domingo, 10 de mayo de 2026

Carmen Seijas, necesita nuestro apoyo para iniciar el tratamiento de radioterapia.

 




Mi mamá Cármen Seijas, una venezolana, madre, abuela y gran profesional, fue diagnosticada de una metástasis en la región craneal, derivada de un cáncer originario de mama.

El tratamiento indicado es un ciclo de 15 sesiones de radioterapia 3D, para controlar el avance de la enfermedad, aliviar síntomas y mejorar su calidad de vida. 

El dinero recaudado será destinado a del tratamiento, exámenes y asistencia.

META 5000 DÓLARES

Transferencia a pagomovil: Banco Nacional de Crédito

Samuel González Seijas C. I. 10542934. 

Teléfono: 0412-9285995.

Cuenta 01090050252350541631. 

Email: samuelson008@gmail.com

Paypal: sernad.edpay@gmail.com 


Cualquier aporte suma. Si no puedes en estos momentos difúndelo por tus redes. ¡Gracias de corazón!


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miércoles, 6 de mayo de 2026

Guillermo Meneses, escritor venezolano a Mario Szichman: Sigo sin entender el interés que existe por mi obra


 

Fotografía coloreada. Tomada de la Enciclopedia de Venezuela. 1974.



Estimados Liponautas


Hoy conseguimos este texto de Mario Szichman hurgando en la red. hasta el momento es una de las dos entrevistas que hemos conseguido de Guillermo Meneses en la red.


Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia



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domingo, 21 de diciembre de 2014


GUILLERMO MENESES REVISITADO


Mario Szichman




Hay una divisoria de aguas en la moderna narrativa venezolana: antes y después de Guillermo Meneses (Caracas, 14 de diciembre de 1911 - Porlamar, 29 de diciembre de 1978). Y ese extraordinario narrador fue el primero en cruzar el umbral. Meneses comenzó su narrativa en un molde que podría considerarse costumbrista, con relatos como La Balandra Isabel llegó esta tarde (1934) Canción de Negros (del mismo año) y El Mestizo José Vargas (Caracas, 1942). Y súbitamente, en 1952, cuando era diplomático en París, ganó el Premio de Cuentos del periódico El Nacional con La Mano Junto al Muro. La transmutación de su prosa es vertiginosa. Un día Meneses está escribiendo como José Santos Chocano, y al día siguiente, con la problemática de un sartreano que ha leído profusamente a Sigmund Freud. Trato de encontrar símiles en otros escritores de su misma época, y no lo encuentro. Meneses es un original obsesionado con el mito de Sísifo, con el doble, las máscaras, las múltiples apariencias. Basta leer sus Diez Cuentos (1968), su ejemplar El falso cuaderno de Narciso Espejo, o La misa de Arlequín, para verificar su inagotable talento, la huella en las generaciones que lo sucedieron. Los textos de tres de los mejores escritores que ha dado Venezuela tras Meneses: Adriano González León, Salvador Garmendia y José Balza, no existirían de no ser por la influencia de Meneses. (Quien además era un hombre muy generoso siempre dispuesto a alentar a las nuevas generaciones).


Tuve el privilegio de conocer a Meneses en los últimos meses de 1978, gracias a la intercesión de Balza, quien me llevó hasta su casa. Poco después publiqué un reportaje en el Suplemento Cultural del periódico Últimas Noticias de Caracas.  Aquí está la síntesis del trabajo.


M.S.

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La memoria cree antes que el conocimiento recuerde, piensa el Joe Christmas de la novela de William Faulkner Light in August. Crece más tiempo de lo que recuerda, más tiempo del que se interroga el conocimiento. Conoce, recuerda cree. Cree por ejemplo, en el caso de Guillermo Meneses, en un destino de escritor, en una pasión, en el deseo de derrotar a esa vieja fisgona que es la muerte, no a través de la verdad sino de la impostura, no apelando a la piedad, sino cediendo al rencor.

Guillermo Meneses cree, antes que el conocimiento recuerde, en la posibilidad de ser inmortal a fuerza de palabras, forjando seres que circulan a través de sus libros como la sangre por el interior de un cuerpo. Con sus sesenta y cinco años a cuestas —corroborados en un físico frágil, desmentidos por una mirada maliciosa, una sonrisa de niño, franca y despiadada, una escritura sorprendentemente bien dibujada, de monje calígrafo, de mandarín que piensa: Si la palabra es la voz del espíritu, la escritura es el dibujo del espíritu– el escritor es el único mito viviente con que cuenta la literatura venezolana. La mitad de su vida la dedicó a elaborar un espacio narrativo propio, y la cuarta parte —el lapso que va de 1950 a 1967— a forjar una literatura que contamina los mejores logros de la última generación.


Pregunta con falsa modestia: ¿Por qué empiezan a preocuparse por mi escritura?

Y el entrevistador debe señalarle que si los testimonios se contradicen y falsean en confrontaciones cuando se aborda El falso cuaderno de Narciso Espejo o La misa de Arlequín hay algo que emerge con honestidad; una escritura pudorosa, empecinada que empieza a triunfar recién ahora, en la década del setenta, mostrando cómo se hace la gran literatura y relegando a otros narradores que brillaron con los ajenos oropeles otorgados por la política o el  éxito empresarial al sitio que siempre merecieron: los textos obligatorios de liceos y universidades y menciones en antologías e historias de la literatura.


El falso cuaderno


—Sigo sin entender el interés que existe por mi obra— insiste Meneses.


Se supone que la moderna narrativa en Venezuela surge a partir de El falso cuaderno de Narciso Espejo. Es decir, que después de la publicación de esa obra, ningún escritor venezolano puede seguir practicando el oficio de la ingenuidad. En El falso cuaderno no solo hay una reflexión sobre un mundo, sino sobre la escritura que engendra ese mundo. Usted venía de una escritura digamos tradicional, o al menos bastante emparentada con la corriente regional y criollista. De repente, entre 1942, fecha de El mestizo José Vargas, y 1952, cuando publica La mano junto al muro, hay una mutación. ¿Cuál es la causa?


–Supongo que a los años que pasé en París, y a los que ya cargaba encima. Me estaba acercando a la cuarentena y era preciso cambiar. Había una suma de experiencias. No podía quedarme aferrado a un estilo de narrar propio de la juventud…


–Algo más debió ocurrir.


–Sí, ocurrió que me puse viejo.


– ¿De qué escritores se hablaba en esa época?


– Veinte años después podría mentirle diciéndole que me impactaron Sartre y Simone de Beauvoir. Claro, veinte años después. Pero en esa época nadie los conocía. En cambio André Malraux era muy famoso. Había hecho la experiencia de la guerra civil española como comandante de la aviación republicana, y luego estuvo en la resistencia y cumplió un papel heroico. Y además, era un hombre muy inteligente.


–De esos años en París queda su cuento más famoso, La mano junto al muro, y su novela El falso cuaderno de Narciso Espejo. Dos décadas después ¿cómo analiza esos trabajos?


La mano junto al muro me sigue gustando. Admito que hay pura imagen verbal: ´Una mano es, apenas, más firme que una flor, apenas menos efímera que los pétalos; semejante también a una mariposa´. Esta última metáfora sigue sin convencerme. Pero, con todo, el cuento resultó bueno. En cuanto a El falso cuaderno de Narciso Espejo, querría creer que es mi mejor obra.


– ¿Y La misa de Arlequín?


– Está mejor escrita, pero no me parece superior a El falso cuaderno de Narciso Espejo.


En el prólogo a los Diez Cuentos (Editorial Monteavila), Meneses dice que ya en Juan del Cine hay muchos de los temas expuestos luego en sus obras de madurez.


– Hay poco que rescatar de ese cuento. Hoy me suena como una cosa alambicada, petulante, algo ridícula. La única explicación es que lo escribí cuando tenía veintidós años de edad.


–Pero ya aparece la obsesión del espejo.


–Creo que ese tema está presentado sin necesidad. No me parece justificado.


–Otro símbolo frecuente en su obra es el de la burbuja. ¿Qué significa?


– Es un poco la descripción de la vida en América Latina. Todavía en germen, increada, y ya a punto de reventar.

Mario Szichman entrevistando a don pedro Vidal en 1978. Imagen tomada de aquí.


–En el prólogo a los Diez Cuentos, usted señala, ´Tal vez resulte interesante ir mencionando las influencias que nos llegaron. Allá por los años de 1930, estábamos los jóvenes dentro de lo que considerábamos la vanguardia. Nos empapábamos de todo lo que nos hacía pasar Madrid, sobre todo a través de La Revista de Occidente. El Madrid de aquel entonces se hallaba en una sana relación europea. Por lo tanto, no nos era extraño lo francés, lo alemán, lo italiano, lo yanqui, que Ortega escogía para su revista. Leíamos a Thomas Mann, a Aldous Huxley, a William Faulkner, a Carl Jung, a Herman Hesse, sin olvidarnos de Marcel Proust y sin abandonar a Emile Zola, a Eça de Queiroz, a Fiodor Dostoievski, a Honorato de Balzac, y a nosotros mismos´. De todos esos autores ¿Quiénes tuvieron más influencia en su obra?


–Le va a sorprender: fueron los naturalistas: Hauptman, Zola, Queiroz.


– ¿Y Faulkner?


–Lo llegué a leer y lo conocí personalmente cuando ya había escrito la mayor parte de mi obra. Faulkner visitó Venezuela en 1959. Conversé con él, pero a través de un intérprete. Figúrese qué fastidioso.


– ¿Qué impresión le causó Faulkner?


–  No sé, tenía un aspecto algo ridículo. Usaba unos pantalones horribles que no le llegaban ni al tobillo y lo convertían en un ser algo estrafalario. Pero la impresión cambiaba cuando se ponía a conversar. En realidad, cuando se escuchaba la traducción de su conversación, algo bastante fastidioso. Creo que Faulkner ni siquiera hablaba inglés. Tenía un lenguaje sureño muy cerrado, melodioso, pero incomprensible. Y era muy tímido. Tal vez esa era su armadura. Al principio era como medio chaplinesco. E insistía en parecer más viejo de lo que era. Pero su mente era muy joven, lúcida y desconfiada. Me dijo algo que me impresionó mucho: ´Un escritor no tiene tiempo para ser literato´. Claro, para él ser literato era ser literato en los Estados Unidos, donde había una intensa vida social. Hubiera sido distinto de vivir en Venezuela. Porque ¿qué es un literato en Venezuela?


– Probablemente algo que Guillermo Meneses nunca será.


– Es que a mí solo me ha interesado una cosa en la vida: escribir.


–Vamos a dar una nueva vuelta de tuerca a esta conversación: ¿Qué pensó cuando estaba escribiendo El falso cuaderno de Narciso Espejo?


– En esa época pensaba que era un gran escritor.


– Muchos críticos pueden corroborarlo.


–  Tal vez. Recuerdo que hace tres o cuatro años, Julio Cortázar me vino a visitar. Mientras él hablaba, yo pensé: ´Tendríamos que habernos encontrado hace veinte años en París, cuando los dos vivíamos en esa ciudad. Hubiéramos tenido mucho de qué hablar en París´, pero no veinte años más tarde. Veinte años más tarde, solo podía limitarme a escuchar


http://marioszichman.blogspot.com/2014/12/guillermo-meneses-revisitado.html


martes, 5 de mayo de 2026

Alberto Hernández: La condesa y el organista es un ensayo permanente, frente a los ojos de una mujer creada por Cesia Hirshbein

 



Crónicas del Olvido


LA CONDESA Y EL ORGANISTA, DE CESIA HIRSHBEIN


**Alberto Hernández**


**La puso sobre el escritorio, la abrió y desplegó los documentos. Los revisó uno a uno, la Marcha fúnebre en memoria del emperador Maximiliano de México que compuso el gran Liszt, su inacabado ´Réquiem´, y además el que Bruckner junto a la condesa habían logrado seguir casi hasta la mitad (…) En ese momento se había convertido en un solo ´Réquiem´ al que debía agregar algunos fragmentos y pulir**
**´La condesa y el organista´: C.H**

**En 1861, el Presidente Benito Juárez suspendió los pagos de la deuda externa mexicana. Esta suspensión sirvió de pretexto al entonces emperador de los franceses, Napoleón III, para enviar a México un ejército de ocupación, con el fin de crear en ese país una monarquía al frente de la cual estaría un príncipe católico europeo. El elegido fue el Archiduque austríaco Fernando Maximiliano de Habsburgo, quien a mediados de 1864 llegó a México en compañía de su mujer, la Princesa Carlota de Bélgica…"

Carlota y su prometido Maximiliano por Louis-Joseph Ghémar (1857).



**´Noticias del Imperio´: Fernando del paso**

1.-
Leer a unos personajes imbuidos por la música. Leerlos y tenerlos presentes en sus obras. Abrir un libro y encontrarse con una historia donde descubrimos a varios artistas que siguen sonando en nuestro espíritu. Leer la música que Cesia Hirshbein construyó a través de una novela en la que no sólo la creación de magistrales sonidos nos impresionan sino el perfil psicológico de cada uno de los actantes que aquí logran entrar en nuestras mentes como intrusos benignos. 




He aquí que se trata de una novela en la que se juega en dos planos: la realidad y la ficción. ´La condesa y el organista´ es un ensayo permanente, un estudio frente a un piano o frente a los ojos de una mujer creada por nuestra autora, Henriette von Fürster. Anton Bruckner existió en una época plena de sonidos estéticos, compuso piezas de una belleza que muchos de nosotros desconocemos, pero estuvo allí, como un fantasma ante una hermosa mujer que quería aprender más acerca de la música: tocaba el piano y cantaba, y logró acercarse a un hombre gordo y feo, pero genial, quien le sugirió la posibilidad de alcanzar el amor. Ella, la condesa Henriette. Esta historia recoge varios instantes en los que tanto el maestro como la alumna se aproximan a través de las palabras, a través del miedo a una reacción negativa. Asomo romántico que queda en suspenso por las distancias sociales y por el temor de ella a ser castigada por Dios. Posteriormente, la aparición de una música e investigador que por encargo de la mujer, ya madura, le pidió, le suplicó que completara la obra Lizs y Bruckner. 

Franz LisztImagen tomada de aquí.


Esta es también la historia del Archiduque Maximiliano de Hagsburgo, quien fue fusilado en México bajo las órdenes de Benito Juárez, acto que enloqueció a su mujer la princesa Carlota de Bélgica y forzó a otros personajes a revestirse de valor para no enloquecer como ella. Esta es la historia de un investigador que anda tras la pista del maestro Bruckner: Richard Wetz, personaje que rearma la obra en la que participaron Lizt, como queda bien dicho en el primer epígrafe. 

2.-

Todo personaje de ficción se convierte en real cuando es llevado a la escritura. Nombrarlo, destacar su fisonomía, sus pasiones, sus miedos son motivos para traerlo al mundo real, mientras los reales, los actantes que respiraron este aire narrativo, pueden ser sujetos de ficción si el lector lo cree necesario. Bruckner pudo haber sido sólo una sombra, mientras Henriette fue su luz. Ambos se combinaron para construir un universo íntimo que se transformó al final en una obra terminada por otro, por Wetz, quien forma parte de un segmento existencial de esta obra de Cesia y de los personajes con quienes se encuentra tras tanta búsqueda.  

Bruckner, estudiado en varios textos, entre ellos en la ´Breve guía de la música clásica´, de Anne Gray, ocupa, al lado de otros creadores, varias páginas que lo definen, describen y ahondan en su realidad. Por su parte, Jonathan Kramer, en su ´Invitación a la música´, reconoce las 300 obras más importantes del mundo clásico musical, donde estudia todas las obras de Bruckner, quien nació el 4 de setiembre de 1824 en Linz, Austria, y falleció el 11 de octubre de 1896, en Viena. En su haber, Kramer escribe acerca de las nueve sinfonías de Bruckner donde deja plasmado el genio de este organista, pianista, compositor y director obsesivo compulsivo que hoy es personaje en esta obra de la venezolana Cesia Hirshbein


La música es el fondo de esta historia. La música inventa a los personajes, quienes trazan una ruta en medio de eventos trágicos, como el de Maximiliano Emperador de México, como el de su mujer Carlota, como el de la misma Henriette, quien estuvo a punto de enloquecer. Como el mismo maestro, deshilachado, obeso, enano casi, sucio a veces, pero genial, Bruckner. Historia de un amor frustrado, de demencias, obsesiones, en fin, un relato en el que no faltan los paisajes y los diálogos que enriquecen la narración y las descripciones. Un retrato del Romanticismo, estropeado por su propio contenido vital. Esta corriente artística, de la que bebieron músicos, poetas, novelistas y hasta pintores dejó una marca donde el ensueño, la tragedia y ciertos rasgos de majadería fueron los elementos básicos para su definición. 

3.-

Novela escrita en dos tiempos, en dos retazos temporales separados. Mientras ocurre la muerte de Maximiliano, la locura de Carlota y la ayuda que Henriette le ofrece, Brucker luchaba con su genio, con una locura musical que se transformó luego en un encuentro con la segunda cuando se tropezó con ella en el acto funerario del Emperador. De allí en adelante la novela toma cuerpo, se hace densa gracias a los referentes vivos o muertos de la gran música de la época y de otros que ya habían desaparecido físicamente. El mismo Humboldt aparece, imaginamos que agobiado por el calor tropical, en estas páginas. Es el primer momento público de Bruckner cuando no le va muy bien. Hasta Gustav Mahler hizo burlas de su trabajo, de lo cual luego se arrepintió. 

Muchas eran las discusiones donde tanto la música como la filosofía formaban parte de los encuentros de personajes de la época: Wagner, Hugo Wolf, Brahms, Liszt, Mahler, entre otros, quienes adensaban el ambiente con su presencia, con sus conversaciones. Europa, vista desde Viena o Alemania, era el reflujo de tantas reflexiones culturales. En medio de ese cruce de voces, en otros lugares, en pasado o en futuro, aparecieron los protagonistas de esta historia. Anton Brucker y Henriette von Fürsten. Bella y joven ella, feo él. A Wetz le fue confiado el manuscrito donde estaba escrito el ´Réquiem´ de Liszt, que Bruckner a su vez le pidió a Henriette terminar, quien no pudo, pero sí Wetz, quien lo hizo para cerrar con éxito el estreno de la obra. 

4.-

Tantos son los datos aportados por esta melómana nacida en Alemania pero criada y formada en esta Venezuela arisca y a la vez amable, que nos dejan perplejos ante la calidad de este ´experimento´ ficcional que se ha convertido, para los lectores, en una realidad verdaderamente fascinante. 

En un epígrafe de un capítulo del libro de Gray, titulado ´De la caverna a la catedral´, Richard Baker escribe: “El descubrimiento del canto y la creación de los instrumentos musicales…responden…en su origen, a un impulso humano…la necesidad del ritmo de la vida…”. Este comentarista de radio inglés sazona el relato tanto de Bruckner como de Henriette, y que la autora londinense haya titulado de ´De la caverna a la catedral´ resume una metáfora de la existencia sombría, atormentada y solitaria de nuestro personaje, sacado de la oscuridad y llevado al gran público donde la música, su talento, fue el reconocimiento final de su historia. Henriette, invitada al concierto desapareció de la vista del ahora afamado investigador, director y compositor, Wetz, como si fuese un verdadero fantasma. Los aplausos cierran esta aventura que la literatura nos tenía reservada.   




(La condesa y el organista fue publicada por la Universidad Católica Andrés Bello y abediciones, en Caracas, en noviembre de 2025.)


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Cesia Hirshbein


Fürstenfeldbruck (Alemania), 1946. Narradora. Licenciada en Letras por la Universidad CAtólica Andrés Bello. Cursó estudios de postgrado en filosofía y literatura latinoamericana contemporánea en la Universidad Simón Bolívar. Fue profesor titular y directora del Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la U.C.V. Profesora visitante del Departamento de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Jerusalem y del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres. Es autora del libro de cuentos Hombres que eran bosques y otros relatos y las novelas El hilo de Miriam y La condesa y el organista. También ha publicado varios libros académicos y de ensayo.


https://ficcionbreve.org/autor/cesia-hirshbein/


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés.