domingo, 14 de junio de 2026

Rafael Victorino Muñoz a Alberto Hernandez: El Diente Roto es una biblioteca digital de literatura venezolana

 




Rafael Victorino Muñoz:

“En El Diente Roto los personajes son las palabras”

Alberto Hernández domingo 29 de mayo de 2022



Rafael Victorino Muñoz: “El Diente Roto está más cerca de la enciclopedia que de la revista”. 




Juan Peña es un personaje creado por el escritor venezolano Pedro Emilio Coll. Ese invento fue titulado “El diente roto” y se hizo cuento, leyenda, relato casero y callejero en un tiempo cuando en Venezuela era posible convertir en reales a los personajes de cuentos, novelas o películas. Juan Peña entonces andaba con los muchachos en la escuela (porque también los escolares lo inventaban a diario), siempre tocándose el diente con la lengua. Se concentraba tanto en su curiosidad bucal que lo creyeron genio. Hasta que se murió. Pero nada, quedó el nombre de Juan Peña y Pedro Emilio Coll se reveló como el escritor que ya era, pero que necesitaba a un personaje como ese para pasar a la posteridad.


“El diente roto” es uno de los cuentos clásicos venezolanos. Uno de los relatos donde el narrador entra en la psiquis del personaje y hace que éste entre en la del lector, quien a veces usa su lengua para confirmar que también tiene o no un diente maltratado por un guijarro que unos granujas le lanzaron al pobre Juan Peña.



Ahora, en tiempos de lectura electrónica, cuando Juan Peña es una referencia, aparece como duende literario en una página que lleva por título el mismo que Coll le puso a su historia. Se trata de una página literaria dedicada a ofrecer publicaciones venezolanas de varios géneros a los lectores del mundo internauta: El Diente Roto, creada y dirigida por Rafael Victorino Muñoz, ya tiene un asiento en la primera fila de publicaciones alternativas.



Pensábamos en algo más bien como una revista, un blog acaso. En ese momento comencé con unas cuentas de redes sociales.

—¿Cómo nació El Diente Roto?


—La idea de un espacio como El Diente Roto nació hace unos años, con quien era mi pareja. Creo que al principio no era tan ambiciosa como es hoy día, o era distinta. Pensábamos en algo más bien como una revista, un blog acaso. En ese momento comencé con unas cuentas de redes sociales. Lo cierto es que ella se fue, pero la intención quedó. Tal vez sea lo bueno de las ideas. En fin.


—Unas se van, otras quedan. Así, quedó El Diente Roto.




—El nombre siguió intacto. Te comento que éste nació con la misma idea. Fue automático. Y me gustó porque es emblemático de la literatura venezolana. No hay quien no conozca el cuento y no lo asocie con nuestras letras. Había otras opciones, pero no me cuadraban, o estaban ocupadas. Por ejemplo, “Doña Bárbara” ya era un restaurant. “La mano junto al muro” y “País portátil” también los habían usado. Lo cierto es que por un tiempo el proyecto cayó como en un limbo, que no era en realidad un limbo inactivo, ya que siempre estaba dándole vueltas en la cabeza (aunque ahora ya solo). Me ponía a pensar en lo que me gustaría que fuera, lo que tendría.


Pedro Emilio Coll. Imagen tomada de aquí.


El Diente Roto


—Es una hermosa aventura. Sacar del olvido a un autor, a Pedro Emilio Coll, por ejemplo.


—Sí, paralelamente, siempre me encontraba con situaciones, en la realidad o por lo que las personas me preguntaban, y que me reforzaban en la intención. A veces entraba en alguna librería y observaba que sólo había alguno que otro autor venezolano, de esos que están más o menos de moda, y esto lo digo sin connotación peyorativa. Además de los clásicos de siempre.


—Uno de los trabajos necesarios: leer los libros olvidados...




—Pero un libro tuyo o mío, poeta, es algo no muy común. Parece una paradoja, y no sé si en algún otro lugar del mundo suceda: los libros más difíciles de encontrar en Venezuela son los de los autores venezolanos. También comencé a ver que había algún que otro material de nuestros escritores en distintas webs, algunas que hacen y hacían un trabajo muy bueno, como por ejemplo Ficción Breve, Letralia, Vomité un Conejito, (😨Falta el Grupo Li Po🤪😝). Pero por otro lado me encontraba con que faltaban muchas cosas. Si por ejemplo uno escribía el título “La balandra Isabel llegó esta tarde”, otro cuento venezolano emblemático, encontraba un millar de páginas hablando de la película y en ninguna podía leer el cuento (ahora sí está: en El Diente Roto).


—Afortunadamente...


—También algo que se sumó como un motivo más, y que estaba sucediendo en los últimos años, era que el panorama del libro en Venezuela había ido cambiando. Editoriales alternativas que ya no publican, concursos que han desaparecido, espacios que se han ido perdiendo...


—Sí, la nueva realidad nacional. El nuevo orden cultural criollo.


—De este modo, para los autores es cada vez más cuesta arriba ver un libro con su nombre en la portada. Y aunque podían y pueden hacerlo motu proprio, cada iniciativa queda como dispersa. Haría falta como un espacio que funcionara como un crisol para la literatura de creación, así como para el trabajo investigativo, pensaba yo.



Me dije: bueno, ¿por qué no dejas de quejarte por lo que hace falta y vas y lo haces? Y así fue. Pagué mi dominio y mi alojamiento y comencé con El Diente Roto, yo solito.


—¿Qué razones te movieron a crear El Diente Roto?


—Serían muy largas de enumerar las razones que se iban sumando. Sin embargo, no me decidía. Creo que el detonante de todo fue, para mí, la muerte de mi querido profesor Orlando Chirinos. En ese momento, para recordarlo, me puse a releer uno de sus libros: En virtud de los favores recibidos. Una obra por demás muy buena. Al terminarlo revisé el colofón y veo que se habían impreso quinientos ejemplares del mismo. Y que la edición era de una universidad. Me pregunté cuántos libros de esos habrán salido del ámbito de la universidad, cuántas personas más lo habrán leído, por qué una obra tan buena no llega a más personas...

Orlando Chirinos. Fotografía de José Antonio Rosales.


—Tantos ejemplos de libros que no se ven porque el tiraje es mínimo.


—Esas preguntas se sumaron a las demás que ya tenía y me dije: bueno, ¿por qué no dejas de quejarte por lo que hace falta y vas y lo haces? Y así fue. Pagué mi dominio y mi alojamiento y comencé con El Diente Roto, yo solito, sin pedir permiso a nadie ni consultar cómo se supone que debía hacerlo. Porque aunque yo sé usar redes sociales, tengo correo y demás, nunca había creado una página. Y como no tenía ni tengo dinero para pagarle a un diseñador, me tocó aprender por ensayo y error.


—Y así nació...


—Y allí está El Diente Roto; nos falta poco para cumplir un año y siento que hemos logrado ya calar en el ánimo del lector. Y ya no estoy tan solo. Se han venido a sumar al proyecto algunas personas, que me envían colaboraciones y me apoyan. Puedo mencionar al respecto a Gabriel González, quien fue el primero que me dio una mano con la página, aunque luego tuvo que asumir otros compromisos; también a José Ignacio Ochoa, a José Ochoa Díaz, a Milagros Mata Gil...


—¿Quién más te acompaña en esta aventura?


—Por ahora cuento con mis dos manos derechas que son Mirih Berbin y Alirio Fernández Rodríguez, quienes me ayudan muchísimo con las redes sociales de El Diente Roto. Además, junto con Mirih estamos comenzando a trabajar en un blog de la literatura venezolana en inglés, llamado por supuesto: The Broken Teeth. Y Alirio está también haciendo un trabajo extraordinario, unos retratos hechos de palabras sobre nuestros autores contemporáneos... Sé que nos faltan todavía muchos escritores y obras por publicar y muchas cosas por mejorar, sobre todo en la parte gráfica. Espero en algún momento poder contar con el concurso de un buen diseñador, para mejorar en este sentido. Pero por ahora me siento contento con la forma que va tomando la página, sobre todo por la organización de los contenidos en las secciones de cronología e índice.


—¿Cómo defines genéricamente tu publicación?


—Debo aclararte que el concepto de El Diente Roto está más cerca de la enciclopedia que de la revista. Y es así como siempre lo he querido, desde que se materializó en la realidad virtual de la web. La idea es tener a los autores ordenados alfabética y cronológicamente y desde allí acceder a sus biografías y desde las biografías a los textos de cada uno. Aunque cuando se entra por la página principal es como si fuera una revista. Pero si entras en las secciones correspondientes a cada género, entonces funciona como una antología, de poesía, de cuento, de ensayo. Y si te vas por la sección “Biblioteca”, es eso: una biblioteca digital de literatura venezolana. Así que El Diente Roto, más que una revista, tiene algo de historia, de enciclopedia, de antología (varias antologías) y de biblioteca. Es a lo que aspiramos.



La meta es que aparezcan, algún día, todos los autores de este país que hayan publicado por lo menos un libro.


—¿Quién puede publicar en El Diente Roto?


Me gustaría enfatizar que el trabajo que hacemos en El Diente Roto es un trabajo sin egoísmo, sobre todo sin sectarismos. Aquí no se excluye a nadie por inclinaciones políticas, religiosas, por tendencias o por géneros. La meta es que aparezcan, algún día, todos los autores de este país que hayan publicado por lo menos un libro. Aunque sea por Amazon. Porque tampoco me parece justo excluir a alguien que no haya podido editar en impreso, considerando que esto es tan difícil hoy día. Además, estamos dándoles apoyo, desde la página o desde las redes, a quienes también hacen algún trabajo por la literatura venezolana. Si entras en El Diente Roto verás que tenemos los enlaces para otras webs de instituciones o revistas, como si fuera una publicidad, pero sin cobrar. La idea, para mí, es sumar y sumar. La causa es una sola: la literatura venezolana.


—¿Qué metas te has trazado con la publicación?


—La meta: ser una fuente permanente de consulta para el investigador y una fuente de solaz para el lector.


—¿Qué lee Rafael Victorino Muñoz?


—Bueno, leo relatos breves, pero también cuentos y novelas. Entre mis gustos están Italo Calvino, Jorge Luis Borges, Cesare Pavese, Camilo José Cela. Entre los venezolanos están José Rafael Pocaterra, Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri. Los poetas como Vicente Gerbasi y Fernando Paz Castillo.


—Tengo entendido que vives en Valencia, estado Carabobo.


—Sí. Y en Valencia vive El Diente Roto.



https://letralia.com/entrevistas/2022/05/29/rafael-victorino-munoz-el-diente-roto/


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Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.



Rafael Victorino Muñoz

Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño, El Espectador, Letra Inversa, La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).

Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).

Tomada de Letralia

rvictorino27@hotmail.com

Twitter:@soyvictorinox

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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

Enlaces relacionados:

Rafael Victorino Muñoz: Los políticos opositores tienen el síndrome de Sebastián, el de Casa Muertas, sueñan despiertos entrar en Caracas en un brioso caballo blanco después de derrocar a la "tiranía."




Rafael Victorino Muñoz a José Pulido: Me duele la gente en Venezuela que no tenga para comer, trato de ayudar, pero estoy limitado. Tienes que pensar en sobrevivir mañana





Fray José Pulido: caballero poeta




RAFAEL VICTORINO MUÑOZ en el 2009: Ante la avalancha de textos publicados por el Estado venezolano el lector común necesita una orientación acerca de qué leer de ahí la existencia del plan nacional de la lectura 2002-2012 Todos por la lectura, y el Plan Revolucionario de Lectura




La enemistad secreta de bosques y bibliotecas en el Elogio del Libro







2016: LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO DESTRUYE SUS LIBROS





sábado, 13 de junio de 2026

Alejandro Sebastiani Verlezza, escritor venezolano: Yo para escribir tomo notas por dentro

 


Alejandro Sebastiani Verlezza



Estimados Liponautas

Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar una breve entrevista  hecha al escritor venezolano Alejandro Sebastiani, que conseguimos hurgando por la red. Presentada con el montaje habitual de esta página.


Esperamos disfrute de la entrada.


Atentamente 


La Gerencia.


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Alejandro Sebastiani Verlezza: (escribir es) un entusiasmo y una pasión

Por queleerblog

14/10/2018






¿Qué razón lo motiva a escribir?:

Cierta melancolía, cierto júbilo inexplicable, cierto aturdimiento.


¿Para usted “escribir “es una profesión o un hobby?:

Un entusiasmo y una pasión.


¿Qué es lo más difícil de ser escritor?: 

Llegar a la expresión justa, sin secarla, ni romperla.

Logo del fallido Plan revolucionario de lectura


¿Qué le hizo saber que se dedicaría a ser escritor?:

Un sentido insaciable de la curiosidad, la inquietud por las palabras y las personas, los objetos y los hechos tan tremendos que marcan la relojería de los días. 


¿Tiene alguna rutina para sentarse a escribir?:

Son variables. Si lo hago en casa, a veces, busco la música que converse con lo que estoy haciendo. Si estoy en la calle, simplemente doy con el mejor lugar. Por lo demás, café, algún trago, agua. Todo esto va acompasándose con el ritmo de las demandas cotidianas. Mientras voy en el Metro, camino, manejo, desayuno, estimulado por lo que veo, podría estar apareciendo algún tema…y tomo notas por dentro.


¿Musa de inspiración?: 

Más que “tenerla”, yo creo, se trata de estar atento a la aparición de esa presencia cuya manifestación más concreta es un pequeño y muy escurridizo rumor. Mientras eso pasa, si pasa, el poema aparece entre la respiración y la transpiración, el movimiento.


¿Autores que lo inspiraron para escribir?:

Pienso con alegría en mis amigos, mis profesores, mis presencias más cercanas, las páginas que siempre rasguño:

Homero, Pavese, Whitman, Sánchez Peláez, Brodsky.

Juan Sanchez Pelaez junto con Carol Prunhuber en Ocumare del Tuy en 1978.


¿De sus obras cuál ha sido la que más ha disfrutado escribir?: 

Más que disfrutarlas, las sudo. Las formas aparecen en la espera.


¿Qué libro le hubiese gustado escribir?:

Rubaiyats, Omar Khayyam.


¿Existe el temor frente a la hoja en blanco?: 

Existe el tedio y la perplejidad frente a la hoja en blanco. Por suerte, hay curvas, pausas llenas de alegría. Siempre están ahí mis papeles rotos, mis lijas y tijeras, para hacer collages, dibujos.


¿Cuál autor venezolano recomienda leer?:

 Santos López.

Santos López (Gustavo Bandres)


¿El libro más preciado de su biblioteca?


Pienso en mi edición destartalada del Libro del desasosiego.


¿Cómo es su biblioteca, tiene un lugar especial, un sistema para ordenarlos, cuántos tiene?:

Algunas repisas están ordenadas por géneros. Otras, más bien, por afinidades, temas, alguna preferencia visual (tipografías, lomos). Voy dejando por todas partes pequeñas pilas. Así voy, de salto en salto, según el ánimo, la gana.


¿Recuerda con cuál libro se inició en la lectura?:

Me parece recordar que con una guía popular para interpretar los sueños y el libro de San Cono.



¿Cuál fue el libro qué dejó una huella en ud?:

 Justo ahora pienso en dos: La muerte de Virgilio, Hermann Broch. El otro: Vida en el amor, Ernesto Cardenal.


Un libro para iniciarse en la lectura:

 La metamorfosis, Kafka.


Un libro para soñar: 

Los vasos comunicantes, André Breton.

André Breton


Un libro para no leer: 

Son tantos, pero mejor riámonos, por favor, para no llorar ante lo ilegible. Largo sería detenerse en los disparates que han conocido los honores de la imprenta en estos últimos años, sobre todo en el ámbito de las publicaciones favorecidas por los dineros públicos.


Un libro para leer en el baño: cosa de ocasión: 

Algún epistolario, alguna revista light.


Kim Karsdashian en la portada de la Revista Cosmopolitan



Libro de papel o electrónico:

Lo  prefiero impreso, pero puedo cambiarme. Parece que estamos en un largo momento de alternancia en los formatos y soportes, no solo en el terreno del libro, también en la música y las artes visuales.


¿Consejos para un principiante en la escritura?: 

Aunque cada experiencia es distinta, a mí particularmente me interesan estos puntos: atención a la propia vida, estudio, disciplina, viajes formativos, conocimiento de otras lenguas, así como del país y su historia; andar por muchos y variados caminos, alejarse como la peste de los formularios ideológicos y todo tipo de fanatismos; convertirse en un Oído, seguir el canto y la seña de Hesíodo: “carácter es destino”.



¿Considera que las redes sociales y el boom de la tecnología ayudan para la promoción de la literatura?:

Sí, en los casos más felices, propician la circulación de contenidos, crean lecturas alternativas, vínculos entre lectores y autores. Ahora bien, también es necesario decirlo, lo que ya está establecido podría fortificarse a partir del cruce entre imaginación, investigación y precisión.


¿Qué le falta a su obra?: 

Caminos.




https://queleerlibros.com/alejandro-sebastiani-verlezza-escribir-es-un-entusiasmo-y-una-pasion/




Alejandro Sebastiani Verlezza. Canción de la encrucijada. Entrevista

149 Visualizaciones desde el 7 dic de 2016 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=fohUdK-Qdi8


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Alejandro Sebastiani Verlezza. Fotografía de Carlos Germán Rojas.


Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982). Poeta con incursiones en las artes visuales. Ha publicado en poesía: Posdatas (El pez soluble, 2011), Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016), Partir (OT Editores, 2018), Los hilos subterráneos (Eclepsidra, 2020), el diario Derivas (bid & co, 2013), La orilla del retorno (El Taller Blanco, 2023) y Festina Lente (LP5 Editora, 2023).

Aparece en las compilaciones Voces nuevas 2005-2006 (Celarg, narrativa), Voces nuevas  2006-2007 (Celarg, ensayo), 102 Poetas. Jamming (OT Editores, 2014), Tiempos grotescos (UNAM, México, 2015), Nuevo país de las letras (Banesco, 2016), Nubes (Pre-Textos, 2019) y Total interferencia (LP5 editora,2021).

Ha participado en las muestras colectivas Ciudad volátil (La Caja, 2011), Confluencias (Galería Universitaria, UCV, 2012), Reflejos vagabundos (Librería El Buscón, 2013), Caracas horizontal (2013), Manifiesto país (Sala Mendoza, 2014) y Fragmentos a su imán (Sala Mendoza, 2019).

Con Adalber Salas Hernández editó Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia, 2013) y Destinos portátiles (Vallejo & co, 2013). Preparó las antologías Del fluir de Santos López (Kalathos, 2016) y de Armando Rojas Guardia La otra locura (bid & co, 2017). Ha colaborado con poesías, prosas y traducciones en las siguientes obras de Paolo Gasparini: El baúl mundo de Paolo Gasparini (La Cueva, 2018), Andata e ritorno (La Cueva, 2019) y Da Gorizia alle Ande (Galeria Studio Faganel, Gorizia, 2021). Con Carmen Verde Arocha publicó Al tanto de sí mismo. Conversaciones con Alfredo Chacón (Eclepsidra, 2021). 

Licenciado en Comunicación Social (USM, 2005) y Letras (UCV, 2012), donde ha ejercido la docencia en el departamento de Literatura y Vida desde el año 2015. Obtuvo la Maestría en Estudios Literarios de la UCV (2022), cursó el diplomado en Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2014) y formó parte de la IV edición de la Semana de la Narrativa Urbana (2009). Hizo la residencia para escritores en Rianxo –Galicia– con Axóuxere Editores (2013).

Del libro La orilla del retorno, publicado por El Taller Blanco Ediciones, Colombia, 2023.






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viernes, 12 de junio de 2026

DAKISHIMERU: Abrazo

 

Imagen tomada de aquí.


DAKISHIMERU

       Así se dice en japonés: Abrazar. Pero aquí hablaremos del abrazo a los árboles, una actividad fundamental de la ceremonia japonesa de conexión con la naturaleza, el Shirin Yoku. A pesar de que esta actividad formalmente se gestó como un terapia para los citadinos japoneses, por la Agencia Forestal de Japón, en realidad es una actividad milenaria para conectarse con la energía del universo. El término Shinrin-yoku o baño de bosque fue acuñado en 1982 por Akiyama Tomohide, director de la Agencia Forestal de Japón.


    Los árboles, con sus raíces firmemente arraigadas en el subsuelo, elevan sus tallos y ramas, como antenas vivas, hasta tocar el cielo. Poner, conscientemente, las manos en la corteza rugosa de madera, enfocando la atención en la acción que se realiza, conecta la biología humana con la corriente vital que no envejece.

Lidia junto con un buen amigo



       Este antiguo rito ha sido estudiado en investigaciones actuales. 

   Se ha descubierto los beneficios para la salud:

    Este ejercicio concede serenidad al transformar el estrés en calma. Las fitoncidas, o moléculas que defienden al árbol de bacterias, insectos y hongos, al entrar al cuerpo humano, refuerzan el sistema inmunológico. Igualmente ejerce una acción que desinflama y refuerza los telómeros de la células, retardando el envejecimiento. 

     Abraza un árbol con los ojos cerrados. Respira profundamente. Visualiza las moléculas vegetales entrando al cuerpo. Si puedes, descalza los pies. Sonríe con la conciencia de reencontrar un viejo recuerdo: Eres una brizna de vida, que es parte de la creación de un Dios bueno.

     Escucha el susurro del viento entre las hojas, el trino de los pájaros, el latido de la vida en las venas, agradece el milagro de estar con vida. Siente y disfruta el poema de tu cuerpo abrazado al noble soporte del árbol.

    Desde esta orilla, un saludo de paz a mis familiares y amigos.


Y UN GRAN ABRAZO PARA TODOS USTEDES

Lidia Salas. 19 de mayo 2026

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Lidia Salas. Poeta y ensayista. Nació en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Ha vivido en Venezuela por más de 40 años. Posee doble nacionalidad, colombo-venezolana.

Licenciada en  Filología e Idiomas de la Universidad del Atlántico. (Colombia)  Obtuvo su maestría en Literatura venezolana en la  Universidad Central de Venezuela.


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