Mostrando entradas con la etiqueta José Antonio Ramos Sucre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Antonio Ramos Sucre. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de junio de 2026

Encendido Ingenio, un encuentro de la Historia y la Poesía cumanesa en homenaje al poeta venezolano José Antonio Ramos Sucre el 22 y 23 de junio próximo

 





🖋️ En Homenaje a José Antonio Ramos Sucre

Continuando con este mes dedicado a honrar a José Antonio Ramos Sucre, extendemos la invitación a una experiencia de inmersión en las raíces históricas y estéticas que forjaron su sensibilidad, con dos invitados especialísimos. Se trata de *"Encendido ingenio: Florecimiento cultural de la Cumaná decimonónica"*, un diálogo profundo a dos voces que se desplegará en dos días consecutivos para explorar el contexto cultural y social del siglo XIX, y principios del XX, en el que germinó la genialidad ramosucreana.



Dos tardes complementarias, dos perspectivas unidas por la palabra y el examen crítico de nuestro pasado:

🗓️ Lunes 22 de junio | 4:00 p.m.

🎙️ Primera voz: "Ambiente creativo" – Conducido por Sonia García, especialista en historia de la literatura.
Una mirada a la atmósfera, las dinámicas sociales y el ingenio que envolvieron a la Cumaná de la época, sentando las bases de una identidad única.

🗓️ Martes 23 de junio | 4:00 p.m.

🎙️ Segunda voz: "Ambiente literario" – Conducido por Ramón Ordaz, escritor, especialista en literatura.
Un recorrido por la efervescencia de las letras, las lecturas compartidas y las corrientes de pensamiento que nutrieron el espíritu de la ciudad y prepararon el terreno para sus más grandes poetas.

Acompáñanos en este díptico reflexivo y rinde tributo con nosotros al entorno que rodeó a nuestro ilustre escritor.




📍 Lugar: Casa Ramos Sucre. Calle Sucre, Nro. 29. Frente a la Iglesia Santa Inés, Cumaná.
🏛️ Organiza: Universidad de Oriente / Casa Ramos Sucre.

Ramón Ordaz


Ramón Ordaz. Escritor venezolano en los géneros de poesía y ensayo. Licenciado en Educación (Mención Castellano y Literatura, Universidad de Oriente). Magister en Literatura Iberoamericana (Universidad de Los Andes). Director-fundador de la revista de Arte y literatura En Ancas (Caracas, 1976-1981, 9 números). Director del periódico Oriente Universitario (Cumaná, Julio de 1981 a noviembre de 1983). Director del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (Cumaná, 1983 al 2000). Director-fundador de la revista Trizas de Papel del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (13 números). Director de la Revista Latinoamericana de Poesía Poda (13 números).




Enlaces relacionados:









sábado, 17 de abril de 2021

EL ALFABETO SIN MI LIBRO: El nervio poético de Alberto Hernández, por Juan Martins




EL ALFABETO SIN MI LIBRO: El nervio poético de Alberto Hernández

**Juan Martins**

**foto: alberto h. cobo**

ME DELIMITO A LA FUERZA de su sinceridad, muestra sus limitaciones, deseos, placeres, andares, cadencias y las hebras necesarias para un lector de poesía —o quiera serlo—, como bien lo dice Alberto Hernández en el título de su libro: El nervio poético. Ser de algún modo la línea de ese nervio: me registro, yo, un autor menor, me limito entonces con Hernández, tratado de sucumbir al desprendimiento de mi ego, buscar aquella sinceridad con la que se nos introduce —a la vez que nos fragmenta— dentro de la ciudad, su urbanidad. Y nos encanta en cada línea de este libro: la belleza nos seduce, pero lo hace desde el ritmo de esta ciudad, desde, también, su nervio que es la ruta de la otredad, por ejemplo, quiero imaginarme dónde se sentaron Ludovico Silva, Rafael Cadenas, Alfredo Silva Estrada o Caupolicán Ovalles (por sólo nombrar entre tantos mencionados) en aquellos bares de «Sabana Grande» que le pertenecen al placer, a la bebida, a la cita del poema que se induce por el sabor del vino, aquel sabor que supo identificar Ludovico Silva, sus amigos, sus poetas. Y la extraviada ciudad de los malditos. Los otros, ese es el ritmo. 

Ludovico Silva. Imagen tomada de El Universal.



Y no es un camino conceptual, es, además, orgánico, sentido o lamentado como lo lamentamos en el poema, a partir del canto, a veces, un canto que se desvanece. Con este libro, camino, me represento en un espacio escénico que es Caracas. La de la poesía y el arte. ¿Es posible registrarlo con detalles? No lo habría hecho yo antes. Sin embargo, nace este libro y Alberto Hernández me toma de la mano y me lo recuerda en el recorrido. Me pulsa con las citas de los poetas o de sus poemas. El poema. Y ello, alrededor de un centro mayor: los poetas Eugenio Montejo y José «Pepe» Barroeta. Sus cuerpos, aquellos que recorrieron el mundo y esta ciudad en desasosiego, son representados en la voz del narrador, éste, que hace del relato el tejido de ese nervio, como tal, la bifurcación del signo y el sentido. Sin embargo, no se destaca aquello académico que ahora es este caminar. Alberto, mejor dicho, su narrador me aprieta la mano, sigue conmigo, me impulsa y me recuerda que no debo soltar aquella pasión por los poetas. La cual se me forma en el sentir de esa ciudad, del detalle y de la lógica de un paisaje interno, suave y otras veces con el ímpetu de la palabra, aquel ritmo necesario de su andar. Y si logro asir este ritmo es por su sinceridad, puesto que

“El pensamiento poético arrastra mucho polvo viejo. Ya las metáforas existían antes de que el mundo apareciera como tal. Una esfera brillante, el ojo del Universo: la mirada de Dios y todos los secretos que guarda aún en estos tiempos de tantísimos libros, unos legibles, otros insoportables, como éste, que no es libro y que es insoportable”. (p. 28).


y también —quiera o no Hernández— muestra el gesto de los poetas, como la antesala para decir de sí mismo que su libro no es un libro por insoportable. ¿Lo será por la desacralización de su voz narradora o la postura casi inocente de quien se somete ante la vida y obra de otros? Todo es posible en esa condición porque el pensamiento poético está por detrás de las palabras, cuando se percibe, en aquella voz del narrador, el éxtasis conceptual que se contiene. A partir de entonces éste nos estimula, alrededor de la misma mesa, a reconocer de esta poética sobre aquellas vidas de los poetas en cuestión quienes figuran, en la trasparencia del discurso, de enlace con la poesía venezolana, pero que se arraiga a la voz del narrador. Y éste, a fin de cuentas, se representa en el propio espacio racional del lector: nos exhibimos para el intercambio poético en cuyo polvo viejo nos envolvemos de la narración hacia la crónica y desde ésta al ensayo. Se sustituye el género por su propio alfabeto, es decir, el discurso se libera de la atadura y se desplaza con el lector, con la memoria, a la vez que construye su realidad: la alteridad de lo real se devuelve al lector con la misma diversidad con la que se interpreta el yo poético de unos y otros: me apropio del verso para introducirlo en un poema para el otro y el canto se unifica en lo que es aquí un ensayo que se nos disuelve en narración: ruptura de la formalidad hasta dejarnos llevar por la misma forma de la escritura que surgirá en el lector, en el alfabeto que se construye. Y es fragmentario por esa modalidad. El ensayo se articula en una narración que procura su prosa poética al mismo tiempo.

Por anticipado, Alberto Hernández explora el riesgo de esa aventura: si el lector busca una novela se hallará con un libro de ensayo y viceversa. La estructura entonces la define su lector. Tal riesgo de la derrota del género se sostiene de su autenticidad: es un libro de ensayo el cual encuentra el camino de la narración. Y cuando lo hace, se representa en su originalidad. Así que poco importa si lo leemos o no como una novela, pero la intención del autor se deja entrever: narrar y hacerlo desde otra articulación del discurso. Sin embargo la silueta de ese «género» se disuelve ante la fragmentación y, con ello, emerge su prosa poética, como si los géneros existentes no fueran suficientes, necesita, además, de su propio formato. Se nos integra como una «sustancia» que penetra al lector. Y es sustancia por la fluidez de ese discurso en cuya formalidad del lenguaje la voz de aquel narrador no aparece de modo conceptual por sí solo, sino que exige de su cadencia, quiero decir que el lenguaje produce el catalizador liberador, siendo capaz de encontrarse en esta prosa narrativa con la que se nos describe el contexto de los poetas hacia el traslado de la poesía venezolana contemporánea: José Antonio Ramos Sucre, Juan Sánchez Peláez, Jesús Sanoja Hernández, Hesnor Rivera, Rafael José Muñoz, Francisco Pérez Perdomo, Luis García Morales, Rafael Cadenas, Juan Calzadilla, Jesús Enrique Guédez, Arnaldo Acosta Bello, Guillermo Sucre, Alfredo Silva Estrada, Villarroel París, José Lira Sosa, Ramón Palomares, Alfredo Chacón, Efraín Hurtado, Teófilo Tortolero, Víctor Valera Mora, Edmundo Aray, Caupolicán Ovalles, Ángel Eduardo Acevedo, Ramón Querales, Miyó Vestrini, Luis Camilo Guevara, Eugenio Montejo, Argenis Daza Guevara, Gustavo Pereira, Luis Alberto Crespo, Hanni Ossott y José (Pepe) Barroeta. Se cruzan con otros, se cruzan generaciones de poetas venezolanos: no falta Harry Almela, recientemente fallecido. Todos acompañan al lector, la memoria también se sostiene con los orígenes: Arturo Rimbaud. Guillermo Apollinaire, Esteban Mallarmé, Swedenborg, Paul Éluard, Valéry, Ungaretti, Allen Ginsberg y Fernando Pessoa o mejor Ricardo Reis, compitiendo con el Libro del desasosiego de su otro heterónimo llamado Bernardo Soares. Tratando de atrapar con este desdoblamiento a Eugenio Montejo. Atraparlo significa saber razonar con la alteridad y cómo hacer de ella una crónica simbólica de amor y poesía. También de rechazos porque la aventura no es ingenua, requiere del dato preciso, el registro de esa memoria impecable con el discurso y dispuesto al placer del lector al mismo tiempo. Con todo, aparecen los duendes, fantasmas y ángeles que nos humedecen el verbo con su sustancia:

“Pensé que era uno de esos sujetos creados por Montejo, como yo, pero no. No era uno de nosotros. Me pidió un vaso de agua y se lo di solícito porque hablaba un castellano fino, casi inaudible y entrecortado.


En ese momento me di cuenta de que estaba hablando con otro fantasma. Pero no le di mucha importancia a ese hecho. En todo caso, dicen que estoy loco, cuestión que me favorece al momento de contar lo que ahora escribo.

—El poeta de El cielo de esmalte”. (p. 93)

y de sus lectores, cuando entendemos que éste es un nervio que hilvana su nudo y deposita en nosotros el resto de esa «humedad» la cual nos conforta y encaja en nuestra alteridad, en nuestra imagen o nos construimos en esa identidad, puesto que de lo que se trata es de fundar una imagen. Razón por la cual se nos exhibe la narración desde ese lindero de la prosa poética y no, en cambio, de la descripción, de la técnica narrativa a la que estamos acostumbrados. Aquí hay una ruptura con la técnica narrativa y nos promueve esta manera diferente de escribir una novela: fragmentada y simbólica. Pero es algo más: postura ante el arte, con el que se pretende reunir vida y obra, vida y poesía, como si Alberto Hernández (¿el narrador?) quisiera expresar de su cotidianidad la importancia de ese gesto al reconciliarse con el homenaje: el poema es una instancia del cuerpo porque en él es donde se «vacía» la poesía. Eugenio Montejo y «Pepe» Barroeta serán la transparencia ante el lector como mecanismo del yo poético por relevarse y descubrir sus duplicidades, el portal de esa otredad hecha verso, canción y poema de cada poeta, también, la fragmentación del otro que se transfiere, a un tiempo de la narración, a los yoes de sus poetas: el espejo abierto de tantos fragmentos como verso aparecido en medio de esta crónica que se me hace novela. Es fragmentario en tanto a la articulación del discurso, pero unido en esa posible hermenéutica que Alberto Hernández ejerce de la literatura venezolana. En ese nervio constituyente aparecen sus movimientos, grupos y revistas literarias: Grupo Viernes, Sardio y Tabla Redonda, El Techo de la Ballena, La República del Este, la Revista Poesía, otras cosas. Todos los poetas y el mundo. Y este mundo es del tamaño de la República del Este. Si entendemos que es donde se reúnen los poetas es el patio de lo dionisiaco, el respiro de una ciudad, el desasosiego de un país. Cuando abro este libro me huele a eso: alegría, vino, tertulia, canto y poesía sobre las calles de Caracas. Y ninguna calle de Caracas está sola, viene llena de todo paisaje venezolano, aun por simbólico que lo sea, todo, estará metido en el verso de Eugenio Montejo y José «Pepe» Barroeta y éstos en todo: Sabana Grande también es Mérida, su bienal literaria, lo que queda de tanto increpar al país, este lado desdeñado en su recóndita memoria: la poesía.

El tratamiento de la vida de estos poetas, cómo esta acción donde funciona un movimiento muy particular: la vida de aquéllos y ese mismo gesto se hace poema en el lector. Un libro sobre escritores y los escritores de muchos libros. Es allí donde funciona lo novelado y lo encantatorio del libro: envolvernos en el rincón íntimo de Hernández, pero que se expande a todos los lectores. Y mis referentes literarios quedan exhaustos. Estoy solo. Regreso a este libro. Necesito una segunda lectura. Yo en el desasosiego. Separo entonces mi ignorancia. Y las estructuras de análisis quedarán a un lado para llenarme de la poesía de Alberto Hernández, ésta, que es la acción narrativa de los poetas mencionados. La otra opción será volver a leer el libro para adentrarme a ese ritmo de su fuerza poética. Acá la poesía se «piensa», en tanto se hace orgánica en esa relación entre poeta y lector.

No seré el mismo lector. Necesitaré de la poesía venezolana.

(1)El nervio poético. Alberto Hernández Premio XVII Anual Transgenérico 2017 de la Fundación para la Cultura Urbana. Edición Nº 14. Caracas, 2018.

*******

Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 
*******
Juan Martins. Imagen tomada de Letralia.

Juan Martins Poeta y dramaturgo, crítico teatral y escritor. Editor. Magíster en Literatura Latinoamericana. UPEL, Maracay. Recibió por su pieza «Duchamp, 11:45» Mención de honor como Finalista en el «V Premio El espectáculo Teatral», 2011. En el 2008 Primer Premio en el «XVI Concurso Nacional de Literatura IPASME», con Saldré de tu piel de cuero. «Premio Bienal de Literatura Augusto Padrón», 2004, género dramaturgia con Caperucita ríe a medianoche, otorgado por la Alcaldía de Maracay. Premio Nacional «Miguel Ramón Utrera». 2008, mención dramaturgia con Caramelo de nueva york*. Premio mayor de las artes, mención dramaturgia. Conac: 2004 con la pieza Dollwrist. También en anterior edición finalista en el concurso «El Espectáculo Teatral», España. 2006 y, más tarde, seleccionada para el «Festheve», 2008. París, con La Tarde de la iguana (Voix off), traducida al francés y representada en su lectura dramatizada para dicho evento. Finalista: recibido de la Cátedra iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE) y su Concurso Internacional de Microficción «Garzón Céspedes», uno de los Premios extraordinarios en la categoría de monólogo teatral hiperbreve: Sara bajo Lágrima en el mes de Noviembre de 2007. Ha publicado Poética para el actor (2000) y Cartas del corazón para Edith Piaf y otras piezas (2002) en la editorial «The Latino Press» de Nueva York. Entre otros reconocimientos y premios acá señalados.«Ese animal que engaña mi vientre» con «Ediciones Presagios», México, 2012. En reciente edición de «Ediciones Estival» dos libros de ensayos: «Él es Vila-Matas, no soy Bartleby» y «El delirio del sentido, desde una poética del dolor y otros ensayos» seguidamente. Venezuela, 2014. Ahora en imprenta por la misma editorial dos más de sus libros: «Novelas son nombres» «De qué hablo cuando hablo de Murakami» para el año 2016 respectivamente. En proyecto otras ediciones. Recién obtuvo el Premio «III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar».

Tomada de  LikedIn

Su más recientes libros que podrás leer desde Issuu:




Teatro

Duchamp, 11:45 (fragmento)

Caperucita ríe a medianoche (escena primera)

Dollwrist (capítulo primero, escena primera)

Poesía

Ese animal que engaña mi vientre

Suele vestir de sombra

Soy una herida que se deja atenuar

Deseos de casa

Ensayo

‘Ocaso’ de Edilio Peña

La literatura-idea

Felisberto Hernández: el doble del cuerpo

Crítica teatral

El Juguete inexorable

Principito. «El musical»

Reseña

«El simio albino» de Edilio Peña



https://dramaturgia.wordpress.com/biografia/


https://eldienteroto.org/wp49/juan-martins-2/


Enlaces relacionados:

Juan Martins (1960 - 2026), teatrista venezolano a Rafael Ortega : En Maracay, para que tus piezas no se queden engavetadas, tienes que montarlas con tus propios recursos







01/09/2026



martes, 18 de septiembre de 2018

José Antonio Ramos Sucre a José Nucete Sardi: Dile a Pedro Sotillo que se equivoca al calificarme de misógino.



José Antonio Ramos Sucre (Cumaná, 9 de junio de 1890-Ginebra, Suiza, 13 de junio de 1930)


Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes esta breve carta que el  escritor José Antonio Ramos Sucre le escribió a José Nucete Sardi. Nos excusamos por no poder colocar fotografías de Sotillo y Sardi más jóvenes.


*******


Dile a Pedro Sotillo que se equivoca al calificarme de misógino. Carta de  José Antonio Ramos Sucre a José Nucete Sardi.



Caracas-Hamburgo, 7 enero de 1930.*


Caracas.

Mi querido Nucete:

Mándame nuevamente tu libro. El que me regalaste, a la hora de mi viaje, debió quedarse en el Ministerio. De aquí habrá pasado a una venta de libros usados. Así lo sospecho.

Mándame tu libro al Consulado General de Venezuela, casa del incomparable Rafael Paredes. Con él te he recordado mucho.

Estoy en casa de Mühlens y espero curarme del intestino, autor de mi derrumbamiento. Los insomnios, de una tenacidad inverosímil, amenazan de cerca mis facultades mentales.

 Pedro Sotillo (1902–1977), sin fecha, en Obras, ediciones La casa de Bello, p. III.
 Imagen tomada de Dilatar la pupila


Dale las gracias a Pedro Sotillo por sus notas generosas acerca de mi labor y adviértele que se equivoca al calificarme de misógino. Yo soy para cada mujer un hermano y ninguna puede acusarme de negligente en su servicio, mucho menos de cruel. Los aforismos son disparos al aire.

Yo escribiré a todos los compañeros por lo menos una vez. Ahora trato de resistir el tratamiento. El sistema nervioso es un escombro.

Consérvate bien y acepta la amistad de José Antonio Ramos Sucre

¿Cómo está la niñita?


José Nucete Sardi 

 (Mérida , Venezuela, 4 de agosto de 1897 - Caracas, Venezuela, 12 de noviembre de 1972). Imagen tomada de Lampos Merideños

*******

*Los Aires del Presagio. 2? edición. Monte Avila, Editores, 1976.
(Copia enviada por José Nucete Sardi al compilador en abril de 1961).


18-06-2026


jueves, 2 de junio de 2011

La Poesía es una urdidumbre tejida con la arena de la diversidad y nos oponemos a la homologación poética imperante que usando al marketing pretende hacer de la poesía algo tan vendible como un detergente

«Carta abierta en defensa de la pluralidad y convivencia de poéticas»





José Antonio Ramos Sucre.



«Carta abierta en defensa de la pluralidad y convivencia de poéticas»<br /> <br /> Una denuncia frente al marketing que hace de la poesía algo tan vendible como un detergente



Firmada por más de 200 personas, alerta de los efectos perniciosos del marketing sobre la poesía y señala la pluralidad como alternativa necesaria






Un grupo de poetas, críticos y lectores españoles y latinoamericanos ha hecho recientemente pública una «Carta abierta en defensa de la pluralidad y convivencia de poéticas», con la que se pretende defender la libertad y pluralidad de las poéticas que se hacen en nuestro idioma, así como frenar en cierta medida los efectos nocivos del mercantilismo en la poesía. Con más de 200 firmantes en el momento de su publicación, la Carta expresa el descontento que se respira en un ámbito de creación sometido a los maniqueísmos simplificadores del mercado. 

 

Por Ilyana Rubio. 

 

 

Cansados de los maniqueísmos simplificadores que tanto daño han hecho y están haciendo a la poesía que se escribe en España y Latinoamérica, un grupo de lectores, críticos y poetas han redactado una «Carta abierta en defensa de la pluralidad y convivencia de poéticas» que se desarrollan en nuestro idioma. 

 

En ella, se reivindica una concepción amplia, inclusiva y plural de la escritura poética, así como una actitud de exigencia moral y apertura intelectual que esté a la altura de las herencias, cuestiones y búsquedas actuales, y que permita reinventar y re-imaginar el futuro individual y colectivo, al margen de las leyes mercantilistas que imponen su particular dictadura a una labor, la labor poética, que debería ser independiente. 

 

Contexto en que surge

 
En España, el mercado ha invadido el espacio de la poesía, imponiendo a ésta sus leyes: La búsqueda de ganancias por encima de todas las cosas ha hecho que diversos actores del mercado editorial desplieguen numerosas estrategias de marketing, entre las que pueden contarse desde la invención de poéticas banales hasta la fabricación de impostadas antologías. Todas estas estrategias se han destinado a la captación de “lectores homologados”, dentro de supuestos sectores de recepción.

Pero el mercantilismo de la poesía en España no ha tenido efecto sólo en el mundo editorial, sino también en el ámbito de lo público, concretamente, en el de los premios de poesía pagados con fondos públicos, tal y como ya denunciaron en 2007 un grupo de poetas, en carta enviada entonces al Ministro de cultura español: “Dado que su Ministerio está impulsando la necesaria reforma democrática de los medios artísticos y culturales de titularidad pública, mediante la aplicación de un Código de Buenas Prácticas, los abajo firmantes le pedimos que haga extensiva esta iniciativa a los ámbitos literarios de nuestro país que, directa o indirectamente, son de titularidad o financiación pública, y sobre los que se ha ido extendiendo poco a poco, mediante el consentimiento pasivo o cómplice, una serie de conductas que no pueden ser calificadas más que como corrupción, en la medida en que el dinero público acaba utilizándose para beneficio de unos pocos o desviándose hacia manos privadas sin posibilidad de control legal ni democrático alguno”.

En definitiva, la devoradora y aparentemente infinita espiral del marketing está golpeando a la poesía desde distintos frentes, haciendo de ella un “objeto de consumo” tan “vendible” como el detergente o los automóviles. 

 

A modo de denuncia


En este contexto, los firmantes de la «Carta abierta en defensa de la pluralidad y convivencia de poéticas» pretenden, por un lado, denunciar uno de los efectos del mercantilismo sobre la poesía.

En concreto, quieren denunciar el peligro que entraña el mercado para las poéticas ricas y diversas que se hacen, practican y desarrollan en español en el momento actual: el potencial empobrecimiento de la poesía en general (de la que se escribe y de la que se publica), derivado del encumbramiento de fórmulas poéticas preestablecidas y más “asequibles” o “atractivas” para un supuesto lector “pasivo”, del que el mercado parece esperar que se acerque a la poesía sin espíritu crítico alguno, a modo de individuo consumista y no de vibrante buscador.

Los firmantes consideran, por el contrario, que la diversidad de poéticas es garantía de una riqueza cultural no homologable, reflejo de una sociedad que cuenta con capacidad de arriesgarse para cuestionarse, conocer, desvelar, inventar, etc., en este caso concreto a través del lenguaje y del pensamiento, elementos esenciales de la labor poética. Esta pluralidad no debería diluirse en la confusión y el ruido de las estrategias mercantilistas hacia la poesía. 

 

Como muro de contención



Jenaro Talens afirmaba en el libro "Poesía Hispánica Contemporánea. Ensayos y Poemas" que: “Si el pensamiento no puede captar directamente lo infinito, debe entonces recorrer lo infinito en todas las direcciones”. Llevada esta idea al ámbito de la poesía, para los poetas resulta crucial mantener una libertad de recorrido, en la que formular su tradición y su apuesta, el espacio y camino de su propia voz.

En este sentido, la «Carta abierta en defensa de la pluralidad y convivencia de poéticas» pretende hacer las veces de muro de contención contra la homologación de las poéticas, fomentada por los movimientos y demandas del mercado. Sus firmantes consideran que debe frenarse la erosión de “la pluralidad poética heredada” y que es necesario defender “el trabajo y legado creativo, teórico y vital de muchas poéticas y poetas precedentes”.

Las palabras y la intención de esta Carta se expresan en unos cuantos párrafos y se sostienen mediante firmas. Aspiran a salvaguardar y respaldar los posicionamientos libres de cada poeta, lector o crítico, sin adscripiciones a escuela o tendencia poéticas alguna.

 

 
Safo cantando para Homero – LAFOND. La villa de los papiros



«Carta abierta en defensa de la pluralidad y convivencia de poéticas»

La realidad no es legible de manera evidente. Las ideas y teorías no reflejan sino que traducen la realidad, pudiendo traducirla de manera errónea. Nuestra realidad no es otra cosa que nuestra idea de la realidad. Del mismo modo, importa no ser realista en un sentido trivial (adaptarse a lo inmediato), ni irrealista en el mismo sentido (sustraerse de las coacciones de la realidad); lo que conviene es ser realista en el sentido complejo del término: comprender la incertidumbre de lo real, saber que existe una porción de lo posible aún invisible en lo real.

Edgar Morin.



El lenguaje poético es un patrimonio colectivo. Una urdimbre tejida en la arena de la diversidad. Nuestras tradiciones literarias siempre se han visto atravesadas por múltiples mutaciones que han ayudado a componer y descomponer el ovillado paisaje de la palabra. No en vano la palabra recoge la complejidad genésica de nuestra existencia. Así ha sido en el caso de la lengua española. Las literatura(s) panhispánica(s) (de acá y allá, en diálogo unas veces, aisladas otras) siempre han manifestado en su devenir histórico la riqueza de lo plural, el desborde de lo conectivo. No existe una deriva única de lo poético. Nunca se produjo una voz homogénea para toda nuestra tradición. Las tentativas de encerrar el lenguaje literario dentro de límites inamovibles han dado como resultado estructuras cerradas de pensamiento que trabajan en contra de la propia y esencial condición de la palabra.