla, conducida por Antonio José de Sucre, que estuvo bajo las órdenes de Miranda en 1812 y que en Ayacucho, en junio de 1821, se convirtió en el verdadero vencedor de los realistas. En la mano triunfante de Francisco de Miranda. En el triunfo de Francisco de Miranda, que ese día llegó, por fin, al verdadero cielo.



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Eduardo Casanova




Estudió Derecho y Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1963 se estrenó su obra teatral Barrabasalia, escrita en colaboración con Arturo Uslar Braun, en 1975 se estrenó su comedia "El solo de saxofón". Luego, en 1968, recibió su título de abogado. Presidente de la Fundación para las Artes del Distrito Federal (Fundarte), 1984. Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), 1984-1987. Premio Guillermo Meneses por su obra narrativa (2000). Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, 1999 y 2001.