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lunes, 15 de marzo de 2021

EL SENET, EL ANTIGUO JUEGO EGIPCIO, PRECURSOR DEL BACKGAMMON: Cobraría sentido gracias al Libro de los Muertos



El antiguo tablero de juego que explicaría el sentido del Libro de los Muertos de Egipto. (CC/Wikimedia Commons)





Durante un periodo de más de 400 años, se pierde señales del senet: ahora, un tablero perdido podría explicar cómo se convirtió en un verdadero símbolo religioso


El senet está considerado como uno de los juegos de mesa más antiguos del mundo. Las primeras referencias que se tienen sobre él datan del año 2650 a. C. para, posteriormente, haberse encontrado referencias al respecto en escritos e, incluso, en tumbas de grandes personalidades. Pero ahora podría haberse descubierto su verdadero sentido: podría haber sido un simple divertimento del Antiguo Egipto hasta convertirse en un símbolo religioso.
De hecho, el senet está considerado como el precursor del backgammon, pues el objetivo era conseguir sacar las fichas del tablero antes que el rival, haciendo avanzar tus piezas, al mismo tiempo que se podían bloquear o capturar las del otro jugador. Es cierto que las reglas no han llegado a nuestros días, pues seguramente era tan popular que todo el mundo sabía jugar y no era necesario dejar referencia por escrito... pero el juego cambió.

Se trata de una tabla de 30 casillas, divididas en tres filas de diez. Para contar cuántas casillas se avanzaba, se tiraban cuatro tablillas, lisas por un lado y dibujadas por otra, avanzando tantos espacios como dibujos cayeran boca arriba... salvo si salían todas en esa posición, momento en el que se avanzaba seis posiciones (es decir, el único número que no existía era el cinco). Pero en los cuadrados del 26 al 29, comenzaron a dibujarse una serie de símbolos.
En un momento determinado, esas posiciones pasaron de ser simples elementos del juego (retroceder casillas, perder turnos...) a tener un simbolismo religioso: en un momento determinado pasaron a representar sentimientos o, incluso, a determinados dioses. ¿Qué significaba? Muy sencillo, no era más que una representación del Libro de los Muertos, por lo que el senet pasó a representar el viaje del alma desde el mundo de los vivos hasta la otra vida.
A pesar de que este juego está bastante documentado, existe un pequeño vacío entre el 2613 y el 2181 a.C, un periodo de unos 400 años en los que se desconoce qué pasó para que cambiara la orientación del juego. Pero un tablero conservado en el Museo Egipcio de San José (California, EEUU) puede tener la respuesta: podría confirmar cómo cambió de simbolismo para convertirse en un objeto religioso. Esta tablilla podría confirmar su transición.

Pintura encontrada en el enterramiento de Nefertari. (CC/Wikimedia Commons)

Y es que en ella se puede ver no solo cómo cambiaron los objetos decorativos, sino que también se demuestra que cambia la orientación del juego: de hecho, en lugar de jugarse de arriba a abajo y de derecha a izquierda, pasó a ser utilizado de abajo a arriba y de izquierda a derechaSegún explica Walter Crist en un estudio publicado en el Journal of Egyptian Archaeology, podría ser la confirmación de cómo el humano 'jugaba' contra las deidades para saber lo que le esperaba en la otra vida.
El Libro de los Muertos, el texto funerario más famoso del Antiguo Egipcio destinado a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, recoge varias referencias al juego, cuya importancia se confirma con los tableros encontrados en tumbas de la más absoluta relevancia, como los dibujos en el enterramiento de Nefertari o los cuatro juegos hallados junto a Tutankhamon. Y el tablero de San José podría tener la respuesta para comprender cómo se convirtió en un elemento religioso.


Tomado de El Confidencial








jueves, 25 de octubre de 2018

Carlos Yusti y El libro como juego en Ludonotas






El libro como juego 

Carlos Yusti 


El libro de artista no es un libro, pero tampoco es una obra de arte en sí. Es más bien un producto híbrido que se apoya en el formato del libro para producir una obra autónoma. Isabelle Jamison ha escrito que “en la historia del arte, el libro de artista se inscribe en una larga tradición vinculada al embellecimiento de los volúmenes. La parte artística del libro se supeditó en primer lugar al texto, teniendo una función puramente decorativa en las coloraciones practicadas por los monjes de la Edad Media. Las letras floridas y los bordes decorados tenían entonces por solo objetivo adornar el documento. Con el Renacimiento y más tarde en el Siglo de las Luces, el libro “de artista” adoptó una función ilustrativa. Fue el principio de la ilustración de arte en los libros, así como el de una larga colaboración entre estos dos medios, especialmente por lo que se refiere a los libros de carácter
religioso, extendiéndose luego, al conjunto de los documentos, algunos siglos después. En consecuencia, el matrimonio del libro y del arte dió lugar a un nuevo género:
el libro de artista”.

En lo particular me interesa el libro de artista por su sentido de juego interactivo tanto cuando se crea, así como cuando cualquiera lo manipula. Respondiendo a este espíritu de objeto sorpresivo he creado un buen número de libros que causen asombro, que arranquen una sonrisa y despierten el
interés tanto por el arte como por el libro. Para crearlos he utilizado material reciclado como cartón, periódicos, revistas viejas, libros descatalogados y papeles usados. Y pueden venir en los envases más inusitados, también reciclados, como botellas, envases plásticos, bolsas de papel, cajas de cartón, cintas de VHS, disquete, etc.



La diferencia entre un libro convencional y un libro de artista es que este último no busca ofrecer enseñanza alguna y más bien trata de que quien lo manipula pueda jugar, entretenerse con su diseño, a veces absurdo, y que sobre todo
quiera convertirse a su vez en diseñador y hacedor de su propio libro de artista.

Los libros de artista que he confeccionado buscan de algún modo apegarse al formato libro: tienen páginas, ilustraciones, letras, palabras, a veces lomo, etc.; pero sobre todo tiene el juego suficiente donde lo textual y lo visual se yuxtaponen para ofrecer un pequeño microcosmo estético o como escribe Sylvie Alix: “el libro de artista es en sí un espacio privilegiado, un pequeño museo donde se invita íntimamente al lector- espectador a leer lo visual y a observar lo textual”.

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Carlos Yusti es pintor y escritor. Ha publicado algunos libros sobre arte y literatura. Este texto pertenece a su charla con el alumnado de la Escuela Wencelao Monserrate como eje motivante para la creación de la Ludoteca en dicha institución educativa.



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Enlace Relacionado:

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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal

 Tomado de Letralia





domingo, 21 de octubre de 2018

Ludoteca en Valores








Ana María Marín/Carlos Yusti


He logrado ser medianamente  mejor gente debido a dos cosas, y de las cuales no tuve noción en su momento. Una fue que durante mi infancia, a pesar de haberme criado en el Barrio Bello Monte 2 (de la zona sur de la ciudad de Valencia), jugué mucho. Primero solo, mis otras tres hermanas no compartían muchos juegos conmigo, y después con otros niños del barrio. Realizo un vistazo retrospectivo de mi niñez y siempre me veo jugando con carritos, un fuerte de vaqueros de madera con sus apaches y vaqueros. Estoy allí en las calles del barrio jugando metras o volando papagayos con Tijo, Chiquito, Toño, Oswaldo. O jugando pin-pong con una mesa improvisada con el catire, con Humberto. Si no jugando ajedrez con Barquisimeto.

Lo otro fue que durante la adolescencia leí a mis anchas tumbado en el sofá de la sala. En ese tiempo devoré todos los suplementos posibles, todas las novelitas vaqueras y todos los clásicos como Balzac, Sthendal, Proust, Quevedo, Calderón de la Barca, Gide, Wilde. Juego y lectura fueron los componentes esenciales para mi formación.

Todo este bagaje de lectura y juego me ha permitido embarcarme con otros soñadores (la gente de la asociación civil TEPUI (https://tepui.ch/) , en la creación de LUDOTECAS en las escuelas. Con un país tan desmantelado como el nuestro hoy en día, embarcarse en semejante empresa es más bien una locura. No obstante con sus contratiempos de rigor se avanza.

¿Cuál es la importancia del juego?

El juego, sin espíritu de competencia o ganancia, no tiene un producto final, es si se quiere una actividad que sirve para algunas importantes cuestiones, ya que motoriza una serie de actitudes vitales que transforman al individuo que juega. El juego conlleva una sensación de exploración y descubrimiento y viene a ser una especie de “ensayo para la vida” ya que permite la resolución de posibles situaciones problemáticas, lo que produce en el jugador subrayados y significativos cambios personales. El juego activa y edifica las relaciones humanas. Jugando, las personas intercambian estímulos sin prejuicios ni ataduras y se preparan para encarar aquellas situaciones esenciales que le van a permitir delinear su propia identidad. Y algo que parece puntual es que el juego ayuda al jugador a darle importancia a
sus propios errores o fracasos, y  esto de alguna manera endurece su resistencia a la frustración.





 ¿Por qué una ludoteca?

Educar no es instrucción (aprender matemáticas, castellano, etc.), sino introyectar y fortalecer valores como la honestidad, la responsabilidad, el respeto, la tolerancia. La ludoteca puede ser el epicentro ideal para el fortalecimiento de valores tan dejados al margen en estos globales días.

La ventaja de la ludoteca es que refuerza el trabajo colectivo, cuando un padre compra un juguete a su hijo, el niño es su dueño y puede romperlo, destruirlo, compartirlo etc., queda a criterio del niño y al equilibrio que puedan tener sus padres; mientras que en la ludoteca los juguetes son colectivos, son de todos y no tienen dueños, pero lo pueden disfrutar a sus anchas y por lo tanto  deben cuidarlo, mantenerlo y devolver en buen estado como se lo entregaron y con todas sus piezas. Esto permite reforzar la honestidad el niño no se lleva el juego aunque le guste y lo desee, lo comparte y lo disfruta, es responsable porque responde por lo que le entregaron, sin darse cuenta está aprendiendo a ser responsable, honesto, a ser solidario a ser tolerante, en fin a ser ciudadano.

Aparte de introyectar valores tratamos de convertir los libros y la lectura en juegos inesperados a través del Libro de artista, la pesca del cuento, la cadena del ¿quién soy?. Que la lectura también sea una experiencia creativa y placentera.

Otra innovación que buscamos con estas ludotecas es que el niño o niña pueda llevarse el juguete a la casa. Que los padres, familiares y vecinos del niño o la niña compartan el juguete y luego cuente a sus otros compañeros la odisea del juguete en la casa y en la comunidad. Con esto aparte de reforzar el valor de la responsabilidad, la honestidad y la solidaridad, queremos que los padres se conviertan en Ludotecarios familiares y que los vecinos se conviertan en Ludotecarios comunitarios.


Lo que sostenemos no es utopía ni palabrería barata, ya que hemos visto crecer los niños espiritualmente en la escuela Yocoima donde tiene un año funcionando una LUDOTECA, ya iniciamos el proceso para instalar otra Ludoteca en Castillito.  Ya que creemos que como sociedad nos ha costado introyectar los valores de la responsabilidad y la honestidad, por esos hay que trabajarlo fehacientemente con los niños para tener una mejor sociedad. Predicar con el ejemplo es parte del reto.




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ANA MARÍA MARÍN


Sociólogo egresada de la Universidad de Oriente, con estudios en Orientación sexual. Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y adolescente, con dos diplomados en derecho de Familia, parte Civil y Penal. y otras áreas vinculadas con la conciliación, la orientación y la paz. Se ha desempeñado como:   DELEGADO DE PRUEBA del Ministerio de Justicia tratamiento a Delincuentes Primarios. Directora de Cultura de la Municipalidad de Caroní, Jefe del programa JUSTICIA DE PAZ, Atención Social en ALMACARONI, Consejera de Protección de Niños Niñas y Adolescente, Orientador en dos instituciones Públicas y privadas.  


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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal

 Tomado de Letralia



jueves, 21 de junio de 2018

Alejandro Finisterre, poeta, editor, anarquista e inventor del metegol o futbolito de mesa.







Estimados Liponautas




Hace pocos días dio inicio el mundial Rusia 2018 asi que nos parece pertinente compartir con ustedes este texto encontrado en la red.

Esperamos lo disfruten.



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Alejandro Finisterre, el poeta anarquista que inventó el metegol o futbolito de mesa. 



Alejandro Finisterre, inventor del metegol, el inspirado poeta anarquista que nos permite ser niños para siempre.


FABIÁN MAURI




Madrid, 1936. Alejandro Campos Ramírez, un joven gallego oriundo de un pueblo llamado Finisterre -del latín finis terrae, el fin de la tierra- deambula por las calles de la ciudad y presiente que sus deseos tal vez estén a punto de cumplirse. Alguna vez soñó con ser un gran arquitecto y sólo llegó a trabajar de albañil, pero su verdadera vocación es la poesía. Consigue un empleo que lo hace feliz y de alguna manera lo acerca a ese universo bohemio de los artistas que admira: cadete en una imprenta. Se considera un idealista práctico, una especie de anarquista pacífico que aspira vivir, algún día, en un mundo en el que los hombres no necesiten ser gobernados por ninguna autoridad. En esa ensoñación se solazaba, cuando estalló en España la Guerra Civil.



Una bomba cayó sobre la casa en que vivía y quedó atrapado bajo los escombros. Malherido, fue traslado a un hospital en el que convaleció, cojo y con problemas respiratorios, durante un largo tiempo. Allí fueron llegando refugiados de guerra, mujeres y muchos niños mutilados que hicieron que su sensibilidad de poeta se activara. Años más tarde, en 2004, le contó a un periodista del diario La Vanguardia de Barcelona el episodio de su vida por el cual hoy lo recordamos.



“Era el año 1937. Me gustaba el fútbol, pero yo estaba cojo y no podía jugar… Y, sobre todo, me dolía ver a aquellos niños cojitos, tan tristes porque no podían jugar al balón con los otros niños… Y pensé: si existe el tenis de mesa, ¡también puede existir el fútbol de mesa! Conseguí unas barras de acero y un carpintero vasco refugiado allí, Javier Altuna, me torneó los muñecos en madera. La caja de la mesa la hizo con madera de pino, creo, y la pelota con buen corcho catalán, aglomerado. Eso permitía buen control de la bola, detenerla, imprimir efectos…”



Con todo acierto, el periodista catalán Víctor Amela observó que inventar un juego que logre neutralizar por un momento la ignominia de la guerra es como componer un poema con espacio y tiempo.



No fue el futbolín -así llaman al metegol en España-  la única invención sensible del poeta: en una ocasión, enamorado de una pianista, pergeñó para ella un artefacto que permitía pasar las pentagramadas hojas de las partituras con sólo accionar un pedal.



Al finalizar la guerra, huyendo del franquismo, Alejandro se exilia en Francia. Más tarde sufre cuatro años de cautiverio en Marruecos y una vez liberado emprende su aventura americana y cruza el Atlántico. En Ecuador funda una revista de “poesía universal”. Vive un tiempo en Guatemala, donde perfecciona su futbolín y dobla la apuesta con un baloncesto de mesa, sin gran suceso. En México participa de la intensa actividad intelectual de la ciudad capital, se encuentra con su referente, el poeta español León Felipe, y se convierte en su albacea. Regresa a España en los años setenta. Ya es un exitoso editor y se hace llamar Alejandro Finisterre, fin de la tierra, principio de su vida.



Siempre le restó importancia al hecho de haber sido el creador del mundialmente difundido juego del metegol: “Bah…, de no inventarlo yo, lo hubiese inventado otro…” Consideraba -como Jean Cocteau- que “La poesía siempre es necesaria, no sé para qué, pero es necesaria”.



Murió en 2007, cuando los niños del mundo ya reemplazaban su invento por la Play. El poeta lo celebraba. “Yo creo en el progreso: hay un impulso humano hacia la felicidad, la paz, la justicia y el amor, ¡y ese mundo un día llegará!”



Nosotros, que junto a tantas otras generaciones fuimos beneficiarios directos de ese espléndido juego del metegol, fruto de la imaginación y la sensibilidad de aquel poeta, deberíamos prometer en su homenaje cada vez que juguemos, respetar y hacer respetar por siempre aquella regla -que más que regla es una obligación moral- de que no vale molinete.

Tomado de Un Caño






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jueves, 22 de febrero de 2018

Una Ludoteca nueva en Venezuela




Niños inaugurando su LUDOTECA

Estimados Lectores

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes la más reciente colaboración del escvritor venezolano Carlos Yusti. El suceso reseñado por la nota que Yusti nos obsequia es un gran triunfo en un país donde los líderes políticos acostumbran a sacrificar el bienestar colectivo en aras de uno más cercano: el bienestar propio.

Deseamos disfruten de la entrada.


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Notas desabrochadas : Juego y aguafiestas 


Carlos Yusti

En días pasado se inauguró en una escuela de mi comunidad una ludoteca. Mi esposa,  la socióloga Ana María Marín, y yo estuvimos bastante cerca de todo las fases superadas para darle viabilidad y junto a los directivos de la escuela, sus maestros y algunos representantes sorteamos un sin fin de trabas y cotidianos obstáculos. Por supuesto jamás nos rendimos ante la burocracia ministerial y mucho menos a esa enorme anomia del gobierno de turno que todo lo impregna como una peste.




Como es lógico un proyecto de semejante envergadura necesita un buen apoyo y en tal sentido la Asociación Civil TEPUI (https://tepui.ch/#about), radicada en Suiza, pero cuya presidenta ejecutiva Yelitza Bättig Louzé es venezolana (y en la que algunos de sus hermanos fueron estudiantes en la escuela), fue el soporte necesario para darle concreción a La ludoteca. Fue todo una series de reuniones y talleres que involucró, desde el primer momento, a los directivos, maestros, alumnos y representantes de la institución.

Ana María Marín y Maurelena Remiro Galindo 

Se inició en marzo del año 2017 con un primera reunión con los directivos de la escuela en la que se explicó que era TEPUI y cuales eran las propuesta sobre una ludoteca, la cual contemplara el préstamo del juguete a los niños. Esa reunión dirigida por Maurelena Remiro Galindo, representante en nuestro país de Tepui, contó con una dinámica singular a la cual asistieron las directoras de CDI Caroní, del preescolar Yocoima y de la Escuela Integral Bolivariana Yocoima,  en la misma se dieron los primeros lineamientos de la ludoteca que soñamos, los insumos de esta reunión fueron procesados y llevados a los maestros en una reunión donde se agregaron y se enriquecieron con las opiniones de los maestros, en mayo de ese mismo año se bajó a los niños en un primer taller que se realizó en el espacio de la ludoteca, los niños hicieron aportes relevantes, posteriormente se trabajó con los padres de diversas maneras, aula por aula y de forma grupal. Los padres fueron un elemento altamente motivante cuando aportaron, con mucha generosidad y compromiso, los recursos necesarios para acondicionar el espacio de la ludoteca.  Así se logró soldar, reparar el aire acondicionado, colocar los cables para la iluminación, reparar  los huecos en el piso porque los padres del tercero A donaron el cemento necesario, también los ganchos para el techo, anticorrosivo, electrodos, entre otros materiales; y por supuesto el andamio económico de Tepui que permitió moldear un espacio para que los niños se sintieran a gusto y por un momento se olvidaran de la realidad circundante que es siempre cruda y muchas veces carente de metáfora o belleza.

Los niños hicieron su carnet

En lo personal me interesa el juego no desde esta carpintería emotiva y de tesón a pesar del viento en contra, sino más bien desde ese componente ético y filosófico que se encuentra en las entrañas de cualquier juego.

Recuerdo con huecos estelares mi niñez, y algunas puntuales estrecheces, pero siempre veo a ese niño que fui al borde de la euforia jugando. Lo hacía sólo ya que mi otras tres hermanas tenían su propio mundo de juegos. En soledad jugaba con soldados de plástico y con un camión volteo, repleto de cubos de colores por el alucinaba. Luego recuerdo a otros niños del barrio con los cuales jugaba metras, volábamos samuras  y barriletes. De adolescente jugaba ping-pong, ajedrez, pelotica de goma, chapitas, boxeo.

Johan Huizinga

Sin duda me hice adulto con menos traumas gracias al juego. Es inevitable no traer a colación el libro Homo ludens de Johan Huizinga ha escrito: “El juego no es la vida corriente… o la vida propiamente dicha. Más bien consiste en escaparse de ella a una esfera temporera de actividad que posee su tendencia propia”. El juego es como ese agujero de conejo por la que cae Alicia, ese inolvidable personaje de Lewis Carrol, hasta llegar a un universo y disparatado del sobrero loco. Además el juego permite socializar, buscar compinches y camaradas. Mientras se juega todo se mueve en esa esfera de la simulación. Se juega para tomarse la vida con la debida seriedad requerida, no obstante no hay nada más serio que el juego y por eso Huizinga acota: “La risa se encuentra en cierta oposición con la seriedad, pero en modo alguno hay que vincularla necesariamente al juego. Los niños, los jugadores de fútbol y los de ajedrez, juegan con la más profunda seriedad y no siente la menor inclinación a reír”.

La estética singular del juego estriba en la variedad de direcciones que tiene, en esa belleza fragmentaria algo así como un caleidoscopio donde impera la tensión, el equilibrio, el contraste y por eso Huizinga escribe: “El juego oprime y libera, el juego arrebata, electriza, hechiza. Está lleno de las dos cualidades más nobles que el hombre puede encontrar en las cosas y expresarlas: ritmo y armonía”.

La presidenta de TEPUI juega con las maestras

El juego aparte de poseer los signos evidentes de ser un catalizador cultural, estético y social goza de un componente ético que tiene su epicentro en las valores como la solidaridad, la honestidad, el respeto. Etc. Se juega conociendo las reglas, respetando su normativa para que el juego no pierda su belleza. De igual modo le da cabida al otro sin restricciones ni requisitos. En el juego no hay enemigos, sino contrincantes, competidores, etc. Al contrario de la guerra, en la cual la lucha es a muerte, en el juego se celebra la vida, el esfuerzo, la destreza.

Escena de «Byung-Chul Han en Seúl y Berlín», documental de I. Gresser que se estrenó el 9 de febrero en Barcelona - abc

En ocasiones la sociedad (o el Estado) busca barnizarlo con una capa política y sacar provecho sea propagandístico o de productividad de allí que el filosofo Byung-Chul Han escriba: “Para generar mayor productividad, el capitalismo de la emoción se apropia del juego, que propiamente debería ser lo otro del trabajo. Ludifica el mundo de la vida y del trabajo. El juego emocionaliza incluso dramatiza el trabajo, y así generar una mayor motivación(…)Un jugador con sus emociones muestra mayor iniciativa que un actor racional o un trabajador meramente funcional”.

El juego no se encuentra sujeto a imposiciones externas aunque muchos factores fuera de su esfera intenten ahormarlo a exigencias siempre oscuras y cercanas al ritual. La duración, si se quiera rápida, del juego puede ser la mejor contra dichos factores o como lo acota Byung-Chul Han: “Las cosas que requieren una maduración lenta no se dejan ludificar. La duración y la lentitud no son compatibles con la temporalidad del juego”.


Pedagogos y demás especialistas han escrito en cantidad sobre lo vital que es el juego para el desarrollo de los niños y las niñas. La gente que asume la vida con gran pompa, jactancia y cosa desencadenas guerras y tragedias espantosas, carecen de un espíritu lúdico que los encamine hacia la luz compleja del juego, para su normativa y sus reglas. Huizinga escribe: “El jugador que infringe las reglas  de  juego o se sustrae a ellas es un “aguafiestas (Spielverderber: estropeajuegos). El aguafiestas es cosa muy distinta que el jugador tramposo. Este hace como que juega y reconoce, por lo menos en apariencia, el círculo mágico del juego. Los compañeros de juego le perdonan antes su pecado que al aguafiestas, porque éste les deshace su mundo. Al sustraerse al juego revela la relatividad y fragilidad del  mundo lúdico en el que se había  encerrado con  otros  por  un  tiempo.  Arrebató  al  juego  la ilusión, la inlusio, literalmente: no entra en juego,…”

La presidenta de TEPUI y la directora de la escuela

Jugar amerita tener la imaginación en activo, la ilusión en su máxima efervescencia. De allí que jugar, o ayudar a crear una ludoteca, es una manera efectiva de que la imaginación alce vuelo y de amargarle el día a tanto aguafiestas, encumbrados en sus pequeñeces y abusos de poder.


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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


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