miércoles, 12 de agosto de 2026

Un Diario de Nueva York, 2009 por Emilcen Rivero


Imagen tomada de aquí.


Estimados Liponautas


Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar una crónica vivencial y literaria de la estadía durante once días del escritor venezolano Emilcen Rivero en la ciudad de Nueva York en el año 2009.


Esperamos que la entrada sea de su agrado


Atentamente



La Gerencia.


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UN DIARIO DE NUEVA YORK, 2009

Por Emilcen Rivero

Jueves, 2 de abril 2009


El avión arribó al aeropuerto de Queen, NYC, como a las tres de la tarde. Compré el tiquete para el taxis por 50 dólares, en el camino había que pasar el puente de Manhattan, y aunque el costo del peaje, 5 dólares,  estaba incluido en el tiquete de los 50 dólares, el taxista de Bangladés, se puso  problemático para que yo pagara. Iba discutir pero me di cuenta que era mejor  pagar eso 5 dólares, el viaje y cierto cansancio me lo  indicaba. No problen p cuando se está en desventaja o cansado y abruma lo desconocido. Pero al llegar al Hotel Belleclaire, en  la calle 77 con avenida Broodway, me bajé y dejé al taxista casi rogando por un tip,(propina) lo deje solo gritando tip,tip… Ahora la ventaja era mía al caminar hacia la entrada del hotel.

Leopoldo López Mendoza


Cuando veía hacia Miami, donde debía trocar avión para seguir a NY, tenía como compañero de asiento al exalcalde Leopoldo López Mendoza. Conversamos un poco de la situación política de Venezuela, diferí  cuando me dijo que era correcto que el alcalde opositor de Maracaibo Manuel Rosales pasará a la clandestinidad, entregando la alcaldía. Recordé a los Zulúes: ”Si avanzar es morir y retroceder es morir, más vale avanzar y morirChávez el Intergaláctico, usando a su antojo las leyes y los tribunales y las amenazas, quiere ir desapareciendo los líderes de la oposición. Todo por la ineficacia del gobierno, la corrupción y la pérdida de apoyo popular que va creciendo. Descabezando los partidos de oposición los incita a huir y así la caldera de rechazos no estallará, porque va alejando los que tocarían la válvula de las manifestaciones en su contra. Pero hay que enfrentarlo, no importa la cárcel. El exalcalde López; volvió a Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez, la novela de  Ramón J. Velásquez; iba hacia Boston a dar una conferencia en una universidad. Conversamos algo sobre El Tirano Gómez y más sobre Bolívar, López es descendiente de esa familia por de una de las hijas de Juana Bolívar la hermana del Libertador. 


Juan Vicente Gómez

En Miami cambiamos de avión y en el trayecto hacia New York leí 140 páginas  de la novela Brooklyn Follies, de Paul Auster; interesante la galería de personajes perdedores como vidas fallidas que presenta la obra, entre ellas Nathan Glass que después de recibir la noticia que tiene un cáncer de pulmón se retira del trabajo y se va a vivir a Brooklyn y ahora es que comienza a tener vida, disfrutar detalles, desprenderse de la acumulación de dinero, a veces solo una cárcel que disfrutan los mediocres, los que no creen que van a morir y acumulan, aún pasando necesidades. El ahorro es bueno si no sacrificas la felicidad y la vocación, es bueno si sabes también llegar a los límites, el ahorro no es un Dios, apenas una forma inteligente de no caer en la desesperación de no tener dinero, hay que hacerlo pero con sus límites. Nathan, ahora disfruta de su enamoramiento, de sus familiares, de vivir la vida con ternura, de escribir: El Libro del desvarío humano. Tiene buenas reflexiones, excelente conocimiento de la literatura americana y todo esto lo va dejando ver en la trama y mediante una narración genial que sirve para darle diversidad, altura y delirio a la ficción, un delirio y belleza en la prosa que se disfruta y se agradece. Construye identidades y soledades, personajes con esmero, entre ruinas humanas. Interesante obra porque la multiplicidad de voces van acompañadas con la destreza de la escritura y el equilibrio de las ideas que va dando el autor con la ternura y el cuidado del artista

 

Juana Bolívar. Imagen tomada de aquí.

Viernes 3 de abril de 2009


A las siete de mañana caminé desde la av. Broodway hasta el Central Park y después continué el recorrido durante una hora y media, tomando fotos a las aves y disfrutando de la naturaleza encajada como un rayo de vida  en el corazón de Manhattan, entre altos edificios y un cielo con neblina y algunas lluvias. Hay trotadores por todas partes y mujeres bellas que en otros sitios todos las verían, aquí es algo común, a veces veía la gente con sus mascotas que pululaban, alegres. Lo de pasear perros aquí es una profesión más o menos bien pagada. Es un parque grande, hermoso, fluyen muchas corrientes de aire, aúnque los árboles no tienen muchas hojas por la temporada, no obstante la grama es muy verde. Camine desde el museo de Historia Natural hasta el reservorio Jacqueline Kennedy, la antigua dama de exótica belleza y ambiciones desmedidas de eternidad, poder y riquezas. Como diosa de los nuevos tiempos moderno término en una isla griega casada por el dinero del multimillonario Onassis.


Ramón J. Velásquez.


En el parque hay múltiples y grandes rocas que brotaron salvajemente de la tierra como arrecifes que perdieron su mar, algún día el cambio climático les traerá su mar y su soledad. Aunque siempre hay la posibilidad de cambiar y saltar sobre la tragedia.

Regresé al hotel, leí un rato y luego caminé desde la calle 77 hasta la calle 51, entre frío, y una lluvia que era a veces más fuerte que el paraguas. Vi la catedral de San Patricio con su fachada que invita a disfrutar su belleza y su Dios desconocido en sus intenciones más allá de predicar el amor. De regreso cruce el Central Park por la calle 65, de este a oeste. Entre llovizna, viento y alegría. Almorcé en un restaurante de la av. Ámsterdam, me gusto más su nombre: Utopía.

Barnes& Noble Bookseller


En el atardecer fui a la librería Barnes& Noble Bookseller, tan grande que de fachada tenía más de una cuadra  sobre  Broodway y varios pisos y un sótano. Compre Romantic Dogs, del amigo fallecido Roberto Bolaños, edición bilingüe. En estos momentos la difusión de la obra de Bolaños es abundante. Premios, reconocimientos y múltiples estudios en varias lenguas. Me alegro por ese reconocimiento. Recuerdo cuando hace 8 años lo conocí en Caracas, me dijo que el primer dossier sobre su obra se lo habíamos hecho nosotros en la revista literaria Ateneo que  dirijo. Tengo una carpeta con varios correos electrónicos de él. En aquella época era un desesperado que le corría a la muerte, esta le tocaba la espalda o mejor el hígado, de lo que al final termino muriendo, aunque él nunca se rendía corría sobre el alfabeto en su computadora para terminar 2666, que ahora es un éxito total. Su obra es una lección de estos tiempos y él fue un atrevido que supero al tiempo (contra el que realmente corremos) con exceso de talento y buena fe. Sus ficciones de buen ritmo e intrépidas reflexiones se abren paso para sorprender hasta los ya sorprendidos por el Boom de la literatura latinoamericano, él ha llegado a esa altura. Toda su escritura me gusta y al volver a leer estos poemas siento la profundidad y la pasión con la que vivió su vida. Murió en su esplendor. Copió algunos versos:

¨Back then, I’d reached the age of twenty

 And I was crazy

 I’ lost a country

 But won a dream¨


El final del poema es magnífico, pero en español los sueños son mejores por la alegría:

¨Estoy aquí, dije, con los perros románticos

Y aquí me voy a quedar¨

Siento que mi amigo no se quedó sino que partió a la gloria tan merecida por la dulzura y maravilloso esplendor de su escritura.

Roberto Bolaño por MarcoVillar


También compré en la inmensa librería el bestseller de Julia Álvarez: De Como las muchachas García perdieron el acento. Recuerdo que en  Ateneo publicamos un texto de esta escritora descendiente de dominicanos, y una carta de agradecimiento y una postal de ella. Y me remito a lo que salió en Los Ángeles Times: ¨Sencillamente magnifica¨ Aun recuerdo con cariño la lectura de sus anteriores novelas, En el nombre de Salomé y en el Tiempo de las mariposas. En fin una muy buena escritora.

Mi tercera compra fue  Doña Bárbara, su última edición, en ese momento, por Vitaje, 2008. Es para mi colección de novelas, una edición preciosa y saber que tengo la edición Príncipe, de 1929. Todo lo de Gallegos me alegra.


...

Pueden leer la crónica completa más abajo después de la biografía del autor


Manhattan (1979) - official US rerelease trailer (HD)








Fame • Theme Song • Irene Cara






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Emilcen Rivero y su hijo Iván Rivero



Emilcen Rivero

(Venezuela)


Nació el 9 de julio de 1954. Estudió primaria en el colegio "Cecilio Acosta" y a secundaria en el liceo  "Francisco de Miranda" ambos en los Teques.

Se graduó de ingeniero químico en la universidad "Simón Bolivar".

Fue directos fundador de la revista Lanterios y Crosogramas y actualmente dirige la colección Ateneo de los Teques.

Ha publicado los libros de cuentos Cuando la soledad no termina y Fantasías como historias y es coautor de Los poetas de los Teques.





 

Diario de Nueva York, 2009 por Emilcen Rivero by Anonymous jv6D4X





Enlaces relacionados:


BANDERAS SOBRE EL ESEQUIBO

La sentida Crónica de una "Invasión" por Emilcen Rivero



L'homme au combat" y "Le peintre", dos cuentos de Emilcen Rivero







martes, 11 de agosto de 2026

Carmen Leonor Ferro a Alejandro Sebastiani Verlezza: El inmigrante vive versionando memorias en una agotadora traducción permanente


Imagen tomada de aquí.



 “Es necesario sortear la añoranza de lo conocido”




Alejandro Sebastiani Verlezza





Recuerdo mi ejemplar de Los nombres del exilio impreso por Monte Ávila Editores. Siempre me impresionó que José Solanes, para caracterizar el flujo migratorio, haya empleado la palabra transplante.

Dr. José Solanes. Fotografía tomada de la revista La Tuna de Oro Nº 39


El desplazamiento y el desarraigo —el de las lenguas, los países— es fértil y fuerte: modifica la experiencia. Hasta los libros parten. Basta descubrir en el catálogo de Acantilado la edición de Josep Solanes: En tierra ajena. Exilio y literatura desde la «Odisea» hasta «Molloy».




Con estas resonancias me remito a Carmen Leonor Ferro: en la migración que hizo de Caracas a Roma su voz ha experimentado cambios inevitables, hasta encontrar una poesía de la extranjería que vive entre traducciones.

Restaurante del Museo Reina Sofía


La conversación ocurre en el restaurante del Museo Reina Sofía. La mesa más cercana a la entrada da hacia el patio. Despunta la escultura de Roy Lichtenstein. Atestigua el resguardo ante el extrañamiento del que va de paso. 

Brushstroke (Pincelada). Escultura de Roy Lichtenstein. Imagen tomada de aquí.


La atmósfera del encuentro permite repasar la publicación de Stanza senza vista, edición bilingüe, recién impresa en Italia por Ensemble, traducida por Flavia Zibellini, con pŕologo de Jesús Montoya; y Cinco noches, inédito, aunque la antología Temporal (lp5, 2025) ofrece adelantos. 



En algunos poemas de Cinco noches noto la historia —a veces solapada— de tu llegada a Italia. ¿Cómo cambió la vida, para ti, la migración? 

—Llegué a Italia sin saber que iba a quedarme. Había dejado atrás toda una vida material y sentimental que en verdad no deseaba perder. En los primeros años, la aventura de la sobrevivencia se solapó con los sobresaltos del amor como si formaran parte de un mismo acertijo. Mis clases de español me dieron una herramienta para ganarme el pan y me permitieron entrever las similitudes que hay entre aprender una lengua y amoldarse a una nueva vida. Entendí que es necesario sortear la añoranza de lo conocido, aceptar las exigencias del paisaje y desdibujar la idea que tenemos de quiénes somos. La historia de Cinco noches encarna el diálogo amoroso mantenido con ese país que me recibía y desdeñaba sin pretenderlo.

En los poemas hay escenas que suponen desencantos. Interesante que agregues un epígrafe de Agamben: “Todo nombre es un juramento”.  

—El epígrafe, tomado de El sacramento del lenguaje, se refiere al pacto que la palabra debería tener con lo que nombra, como si cada vocablo pronunciado o escrito fuera un juramento. En Cinco noches podría leerse como una promesa de amor, puesto que se trata de la historia de una relación con un personaje, G, un nuevo territorio y una Italia personal o interior:

Los regalos son como juramentos

puedes convertirlos en la prueba

de que la gracia te visita

puedes adorarlos como tótems

y averiguar sus precios en el mercado

puedes hablar de ellos

o callar y dedicarles un pensamiento

silencioso cada mes

y como las promesas

un día puedes echarlos al río

y ver cómo se alejan

desmembrándose

en la maleza de las ondas

que nadie sabe

a ciencia cierta

adónde es que van parar

(Cinco noches)


El poemario propone un viaje a través del encuentro amoroso, como si estuvieras trasladando la migración y sus emociones al poema. 

—Lo que descubrí mientras escribía Cinco Noches es que la relación con G, que funge de Eros en la historia, era el reflejo de una manera de ser inmigrante, de vivir otro lugar, otro idioma, una forma particular de aceptar, o no, las nuevas pautas culturales; esta voz afronta las resistencias, la forma de responder a las tremenduras de Amor, la indiferencia (¿aparente?) del entorno.

Recuerdas los obstáculos de las personas que quieren adoptar una nueva lengua, la desprevención del que no lee los códigos del territorio, su “música insular de la clase” y “minusvalía postcolonial”. 

—Entrar en una nueva lengua es todo un proceso, los más jóvenes tienen menos dificultades para hacerlo, quizás por tener menos problemas al emular otras músicas. Sobre esa “música insular” me refiero en Cinco noches a los sonidos del español de América: la voz encarna por momentos a una profesora de español que da clases a europeos que han aprendido la cadencia y la pronunciación de la lengua peninsular y usan fonemas que los americanos no usamos, como la c y la z:

Nuestro primer viaje fue a un pueblo aledaño del Lacio

en el que Burri había construido un museo

una fábrica que fungía de templo

lleno de texturas y otras formas de atacar cualquier significante

Se convirtió -así he querido verlo desde entonces-

en el primer lugar que aspiró a contenernos

un intento

sin duda onírico y hasta ahora indemostrable

de inaugurar nuestro temenos

(Cinco noches)



En la variante peninsular este poema cambiaría…

—El hecho de usar una variante distinta al español de España, en la voz que conduce el libro, evoca una antigua incomodidad, como si se tratara de un complejo aún vivo, arrastrado desde la colonia. En el ambiente universitario he tenido que defender muchas veces mi seseo como característica de una variante del español aprobada por la RAE. En Cinco noches, G había aprendido a pronunciar como los españoles y eso subrayaba nuestras diferencias. Es un pequeño detalle, me gustaría que indicara el contraste de orígenes y su influencia en nuestro encuentro:

Mi atracción por G

escondía algunos misterios

el fonema z era uno de ellos

lo había aprendido seguramente en algún viaje

y aunque yo argumentaba y defendía mi seseo con afán

su acento increpaba el eco de la clase

y revelaba mi inquietud

ante una especie de sumisión postcolonial

(Cinco noches)

  

Algunos poemas tienden a narrar, hablas de “eslabones fortuitos”, ¿el migrante junta eslabones y da sentido a lo fortuito?

—He tratado de hacerlo lo más prosaico posible en algunos casos, que no parezcan poemas sino semipoemas. Me gusta dejar los nexos textuales solos, como si fueran palabras bellas. Sobre los eslabones fortuitos, todos dependemos de hacia dónde sopla el viento, pero un inmigrante aún más.

Asumes voces que amplían la resonancia de la extranjería. Una es living. 

—Me gusta porque es un bisílabo, el sonido rebota ing ing ing. “Salón” podría ser. Salotto no. Además living es una palabra que usan los argentinos, de alguna manera es familiar. (Pudo usar "estar" como se dice en Venezuela. Nota del editor de este espacio)

Hay pasajes de tu poesía en español, pero la dicción es italiana. En otros momentos sí suenan más a nuestra lengua. ¿Cómo describir esta brecha? 

—El bilingüismo produce distorsiones que pocas veces percibe quien lo vive. No me doy cuenta de lo que ha ocurrido con mi español, es una sensación particular pensar que puedes estar perdiendo tu idioma. El hispanohablante que vive en Italia por mucho tiempo tiende a eliminar los subjuntivos de las subordinadas futuras, hace cambios en las palabras que son similares. Llegué a Italia siendo adulta, estoy en permanente contacto con el español, trabajo y escribo en español, pero es imposible evitar interferencias, muletillas: insomma, comunque, va bene. He aprendido —tú me has ayudado a comprenderlo con tu trabajo de voces italianas— que no hay que temerles a esas modificaciones, terminan siendo rasgos lingüísticos personales, llevan una historia, como las señales de la edad en el rostro, no deben ser combatidas a ultranza. 



Es tu relación con la lengua italiana.

—Todavía traduzco del español cuando hablo, por qué no pensar que seguramente sigo intentando resolver mis ecuaciones a través de la traducción, versionando una memoria que está muy presente.

¿Qué piensas sobre la denominación “poesía de la diáspora”?

—Se ha estado creando, seguramente parte de la crítica encontrará rasgos que acomunen el trabajo de los poetas venezolanos dispersos por el mundo. Jesús Montoya, en el prólogo de Cuarto sin vista, anota algunos detalles: la voz en fuga, el viaje como modalidad de escritura, uso de elementos que denotan lo transitorio, la casa como espacio en demolición.


Danos Tu Voz: Carmen Leonor Ferro

53 Visualizaciones desde el 27 sept de 2024 hasta la fecha de publicación de la entrada

Carmen Leonor Ferro interpretando el poema “Saldremos a la luz” de Moraima Guanipa

https://m.youtube.com/watch?v=XFdyL-2H4lo


¿Podrías nombrar algunas voces? 

Eleonora Requena, Adalber Salas, Gina Saraceni, Jesús Montoya, Verónica Jaffé, Alejandro Sebastiani Verlezza, Alexis Romero, Sonia González, Alfredo Herrera, Nidia Hernández, José Miguel Navas, Enza García, Gladys Mendía, Néstor Mendoza y Gabriela Lovera; entre muchas otras, forman parte de ese grupo que está haciendo una poesía que bebe de la traducción, del plurilingüismo, que reflexiona y trabaja en el exilio, que ha tenido a su cargo la digestión de un bocado difícil y que va a dejar una obra que será fundamental para leer lo que ha sucedido en nuestro imaginario.

¿La traducción es una experiencia cotidiana?

—No hay nada en la vida del extranjero que no pase por la traducción, formas de ver, de comer, de relacionarse, rituales, biblias, gestos, todo tiene que traducirlo permanentemente y puede ser agotador:


Los vecinos insisten en llamar

el espejo yace despedazado en el piso del cuarto

desde todos los ángulos

una parte aparece

y otra se esconde

aliviaría unirlas todas

y obtener una voz límpida

pero al momento

solo guardamos bordes

y asimetrías

(Cuarto sin vista)



Llama la atención este comentario de Carmen Virginia Carrillo en el prólogo de Temporal: “El oficio no se limita al lenguaje, también las vivencias tenemos que traducirlas”. Y luego: “algo se escapa en la traslación, dejando entrever la dificultad de ser en otra lengua, de ahí la necesidad de ‘evadir la tarea de traducirlo todo”. 

—Sentir que estás traduciendo todo el tiempo es aceptar que no eres del lugar, que no hablas el idioma o que lo hablas como un extranjero, cometiendo errores o dejando que aparezcan los rasgos de tu propia lengua. Esa sensación tiene dos caras: una da cuenta de la diferencia, que a veces incomoda, te hace sentir que eres inadecuado y que por lo tanto debes estar en guardia, acechando posibles deslices; la otra aparece cuando percibes la riqueza que implica modificarse gracias al proceso traductivo, vivir otra lengua significa encontrar una versión distinta de uno. 



A diferencia de Precarios, ahora noto que tu voz ya se aclimató y asume las pequeñas barreras del entorno. 

—En Cuarto sin vista los zorros hurgan en los basureros de Londres, dejaron sus hábitats naturales, se acercan a las ciudades atraídos por nuevas formas de alimento y fijan a quienes los miran como si se sintieran “en casa”:


Para el que llega por primera vez a un barrio londinense

elegante y frío

coherente en la disposición de los árboles

y en el tamaño de las casas

los zorros son un acontecimiento

rondan los potes de basura y fijan

sobre quien los observa

sus ojos amarillos


las gaviotas

también caminan por las aceras sin entender cómo han llegado allí

nada de esto nos extraña

a los que vamos alejándonos con nuestros equipajes

a quienes ya no preguntamos

de dónde vendrá el viento

ni hacia qué orilla terminará llevándonos

(Cuarto sin vista)

Venus Victrix de Antonio Canova. La modelo de esta escultura fue Paulina Bonaparte. Galería Borghese, Imagen tomada de aquí.


 

Aludes al universo que todo extranjero lleva dentro de sí, lejano al lugar de trasplante.

—La mayor parte de los poemas de Cuarto sin vista tienen que ver con un espacio íntimo: hay referencias a Londres, a la Galería Borghese, a un tranvía, pero casi todo el tiempo aparece el espacio doméstico, una cocina, un escritorio, la cama, lugares que no dependen de la geografía ni de las lenguas. Una de las preguntas que se hace el libro es si el hecho de escribir sobre una ola podría reemplazar la marea, si podría crear un espacio y una presencia que reinvente o alivie la existencia (o la ausencia) de la ola “real”. Todo esto pasa por el sueño de que la escritura pueda trascender la mera representación, liberar al hecho y al objeto evocado de su cárcel (¿el museo, el papel?):


El último domingo de agosto 

pensó que aquel verano

no había visto el mar

                                    aún dudaba de la índole de ciertas realidades

¿era una ola escrita

menos que un cúmulo inquieto

de agua salobre chocando contra las piedras? 

logró no arrepentirse y se abandonó

a su cuarto sin vista 

que por un rato 

resultó suficiente

(Cuarto sin vista)


Sobre tu antología con Lp5: José Miguel Navas habla de “indagar en aquello que sucede cuando dos lenguas romances se materializan en un solo idioma”. ¿Hablamos de una intersección entre el español y el italiano? 

—En muchos sentidos habito esa intersección, nunca abandono el español para entrar de lleno en el italiano y tampoco me puedo liberar del italiano cuando hablo español. Es como estar dormido pero manteniendo el contacto con una voz consciente,que pertenece a la vigilia. El riesgo (¿el milagro?) es que termino por vivir entre dos mundos.

—¿Cómo trabajas con los traductores al italiano?

—Sobre la base que crea el traductor trabajamos, yo sugiero cambios, pero consciente de que no es deseable que el texto en italiano reproduzca la musicalidad del español. Renunciar a que los tiempos y armonías sean similares (en español los versos suelen tener menos sílabas) me produce cierto sufrimiento, luego voy cediendo y acepto que existe una diferencia que jamás podremos sortear. 

¿Por ejemplo?

—Cuando usamos algunas formas del pasado, esquivamos la concordancia con el género del sujeto: se ha asomado a la ventana, puedo permitirme la ambigüedad de género, velar la identidad de personajes y voces. En italiano sí es necesario precisar quién lo hizo (si è affacciata-affacciato?). En Cuarto sin vista la voz va cambiando, a veces es masculina, otras veces aparece la madre, otras veces yo. Son algunos de los escollos que encuentra el traductor. Quizás es útil que intervenga el autor, aunque algunos traductores lo evitan para sentirse libres del yugo del texto original.

Tienes más de dos décadas en Italia, ¿a qué te dedicas actualmente?

—Desde hace algunos años me dedico a dar clases de español y a mis poemas. 

Imagen tomada de aquí.


¿Y sobre volver a Venezuela? 

—Pues la idea de volver non trova pace, como se dice en italiano. 


Versión web:

https://www.elnacional.com/papel-literario/entrevista-a-carmen-leonor-ferro/



POESIA SCONFINATA seconda parte (2018)

381 Visualizaciones desde el 21 feb de 2018 hast la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=UR9J5mjIfU4








BIO.

Carmen Leonor Ferro.

Nació en Caracas, Venezuela. Vive en Roma desde 2004. Es Licenciada en Química por la Universidad Simón Bolívar. Es autora de El viaje (Premio Monte Ávila Editores para autores inéditos 2004), Acróbata (Raffaelli editore 2011), En subjuntivo (Raffaelli editore 2016), Precarios (Edizioni Ensemble 2019), Temporal (LP5 editora 2022), La caja (Dcir ediciones 2023) y Cuarto sin vista (Ensemble 2026). Ha traducido al español a autores como Giuseppe Ungaretti, Antonia Pozzi, Sandro Penna y Claudio Damiani. Realizó la selección y traducción de «Fronteras permeables»

(Bid&Co. editor, 2013), antología de narradores italianos contemporáneos. Ha preparado varias colecciones de poesía para distintas editoriales, siendo su principal interés la obra de poetas latinoamericanos y el género de la traducción. Actualmente enseña español en la universidad de Roma tres.


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Alejandro Sebastiani Verlezza. Fotografía de Carlos Germán Rojas.


Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982). Poeta con incursiones en las artes visuales. Ha publicado en poesía: Posdatas (El pez soluble, 2011), Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016), Partir (OT Editores, 2018), Los hilos subterráneos (Eclepsidra, 2020), el diario Derivas (bid & co, 2013), La orilla del retorno (El Taller Blanco, 2023) y Festina Lente (LP5 Editora, 2023).


Licenciado en Comunicación Social (USM, 2005) y Letras (UCV, 2012), donde ha ejercido la docencia en el departamento de Literatura y Vida desde el año 2015. Obtuvo la Maestría en Estudios Literarios de la UCV (2022), cursó el diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2014) y formó parte de la IV edición de la Semana de la Narrativa Urbana (2009). Hizo la residencia para escritores en Rianxo –Galicia– con Axóuxere Editores (2013).

Del libro La orilla del retorno, publicado por El Taller Blanco Ediciones, Colombia, 2023.
































viernes, 7 de agosto de 2026

Ana Teresa Torres, escritora venezolana: El chavismo va destruyendo el entorno para reducirte y aislarte

 

Ana Teresa Torres retratada por Lara Blacklock | RMTF




Estimados Liponautas

Hoy le hacemos llegar dos entrevistas a Ana Teresa Torres, que encontramos en el portal Prodavinci, separadas por seis años.

Esperamos que les sea de provecho.

Atentamente

La Gerencia.


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Ana Teresa Torres: “¿Pero han sobrevivido Las Chicas del Can?”
por Hugo Prieto




Entrevista



Por Prodavinci


09/02/2020

Se ha instalado una atmósfera en Caracas de la que nadie quiere hablar. Es el aire que respiramos, diría que con un sentimiento de culpa. ¿Ha habido una mejoría? ¿Anhelamos el modelo chino? ¿O simplemente nos contentamos con el bodegón? Los que pueden, que son pocos (apenas el 15% de la población) viven en una burbuja, en la que el día a día no es una pesadilla, aunque tampoco son dulces sueños y los que no pueden (el 85% de la población) luchan encarnizadamente para llevarse un pan a la boca y sobrevivir. 

Las ciencias sociales inventaron un área de estudio llamada la psicología social. Las emociones humanas siguen siendo las mismas, pero ante circunstancias que se disparan desde el poder —ya quisiéramos que fuera desde la política— nos inundan, a veces como un tsunami incontrolable, otras como la bruma pegajosa del océano. He querido hablar de estos asuntos con la escritora Ana Teresa Torres, quien ha indagado en la historia de Venezuela con singularidad y precisión. Sin duda, su condición de psicóloga está presente en todo su quehacer literario y también en el trasfondo de esta conversación. 

En las líneas que siguen no van a encontrar autocomplacencia o victimización, sino las pulsiones de la inagotable crisis que vivimos los venezolanos. Como en los programas de televisión advierto: la siguiente entrevista contiene opiniones que podrían perturbar el ánimo de lectores convencidos de que tienen a Jesús agarrado por la chiva y, por tanto, son dueños de la verdad. Pueden dejarlo hasta aquí y ver el partido del domingo (Barcelona vs. Betis) o quizás ir a misa de 10. 

Normalización. Esa es la palabra que va de boca en boca. Incluso, la sensación de que las cosas pueden mejorar. ¿En qué medida la realidad está construyendo esa percepción?

Parte de mis lecturas, en los últimos años, tratan sobre los países satélites de la Unión Soviética (Hungría, Polonia, Checoslovaquia, entre otros). De hecho, tengo un libro a dos manos con Yolanda Pantin, que se publicará pronto, sobre los viajes que hicimos a esos países. Yo creo que en las dictaduras prolongadas se produce ese fenómeno. En los primeros años hay una oposición fuerte, pero en la medida que transcurre el tiempo, esa oposición se debilita, va pasando. Ocurrió en la España de Franco. Son dictaduras largas, impredecibles, y no puedes mantener la efervescencia política durante tanto tiempo. Simplemente, la gente no tiene la energía ni la capacidad ni el interés de permanecer en esa efervescencia. Eso dura un tiempo. ¿Te acuerdas cuando la gente vivía para salir a una marcha? Eso terminó ya. Entonces, la gente va a una normalidad. ¿Qué puedo hacer en mi medio? ¿Qué puedo hacer para mantener mi nivel de vida? ¿Cómo puedo vivir más tranquilo? ¿Cómo puedo mejorar la vida de mi familia? Creo que ese movimiento se está dando, al menos, en Caracas. En el interior es otro contexto y quizás es la mera lucha por la supervivencia. 

Yolanda Pantin, retratada por Lisbeth Salas



Los venezolanos carecemos de cualquier bien público —salud, seguridad, agua corriente, lugares de esparcimiento—. Hay unos guetos donde la gente se puede tomar un café. ¿Qué hace la gente? Busca lugares paralelos, sitios de encuentro, que si bien no son perseguidos por la vocación totalitaria de la dictadura, no son objeto de interés y promoción por parte del Estado.

Todo lo contrario. Eso también es característico de las dictaduras prolongadas. Los grupos sociales van encontrando o creando lugares donde pueden realizar ciertas actividades cotidianas, verse con un amigo para tomarse un café o leer el periódico cuando había periódicos. Ves gente en Los Galpones o en La Hacienda La Trinidad. Son pequeños guetos que han sido tolerados. Ciertamente, no han sido atacados, pero la crisis económica se ha encargado de realizar un ataque mayor, silencioso. El número de librerías que han cerrado, por ejemplo, es impresionante. ¿Han atacado las librerías? No. Pero el sistema económico las destruye. Entonces, estamos en las mismas, ¿no? Esos lugares se van haciendo menos y más costosos. La burbuja de la que tanto se habla deja por fuera al 80%, tal vez, al 85% de la gente. Cada dictadura tiene sus modos. No han cerrado librerías, cafés, pero los cafés y las librerías quiebran. A fin de cuentas es lo mismo. Lo otro es tu casa, te concentras en lo que puedas tener de las puertas hacia adentro. Netflix y tus libros. 

No sería la mano invisible del mercado, pero sí la mano invisible de la vocación totalitaria. Sí, el reducto es tu casa, pero también ahí sientes que te respiran en la nuca…

Lo que creo que se ha utilizado es la mano económica. No han entrado en una librería y ordenan: cierren esta librería. No digo que eso no pueda ocurrir, pero no ha sucedido hasta el momento. Pero el resultado es exactamente el mismo. En el fondo es irrelevante la causa, porque viene de la misma mano. Por ejemplo, los parques. Tengo entendido que el Parque del Este está muy deteriorado. ¿Alguien lo ha cerrado? No, pero lo dejan decaer, lo dejan morir. Es un sistema muy cruel en ese sentido. No es que yo te esté quitando nada. Pero actúa esa mano invisible que va destruyendo el entorno y te va reduciendo y te va aislando, porque al haber menos espacios públicos, tú te tienes que aislar. 

¿Eso fue lo que vio, digamos, lo que pudo constatar en sus viajes a esos países?

No, porque la barrera del idioma es muy grande. Pero en las novelas y ensayos que he leído sobre esos países veo que ese efecto se va produciendo. La gente se va reduciendo, se va aislando. A nosotros se nos une otro factor en el aislamiento. Me refiero a la pérdida de relaciones por la diáspora. Yo agarro mi libreta de teléfonos… pero bueno, la libreta la puedo botar. Todos los que están ya no están aquí. Eso también va limitando tu contexto de relaciones. Son efectos muy favorables para un sistema dictatorial, que te rompen mucho la efervescencia, las ganas de luchar, las ganas de decir estamos aquí. 

En ese sentido, creo que el chavismo puede cantar victoria. 

Yo creo que sí, han triunfado. Me imagino que alguien dirá: qué derrotista es esa mujer. No, no, discúlpame. Son 21 años. Es un hecho incontestable. Me imagino que tiene problemas económicos, de los cuales yo entiendo muy poco, y que han quebrado al país, pero eso tampoco es un problema para ellos. En absoluto. Es un problema para nosotros. Otro factor es la pérdida de la población. He leído que para el año que viene se habrán ido del país 6,4 millones de personas. Estamos hablando de un país que tenía una población de 30 millones de personas. No es una población grande. 6,4 millones es una cantidad significativa. Más, si le sumas las muertes prematuras por falta de atención médica. Una cifra incuantificable. Estás hablando de una pérdida importantísima. Yo creo que sí, ellos han triunfando. Ahora, nada triunfa para siempre. Todas las dictaduras, tarde o temprano, han terminado.    

¿Qué otras similitudes ha encontrado en los países que visitó? ¿Qué cosas le llamaron la atención o la inquietaron?

Probablemente las circunstancias en esos países han cambiado, pero un efecto muy llamativo es la pobreza. Transitas por carreteras y vas viendo fábricas abandonadas, edificios vacíos. En otros países como Rusia ves cosas que aquí empiezas a ver: los carros de marcas más lujosas, las tiendas más increíbles. Todo eso está allí. Hay toda una nueva clase social con enorme poder adquisitivo, entiendo que no estaban. Eso también lo puedes ver aquí, en una proporción menor. Pero es el mismo fenómeno que, además, contribuye a la idea de normalidad. ¿Pero cuál es el problema? Hay tiendas, hay bodegones. ¿Qué problema tienes?

¿Ese 85% de la población que no está en la burbuja qué pasa a ser? Pierde cualquier conexión con el aparato económico, con cualquier instancia social. ¿En qué se convierten las personas llegado este momento, esta situación?

Primero en sobrevivientes, en tratar de sobrevivir. Un aviso ponía en Catia «3 cambures por 1 dólar». Gente que está en una lucha de sobrevivencia. Esa es su vinculación. ¿Cómo sobrevivo yo hoy? Y la otra instancia, en lo que tú estás planteando, es ¿quién es su interlocutor? Ni siquiera un partido. ¿El PSUV? No lo sé, porque en aquellos países comunistas, el interlocutor era el partido. Y según le escuché a algunas personas, que hablaban en español o en inglés, era un interlocutor que contestaba. Éste no contesta, me imagino que una vía es el carnet de la patria, el petro, el bono de carnaval, el bono de no sé qué, ésa creo que es la vinculación y nadie de los que se benefician quiere prescindir de ella, porque es sobrevivencia. Hay quien dice que son humillados. No lo sé. Si esa fuese mi única posibilidad de comer, yo también lo haría. Es muy fácil decir eso cuando tú tienes otra manera de resolver.   

Imagen tomada de aquí



Es muy fácil decirlo cuando tú tienes el estómago lleno.

Exacto. Ésa es la vinculación. El otro día estaba viendo un programa y veo que aparecen Las Chicas del Can. ¿Pero han sobrevivido Las Chicas del Can? No puedo creerlo. Y me contestó alguien en twitter. No son las mismas, son otras, pero tienen el mismo nombre. Creo que son de Puerto Rico (las anteriores eran de República Dominicana). Entonces yo veo a un presidente, salen Las Chicas del Can y bailan. Salen las chicas y baila el presidente. Me quedé con la boca abierta. Entonces, la narrativa se perdió. Yo escuchaba mucho la narrativa de Chávez, que era muy articulada, la gente piensa que eran puras pistoladas. No era así. Ahora es eso: Chamba Juvenil, el bono de carnaval, el bono de navidad, están inventando bonos. Ésa es la vinculación.



¿El hecho de que en Venezuela uno no pague por la gasolina, por el gas, por el Metro, no es para quedarse perplejo? Y lo pregunto porque al mismo tiempo uno sabe que en el Zulia o en el Táchira la gente pasa días haciendo cola para echar gasolina, pasa días sin servicio eléctrico, hay personas que han muerto en las colas del gas. ¿Qué efectos psicológicos podría tener una realidad tan perversa?

Creo que han conseguido una narrativa eficiente, todo lo que estás diciendo no existe, ese país no existe. Pero, a la vez, es el país que se está yendo y yo creo que ellos están encantados de que se vayan. Menos peso muerto encima. Menos problemas. Ésa es la gente que se está yendo a pie hasta Ushuaia (extremo sur de Argentina). Es como una disolución. A la diáspora (6,4 millones de personas para este año, según Eduardo Stein, comisionado de Naciones Unidas para los refugiados y la migración venezolana), súmale los que han muerto de forma anticipada, súmale las generaciones de niños desnutridos y es como un país que queda fuera del mapa, que no tiene esperanza de sobrevivencia. Ésa es la verdad. 

Ana Teresa Torres retratada por Lara Blacklock | RMTF




Esa palabra: disolución. Ya es más que semántica, ya es más que significado. Es una emoción. ¿Cuál sería esa emoción para Ana Teresa Torres?

Para mí, justamente, el país que perdí, el país que tenía. Ah, ¿que se podrá reconstruir en el futuro? No lo dudo, pero yo no estoy en el futuro. Estamos aquí. Y aquí no se está reconstruyendo. En lo absoluto. Bueno, es una sensación de que tú tenías un país, con todos los problemas que puedas añadirle, pero tenías un país. Ahora tienes eso: Las Chicas del Can, unos bodegones, la musiquita de fondo. Es más que una emoción. Es un sentimiento melancólico. Es algo que has perdido irremisiblemente, que no te lo van a devolver, quizás a tus hijos, a tus nietos, no creo que a nosotros. 

Hemos llegado a esta disolución, a esta pérdida del país, entre otras cosas, porque aquí se cancelaron todas las opciones políticas. ¿Nosotros podemos hacer algo para que se restituyan las opciones políticas? ¿Podemos hacer algo para que tengamos una convivencia más o menos decente?

Yo tengo la idea, aunque no tiene ninguna justificación, de que la historia es imprevisible. Es decir, hay imprevistos en la historia constantemente. Venezuela no se va a escapar de eso, Venezuela también puede tener imprevistos. ¿Veo alguna puerta política abierta? ¿Verla? No la veo. Pero no niego que, en un momento dado, ocurra. Eso es lo que yo llamo la esperanza, que está allí, más allá de tu vida rutinaria, más allá de resolver tu cotidianidad. Creo que esa fuente de esperanza no se ha perdido. Pero no se habla mucho. Quizás porque no tengo nada que demostrar. Es un sentimiento.

Pero también es una posibilidad, ¿no?

Es una posibilidad porque la historia está llena de imprevistos. Nosotros somos un buen ejemplo de esto. El 4 de febrero fue un imprevisto. Ahora puedes hacer el análisis postmortem y llegan los politólogos y dicen que eso es lo que venía, puede ser. Pero la sociedad venezolana no estaba esperando eso. Eso fue una sorpresa, que salió bien para los que la ejecutaron, pero pudo haber salido mal. Ése es el punto único del que me agarro como esperanza. Pero lo que sí veo es que nadie tiene muchas ganas de conversar sobre eso, porque quizás nos duele. ¿Tienes una esperanza? Unos pueden decir ¿pero en qué te basas? Todas las opciones están canceladas. Otros pueden decir lo que pasa es que tú no crees en Juan Guaidó. No se trata de creer o no. Es que no veo el escenario. Digamos, el escenario por donde podamos caminar. No lo veo y nadie me lo hace ver tampoco.

Yo no estoy metido en ninguna insurrección, en ningún levantamiento, mi única opción es la salida electoral. Diría que sí hay unas elecciones, yo iría a votar. Sin embargo, ir a elecciones en este momento también es una calamidad. 

Yo iría, pero antes vería un poquito el escenario. Es decir, ¿quién me está proponiendo? A lo mejor hay nombres por los que yo no iría. Entiendo lo que dices, pero llegado el día, te diría fui o no fui. 

Sí, tiene toda la razón, porque en un país donde te presentan la opción de votar por Luis Parra, perfectamente cabría preguntarse: ¿cuál es la opción? 

Lo que me estás diciendo es que no hay opción. Bueno, no voy. Ahora, si me presentas una opción que realmente lo sea, sí, ¿por qué no hacerlo? El otro tema es que en un momento dado, tú podías entender lo que estaba pasando, podías seguir el hilo de la novela. Pero hoy día no. ¿Tú tienes idea de lo que pueden pensar los chinos, los rusos, los iraníes? ¿Qué papel jugamos en ese tablero? No tengo la menor idea. ¿Tú sabes lo que piensa Putin?

Javier VidalImagen tomada de aquí.



Pero debe haber alguna vía por donde oponerse a todo esto. Un lugar donde podamos encontrar o dar con el antídoto que nos preserve de la vocación totalitaria de la dictadura. 

Creo, a lo mejor porque pertenezco a ese mundo, que la mayor resistencia ha sido en el ámbito cultural. No tengo ninguna duda. Exposiciones como Hacia una historia de la mirada. No es la única, ha habido otras. Tienes el esfuerzo increíble de La Poeteca, que es: aquí existe una poesía venezolana y la vamos a sostener. Vengan, jóvenes o viejos, y aquí se va a leer. La narrativa ha sido más difícil, por un tema de extensión, pero ahí estamos también. No sólo lo que se ha publicado en España, sino de autores venezolanos en Venezuela. Teatro, la obra de Javier Vidal sobre Primo Levi fue emocionantísima. Los periodistas. La resistencia de la vida cultural, ya no la prensa escrita, los portales, los blog. Eso es lo que queda de un país en pie. 

¿Podríamos rescatar la historia?

Dentro de las manifestaciones culturales también está la historia. Hubo una profusión de libros tremenda. Había muchísimo interés por la historia. Probablemente lo haya, pero también hay otros medios. Los podcast. Yo creo que el trabajo que hace Rafael Arráiz Lucca es tremendamente útil. Eso es lo que nos va a quedar como consistencia de identidad de país. No han podido con eso. Lo han ignorado. Lo han asfixiado, porque la cultura cuesta dinero. Ése es el núcleo básico que nos quedará para la identidad, para la historia, para la recuperación de una sociedad. Pero requiere ese imprevisto… ese imprevisto. 

Hugo Prieto

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En esta edición de #SesionesProdavinci, Ramón Pasquier, periodista, locutor y amigo de Prodavinci, conversa con Ana Teresa Torres, una de las narradoras y ensayistas más importantes de Venezuela. Ana Teresa Torres es miembro de número de la Academia de la Lengua. Ha publicado libros fundamentales como La herencia de la tribu, Los últimos espectadores del acorazado Potemkin, Malena de cinco mundos y El corazón del otro. Ana Teresa Torres mide la temperatura del país desde su capacidad para imaginar un futuro que sea lo suficientemente sólido y fuerte para resistir el peso del pasado, en especial de un siglo XIX de batallas, patriotas y retratos de próceres. Esta entrevista fue publicada originalmente en Prodavinci el 14 de junio de 2014.












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