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George steiner. Fotografía de GLORIA RODRÍGUEZ
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“Vivía al lado de Einstein y de Oppenheimer, y ahí supe qué eran los gigantes”
En una entrevista realizada en el mismo espacio que comparte el piano de la familia Darwin, el filósofo George Steiner defiende el lugar de quien no teme asumir que para aprender hay que estar dispuesto a fracasar en el intento. De un profesor como cartero de conocimiento entregando cartas que obviamente no ha escrito, postura que le valió la franca disputa con el ego de otros profesores de Cambridge.
En esta jugosa entrevista que se ofrece a continuación, y recuerda más una charla de café absolutamente informal de esas que saltan de un tema a otro, el texto admite un hilo conductor respecto de las inquietudes de Steiner respecto de los misterios de la creación humana, la misma que impulsó diferentes manifestaciones culturales desde la noche de los tiempos y fascinado a viajeros y antropólogos. Recuerda de sus cenas con Henry Moore en la Universidad para referirse a las formas que sabían descubrir sus manos maestras y como excusa para reflexionar sobre cuál es el secreto de una melodía que conmueva o un cuadro que ilumina el corazón. Concluye que sin embargo ni el arte ni la cultura pueden ambos considerarse neutrales o inocentes en sí mismos. “Hay artistas grandes que se unieron al fascismo” algo que le resulta incomprensible.
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| Henry Moore |
Sus palabras lo muestran atento a los cambios perceptuales que introducen las nuevas tecnologías. Admite que la proliferación de imágenes virtuales permite explicar la merma en lectura de la novela clásica. Los grandes maestros contemporáneos escriben de manera breve o con gran proliferación de imágenes textuales, lo que explica el éxito de Harry Potter y le permite augurar que el futuro de la literatura se encuentra en el formato del comic.
Agradezco la amable invitación del blog para que comparta mis impresiones como antropóloga sobre esta jugosa entrevista realizada en el hogar de los Steiner, y los invito a extraer sus propias conclusiones. Personalmente, creo que resulta muy difícil no concordar con este viejito de lucidez envidiable
Vivina Salvetti
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Los niños que leyeron a Harry Potter no leerán después a los grandes clásicos. Y eso es triste. Una entrevista a George Steiner
"Yo intento fracasar mejor"
Juan Cruz
24 AGO 2008
A sus casi ochenta años ha logrado escandalizar a sus colegas con las
experiencias sexuales que relata en su último libro. Una lúcida mirada
de un gran filósofo, crítico literario y ensayista, premio Príncipe de
Asturias en 2001.
George Steiner está a punto de cumplir ochenta años y acaba de publicar Los libros que nunca he escrito
(Siruela), que ha escandalizado en muchos sitios, pero sobre todo en
Inglaterra, en cuya Universidad de Cambridge ha sido un destacadísimo
profesor. A él le divierte el escándalo, porque tiene que ver, imagina,
con la sorpresa que algunos se llevaron cuando observaron que en ese
volumen el profesor Steiner, uno de los grandes filósofos europeos, cuya
edad avanzada queda desmentida por su mente despiertísima, relata
experiencias sexuales muy explícitas (y propias) sin que su pudor le
cortara un pelo. El ensayo que ha sido piedra de escándalo tiene que ver
con el lenguaje, supone una defensa de las lenguas minoritarias,
algunas de las cuales imagina él que deben ser excelentes para practicar
sexo, y comienza de este modo tan contundente: "¿Cómo es la vida sexual
de un sordomudo? ¿Con qué incitaciones y cadencia se masturba? ¿Cómo
experimenta el sordomudo la libido y la consumación?". Claro, la obra no
es sólo eso (y no es sólo ese ensayo), sino que es una inteligente
mirada sobre los asuntos a los que él alguna vez quiso dedicar un libro
(siete, exactamente) y que se le quedaron por el camino. Ése, Los lenguajes de Eros,
precisamente, había sido arrinconado por él entre los miles de papeles
que guarda en la biblioteca donde trabaja, en el jardín de su casa de
Cambridge, ordenada y amplia, donde comparte la vida con su mujer, la
historiadora Zara Steiner, en una atmósfera cuya felicidad se refleja
precisamente en ese libro y hasta en la cocina de la casa a la hora de
celebrar el verano con una copa de jerez, galletas, café y humus.
Ha sido un profesor (y un tutor) codiciadísimo en esta universidad, y
aún llegan alumnos a requerir su asistencia doctoral, y él asume su
edad con el esmero de quien colecciona el tiempo. Pero preserva la
jovialidad de su escritura en sus ojos pícaros y divertidos, y muestra
su exhaustiva erudición (como hace en los libros, "doce, y para qué
más") como si fuera un narrador de historias, sin darte la impresión de
que te apabulla.
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| Javier Marías |
En el rato ese que hubo tras la entrevista, en la cocina, hablamos de
todo, y él nos preguntó a nosotros: por la situación en España, por el
paro, que le parece la amenaza más grande del futuro, por Javier Marías
(a quien considera uno de los grandes escritores de Europa, "y además me
honró haciéndome parte de su Reino de Redonda"), por Europa
En algún
momento salieron a relucir las artes, que si la poesía es más grande que
la narrativa, o la pintura, etcétera, y entonces se levantó de la silla
de madera, ensayó algunos movimientos de su mano izquierda, como si
dirigiera música, y exclamó: "¡La melodía! ¡Nada hay más perfecto que la
melodía! Tú escuchas a Schubert y ahí está el misterio, no hay más". Y
en algún momento, en medio del brindis que hubo después de la
entrevista, Steiner dijo: "En todas las casas hay un pequeño tesoro". Y
se fue. Regresó con una pequeña tarjeta en la mano y la depositó en la
encimera. Era la tarjeta que el doctor Freud y su esposa enviaron a sus
padres ("Con los mejores deseos", en alemán) cuando éstos contrajeron
matrimonio en Viena, el 3 de abril de 1921
Y allí donde hablamos,
silencioso, el piano que fue de Darwin. Te lo enseña como si te mostrara
un sueño, y luego te guiña un ojo, "vamos a tomar jerez". Durante la
entrevista, cuando le insistimos sobre el dolor histórico (es hijo de la
diáspora judía, sus padres padecieron la guerra mundial y la
persecución nazi, él es consecuencia de la gravedad política de la
época, y también de la nutritiva cultura de entreguerras), Steiner dejó
claro que ese asunto ya estaba dicho, liquidado, y cuando pasó la hora,
su reloj mental, el del profesor estricto que además no usa cronómetro,
levantó el dedo y dijo, tajante: "Se cumplió la hora".
F. Schubert - Serenade
Pero si subrayamos esos dos detalles de la larga conversación
estaríamos manipulando ese rato, que fue cordial y hondo, una
conversación en la que este premio Príncipe de Asturias de la
Comunicación se comportó como si fuera en efecto, y él lo dice, el
cartero de un conocimiento y de una disputa intelectual que tiene pocos
parangones en Europa. Y no te arroja ese conocimiento, lo comparte. Esa
actitud es lo que hace de este ensayo de ensayos, Los libros que nunca he escrito (editado también en catalán por Arcadia: Els llibres que no he escrit),
una obra que parece la caja negra de su pensamiento, y de sus
diversiones. Como él, es divertido y hondo, extraño, como la
prolongación de su autobiografía, Errata, y como el anuncio de
más polémicas que prolonguen su idea sobre Europa, sobre la crítica
literaria, sobre el terrorismo, sobre el Estado de Israel y sobre los
judíos. Este hombre es como un río que además se ríe. Y se ríe sobre
todo por lo que ha escandalizado a sus colegas, y no sólo, con este
libro.
Así que se han escandalizado
Sí, muchos.
Nunca se ha preguntado nadie cómo es la vida sexual de un sordomudo. Lo
han hecho acerca de la de los ciegos, pero jamás sobre la de los
sordomudos.
Una pregunta inquietante.
Porque las
preguntas importantes muchas veces son inquietantes. Hay un comentario
bellamente desagradable de Heidegger sobre por qué la ciencia resulta
tan aburrida. Él dijo que era porque sólo tiene respuestas.
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| Martin Heidegger, circa 1920 |
Había una pintada en Ecuador que decía: "Cuando por fin teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas".
Es verdad. Pero las preguntas pueden ser inquietantes, y las preguntas
en torno a lo erótico lo son. Aún no tengo ninguna teoría, pero quisiera
que este ensayo sirviera en un futuro a psicólogos, sociolingüistas y
gente preparada para que comenzaran a estudiar estos asuntos o por lo
menos a seguir preguntándose sobre ello.
Pero lo que usted ha escrito no es sólo un ensayo; es algo más autobiográfico.
A mí me gusta llamarlo ficciones. Borges consideraba que las ficciones eran verdades. Pero también son verdades imaginarias.
Al leer este ensayo en particular, 'Los lenguajes de
Eros', uno podría pensar que usted no tiene ningún pudor, ningún miedo a
las posibles consecuencias.
¡Por eso no escribí el libro,
ja, ja! Escribí un ensayo, siete ensayos en lugar de siete libros.
Estoy a punto de cumplir los ochenta años, y como no estoy para escribir
siete libros, escribí ensayos sobre lo que me hubiera gustado escribir y
por qué no lo hice. La mejor definición de la vida la hizo Samuel Beckett: "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor".
Yo quise fracasar mejor, y es lo que intento decir con este libro.
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| Samuel Beckett |
Esa frase de Beckett la usa usted en un contexto en el que habla sobre la tristeza y el pesimismo.
La tristeza y el pesimismo
, sí. ¿Sabe por qué soy tan poco popular
entre mis colegas académicos? Hay una razón muy sencilla. Siendo joven
ya dije que había una diferencia abismal entre el creador y el profesor,
o editor, o crítico. Y a los colegas no les gusta escucharlo. El
capítulo más difícil de escribir en este libro, Envidia, es
precisamente sobre esa relación con los profesores. Fue una pesadilla
escribirlo. Sudé en cada frase. ¿Cómo se siente uno al vivir rodeado de
los grandes sin serlo? Fui el miembro más joven de la Universidad de
Princeton, ahí vivía al lado de Einstein y de Oppenheimer, y ahí supe
qué eran los gigantes. Fíjese en ese pequeño retrato que hay ahí [un
retrato dibujado de él en su juventud; debajo pone, en italiano, Il postino,
el cartero]. Yo quiero ser el cartero, quiero que me llamen El Cartero,
como ese personaje maravilloso en la película sobre Pablo Neruda. Es un
trabajo muy hermoso ser profesor, ser el que entrega las cartas, aunque
no las escriba. Mis colegas detestan escuchar eso. ¡La vanidad de los
académicos es enorme! Derrida dijo que toda la literatura, hasta la más
grande, es un mero pretexto. ¡Al infierno con Derrida! Shakespeare no es
un pretexto, Beckett no es un pretexto, no lo es Neruda, no lo es
Lorca
Se enfada usted con Derrida.
Lo del
pretexto es un chiste de mal gusto. Somos los carteros y somos
importantes. Los escritores nos necesitan para llegar a su público. Es
una función muy importante, pero no es lo mismo que crear.





