lunes, 31 de agosto de 2026

Alejandro Sebastiani Verlezza, escritor venezolano: El poligráfo funda territorios mientras que yo los exploro con urgencia caleidoscópica

 

Imagen tomada de aquí aunque ellos la tomaron de El Universal.



“La oscilación gozosa entre la intimidad y la extimidad”


APUNTES LITERARIOS

ABRIL 14, 2020


Por Raquel Abend van Dalen



Entrevista con Alejandro Sebastiani Verlezza


Manejas varios géneros literarios simultáneamente. En tu plaquette Posdatas, manejas por igual la prosa y el verso, sin embargo, más allá de este poemario también te dedicas al ensayo, a la crítica literaria y a la escritura de diarios. ¿Cómo logras el equilibrio entre estos registros?


No hay tanto equilibrio sino inestabilidad, un ir y venir –un jaleo– entre los registros, las posibilidades de la voz, sus vericuetos; de pronto, hay algo con el deseo…o las manifestaciones de un mismo impulso expresivo (esto último se lo escuché a Victoria De Stefano y me fascinó).

Victoria De Stefano


No veo –ahora– contradicción entre la prosa y el verso. Hay, sí, en mí, un sentido del ritmo, casi musical, algo inundante que de pronto, cuando sobreviene, necesito atender y persigo, como puedo, hasta que se va y no hay más nada que hacer. A veces lo siento así, solo sensaciones que entran por el oído y se van derramando por todo el cuerpo. Otras veces, sin más, parece un golpe visual que también viene acompañado de sonidos, murmullos. Me ha pasado, estoy oyendo ciertas melodías y me detengo en la provocación de intentar ponerle palabras, ¿será que sí? Y empiezo a dar vueltas, a veces, sin poner una sola palabra, solo merodeando un poco alrededor de lo que me causó inquietud.

Vicente Gerbasi (CanoaboCarabobo); 2 de junio de 1913 - CaracasVenezuela; 28 de diciembre de 1992)

Por otra parte, hay cosas que pueden decirse en un poema y no en un ensayo, en una entrada de diario y no en un relato. En ese sentido, llevado por el ritmo que se impone, no importa la forma sino el tránsito. Pasa o no pasa. Cuaja o no. Por eso, siento, mi interés principal está en la poesía y trato de encontrarme con sus manifestaciones en otros lugares, no podemos reducirla al poema nada más, tampoco puede volverse una voluntad, yo no, al menos yo no puedo, ni me sale, asumirlo así. Entonces, sí, la poesía es un placer y todo lo demás sale de ahí. Ahora bien, el interés por “ensayar” se afinó con mis estudios en Letras. Me gusta suponer que intento un tipo de ensayo, más o menos personal, a veces juguetón, “desequilibrado”, bastante. Quisiera andar más cerca de la imagen y un punto lejos de lo meramente conceptual, dar con eso que Gerbasi llamó “documento de los sentidos”.



En diciembre del año pasado publicaste Canción de la encrucijada, con la editorial Eclepsidra. ¿De qué va este poemario tuyo?


Bueno, tal vez volvemos un poco a lo que te decía más arriba, de pronto sentí como un sonido al que tenía que atender; no era muy claro, pero sí sostenido, estaba ahí y de pronto, en eso, se dispararon algunas palabras. Así fui dando la entonación y el sentido que las acompaña; las cosas para mí ocurren en este nivel, más que en los temas, eso viene después, lo descubro después, a veces ni interesa, porque esas corrientes hablan a su manera.


Tanto es así que hace nada me han preguntado sobre esta “canción” y no he tenido mucho más que decir, por raro que parezca, no sentía las direcciones de lo que esa voz mía proponía. De pronto, sí, tras montones de vueltas aparatosas, casi al borde del gagueo, sin exagerar, sentí que decía algo cercano a la elección y sus metáforas. Si la encrucijada supone el cruce de los caminos, si ese cruce te salta en todas partes, incluso en uno mismo, la voz que dará cuenta de este paisaje tendrá que ser escurridiza, extrañada, volátil.


Siempre se habla sobre la elección, pero no siempre sobre lo que pasa mientras uno está en el tránsito de hacerla y tal vez por ahí quise escurrirme, como la espuma que se va por el hueco de la regadera y aún permanece, como remanente, cosa transparente. En otras palabras: el cruce del cuerpo en un paisaje que remite al desierto, al mío, a sus melodías y sonidos, como si quisiera captar lo que dice el viento, sus no siempre claros mensajes. Evidentemente, hay situaciones que conducen a lo anterior, pero sería demasiado ocioso ponerse en eso, ¿no?, dado que en el poema –se supone– buscamos transformar –porque así se impuso– los ecos de lo que nos pasa en otra cosa.






¿No hay también aquí una búsqueda o un movimiento hacia lo visual?


Sí, dado todo lo anterior, está ese otro plano, que también lo fui descubriendo poco a poco, mientras exploraba las imágenes que te decía, como en cierta penumbra; sentía que para decir todo lo anterior necesitaba una dicción dúctil, líquida, capaz de romperse y abrirse hacia la pura sonoridad, el esparcimiento visual, así fui regando esa “canción” sobre la página; así, pueda leerse, quizás, verso a verso, tal vez como un poema largo, anudado pero descompuesto; le veo esos rostros, ahora; y la verdad, hablarsobre los asombros, sobre lo que pasa cuando se escribe, no es lo más sencillo que se diga…tienes una voz que da vueltas sobre sí misma, arranca y se detiene, frena, se pregunta y arranca otra vez, con otra fuerza, o sin ella, eso una y otra vez, imagínate, para dónde, para dónde, por cuánto tiempo: ¿norte, sur, este, oeste, arriba, abajo? De ese remolino sale todo, cómo ponerle música a ese llegadero, ahí está la cosa. ¿Y qué tal si en cada letra que suelta la boca hay un poema oculto?


Entiendo que tienes otros inéditos, también.


Sí, poco a poco los organizo, ahí voy.


¿Has escrito en italiano?


Frases sueltas, a veces muy parcas, otras más rítmicas; es una lengua con la que me he relacionado desde siempre a partir del puro oído, hasta hace un tiempo que empecé a estudiarla de manera más disciplinada. Algo de esa música me gustaría traer a lo que escribo, muchos títulos de mis poemas o mis collages se me ocurren de una vez en italiano, cosa que antes no me pasaba tanto. En algunos cuadernos tengo transcrito lo que recuerdo de las voces familiares, las más remotas. Es la mina mía íntima. Es la forma de saberme dentro de una trama, familiar y psíquica, corroborar que vengo de algún lugar que ya no habla –los que vinieron primero se van, uno los despide– pero siguen sonando en mí.



¿Esto no puede conducirte a la heteronimia?


No lo sé, la verdad que no, ha sido como un juego, la forma de distanciarme de lo que digo y escribo, para ver qué pasa, para poner a prueba los registros que encuentro en mí, algo así se dio con la serie de “cartas” que Adalber Salas Hernández y yo intercambiamos en Literales, el ahora ausente suplemento literario del TalCual; pero por otro lado, la heteronimia, la heteronimia de verdad-verdad, como la asumió Pessoa, en esa suerte de invención dentro sí mismo, sobre sí mismo, no, eso no, es un ejercicio muy radical con la identidad, tal vez el más riesgoso de todos; tal vez nadie más haya pasado estos límites, aunque quién quita, de locos maravillosos está lleno el mundo. Ahora hay una voz que me da vueltas, quiere decir cosas en italiano, pero soy yo mismo.


La heteronimia, en dos platos, es decir: ha nacido en mí alguien más, tiene su vida propia. Bueno, de estos cruces también está hecha la experiencia, raros palimpsestos, el resultado –y el encontronazo– entre muchos influjos, la metamorfosis y hasta la mímesis y la antropofagia––tupi or not tu pi.


¿Sientes que los géneros literarios que manejas se trasvasan entre sí?


Algo así me ha ocurrido, pero no es voluntario, con el tiempo se ha vuelto mucho más presente, claro, pero esas son las libertades que te da la poesía y su capacidad de sobrepasar, incluso, los géneros, la literatura y el arte; hablamos más bien de una forma de estar, que sobreviene, también, capaz de conducirte al rapto y abrir las válvulas de lo que está dentro de ti y sin más se dispara. Es algo que empecé a ver o atisbar gracias a mi amigo Roberto Pérez León, cómo llega un punto en el que la poesía no se queda solamente en el poema y se convierte en una presencia más abarcante y no solamente en una experiencia, digamos, meramente estética. Entonces, a partir de ese trasvase, hay un ejercicio de la mirada que busca juntarse con la multiplicidad de las cosas, de los fenómenos y sus más secretas confluencias.


No se trata de estar en la posesión de un saber, para nada, sino de una actitud más cercana al tanteo, la exploración, la atención a lo raro. Es algo de y en la experiencia; pero hay libros, claro, capaces de llevarte a estas zonas, habitadas por la desmesura, piensa en Broch y La muerte de Virgilio, Lispector (“entregarse a la desorientación”, decía), Gramcko, Lezama, la Yourcernar de Fuegos.


 ¿Cuáles son las ventajas y peligros de la poligrafía?


El polígrafo, siento, funda un territorio deliberadamente y yo más bien ando en una expedición; con ánimo más experimental y nada erudito, pues, voy y me detengo donde mejor pueda. Hay una entrega instintiva, simplemente. Y con ella, claro, riesgos. Las imágenes me van llevando, trato de escucharlas y tratar de captar algo de la trama que van ofreciendo. Ahora que me lo preguntas, a veces me siento bien como alguien que (¿se?) “traduce”, va y viene de distintos lugares; y así, en el camino, irá encontrando sonidos que alguna vez, si acaso felizmente, desembocarán en la página. ¿Que si salió prosa, verso? Bueno, visto así, es algo meramente formal; me importa más el movimiento, la expresión, sus reverberaciones, lo que anuncian o callan. Tengo una gran urgencia caleidoscópica y eso es todo. A veces, sin buscarlo tanto, algo en mí jala hacia allá. Cosa de inclinación.


¿Cómo combinas la labor de periodista con la de escritor?


En rigor, no hay tal combinación. De vez en cuando me solicitan colaboraciones –o hago textos por encargo– y si me interesan las acepto. Por lo demás, nunca he trabajado formalmente en una sala de redacción. La única vez que hice algo parecido, hace más de diez años, fue en un semanario: La razón. Después de hacer mis pautas, tenía que esperar las correcciones. En esas horas muertas, mientras aprendía algo de ajedrez, ponía el oído a lo que hablaba Jesús Sanoja Hernández, o Julián Márquez, con los escritores que tenían la costumbre de reunirse allí.


Hace unos tres años participé en un trabajo de archivo con El Nacional, en cuyo Papel Literario colaboro con regularidad. Salvo las entrevistas que suelo hacerle a los poetas que más me interesan (hace poco salió una que le hice a mi amigo Luis Gerardo Mármol Bosch en la revista Poesía). Últimamente, por mi trabajo en La Cueva, me ha tocado investigar y escribir cosas sobre fotografía.

Portada original del número uno de la revista Poesía


Tus diarios fueron publicados por Bid & Co. Editor. Siendo los diarios una escritura íntima por definición, ¿por qué escoger publicarlos, especialmente tratándose de tu primer libro?


La opción de publicarlos fue muy fortuita. Apareció. Y tras pensarlo un poco, me pregunté si tenía algo que perder. Y la respuesta fue no, no tengo. Ya antes, en el 2009, había publicado Posdatas, mi primera plaquette. En todo caso, Derivas, mi diario correspondiente al año 2010, ya no era tan “privado”. Digo esto porque lo presenté como trabajo de grado en Letras.




Tampoco considero una idea radical de intimidad, al menos en el diario, sobre todo si está escrito por alguien que trajina con las palabras, el lenguaje y sus registros; no me interesa esa intimidad radical, o literal, decía, porque una vez que pasa al lenguaje, y se vuelve escritura, todo lo dicho, todas esas experiencias, se abren, va ramificándose, encuentran espacios para desplegarse y tomar su propios derroteros. Lo anterior para decirte que si alguien tiene algo de sí mismo que quiere poner en resguardo de la mirada ajena, todos lo hemos sentido alguna vez, lo último que hará es ponerse a escribir un diario. Es y no es intimidad, pues; lo es, en tanto expresión de tu vida interior; no lo es, no tanto, porque pasa por el lenguaje, las formas, el oficio, la imaginación, la memoria, sus facultades transmutadoras.


¿Pueden los diarios no ser literatura una vez publicados?


Algo parecido, justamente, a lo que tocábamos más arriba. Cada diario, en sí mismo, encarna un modelo distinto y no todos pueden leerse igual; ahora, si es o no literario, dependerá de quien lo escriba, con qué ánimo lo asuma, cuáles son sus búsquedas; esa escritura privada, digamos, una vez que sale, se vuelve compartida, es como si una zona de tu intimidad se expandiera y estuviera sujeta a la mirada de los otros; ahí las posibilidades se abren, esa es upara mí la oscilación gozosa entre la intimidad y la extimidad.


El diario se mueve en el cruce de los géneros, él pasa por todos y todos pasan por él: narración personal, rapto lírico, reflexión, lo más crudo de ti, los venenos, las bajas pasiones, las alegrías, las ocasiones. Tal vez haya que desandar todavía más la idea de género, pensar más bien en términos de vidas que por sus mismas circunstancias en algún momento se mueven hacia una poética; y disrupciones, claro, muchas, corrientes que te agarran, te dan la vuelta y tratas de captar o vislumbrar por su fuerza encantatoria.


Entre tus contemporáneos, ¿con quiénes has tenido más acercamientos?


Con el tiempo, entre idas y venidas, estás tú, Franklin Hurtado, Adalber, Florencio Quintero, Graciela Yáñez Vicentini, Néstor Mendoza, Susan Urich y Francisco Catalano.


Aparte de ir y venir en los modos de la escritura, también te dedicas al trabajo visual a través de los collages. ¿Qué relación hay entre éstos y tu quehacer literario? ¿Por qué collage y no pintura o escultura?


La pintura y escultura exigen una preparación, una disciplina y un pulso anímico y técnico que no tengo. Ambas me sobrepasan. En cambio, me interesa más el dibujo como lugar de expresión y experimentación, de ahí sí puedo moverme hacia otros lugares. Pero con el collage, en cambio, es con lo que puedo, ahí sí puedo moverme mejor. Me gusta ver cómo se producen nuevas combinaciones y texturas a partir de elementos en principio disímiles.


Casi siempre ando en una “cacería”, hay algo muy divertido en la elección de los materiales y los soportes; el momento de rasgar, cortar, mover y pegar me lleva a territorio bastante festivo y liberado de la reflexión. Todo lo anterior, visto así, en algo se parece al ejercicio de observación que supuestamente debe hacer alguien que escribe, ¿no? También hay textos en mis collages. Allí, supongo, hay un diálogo y un impulso. Después de todo, en la escritura hay algo de com-posición y juego, impresiones que van asentándose, entran en una superficie y van fugándose.


 ¿Tienes proyectos en esta línea?


Con el tiempo, Raquel, he ido juntando cierto grupo de imágenes y estoy tratando de armar algunas series con ellas. Un par de amigos se ocuparán de esto, en términos de curaduría, a ver si algo puede mostrarse. Esto me emociona particularmente, tanto como publicar un libro, con todo el terror que esto trae, a veces, mira que desde carajito ando en esto, incluso, antes de escribir.


Por otra parte, últimamente he estado haciendo otras exploraciones, siempre ligadas al collage, pero más mixtas, digitales. Las voy soltando en mi cuenta de Tumblr. Es otro ejercicio, menos reposado, pero me da la oportunidad de encontrar interlocutores inesperados, además de los ya usuales.


¿La docencia no le resta tiempo a tu escritura?


La clase, en mí, o lo que amaga con ser tal cosa, es otra forma de la escritura, es como un largo –a veces jadeante– texto oral que va surgiendo entre el cálculo y la improvisación, entre lo que preparaste y las asociaciones sorpresivas y a veces muy tambaleantes que van saltando aquí y allá, aderezadas, claro, por la conversación con los profes, los amigos colegas y los estudiantes, muy fructífera por lo general, dado que yo también sigo siendo uno; mi lugar es el de aprender, siempre, no del que presume que ya sabe. Todo esto se lo agradezco a María Fernanda Palacios, a Jaime López-Sanz, a Rafael Castillo Zapata, por supuesto.


Santos López (Gustavo Bandres)

El año pasado preparaste una antología de la poesía de Santos López, Del fluir. Este año acaba de salir otra, esta vez sobre hiciste una edición con los ensayos de Armando Rojas Guardia: La otra locura.


Yo sí creo que es importante saber en qué corrientes se está moviendo uno, a veces sin tenerlo muy claro, cómo se expresan y de dónde vienen; esto, sin duda, es un trabajo y también algo que llega, te toca la puerta, sin más; en ese sentido, levantar un mapa de la poesía y la prosa que más te interesa, dar cuenta de estas experiencias, concretarlas en la posibilidad de un libro, o un repaso antológico, es tentador y retador, toda una responsabilidad. En el caso de Santos y Armando, las mismas circunstancias de la vida me han ido llevando a encontrarme con ellos y concretar estos trabajos. Y para mí ha sido muy nutritiva la experiencia, incluso, para los caminos de la poesía que escribo.


Armando Rojas Guardia. 1984. Fotografía de Vasco Szinetar.


Vives en Venezuela. ¿Cuáles son los rumbos que ves en el país?


Del actual gobierno no puede esperarse ninguna solución a todos los problemas que han ido creando en estos años. Ni hablar de cómo han acentuado los que ya estaban. Cualquier cosa que diga se quedará muy corta, solo una observación minuciosa de la vida cotidiana podría mostrar hasta dónde llega el daño casi irreparable que ha hecho este gobierno en las vidas de todos, incluidos los que más se ilusionaron con sus promesas. En esa dimensión menudísima puede aclararse el asunto, dado que muchos todavía creen que esto se trata de un mero conflicto entre izquierdas y derechas.


La jerarquía chavista tiene claro que necesita destruir el Estado e imponer un gobierno más militar del que ya tenemos para permanecer en el poder. No asumen el Estado como uno de esos espacios necesarios y vitales para tramitar las tensiones y las diferencias. Así la democracia se convierte en un recurso meramente retórico, algo que solo pasa en el lenguaje gastado y violento que usan, sectario, nacionalista a más no poder. En este sentido es un gobierno ultraconservador, absolutamente desprovisto de imaginación. Suele creerse que sus errores conducirán a “la caída”. No necesariamente es así. El caos es su lugar de maniobra, sobre todo si cuentan con el monopolio de la violencia y cargan a la gente enloquecida en las colas del pan, las farmacias, los supermercados, toda la movida de los bachaqueros, la paranoia por la delincuencia, los precios por las nubes, la devaluación, el descuido de los servicios.


Paradójicamente hay toda una retórica, muy cursi, fastidiosísima, victimizante, afincada en la apelación constante al enemigo externo, el desplazamiento de las propias responsabilidades. Todo esto toca furiosamente el plano de los afectos. De hecho, este gobierno trabaja con la alteración de los afectos, en todos los órdenes, incluido el estomacal y el expresivo. Quisiera ver una transición pacífica, democrática.


 ¿Y entonces? ¿Cómo afecta toda esta situación al trabajo creador, por ejemplo?


Tal vez nuestra generación no ha tenido el chance de expresar “estos años” en toda su contundencia, porque estamos demasiado metidos en la sobrevivencia y eso tampoco funciona como un acto reflejo. Eso sí: el shock es tan grande e intratable que no siempre aparecen las herramientas para “explicarlo”. A la larga, cada experiencia irá demostrando lo indefendible que es esto. Dentro de todas estas serias limitaciones se ha desarrollado la vida de muchos, obviamente no soy el único. Así, parece que nunca están dadas las condiciones “ideales” para llevar adelante vocación alguna, salvo las misteriosas ganas de sostenerla, a veces, contra toda esperanza. En todo este tremedal, el papel de los más jóvenes y los estudiantes es y será fundamental. Tal vez, en algún momento, nos quedará tiempo para preguntarnos si de ese mismo tremedal podrá salir otra cosa nueva, otro arte, otro país, menos empobrecido y golpeado, ¿quién sabe?


Comparte un poema inédito.


Estar despierto


perros piojosos

atados al poste


oigan bien


vivimos en la hacienda

y esta cabuya no es muy larga

podemos correr

y retozar en la grama

pero ay

ayayay

si nos pasamos

la cuerda será horca

vendrá el mareo

y algo enseñará su danza hirviente


(a veces toca devolverse

sin haber mordido el estrecho brumoso)


¿y entonces?


verán qué tanto aguantan

verán si los permeó la experiencia distante

verán si acaso necesitan otras palizas


((que baile el segundero

y el cuello recobre su dulzura))


somos necios

y eso es la vida


ladramos al infinito.


                                                    (del poemario inédito Melancholic jam session)




Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982): Poeta y ensayista con incursiones en las artes visuales. Ha publicado una plaquette de poemas, Posdatas (El pez soluble, 2009), el diario Derivas (bid & co, 2013) y el poemario Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016). Colabora con el Papel Literario. Forma parte de La Cueva, editorial especializada en fotografía venezolana. Licenciado en Comunicación Social (USM, 2005) y Letras (UCV, 2013). Cursó el Programa de Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2015). Tesista en la maestría en Estudios Literarios de la UCV. Es profesor en la Escuela de Letras de esa misma universidad. Incluido en los volúmenes del Celarg Voces nuevas 2005-2006 (narrativa), Voces nuevas 2006-2007(ensayo) y las siguientes compilaciones poéticas: 102 Poetas. Jamming (Oscar Todman Editores, 2014) y Tiempos grotescos(UNAM, México, 2015). Preparó una antología de la poesía de Santos López: Del fluir (Madrid, Kalathos, 2016), así como una recopilación de los ensayos de Armando Rojas Guardia: La otra locura (bid & co, 2017). Junto con Adalber Salas Hernández editó dos antologías de poesía venezolana: Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia, Bogotá, 2013) y Destinos portátiles (Vallejo & co, Perú, 2013). Estuvo en la residencia para escritores de Axóuxere Editora (Galicia, España, 2013). Ha participado en las siguientes exposiciones colectivas: Ciudad volátil, Manifiesto país, Reflejos vagabundos, Caracas horizontal, Confluencias.


 Lecturas en la pagina original de publicación desde el 14,/04/2020 hasta el 31/05/2026 : 86


Raquel Abend van DalenImagen tomada de Cinco8.


Raquel Abend van Dalen (Caracas, 1989). Magíster en Escritura Creativa en Español por la New York University. Autora de los poemarios: La beata de las locas (Madrid, Entropía Ediciones, 2019), Una trinitaria encendida (Nueva York, Sudaquia Editores, 2018), Sobre las fábricas, (Nueva York, Sudaquia Editores, 2014) y Lengua Mundana (Bogotá, Común Presencia Editores, 2012); de las novelas Cuarto Azul (Madrid, Kalathos Ediciones, 2017), Andor (Caracas, Bid&Co.Editor, 2013; Miami, SubUrbano Ediciones, 2017), y coautora del libro Los días pasan y las formas regresan (Caracas, Bid&Co. Editor, 2013). Seleccionó y prologó la compilación de no ficción La cajita cabrona (Caracas, Editorial Cráter, 2016) y Los topos mecánicos (Caracas, Editorial Igneo, 2017). En el 2016 fue escritora residente en el programa para artistas en Camac Centre D’art, Marnay-sur-Seine, Francia. Actualmente es doctoranda del Ph.D en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Houston.



https://suburbano.net/la-oscilacion-gozosa-entre-la-intimidad-y-la-extimidad/




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domingo, 30 de agosto de 2026

La escritora Gladys Ramos, necesita nuestra ayuda para recolectar 1300 dólares para costear una operación que necesita con urgencia.



🙏🏻 Hoy queremos pedirles ayuda para la poeta Gladys Ramos.

Gladys tiene 85 años, vive en Maracay, estado Aragua, y ha sido diagnosticada con cataratas en ambos ojos —especialmente avanzada en el ojo derecho— y glaucoma avanzado en ese mismo ojo.

Después de ser evaluada por el oftalmólogo, le indicaron una cirugía en el ojo derecho que incluye la extracción de la catarata, la colocación de un lente intraocular y el procedimiento necesario para tratar el glaucoma.

El costo total es de USD 1,300 e incluye la cirugía, el lente intraocular, el tratamiento posoperatorio y las consultas de control durante 30 días.

Hoy acudimos a la solidaridad de todas las personas que puedan ayudar a Gladys a realizarse este procedimiento. Cada aporte, por pequeño que parezca, puede acercarla a la meta y ayudarla a cuidar su visión.




🏦 Datos para colaborar:

Banesco – Cuenta corriente
Titular: Gladys Ramos Barguillas
Cédula: V-2.246.993
Cuenta: 0134-0325-21-3251032547
Contacto: 0414-0512012

Si no puedes colaborar económicamente, compartir esta publicación también representa una gran ayuda. 🙏🏻

Gracias de corazón por aportar, compartir y acompañar a la poeta Gladys Ramos en este momento. 🤍



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Gladys Ramos

Maracay (1950). Poeta venezolana Estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Tiene un posgrado en Derecho Penal en la Universidad de Carabobo, y un diplomado en Docencia, en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Trabajó como abogada para diversos entes públicos y privados y fue Fiscal del Ministerio Público. Por más de diez años dirigió la sala de exposición de pintura y fotografía del Colegio de Abogados del estado Aragua. Ganó el primer premio en el Concurso Orígenes del diario El Aragüeño (1980). Publicó el poemario Tiempo de pájaros caídos (Ediciones del Concejo Municipal de Girardot). Textos suyos han sido publicados en los diarios El Periodiquito, El Siglo, El Aragüeño y El Carabobeño, así como en la revista Estrías y Letralia.

Su poemario Donde la piel se hace silencio, prologado por el poeta Luis Alfonso Bueno, permanece inédito

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jueves, 27 de agosto de 2026

Nelson Garrido, fotógrafo: Yo no puedo exponer en un museo cuando en Venezuela hay más de 400 presos políticos

 


Estimados liponautas

El fotografo venezolano Nelson Garrido falleció  el pasado 20 de agosto de 2026 en Caracas, la misma ciudad que lo vio nacer un 24 de agosto de 1952. Nelson Garrido fue un creador caracterizado por husmear en las grietas de nuestra pacata e hipócrita sociedad venezolana. Tanto la de la Cuarta república, ahora perennemente añorada y la de la vigente, por desgracia, Quinta república, uniformemente despreciada por los venezolanos de a pie.


Nelson Garrido. Santiago de Chile. 2019. Carlos Santos.

Garrido no fue el típico fotógrafo documentalista o de sociales, al no comulgar su visión personal con la del "registrador de la verdad" decidió convertirse en un obrero forjador de imágenes  reelaborando bajo un contexto crítico y con una estética grotesca las tradicionales estampitas religiosas propias del catolicismo.




Como era de esperarse su propuesta provocó rechazo en diversos estratos del mundillo cultural venezolano pero eso no evitó que Nelson Garrido se convirtiera en el primer fotógrafo en vivir el Premio Nacional de Artes Plásticas de Venezuela del año 1991.



A pesar de su postura iconoclasta Nelson Garrido se reconcilió con la postura de registro de la realidad al conformar un compendio imágenes sobre las festividades religiosas venezolanas.



Argumentos: Nelson Garrido


Nelson Garrido, fue un desvelador de las miserias nuestras pero también se destacó por su labor impulsora en el aspecto de la formulación de propuestas novedosas en el ámbito que normalmente llamamos artístico y el aspecto como formador, como docente en esa zona temporalmente liberada conocida como La ONG.





Nelson Garrido, siempre mantuvo su postura crítica ante la sociedad venezolana en su conjunto y nunca transó con Tirios ni Troyanos. Nunca se postró ante ese enorme kraken proteico que destruyó la cultura venezolana mientras que otros escribían odas y se sumaban a los salones oficiales... que conste que no estamos hablando del secuestrado salón Michelena.


Groucho Marx. Imagen tomada de aquí.


Nunca se sumó al grupo que transformó las apetencias de esta tierra de gracia en la sucursal permanente de un infierno bordado de hambre, exilio y angustias al son de delirantes consignas mal calcadas del hermano mayor de Groucho con la sazón de un terratiente antillano abarrotado de vodka y lumpias.

Carlos Ayesta, Nelson Garrido y Luis Brito.


Esta entrada es un pírrico reconocimiento a su labor y a la gente que lo acompañó en su viaje por su Tierra y la nuestra...


Adios Nelson Garrido...





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RECUERDOS DE FOTOGRAFÍA

(Autor: José Pulido)

¿Dulce de qué, dulce de qué?
pregunta Luis Brito
No es un dulce, Luis, es torta de pan
que hizo una de las muchachas
para redondear el almuerzo y la reunión
Luis mira a Nelson, Nelson mira a Luis
si termino temprano aterrizo allá, 
dice Luis y Nelson sabe que no faltará
porque ellos cuando se juntan hablan de fotografía
como dos ángeles que dialogan
comenzando con la pregunta
¿Qué te gusta de la humanidad?

Le comento a Miguel Von Dangel
que vi a dos de nuestros amigos más queridos:
Luis Brito y Nelson Garrido
¿Te has dado cuenta de que Nelson Garrido
y Luis Brito logran que tragedias, tristezas y prejuicios
sean como la intemperie que marca los rostros humanos?
pregunto y Miguel se queda sonrojado en luz de afuera
porque hemos subido a la azotea de su casa
y luego dice:
“Ellos consiguen que aparezca el espírtu
de la persona, su carisma, su espectro innegable”

Después concretamos el viaje
de Petare a Los Rosales 
hacia la casa de Nelson Garrido
nos encontraremos con Nelson y Luis
y Luis estará fúrico hablando de injusticias
tal como él ha sido 
 
Yo quería conversar con Nelson
sobre sus fotografías especiales
las del ángel destructor de toda ridiculez 
y de toda banalidad 
quienes no querían ver esas imágenes
se perdían lo más antipartícula  
del arte fotográfico emitido por un talento feroz

Un día encontré a Nelson creando una imagen religiosa
ante una modelo desnuda, el cielo sangraba 
pariendo a una virgen y él fotografiaba algo 
que los legos no alcanzábamos ver
la concentración y serenidad de Nelson 
eran decencias de un ángel caído 
un ángel caído es verdadero y es decente porque se vuelve visible
y si hubiese podido expresar lo que Nelson Garrido
y la modelo significaban en ese instante
hoy tendría un gran poema para rendir homenaje a la fotografía
a través de un hombre que es un dulce de rayos y truenos
¿dulce de qué? dulce de relámpago caído





Nelson Garrido: “Estoy feliz de haber cerrado La ONG



Yo nunca cuelgo mis obras, mis obras son como manifiestos” | Foto: Ramsés Romero




Isaac González Mendoza (@IsaacGMendoza)


SEPTIEMBRE 11, 2022 5:00 AM



Nelson Garrido (Caracas, 24 de agosto de 1952 - 20 de agosto de 2026) no tiene obras suyas colgadas en su estudio, solo unas muy pequeñas escondidas entre su biblioteca, como la icónica fotografía del perro muerto que se usó para el disco Infecto de afecto (1991) de Sentimiento Muerto. Sí exhibe un cuadro de Jacobo Borges y muchísimos retratos de artistas como César Rengifo.


Infecto de Afecto

https://m.youtube.com/watch?v=8nUKIe99Y2k


Yo nunca cuelgo mis obras, mis obras son como manifiestos. No la veo para que esté decorando una casa, mucho menos la mía. Y además la gente no las ha visto tanto porque me censuraron mucho antes y ahora. Cuando aquí hay conflicto la gente publica Caracas sangrante. ¿Ves? La fotografía es un concepto, no la imagen que montas en una pared”.

Imagen tomada de aquí


Garrido, que cumplió 70 años de edad el 24 de agosto, se mantiene, como ha sido siempre, en la periferia. Fue el primer fotógrafo en ganar el Premio Nacional de Artes Plásticas, pero no es algo que considere importante. Es uno de los artistas más destacados del país, contestatario, pero se lo toma con modestia. Recientemente cerró La ONG luego de 20 años y, para él, ya era el momento.

Caracas sangrante. 1996





Considera que el rol del artista es ser crítico, meter el dedo en la llaga, no ser complaciente. “No es que todo el mundo tiene que trabajar como yo lo hago, pero sí tener un compromiso con el país en el que vivimos. Los artistas no están hechos para resolver problemas, sino para crearlos. En este momento nosotros no podemos estar haciendo arte decorativo, o algo que combine con el mueble o el papel tapiz de la casa. La obra es un grito”.


Todos los Santos son Muertos (1989/1990)

https://youtube.com/watch?v=M8cpC0NovA8


El mes pasado La ONG anunció de manera repentina su cierre. Parte del comunicado explica que se concibió como “un espacio temporalmente liberado, enfocado en la práctica activa del terrorismo poético”. Sin olvidar que por dos décadas funcionaron de manera autogestionada: “Desde la disidencia y los márgenes, haciendo prácticas de libertad de manera radical. La ONG actuó como un rizoma. No empezó, ni acabó, siempre estuvo en el medio”.



Nelson Garrido cumplió 70 años el pasado 24 de agosto | Foto: Ramsés Romero



Creada en 2002 por Garrido después de la huelga petrolera y dirigida desde 2010 por la artista visual y poeta Gala Garrido, su hija, La ONG dejó a disposición del público una serie de links con los recursos que generó: más de 280 libros de fotografía y artes visuales, portafolios de artistas nacionales e internacionales, grabaciones de 35 encuentros gratuitos realizados entre 2020 y 2022 y más de 200 artículos de investigación y reflexión acerca de la imagen.

Gala GarridoImagen tomada de aquí.


El gran peso de La ONG, explica Garrido, está en todo el trabajo de formación de artistas y fotógrafos que ahora están dedicados a su oficio. “Eso es lo más importante, todo lo que se sembró, que ya está dando frutos, y a su vez mis alumnos están dando clases y formando a otra gente. Lo importante es la proyección de la formación”.



La biblioteca Ricardo Armas pasará ahora a la residencia del fotógrafo y la casa donde funcionaba La ONG posiblemente será vendida, pues el sector en que está ubicada, la avenida María Teresa Toro, en Las Acacias, se ha vuelto muy inseguro. Están ocurriendo invasiones.


Garrido no se muestra nostálgico. Más bien dice sentirse feliz. No le gustan las instituciones. Hubiese sido el colmo que La ONG, concebida como el espacio de los que no tienen espacio, se institucionalizara. Sigue activo con su obra personal, formando nuevas generaciones y apoyando nuevos espacios.


—¿Por qué cierra La ONG?


La ONG cierra porque, como todo ser vivo, tiene un tiempo de duración. Nosotros partimos del hecho de la no institucionalización de los espacios, y La ONG fue creada con el concepto de crear zonas temporalmente liberadas, un concepto anarquista de Hakim Bey. Las cosas tienen una duración. Por eso lo hicimos de la manera en que abrimos. Cumplimos 20 años, cerramos. La ONG, más que un espacio, es un concepto, es una manera de pensar. Mucha gente se sorprendió por la manera en que cerró. Mucha gente preguntó qué pasó. Y no, no, estamos felices de poder cerrar. Siempre hemos estado en contra de la institucionalización, que me parece pavosa. Por eso cuando cumplimos 10 años nosotros dijimos que teníamos 200, y la gente lo creía. Los 200 años de La ONG, esa cosa de los bancos, las instituciones. También hay nuevos espacios que se están creando en el país. Les toca a ellos tomar la batuta. Me parece que cerramos en el mejor momento.


—¿Estaba planteada la idea de que La ONG cerrara al cumplir 20 años?


—Eso no estaba dentro de los preceptos. Yo no sabía si iba a durar dos o tres años. La ONG la creó la gente, para empezar. El mismo nombre fue idea de Carolina Arnal, una gran diseñadora de ABV, que una vez fue a La ONG y dijo que se llamaba La ONG por ser la Organización Nelson Garrido. Fue producto de ese chiste que quedó el nombre. 

Carolina Arnal


Uno de los preceptos de La ONG era que la gente proponía, nosotros más que decir oíamos las propuestas de la gente y prestábamos el espacio. Por eso tuvo ese auge. No hay que olvidar que son 20 años de un país convulsionado, sumamente crítico. Hay que verle la cara a lo que es habernos mantenido 20 años en esta situación política.


—¿Cómo hizo La ONG para mantenerse durante 20 años de régimen autoritario?


—Siempre trabajamos bajo autogestión. Uno de los preceptos importantes de espacios así, libertarios, es la autogestión. Hacíamos talleres, recibíamos colaboración de la gente, se hacían fiestas pro fondos para comprar cosas. Nosotros no comprábamos sino que buscábamos apoyo en la gente. Cuando empezamos, no había laboratorio, los laboratorios eran muy caros. Entonces empezaron a regalarnos ampliadoras. Cruz-Diez, mi maestro, nos dio unas ampliadoras del taller Cruz-Diez en Caracas

Cruz-Diez.Imagen tomada de aquí.


Si hacían falta sillas, la gente las traía. El espacio fue creciendo como un barrio, de manera orgánica. Con autogestión no le debes nada al Estado ni a la empresa privada, y puedes mantener la autonomía y la participación colectiva. Ahí funcionaban colectivos LGBTIQ+, libertarios, el sector anarquista, grafiteros. Con el cine dimos clase, hablábamos y proyectábamos películas. Mi biblioteca, que se la pasaba llena de gente, terminé haciéndola pública. Despegaron sectores de danza contemporánea, gente de teatro. Ese fue el gran truco. Pero entonces llega un momento en que se están creando nuevos espacios, con otros conceptos, y uno tiene que saber cuándo cerrar. Creo que saber cerrar es importante, tan importante como saber abrir.


En su estudio Nelson Garrido no tiene obras personales colgadas, solo unas pocas escondidas en su biblioteca | Foto: Ramsés Romero




—Hay que tener en cuenta que La ONG cierra en un momento en el que los museos están deteriorados, hay pocos espacios de encuentro, sobre todo para los jóvenes. La ONG era más que una alternativa. ¿Siente que hay espacios para los artistas jóvenes? ¿Ya no hace falta La ONG?


—Yo creo que cuando las cosas terminan, terminan. Cuando uno se muere, se muere y ya está. Te insisto, ahorita le toca a las nuevas generaciones hacer sus nuevos espacios, lo están haciendo. Hay cantidad de espacios nuevos que están surgiendo maravillosos. Justamente, al cerrar La ONG, yo estaba en Santa Cruz de Mora, en Mérida, donde se creó una nueva galería, llamada ExtraMuros. Fui a apoyarla. Es un espacio alternativo, con exalumnos míos. Parte de la biblioteca de La ONG de repente se las voy a donar. Hay nuevos espacios, hay una cosa efervescente. Es necesario darles chance a las nuevas propuestas.

Logo de la Galería Extramuros.


—¿Cuál es el balance que hace de todos esos años?


—El balance es que se formó mucha gente. Una de las cosas más importantes, que creo es el peso de La ONG, es todo el trabajo que se hizo en la escuela de fotografía y de formación de nuevas generaciones, que ahora son artistas que están en la palestra, que nacieron en La ONG, o estuvieron en otra parte y se terminaron de formar en La ONG. Para mí de las obras más importantes en mi obra personal es todo el trabajo de formación, y ahí está el gran trabajo que hizo Gala Garrido, mi hija, que tiene 10 años a cargo de La ONG; realmente el peso de La ONG lo tenía Gala. Lo importante es la formación humana. Yo hago lo que hicieron conmigo. Me formó Cruz-Diez como aprendiz desde los 14 años, tipo medieval, y así fue con La ONG, cantidad de generaciones pasaron por ahí. Empezaron barriendo, lavando pocetas, con humildad, y lo que me encanta es que a su vez ellos están formando otros espacios. Por eso te digo que La ONG no es un espacio, es un concepto, para mí eso es importante, la parte filosófica, y en resumen, para mí, el aporte de La ONG es un aporte filosófico, libertario, de concebir la vida de otra manera.


ONG: El espacio para los que no tienen espacio

https://m.youtube.com/watch?v=NPIsguUIkws


—¿Cuántos artistas se formaron en La ONG? ¿Cuántos talleres realizaron y en qué estados? ¿Cuántos libros llegaron a publicar y cuántas exposiciones se hicieron?


—Viste, yo no creo en esos datos. Eso de la maquinita que indica cuántos alumnos son es como cuando el gobierno dice “son tantas personas”. Nosotros jamás sacamos esa cuenta ni la vamos a sacar. Porque esos balances estadísticos, que me parecen pavosísimos, son de carácter institucional. Cuando alguien me pregunta cuántas fotos tengo yo, digo que ni idea, yo no cuento jamás cuántas fotos tengo, no cuento cuántos alumnos tengo. Porque la evaluación se suele hacer numéricamente, no cualitativamente.


—En el comunicado del cierre, indican que La ONG “no empezó, ni acabó, siempre estuvo en el medio”. ¿Qué significa haber estado siempre en el medio?


—Es el concepto de La ONG, que fuera el espacio de los que no tenemos espacio. Es un concepto que siempre estará vigente. Nosotros fuimos una caja de resonancia de lo que estaba pasando. No propusimos, oímos. Y yo sigo activo, se acabó La ONG como espacio, pero sigo apoyando espacios, asesorando alumnos, dando talleres, pero estamos en el medio en el sentido de que es una manera de pensar. A mí no me interesa mi obra como fetiche, yo represento una serie de pensamiento. Mi obra nunca estuvo a la venta. Yo no voy a inauguraciones, exposiciones. Soy poco social. Porque tengo una manera de pensar las cosas y me voy a mantener en la periferia trabajando.


La obra de Nelson Garrido siempre ha sido contestataria | Foto: Ramsés Romero




—¿Y usted cómo se siente?


—Yo me siento feliz. Me encanta haber cerrado La ONG. Me encanta que haya cerrado de la manera en que cerró. Como mucha gente dijo: “El cierre de La ONG fue muy La ONG”. Cumplimos 20 años, cerramos. Me encanta esa manera, que eso lo diseñó fue Gala, realmente; la que ideó toda esa manera de cerrar fue ella. Estoy feliz y contento. Mucha gente me ha invitado a hacer un acto de cierre, no, qué vaina tan pavosa, yo no creo en los actos, las medallas, no creo en las estatuas. No creo en la institucionalidad. Me mantengo en la periferia, como debe ser.


—¿Seguirá dando talleres? ¿Fundaría algo similar?


—No, yo no quiero más espacios. Me mantengo como un francotirador. O sea, activo, en acciones concretas. Estoy dando clases en Argentina, España, en cualquier parte que me invitan doy clases. Seguiré dando talleres en el interior, en Caracas, pero ya sin el caparazón de La ONG, cosa que me encanta porque me alivia. El peso a nivel económico de La ONG era muy fregado también. La mantuvimos hasta el final, ahora me siento liviano, es como un renacer.


—Y además se autogestionaba…


—Y la situación está cada día más crítica. Yo no soy bueno vendiendo talleres, soy bueno becando, y en todos los talleres había puros becados. Imagínate en Venezuela, que todo el mundo está pelando, cómo no hacer un taller con becados. Yo le decía a Gala que si se inscribían 2 becábamos 13, ya la cosa era demasiado forzada. La diáspora nos afectó también. Muchos de los sectores de La ONG se fueron de Venezuela. Pero fíjate, se dio el fenómeno tan bonito de que en Buenos Aires se formó La ONG de allá, con migrantes venezolanos. La de Santiago de Chile, la de Madrid.


—¿Y usted como encuentra a los artistas que siguen haciendo arte en Venezuela?


—Yo estoy convencido de que hay un movimiento que no lo están agarrando ni la prensa, ni las estadísticas, nada de eso. Vengo de estar un mes en Mérida y hay una movida cultural impresionante. Estuve en la creación de esta cámara, también se creó otra galería, hay talleres, espacios de artistas. Yo respeto a los que se fueron, pero muchos de nosotros nos quedamos, y estamos trabajando y se están hablando cosas. Hay una movida nueva que quiero apoyar. Y ahorita, cuando hablamos del país, tenemos que hablar de un país que es el que está aquí y el que está afuera. El mapa de Venezuela está en todas partes del mundo. Gente joven que se fue y que está haciendo trabajos ligados a la realidad del país. Hay generaciones de jóvenes potentísimas, hay cantidad de nuevos fotógrafos y artistas extraordinarios. Yo estoy en contacto siempre con ellos. Voy a ponerme al servicio de eso, de apoyar a todos, como siempre lo he dicho.


—¿Suele visitar galerías?


—No, yo no voy a inauguraciones, ni a las mías. Yo no creo en los coctelitos, ni en inauguraciones. Pero te digo: las galerías están haciendo un trabajo de resistencia extraordinario. Te puedo decir, políticamente, que yo siempre estuve en contra de los museos. Lo que hizo el gobierno fue destrozar todos los museos, no puedo hablar mal de los salones porque no hay salones, no puedo hablar mal de los museos porque no hay. Destruyeron a lo que yo me oponía. Y ahora mi posición frente a las galerías es de gran respeto, porque las galerías están resistiendo y tienen un trabajo de resistencia extraordinario.


—¿En La ONG sintieron miedo por la censura?


—Siempre. Desde que nació. No sé qué ángel de la guarda nos protegió, pero siempre estuvo la preocupación de que nos fueran a allanar. Por nuestra posición, por mi trabajo. A mí me llamaron a La ONG amenazándome de muerte. Además, ahí se reunían sectores de oposición y de no oposición. Mi posición es que soy antigobierno, pero, ¿te acuerdas de los ni-ni? Yo nunca fui ni-ni, siempre he sido no-no. No creo que ni en el gobierno ni en la oposición. Sé que mucha gente hablaba de la Unidad, pero déjate de vainas, déjate de vainas. En este momento apoyaría cualquier cosa contra el gobierno, pero mi posición es no-no radical. El gobierno acusaba a La ONG de ser de la oposición, y la oposición la acusaba de ser chavista. Oye, pero hay que hacer una oposición crítica. ¿O sea, no puedes criticar? No, no, tienes que tener una posición crítica frente a las cosas.

El pensamiento único de Nelson Garrido

https://youtube.com/watch?v=DsAYvD4-zHk


—Su obra siempre ha sido contestataria, tanto con el chavismo como con los gobiernos anteriores. ¿Cómo ha hecho Nelson Garrido para resistir todo este tiempo?


—Primero, creo que uno tiene que ser muy honesto, no prestarse a componendas ni negociaciones. Yo no negocio. Yo el 24 de agosto cumplí 70 años. Si no negocié cuando estaba chamo, ahora menos. Esta es una posición honesta y crítica. A mí me censuraron los gobiernos antes del chavismo y me censurarán los que vengan, a mucha honra. Siempre te están buscando cosas, como que me dieron el Premio Nacional de Artes Plásticas, yo no me como eso, ni la medallita, nada de eso. Lo usé como plataforma crítica, para plantear otras maneras de pensar. A mis 70 años cada día estoy más radical. Sí se puede mantener una posición honesta y con principios, creo que ese es mi gran baluarte. Por eso creo que los sectores jóvenes me buscan. Uno no está hablando de que los tiempos de antes eran mejores, o que soy Premio Nacional. Yo no creo en nada de eso.


—¿Por qué considera que no hay que pensar en el pasado?


—Porque de repente hay especulaciones. Esto es un desastre, pero tampoco es que lo de antes era un paraíso, esto pasó por los malos gobiernos democráticos, que en consecuencia generaron el chavismo, eso es así. Los tiempos, por muy convulsionados que estén, siempre tienen posibilidades. Todos los momentos tienen problemas y ventajas. Hay que centrarse en el presente sin olvidarse del pasado como cosa histórica, yo no niego la historia. Asumo esto como posición de saber aprovechar las circunstancias. Prefiero decir que tengo medio tanque de gasolina lleno que medio tanque vacío. Las nuevas generaciones tienen ahorita posibilidades. Diría que el movimiento artístico venezolano se ha fortalecido por la crisis que estamos viviendo. La ONG surge por el desastre y la ausencia del Estado. La ONG, igual que las galerías, estaba cumpliendo la función de lo que el Estado no estaba haciendo. Nos tocó eso históricamente. Con lo que tenemos hay que trabajar, en las circunstancias en que estamos, a favor de nosotros, no en contra de nosotros. No estoy haciendo una oda a la situación, que cada día es más crítica, pero no podemos quedarnos callados. Me preocupa ahorita el nivel de normalidad. Hay que tener una visión crítica de las cosas y activarse.


—¿Cree que la cultura se está moviendo por debajo de esa normalidad visible?


—Se mueve pero desde espacio privados, colectivos, no institucionales. Me preocupa que el gobierno está tratando de hacer una especie de capa cultural en la que todos estemos bien, todos amigos, y te invitan a museos. Yo no puedo exponer en un museo cuando hay 350 o 400 presos políticos. Eso no se me puede olvidar. ¿O sea que en este país no pasó nada? Estamos en una situación muy crítica. ¿Y los presos políticos? Ya la gente no habla de los presos políticos, están ahí presos arbitrariamente, los están maltratando. Yo no puedo pactar con un gobierno que tiene presos políticos. Y si aquí hay un cambio y hay otro montón de presos políticos, también estaré en contra. Mi posición es en contra de la violencia de Estado y en contra de que haya presos políticos. Estoy en contra de las dictaduras de derecha e izquierda. ¿Si es dictadura de izquierda es buena? No, la dictadura es mala, tener presos políticos es malo.


Parte del enorme trabajo fotográfico de Nelson Garrido con manifestaciones culturales tradicionales, que tiene mucha relación con su obra personal | Foto: Ramsés Romero



—¿Sigue trabajando en su obra personal?


—Sigo activo haciendo mi trabajo. La gente siempre espera algo de uno, y uno no es nadie para dar respuesta de nada. Es simplemente tener una posición muy modesta frente a la realidad. Ahora estoy trabajando en lo que llamo desechos excrementales, que empecé con la pandemia. Es la estética en mis excrementos. Cada vez que vas al baño es como un amanecer y atardecer, en una sociedad que niega la muerte y sus propios excrementos. Yo creo que hay una estética dentro de estos excrementos. Primero, cada excremento que haces es diferente, en cuanto a color y forma, es un fenómeno único. Estoy haciendo un estudio de mis excrementos y la grafología china. Trabajo en eso ahora, lo tengo en plena decantación. Voy a hacer serigrafía, grabado, estoy haciendo muchas cosas, y como siempre la parte mía de formación, dando talleres y charlas



Nelson Garrido: “Estoy feliz de haber cerrado La ONG” | El Nacional







https://www.elnacional.com/2022/09/nelson-garrido-estoy-feliz-de-haber-cerrado-la-ong/


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