lunes, 1 de agosto de 2016

El PRONTUARIO URBANO DE YURI VALECILLO




PRONTUARIO URBANO

Alberto Hernández

El ojo que viaja por la ciudad descubre la ventana, las tantas ventanas que hacen posible la fachada por donde salen miradas, susurros y silencios. Se trata de la mirada ajena, la misma que Wilson Prada ha estudiado con tanto ahínco desde su razón fotográfica, y que encontramos en estas imágenes de Yuri Valecillo, convertidas en “resumen o apuntamiento en que se notan ligeramente varias cosas a fin de tenerlas presentes cuando se necesitan”, como reza el significado del término prontuario.

Pero no sólo ventanas, también puertas por donde entraron y salieron los personajes urbanos de algún tiempo, los fantasmas de una ciudad que sobrevive gracias a la presencia de sus ruinas, de sus despojos, de tantos materiales convertidos en imágenes estéticas, en reclamos, en críticas que abundan más allá de la dermis de quien usa esas miradas para expresarse o para no sucumbir ante tanta desidia, ciudad perdida o simulada por la otra ciudad, por la textura nueva y arrogante de una polis despojada de su origen.

“Prontuario urbano”, con textos de Rafael Simón Hurtado y Carlos Yusti,  es –precisamente- un registro en el que los sujetos anclados en el ojo, en el de la cámara, viven con el pasado, con lo que ha quedado de la historia, de esa historia que conserva los vestigios de su naturaleza original, de su casi rural pasividad, testigos desde la madera que las encuadra, de las bisagras y sonidos que el espectador de las fotografías oye y transforma en belleza. 

El ojo que cuenta, el que almacena esos espacios visibles, se aproxima al rostro de otros personajes que ambulan por la ciudad, que se confunden con consignas, avisos, paredes corroídas por el tiempo, por el sol y la lluvia, por las mismas miradas, porque éstas, las miradas, desgastan.

Rafael Simón Hurtado

Se trata de hombres, visibles o invisibles que han tomado por asalto las esquinas, los muros en una suerte de conspiración contra la miseria. Quien se arrima a esa afición virtual, a la imagen que a veces se ahoga con el click del obturador, fabrica a la vez otra realidad, la que argumenta su verdadero sentido. Porque una fotografía, un retrato, una imagen fabricada por el ojo encubierto, es la exégesis de lo que las palabras muchas veces no pueden decir. 

Con esta aventura de Valecillo el ojo, la “mirada ajena”, reinventa lo que el otro ojo, el que a diario mira la ventana, la puerta, la pared, los avisos o a los personajes sin delinear su presencia, no puede acercar a la sensibilidad de la imagen fijada. Mirar una foto implica desplazar la realidad, tan virtual que dejamos de advertirla con el tiempo, y convertirla en una verdad, en otro verdad. Quien observa una imagen fotográfica se mira en ella. Es parte de ella: el espectador es capaz de pasear, caminar, vivir o morir en quienes están detenidos en el papel o en la pantalla.


Con este apuntamiento urbano, tanto Rafael Simón Hurtado como Carlos Yusti, presentadores de la muestra gráfica de Valecillo, coinciden en afirmar que la poesía forma parte de este registro en el que el autor pone toda su sensibilidad para resguardar el patrimonio del olvido. Si bien Hurtado habla de “vocación original de una fotografía”, Yusti despliega su texto sobre una “escenografía” en la que el fotógrafo siempre ha nadado “a contracorriente”. 

Carlos Yusti

Ninguna ciudad se resiste a la tentación de ser repetida en una fotografía, mucho menos aquella en la que aún habitan los espacios más vívidos, más llenos de historia, de recuerdos personales o colectivos. Pero la ciudad no se copia a sí misma. Es ella en la imagen: son sus órganos vitales, sus músculos, sus huesos. Es un metalenguaje que se viste con la carne de su propia invención. Es el esqueleto que aún ambula entre los grandes edificios, ocupados por nuevos fantasmas, muchos de ellos alejados de los duendes que gritan en las esquinas, orinan en los antiguos portales o depositan sus heces bajo las ventanas descoloridas de casas brotadas de retoños de arbustos, trozos de adobe, piedras y arena viejas, argamasa que manos anónimas usaron como insumos de labor obrera, de sudor de otros siglos, de pasión por verse en los muros que ellos mismos levantaron. 

La carcoma del tiempo cumple su labor. La fotografía recoge las llagas de la ciudad, las pústulas de los almanaques, las cicatrices que aún duelen.

He aquí que esas cosas, viejas cosas, son necesarias en la memoria, en el ojo que las recoge y las salva de la agonía permanente de la ciudad.




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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».

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Yuri Valecillo



(Valencia, 1961).  Fotógrafo urbano y retratista. Reportero gráfico. Promotor cultural. Estudios en París, Francia. Reside en Ciudad de México. Ha realizado exposiciones fotográficas individuales en Venezuela y otros países. Se ha desempeñado como asesor de imagen para organismos estatales nacionales. Entre sus exhibiciones fotográficas destacan Cubarde Punto Rojo (2007),  Re/misiones (2009, con poemas de Mario Guzmán) y  Divino y Profano (2010). Ha dictado cursos de fotografía en la UNAM, México. Es director  y editor de Genio y figura, impreso dedicado a la fotografía y la poesía. En Valencia fue colaborador de  Rostro y poesía (Poetas de la Universidad de Carabobo, 1996) y de las revistas  Auditorio Predios.




Tomado de Arte literal


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