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domingo, 6 de septiembre de 2026

Juan Martins (1960 - 2026), teatrista y poeta venezolano a José Pulido: Son los lectores, quienes nos dicen si somos escritores

 


Juan Martins




El pasado domingo 30 de agosto de 2026 falleció el escritor Juan Martins debido a complicaciones de salud.

Le hacemos llegar nuestras condolencias a sus allegados.


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Juan Martins, el escritor portugués de Maracay

José Pulido domingo 11 de octubre de 2020




Martins: “No podría estar sin escribir, no me concibo de otra manera”.



Tenochtitlan. Imagen tomada de aquí.


“Desde la remodelación de Tenochtitlan, luego de su destrucción por Hernán Cortés en 1521, hasta la inauguración en 1960 del más fabuloso sueño de urbe de que han sido capaces los americanos,  la Brasilia de Lucio Costa y Oscar Niemeyer, la ciudad latinoamericana ha venido siendo básicamente un parto de la inteligencia, pues quedó inscripta en un ciclo de la cultura universal en que la ciudad pasó a ser el sueño de un orden y encontró en las tierras del Nuevo Continente, el único sitio propicio para encarnar”. Eso lo escribió el inolvidable ensayista Ángel Rama.

El Congreso Nacional diseñado por Oscar Niemeyer en Brasilia.


Es un parto de la inteligencia cada ciudad, sí señor. Rama estaba en lo cierto. Por ejemplo, Maracay fue un caserío, un rancherío y de pronto cambió para volverse embrión de ciudad y fue así como Humboldt conoció el lugar y detalló algunos aspectos:

Ángel Rama. Imagen tomada de aquí.


El pueblo, o más bien, el burgo de Maracay era antes el centro de las plantaciones de añil, cuando este ramo de la industria textil era el más próspero. En 1795 se contaban allí 70 mercaderes con tiendas, en una población de cerca de 6.000 habitantes. Las casas todas son de tapias: en cada casa hay cocoteros, cuyas cimas se elevan por encima de los edificios. El aspecto de bienestar general es todavía más ostensible en Maracay que en Turmero.

Maracay y el Lago de Valencia. Imagen tomada de aquí..


(Humboldt nunca podría adivinar que Turmero nunca dejaría de ser una ciudad pequeña, pero con crecimiento en el arte y en la poesía debido a Mario Abreu y a las hermanas Yolanda y Blanca Pantin).

Alejandro de Humboldt.


Hubo una época en que se podía decir que el cielo de Maracay era color añil, sin que alguien calificara de tontería tal afirmación. En Maracay y en Nirgua mejoraron el cultivo de añil los vascos guipuzcoanos. Maracay vivió una inspiración vasca en aquel tiempo.

Yolanda Pantin


Después los maracayeros hicieron vida nerviosa con la dictadura de Juan Vicente Gómez instalada a sus anchas en ese calorón. Pasado un buen tiempo hubo una temporada marcada por el orgullo de tener a César Girón, a sus hermanos y al Diamante Negro. Y en su atmósfera se fabricaron tardes de toro salerosas y dolorosas.

Juan Vicente Gómez. Imagen tomada de Wikipedia.


Posteriormente, la narración de Eduardo Casanova, la música de Otilio Galíndez, los jonrones de Miguel Cabrera y la poesía de Harry Almela y Alberto Hernández, pusieron a Maracay en un mapa de perfecto cariño.

Eduardo Casanova


Y ahora, para complementar el carisma de Maracay, se crece Juan Martins con sus obras, que son de dramaturgia, de narración, de poesía. Aparte del olor a pan recién horneado que difundieron los portugueses en todo el país, también han aportado a unos cuantos creadores literarios. Entre ellos, el caballero entrevistado.


 

Caramba-Otilio Galíndez

https://m.youtube.com/watch?v=RVIXutYwdfU


El teatro es una relación de cuerpo a cuerpo con el espectador. Sí, tenemos que reinventarnos; aun así, no podemos perder esta perspectiva conceptual con la teatralidad.


Hijo de portugueses

Gonçalo M. Tavares. Imagen tomada de aquí.



—¿De dónde viene tu apellido?


—Soy lusodescendiente. Mis padres son inmigrantes que llegaron de la isla de Las Azores, Portugal. Mi madre llegó al país con apenas cinco años de edad, en 1945, y mi padre en 1959. Acá estructuraron sus vidas del modo que ya todos conocemos de esta inmigración: trabajo, honestidad y responsabilidad. Estos son los valores que me trasmitieron. De allí mi arraigo con esta otra lengua, la lengua portuguesa. Arraigo que también se traduce en literatura. Por nombrarte algo relevante: uno de mis libros de ensayos, Gonçalo M. Tavares: el secreto de su alfabeto, auspiciado por el Instituto Portugués de Cultura, es una marca dentro de mi obra. Lo digo por lo siguiente: Tavares se introdujo en mi estilo de escritura. En una manera de entenderme con ella; lo heterodoxo, la ruptura de géneros o su mixtura, por decir dos de sus aspectos importantes. El saber que escribes, como bien lo dice él, desde el alfabeto y no desde el género. Es decir, que de allí surja lo que la misma escritura exija y le quede al lector decidir. A partir de este matiz de libertad comprendí que esto podía ser parte de aquel estilo. En virtud de lo cual me edifico en la literatura portuguesa. Pessoa, por ejemplo, se transfiere en lenguaje porque deviene en lo que escribiré. Escribimos después de los otros, dice Enrique Vila-Matas. Y eso es una verdad, puesto que le confiere al acto de lectura una propiedad creativa. Portugal se me hace inexorable en la memoria y se introduce en las formas de mi escritura, en su cadencia, el sentir y, siendo un poco más riguroso, en esta intertextualidad a la que deseo corresponderme por medio de un proceso lúdico porque me entretiene.


—¿Qué amas de Maracay?


—Lo que amo de Maracay son mis amigos. Es en ellos que me construyo. Apostemos en claro, mi amistad con el destacado escritor Alberto Hernández me acompaña en este sentido profesional con la escritura: lecturas, ediciones, tertulias e intercambios. Para decirlo en una palabra que me es común con el portugués: conversa. Y son esas conversaciones las que me complementan en el quehacer. Esto, entre otras cosas, me define porque soy también un hombre de teatro. Y extraño mi público. En estos momentos tengo preparado un performance con el teatro de Fernando Pessoa, así como también un libro de ensayo en el que estoy trabajando. Y como bien sabemos, el teatro es una relación de cuerpo a cuerpo con el espectador. Sí, tenemos que reinventarnos; aun así, no podemos perder esta perspectiva conceptual con la teatralidad.

Harry Almela y Alberto Hernández. Fotografía de Henry Cedeño. Imagen tomada de Aquí

—¿Desde cuándo escribes?


—Me gustaría responder que desde siempre, decir que siempre estuve escribiendo. Desde la infancia, si acaso consideramos que primero somos lectores. Luego, escribimos. Sin embargo, llegué muy tardío a la escritura. Debo destacar la importancia que tuvo para mí el poeta Harry Almela; es por él que en mi juventud llegué a la poesía en sus famosos talleres en que nos formamos toda una generación. Para mí, la literatura era Harry Almela. Todo lo que sucedía en mi ciudad en torno a ella tenía que ver con dos personas: Harry Almela y Alberto Hernández. Dejó aquél un legado muy importante, una relación de disciplina y seriedad a la cual me apego y con el mayor rigor posible. El libro con el cual recibí el Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar, Soy una herida que se deja atenuar, lo dediqué a la memoria de Harry Almela. Dado a lo aprendido y a quien vertió en mí esa pasión desde mi juventud, por allí cuando tenía veinticinco años. Hoy soy un viejito (bromeo) de 59 procurando mi voz. No es un gesto ingenuo, sino de responsabilidad con la escritura.


—¿Y cuándo supiste a ciencia cierta que eres escritor?


—No tenemos la certeza de cuándo, si acaso lo somos. Son los lectores, estoy seguro de ello, quienes nos dicen si, en el mejor de los casos, estamos escribiendo. Si algún lector nos espera mientras nuestro yo se va desvaneciendo. Un solo lector nos daría una gran alegría. Y si esto nos hace escritores, entonces puedo decir que la poesía me confirió esa seguridad. Por tal motivo me resisto para publicarla cuando trato, no es fácil, pasar lo más desapercibido posible. Siendo así me permito comentar que llegué muy tarde a la escritura. Aunque, pienso ahora, siempre lo hacía de alguna manera. En cierta manera se escribe en mi cabeza aquel libro, poema, drama y ensayo antes de ser publicado. Es decir, tratar de saber qué escribimos cuando no estamos escribiendo. Recordemos algo: publicar no tiene nada que ver con escribir. Son, como dice Tavares, dos verbos diferentes.

Rodolfo Santana. 1982. Imagen coloreada

—¿Qué cosa más importante aprendiste con Rodolfo Santana?


—Tu pregunta me sorprende gratamente, incluso diría que es necesaria. Todo en Santana es importante. Ahora destaco, no su relación política de su discurso, prefiero quedarme con lo mejor de él, su vínculo con las vanguardias, con la ruptura de lo convencional. Su apego a esta poética lo afirma, no ahora, sino dentro de unos años cuando el país se transparente. Ese discurso, a cambio del político, es lo que se preservará de su dramaturgia. Y es allí donde aprendí de él su humor, lo lúdico, su teatralidad y, por encima de todo esto, sus diálogos en el marco de atmósferas oníricas, algunas veces, y otras en un ritmo avasallador donde la realidad se transfiere en un estado emocional. Quiero decir con esto que es justo su poética lo que me atrae y, si queremos, la capacidad de introducir sus ideas en los diálogos, decía, el ritmo de su escritura, puesto que en el arte, como en la literatura, lo importante no es lo que dices, sino cómo lo dices. Le debo mucho a él. Hay otras voces, por supuesto, por lo que no sería honesto olvidarme de Gustavo Ott, Isaac Chocrón y José Ignacio Cabrujas.


José Ignacio Cabrujas. Foto coloreada.

—¿Cuál es tu gran pasión?


—Escribir. No importa si lo hago desde un género u otro. Es la misma escritura la que me conduce a otras pasiones, entre ellas, el teatro. Y con el teatro tengo una relación menos convencional. Siempre procurando este nivel de heterodoxia como te mencionaba. Mucho de esa escritura viene tejida por el ejercicio con lo experimental (permíteme por favor el eufemismo): escribir desde otra mirada la cual nunca es nueva, apenas trato con lo auténtico. Ya que, en el mundo de las pasiones, todas están dispuestas sobre la mesa. Tomo lo que me interesa, selecciono, aun bajo el riesgo de equivocarme. Cómo si no.



Mi condición de crítico deviene de la lectura. Mi mayor placer. Sólo que este placer te exige sitiar lo racional.



—¿Qué le ha aportado la dramaturgia a tu poesía?


—En la dicción, evitar estructuras cerradas por lo simbólico. El diálogo te permite, en su intento, hallar la transparencia. Tener algo que decir en función del lector. Entiendo esta necesidad en tanto que reconozco mi voz más cerca de lo simbólico que de lo cotidiano o del testimonio. Escribir poesía a partir lo cotidiano es muy difícil. En lo particular requiere de mi parte un esfuerzo mayor que mi talento. Escribir es muy difícil, aun por debajo de tus posibilidades. No obstante la dramaturgia incorpora una vigilia con aquella cotidianidad. Es un reto mayor. Y en consecuencia este ejercicio es dialéctico entre el poema y el drama.

Harry Almela. Foto Henry Cedeño. Imagen tomada de Medium.


—¿Qué le ha aportado la poesía a tu dramaturgia?


—Mucho. Es una relación completa. Ahora estoy trabajando en una trilogía cuyos diálogos se acercan al verso, al poema, sin que por ello se pierda la acción. Ésta es, la teatralidad. Por medio de esta técnica intento sitiar el poema en su encaje teatral “palabra/escenificación” con el propósito de vincular la escritura con lo heterodoxo. Insisto, no es nada nuevo, pero el ejercicio me divierte. No me lo tomo tan en serio, es una instrucción con lo lúdico en el marco de una poética que me caracteriza, si de alguna manera pueda definirme. Ah..., José, lo recuerdo ahora, debo decirte lo siguiente, en ese sentido Fernando Pessoa con su Teatro estático es una premisa para definir la vanguardia portuguesa. Supuestamente, dicho por Pessoa, un teatro carente de acción. Lo que no advirtió fue la compleja relación entre el poema y el impulso teatral inherente en su dramaturgia: lo que se ha dicho en cuanto a su corporeidad de la palabra. El poema se teatraliza, incluso, desde ese rigor simbólico de su poesía.





—¿Qué le ha aportado la crítica a tu escritura?


—Por lo dicho: “escribimos después de los otros”. Al revisar el genio de los otros, me descubro. Si consideramos aquello que nos decía Roberto Bolaño, que escribir es muy terrible y que lo natural no es escribir, sino leer. Mi condición de crítico deviene de la lectura. Mi mayor placer. Sólo que este placer te exige sitiar lo racional. Al leer, me emociono. Al racionalizar esa emoción llega lo crítico que, también por lo heterodoxo, quiere hallarse con la escritura, tanto en mis textos de crítica literaria como teatral. Metódicamente hablando son más las semejanzas que las diferencias entre escritura y crítica. Si hay algo que aporta es registrar mi voz como narrador. Allí tengo una pasión reservada: mi reciente libro de narrativa. Me arriesgo, intento encontrarme con otro tipo de lectores. Podrás evaluarlo de este libro, El vuelo fractal de la mosca (éste y otros de mis libros en mi perfil en la plataforma Issuu), auspiciado esta vez por el Centro de Língua Portuguesa Upel Maracay y el Instituto Camões da Cooperação e da Língua de Portugal, así como el Ministério Dos Negócios Estrangeiros en su versión digital. Y me siento muy feliz porque es justo la respuesta a tu pregunta. Mi condición de crítico me preparó (¿acaso me advierte?) para este, mi reciente libro, y estamos hablando de muchos años de trabajo. Adquirir a partir de entonces las herramientas necesarias, la madurez a modo de consolidarme en el género narrativo. Y los lectores, lo más importante, me dicen por dónde ir. Este libro me ha obsequiado lectores. Esto es una alegría. Digamos algo: el crítico, el escritor y el dramaturgo se unifican. Por momentos no sé dónde están los límites, puesto que el discurso se integra en ese valor disconforme con la escritura. Repito aquí lo que dice António Lobo Antunes: escribir es muy difícil. El talento no existe, lo que existe es el trabajo. Muy cierto, Antunes. Nunca antes lo había entendido tan bien.


Roberto Bolaño por MarcoVillar


—¿Pensaste alguna vez que el país llegaría a estar como está?


—No. Por tal motivo te mencionaba la trilogía dramática en la que estoy trabajando. Trato en la misma el asunto que nos atañe: los refugiados, el populismo y la destrucción por causa de la violencia. En medio de todo, el desasosiego. Así que los diálogos se imponen desde el dolor como estructura emocional que la define. Por ahora (no estoy seguro del todo) se denominará . Mi encuentro con la escritura tiene un dejo con lo orgánico lo cual no hay que confundirlo, por oposición, con la disciplina y el rigor del trabajo.


—¿En qué lugares de tu caminar cotidiano sientes la falta de los amigos?


—Siempre. Extraño la alegría de nuestros espacios culturales. Un Ateneo de la ciudad cerrado. Y lo más difícil: perder aquellos lugares de encuentro que nos definían: la “conversa” a la que me refería. Allí ya no está Harry Almela ni el taller de literatura, lo extraño. Me entristece. Allí todavía no están los otros, el desasosiego se profundiza, el dolor también. Intento entonces colocarlo en la escritura. Al presente, estoy fascinando con esta posibilidad técnica de la narrativa. No lo sé, pero de alguna manera, tal desasosiego formará parte de lo que viene. El paseo por mis calles es la trascendencia de ese dolor. Hay un libro de ensayo que denomino El delirio del sentido, desde una poética del dolor y otros ensayos. Allí establezco una relación entre el dolor y su giro poético en la escritura, sobre todo en relación, vuelvo a decirlo, con el teatro y las emociones.

La trama, dentro de lo que considero, no es importante, sino el estilo.


—¿Hacia dónde va tu escritura?


—No lo sé, pero sin disciplina no sabré adónde ir. Me divierto. Te decía que no me lo tomo tan en serio; es, por contradictorio que parezca, mi forma de hallarme con la transparencia de la escritura y la vida. Sin embargo, no sé hacer otra cosa. No podría estar sin escribir, no me concibo de otra manera. Que lo decidan los lectores. Como dice Enrique Vila-Matas a través de uno de sus narradores, estoy enfermo de literatura.


—¿Qué parte de Venezuela se volvió teatro y poesía en ti?


—Aquella, si acaso tiene lugar, que representa a la idiosincrasia del espectador. Nada hay más fascinante que hacer feliz a éste después de cada función, sin importar lugar y hora. En otras palabras, si hay un territorio ese sería una sala de teatro. Y en tanto a la poesía, mi ciudad, Maracay, porque es ésta donde me encontré con ella. Mi ciudad me estrechó en esa relación con la poesía. Y por supuesto, como lo sabes, escribimos para el mundo.

Haruki Murakami.Imagen tomada de aquí.


—¿Qué quieres en realidad proyectar en tu escritura? ¿Cuál es el planteamiento primordial para ti?


—No tengo un planteamiento. La trama, dentro de lo que considero, no es importante, sino el estilo. La escritura (el acto mismo de escribir) lo define. Así que me cuesta responder esta pregunta porque el fondo se me desvanece en prioridad por la forma. Si hay algo qué decir allí, surgirá del mismo proceso. Claro, en algunos momentos tal trama me seduce; en cambio, la forma se impone. Si hay algo que quiero proyectar es esto, el estilo: la forma no convencional de la escritura. Tal como dice Haruki Murakami, quien no sabe qué va a escribir en la próxima página hasta que llega a ella. Y esto compromete a la forma de la escritura.



Aportación Internacional de Juán Martins para territorios del artista

25 Visualizaciones desde el 27 sept de 2018 hasta el 05 sept 2026

https://m.youtube.com/watch?v=Elyj-pTPKbE



https://letralia.com/entrevistas/2020/10/11/juan-martins/


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Juan Martins. Imagen tomada de Letralia.



Juan Martins. (Maracay,Venezuela, 3 de noviembre de 1960 - 30 de agosto de 2026) Poeta y dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. Mención de honor como finalista en el «V Premio El espectáculo Teatral», 2011. Madrid, España con Duchamp, 11:45. Primer Premio en el «XVI Concurso Nacional de Literatura IPASME», 2008 con Saldré de tu piel de cuero. Premio «Miguel Ramón Utrera», 2007, mención dramaturgia con la obra Caramelo de Nueva York*. «Premio Bienal de Literatura Augusto Padrón», 2004, género dramaturgia con la pieza Caperucita ríe a medianoche. «Premio Mayor de las Artes», mención dramaturgia. Conac, 2004 con la pieza Dollwrist. Ha publicado Poética para el actor (2000 y en imprenta una nueva reedición) y Cartas del corazón para Edith Piaf y otras piezas (2002) en esta, editorial «The Latino Press» de Nueva York. Con la misma editorial ha publicado su antología Caperucita ríe a medianoche y otras piezas (2014) y Monos azules en Times Square.(2014) a cuatro manos junto al insigne escritor Isaac Goldemberg, anteriormente publicada en el 2008 con la editorial «Cuadernos del Teatro San Martín de Caracas». Su teatro ha sido traducido al francés y al portugués. Entre otras publicaciones y premios. Colaborador en revistas de crítica teatral, tanto en Venezuela como fuera de su país (España, Cuba y Argentina). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral Teatralidad. Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo Mariana de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. Él es Vila-Matas, no soy Bartleby y El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo De qué hablo cuando hablo de Murakami (2016).Como investigador es coautor del libro «Análisis de la dramaturgia Venezolana actual». España, Editorial ADAE, bajo la dirección del destacado José Luis García Barrientos y coordinado por el maestro Leonardo Azparren. Recién galardonado con el «Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar».

*Pieza y artículos traducidos al portugués por  Rogério Viana:«O autor, professor e crítico venezuelano Juan Martins, do qual traduzi o texto teatral ‘Caramelo de nova york’, publica na Venezuela alguns blogs. Em um deles faz críticas a peças de teatro e a livros, embora o blog tenha o título de ‘Crítica Teatral’ apenas. Esta semana Juan Martins enviou-me a crítica que fez do livro “Las teorias salvajes”, da escritora argentina Pola Oloixarac, publicado pela Editorial Entropía, de Buenos Aires e que no Brasil foi publicada, recentemente, pela Editora Benvirá, com o título de ‘As teorias selvagens’»….(leer más)

Su más recientes libros que podrás leer desde Issuu:




Teatro

Duchamp, 11:45 (fragmento)

Caperucita ríe a medianoche (escena primera)

Dollwrist (capítulo primero, escena primera)

Poesía

Ese animal que engaña mi vientre

Suele vestir de sombra

Soy una herida que se deja atenuar

Deseos de casa

Ensayo

‘Ocaso’ de Edilio Peña

La literatura-idea

Felisberto Hernández: el doble del cuerpo

Crítica teatral

El Juguete inexorable

Principito. «El musical»

Reseña

«El simio albino» de Edilio Peña



https://dramaturgia.wordpress.com/biografia/


https://eldienteroto.org/wp49/juan-martins-2/


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne


Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


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Juan Martins (1960 - 2026), teatrista venezolano a Rafael Ortega : En Maracay, para que tus piezas no se queden engavetadas, tienes que montarlas con tus propios recursos







Manuel Vázquez Montalbán a José Pulido: El lector de hoy está bajo la influencia audiovisual y eso ha modificado su capacidad de recepción



Ramón Ordaz a José Pulido: Aquí todo es nostalgia, porque la incertidumbre es nuestra reina de belleza. A ella cantamos




ERNEST MARAGALL, el escultor catalán que dejó su alma y corazón en Venezuela

Una entrevista de José Pulido




JULIO BOLÍVAR, poeta venezolano, a José Pulido: La sensación de estar secuestrado en Venezuela es inevitable




Sonia Chocrón: Si te digo la verdad, querido José Pulido: me siento rehén del espanto




Solange Rincón a José Pulido: La escritura me conduce hacia la autorrealización




Rafael Arráiz Lucca a José Pulido: Chávez ha traído un despertar de la sociedad civil y de la conciencia política de los venezolanos




Rodolfo Izaguirre a José Pulido: Yo de niño hice el mismo juramento que Scarlet O´Hara.




Alberto Hernández a José Pulido: La pobreza, ese látigo creado por el poder, nunca me alcanza porque la poesía siempre me rescata




Francisco José Aguiar, escritor y migrante venezolano, a José Pulido: Me aferraré a la escritura hasta el día de mi muerte




Román Chalbaud a José Pulido: Yo me siento orgulloso del trabajo que hacemos en RCTV.



PEDRO LEÓN ZAPATA: SOY UN PINTOR INDEFINIDO QUE CARECE DE RECETAS

Una entrevista de José Pulido





domingo, 15 de diciembre de 2024

Violeta Rojo a Rafael Osío: Todavía no hemos visto desaparecer El miedo, pero Venezuela volverá a ser Altamira.

 



Estimados Liponautas


El pasado jueves 12 de diciembre murió a los 65 años la escritora Violeta Rojo (1959) , reconocida estudiosa del género de la minificción, a causa de un cáncer.


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Violeta Rojo: “Doña Bárbara ganó las elecciones en 1998”


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I

Estoy pensando en exilarme,

En marchame lejos de aquí

A tierra extraña donde goce

Las libertades de vivir:

Sobre los fueros: hombre-humano

Los derechos: hombre-civil.

Por adorar mis libertades

Esclavo en cadenas caí;

Aquí estoy cargado de hierros,

Sucio, famélico, cerril,

Enchiquerado como un puerco,

Hirsuto como un puerco-espín.

Harto en el día de tinieblas

Asomo fuera del cubil

Bien la cabeza, bien un ojo,

Bien la punta de la nariz;

Temeroso de un escarmiento,

Encorvado, convulso, ruin,

-como ladrón que se robase

Sólo el reflejo de un rubí-

Por mirar brillando en el patio

El claro sol de mi país.


“Balada del preso insomne” (Fragmento), por Leoncio Martínez 

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La escritora y especialista en literatura venezolana habla de cómo estamos escribiendo sobre lo que le pasó a nuestra nación, desde adentro, desde afuera, desde los bandos y desde la emoción


Rafael Osío Cabrices


01 de febrero de 2020


Foto: Gabriela Mesones Rojo


"Todos los fenómenos históricos son extremadamente complejos y jamás tienen explicaciones sencillas"



Quien crea que los estudiosos de la literatura viven en una torre de marfil habrán de sorprenderse por el testimonio de la profesora y escritora Violeta Rojo: “Estos años han sido para mí de mucha rabia y dolor y ver mi país destruido por esta marabunta me llena de furia. Eso ha hecho que mis áreas de investigación también estén afectadas: la minificción prácticamente desapareció, nuestra narrativa toca constantemente temas que me afectan. Antes eran mis temas de trabajo, ahora tienen un componente de congoja que me los dificulta. El análisis literario debe hacerse con una cabeza fría que yo ya no tengo y quizás por eso no puedo escribir sobre mis temas. Siempre podría dedicarme a asuntos del siglo XVIII, por ejemplo, pero no puedo evitar vincular los espantos de la guerra a muerte, la huida a Oriente o los asesinatos de Boves con nuestras guerras, huidas y asesinatos actuales. Todo lo que vivo genera un eco que retumba en cualquier cosa que leo: ya sea una novela policial en Mongolia donde encuentro el Arco Minero, un poema de Leoncio Martínez sobre un preso insomne o un libro de Orlando Figes”.

La emigración a Oriente (óleo de Tito Salas, 1913)


Esta conversación apenas se asoma (es un tema enorme por explorar) al registro de la catástrofe nacional en la literatura escrita por venezolanos que publica adentro y afuera del país, desde la perspectiva de una especialista en narrativa venezolana del siglo XXI, teoría literaria y minificción, que ha publicado varios libros de ensayo y antologías sobre estos temas. El más reciente: Las heridas de la literatura venezolana y otros ensayos (El Estilete, 2018). 


Nacida en Caracas, Violeta es Doctora en Letras y Magíster en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar y Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Fue Research Fellow en Kingston University (Reino Unido) en 2000 y 2001. Es profesora titular de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, y ha sido profesora invitada en la Universidad del Comahue (Argentina), la Universidad de los Andes y la Universidad Central de Venezuela. Es individuo correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española desde 2013 y dirigió la Revista Argos entre 2002 y 2005.



“Leo muchísimos libros sobre el stalinismo, por ejemplo, y estoy segura de que sigo sin tener la más pálida idea de lo que fue vivir realmente el miedo de la época. Por muy potentes que sean, y aunque nos conmuevan mucho, seguro que vivir esas realidades —con el horror interrumpido por algún chiste, la desesperación en la que se mezcla la esperanza, el dolor suspendido por algún pequeño placer, porque la vida es así— no es igual a la sombra que se plasma en una novela. Cuando vemos una película sobre un evento histórico terrible, tenemos una experiencia muy dura durante cien minutos. Nos puede quedar rondando, podemos quedar muy afectados, pero la verdad es que salimos del cine, nos tomamos una cerveza y vamos a cenar. Los que viven eso no tienen la posibilidad de salir”.   


Últimamente siento que hablamos mucho de la literatura hecha por venezolanos que se publica afuera, y sobre todo de Karina Sainz Borgo y Rodrigo Blanco Calderón. Luego vamos a hablar de lo que se está escribiendo en la diáspora, pero comencemos por el origen de todo: ¿qué se está publicando en Venezuela hoy, en narrativa, teatro, poesía?


Aquí vivimos dos países intelectuales: la cultura del régimen y la de quienes lo adversamos. Un espanto, porque no nos mezclamos y escasamente nos comunicamos; quienes se mueven en ambos mundos supongo que son vistos con sospecha. Pero en literatura somos tres países. Está el de los escritores y editoriales oficiales, en el que no sabemos bien qué se publica. Luego está el país de los escritores que seguimos aquí, con casi ninguna posibilidad de publicar. Quedan muy pocas editoriales y no creo que publiquen más de dos libros de ficción o poesía por año. Se escribe un ensayo medio político, medio periodístico, que se publica mucho más. A veces pienso que son libros con fecha de expiración, porque la ola de los acontecimientos va demostrando que sus premisas no tenían mucho agarre. De ensayo propiamente dicho, análisis literario o historia se está publicando muy poco, a menos que tenga ese elemento “actual”. Finalmente está el mundo de los escritores venezolanos que viven afuera, que tienen una vida editorial normal, nunca fácil, pero que escriben y publican. 

Comercial HARINA PAN - Empresas POLAR-VENEZUELA



¿Qué escriben esos tres países, ya no en términos de géneros sino de temas?


Los del régimen no suelen escribir narrativa realista, hasta donde sé, y si la escriben está inmersa en la doctrina oficial. He leído varias novelas históricas de algunos de ellos y, con excepciones, hablan sobre un pasado glorioso que nunca existió. Los opositores que viven aquí escriben novelas realistas, a veces demasiado para mí. Quizás son crónicas largas, más que novelas. Lo ficcional es una excusa para contar una experiencia, explicar el problema económico, social, médico, educativo. Los de la diáspora escriben también ese tipo de novelas, quizás haciendo énfasis en su circunstancia migrante, contando el extrañamiento en una suerte de literatura comparativa entre países. No siempre, claro: varios autores no son literales ni cronísticos, no explican cómo se arma la carpeta Cadivi ni que aquí se paga la gasolina con un cambur porque no hay efectivo, no escriben para asombrar a los europeos con nuestro neorrealismo mágico o nuestra “fábula del deterioro”, para usar el término de Miguel Gomes. Claro que no es lo mismo vivir aquí que verlo desde afuera. Tampoco es lo mismo vivir en Caracas que en Maracaibo, no es igual Cumaná que Lechería. Ni es igual ser venezolano y vivir afuera, sufriendo la diáspora, el ser extranjero, la xenofobia en algunos lugares, haber dejado la biblioteca, la casa familiar e incluso algún animal querido. Esas son experiencias muy dolorosas que no conozco y que estoy segura que no son menos graves porque sea fácil conseguir Harina Pan. Quizás lo único que nos une a los de afuera y los de adentro es tener la familia dispersa, experiencia que, ahí sí, no era nada venezolana. En cualquier caso, lo que sí he notado es el inmenso orgullo cada vez que un compatriota publica en una editorial reconocida, o cuando son publicados en otros idiomas. Creo que a los venezolanos que quieren leer sobre Venezuela les da igual si el autor está afuera o no. 



Siguiendo la línea de tus propios ensayos sobre el género, me pregunto si la memoria personal, la autobiografía o el diario están funcionando como recursos entre la gente allá para procesar la crisis, la transformación del país, el empobrecimiento individual y colectivo, el miedo. Yo sé que muchos emigrados se pusieron a escribir, empujados por la necesidad de entender y de contar lo que están viviendo. ¿Sabes si está pasando eso con los venezolanos de adentro?


Los manuscritos que he leído (poesía y narrativa) hacen mucho énfasis en contar lo que nos está sucediendo: la crónica y lo autorreferencial permean la narrativa, en una suerte de crónica autoficcional con elementos periodísticos; la poesía insiste en nuestros dolores. Es una literatura de mímesis y catarsis al mismo tiempo, a pesar de lo absurdo que pueda sonar. Para mí rara vez es agradable. Las novelas “explicativas” me cuentan lo que ya viví, y me aburren o me hacen revivir eventos tan dolorosos que el placer estético desaparece. Comprendo que todos necesitamos explicar y explicarnos lo que pasa, cosa que suele suceder en todos los países que han sufrido crisis, guerras, descalabros. Ahí están, sin abundar demasiado, el estudio sobre el lenguaje de Victor Klemperer, el psicoanalítico de Viktor Frankl o la Suite Francesa de Irene Némirovski, escritos prácticamente en medio del espanto o poquísimo tiempo después. Pero, como yo no entiendo qué pasó aquí, porque no hay explicación racional para el caos cotidiano, la enorme magnitud de la destrucción y, sobre todo, porque era innecesario desbaratar el país por poder o dinero, sabiendo que pudieron tenerlos sin crear este cataclismo, me complace que los escritores traten de encontrar sentido, origen y causas a la sistemática demolición del país. Pero eso no quiere decir que no sienta que muchas de esas explicaciones son demasiado esquemáticas y simplistas y que el asunto es mucho más complicado. Todos los fenómenos históricos son extremadamente complejos y jamás tienen explicaciones sencillas. A mí que me digan: es que Venezuela siempre ha sido así (y una analiza la historia y no ve ese correlato) o es que los venezolanos somos de tal manera (cuando los determinismos nunca me han convencido), o que me hablen de la oscuridad allá y la luz aquí, o que se pongan positivistas, no me funciona. No es solo que no esté de acuerdo con ciertos planteamientos aunque admire la manera en que se hacen, o el vuelo retórico, o la visión diferente; es que no me dicen demasiado. Claro que quizás soy yo y el problema no son los libros sino la lectora. Esto también va para el auge de la literatura autorreferencial que se está escribiendo adentro y afuera. Es otra manera de contar y tratar de comprender, relatando día a día cómo vivieron el desastre. Algunas veces siento que se dramatiza demasiado y que ha habido cosas peores, pero a lo mejor eso es una equivocación y hasta una injusticia de mi parte.   


¿Cómo es eso de que se dramatiza demasiado?


Mi familia vivió la guerra civil española, tengo amigos que vivieron la postguerra en Alemania, The Troubles en Irlanda del Norte, los ”años de plomo” en Euzkadi, las cruentas dictaduras de Chile y Argentina, el conflicto armado en Colombia. Algunas de esos eventos pueden parecer peores, pero no lo son. Cada tragedia es única y pavorosa para quienes la viven. Esto no es solamente una dictadura, es una tiranía en la que puedo decirte esto, que en otros lugares no podría, pero en esos sitios no tenían hiperinflación, o tenían hiperinflación, pero no escasez, o tenían escasez, pero duró menos tiempo, o duró más tiempo, pero no hubo destrucción. Esta es nuestra tragedia nacional, particular y personal y con eso no hay puntos de comparación. La vivimos y la sobreviviremos, antes de lo que pensamos, pero eso no significa que no nos haya cambiado la vida, que los años no se nos hayan ido luchando contra los monstruos cotidianos, que hayamos visto cosas que hubiéramos preferido no ver jamás, y que quizás se nos haga difícil olvidar la degradación de personas, lugares, instituciones, usos y costumbres. Es un problema heracliteano, el país que perdimos (por la ida o por el desastre) es irrecuperable. 


Con los cierres de librerías y el fin de la importación de novedades, más la dificultad de publicar allá, ¿cómo se está leyendo en Venezuela? ¿Mercado de libros usados, redes de intercambio? ¿Se aprovechan las bibliotecas que los emigrados dejamos atrás?


Fíjate que con tu pregunta me doy cuenta que nunca he pedido prestado un libro a los emigrados. Me sería difícil, las bibliotecas son algo muy privado y es delicado pedir un libro que uno sabe que duele tanto tener lejos. Casi todas las librerías venden libros usados, las que lo hacían antes y las que jamás lo habían hecho. Los precios me parecen demenciales. Aquí un libro usado cuesta lo mismo que un libro de bolsillo nuevo afuera. En cuanto a las novedades, el precio es internacional. Con los sueldos venezolanos, comprar un libro es un esfuerzo económico sustancial. Afortunadamente yo tengo una gran biblioteca, mi pareja otra, los amigos de aquí nos intercambiamos libros y los libros digitales solucionan mucho. Las bibliotecas universitarias, que tanto usé, están en el mismo estado que el país. 

Primera edición de Doña Bárbara por la editorial Araluce



Como investigadora de nuestra literatura y como venezolana que vive allá, ¿te sientes satisfecha con lo que nuestra literatura ha hecho hasta ahora para registrar, traducir lo que hemos vivido en estos años? ¿O crees que la gran literatura, o la gran novela, sobre la Venezuela devastada por el chavismo está todavía por venir?


Esa no es una pregunta para mí. No soy mujer de un solo libro. Nunca me ha convencido eso de que hay una novela (o un libro) que es el definitivo y el determinante para demostrar algo. Un libro es una visión, y la realidad suele ser múltiple, caleidoscópica, compleja y necesita muchos libros, películas y fotografías para entenderse. No creo tampoco en el concepto de la “gran novela”, que me parece que es algo muy de la literatura de Estados Unidos. Según tengo entendido, el concepto de la “gran novela americana” viene desde el siglo XIX y tenía que ver con explicar, casi pedagógicamente, cómo era Estados Unidos. Obviamente, esto está más vinculado a un deseo que a una realidad y la gran novela que explique un país sigue sin escribirse. Dicho lo cual y siendo contradictoria, elegiría una novela positivista y maniquea, Doña Bárbara puede explicar el gomecismo y también este desaguisado que nos ocupa. Para mí, ya lo he dicho otras veces, Doña Bárbara ganó las elecciones en 1998 y ahora manda Ño Pernalete. Todavía no hemos visto desaparecer El miedo, pero volveremos a ser Altamira.


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Rafael Osío Cabrices

Periodista basado en Montreal. Editor jefe de Cinco8 y Caracas Chronicles.


Tomada de Cinco8








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