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miércoles, 14 de octubre de 2026

Están cordialmente invitados al TALLER PRÁCTICO DE VESTUARIO, UTILERÍA, MAQUETAS Y FOTOGRAFÍA APLICADA A LA CIENCIA FICCIÓN este jueves 15/10/2026 a las 10 a. m. en el Centro de Artes vivas Alexis Mujica .

 




Estimados Liponautas


El Grupo Lo Po los invita cordialmente al TALLER PRÁCTICO DE VESTUARIO, UTILERÍA, MAQUETAS Y FOTOGRAFÍA APLICADA A LA CIENCIA FICCIÓN este jueves 15/10/2026 a las 10 a. m. en el Centro de Artes vivas Alexis Mujica. Esta actividad forma parte del IV Festival de Cine de Valencia 2026.

Taller dirigido por Carlos Valles y asistido por Caramelo Kolster, Martín Ustáriz, Alexis Ramírez y Renny Pena.



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Están invitados a las clases de Tai Chi para principiantes en el parque Los Guayabitos a dos (2) $ por sesión




Te invitamos este 14 y 21 de Junio a La Trama en el trazo: Un Taller de dibujo y técnicas de pintura artística




Están invitados a las clases de Tai Chi para principiantes en el parque Los Caracaros




Están cordialmente invitados al "Taller vacacional: Jugando con el arte" en el salón de fiestas de la torre Araguaney del conjunto residencial "Los Caracaros"




Aprende a dibujar en el Taller permanente de Dibujo en la Casa de Cultura de Naguanagua




El próximo sábado 27 de enero, comienza Taller de Cuentos de Ciencia Ficción




Escribe la historia que quieres leer: Un taller de Les Quintero




Invitación al Taller vacacional de Electrónica y Programación en Python con Raspberry Pi que inicia el próximo 7 de agosto




Taller de Fotografía Básica en la Casa de la Cultura de Naguanagua.




TALLER DE LITERATURA GÓTICA COLOMBIANA en Enero 2022




Invitación al Taller de Creatividad Literaria en la biblioteca pública Manuel Feo La Cruz




Invitación a que participen en el Laboratorio de Movimiento Cuerpo Expresivo




Invitación al Taller de Literatura y Cine de Ciencia Ficción dictado por la escritora venezolana Iliana Gómez Berbesí




Abiertas inscripciones para talleres de creación literaria. Rumbo al décimo Festival Mundial de Poesía de Venezuela




Jugando a lo que juegan los artistas. Taller para niños en el Ateneo de Caracas del 16 de Agosto al 16 de septiembre




Charla de las Malas Compañías, libro de Daniel Duque, en Sabores Cosas Ricas




Talleres de Expresión Literaria 2010 en la Estancia



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viernes, 29 de mayo de 2026

Alberto Hernández: En "Nos delata la perplejidad", Rafael Figueredo nos arroja rasgos referenciales de la ficción cultural para forjar una atmósfera universal

 




Nos delata la perplejidad, de Rafael Figueredo Oropeza


Alberto Hernández viernes 20 de marzo de 2026



Rafael Figueredo Oropeza


Cada texto de Rafael Figueredo Oropeza es una experiencia en la que encontramos rasgos referenciales de la ficción cultural: la mitología, sus personajes que se enlazan con el presente.


1


Los meandros de este libro nos conducen a sentir que estamos ante un mundo en el que impera la extrañeza, el asombro, la sorpresa o el desconcierto. Se trata de una vacilante precisión en la que el ser humano siempre se encuentra. Revisa el pasado, lo mira con la perplejidad que los sinónimos anteriores no podrán encubrir.


Estar perplejo, asombrado, es la tarea permanente del poeta. He aquí que nuestro autor, el caraqueño Rafael Figueredo Oropeza (1987), habitante hoy de Bogotá, y licenciado en Física por la Universidad Simón Bolívar, se arriesga a hacer de esa confusa idealización de la realidad un espacio para abrirse camino a través de la poesía. Y así lo ha hecho: tiene en este oficio un camino abierto en el que abundan, en este, su primer libro, el todo simbólico de lo que su mirada encuentra, así como el rasgo mitológico que se halla en la vida diaria, en la existencia cotidiana, en el transcurrir mediato e inmediato. El ser humano es un sujeto de asombros. Su conciencia recurre a verse en algún abismo recreado. De allí el desconcierto.


Cada texto de este autor es una experiencia en la que encontramos rasgos referenciales de la ficción cultural: la mitología, sus personajes que se enlazan con el presente, de modo que el autor puede reflexionar sobre su acontecer o el ajeno, y así crea una atmósfera de universalidad que descubre, a través de símbolos, el diario vivir, de elevación. El vuelo, las alas de algún pájaro, forman parte de este imaginario que desde lo alto configura el dibujo de lo que suele ocurrir en la naturaleza humana, la que se advierte a través de un árbol, de un viento que trae a la mirada del lector la presencia de Gaia. Es la anatomía de la madre tierra, como avisa el autor, como deja ver su verso, su texto puro, sensible y abierto a muchas interpretaciones.


 

“Nos delata la perplejidad”, de Rafael Figueredo Oropeza

Nos delata la perplejidad, de Rafael Figueredo Oropeza (Negro Sobre Blanco, 2025). . 

Disponible en Amazon

Caracas (Venezuela), 2025

ISBN: 978-9804241918

66 páginas


2


Como no hay una ética de la lectura, como afirma Harold Bloom, podemos afirmar que este libro de Figueredo Oropeza le permite al lector elaborar una manera de “entrarle” al poemario sin ningún tipo de complejos, toda vez que sus poemas se revelan abiertos a todos los temas, desde los universales hasta los familiares. Desde la imagen metafórica hasta la más acusada por la directa realidad.


Un hombre es un fragmento de pájaro

que vuela con las alas rotas...


Esta imagen del pájaro y las alas aparece en varias ocasiones, lo que permite pensar en una mirada a la altura como una crítica a la terrenal “civilización y progreso”, ideario tan socorrido por las ideologías. Pero no queda allí, nuestro autor se encuentra con la poeta suicida Alejandra Pizarnik y le escribe:


Esta muerte lenta de ahogarse en los segundos.

La insistencia de meter la mano en la hoguera,

de volar alto aunque se nos derrumben las alas.


(...)


Estos huesos ya no brillan, Alejandra

(se los tragó la oscuridad).


La muerte, ese latido. Esa perplejidad. El asombro ante lo inesperado, ante la sombra.


Las palabras son personajes, se aparecen a través de la ternura: una hija que protagoniza dos poemas, y se vierte agasajo, pero también incertidumbre.


Y la ciudad, la Caracas natal, la que fue la de Enrique Bernardo Núñez, la de los techos rojos. La que ya no es, la de ahora, “la enmohecida”, como un reclamo al tiempo y a sus hombres.


 


3


Amélie (2001) Official Trailer 1 - Audrey Tautou Movie

https://m.youtube.com/watch?v=HUECWi5pX7o


En el poema “Amelie Poulain ayuda a un ciego” el autor nos descubre el tema, la voz, la oración, que le da cuerpo al libro. Cuerpo que, como ya se ha dicho, se despliega temáticamente, se convierte en un enjambre de voces que siempre conducen al mismo sujeto (pluralizado) que escribe los versos:


Nos delata la perplejidad,

nos traiciona la expresión de lejanía en la mirada,

la luminosa atención a los detalles

o esa prodigiosa manera de arrastrar los pies

y cargar con todo el peso del mundo.



Una suma de instantes, de las pequeñas cosas, como en el poema “Caracol”, y de las personales actitudes: una poética de la vitalidad, de la búsqueda, pero también la de saberse responsable del peso de la realidad.


Un homenaje al poeta Rafael Cadenas desde un epígrafe del autor de “Derrota” espejea en el texto de Figueredo Oropeza a través del uso del yo, de esa autocrítica que desnuda parte de una biografía, propia o ajena, total, de todos los seres humanos:


Yo que soy el hombre de hojalata,

que fui creado imperfecto

para ser sólo una burla o una parodia.


(...)


Soy un analfabeto de las cosas del mundo...


El ser, ese extraño, frente al todo o a la nada: el tiempo, su enemigo, y el clima de las circunstancias forjadas por el mismo hombre:


Lamentaciones del pasado:

el caos, la entropía, la incertidumbre,

la desintegración del alma, la sensación de ahogo,

la herida no cicatrizada.


Y entonces la imagen de la muerte provocada por la guerra en el poema “Hiroshima”:


El sol estalló en la tierra.





4


Y así como “la poesía nos llama al latido”, la aparición de la mitología, esa frecuencia creativa de la antigüedad que siempre aflora para dar lecciones, para desplegar la memoria de lo oculto y de lo luminoso. En este grupo están Penélope, Eurídice, Cibeles, Quíone, Perséfone y Asterión para, desde el silencio, que también es sujeto de poesía, celebrar a Reverón, tan mítico por el rastro que ha dejado en la cultura venezolana.


Cierra Rafael Figueredo Oropeza con “Arte poética”, en la que dice:


Para escribir poesía

lo indispensable

es aceptar

nuestra entrega inevitable

a manos de la muerte.




https://letralia.com/recomendamos/2026/03/20/nos-delata-la-perplejidad-de-rafael-figueredo-oropeza/



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Rafael Figueredo Oropeza es un escritor y profesional venezolano, nacido en Caracas en 1987 y radicado actualmente en Bogotá, Colombia. Es Licenciado en Física por la Universidad Simón Bolívar y se ha desempeñado en los últimos años como ingeniero de software. Paralelamente, ha cultivado una trayectoria literaria sostenida, que abarca tanto la narrativa como la poesía. En 2012, recibió el primer premio en el Concurso Universitario de Cuentos José Santos Urriola y el segundo premio en el Concurso Iraset Páez Urdaneta de poesía, así como el Premio Venezolano Solsticios en la categoría de Ciencia Ficción por su cuento “Epidermis” (2014). Su primer libro recientemente publicado, «Nos delata la perplejidad», es un poemario que entrelaza lo cotidiano con lo mítico y explora, desde una voz introspectiva y simbólica, las múltiples capas de la existencia humana. Instagram: @ref8chan Web de autor: https://amazon.com/author/rafaelfigueredooropeza


https://revistakametsa.wordpress.com/2025/11/04/poesia-internacional-rafael-figueredo-oropeza-venezuela-colombia/


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

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sábado, 18 de abril de 2026

FELIZ AÑO 1984 y CARAMELO DE YERBABUENA, Dos cuentos de ciencia ficción de Jesús Puerta

 

Imagen tomada de aquí


Estimados Liponautas

Tenemos el gusto de compartir con ustedes dos cuentos de ciencia ficción del escritor venezolano Jesús Puerta.

Esperamos disfruten de la entrada.

Atentamente 

La Gerencia




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Dos cuentos de ciencia ficción

 Abr 8, 2024


Jesús Puerta

FELIZ AÑO 1984


Él sabía que vendría el momento en que la ruleta de la vida terminara su vuelta completa y le tocaría estar del otro lado, es decir, sentado, más bien eyectado en aquel duro banco de cemento, en ese pasillo tenebroso de tanta fama entre los prisioneros, con su pobre cuerpo como un esqueleto forrado de pellejo debido al hambre, el sueño impedido por la luz nunca apagada del calabozo, la sed abrasadora. Un día vendría, lo supo siempre, en que él sería el torturado, y no el torturador. Le tocaría tarde o temprano, porque las purgas van y vienen, se suceden unas a otras; los que ayer mandaron mañana serán perseguidos y castigados, una y otra vez, a un ritmo vertiginoso, y los verdugos terminarán siendo las víctimas.


Y el día llegó, justo hoy, cuando los guardias dicen que reciben un año nuevo, y se dan palmaditas en los hombros deseándose un feliz año 1984; aunque él sabía, a pesar de los dolores de los golpes y los choques eléctricos en sus genitales, que llevaba por lo menos un año y medio en este papel. Sabía, y nada podía sacarlo de esa seguridad que era su ancla de cordura, que 1984 fue hace años, que ahora, en todo caso, es 1988, aunque también sabía que eso era lo de menos, que tal vez era otro año, cualquiera: 1984 o 1936 o 1976 o 2020, no importaba. Siempre estarían allí las pantallas omnipresentes, en todas las paredes, en todos los rincones, en los baños, en la inmensa fachada de los edificios grises, tristes y viejos, siempre estaría la arenga interminable del “Gran Hermano”, hablando de victorias históricas, de la derrota heroica de los enemigos, de los grandes avances en la economía; su rostro inmenso con su inmenso bigote en todas las paredes. Y también estaría allí la habitación 101, el lugar donde les aguardaban los peores horrores a los detenidos.


Todavía podía recordar (y ello le reconfortaba y hasta le producía placer) aquel prisionero de quien se encargó personalmente, sus alaridos histéricos, aterrados, cuando le pusieron junto a la cara, la jaula con la inmensa rata gris, inquieta, feroz, chillando hambrienta. Él le había colocado el mecanismo en la cara, ese pequeño túnel por donde la bestezuela correría glotona para comerle los ojos, las mejillas, los tejidos blandos de la cara, con tan sólo levantarle la puertecilla.


– ¡A Julia! ¡Póngasela a Julia!- aulló el desgraciado.


La traición se había consumado. Desecho, el prisionero apenas tenía aliento para un ahogado sollozo. Él se sintió bien. Este trabajo le gustaba. Se sentía poderoso. Tanto como el Gran Hermano. En realidad, él era el gran Hermano cuando conseguía, no tanto esas confesiones, que podían ser una simple estratagema para evitar el sufrimiento, y no, como ahora lo estaba experimentado su prisionero, una capitulación absoluta ante el Poder. Su moral, su amor propio, su vida había quedado quebrada después de desear, para aquella tortura insoportable, que se le aplicara a su amor, a Julia.


En la habitación 101 se aplicaban torturas únicas, adecuadas especialmente a cada prisionero, porque cada uno tenía su horror más secreto, idiosincrático, singular.


Tantos años torturando, le habían despertado la curiosidad ¿Cuál horror le reservarían? Él las había aplicado todas, a tantos. Conocía antiguas y novísimas  torturas. Tal vez, todas. No tardaría en saber cuál sería la suya, la únicamente suya.


– ¡Hola!- , le saludó su verdugo-.  Seguro te estás preguntando cuál tortura te aplicaré a ti, que torturaste a tantos durante tantos años.


– Sí, desde 1984 -, contestó con las comisuras contraídas. El verdugo soltó una carcajada.


-¡Caramba! Me parece excelente que tengas tan buen humor en este momento-. Otro verdugo apareció con una mesita de ruedas donde destacaban unas jeringas y unas botellitas con un líquido transparente-. Tú conoces todo el protocolo. Sabes que cada individuo tiene uno y solo un terror singular y definitivo, el que es capaz de quebrarlo, por más valiente y heroico que se considere a sí mismo ¿Verdad? Nosotros, como sabes, estudiamos a cada uno de nuestros prisioneros. Sé que tú mismo dirigiste esos estudios en infinidad de casos ¿Verdad?


– Supongo que la tortura no es ponerme a esperar e imaginar qué podrían hacerme. Ya lo sé todo.


– ¡Oh, no! ¡Claro que no! Eso te haría recordar e imaginar, y sabemos que disfrutas con esos recuerdos y esas figuraciones. Te hacen sentir poderoso y no hay placer más grande que sentirse poderoso ¿Verdad? No, colega, para ti también tenemos preparado algo especial ¿Ves esta jeringa? Contiene una droga. Obvio ¿Ya te imaginas qué es?


– Supongo que no será esa que hace que duela todo el cuerpo. Eso es muy trillado.


El verdugo no escatimó fuerza en la bofetada.


– ¡Vamos! ¡No nos subestimes! Te hemos estudiado, colega. Y sabemos que esto sí que no lo vas a soportar. Sabes que torturar exige unas competencias específicas. Una de ellas es la de estar completamente insensible a la empatía y la culpa. Al pasar los años en este empleo, colega, sólo nos va quedando esa sensación tan placentera del poder puro, el de hacer sufrir al otro, a cualquiera.


El verdugo tomó la jeringa, le dio unos golpecitos con los dedos y empujó el émbolo hasta que un chorrito salió por la aguja. El verdugo se aproximó al cuerpo doliente de Smith, le subió la manga derecha del mono azul propio de los prisioneros políticos y le aplicó la aguja al brazo huesudo.


– Pero, si existiera una manera, así sea química, de lograr que esos sentidos dormidos de la culpa y el remordimiento, despertaran… ¡Ah, qué terrores lograríamos! Preferirás mil veces que mi mano fuera la rata en la jaula que le colocaste a aquel prisionero ¿Te acuerdas? Ya no podrás disfrutar de ese recuerdo. Ahora tendrás un sufrimiento mil veces peor: la culpa y el arrepentimiento.


El alarido se escuchó por todos los pasillos del gran edificio. Y no podrás culpar a nadie más, porque el Gran Hermano eres tú y tú mismo te aplicarás la peor de las torturas.


CARAMELO DE YERBABUENA


 Entró a su automóvil como quien se lanza a un precipicio. Adentro, en el puesto del copiloto, ella lo aguardaba. Lo envolvió con el brillo de sus ojazos y ni siquiera el tapaboca pudo ocultar su sonrisa. Sacó de su cartera una cajita de plástico. Él encendió la máquina, arrancó y pronto bajaba por la avenida que lucía sorprendentemente vacía, libre de otros vehículos y hasta de peatones. Desde afuera era difícil ver lo que ocurría en la cabina por los vidrios oscuros de las ventanas y el parabrisas. Incluso los drones tendrían dificultades para captar los movimientos de sus manos, el significado de esos húmedos resplandores en la única parte de los rostros expuestos.


 Tomaron el distribuidor por una de esas rampas que desafían la gravedad. Ya en la autopista, él aceleró. Así sería casi imposible descubrir que ella había sacado de la cajita de plástico, en un segundo, una diminuta esfera blanca. Ella lo capturó de nuevo con su risueña mirada, al tiempo que, en un instante, llevó su mano a la boca, impulsando la pequeña pastilla adentro. Cerró los ojos y suspiró con satisfacción. 


 Él sabía con seguridad las trayectorias de los drones en el aire, pues había sido uno de sus programadores. Su vuelo era sinuoso. Debían captar lo que ocurría en las cabinas de los pocos vehículos que se desplazaban por las anchas vías que se curvaban peligrosamente a esa velocidad. Por ello, las máquinas voladoras, equipadas con potentes cámaras, oscilaban, de derecha a izquierda, barriendo el campo de aquellas rampas. Había un pequeño hiato que debían aprovechar para cometer el delito. Un grave delito.


 Con decisión, ella se le acercó. Advertido por el calor de su aliento, a menos de un dedo de distancia, él se volteó e impulsó su boca a la de ella. Alzaron rápidamente el borde superior del tapaboca para ofrecer sus labios abiertos.


 El placer, cuando es prohibido, puede resultar eterno aunque dure un segundo. Ella empujó el caramelo con la lengua a la de él, acariciándosela. Las dos prolongaciones musculares, húmedas, ansiosas, se frotaron entre sí por un momento, lubricadas por la miel de su saliva, en medio del delicioso efluvio de yerbabuena.


  Fue tan sólo un segundo. Cuando miraron al frente, descubrieron la cabeza electrónica, idéntica a un insecto monstruoso, que se había colocado frente a su parabrisas. El motor se apagó y él tuvo que aparcar en la orilla para esperar la jaula rodante ya avisada por el dron.


  Era un riesgo previsto y asumido. Aunque ahora les viniera el castigo previsto, la reclusión y la tortura, al tiempo que en sus oídos resonaba la justificación de parte de aquel inquisidor del orden profiláctico total: “debemos, por su propio bien, salvarlos del contagio de nuevas pandemias para siempre”, no se arrepintieron de haber saboreado aquella frescura deliciosa de la yerbabuena, la caricia de sus lenguas y la tibia saliva del otro.


 Era un grave delito en el Gran Orden Profiláctico. Millones de virus fueron de una boca a la otra. Pero aquello podía ser el principio del fin. Los caramelos de yerbabuena ya estaban en las carteras y los bolsillos, sugiriendo nuevas trasgresiones.


https://eldienteroto.org/wp49/dos-cuentos-de-ciencia-ficcion/



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(La Guaira, 1956)

Estudios: Licenciado comunicación social. Maestría literatura latinoamericana. Doctor en ciencias sociales.


Actividad académica: Profesor de la Universidad de Carabobo, de la Escuela de Planificación Nacional. Fundador del Doctorado de Ciencias Sociales de la Universidad de Carabobo. Fundador de la revista Estudios Culturales. Ex director de la revista Faces de la UC. Ponente en eventos científicos.


Otras actividades profesionales: Columnista en varios medios. Ex asesor de la corporación de radiodifusión de Nicaragua. Reportero de Notitarde y últimas noticias.



Libros: El último de los agrios, Círculo abierto, I love kpucha, Arena, Un bello crimen, El humorismo fantástico de julio Garmendia, Modernidad y cuento en Venezuela, Interpretar el horizonte, Cuando los pueblos interpretan y Para leer el socialismo del siglo XXI. Además, ha contribuido con capítulos de varios libros tales como Chavismo: Genealogía de una pasión política y es compositor con más de 50 canciones.




Tomada de El Diente Roto.


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