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sábado, 26 de noviembre de 2016

La mirada panorámica de Yuri Valecillo





Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar un texto que recorre la obra de nuestro amigo Yuri Valecillo.

Deseamos disfruten de la entrada.


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Si hay algún encuadre que, como sello identificador, señala una especial seducción por los elementos arquitectónicos que definen la relación de volúmenes en la imagen, es el encuadre acostumbrado de Yuri Valecillos. Pareciera que este fotógrafo identificara el objeto a fotografiar en relación a la situación diametral con el entorno, siempre. Ello y la búsqueda de la consistencia abigarrada, de este nuevo “barroco” en el cual vivimos, son hechos atractivos para el ojo avisador de Yuri.


Yuri Valecillo, tomando café un lujo mantuana en la Venezuela de la escasez actual

En sus fotografías presentimos la concepción de una mirada al mundo como escenario teatral. La escenografía es la misma figuración que la realidad cotidiana, de los espacios urbanos, construye.




Valecillos dimensiona un discurso de la ironía a través de sus conjuntos fotográficos. Ve a los seres humanos como personajes ubicados en un “paisaje” por azar, que adquiere tonos grotescos o sencillamente grandilocuentes, en su búsqueda de trascender los acontecimientos que definen las vidas públicas o privadas.

Valecillo vive con frecuencia entre Venezuela y México, eso hace que su ojo esté embebido en el mundo real de las ciudades, con el toque característico de estos dos países.




Pero la imposición inesperadas de las estructuras que hacen el medio, no son suficientes para que los seres humanos sean ignorados por el fotógrafo, por el contrario, su selección visual parece precisar la necesidad de insistir en los personajes como víctimas, o como arte y parte de estos “volúmenes” que con frecuencia los determinan o aprisionan.
El acto de participar, de estar allí, de formar parte de aquello de modo consistente, coloca a los seres humanos, en sus fotografías, como habitantes corresponsables de su destino en el mundo.

En los encuadres de Valecillo siempre hay un acontecimiento sucediendo, una anécdota, una historia de vida.




Si contemplamos, por ejemplo, esta fotografía tomada en México, en plena calle, advertimos que la edificación en un espacio de cultura, que hay un proceso ya sea de restauración o de derrumbamiento, y que son varios los personajes, en diferentes roles, los que intervienen en la construcción de este “escenario”. El hombre en primer plano, sentado en el escalón, es un saxofonista, tiene el instrumento sobre las piernas, y la caja del instrumento está abierta a su lado, en compás de espera. Mientras tanto, los jóvenes atrás, que trabajan sobre el friso del edificio, han pasado a poner su atención en el fotógrafo y el paisaje de la calle. Las diversas texturas dan señales de época, contrasta la escalera, las paredes y las lámparas, con el cartel que da cuenta de la agenda cultural de la edificación y las cintas plásticas amarillas, que evitan el paso hacia el lugar. Esta escena contiene pistas, huellas culturales absolutamente diversas, en un abigarramiento tanto cromático como temporal. 

Para el ojo del fotógrafo esta circunstancia es un objetivo importante, lo vemos en su mirada a los graffitis y murales de las calles, y en visiones de conjunto con detalles desconcertantes.




En la imagen del joven pasando en la bicicleta mientras el fondo está constituido por un gigantesco mural de una mujer, en posición horizontal, como suspendida en un cielo de nubes al instante, y este enorme fresco continua en un edificio derruido de tonos rojizos, con los cristales rotos, paredes desconchadas, balcones abiertos y hasta un dispositivo de aire acondicionado colocado en la fachada. Las bicicletas se cruzan visualmente, pero una está estacionada. 

Sentimos el peso significativo de los efluvios de la ciudad, del mundo urbano, en su violencia esencial, donde el tiempo y las circunstancias hacen acto de presencia, dando cabida a la superposición de íconos que definen modos de mirar y concebir el espacio y la vida en contraste. Esa mujer que corre en el cielo pero está, a la vez, acostada, por su disposición horizontal, esas paredes que muestran por áreas la desnudez del friso, esas ventanas abiertas entre el abandono y la acción, nos dan una percepción abigarrada de fuerte conducción simbólica a los paseantes asombrados.




Una cúpula en el proceso de su mantenimiento o reparación, es otro motivo fotográfico de Yuri Valecillos, donde los trabajadores “colgados” para su faena, guardan asimetría con las líneas rectas de la construcción, que bajan de la cúspide. La toma desde abajo, señala la dimensión de la proeza de estos ejecutores en valiente postura, un lienzo blanco a dejado al descubierto el espacio, como si se tratara de un efecto teatral elaborado, en la búsqueda de espectadores.

Una fotografía a color en el cementerio, muestra la escultura sobre la tumba, dama arrodillada y pensativa, con la mirada en el cielo, quien en su melancolía marmórea, coloca el codo sobre el pequeño ataúd de piedra, mientras la acompaña la figura real, humana, de un caballero de pie, cuya mano parece cerrar la caja donde yacería el fallecido, una cierta ironía, (propia de parte del estilo de este fotógrafo) reviste la escena.




Señala Alejandro Vásquez que: “Es la memoria cultural, la encargada de empujar, desde las interconexiones personales anteriores la marcha del relato. De esta manera cuando miramos un grupo de fotografías (un ensayo), esperamos con la impaciencia correspondiente el surgimiento de una revelación. De una bocanada de luz que encienda la memoria y se inicie el entretejido de relaciones visuales de nuestro pasado y del pasado de las imágenes, es decir, cuando fueron tomadas y el presente, cuando las miramos en forma de ensayo o como fotografía solitaria. Destejer la telaraña del rastro visual pareciera desearse”(Vásquez, 2010,p.51).




En efecto, en el recorrido que hacemos desde las primeras fotografías que conocemos del trabajo de Yuri Valecillos, encontramos en sus encuadres la relación de conjunto, de las huellas de lo humano en el entorno, sobre todo en el paisaje urbano, en la relación de contraste que superponen épocas y grupos sociales, modos de mirar la dinámica de los gestos que definen la diversidad y a veces: el choque cultural. Pero también descubre la armonía y el engranaje de elementos visuales, aparentemente irreconciliables, dejando traslucir una cierta ironía desde su perspectiva. Su trabajo ha ganado solidez y es siempre revelador de sorpresas.




Referencia:

Vásquez Alejandro (2010) Anotaciones sobre el reportaje y el ensayo fotográficos. Editorial El perro y la rana, Caracas,2014


Laura Antillano

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25/04/2026

lunes, 26 de septiembre de 2016

Una casa taller


Fachada de La Letra Voladora.


La casa donde da los talleres de literatura gratuitos la escritora Laura Antillano está en Naguanagua en la urbanización Naranjal.

Las urbanizaciones son desarrollos urbanísticos planificados y generalmente están asociados a las clases con mayor capacidad adquisitiva. Existen urbanizaciones ejecutadas por el gobierno y se les diferencia de las de clase media o  media alta colocándole el adjetivo de populares.

La pared de la derecha, la de los faroles, cierra el acceso de la  a  la avenida 11-A, a la calle Guzmán Blanco y corta la visión hacia al barrio.

La casa está ubicada en la avenida 111-A c/c Guzmán Blanco y su número de identificación es el 193-19. Sobre este número podrán leer La Letra Voladora.



Se dice que Venezuela es igualitaria porque al lado del barrio siempre hay una urbanización en este caso las Urbanizaciones La campiña II y el Naranjal están al lado de Barrio Unión, La Democracia o La Cidra dependiendo del punto de observación. Las zonas “pobre” y la de “clase media” están separadas por la calle Guzmán Blanco y  por una quebrada embaulada o acequia en la mediana. Esta Quebrada antiguamente tenía una cerca de Alambre Alfajol. Esta desapareció a causa de la escasez del aluminio. Este material es desmantelado y vendido ilegalmente. La quebrada embaulada siempre nos hace pensar en el foso de un castillo. La pregunta es: ¿A quién defiende de quien? La urbanización del barrio o viceversa.

A la izquierda la calle san José en barrio Unión y a la derecha la Guzmán Blanco  en la urbanización La Campiña II y en el medio el foso del castillo.

La casa de La Letra Voladora la conocemos desde hace mucho. Tenía un mural con los Beatles del submarino amarillo, imagen que fue sustituida luego por un Gallo de Barcelos, o algo parecido en nuestro recuerdo, ese que es tan común ver en las panaderías de portugueses en Venezuela. Ahora la fachada no tiene dibujos, solo colores. Creemos que ahora domina el verde en la fachada.

 La gente se empeña en comunicarse. Los puentes que no son levadizos, el tubo fue el primero. A la izquierda la calle Guzmán Blanco que esta al costado de las urbanizaciones La Campiña II y a la derecha la calle san José en el barrio la Democracia.

Antiguamente tenías dos formas de llegar a la casa de Laura Antillano. Subías por la Guzmán Blanco, o la calle de la canal como dicen en Naguanagua, y en la séptima esquina doblabas a la derecha y estabas al frente de La letra voladora. Ya no puedes hacerlo ya que todas las calles que daban a la Guzmán Blanco del Naranjal fueron cerradas por la inseguridad. Esto es una forma de defenderse de nosotros: los que vivimos en el barrio. Ahora solo ves una sucesión de muros. La inseguridad se adueñó hasta de las puertas de nuestra percepción.

Calle Guzmán Blanco. Entre el poste y la bolsa de basura esta la pared y la bolsa esta la entrada clausurada de la avenida 111-A

La otra opción es subir por la calle 194 que es la entrada de La Campiña II. Cuentan 9 esquinas del lado izquierdo y en la novena esquina doblan a la derecha. Esa avenida es la San Juan. Doblan a la izquierda en la primera esquina y cuentan tres esquinas. La tercera esquina está ubicada en la avenida 111-A.



Una vez el escritor  José Carlos Denobrega nos invitó a su taller sobre ensayo. Llegamos en bicicleta un sábado casi al  cierre de la actividad. Al entrar al taller nos sumergimos en un ambiente de clara decoración kindargueterina. Particularmente el ambiente de nuestro kinder era bastante espartano comparado con este. Todos los participantes eran adultos. Fue un divertido contraste. Una docena de personas aproximadamente: Un ciclista consetudinario (nosotros), 3 peatones (incluyendo al ductor) y el resto con vehículo. Nos pareció curiosa la afluencia de vehículos en una actividad subvencionada totalmente por la institución gubernamental casa Andrés Bello.

Este tipo de cerca de alambre es llamada Alfajol en Venezuela debido a que ese era el nombre de la empresa que la comercializó por vez primera.


Quedamos a la espera del atraque del submarino amarillo en el muro de ese fogón de letras.




Richard Montenegro Caricote

Un croquis para llegar a la letra voladora. Sigue el camino de ladrillos rojos


Publicado el domingo 18 de septiembre de 2016 en la página 19 en el diario Últimas Noticias.


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Richard Montenegro. Perteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films Neutrón, Alfa Eridiani, Valinor, miNatura, Tiempos Oscuros, Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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Actualizada el 07/02/2026
26/01/2024



miércoles, 31 de agosto de 2016

La casa de Laura Antillano



Estimados Amigos

Hoy compartimos con ustedes un texto de nuestro amigo Pedro Téllez sobre la casa de la escritora venezolana Laura Antillano. La casa de Laura Antillano esta ubicada en Naguanagua en la urbanización Naranjal. En Venezuela son los desarrollos urbanísticos planificados y generalmente están asociados a las clases pudientes. Aunque existen urbanizaciones ejecutadas por el gobierno y se les diferencia de las de clase media alta colocándole el adjetivo de populares. La casa esta ubicada en la avenida 11-A c/c calle Guzmán Blanco y su número de identificación es el 193-19. Sobre este número podrán leer La Letra Voladora. Siempre se ha dicho que Venezuela es muy igualitaria porque al lado del barrio siempre hay una urbanización en este caso las Urbanizaciones La campiña II y el Naranjal están al lado de Barrio Unión, La Democracia o La Cidra depende del punto de observación. Las dos zonas la pobre y la de clase media están separadas literalmente por una calle llamada Guzmán Blanco y  por una quebrada embaulada. Esta Quebrada antiguamente tenia también una cerca de Alambre del tipo que en Venezuela llaman Alfajol. Esta cerca hace mucho tiempo que desapareció a causa de la escasez del aluminio, una cerca de este material era un victima potencial para ser desmantelada y vendida en el mercado negro. Esta quebrada embaulada siempre te hace pensar en el foso de un castillo. La pregunta es: ¿A quien defiende de quien? La urbanización del barrio o viceversa.

La casa de La Letra Voladora la conocemos exteriormente desde hace mucho. Tenia un mural con los Beatles del submarino amarillo imagen que fue sustituida luego por un Gallo de Barcelos, o algo parecido en nuestro recuerdo, ese que es tan común ver en las panaderías de portugueses en Venezuela. Ahora la fachada no tiene dibujos solo colores planos. Creemos que ahora domina el verde en la fachada.





Antiguamente tenías dos formas de llegar a la casa de Laura Antillano. Subías por la calle Guzmán Blanco, o la calle de la canal como dicen en Naguanagua, y en la séptima esquina doblabas a la derecha y estabas al frente de La letra voladora. Ya no puedes usar esta opción ya que todos las calles que daban a la Guzmán Blanco de la urbanización el Naranjal fueron cerradas por la inseguridad es una forma de defenderse de nosotros: los que vivimos en el barrio. Ahora solo ves una sucesión de muros. 

La otra opción es subir por la calle 194 que es la entrada de La Campiña II. Cuentan 9 esquinas del lado izquierdo y en la novena esquina doblan a la derecha. Esa avenida es la San Juan. Doblan a la izquierda en la primera esquina suben y cuentan tres esquinas. La tercera esquina esta ubicada en la avenida 111-A.


Solo hemos entradao un par de veces en La Letra Voladora. Y eso porque el escritor  José Carlos Denobrega nos invitó a su taller sobre ensayo. Llegamos en bicicleta un sábado casi a la hora del cierrre de la actividad. Entramos al patio recibidor una zona bastante umbrosa. Al entrar al área de taller nos sumergimos en un ambiente de clara decoración kindargueterina. Particularmente el ambiente de nuestro kinder era bastante espartano comparado con este. Todos los participantes eran adultos. Era un divertido contraste. Una docena de personas aproximadamente: Un ciclista consedutinario (nosotros), 3 peatones (incluyendo al ductor) y el resto con vehículo. Nos pareció curiosa la afluencia de vehículos en una actividad subvencionada totalmente por la intitución gubernamental casa Andrés Bello. 

Ya es hora de que dejemos de desviar la atención del texto que se avecina así que nos despedimos de ustedes por ahora.

Esperamos disfruten de la entrada de Pedro Telléz.




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Es de Borges la conocida frase: otros se pueden enorgullecer de los libros que han escrito, yo tengo orgullo de los libros que he leído. Yo agregó: tengo orgullo de los escritores que he conocido personalmente, de los que he sido su amigo, entre ellos Laura Antillano. Pero no voy a tratar aquí de la amistad, no directamente. Describiré el espacio de esta amistad y que como Uds. saben se llama “La Letra Voladora”. Que la casa habla de sus inquilinos  lo decía Virginia Woolf. La de Laura habla de ella y de nosotros. Ubicada en la Campiña, entre la Universidad y el cerro del Café, al borde de una calle que es frontera de una quebrada embaulada o al final de una calle ciega a la que se llega a través de un laberinto de cuadras. Hay otras casas en el tiempo y el espacio: En Maracaibo la quinta  paterna a las orillas del lago y tertulia obligada de pintores y poetas, la de Caracas, o antes la de Haticos  número 15 (casa de ficción)  o su apartamento paralelo. Pero quiero hablar de la que conozco más y tal vez por haber ido una docena de veces (no soy visitante asiduo) y por eso me impresiona. 




Entre extraña y “siniestra” en el sentido cotidiano de Freud, es una casa rara de decoración maximimalista: Mesitas con cerámicas, textiles y texturas, arte popular; vitrinas con títeres y marionetas de sombra; horror al vacio en las paredes : cuadros de Lunar y de Zerpa, murales de jardín, afiches de teatro, cine y ferias, poemas enmarcados de amigos, fotos de monjas de negro (Brito), y retratos  de los amigos en misma letra voladora: Foto en la casa de la casa:  abismo acogedor. La casa en verdad pequeña se agranda por la multitud de objetos y su belleza sumatoria. Sin temor al kitsch poseen el aura que les da el haber sido un regalo, el recuerdo de un viaje. Todavía en la mesa de recibo el objeto que hace años dejé: un pisapapeles. Mi madre me describía los pisapapeles del escritorio del abuelo que conocí solo por dos novelas y un cine de pueblo. Años después vi con una amiga en una tienda un pisapapeles amarillo, pero ella dijo que por su diseño era para mujer, y lo regalamos a Laura. Otro amigo que ya no esta decía que Laura tiene la voz bella. Se refería a la voz-voz, (no la voz literaria que por supuesto posee), y a la inteligencia (no su inteligencia escrita), sino a la capacidad intuitiva, conversacional, femenina, del comentario agudo sobre la situación específica, sin citas librescas o algo así. Es decir: voz de forma y contenido indisoluble, y ese es el sonido de su casa. Vamos a oírla  hablar de cualquier cosa, en visitas breves, y siempre traemos o le llevamos una postal, el libro que dedica a los niños, o el sabor de un dulce en el paladar. 




Laura como todo escritor, escritora,  reúne una biblioteca, pero la suya no es una biblioteca personal. Tiene que ver con las puertas abiertas. No sé como explicarlo, es una biblioteca circulante, no porque se presten libros, sino porque siempre un discípulo o amigo (o ambas condiciones) esta  tomando notas, hojeando. Pues es circulante porque entra y sale gente: Allí funcionan los talleres que imparte: desde niños, niñas y adolescentes hasta ex rectores universitarios aprendiendo a leer y escribir cuentos. 




No son tertulias a la manera de esas de  mujeres del siglo de las luces, de ocio y sociedad. Aquí hay una finalidad, un trabajo subyacente: A veces son alumnos y ex alumnos con la seriedad del caso: de pre y post grado,  otras  son  del taller literario, docentes de la UC o de una escuelita, poetas o cuentistas, cuenteros: Todos amigos que se reúnen, vuelven, visitan. Alguien toca una guitarra. Casa limpia, espaciosa, luminosa, donde no hay mucha diferencia entre el adentro y el afuera (arquitectónicamente hablando), el afuera y el adentro, espiritualmente hablando. Me siento muy bien recordando amigos, los que están y los que ya no están, y por eso hoy escribo este texto como aquella talla,  evocación de palabras anteriores, para que se incorpore a los objetos de la casa.

Médico-psiquiatra.

Publicado el 28 de agosto de 2016 en el diario Notitarde

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Pedro Téllez. Foto de Yuri Valecillo

Pedro Téllez (Valencia, 1966). Ensayista. Conferencista. Bibliófilo. Médico Psiquiatra. Estudió Medicina en la Universidad de Carabobo (Valencoa), y se especializó en el Hospital Psiquiatrico de Caracas. Ha publicado los libros de ensayo Añadir comento (1997), Fichas y Remates (1998), Tela de Araña (1999) y La última cena del ensayo (2005), libro con el que ganó en el 2004 un premio en el Certamen Mayor de las Artes que promueve el Ministerio de la Cultura. Colaborador de La Tuna de Oro y Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Un Naipe en el Camino del Dorado(2007) y “El Diario de Viajes de Francisco de Miranda” (2016). Ha sido director de la revista La Tuna de Oro, redactor dela revista Poesía, publicaciones de la U.C. De igual modo ha colaborado en revistas como Predios, Arte de Leer, Mañongo y Tiempo Universitario. Fue redactor de la revista Zona Tórrida.

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Richard Montenegro. Perteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films Neutrón, Alfa Eridiani, Valinor, miNatura, Tiempos Oscuros, Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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REVISTA ZONA TÓRRIDA: 40 AÑOS DE TRANSDISCIPLINA



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Actualizada el 18-06-2026
28/01/2024