Hoy tenemos el agrado de compartir con ustedes un texto escrito por el escritor venezolano Israel Centeno donde hace un acercamiento al otorgamiento del Premio Nobel de la Paz 2025 a la luchadora venezolana María Corina Machado.
La entrada la abre una imagen de la paloma de la paz hecha por el pintor Pablo Picasso. Este artista en diversos momentos de su vida hizo distintas interpretaciones de este símbolo que hizo parte de su vida. Su hija se llama Paloma y su nieta Paz.
La entrada la abre unas imágenes de Picasso para evadir las críticas sin sentido y las denuncias que nos han hecho en la plataforma de Facebook debido a las notas que hemos compartido en esta Venezuela pisoteada, donde mostramos lo común que es sobrevalorar cosas como el sistema de orquestas y sus epígonos y a los logros deportivos de algunos a pesar de que tengamos un montón de presos políticos y una población golpeada por innumerables necesidades. Mantener y mostrar esta posición que nos generó acusaciones de promotores de odio y cosas parecidas, provocando un aluvión de quejas y denuncias en Facebook en contra de la página del blog. Después de compartir nuestra postura vimos como mucha gente "amiga" cambió la manera como recibían nuestras publicaciones. Pero nosotros no cambiaremos nuestra posición. Ya viene a ser la hora de que los ""intelectuales" en Venezuela comiencen a ser amigos verdaderos de la gente.
Por cierto hoy 12 de diciembre de 2025 la entrada fue actualizada al insertarle los videos que están al final del texto.
Esperemos que los venezolanos logremos disfrutar de una verdadera paz
Disfruten de la entrada
Atentamente
La Gerencia
*******
11 de octubre de 2025
La Gracia más preciada: la Paz
“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.”
— Evangelio según San Mateo
⸻
Hay dones que se confunden con la respiración del alma. El Amor es uno de ellos. Pero justo después —como su reflejo visible, su consecuencia natural— está la Paz. No la paz entendida como silencio de las armas ni como simple pacto de conveniencia, sino aquella que surge cuando el amor madura en forma de justicia y de verdad. La Paz es la Gracia que completa el ciclo del Amor.
Por eso, cuando el Premio Nobel de la Paz 2025 fue concedido a María Corina Machado, el anuncio resonó más allá de la política. En un mundo saturado de cinismo y de violencia, ese reconocimiento pareció recordar que aún existen mujeres y hombres que encarnan, a costa de todo, la posibilidad de una paz nacida del coraje moral. Y que, en el corazón herido de Venezuela, esa Gracia —la Paz— se ha vuelto la más preciosa de todas.
⸻
I
El Nobel de la Paz no siempre ha premiado la tranquilidad; muchas veces ha coronado la tormenta. Basta repasar su historia para ver que su propósito no es recompensar la calma, sino honrar el valor de quienes, en medio del miedo, eligen el camino del espíritu. Martin Luther King Jr. desafió al odio racial y lo venció con la fuerza del perdón. Nelson Mandela convirtió su prisión en una escuela de reconciliación. Liu Xiaobo escribió, entre rejas, un manifiesto de libertad que aún resuena en el silencio chino. Shirin Ebadi defendió en Irán la dignidad de las mujeres y los niños con una fe que ni la persecución logró quebrar.
Todos ellos comprendieron que la Paz no es pasividad, sino una forma radical de resistencia moral.
Y así, el Comité Nobel, al distinguirlos, no premió la docilidad sino el fuego interior. No distinguió al político, sino al testigo. Aquel que mantiene la palabra encendida cuando todo a su alrededor se apaga.
Ese linaje espiritual es el que hoy alcanza a María Corina Machado, quien desde hace años sostiene una lucha civil, sin armas ni violencia, frente a un régimen que convirtió la represión en método y la desesperanza en paisaje. El Nobel, al distinguirla, reconoce esa fidelidad: la obstinación en permanecer humana en medio de la deshumanización.
⸻
II
En Venezuela, hablar de paz puede parecer un lujo, casi una ironía. Cuando falta la luz, el pan, el agua; cuando los hijos parten, cuando el miedo se convierte en rutina y la mentira en ley, la palabra “paz” parece un sarcasmo. Pero precisamente allí reside su fuerza: en afirmar lo que falta, en invocar lo que se niega.
María Corina Machado ha insistido en esa forma de paz que no es rendición, sino lucidez. La paz como acto político, como coherencia interior, como negativa a corromperse. No es una santa ni una figura sin sombras, pero ha elegido mantenerse de pie sin devolver odio, en un país donde el odio se ha vuelto moneda corriente. Esa serenidad, tantas veces confundida con rigidez, es en realidad una forma de oración activa: el gesto de quien sabe que la violencia perpetúa la servidumbre.
La suya es la paz que resiste. La paz que no se rinde al cinismo. La paz que sostiene el sentido cuando todo se derrumba.
III
En la escala de las virtudes, el Amor es la más alta, porque de él se derivan todas. Pero el Amor, si es verdadero, exige Paz como fruto. Santo Tomás decía que la paz es la tranquilidad del orden, y San Agustín la describía como la serenidad del alma reconciliada consigo misma y con Dios. La Paz, entonces, no se opone al conflicto: lo redime.
Visto así, el Nobel concedido a María Corina Machado no es un trofeo político, sino un signo de redención colectiva. La Paz no pertenece sólo a ella; pertenece al pueblo que, aun exhausto, busca reconciliarse sin claudicar. Venezuela ha padecido mucho, pero aún conserva —en su humor, en su fe, en su ternura silenciosa— una reserva moral indestructible. De esa ternura brota la posibilidad de su paz.
IV
Si algo define nuestra historia reciente es la ruptura interior. Entre hermanos, entre generaciones, entre quienes se fueron y quienes se quedaron. Hemos vivido largos años de destierro interno. Por eso, el Nobel actúa como un espejo y una promesa.
Un espejo, porque refleja la dignidad de una nación que, aun herida, no ha perdido su centro moral.
Una promesa, porque insinúa que el mundo todavía cree en nosotros.
No es la primera vez que el Comité Nobel se atreve a señalar la esperanza donde parece imposible. Lo hizo con Lech Wałęsa en la Polonia comunista, cuando la opresión aún parecía eterna. Lo hizo con Narges Mohammadi, encarcelada en Irán por defender el derecho de las mujeres a vivir sin miedo. Y ahora lo hace con María Corina Machado, que representa la posibilidad de una transición pacífica en un país agotado por la represión y el dolor.
El mensaje es claro y antiguo: la paz también es lucha.
V
Cuando un pueblo se reconcilia con su verdad, cuando deja de devolver el golpe, cuando elige la esperanza en lugar del rencor, ese pueblo ya ha comenzado a sanar. La Paz, en última instancia, no depende de decretos ni de tratados, sino de una conversión interior. Es una Gracia que se concede a quienes aman con paciencia, incluso cuando no hay recompensa visible.
Por eso, este Nobel trasciende la política venezolana: habla de un orden más alto, de una misericordia que se filtra en la historia a través de las manos humanas. La Paz es el don de los que aman, y María Corina Machado ha sido reconocida precisamente por eso: por no dejar de amar a su país incluso cuando el país parece haberse olvidado de sí mismo.
VI
No hay paz sin amor, ni amor que no conduzca a la paz.
La historia del Nobel enseña que las verdaderas transformaciones comienzan en el corazón de alguien que decide no odiar. Mandela, Liu Xiaobo, Mohammadi, Ebadi: todos comprendieron que la violencia deja ruinas, mientras que la paz, incluso vencida, deja raíces.
Quizá este sea el mensaje más hondo de este 2025: que en Venezuela, donde tanto se ha sufrido, el milagro ya comenzó. Porque allí donde persiste la fe en la verdad, la Paz no es una utopía: es una Gracia en camino
Israel Centenonació en Caracas en 1958. Es uno de los principales narradores venezolanos de este cambio de siglo, y una de las voces más interesantes de América Latina. Prestigioso editor, poeta y narrador, entre sus novelas, publicadas todas ellas en importantes editoriales.
El economista y politólogo británico James A. Robinson fue uno de los tres galardonados con el premio Nobel de Economía 2024. NANCY WONG / HANDOUT (EFE)
Estimados liponautas
Hoy le hacemos entrega de esta entrevista al ganador del premio Nobel de de economía 2025. Honestamente creemos que no profundizaremos en este autor debido a esta afirmación suya donde habla "del encuentro de Colón con los indígenas latinoamericanos" en 1492 ¡¿?!. Definitivamente el premio Nobel te brindará reconocimiento y una buena cantidad de monedas pero no te protege de decir estupideces en áreas ajenas a tu campo de trabajo. En realidad , la versatilidad de la raza humana es tal, que poseemos una capacidad inconmensurable de decir estupideces en cualquier campo del saber humano, y no solo decimos. Tambien somos capaces de hacer diligentemente estupideces...
Esperamos que disfruten de la entrada.
Atentamente
La Gerencia
*******
James A. Robinson, ganador del Nobel de Economía: “La pobreza y la desigualdad en América Latina están profundamente arraigadas en el colonialismo y la explotación de los indígenas"
Autor,Cecilia Barría
Título del autor,BBC News Mund
14 octubre 2024
“Estoy un poco en shock honestamente, no lo esperaba”, dice James A. Robinson, uno de los economistas que ganó este lunes el premio Nobel de Economía, junto a Daron Acemoglu y Simon Johnson.
Robinson y sus colegas recibieron el reconocimiento por sus estudios empíricos y teóricos que exploran las diferencias en la prosperidad de las naciones y su análisis sobre la desigualdad.
Profesor de Estudios de Conflictos Globales y director del Instituto Pearson para el Estudio y la Resolución de Conflictos Globales de la Universidad de Chicago, se ha destacado por sus influyentes investigaciones sobre la relación entre el poder político, las instituciones y la prosperidad.
El economista de 64 años ha desarrollado un interés particular en el estudio de África Subsahariana y América Latina.
Eso lo llevó a impartir cursos en la Universidad de los Andes en Bogotá entre 1994 y 2022 y a realizar trabajo de campo en países como Bolivia, Colombia y Haití, entre muchos otros.
Junto a Daron Acemoglu, Robinson ha publicado aclamados libros como “Orígenes económicos de la dictadura y la democracia”, “Por qué fracasan las naciones: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”, y “El corredor angosto: Estados, sociedad y el destino de la libertad”.
Robinson conversó con BBC Mundo sobre América Latina y los desafíos que enfrenta la región.
La Fundación Nobel en Suecia le entregó el galardón a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson.
Felicitaciones por el galardón. Usted lleva tres décadas investigando el tema de la desigualdad en la esfera económica, pero también la social y la política. ¿Cuál ha sido la principal contribución de sus investigaciones?
La mayor parte nuestro trabajo ha estado enfocado en tratar de entender la desigualdad, en intentar entender por qué el mundo está dividido entre países que son prósperos y otros que son pobres.
Nos hemos preguntado cómo surgió históricamente esta diferencia y cómo se ha mantenido pese a las enormes consecuencias en el bienestar humano.
Ese ha sido el tema principal de nuestras investigaciones durante los últimos 30 años.
Específicamente hemos tratado de entender cómo las instituciones establecen las reglas que en diferentes sociedades influyen en la prosperidad y la pobreza.
Y en las últimas décadas, ¿ha mejorado la situación de desigualdad?, ¿hemos avanzado o seguimos estancados?
Hemos visto enormes mejoras en los niveles de pobreza en algunas partes del mundo, como por ejemplo China, pero no ha sido así en otras regiones como África Subsahariana y América Latina.
Y en países como Estados Unidos, vemos amenazas a la inclusión social y la prosperidad.
Aún hay enormes desafíos para crear sociedades más inclusivas, prósperas y democráticas en el mundo.
Robinson ha realizado investigaciones sobre Latinoamérica, en países como Colombia, Chile y Bolivia.
Usted mencionaba Latinoamérica, ¿cuáles son los principales desafíos que actualmente enfrenta la región?
He trabajado mucho en Latinoamérica, en países como Colombia, Chile y Bolivia.
Me parece bastante apropiado que el premio se entregue en estos días en que se recuerda la llegada de Cristóbal Colón y su encuentro con los pueblos indígenas latinoamericanos.
Nuestra investigación muestra que la pobreza y la desigualdad en América Latina están profundamente arraigadas en el colonialismo, la explotación de los indígenas y la existencia de la esclavitud. (¿Acaso esas condiciones no se dieron es Estados Unidos?)
Esas desigualdades se autorreproducen de muchas maneras en la actualidad.
Latinoamérica tiene grandes problemas de inclusión, marginalización, explotación. Por eso es pobre y aún sigue tratando de encontrar una salida.
Por otro lado, gran parte de nuestro trabajo analiza cómo EstadosUnidos difiere históricamente de esos patrones.
¿Ha habido algún progreso en la región en relación a los temas de inclusión social?
Ha habido progreso en países como Chile en las últimas décadas, desde el colapso de la dictadura. Podemos pensar en Costa Rica o en países como Bolivia en el sentido del ascenso de los pueblos indígenas.
Pero otras partes de Latinoamérica han ido en la dirección opuesta. Pensemos en países como Venezuela o Argentina, que siguen patrones complicados, o Nicaragua y la consolidación de una autocracia en el país.
“El corredor angosto: Estados, sociedad y el destino de la libertad”, es uno de los últimos libros de Robinson y Acemoglu.
¿Ve usted una gran amenaza a la democracia en Latinoamérica a partir de la profunda desigualdad que existe en la región? Hay encuestas que han revelado que la gente está dispuesta a sacrificar la democracia a favor de líderes considerados populistas
La democracia es un sistema bastante nuevo en América Latina. Piense en Centroamérica que solo desde la década de los 90 se ha logrado crear sistemas más democráticos.
Uno de los problemas es que a las personas en América Latina les hicieron muchas promesas sobre la democracia, les prometieron que sus problemas se acabarían, y obviamente eso no era verdad.
La democracia ha sido decepcionante en América Latina, la gente se desespera y busca otras soluciones.
Es que toma tiempo crear instituciones democráticas que funcionen para cambiar la vida de la gente.
Mire lo que está pasando en El Salvador con el presidente Nayib Bukele. Hay una razón que explica por qué la gente vota por él. Votan por él porque hay mucha inseguridad.
Piense en el presidente Andrés Manuel López Obrador, son tiempos difíciles. Pero, por otro lado, se puede decir que hay una democracia genuina en México.
Esa ha sido la decisión popular y debemos reconocer que toma tiempo para que la democracia funcione y cambie la vida de las personas.
Colombia probablemente tuvo una de sus elecciones más democráticas cuando el presidente Gustavo Petro llegó al poder, pero no es fácil, hay muchos desafíos por delante.
"A las personas en América Latina les hicieron muchas promesas sobre la democracia", dice Robinson.
Usted publicó hace más de una década el aclamado libro “Por qué fracasan las naciones”. ¿Qué ha cambiado en los últimos años desde que hicieron ese análisis?
Veo el mundo de la misma manera. Sin embargo, en el prólogo del libro hablábamos de la “Primavera Árabe” y su potencial para crear más inclusión en el Medio Oriente.
Pero hemos visto que eso fracasó completamente. Ese es un ejemplo interesante de lo difícil que es cambiar el mundo hacia la creación de instituciones más inclusivas.
Como usted dice, es muy difícil construir un mundo más inclusivo y reducir la desigualdad, ¿cuál es el mejor camino para avanzar hacia ese objetivo?
Se trata de construir instituciones políticas y económicas más inclusivas. Ese es el problema en América Latina, en África Subsahariana, en Estados Unidos, y en muchos otros lugares.
Aún hay muchos elementos de lo que llamamos instituciones extractivas, en vez de instituciones inclusivas.
En Estados Unidos persisten altos niveles de pobreza, un gran aumento en la desigualdad y una disminución en la movilidad social.
Yo vivo en Chicago y eso se ve todos los días. Entonces, se trata de incluir a la gente y darle oportunidades en la esfera política y económica.
Mirando los desafíos que nos trae este siglo a nivel global, ¿qué se viene?
La desigualdad lo desafía todo, desafía el contrato fundamental de las sociedades. Es muy difícil tener una sociedad culturalmente democrática cuando existen enormes niveles de desigualdad.
El premio Nobel de Economía reflexiona sobre el futuro de Estados Unidos, donde observa una desconexión de las élites gobernantes y ve la utopía libertaria de Trump y Musk como “un desastre”
BORIS MUÑOZ
02 NOV 2024 - 05:45 CET
En los altos círculos académicos donde se debaten las ideas que marcan la agenda, muy pocos se sorprendieron con el anuncio de los ganadores del premio Nobel de Economía el 14 de octubre. El turco Daron Acemoglu y los británicos Simon Johnson y James Robinson tienen tras de sí una sólida carrera que ha sido reconocida, entre otros, por una larga fila de premios Nobel de Economía con visiones económicas tan distintas como el microeconomista Gary Becker, el neoclásico Kenneth Arrow y crítico de la globalización Joseph Stiglitz.
Por sus casi 600 páginas se podría pensar que Por qué fracasan los países, la obra central de Robinson (Reino Unido, 1960) y Acemoglu, es un intraficable mamotreto de teoría económica. Pero al abrir el libro, los autores llevan a los lectores de la mano a través de la fascinante historia de la colonización del una vez llamado Nuevo Mundo para demostrar cómo instituciones creadas hace más de cuatro siglos siguen marcando el presente de América Latina y Estados Unidos.
El aporte esencial de las investigaciones de Robinson, Acemoglu y Johnson a la economía consiste en desmontar los mitos más comunes sobre las causas que definen el éxito o fracaso de una sociedad. El peso determinante no está en la geografía, la cultura y ni siquiera la historia. Una sociedad tiene mejores oportunidades de escapar de la pobreza con instituciones políticas y económicas más inclusivas o puede descender hacia ella cuando es manejada por una élite extractiva, cerrada y autoritaria, que concentra en pocos los recursos, castra el progreso y la innovación. Es una tesis provocadora y no está exenta de controversias.
Y es sobre eso que quería hablar con James Robinson, hoy profesor de la Universidad de Chicago después de pasar por Harvard, quien, como politólogo, historiador y economista, conoce a fondo los cursos paralelos, pero opuestos, de Latinoamérica y Estados Unidos.
El momento de la conversación es significativo. A menos de una semana de una elección presidencial, Estados Unidos se encuentra en una encrucijada cuyo significado no se puede subestimar. La confrontación política entre el republicano Donald Trump y la demócrata Kamala Harris es también el duelo entre dos versiones de futuro antagónicas: hacia dónde puede llevar uno u otro candidato a un país que sigue siendo la mayor potencia económica y militar y que ha sido considerado por mucho tiempo una de las fuerzas mayores de innovación y prosperidad del mundo moderno.
Pregunta. Considerando sus ideas en Por qué fracasan los países, ¿cree usted que Estados Unidos está en riesgo de ser un país con instituciones más extractivas que inclusivas si no se toman acciones decisivas contra la desigualdad y la polarización?
Respuesta. En los últimos 50 años, los salarios medios y los salarios reales en Estados Unidos se han estancado. La mayoría de la gente no está mejor hoy que hace cinco décadas. Hay una caída en la movilidad social y un enorme aumento en la desigualdad. Eso se ha manifestado en la esfera política. Elon Musk está gastando millones de dólares pagando a sus seguidores para que aparezcan el día de la elección. En América Latina llaman a eso compra de votos. En Colombia, sería normalmente con aguardiente o frijoles. Y el presidente Trump ha tratado de destruir y socavar la fe de la gente en las instituciones. Así que creo que hay un intento muy serio de crear instituciones extractivas, una latinoamericanización general de Estados Unidos. Absolutamente sí.
P. Sí, esa es una de las razones. Pero las instituciones son tan fuertes como las personas que las dirigen. Si eliminas el liderazgo de la institución, puedes reestructurarla o destruirla. Eso es lo que pasó en Venezuela.
R. Por supuesto, pero lo que vimos en la elección de hace cuatro años es que el poder político está menos concentrado aquí que en América Latina. Hay mucho poder político en los estados. Son los estados los que controlan cosas como el conteo de votos. El federalismo nos salvó al jugar un papel muy importante en la defensa de la democracia. La gente también estuvo dispuesta a arriesgar sus propias carreras para defender las instituciones porque creía lo suficiente en ellas. En Por qué fracasan los países, hacemos una comparación entre Roosevelt y Perón. Perón quiso ampliar la Corte Suprema y se lo permitieron, y Roosevelt intentó lo mismo y la gente se opuso. Ahí está la diferencia. Si ganara esta vez, Trump podría tener éxito en cambiar las instituciones de este país. Gente como John Kelly, quien fue su jefe de gabinete, luchó contra Trump. Pero Trump ya no va a nombrar otra vez a personas así. La primera vez no sabía lo que estaba haciendo. Ahora se va a rodear de ideólogos que harán más daño.
P. Entonces, ¿cree que Trump va a ganar?
R. Simplemente no lo sabemos. En este momento, honestamente, predecir el resultado de esta elección parece como lanzar una moneda al aire.
P. Las instituciones extractivas pueden llevar a la desigualdad y la falta de oportunidades. ¿Cómo podría impactar la estructura institucional de Estados Unidos una presidencia de Donald Trump o Kamala Harris, ya sea en una dirección más extractiva o inclusiva?
R. No creo que todas las políticas de Trump sean desastrosas. Algunas son miopes e irracionales, pero no creo que sean un desastre para las instituciones. Es bueno tener en cuenta que este país fue construido por inmigrantes, que la mayor parte de su dinamismo tecnológico y rendimiento económico superior durante los últimos 150 años viene por los inmigrantes. ¿Dónde creció Musk, por ejemplo? Sudáfrica. ¿De dónde vino el padre de Steve Jobs? Siria. ¿De dónde es Serguéi Brin? Rusia. El principal factor que Estados Unidos ha tenido a su favor económicamente ha sido esta capacidad de absorber gente de todo el mundo. Por ejemplo, yo y mis compañeros ganadores del premio Nobel. ¿Dónde crecimos? En Inglaterra y Turquía. La expulsión de inmigrantes es desafortunada y mala para las perspectivas económicas a largo plazo del país. Pero no creo que socave las instituciones. Me preocupa mucho más el colapso del sistema fiscal. La bancarrota del gobierno. Hay una enorme falta de inversión en infraestructura básica y servicios públicos en este país. Esto se agravaría en una Administración Trump. Además del colapso de la regulación de la industria en un momento en que necesitamos más regulación, cuando más necesitamos pensar en las consecuencias sociales de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial. Y en lugar de regulaciones, con Trump habría una especie de vale todo. Los empresarios podrán hacer lo que quieran. ¿Crees que lo que Musk quiere hacer es en el interés colectivo de la gente en este país? Ni de broma.
P. ¿Cuáles serían las diferencias clave entre la visión económica de Kamala Harris y Donald Trump, y cómo podrían dar forma al futuro de la economía estadounidense?
R. Ambos están convergiendo en algunos temas. El presidente Joe Biden no cambió ninguno de estos aranceles que se impusieron a los productos chinos durante el gobierno de Trump. Los demócratas simplemente han decidido que son demasiado populares políticamente para cambiar de curso. Los demócratas ahora se han dado cuenta de que cometieron un terrible error al relajar la política de inmigración. Económica o humanitariamente, la migración es una cosa. Pero el influjo de inmigrantes que ha ocurrido bajo el gobierno de Biden fue un error político. Honestamente, creo que el partido Demócrata está desconectado de los problemas de este país.
P. ¿En qué sentido?
R. El Partido Demócrata está capturado por las élites educadas de la costa que todavía no entienden a fondo los problemas del medio oeste del país. Por eso fue muy inteligente la nominación de Tim Walz, que es de Minnesota, como vicepresidente de Kamala Harris. Al menos es una persona de clase trabajadora que está más en contacto con estos problemas. Pero creo que muchas de las políticas de Harris serán muy similares a las de una administración Trump, aunque sin el mismo ataque a los inmigrantes. Se pondrá más énfasis en cuestiones básicas relacionadas con la atención médica. Trump intentó eliminar Obamacare antes, así que eliminará la atención médica a millones de personas. Y eso es terrible. Pero las políticas de Harris serían similares en algunas dimensiones. Y cuando no sean similares, serán más sensatas. Serán más empáticas.
P. ¿Cómo afectará el auge de los movimientos libertarios defendidos por figuras como Trump o Elon Musk y que abogan por menos intervención estatal en la vida pública el dinamismo económico y al papel global de Estados Unidos en innovación?
R. No puedes tener una economía dinámica sin un Estado con funciones básicas, sin inversión en bienes públicos, educación, investigación y desarrollo. Si ves la historia del cambio tecnológico, encontrarás que el Estado ha jugado un papel enormemente importante. Así que creo que la visión de una utopía libertaria de mercado libre sin Estado es solo eso, una utopía. No es una sociedad realista. Si quieres ver cómo es una sociedad sin Estado deberías ir a Guatemala. No hay impuesto sobre la renta en Guatemala. Eso no genera prosperidad, pero si mucha riqueza para 13 familias, y tal vez eso es lo que Trump y Musk tienen en mente: que no haya regulación, que no haya impuestos. Puedes hacer lo que quieras. Y si eres de una de esas 13 familias, serás muy exitoso. Pero para el resto de la gente, es un desastre.
P. Conectando con una respuesta anterior, ¿cómo afecta el descontento en la clase media y trabajadora en Estados Unidos con la globalización y el cambio tecnológico la dirección política y económica de Estados Unidos?
R. Ese descontento parece estar generando un tipo de política populista muy personalista, aunque aquí hay mucha mayor fortaleza institucional que en América Latina. Como dije, es difícil hacer lo que hizo Chávez o lo que hizo Perón, sin el apoyo de los militares. Eso limita lo que puedes hacer en términos de crear un sistema muy autocrático. No me parece muy probable que eso suceda en Estados Unidos. Pero la política se ha vuelto extremadamente polarizada. Hay mucho menos compromiso con la democracia. Lo que veremos a partir de ahora es que cada elección en este país va a ser impugnada. No importa quién realmente ganó. Todo va a ir a los tribunales. Va a haber una enorme pelea. No creo que vayamos a saber durante meses quién ganó en noviembre, porque el resultado está destinado a ir a los tribunales estatales y a la Corte Suprema. Los republicanos han llenado la Corte Supremade ideólogos republicanos también. Algunos miembros de la Corte Suprema, como el juez Roberts, su presidente, consciente de la necesidad de mantener la autonomía de los tribunales, todavía están luchando. Estamos en una especie de momento liminal, donde muchas cosas diferentes podrían suceder. Es muy difícil predecir la dirección del proceso político.
P. ¿Cuáles son las políticas más efectivas para abordar la desigualdad en un país como Estados Unidos, y cuál de los dos candidatos, Trump y Harris, está mejor equipado para implementarlas?
R. No estoy seguro de que ninguno de ellos tenga una política muy efectiva para lidiar con la desigualdad. No veo ningún tipo de impulso político real hacia la redistribución. Ya sabes, hay una larga historia de oposición a la redistribución del ingreso en Estados Unidos. Biden ha enfatizado mucho la política industrial, tratando de recuperar la industria manufacturera. Es una buena idea porque la mayoría de la gente aquí quiere trabajos, oportunidades de empleo, no redistribución del ingreso. Sin embargo, no sé si esa política puede abordar el problema en la escala necesaria. Parece ser una gota en el océano. Biden ha hecho una inversión masiva en infraestructura, por ejemplo. Eso es bueno. Pero toma mucho tiempo cambiar la desigualdad. Nadie tiene ningún tipo de políticas para fortalecer el movimiento laboral, por ejemplo. O para cambiar la distribución del poder dentro del sector corporativo. Tampoco creo que Trump tenga una política coherente sobre nada.
P. ¿Cuáles serían las dos o tres cosas que haría para lidiar con la desigualdad de manera más efectiva en los próximos años?
R. Lo que tendría el mayor impacto más rápido, sería cambiar la legislación del mercado laboral y tratar de cambiar esta cultura de reducción agresiva de salarios con paquetes de compensación corporativa excesivos que surgió en los años ochenta en este país. Eso algo que podrías abordar rápido. En los años treinta, bajo Roosevelt, se movieron velozmente en temas como ese. Si hay apoyo político para hacer que sea aprobado en el Congreso, no lo sé, pero algo así podría tener tracción. El sistema fiscal podría también ser importante. En países con niveles mucho más bajos de desigualdad, como Suecia o Alemania, en Europaoccidental, el sistema tributario y la redistribución fiscal son importantes, pero es la desigualdad pre-impuestos la que es dramáticamente menor. Por eso creo que tratar de cambiar la forma en que funciona el mercado laboral tendría más impacto y sería más rápido de hacer.
P. Mirando el panorama electoral actual, ¿qué riesgos y oportunidades ve en las candidaturas de Trump y Harris con respecto a la sostenibilidad de las instituciones inclusivas que han caracterizado a Estados Unidos?
R. El desafío más obvio en estas elecciones es para la democracia. Trump perdió la última elección, pero todavía está diciendo que ganó y muchos políticos republicanos también lo dicen, aunque la evidencia de que perdió es tan abrumadora que no vale la pena discutirla. Ellos están negando la característica fundamental de la democracia. Trump nunca va a admitir que perdió. Y eso va a seguir causando problemas, porque puede llevar a la violencia, como ya sucedió en pequeña escala el 6 de enero de 2021. El potencial de una escalada violenta es muy grande.
P. Si tuviera a Kamala Harrisfrente a ti ahora mismo, ¿qué consejo le daría para fomentar el desarrollo de Estados Unidos?
R. Una cosa es fomentar el desarrollo de Estados Unidos. Otra, más urgente, es cambiar esta política venenosa que ha surgido. Para eso, hay que priorizar la reconexión con la clase trabajadora estadounidense, con los MAGA, que han apoyado a Trump. Es interesante, no lo entiendo completamente, pero es obvio que Trump percibió los agravios ignorados por las élites políticas tradicionales. Los demócratas deberían dejar de perder el tiempo perdonando deudas estudiantiles y reconectarse con esta base trabajadora que solía ser demócrata. Deben acercarse y entender lo que esa gente quiere, porque esa falta de conexión está destruyendo al país.
P. ¿Qué hace que la clase trabajadora marginada apoye tan fuertemente a Trump? ¿Qué ven en él?
R. Creo que él les proporcionó una interpretación de sus problemas. Es incorrecta, pero no completamente. Su postura agresiva contra China y el comercio internacional explica parte de la dislocación en la vida laboral de la gente, y su ataque contra los oligarcas y élites de la costa este, aunque él mismo pertenezca a ese grupo, señala élites verdaderamente desconectadas. Recuerda el comentario de Hillary Clinton sobre los “deplorables”.
Clinton: Trump supporters in 'basket of deplorables...
P. Por último, si pudiera aconsejar a Trump, ¿qué le recomendarías para mantener a Estados Unidos próspero, inclusivo y competitivo?
R. Debería recordar que Estados Unidos fue construido por inmigrantes. Ha prosperado porque se convirtió en refugio para personas de todo el mundo, absorbiendo talento y capacidad global. Abrió sus puertas a quienes sufrieron la hambruna irlandesa, conflictos y violencia. Creó algo único en la historia mundial: mientras hay una identidad étnica inglesa, francesa o alemana, la identidad estadounidense se basa en la lealtad a la Constitución. Eso ha sido crucial. Si lo destruyes, destruyes la esencia del país.