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jueves, 12 de febrero de 2026

El caos de Venezuela ha provocado una poderosa narrativa que se publica en el extranjero porque no puede hacerse en el país

 


Estimados liponautas


Hoy compartimos con ustedes este artículo que refleja la actual vida escritural y editorial de Venezuela. UN país plagado de contradicciones económicas y duramente oprimido donde el desempeño de la labor de los escritores y de los editores y los de cualquier persona que pretenda enrriquecer el acervo cultural común de nuestro país. Un país donde el salario mínimo es de 0,40 dólares es el menos indicado para hacer labor cultural. La pobreza sistemática hizo que millones de venezolanos abandonaran el país y entre ese lote emigraron algunos escritores que pudieron asimilarse a sociedades extranjeras y lograr las condiciones necesarias para poder escribir y publicar. Ellos tuvieron suerte, hay que recordar la cantidad inmensa de venezolanos que murieron buscando un lugar bajo el sol que les permitiera florecer su vida. 


Esperamos que disfruten de la entrada.


Atentamente


La Gerencia


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Venezuela: la literatura del caos


La descomposición política y social que atraviesa el país inspira una narrativa poderosa que, paradójicamente, solo puede publicarse y conseguirse en el extranjero




Javier Lafuente

JAVIER LAFUENTE

17 MAY. 2019 - 18:15 VET



Las calles de Caracas son, en su mayoría, escenarios de una vida que ya no es. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que, en muchos lugares en los que ahora se sobrevive, no hace tanto se gozó. De que la decadencia que atrapa el paisaje urbano no es sino un manto de la ostentación de un pasado próximo. Y así, el dolor, la dificultad, la descomposición, la falta de aliento se convirtieron en relato. Desde la novela, el cuento, la poesía, cada vez más autores confrontan una realidad oscura, violenta. Todos se acercan a un mundo que se vino abajo: Venezuela.


Un grupo de mujeres que emprende un club de lectura en una ciudad sin nombre sacudida por la violencia, gobernada por el Alto Mando; el miedo de una hija a que roben a su madre pese a que esta está ya enterrada; el amor entre una espía de la CIA y uno de la inteligencia cubana; un barrio caraqueño donde aparece un hombre cuyo apellido coincide con uno de los máximos exponentes de la poesía rusa, al que Stalin confinó en Siberia. Los escenarios, los personajes, las tramas son innumerables, pero los rasgos en común entre las obras que proliferan apenas varían. Ni la lejanía de los que viven fuera del país ni la cercanía de los que lo sufren son obstáculo para que la cotidianidad sea ajena a los autores. “Desde hace años, Venezuela es una emergencia permanente. No lo digo en plan metafísico. Se trata de una angustia concreta que va desde conseguir medicinas o comida hasta regresar a casa en una ciudad sin luz. Es casi imposible que todo esto no toque la escritura. Creo que, para muchos de nosotros, la realidad se ha vuelto una herida incomprensible. Tratar de escribirla es una forma de ordenar esa locura, de organizar incertidumbre y el dolor que produce”, explica Alberto Barrera Tyszka, que tiene los pies en México, donde reside desde hace años, pero a quien le cuesta despegar la cabeza de Venezuela, su país, al que está permanentemente conectado.


Desde la novela, el cuento, la poesía, cada vez más autores confrontan en sus obras la oscura realidad del país

Barrera publicó a finales del pasado año Mujeres que matan (Literatura Random House), “una novela sobre el contagio veloz e irracional de la violencia”, en palabras del autor, donde un grupo de mujeres se enfrentan a distintas formas de agresión oficial. Las páginas de Mujeres que matan ahondan en la descomposición que ya describió en Patria o muerte (Premio Tusquets 2015), y que, en cierta manera, tuvieron su preludio hace 14 años en Hugo Chávez sin uniforme. Una historia personal (DeBolsillo), escrito junto a Cristina Marcano, acaso la biografía definitiva del mandatario fallecido; el tótem de la revolución bolivariana, del denominado socialismo del siglo XXI, a quien no pocos ven como el origen de la descomposición, que se ha perpetuado con su sucesor, Nicolás Maduro, en el poder. “Todo se vino abajo en el momento en que estalló la ilusión de modernidad, que era un espejismo, y entramos en barrera en este cuento del socialismo inclusivo y soberano, que ha sido la mayor estafa de un grupo de corruptos que llegaron tarde al saqueo de la corona. Le debemos este sainete a la izquierda de los años sesenta que se quedó resentida porque se dejó pacificar con dinero. Y a unos políticos de la Cuarta [República] que no estuvieron a la altura de la deuda social que arrastraba el país”, describe el editor y periodista venezolano Sergio Dahbar.



Chávez aún vivía cuando Karina Sainz Borgo decidió dejar Venezuela, donde nació en 1982, para instalarse en Madrid hace 13 años. Antes de eso ya tenía intención de escribir sobre un país que, dice, ya no existe y al que después de lidiar durante años con el desarraigo ha escrito una suerte de carta de amor en La hija de la española (Lumen), su primera novela, uno de los fenómenos literarios del año, publicada en 22 países. “Yo no reconozco al país y el país no me reconoce a mí”, dice Sainz Borgo. La novela es el retrato de una mujer de 38 años tras la muerte de su madre, de cómo se enfrenta sola a una ciudad donde la violencia, otra vez la violencia, lo marca todo. “La destrucción ha sido tal que disolvió el relato. Para que haya una catarsis tiene que quedar por escrito”, explica la autora.


No todos los autores abarcan Venezuela desde fuera. El poeta Igor Barreto sigue viviendo en Venezuela, desde donde ha reflexionado sobre la pobreza en su apabullante El muro de Mandelshtam (Bartleby). Lejos de espantar la crisis de su país, Barreto ha tratado de aprender de ella, como un método quizás de supervivencia. “Es una circunstancia para conocer mejor al ser humano. Es imposible conocer el carácter de una persona o un país si no entra en crisis. He podido conocer mejor a Venezuela”, afirma, cuando trata de explicar lo que denomina una “relación íntima con este proceso de marginalización”. “Yo creo, siento, que tengo una gran fortuna al poseer un lugar. El lugar es el templo. Yo no me iría nunca de Venezuela porque es el lugar del que puedo hablar muy bien, donde ser testigo de las cosas que ocurren y pensar en ellas”, apostilla el poeta.


Varios venezolanos acarrean agua ante una pintada en una calle de Caracas que pregunta: “¿La normalidad es un privilegio?”. 

FEDERICO PARRA (AFP / GETTY IMAGES)


Barrera Tyszka, Sainz Borgo, Barreto, también Moisés Naím, que ha publicado Dos espías en Caracas (Ediciones B), son apenas algunos de los nombres que afloran en una lista que se termina por volver ingente. “Pienso en Victoria de Stefano, en Ana Teresa Torres, en Eduardo Liendo, Israel Centeno, Juan Carlos Méndez Guédez, en Fedosy Santaella. En gente más joven como Rodrigo Blanco, Eduardo Sánchez…, y por supuesto quedan muchísimos nombres por fuera”, aporta Barrera: “Es un proceso irremediable, en cierta forma vallejiano: “Un hombre pasa con un pan al hombro / ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?”.


La novedad, si así pudiera llamarse, radica en que la narrativa ha cobrado fuerza en los últimos años. Tradicionalmente no ha sido el género más aventajado si se compara con el cuento o la poesía, de mayor raigambre, con exponentes fuera y dentro de Venezuela como el eterno Rafael Cadenas. “Siempre he sentido que en el país ha habido, y hay, enormes poetas y pintores. Y que la narrativa debía esperar. Pareciera que le ha llegado el tiempo”, considera Sergio Dahbar. “Es muy difícil que surja una narrativa que no exprese lo que pasa en el país. Si lees un cuento de un joven que vive en un barrio horrible donde matan a la gente y ese joven trabaja en un canal de televisión como escenógrafo y le piden que diseñe un barrio bonito porque la televisión debe mostrar el lado chévere de Venezuela, te das cuenta de que finalmente la literatura termina por registrar el horror múltiple de esta sociedad. Pareciera que la gravedad los ha convocado. Comienzan a aparecer autores que pegan duro en el exterior con libros que tienen público y de alguna manera han encontrado la voz de la tribu. Semejante hipótesis, de confirmarse, es una gran noticia”.


Cauta a la hora de hablar de una narrativa venezolana como género en sí mismo se muestra Karina Saiz Borgo: “Antes de identificar un fenómeno necesitamos un periodo más largo, es un proceso que apenas comienza”. Un recorrido que, si depende de los acontecimientos que se suceden vertiginosamente, tiene visos de prolongarse en el tiempo, al menos hasta ver un país reconstruido.


Los grandes sellos se han ido y muchos escritores, correctores, diseñadores, traductores e impresores han emigrado

Venezuela, país cuya cotidianidad no cesa de aportar paradojas, encuentra en la literatura una de las más dolorosas. La eclosión de una narrativa poderosa coincide con un momento en el que prácticamente solo puede publicarse y conseguirse fuera de Venezuela. Dentro del país, la industria editorial casi ha desaparecido. Las grandes firmas se han ido. Muchos escritores, correctores, diseñadores, traductores, dueños de imprentas… se han ido. “Es un sentimiento extraño, de alguien que se va quedando solo en una casa donde antes había mucha gente, actividad, emoción, sana competencia, profesionalismo… Editar en Venezuela es hoy por hoy un atrevimiento, una osadía, un gesto de fe”, asegura Sergio Dahbar. No quiere que sus palabras suenen a victimización. “No es ese el caso. Pero hay algo de impresionante en la idea de que sigues aferrado a un oficio artesanal y de alguna manera prehistórico, pero que al mismo tiempo sabes que es muy valioso y que apunta a darle valor a los otros que se han quedado contigo y que están como tú luchando contra las adversidades”.


Cualquiera que llegue ahora a Caracas y pregunte por una librería será observado, probablemente, con resignación por su interlocutor, que le hablará con orgullo, eso sí, de las librerías de Sabana Grande, de que no hace tanto podía haber pasado por Suma, Alejandría, Noctua, de que las sucursales de las grandes cadenas —Nacho, Tecniciencia—, de las que ahora o no quedan nada o son actos de resistencia, se contaban por decenas. Y le dirán que ya no es cuestión de cómo costear el alquiler del local, ni de lo imposible que resulta meter libros, no ya distribuirlos. Que quién puede comprarlos. El salario mínimo de un venezolano es de 40.000 bolívares, unos siete dólares, la mitad o un tercio de lo que puede costar un libro. “Esto te habla de un aislamiento importante”, asegura Karina Sainz Borgo: “El autoritarismo, en todas las partes del mundo, achica tu mundo, te obliga a renunciar a las preguntas más complejas”.


LECTURAS



Mujeres que matan

Alberto Barreda Tyszka

Literatura Random House, 2018

240 páginas. 16 euros




La hija de la española

Lumen, 2019

Karina Sainz Borgo

224 páginas. 19,90 euros



El muro de Mandelshtam

Igor Barreto

Bartleby Editores, 2017

140 páginas. 15 euros




Dos espías en Caracas

Moisés Naím

Ediciones B, 2019

384 páginas. 19,90 euros



"Mujeres que matan" en Bibliofonías CANIEM

37 Visualizaciones desde el 5 sept de 2019 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=fU5Ckb36OxQ



El Cuestionario de la Guantera: Karina Sainz Borgo

1562 visualizaciones desde el 7 dic de 2020 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=rzxFeeAEeCs


IgorBarreto lee MANDELSHTAM HABLA DE RIMBAUD y CANTO LIII.

68 visualizaciones desde el  14 nov de 2017 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=C2r1SGwJwmM



Dos espías en Caracas, una historia casi de ficción

207 visualizaciones desde el 20 jun de 2019 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=S09VNeJwTAo






Conversaciones Sergio Dahbar

85 Vistas desde el 3 may 2021 hasta la fecha de publicación de la entrada

https://m.youtube.com/watch?v=q2C__vG3PMI&pp=ygUNU2VyZ2lvIERhaGJhcg%3D%3D





https://elpais.com/cultura/2019/05/17/babelia/1558104168_878914.html




viernes, 20 de junio de 2025

Libros nonatos: Los manuscritos nunca publicados

 



Avalancha de manuscritos no solicitados: la literatura paralela que nunca llega a publicarse


Voces del sector editorial cuentan las vicisitudes de los textos descartados con motivo de un libro que fantasea sobre su contenido



SERGIO C. FANJUL

Madrid - 10 MAY. 2025 - 23:30 VET



La gente escribe, porque la gente tiene muchas cosas que contar y con las que asombrar al mundo, y cuando la gente acaba de escribir manda esas cosas para ver si se las publican. Es un comportamiento natural del ser humano, casi una necesidad fisiológica, el orden correcto del mundo (editorial). Los que las publican, las editoriales, y los que tratan de que las editoriales las publiquen, las agencias literarias, reciben decenas, cientos, miles de manuscritos de escritores de toda clase, rango y condición que esperan ser bendecidos con el beneplácito de los que detentan el criterio. Ser ungidos por los cálidos mecanismos de la imprenta. Brotan como flores, surgen como hongos. Son los manuscritos no solicitados. Muchos los llamados, pocos los elegidos.



Recibimos todo el tiempo manuscritos, ya sea por la web, por mail o físicamente, folios encanutados. Algunos hasta diseñan la cubierta, como para ahorrarnos trabajo. O mandan su libro autoeditado, como si eso aumentara las posibilidades de ser seleccionado”, dice María Fasce, directora literaria de Alfaguara, Lumen y Reservoir Books. Suele existir la creencia de que mandar un manuscrito a una editorial equivale a tirarlo a la basura, pero, buenas noticias, resulta que las editoriales los tienen en cuenta.


 La editora María Fasce posa en Madrid, el 12 de febrero de 2025.



ANDREA COMAS


Fasce asegura que en sus sellos se da respuesta a todo. Eso sí, las posibilidades son remotas. Más que tirarlo a la basura, mandar un manuscrito no solicitado es como lanzar un mensaje al mar en una botella. Puede llegar a puerto, pero solo empujado por corrientes muy favorables. Y eso que en España se publican, entre todo tipo de artefactos librescos, unos 90.000 títulos al año. Algunos autores inéditos tratan de llamar la atención en medio de todo este jaleo: envían grandes cajas decoradas o camisetas de merchandising. Todo vale por sacar la cabeza.



El escritor Miguel Alcázar acaba de publicar el libro Manuscritos no solicitados (Jot Down Books). En él recopila precisamente esos textos que las editoriales rechazan y que forman una especie de literatura paralela, la literatura que pudo ser y no fue. Así se encuentran textos muy diversos: un plagio involuntario de Las ciudades invisibles de Italo Calvino, o una novela escrita con ChatGPT, o una protagonizada por anillas, martillos y arandelas u otra basada en las peripecias de los habitantes del número 13 de la Rue del Percebe creados por Ibáñez. En otra, Federico García Lorca se salva de la muerte, pasa a la clandestinidad y desde allí lidera la lucha antifranquista.

El escritor Miguel Alcázar, autor de 'Manuscritos no solicitados' (Jot Down Books).
CEDIDA POR EL AUTOR


La verdad es que son ideas brillantes, pero hay que tener en cuenta un pequeño detalle: Alcázar se ha inventado estos textos, en un ejercicio literario propio de Borges o Perec. Y hay quien, en redes sociales, ha caído en la trampa y ha estallado en cólera contra el autor por difundir estos materiales, una práctica que consideran humillante. Tampoco es raro: Alcázar juega a la confusión, como también hacía con las críticas literarias inventadas de su anterior libro, La crítica literaria en los años 90 (La uÑa RoTa). “Son un homenaje a los soñadores, a la gente apasionada, a aquellos a los que se le ha jodido la vida por la literatura”, dice el autor. No hay que perder la esperanza, aunque un rechazo editorial puede tocar mucho la autoestima y las narices: James Joyce, George Orwell o Marcel Proust también fueron rechazados.


A pesar de la invención, Alcázar conoce bien ese mundo porque fue lector externo para editoriales. Son las personas que leen los manuscritos y les dan (o no) su visto bueno para su consideración por parte de la editorial. La primera criba. Y Alcázar tiene el orgullo de haber dado paso a algunos libros de autores como Sergio del Molino o Patricio Pron. “Se trata de hacer un informe serio, con una valoración comercial, otra literaria… Pagaban unos 80 euros por libro. Pero para que veas que hay cierta arbitrariedad, a veces le pasaba los manuscritos a mi pareja para, bajo mi nombre, poder abarcar más material”, cuenta. “Los manuscritos que llegan suelen ser aburridos, o normales, o mediocres… Pero eso no es muy diferente de la mayoría de lo que se publica”, señala.


Todos los libros tienen algo bueno, aunque sean malos

Curiosamente, los lectores editoriales están expuestos a diversos materiales literarios de dudosa calidad que quizás no sean los más saludables para formar el gusto. “Nunca he leído peor que cuando estuve de lector editorial”, dice Alcázar, “los que deciden lo que se publica llevan con ellos ese bagaje de mala literatura. Pero, bueno, igual es hasta beneficioso. Como dijo Cervantes, no hay ningún libro que no tenga algo bueno, por malo que sea”.


Las agencias literarias, esas que median entre autores y editoriales, también reciben manuscritos. “Es una locura, recibimos unos 25 de media cada semana”, dice Palmira Márquez, directora de Dos Passos. El género que más se les aparece es el thriller. A pesar de que en su web comunican que ya no aceptan más, hay escritores que se presentan corpóreamente en la agencia para pedir una cita. En su caso, no les da la vida (laboral) para responder a todos. Eso sí, prestan especial atención a esos que les llegan de editores que no les ven cabida en su sello (pero puede que sí en otros) o recomendados por los escritores representados por la agencia (que llegan casi al centenar).

Palmira Márquez, directora de la agencia literaria Dos Passos.
MILAGROS MOLINARI (CEDIDA POR DOS PASSOS)


Los criterios de publicación no son estrictamente literarios. Los libros que contengan una intrahistoria, que puedan generar una noticia o que se dediquen a temas de actualidad tendrán más posibilidades de ser publicados. Además, muchas veces las editoriales no buscan un texto, sino un autor: alguien con relevancia, con seguidores, con una personalidad singular. Con un perfil. La industria editorial es una industria, no un museo.


¿Se escribe cada vez más? “Vamos a más, hay una incontinencia tremenda. Mucha gente piensa que tiene una vida suficientemente interesante para ser contada, pero al final nuestras vidas son todas bastante anodinas. Afortunadamente, hoy se compran muchos libros en España”, dice Márquez.


En Anagrama, reciben anualmente entre 600 y 1500 textos silvestres. “Hace un par de años decidimos pausar la recepción de manuscritos no solicitados porque nos resultaba muy difícil mantener un plazo de respuesta razonable. Estamos trabajando en un formulario web que nos permita reactivar y digitalizar el sistema de recepción”, dice la editora Ana Rodado. Los manuscritos recibidos se registran y revisan antes de pasar al comité de lectura, que prepara un informe. Si el informe resultante es positivo, lo lee una editora de la casa.


Fichajes inesperados


Existe el malentendido de que los editores no miramos nada, y que tenemos un nuevo Ulises sobre la mesa y no nos damos cuenta”, dice Fasce. Sin embargo, como señala, hoy es más fácil que nunca detectar talento: se puede rastrear en las redes sociales, en la prensa, por el boca a oreja, por las múltiples vías en las que un autor puede llegar hoy a las editoriales. El primer descarte también puede ser fácil para los que deciden: a veces basta con ver cómo se presenta el escritor en su mail o en su carta de presentación, o la temática del proyecto o la lectura de las primeras páginas.


María Fasce dice que, en 32 años de profesión, no ha hallado demasiado material publicable en la avalancha de manuscritos que llegan a su mesa. En otros casos sí que aparecen: la agencia Dos Passos fichó de esta manera a autores como Alba Carballal o Daniel Remón. Durante cuatro ediciones ideó una forma de canalizar esos manuscritos mediante el premio Dos Passos a la primera novela, que publicaba Galaxia Gutenberg y que ganó, por ejemplo, Daniel Jiménez con Cocaína.

Esther García Llovet, escritora, fotografiada en Plaza de Colon, Madrid en enero de 2022. Entró en Anagrama mandando su manuscrito. OLMO CALVO.


En Anagrama entraron autores de la talla de Alejandro Zambra, Juan Pablo Villalobos o Esther García Llovet. “Estuve mandando mi novela Submáquina durante seis años a diferentes editoriales y muchas hacen esa cosa tan española que es que no te dicen que no, no te dicen nada, y entonces yo esperaba y esperaba”, cuenta García Llovet. “También guardo cartas de rechazo que son elegantes y muy explícitas, como para ponerlas en un marco”, añade. Como se hartó de este mundo, de los constantes intentos por publicar dándose con la cabeza contra un muro, escribió un libro con un título muy apropiado: Cómo dejar de escribir. Hizo un último intento.



Un 28 de diciembre, Día de los Inocentes, recibió una llamada: “Señora García Llovet, ¿quiere hablar con el señor Jorge Herralde [entonces editor de Anagrama]?”. La escritora pensó que era una inocentada. Pero no lo era. Desde entonces, ha publicado cinco novelas en Anagrama, con muy buena acogida, que han construido el extraño universo de lo llovetiano. “Publicar es muy complicado, sobre todo si no conoces a nadie de las editoriales. Aunque ahora hay más editoriales que cuando yo empecé, editoriales indies, muy buenas. Y me alegro un montón”.

 Un final feliz


https://elpais.com/cultura/2025-05-11/avalancha-de-manuscritos-no-solicitados-la-literatura-paralela-que-nunca-llega-a-publicarse.html






Nunca seremos publicados.
Este vídeo es para ti que escribiste un libro y me lo mandaste


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sábado, 28 de enero de 2023

Las editoriales Cartoneras hacen Libros-objeto a bajo costo con conciencia ecológica


SOPORTES. Un envase de tetra pak o un trapo de cocina son elementos fundamentales para la creación de los libros artesanales. (Foto: Perla Miranda / El Universal )




Estimados Liponautas

Continuamos compartiendo viejas notas archivadas y hoy les regalamos esta entrada dedicada a la edición cartonera (una labor que particularmente ya habíamos hecho sin darle nombre alguno). Un método que favorece el reciclaje, la artesanía, la economía local y la economía del escritor y del lector, ya que les permite la publicación de sus obras a un costo menor que el de las editoriales tradicionales o convencionales. Este tipo de editoriales han florecido a todo lo lo largo y ancho de América y le ha permitido a los escritores y lectores poder acceder a libros, muchos personalizados,  sin maltratar mucho el bolsillo del escritor y del lector. 

Venezuela, es un país terriblemente golpeado por una crisis económica y política, que generó hambre y una migración de siete millones de venezolanos (el país tenía treinta millones de habitantes) y donde su gobierno ondea orgullosamente los ocho dólares de salario mínimo mensual que es el más bajo de Latinoamérica


EDILIO PEÑA: Cuando no hay posibilidades de comer, el cuerpo se vuelve una compañía inmerecida.


Eso hace  que el bajo precio de las ediciones cartoneras sea bastante relativo ya que el papel y el cartón incrementaron  su precio grandemente y eso convirtió la recolección de papel y cartón en una actividad mas rentable de lo que era antiguamente. En realidad la crisis ha promovido el reciclaje y la ventas de objetos usados o ventas de garage de una forma brutal. En otro tiempo en Venezuela tanto las labores de reciclaje como la ventas o compra de ciertos artículos usados no era chic, era visto mal socialmente hablando. Por ejemplo en la esfera familiar es común que entre sus miembros  lleguen a usar la ropa que a alguien ya no le queda, pero comprar ropa usada no era visto de buena manera. Pero con la crisis actual todas esas tontas restricciones sociales desaparecieron. Ahora todo puede ser vendido o comprado siempre y cuando esté en buen estado.

Aunque en Venezuela hay personas que prefieren editar sus libros en una empresa que roba a sus "trabajadores" como Amazon, existe en esta Tierra de Gracia una  alternativa editorial cartonera llamada Dirtsa Cartonera.



Ahora disfruten de esta vieja nota.


Atentamente


La Gerencia.


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Cartoneras: el arte del libro-objeto


La edición de autor y la conciencia ecológica han dado paso a la tendencia de crear libros artesanales que se ha popularizado desde Argentina a México

 

Lunes 29 de octubre de 2012


Yanet Aguilar Sosa | El Universal



yanet.aguilar@eluniversal.com.mx


Sin excepción, todos los libros cartoneros que se hacen en América Latina, desde Argentina hasta México, tienen elementos comunes: sus portadas están hechas de cartón reciclado y suelen estar pintadas a mano o con intervenciones; son ediciones pegadas, engrapadas o cosidas; sus páginas interiores son impresiones caseras o fotocopiadas; los tirajes son mínimos, si acaso superan los 20 ejemplares en su primera edición; pero ante todo son libros completamente artesanales y su aspecto físico es naturalmente tosco.

La historia reciente ha demostrado que producir libros artesanales es cosa sencilla, que es una manera de darle salida a la creación de jóvenes autores y al talento de diseñadores y artistas “sin nombre”. Las editoras cartoneras conjugan literatura, artes plásticas, propuestas jóvenes y conciencia ecológica.

La base principal de estos libros que son considerados arte objeto es el cartón reciclado de las cajas de huevo, detergente, sopa, pañales, servilletas, electrodomésticos y todos aquellos productos que se empaquetan. Es un material tan maleable, que tras su vida útil vuelve a cobrar vida convertido en tapas de libros. 

Desde 2003, cuando en Buenos Aires, Argentina, apareció la primera editorial cartonera del mundo, Eloísa Cartonera, la técnica y el deseo de confeccionar libros hechos a mano se regó por todo el continente e incluso fuera de él, han aparecido cartoneras en Chile, Perú, Paraguay, Bolivia, Uruguay, Madrid, Brasil, España, Mozambique y por supuesto México, donde hay más de 20 editoriales cartoneras, 100% artesanales. 

Una de ellas es 2.0.1.2 Editorial, que no es la cartonera más antigua ni la más desarrollada, pero sí es un proyecto artesanal urbano comandado por un jovencito de 28 años que es poeta, autor, diseñador, editor, impresor y promotor de sus propios libros; que antes, junto con Héctor Hernández Montesinos, sostuvo Santa Muerte Cartonera y que ahora ha logrado un catálogo de más de 16 libros y plaquettes. 


Libros-objeto a bajo costo


Yax Kin, el joven que ha ido conformando su propio taller en el departamento donde vive, en la colonia Narvarte, asegura que su propuesta nació “por la propia necesidad de hacer los libros pero también está el reto de la ciudad, cómo hacer libros artesanales en un ambiente urbano, esta es una editorial artesanal urbana”.

Sigue el mismo proceso de producción de todos los proyectos cartoneros que forman parte del movimiento artístico ecológico que se gestó hace casi una década en Argentina: recoge el cartón y lo recicla, diagrama, imprime y crea el libro de forma artesanal, plega las páginas, raya los lomos, las cose, les pega una tela de algodón y luego pega las pastas de cartón, y en varios les pone una sobre cubierta hecha a mano o con serigrafía. 

Son libros-objeto que nacen del reciclado de cartón que todo mundo tira. “En el proyecto se juntan varias cosas, es una apuesta editorial, además de una apuesta por una poesía nueva; apostamos por las nuevas escrituras, por textos más híbridos que mezclan poesía y prosa”. 

Cada libro que produce es diferente. Unos tienen las hojas azules, otros son voluminosos, otros de unas cuantas páginas, se guardan en envases de treta pak intervenidas por artistas; nunca hay una caja ni un libro igual; cada libro es algo particular, se trabaja con cada autor y al final se editan 10 o 20 ejemplares, luego los producen por demanda o para presentaciones y ferias de libros. 

“Pensamos el libro desde el soporte y el objeto, es un proceso artesanal y producimos poco, se mueve a través de las presentaciones, de las ferias del libro, llega a los lectores que están interesados en este tipo de apuestas”, señala Yax Kin, quien dejó la carrera de filosofía en la UNAM no sólo para escribir su poesía sino para emprender este proyecto, que, dice, no impulsan las instituciones.

Una de las prioridades de 2.0.1.2 Editorial es hacer libros económicos y accesibles a todos; parten del hecho que la inversión no es alta, de que en realidad los materiales los recogen y, aunque invierten mucho tiempo en cada libro, intentan dar precios razonables para que no se vuelva un producto elitista. 

“Hay que encontrar el balance para que no resulte un libro elitista porque eso pasa mucho con las editoriales artesanales, son muy bonitas pero terminan siendo para un grupo muy reducido que los puede adquirir; lo que buscamos es hacer libros y venderlos a un precio razonable de tal manera que el proyecto sea autosustentable, que lo que se gane se pueda seguir invirtiendo en seguir haciendo más libros”, afirma Yax Kin.

Así han publicado títulos como El sueño de Visnu de David Meza, El sol verde de Yazkin Melchy, La sed de los oráculos de Nicole Cecilia Delgado, RQIEM de Víctor Ibarra, Varaderos de la vida varia de Pauli Apóstoli y Mi país es un zombi, una antología de poesía sobre la violencia.

En ese trabajo de promoción y difusión de los materiales es muy importante internet; han confirmado que en esta labor se conjunta la artesanía con los medios electrónicos, allí salen las convocatorias para diseñadores y artistas gráficos, allí se establecen contactos pues una de las pretensiones de las cartoneras es hacer una literatura latinoamericana, también internet es un canal de difusión, suben todos sus contenidos porque creen en el Creative Commons y en el copyleft

Taller Leñateros, el colectivo editorial que de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en el que participan artistas mayas bajo la dirección de la poeta Ámbar Past, es un referente para muchos cartoneros y lo es para Yax Kin; ellos han demostrado que en los libros se puede utilizar el material que para otros son desechos. Yax Kin dice que “lo que para otros es basura para nosotros es material reutilizable”. 

Con esa conciencia han nacido varias cartoneras en el país y se han producido muchos libros. Ofrecen talleres a lo largo del año y cada encuentro es para refrendar las cosas que tienen en común. Desde hace dos años han participado en la Feria del Libro en el Zócalo, ayer concluyeron su presencia en ese espacio donde se encontraron 2.0.1.2 Editorial, La Verdura Cartonera, La Cartonera de Cuernavaca, Segus y Café con Leche, entre otras tantas editoriales pequeñitas. 

También participan en todas las ferias y festivales donde los convidan; el 2 de noviembre muchas cartoneras pondrán a la venta sus productos en la feria del libro artesanal independiente dentro del Festival de Poesía Subterráneo, en el Centro Cultural La Pirámide, que arranca el 28 de octubre, y luego se encontrarán en el festival de literatura expandida en el Museo Universitario del Chopo

Sin embargo, durante todo el año hay un lugar donde se encuentran sus libros al alcance del público, en lo que desde hace algunos años han denominado Espacio cartonero, que es un librero que se exhibe en la cafetería Global Cómic, en La Condesa donde hay libros cartoneros hechos en México y hechos en otros países. 

En México hay una fuerte presencia de cartoneros, destacan: La Cartonera, de Cuernavaca; La Ratona Cartonera, de Oaxaca; Mamá Dolores Cartonera, en Querétaro; La Regia Cartonera, en Monterrey; Kodama Cartonera, en Tijuana; Cohuiná Cartonera, en Chiapas; La Casamanita, en México; La Cleta Cartonera, en Puebla; y La Rueda Cartonera, en Guadalajara, entre muchas otras.

Todos los editores cartoneros han dado salida a sus expresiones literarias, al tiempo que hacen una labor ecológica, trabajan de manera independiente y buscan tener proyectos autosustentables; algunos persiguen fines sociales, por eso trabajan con niños indígenas, con muchachos de la calle o mujeres recluidas en cárceles.

La más antigua de las editoriales, Eloísa Cartonera, asegura que hacer un libro es cosa sencilla. Que si acaso se requiere compromiso con la ecología y un deseo de ofrecer una alternativa editorial ante el mercado editorial tan globalizado; lo hacen en pequeño, en sus casas o departamentos, ayudados con una impresora láser o de inyección de tinta, con una pequeña prensa, una segueta, resistol y, por supuesto, mucho cartón.


Tomado de El Universal.


Editions Dirtsa Cartonera - biennale du livre contemporain en milieu rural 2020
8 visualizaciones desde el 20 julio 2020 hasta el 28 de enero de 2023


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domingo, 19 de diciembre de 2021

La sabiduría de unas cuantas editoras españolas


Elena Ramírez (dcha.), Carmen Esteban (c) y Silvia Querini (izda.). Foto: Eduardo Miera.  Imagen tomada de El Mundo.





La sabiduría de las editoras



JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 2 OCT 2011
 
 
Mujeres que deciden qué leemos reflexionan sobre los retos de un momento de cambio radical en la industria cultural. Y demuestran el protagonismo femenino en el gremio.
 
Un mundo feliz o La guerra de los mundos? Ese fue el lema del encuentro sobre la salud de la edición en España que se celebró en Santander en julio pasado. La dirección de ese foro anual corrió a cargo de Ofelia Grande, directora de Siruela, y las sesiones de trabajo se agruparon bajo títulos de clásicos con doble lectura. Semanas más tarde, y ya sentada en la oficina madrileña de su editorial, Grande recuerda que las conclusiones del simposio fueron menos humorísticas que su planteamiento. "El clima es de preocupación, y es normal porque hay una crisis general, pero debería ser de reto", apunta. "Las crisis son buenos momentos para la reflexión: ¿publicamos demasiado?, ¿hay lectores para tantos títulos?, ¿cómo prepararse para el libro electrónico?, ¿qué futuro espera a las librerías?". Las preguntas que enumera son las mismas que cruzan a diario la cabeza de todos sus colegas: "Lo importante es buscar la excelencia sin perder de vista que una editorial es una empresa atípica, pero empresa al fin y al cabo. Si descuidas los números, terminas por no poder publicar los libros que quieres".

Nuriá Cabutí. Foto: Pablo Monge. Imagen tomada de El país.



La incertidumbre respecto al futuro no tiene tamaño, pedrigí ni sexo, pero Grande forma parte de un gremio en el que las mujeres siempre han tenido más protagonismo desde el punto de vista intelectual que desde el empresarial. No obstante, la llegada el año pasado de Nuria Cabutí a la cima del grupo Random House Mondadori como consejera delegada para España y Latinoamérica amplió, por el lado de las cifras, la labor que en los años sesenta iniciaron, por el lado de las letras, pioneras como Rosa Regás (de Seix Barral a La Gaya Ciencia) o Esther Tusquets y Beatriz de Moura, fundadoras de Lumen y Tusquets respectivamente. Ese mismo camino doble es el que, a su escala, siguen editoras independientes como Valeria Bergalli (Minúscula), Carola Moreno (Barataria), Irene Antón (Errata Naturae), María Moreno y Viviana Paletta (Veintisiete Letras), Paca Flores (Periférica), Ana Pareja (Alpha Decay), Marian Womack (Nevsky Prospects) o Diana Zaforteza (Alfabia).

Todas conviven con una "clase media" de sellos medianos y grandes como Destino, Alfaguara, Seix Barral, Salamandra, Crítica, Taurus, RBA, Gustavo Gili, Roca o Siruela, cuya línea editorial la deciden, respectivamente, Silvia Sesé, Pilar Reyes, Elena Ramírez, Sigrid Kraus, Carmen Esteban, Inés Vergara, Anik Lapointe, Mónica Gili, Blanca Rosa Roca y la propia Ofelia Grande. Aunque muchas coinciden en que la presencia de las mujeres en los consejos de dirección de las grandes empresas sigue siendo una "asignatura pendiente", ninguna tiene demasiado interés en buscar una explicación a la presencia femenina en el mundo del libro, donde las agentes literarias son todo un símbolo. "Dicen que somos más lectoras", reflexiona Blanca Rosa Roca, que fue la primera mujer en la junta del gremio de editores. "No creo que sea porque tenemos más sensibilidad. Puede que sea porque hay más mujeres que han estudiado literatura y filosofía".

Por otro lado, Perogrullo demuestra que si cada vez hay más mujeres editoras es también porque cada vez hay más editoriales. De hecho, la proliferación de sellos independientes en España es una de las grandes novedades de la última década. La propia Roca, que pasó de una gran corporación (Ediciones B, del Grupo Zeta) a fundar su propio sello, todavía recuerda la amenaza de los años noventa de que la globalización acabaría con los pequeños: "Te decían que o eras un gigante, o no resistirías. Y ha sido todo lo contrario". Uno de esos nuevos sellos es Alfabia, y su responsable, Diana Zaforteza, tiene una explicación para el fenómeno: "Surgen editoriales pequeñas porque las grandes habían dejado un hueco. Las pequeñas arriesgamos y hemos demostrado que hay un público sediento de libros de calidad". Algo menos idealista, Blanca Rosa Roca añade otro factor: "Las nuevas tecnologías han facilitado mucho la edición". En efecto, Internet acelera la gestión de derechos, los ordenadores abaratan la preimpresión y las imprentas permiten que un libro sea rentable sin hacer grandes tiradas.

El progreso técnico ha facilitado la labor editorial, pero también ha subrayado uno de las grandes rasgos del panorama español: el gran número de títulos y, de su mano, la cantidad de libros que las tiendas devuelven a sus editores. Según la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), en 2010 se publicaron más de 76.000 títulos, un 2,3% más que el año anterior. ¿Quién dijo crisis? Elena Ramírez (Seix Barral) reconoce que unos defectos tiran de los otros, pero no duda en señalar el mayor de todos: los bajos índices de lectura, que no superan el 55% de la población. Más de la mitad de los españoles leen libros con regularidad. Casi la mitad no lo hace. En un asunto así, el vaso siempre está medio vacío. "Ninguna medida será importante, ni siquiera el paso al digital", apunta, "si no aumentan los índices de lectura. Y preveo que no solo no aumentarán, sino que caerán en un futuro próximo, porque irán de la mano de los recortes en educación".

En época de vacas flacas, todo se vuelve más difícil, pero la lectura es otra de las asignaturas que en España siempre quedan para septiembre. Los lectores, además, se reparten de un modo peculiar. "Hace casi 20 años que vivo en España", reflexiona la canadiense Anik Lapointe (RBA), "el país ha vivido una gran revolución económica y social. Se editan muchos y muy buenos libros, y se compran y se leen más que nunca. Pero quizá la masa total de lectores está aún en exceso polarizada entre los que leen mucho y otros que leen poco. Tengo la sensación de que hay espacio para más lectores habituales". Para otra barcelonesa de origen extranjero, la alemana Sigrid Kraus (Salamandra), el mundo del libro ha mejorado "espectacularmente" en las últimas dos décadas, pero se lamenta: "No se ha aprovechado para invertir más en apoyar a las librerías. Desde la Administración, las librerías independientes nunca se han entendido del todo como un bien cultural pese a que cumplen con una importante función en la difusión de la lectura".

El futuro de las librerías es el tema de conversación este año. Buque insignia de una flota de la que forman parte Google o Apple, la librería virtual Amazon desembarcó el mes pasado en la lengua española con una oferta de 2,5 millones de títulos. "Amazon es el gran librero", reconoce Blanca Rosa Roca. "Lleva mucha ventaja. A veces necesitas que alguien venga de fuera para dinamizar tu mercado. Afectará sobre todo a los libreros, pero los buenos, que tienen su clientela, sobrevivirán adaptándose".

Las librerías virtuales no han hecho más que certificar una realidad de siglos: el mercado en español no termina en España. Según los expertos en demografía lingüística, en 2050 Estados Unidos se convertirá en el primer país por el número de hispanohablantes: un mercado gigantesco con sede social en las nubes. Entretanto, y con solo el 10% de los hablantes, España mantiene su hegemonía como capital editorial de América. ¿Por qué? Según la colombiana Pilar Reyes (Alfaguara), porque "las editoriales más importantes son de aquí y la mayor parte de las vías de consagración en nuestro idioma las ha inventado y alimentado España...". Según Reyes, la globalización real del español necesitaría un puñado de cambios que pasan por uno decisivo: la circulación. "Hacer que los libros viajen sigue siendo el gran reto", dice. ¿Estará la solución en el formato electrónico? ¿En las librerías virtuales? Como recuerda Sigrid Kraus, para algunos colegas suyos de otros países, Amazon ya supone el 50% de la facturación. Pero la rotunda realidad de los números tiene matices: "Como consumidora, Amazon me ha servido para acceder con rapidez a títulos de fondo, pero me he llevado muchas decepciones con sus recomendaciones. No creo que sustituya a un buen librero".

Si Amazon y las librerías digitales son el futuro inminente de la edición en papel, el eterno futuro es la mil veces anunciada implantación masiva del libro electrónico, que en España supone poco más del 1% del mercado. El formato digital avanza despacio en todo el mundo salvo en Estados Unidos. Allí no pasa del 10% del mercado, pero el número de dispositivos de lectura es mucho mayor y la costumbre de comprar por Internet está más arraigada. Cada mes de octubre, en la Feria de Fráncfort se repite el mantra de que en 2018 el libro electrónico superará en ventas a su equivalente en papel. En el caso de España, la fecha es algo más que optimista. "Hemos empezado tarde y vamos parcheando", dice Ofelia Grande, "pero somos editores y tenemos que dar al lector el libro en el formato en el que él lo quiera leer. No seamos tremendistas. Es una nueva vía".

Para Blanca Rosa Roca, que participa del núcleo duro de Libranda, la plataforma digital que reúne a los grupos grandes pero no acaba de despegar, es "fundamental" controlar las descargas ilegales, pero hay que "facilitar" las cosas. "El libro electrónico nos abre el mundo porque el físico llega adonde llega", dice. "No habrá fronteras ni devoluciones. Eso sí, tendremos que vender por volumen: más libros a menor precio. Los precios deberán asegurar que autor y editor puedan ganarse la vida, pero serán más bajos". Todas coinciden. Asistimos a un cambio radical de la industria cultural que Pilar Reyes considera "estimulante" y en el que los editores tendrán que reinventar su papel mediador, que, lejos de perder peso, lo ganará: "En un mundo donde todo puede ser publicado, la importancia de seleccionar bien es aún más apremiante. Publicar libros que marquen la diferencia será un imperativo".

Futuro es la palabra clave... del presente. ¿A qué lector deberá adaptarse el editor de mañana? "El lector del futuro", apunta Elena Ramírez, "leerá algunos libros en papel, otros en una tableta y otros en el móvil. Alternará lecturas y dispositivos según la oferta de contenidos y precios de cada libro". La convivencia de formatos parece garantizada, pero Sigrid Kraus apunta que la revolución de la forma afectará al fondo: "Durante mucho tiempo coexistirán el libro electrónico y el libro en papel, cumplen funciones distintas, pero el lector tendrá cada vez menos tiempo y sosiego para dedicarse a leer. Será un lector cada vez más impaciente en un mundo cada vez más veloz". Parece, pues, que siempre hará falta alguien que garantice la calidad en medio de la velocidad: un librero, un crítico tal vez, un editor. O, visto el presente, una editora.


Foto Ines Baucells. Imagen tomada de ABC.


SIGRID KRAUS

"Jonathan Franzen no podría haber llegado en mejor momento"

Fenómenos editoriales como Harry Potter o El niño con el pijama de rayasterminaron en Salamandra gracias al olfato de Sigrid Kraus, alemana de 47 años nacida en Gunzenhausen y recriada en Brasil, adonde la familia fue siguiendo al padre, geólogo. En 1985 llegó a Barcelona para trabajar como editora en prácticas y conoció al que sería su marido, Pedro del Carril, encargado de la argentina Emecé. En 2000, Planeta compró la editorial de Borges y ellos fundaron Salamandra. Pese al éxito de sus best seller millonarios, Kraus ha evitado vivir de las rentas y apuesta por autores como Sandor Márai, Andrea Camilleri o Zadie Smith. Este año espera repetir suerte con la que dicen es la novela de la era Obama, Libertad. "En un momento de confusión entre las clases acomodadas de Occidente, Franzen nos pone el espejo y nos dice, sin dedo acusador, esto es lo que somos y hasta aquí hemos llegado en el rincón más privilegiado del planeta. No podría haber llegado en mejor momento".



Pilar Reyes, directora de la división literaria de Penguin Random House.  /
JORDI COTRINA. Imagen tomada de El Periódico.

PILAR REYES

"Nunca publiques un libro del que no te sientas orgulloso"

Pese a tener solo 39 años, la bogotana Pilar Reyes fue directora general del grupo Santillana en Colombia antes de instalarse en Madrid para ponerse al frente de la editorial Alfaguara. No es, pues, extraño que sea una ferviente defensora de que, como quería el crítico Ángel Rama, "los relojes de la cultura de América Latina marquen todos la misma hora". Por lo pronto, ella está en el eje editorial que sirve de referencia a esos relojes. "Hacen falta más centros", afirma. Llegó a España en 2009 y en unos meses le tocó ocuparse de la nueva novela de Vargas Llosa y, sobre todo, del Nobel al escritor peruano. Ella, que publica a autores como Carlos Fuentes, Fernando Vallejo, Javier Marías o Gay Talese, dice que pedirle que elija un título entre el medio centenar que publica al año es como preguntar a qué hijo quieres más: "Solo puedo decir que una regla básica de la edición debería ser: nunca publiques un libro del que no te sientas orgulloso. El catálogo es el activo más importante de un editor".

Imagen tomada de Podiprint.



BLANCA ROSA ROCA

"Siempre he querido medirme con los grandes"

Dice Blanca Rosa Roca que el lema del sello que lleva su apellido -Roca Editorial- es "una pequeña gran editorial", de ahí que comparta distribuidor con los independientes, pero publique best seller que llegan a los hipermercados. Roca, barcelonesa de 54 años, trabajaba en el departamento de marketing del Grupo Zeta, fundado por su tío, cuando la empresa compró Bruguera para transformarla en Ediciones B. Tras un año en el departamento de prensa, se convirtió en directora general, hasta que en 2003 fundó su propia firma. "Siempre he querido medirme con los grandes", dice una mujer que de su antigua etapa conserva la amistad con Bernardo Atxaga -autor suyo entonces, como Manuel Rivas o James Ellroy- y el respeto de Noah Gordon, que la siguió en su nueva aventura: "Tuvimos que pedir un crédito para contratarle la nueva novela". En Roca conviven los superventas y el prestigio. Así, su espina es Doctorow, "un mito en EE UU que no despega en las ventas. Pero hemos comprado todo su fondo".

Imagen tomada de El País.



ANIK LAPOINTE

"Cuando cambias de trabajo, piensas: ¿qué puedo hacer que no se haya hecho?"

No es ninguna temeridad decir que el boom de la novela negra en España le debe mucho a Anik Lapointe. Canadiense de Montreal y de 1964, llegó becada a Barcelona al calor de la relación Cataluña-Quebec. Era el año de los Juegos Olímpicos, y al poco entró en Quaderns Crema y Sirmio, precedente de Acantilado. De allí saltó a Península, donde lanzó una colección de viajes en la que mimó a clásicos contemporáneos de la no ficción narrativa como Colin Thubron o Patrick Leigh Fermor, y en 2000 aterrizó en su actual destino: la dirección literaria de RBA. "Cuando cambias de trabajo, piensas: ¿qué puedo hacer que no se haya hecho?", cuenta. Entonces reparó en que, desde la extinción de la venerable Júcar de los años ochenta, en España no había ninguna gran colección policiaca. Y justo cuando en el mundo anglosajón surgía una nueva generación de autores. Así, apostó por nombres como Philip Kerr o Dennis Lehane, y el panorama editorial cambió definitivamente de color.


Imagen tomada de El Periódico


OFELIA GRANDE

"Nunca me sentí sola ante el peligro"

La salmantina Ofelia Grande llegó a Siruela, recuerda con precisión, "el día de San Valentín de 2000". Tenía 29 años y muchos nervios. Viene de una estirpe de editores y siempre había "fantaseado" con serlo. Tras ejercer de abogada -"para alejarme de la familia"- y trabajar en Anaya, dijo que sí a su tío Germán Sánchez Ruipérez cuando le ofreció hacerse cargo del sello que acababa de comprar a Jacobo Fitz-James Stuart. Grande reconoce que tuvo "el privilegio" de entrar desde arriba, pero también recuerda que hace 11 años hubo quien pensó: "A ver cuánto dura esto en manos de esta niña". A su lado, mucha gente dispuesta a ayudarla: "Empezando por Jacobo. Nunca me sentí sola ante el peligro". Hoy dirige a 17 trabajadores que, de Amos Oz a Fred Vargas pasando por Jesús Ferrero, publican 90 títulos anuales. El más vendido: El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder (1,5 millones de ejemplares). Su primera apuesta: Cuando el árbol canta, del griego Stratis Haviaras.

Imagen tomada de Kienyke.



DIANA ZAFORTEZA

"Todavía no se ha inventado una máquina tan perfecta como el libro de papel"

Con 33 años, Diana Zaforteza ya ha fundado dos editoriales. La primera, Alpha Decay, en 2004, junto a Enric Curcurella y con el padrinazgo económico de Carmen Barcells y el intelectual de Jorge Herralde. Cuatro años más tarde, esta barcelonesa de origen mallorquín se independizó para fundar Alfabia, que este año publicará 15 títulos. El francés Pierre Michon, la Nobel polaca Wislawa Szymborska, Lou Reed y Andy Warhol forman parte de un catálogo que combina la tradición y el pop. Zaforteza es una de las editoras más jóvenes del panorama y a la vez una de las mayores defensoras del libro de papel. "Todavía no se ha inventado una máquina tan perfecta", dice. También rompe una lanza por las librerías independientes: "Gracias a ellas pueden existir editoriales pequeñas como la nuestra". Sabe de qué habla. Los libreros de Cataluña concedieron su prestigioso premio anual a la novela Sukkwan Island, de David Vann, una de las joyas de su catálogo.

Tomado de El País.


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20/06/2025