sábado, 7 de noviembre de 2026

Esdras Parra la poetisa que fue hombre. Por Carlos Flores

 


Esdras Parra




viernes, 15 de agosto de 2008



Esdras Parra la poetisa que fue hombre


Carlos Flores

cflores@exceso.net


Su suave presencia reservaba no sólo un carácter recio, sino un escándalo que durante años animó murmuraciones en las peñas de la literatura venezolana. Tuvo el valor de volver a esa provincia melindrosa, tras una larga estadía en Europa y una insólita transformación: cuando fue hombre se le consideró uno de los cuentistas más brillantes de su generación; convertida en mujer sumaría su voz a la gran poesía de Venezuela. Hombre, mujer, o más bien un ángel, como lo llamó un amigo en el momento que partió de este mundo en noviembre pasado


Esdras Parra tenía tantos cojones que cuando le dio la gana de quitárselos para convertirse en mujer, lo hizo. Y no sólo eso, sino que regresó del extranjero —tras la metamorfosis de un sexo que no quería a otro que le suponía encontrar lo mismo que ansía cada uno de los seres humanos asentados en este planeta: felicidad— a la siempre hipócrita, puritana —cuando le conviene— y engavetada sociedad venezolana; y dio la cara, ahora maquillada y elegante, como la gran dama en que se había convertido, o ¿acaso siempre lo fue? “Puedo decir que fue una de las primeras personas en Venezuela que se hizo una operación de cambio de sexo”, escribe Walter Rodríguez en su libro Casi toda la verdad (Planeta 2002). “Siendo hombre amó mucho a una lesbiana. Esa fue la razón por la que se animó a cambiarse de sexo. Impulsado por el amor quiso transformarse en mujer para poder conquistarla, pero todo fue en vano porque ella finalmente se negó”.




Es el martes 16 de noviembre de 2004 y en la sala de terapia intensiva de la Clínica Integra, en la avenida Casanova, Torre Unicentro, frente a Pájarolandia, está acostada Esdras Parra. Han tenido que recluirla de emergencia. Sus hermanos están preocupados, al igual que sus amigos. No se puede hacer otra cosa, salvo esperar y rezar... y recordar, dar la oportunidad a que el pasado adquiera color y surjan pasajes, situaciones. De pronto una extraña imagen es catapultada desde el pasado. Es una escena apocalíptica y cruel, prácticamente sacada del libro de las Revelaciones: animales son arrastrados por la brutal crecida de un río, una vaca puede verse pataleando, mesas, sillas, hasta el techo de una casa, ¡todo el techo! semihundido y convulso entre aguas salvajes. Tres niños están presenciando esa demostración del incontrolable músculo de la naturaleza.

OSWALDO TREJO, por VASCO SZINETAR

Son tres hermanos: María José, Mauro y Esdras. Sí, Esdras es un nombre extraído de las sagradas escrituras, que además va bien con la escena que se desarrolló en el merideño pueblo de Santa Cruz de Mora, por allá arriba, donde hace frío y todo era tranquilo. Pero ese río, el de aquel entonces (varias décadas atrás), no amenazaba a los hermanos Parra ya que, aunque la corriente pasaba por detrás de la casa donde vivían, nunca salía de su cauce. Crecía pero no se derramaba. Bueno, pero aquello fue hace muchos años y hoy las cosas están un poco diferentes, faltan dos componentes de aquel relato: Esdras Parra ya no está; murió en noviembre de 2004. Y no sólo se ahogaron las vacas en Santa Cruz de Mora, sino que, tras el diluvio de hace algunos meses, todo el pueblo desapareció, como el fragmento de un exagerado relato de realismo mágico.


Es María José Parra, hermana de Esdras, la que hace memoria y conecta con el presente. “Recuerdo eso del río”, ha dicho tras pensar algunos segundos, como ordenando polaroids en los extensos archivos de la mente. “Pero no te puedo contar demasiadas cosas, cosas en las que compartimos. Porque no lo hicimos mucho”.


Entonces engancha ese comentario con otro que sorprende al periodista:“Esa persona era muy retraída, no compartía con nosotros”. Y no será la última vez en que se referirá a Esdras —el que nació como su hermano pero que luego tendría que llamar hermana— con ese frío y distante par de palabras: “esa persona”.


“Mauro y yo vivíamos bochinchando, encaramados en los árboles, jugando.Pero Esdras se sentaba por ahí, limpiecito, siempre acomodado. Nunca tuvimos un contacto cercano, como el que pudieran tener otros hermanos”.


Aquí llega otra interrupción para activar la memoria y luego triscar en diferente dirección: “También recuerdo que una vez le dieron una paliza, porque resulta que hizo el símbolo nazi cerca de una iglesia y se lo llevaron preso. Y cuando mi papá se enteró le dio una paliza. El se prestó a hacer eso porque dibujaba, desde pequeñito fue un pintor”. Se graduó de bachiller en el liceo Libertador de Mérida y, como lo cuenta su hermana, aún notablemente consternada, “empezó con la loquera de que quería irse. El estaba muy metido con el Conac y también con la política. Era adeco”. Tras un impasse con su madre, que había enviudado, Esdras Parras, ese muchacho tranquilo y callado de apenas diecisiete años de edad, se va a Europa, becado, abriendo una enorme brecha familiar que a duras penas trataba de cerrar con alguna carta esporádica que enviaba a María José o breves visitas a su tierra natal. Aunque su hogar, el verdadero, era Londres, donde vivió inicialmente durante once años, hasta que regresó para ocupar un cargo en Monte Ávila como asistente a la dirección editorial. Paralelamente escribe narrativa, compilada en tres libros que lo situaron como una notable voz dentro de la literatura venezolana: El insurgente (1967), Por el Norte el Mar de las Antillas (1968) y Juego Limpio (1968). Fue miembro fundador de la revista Imagen, “y jefe de redacción desde sus inicios hasta 1971”, apunta José Napoleón Oropeza, presidente del Ateneo de Valencia e íntimo amigo de Esdras desde una noche de noviembre de 1974, cuando le conoció en casa de Oswaldo Trejo. “Yo no sabía qué era, no podías distinguir si era hombre o mujer. La gente pudiera pensar que era homosexual, pero no. Esto no tiene nada que ver con el homosexualismo. Y tampoco nuestra amistad se basó en lo que hacía el otro desde el punto de vista sexual. A nosotros nos unió la literatura y la vida. Lo cual no quiere decir que yo tenga que censurar a la gente que consume drogas o toma alcohol”. Oropeza asegura que, además de su físico, lo que más le llamó la atención de Esdras Parra fue la entrega con que asumía el hecho literario y su honestidad para leer. “Al principio me habló de Castañeda. Era una gran amante de la literatura inglesa y norteamericana.



Conocía inglés, francés, italiano y era traductora. Pero lo que más le gustaba era leer poesía y filosofía.


Capté enseguida que no le gustaba hablar de lo que escribía sino de lo que leía. Tenía gran desconfianza por sus cosas, un gran temor por mostrarlas a los demás”.Varias parejas se le conocieron a Esdras Parra, entre ellas una mujer francesa, de nombre Danielle y, como escribe Walter Rodríguez: “Se ha dicho que quiso mucho a las mujeres y hasta tuvo un fugaz romance con una escritora consagrada en nuestro país”. Antonia Palacios es el nombre que ha recorrido prolíficamente entre las fuentes consultadas. “Esdras había querido ser mujer por mucho tiempo antes de viajar a Londres, deseo que manifestaba abiertamente, como cuando iba a comprar ropa femenina asesorado por sus amigas”.

Antonia Palacios

TRAS UN IMPASSE CON SU MADRE, QUE HABÍA ENVIUDADO, ESDRAS PARRAS, ESE MUCHACHO TRANQUILO Y CALLADO DE APENAS DIECISIETE AÑOS DE EDAD, SE VA A EUROPA, BECADO, ABRIENDO UNA ENORME BRECHA FAMILIAR QUE A DURAS PENAS TRATABA DE CERRAR CON ALGUNA CARTA ESPORÁDICA QUE ENVIABA A MARÍA JOSÉ O BREVES VISITAS A SU TIERRA NATAL


El año 1978 resultaría clave para Esdras Parra, una suerte de estación donde finaliza un viaje y comienza otro que se lleva tiempo anhelando realizar. Ahí estaba, marcado por el destino. “Yo sé leer el tarot”, detalla José Napoleón Oropeza. “Y un buen día Esdras me dice que le lea las cartas. Y ahí veo que está en una encrucijada, que incluso había como un tránsito sexual o del alma, como si se tratara de una muerte y una resurrección al mismo tiempo. Recuerdo que Esdras se paró, se puso tensa y me dijo: ‘Me has dicho cosas muy importantes pero eso lo sabrás después’ . Yo iba a Londres a estudiar mi doctorado y ella también, pero se iba como tres meses antes que yo”. Esdras se marcha a Londres en una etapa de experimentación, donde ella misma transmutaría primero psicológica y luego físicamente. Pero también es un tiempo de introspección, de viajes exploratorios dentro de los confines de la psicodelia y la vida azarosa.


Poco antes de que José Napoleón le siguiera, recibe una carta donde le decía que su lectura del tarot era sumamente acertada y le había dicho simbólicamente lo que sucedería. “Yo te veré en el aeropuerto de Heathrow”, le escribió.


“Pero quiero que sepas que Esdras, el que tú conociste, murió y quien te recibirá será una mujer”.


José Napoleón, sorprendido, se dirigió a la casa de María José Parra, en la urbanización El Trigal de Valencia. “Estábamos sentados aquí los dos”, recuerda María José. “Y me cuenta, me enseña una tarjeta que Esdras le había enviado.


Yo me iba a desmayar”, asegura, crispándose. Su hermano se convertiría en mujer. “Me puse mal. Pasé una semana terrible. Esa persona me hizo sufrir muchísimo.


Después recapacité y recé mucho. Si ella se sentía bien, ¿por qué no apoyarla?”.Cuando José Napoleón Oropeza por fin se encontró con Esdras en el aeropuerto de Heathrow, el 31 de agosto de 1978, ciertamente no era su amigo sino una señora. Sin embargo, de la manera más natural, le dijo: “Qué bien estás, qué bella estás”. Esdras nunca regresó a Londres.


“Mi hermana”, así la llama Oropeza devotamente, “decidió no volver más allí, porque, repetía siempre, no quería retornar adonde había sido tan feliz, a pesar de que aborrecía el clima londinense”.


Walter Rodríguez escribe que fue lento y difícil el proceso, “en el cual tuvo que correr el riesgo de una cirugía que lo transformó en mujer. Su ausencia duró más de lo que la propia Esdras había previsto, porque tuvo que aprender a impostar la voz en un tono femenino, algo que le llevó mucho tiempo”. Luego resalta que lo más interesante de Esdras fue su vida, sobre todo por la época en que tomó esta decisión tan asombrosa. “Por lo general, los travestis y los transformistas no se juegan por el amor; para ellos, todo es tener una falda, unos tacones, una buena peluca y una gran caja de maquillaje. Esdras, en cambio, nunca fue un hombre afeminado, y más tarde cuando regresó como mujer, no se escondió, ni se fue a una cueva donde nadie la viera para escribir sobre lo que había vivido. No, por el contrario, siempre ha sido una persona muy digna, muy valiente, nunca la he visto comentar absolutamente nada, ella sigue su camino incólume”.

El Ermitaño


Rodríguez afirma haber escrito sobre Esdras para “aclarar lo que otras versiones fabuladas pudieran haber contado mal, como es el caso de Francisco Rivera, quien en su libro Voces al atardecer, con el que ganó el Premio Miguel Otero Silva, narró la historia desde un punto de vista errático e injusto”.


En Voces al atardecer aparece Bela, un personaje transexual que, vox populi, estaría basado en Esdras Parras. En un fragmento se lee: “Bela no quería a nadie, su mente era un lodazal o un desierto.


No sería nunca una mujer. Por más que se pusiera faldas, tacones altos y más maquillaje que la Taylor en Cleopatra, seguía y seguiría siendo un hombre... Tomás Beckett, por fin, me estaba hablando. Era un hombre endemoniado, Bela, un monstruo sin piedad”.


Aunque, al ser consultado, Francisco Rivera, nervioso y sorprendido declaró haber conocido a Esdras Parra apenas en el año 1976, en Monte Avila y que era muy poco lo que podía referir de ella.

Francisco Rivera


Mientras que repitió con intensidad que su novela no tenía nada que ver con ella.“Es una obra de ficción, y lo importante es la obra en sí”, dijo a secas.


A su regreso a Venezuela se encuentra con su hermana María José en Mérida. Al verla, ya estaba preparada. “Le pedí a dios que me iluminara, le dije que contara conmigo... pero qué elegante y bella se veía. No era como un transformista, sino muy natural. Esdras tenía una voz muy suave, bajita. La clase que tenía esa persona... Nos seguimos viendo en Caracas, nos tomábamos un café en Sabana Grande pero nunca en su apartamento. Era imponente, tenía un carácter bien fuerte”.


Esdras continuó durante un tiempo en la revista Imagen, pero no en Monte Avila. En 1993 obtuvo el Primer Premio de Poesía de la II Bienal Mariano Picón Salas con Este suelo secreto, que se publicó en 1995 por Monte Avila Editores, y su más reciente publicación fue el poemario Aún no, editado por el poeta Victor Bravo bajo su sello El otro, el mismo.“En la poesía de Esdras hay un lenguaje distinto”, explica José Napoleón Oropeza, “un sentido de despojamiento de la interioridad, un desdoblamiento que revela su condición humana; esas zonas en las que se debatió a lo largo de su vida.


Había una búsqueda angustiosa por abolir todo sentimiento y existe un juego de máscaras. El extremado amor (manuscrito inédito) es como la conjunción de las virtudes de sus primeros cuentos con su poesía”.


También fue miembro activo del Círculo de Dibujo de Caracas durante varios años “Era muy reservada”, la recuerda Myriam Alamo, compañera dibujante. “Durante un tiempo no participaba mucho en las exposiciones, aunque luego de unos años para acá sí lo hizo. Dibujaba estupendo, con mucha espontaneidad”.


Fue una llamada de alarma la que recibió José Napoleón Oropeza en febrero de 2004. Esdras le solicitó que fuera a Caracas porque tenía que comunicarle algo grave. Le había salido una cosa en la lengua que le estaba molestando.


“Me la voy a operar”, le dijo.


Un año antes, en medio de un almuerzo, le había confiado a José Napoleón que se estaba preparando para morir. Había leído El oscuro lado del infinito de Carlos Castañeda y se sentía lista para dejar este mundo. “Cuando le hicieron la biopsia le salió un tumor maligno. Eso fue en febrero y en junio o julio tuvo una recaída. El cáncer se había convertido en metástasis”, recuenta un visiblemente sentido José Napoléon Oropeza.


Tres semanas antes de su muerte, los dos viejos amigos almorzaron juntos cerca del apartamento de Esdras en Los Palos Grandes. “Luego del almuerzo empezó a llover muchísimo, a cántaros.


El aguacero más grande que he presenciado en este país. Ella pagó la cuenta con un cheque. Afuera yo tomé un taxi.


No quiso que la acompañara de regreso a su edificio. En la esquina hay una mata de caucho con las raíces hacia fuera.


De pronto vi a Esdras de pie, con su paraguas, como si estuviera pegada al árbol, a sus raíces. Yo sabía que era la última vez que la vería”. Y tenía razón.


El 17 de noviembre de 2004 fue su segundo día en la Clínica Integra, de la avenida Casanova. Anteriormente había estado recluida en la Clínica El Avila, pero tuvo que cancelar la cuenta con su propio dinero. Así que recurrió al seguro del Conac, que la llevó a la Clínica Integra donde pasaría los últimos tres días de su insólita vida. “El último mes de su enfermedad se sentía tan mal que me maltrataba a mí y a mi hermano. Estaba más agresiva que antes, más ácida”, recuerda su hermana, María José. “Yo nunca pensé que se iba a morir tan rápido, en tres días... todo eso me tocó vivirlo junto a ella. Nunca compartimos mucho como hermanos, pero era mi hermana y yo le tenía mucho cariño”. El seguro del Conac canceló lo que le correspondía, pero quedó una deuda de siete millones de bolívares a la espera de ser saldada. “No puedo movilizar la cuenta de Esdras, por el cambio de sexo, pero eso se ha solucionado bastante”.

En algún lugar del pasado quedaron las caminatas junto a José Napoléon Oropeza en la playa del hotel Tanit, en Hammamet, Túnez, una magnífica Semana Santa. A las dos de la tarde del jueves 18 de noviembre, Esdras Parra, la persona, no el personaje, murió. José Napoleón sintió un estruendo fuertísimo y sin que nadie se lo dijera sabía lo que había ocurrido.

Se fue como había vivido:


“Sigilosa, sin hacer ningún g”, y segura de haber completado su máxima obra, el poema mayor, que fue ella misma y su cuerpo, un verso lacerante y paradójico.Pero valiente, como pocas o pocos.



Tomado de : Revista EXCESO de Venezuela. Nº 184. 01 de abril de 2005


http://ciudadescrita.blogspot.com/2008/08/esdras-parra.html


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jueves, 5 de noviembre de 2026

Invitación a la presentación del libro "Bajo las aguas del Caribe. Invasión submarina" de Marisol Marrero el 14/11/2026 a las 4 p. m. en la librería Kalathos

 



✨ ¡Acompáñanos a descubrir el brillo de esta novela de Marisol Marrero Higuera, donde la realidad y la ficción se funden para aproximarnos a esa presencia violenta ocurrida casi a mediados del siglo XX. ! ✨




¿Buscas un plan diferente para celebrar el amor por la lectura? 



Te invitamos a la presentación oficial del nuevo libro de la talentosa Marisol Marrero. Una tarde llena de literatura, arte y buena compañía en un espacio inigualable. 📖☕

 La invasión de los alemanes a esta parte del mundo es una historia poco conocida. En esta novela de Marisol Marrero Higuera, la realidad y la ficción se funden para aproximarnos a esa presencia violenta ocurrida casi a mediados del siglo XX. En medio de esa conflagración, dos personajes, protagonistas de estos episodios, por su carácter de espías a favor de los nazis, Norka Müller y Achilles Bergman, sostienen la tensión de esta pieza literaria.

Mujeres Wayuu. Imagen tomada de aquí.




Norka, su enamorada, es psicóloga, adivina y curandera wayuu, quien viaja también en ocasiones para hacer su trabajo como profesional y como fisgona a favor de los alemanes. Ambos personajes, aliviados por la naturaleza tropical, son atrapados por su pasado infantil y por la floresta de la costa aragüeña, la de Puerto Colombia, en Choroní, donde finalmente se instalan.

Puerto Colombia, Choroní, Estado Aragua. Imagen tomada de aquí.


La guerra sigue su rumbo hacia la derrota de los nazis. Los personajes transversales y los sujetos atravesados pasan casi inadvertidos. Esto ocurre en medio de una invasión de la cual fueron cómplices. Fueron descubiertos por la inteligencia militar de la marina norteamericana y relegados a una transversalidad donde el amor y la cercanía los redujeron a ser habitantes más de la tierra del cacao, el baile y el tambor.

Bajo las aguas del Caribe, hundidos en el mar, han quedado los cuerpos y el metal de una agresión.

Alberto Hernández 🌟📜












📅 ¿Cuándo? Sábado 14 de octubre.
🕓 ¿A qué hora? 4:00 P.M.

Contaremos con la participación de invitados de lujo:
🎤 Lydia Salas    
🎤   

¡Ven a compartir con la autora, llévate tu ejemplar firmado y disfruta del ambiente único de Los Galpones! 🌳🎨




¡Entrada libre! Te esperamos para brindar por las buenas letras. 🥂📚








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Marisol Marrero Higuera

Nació en Tenerife, España, desde niña vive en Venezuela. Es socióloga y psicologa social, egresada de la Universidad Central de Venezuela. Tiene una maestría en Psicología social.Se ha desempeñado como profesora universitaria. Tiene varios libros publicados en poesía,novela y ensayos.En narrativa destacan: Las brujas modernas vuelan en la red (Editorial universitaria Tropykos,2001). Llote von Indien. La coloniera de Tovar (Caracas, Fundación Ludovico Silva, 2001); Segunda edición, 2003. Alonso e Isabel (2006). Niebla de pasiones Editorial Planeta, Autores Españoles e Iberoamericanos (2007). Rosas y duraznos (2011). Buitres en la sabana (2015). Chichiriviche ¿Primer pueblo fundado en Tierra firme? (Mérida, Editorial La Escarcha azul,2000).Tributo  de sangre. Saga Familiar (Ayuntamiento de Candelaria. Culturalias. Santa Cruz de Tenerife)



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lunes, 2 de noviembre de 2026

Dr. Pedro Téllez Pacheco: La telepsiquiatría no sirve, la entrevista psiquiátrica requiere el encuentro presencial, por eso en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula funciona una emergencia de 24 horas que atiende a unos 30 pacientes diarios

 




Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir una entrevista al escritor y médico psiquiatra Pedro Téllez, director del hospital psiquiátrico Dr. José Ortega Durán, hecha por Rafael Simón Hurtado. 



Esta entrevista fue publicada en la revista digital Inagoagoa.


Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.


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Dr. Pedro Téllez Pacheco: “En el Hospital Psiquiátrico de Bárbula funciona una emergencia de 24 horas que atiende a unos 30 pacientes diarios”.


Dr. Pedro Téllez Pacheco:

“El núcleo interpersonal de la psiquiatría no puede replicarse a distancia”

Rafael Simón Hurtado



Dr. Pedro Téllez Pacheco. Fotografía de José Antonio Rosales



Una conversación con el director del Hospital Psiquiátrico de Bárbula, el médico psiquiatra Pedro Téllez Pacheco (Valencia, 1966), rescata el legado institucional.


Ensayista, conferencista y bibliófilo, Téllez se formó en la Universidad de Carabobo y se especializó en el Hospital Psiquiátrico de Caracas.





92 vistas desde el 20 de feb de 2015 hasta el 1 de noviembre de 2026.


Su bibliografía refleja la doble vocación de médico y humanista: un ensayista que transita con naturalidad entre la clínica, la estética y la memoria cultural venezolana.


¿Podrías hacer una breve memoria histórica del psiquiátrico de Bárbula?

—El Hospital Psiquiátrico de Bárbula se inaugura formalmente en 1951. Obedece a una serie de políticas públicas y planes nacionales de la Dirección de Higiene Mental en el gobierno de Medina Angarita. El director nacional de salud mental era el Dr. José Ortega Durán. Hoy en día el centro lleva su nombre:  Dr. José Ortega Durán.




—Se hizo un plan nacional de salud mental que incluía una colonia rural psiquiátrica, que en su momento llegó a ser la segunda de América Latina en número de casos. La planificación comenzó antes de 1947, se continuó en gobiernos posteriores y la dictadura de Pérez Jiménez concretó la planta física. Los primeros médicos vinieron de la Colonia Psiquiátrica de Anare.


—Antes funcionaba un asilo de enajenados dirigido por el Dr. López Viedma, que cerró y los pacientes se trasladaron al hospital que funcionaba bajo el paradigma del tratamiento institucional, que combinaba hospitalización, laborterapia, arte y tratamiento comunitario. Era como una hacienda horizontal, una ciudad en el campo con publicaciones, anfiteatro, iglesia, pinturas y muebles hechos por pacientes. 


Un puente sobre el exilio


¿Hubo participación de médicos venezolanos y extranjeros? ¿Quiénes fueron los fundadores?

—Sí, hubo médicos venezolanos y extranjeros. Los fundadores incluyeron al Dr. Cristóbal Masia, su primer director; Rafael Betancourt Moreno, José Solanes, Román Prytcham y otros. Muchos eran republicanos españoles en el exilio (como Ortega Durán y José Solanes). Prytcham venía de Ucrania. Mi papá, el Dr. Pedro Téllez Carrasco, llegó en los años 60, en una segunda oleada.



¿En qué año comenzó la planificación y qué comprendía originalmente?

—La planificación es anterior a 1947. Originalmente incluía 15 pabellones, de 30. Todo lo que hoy forma parte de la Universidad de Carabobo: escuelas de enfermería, salud pública, facultad de ciencias de la salud, decanato, biblioteca, oncología, etc., eran pabellones del hospital psiquiátrico. El auditorio, control de estudios y otros espacios también integraban el centro. Se realizaban cirugías (incluyendo psicocirugía como lobotomías) en el que hoy es el oncológico. Era un gran hospital completo.



¿Cuál era la concepción original del tratamiento en la Colonia Psiquiátrica?

—Se inspiraba en autores como Francesc Tosquelles Llauradó. Superaba el modelo asilar clásico y era un hospital abierto: los pacientes dormían en pabellones pero tenían vida comunitaria, cafetines, talleres de laborterapia y arte. Se combinó el tratamiento institucional con el farmacológico (aquí se usó por primera vez en el continente la clorpromazina y la clozapina).



El arte como puente de lucidez


¿Qué rol tenía el arte?

—El arte tenía importancia fundamental. Había anfiteatro, proyecciones de películas diarias, obras de teatro hechas por pacientes y la revista Nanacinder, -nombre escogido por un paciente-, que funcionó varios años y fue la primera revista literaria de la zona (10-20 años antes que otras publicaciones regionales).



¿Quién promovía la revista y quién la dirigía?

—La promovían los psiquiatras fundadores y la realizaban los pacientes. El Dr. José Solanes y todo el equipo de médicos fundadores apoyaban la publicación. Solanes había tenido experiencia editorial en España. Mientras estudiaba colaboró con la revista “helix” (en minúscula) que salió en 1929, publicada por integrantes del movimiento surrealista.




—Luego, hubo un director, el Dr. Luis Erasmo Maldonado (quien era médico pero no psiquiatra), decidió cerrar Nanacinder, pues consideró que el relato “Luz, cenizas y espuma”, escrito por un paciente con las iniciales A.P., se parecía demasiado a una historia clínica, lo cual chocaba con el discurso médico tradicional.


—Existe una antología digital editada por el Gobierno de Carabobo, el Fondo Editorial Pocaterra: Nanacinder (1954-1962) Revista Literaria del Hospital Psiquiátrico de Bárbula, cuya recopilación y nota de cierre es de mi autoría, con prólogo de Carlos Yusti.


La curaduría del caos


¿Los pabellones estaban distribuidos por patología?

—Sí, había pabellón de alcohólicos, de niños, de pacientes agudos, etc. El hospital se masificó (llegó a más de 2.000 pacientes), hubo hacinamiento y violaciones de derechos humanos, lo que llevó a una reconversión y desinstitucionalización. Muchos pacientes salieron a la calle. El Estado no tenía recursos para mantenerlo.




¿Había una capilla o componente religioso?

—Sí, había capilla para que pacientes y familiares rezaran, pero la religión no formaba parte del esquema terapéutico. Históricamente, en el medioevo la religión tuvo un rol negativo, la quema de “brujas” que eran consideradas enfermas mentales.


El nuevo rostro del hospital


Pedro Téllez Pacheco en compañía de su equipo de trabajo planificando jornadas, en la biblioteca Pedro Téllez Carrasco. Fotografía de José Antonio Rosales


¿Cuál es la situación actual del hospital?

—La principal diferencia es que antes era para pacientes crónicos y ahora es para pacientes agudos, con estancia ideal de un mes. Funciona una emergencia de 24 horas que atiende unos 30 pacientes diarios. Está articulado con 12 Centros de Salud Mental Comunitarios (CESAME) que funcionan como una consulta externa municipalizada.




¿Qué diferencias hay entre pacientes agudos y crónicos?

—El crónico es una enfermedad estancada/ refractaria al tratamiento, con deterioro social; por eso se enfatiza en la rehabilitación y control de síntomas. Puede requerir institucionalización si no hay apoyo familiar. El agudo es  transitorio (ej. depresión, ansiedad) y responde al tratamiento.

Pabellón administrativo. Fotografía de José Antonio Rosales


¿Cómo distinguir una emoción normal de un problema de salud mental?

—Los problemas de salud mental se caracterizan por su intensidad, permanencia en el tiempo y, muchas veces, por la ausencia de causa proporcional (depresión endógena). Una tristeza reactiva ante un duelo significativo es normal y culturalmente esperada. Cuando la depresión es intensa, prolongada y sin causa aparente, amerita tratamiento combinado: psicoterapia y, en ocasiones, farmacoterapia. La combinación es superior a cualquiera de las dos por separado.


¿Las emergencias son realmente psiquiátricas?

—Sí, principalmente trastornos de ansiedad y depresión.


¿Con qué equipo cuentan?

—Fundamentalmente con talento humano: de 4 a 7 psiquiatras, 9 residentes, psicólogos, personal de enfermería y de 5 a 8 trabajadores sociales. Es un equipo multidisciplinario.

Residentes en la biblioteca Pedro Téllez Carrasco. Fotografía de José Antonio Rosales.



¿Cómo se capacitan los residentes?

—El posgrado de psiquiatría dura 3 años. Requiere título de médico cirujano más un 1 año de especialidad (medicina interna o general integral).


¿Se produce investigación en el hospital?

—Sí. En dos años consecutivos, trabajos del hospital (principalmente del servicio de psicología) ganaron el premio al mejor trabajo en el Congreso Nacional de Psiquiatría, con el cual se demostró superioridad de la terapia familiar sobre la individual en depresión; otro estudió patologías en personal de salud con guardias.


¿Hay grupos de apoyo familiar?


—Sí, el departamento de psicología los está implementando. Es poco usual pero efectivo, especialmente en psicosis y depresiones.


¿Cuál es la capacidad actual del hospital?

—88 camas para adultos (hombres y mujeres). Los niños se atienden en emergencia y en el psicopedagógico, pero no se hospitalizan.


¿Cómo funciona el servicio psicopedagógico?

—Contamos con apoyo para unos 100 niños/ estudiantes para mejorar rendimiento escolar y apoyo farmacológico si hay déficit cognitivo. Hay psiquiatra infantil.


¿Hay programas de seguimiento tras el alta?

—Sí, a través del CESAME (Centros de Salud Mental Comunitaria), donde los residentes del posgrado continúan el tratamiento ambulatorio e intervienen a nivel familiar.


¿Hay aumento de suicidios en Venezuela?

—La respuesta es compleja. No hay estadísticas definitivas para afirmarlo categóricamente. Mérida concentra un alto porcentaje debido a posibles factores culturales/endogamia. Aumentan conductas de autolesión en adolescentes ligadas a ansiedad, impulsividad, narcisismo, bullying y redes sociales. El suicidio es más frecuente en la vejez y en la adolescencicrisis


El Informe anual de Violencia autoinfligida del año 2024 hecho por el Observatorio venezolano de violencia afirma que en Venezuela hubo 1962 muertes por suicidio. La tasa de mortalidad fue de 6,9 muertes por cada 100 mil habitantes. Esta CIFRA representó una disminución del 15,7% frente al año 2023 donde hubo 2358 casos que generó una tasa de 8,2.


Entidades con mayores tasas:





El abordaje del estigma cruzado


¿Cómo se atienden pacientes con HIV?

—El programa CAISIDA (Centro de Atención de Enfermedades Inmunoinfecciosas), a cargo de la Dra. María Eugenia Belisario y con servicio de psiquiatría propio a cargo de la Dra. Astrid, funciona en las instalaciones de este Hospital. Opera como un programa independiente.


¿Se atienden pacientes que han cometido delitos?

—Se atienden en pacientes agudos pero no se hospitalizan (están bajo orden judicial). Se hacen informes para tribunales y jornadas mensuales en penales.


Vínculos institucionales


¿Qué relación tiene con las universidades?

—Tenemos relación con las universidades Arturo Michelena, Rómulo Gallegos, Cecilia Acosta, para pasantías. Pero no hay relación orgánica con la Universidad de Carabobo a pesar de la vecindad.



¿Hay relación con Hogares Crea?

—Sí, para pasantías de terapia psicosocial.

No hay servicio específico de adicciones en el hospital, aunque se ven psicosis por drogas. Se presentó un proyecto para comunidad terapéutica (no concretado).


La ilusión de la consulta virtual


¿Qué opinas de la telepsiquiatría?

—La telepsiquiatría no sirve, ni siquiera como orientación. Mucho menos la inteligencia artificial. Se usó en pandemia por necesidad, pero no se justifica ahora. La entrevista psiquiátrica requiere el encuentro presencial, la relación personal, la empatía y los fenómenos de transferencia y contratransferencia que son terapéuticos en sí mismos. Recomiendo a quienes usan telepsiquiatría privada que acudan a la emergencia del hospital, donde la atención es gratuita y presencial.


¿Qué opina sobre la presencia de coaches en salud mental?

—Es intrusismo profesional. Un psicólogo clínico requiere 5 años de psicología, más 3 de especialización; un psiquiatra, 6 años de medicina, 1 de postgrado general y 3 de psiquiatría. Un coach suele formarse en solo 3 meses. No tienen la acreditación ni el rigor necesario.


Las prioridades de un sistema en crisis


¿Por qué la salud mental no se prioriza?

¿La sociedad venezolana le da la importancia que merece?


—La salud es biopsicosocial. En los últimos 25 años, las políticas nacionales han transformado el sistema hacia la salud colectiva, la prevención y la atención primaria (Barrio Adentro), con énfasis en la inclusión social.

Se crearon miles de consultorios populares, se incorporó la odontología pública, rehabilitación y medicina comunitaria. Esto representa un cambio de paradigma. Aunque existen limitaciones económicas por el bloqueo y las sanciones, el sistema priorizó la salud y la defensa en la crisis, como el cuerpo prioriza órganos vitales.


¿Cuáles trastornos mentales están aumentando?

—Los trastornos de ansiedad, influenciados por el modo de vida. También el vacío espiritual, el narcisismo, el egoísmo y la soledad. Las redes sociales simplifican el lenguaje y conta-minan el concepto de “semiósfera”, término desarrollado por el semiólogo y lingüista ruso Iuri Lotman para definir el espacio cultural, social y simbólico en el que los seres humanos vivimos e interactuamos. Sus propietarios -Elon Musk, Bill Gates- tienen un historial preocupante. Necesitamos controlarlas, no que nos controlen.

El camino a luz esta lleno de huecos y goteras en la techumbre. Fotografía de José Antonio Rosales.


Paredes fuertes, techos rotos


¿Cómo se financia el hospital? ¿Cuáles son las limitaciones de infraestructura?

—Somos financiados por el Estado a través de Insalud y el Ministerio del Poder Popular para la Salud. Las limitaciones principales son de impermeabilización, cuando llega el periodo de lluvias, común en todo el país.


Desmantelar el estigma desde las aulas


¿Cuáles son los proyectos futuros del posgrado?

—Potenciar la sinergia docencia-asistencia. El hospital se vuelve más universitario. Con la integración de residentes en clases, revistas, visitantes. Ampliar el Centro de Salud Mental (CESAME). Luchar contra el estigma, mediante el trabajo de campo, la integración con escuelas y otras disciplinas. Con enfoque en la desinstitucionalización sin cerrar el hospital.


Si pudieras cambiar una cosa en la política de salud pública…

Unificaría todos los sistemas públicos de salud (Ministerio, Seguro Social, Salud Militar, Alcaldías, Barrio Adentro) en un Sistema Único Público Nacional de Salud. 



Fotografía de Yuri Valecillo






Pedro Téllez (Valencia, Venezuela, 1966). Ensayista. Conferencista. Bibliófilo. Médico psiquiatra. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana.  Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena», Coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula. Ha publicado los libros: Añadir comento (1977). Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005) y Un Naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).  . Ha sido redactor en las revistas Poesía y La tuna de oro y colaborador de la revista Zona Tórrida, publicaciones   adscritas al Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Colaborador en publicaciones periódicas tales como Predios, Arte de leer, Mañongo y Tiempo Universitario. 


Rafael Simón Hurtado. " Al fondo la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Maracaibo. Estado Zulia


Rafael Simón Hurtado

Escritor y periodista venezolano. Licenciado en comunicación social egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Maracaibo, Zulia). Ha obtenido el Premio Municipal de Literatura Ciudad de Valencia (años 1990 y 1992), el Premio Nacional de Periodismo Científico (2008),  el Premio de Periodismo “Jesús Moreno” (Universidad de Carabobo, 2009) y el Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt" (2016). Ha publicado el libro de cuentos Todo el tiempo en la memoria y las crónicas literarias “Leyendas a pie de imagen, croquis para una ciudad”. Fue editor-director de la revista cultural Laberinto de Papel y de las publicaciones de divulgación científica Saberes Compartidos y A Ciencia Cierta, todas de la Universidad de Carabobo. 


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