miércoles, 2 de septiembre de 2026

Juan Martins (1960 - 2026), teatrista venezolano a Rafael Ortega : En Maracay, para que tus piezas no se queden engavetadas, tienes que montarlas con tus propios recursos.

 


Juan Martins



El pasado domingo 30 de agosto de 2026 falleció el escritor Juan Martins debido a complicaciones de salud.

Le hacemos llegar nuestras condolencias a sus allegados.


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Juan Martins, un poeta prestado a la dramaturgia

“Lectores hacen tanta falta como escritores”

 Texto y foto: Rafael Ortega




A veces, uno se sorprende cuando nos dan demasiada importancia y nos invitan a foros y conferencias, nos pagan el hotel y nos tratan bien, y entonces uno piensa: ¡Cónchale, la escritura como que sirve para algo!


Sobre sus inicios en el mundo de las letras, nos confiesa Juan Martins (Maracay, 1960) que primero fue lector y llegó tardío a la escritura. Desde joven le atrapó la pasión y el oficio de leer las obras de Krishnamurti

Krishnamurti. Imagen tomada de aquí.


De aquellos textos de visos filosóficos pasó a la literatura francesa, a través de los talleres que coordinaba Harry Almela y allí comenzó ese acercamiento a la poesía. “También me atraparon las relatos de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar; y en dramaturgia, Gustavo Ott, Isaac Chocrón, Rodolfo Santana, pero reconozco que mis inicios están en la poesía y no en el teatro”, por lo cual se considera un poeta prestado a la dramaturgia y dice no ser “el arquetipo del hombre de teatro”.


—Estás al frente de una editorial alternativa llamada Ediciones Estival, ¿en qué momento decides dedicarte al trabajo gerencial?


—Después de haber publicado mis textos con la editorial La Liebre Libre y, más adelante, a través de un convenio con una editorial de Nueva York, empecé a desarrollar mi trabajo y entendí que hay que organizarse gerencialmente para editar libros. Por eso, antes de que surgiera todo este boom de la imprenta y todo este proceso, el poeta Harry Almela y yo, a través de La Liebre Libre y Ediciones Estival, logramos editar obras interesantes por otras vías alternativas y todavía se siguen haciendo cosas, aunque la dinámica ha cambiado porque no hay manera de competir con el capital del Estado.


—¿Cómo percibes el movimiento teatral en Aragua?


—En una ciudad como Maracay, si tú no haces las cosas con tus propios recursos no podrás llegar a nada como dramaturgo. Por muy bien escritas que estén tus piezas, se quedan en gavetas. Entonces se recurre a otros elementos, como la producción, la organización grupal; es decir, la socialización de un grupo para llevar a cabo un proyecto artístico, que es mucho más ambicioso en cuanto a sus factores humanos involucrados.


—¿Consideras que los talleres literarios son fábricas de escritores?


—El término “fábrica de escritores” no sería el más apropiado porque es muy concreto y delimita una respuesta. Un taller no te va a hacer escritor, porque si el talento no existe, no lo vas a obtener allí, pero, por lo menos, lo que se logra es que te conviertas en un lector, y creo que los lectores hacen tanta falta como los escritores. Participé en los talleres organizados por la Coordinación de Literatura, cuando estaba a cargo de Harry Almela, luego concursé para participar un taller en el Celarg y casualmente quien lo coordinaba era Harry Almela. Por eso, la experiencia que tengo con el poeta es muy implícita en ese proceso. En una ocasión, cuando se publicó mi primer libro, Deseos de casa (1995), le dije a Harry: “Te voy a decir algo que tal vez suene cursi, pero necesito decirlo: es la respuesta del alumno al maestro” y él dijo que no me pusiera tan cursi. Pero para mí era importante porque pasé por un proceso de crecimiento donde hubo voces que me fueron educando, voces que me fueron aprehendiendo, y en poesía todo está antes y después de Harry Almela, en lo referente a esa exquisitez por la literatura, esa pasión por leer. Después adquirí mi propio perfil, por supuesto, y me desarrollé como dramaturgo, como “teatrista” —término que prefiero utilizar— de Aragua, pero más que de Aragua, lo soy del país, lo cual es importante subrayar porque la ciudad no ha sido muy noble con el escritor Juan Martins. Todo lo que el escritor Juan Martins ha logrado, lo ha hecho fuera de la ciudad y fuera del país.

Harry Almela. Fotografía de Leonor Basaló. Tomada del libro Rostro y Poesía.1996


La fortuna del escritor

Escribir es un placer, sobre todo en un país donde pocos nos leen y compran nuestros libros, resulta cuesta arriba dedicarse a la literatura. No todos los escritores tienen la misma fortuna de ganar premios y ser publicados, pero esa fortuna muchas veces no tiene que ver con la calidad”.


—¿Cuáles temas te motivan a escribir?


—Te voy a contar una anécdota de algo que me sucedió cuando montaba una de mis piezas un destacado director, que trabaja para Rajatabla, cuyo nombre es José Domínguez, mejor conocido en el medio como “Pepe”. Él me confesó que las actrices me consideraban un escritor perverso y me pareció un término interesante, pues nunca imaginé que podía ser una persona perversa. Incluso, las actrices decían cosas como: “¡Este tipo está enfermo!”. Claro, cuando me conocieron se dieron cuenta de que no era así. Por lo general, los caracteres de mis personajes rayan en lo grotesco y el humor siempre está presente.


—Eres poeta, dramaturgo y crítico teatral, ¿en cuál género te sientes más a gusto?


—Me cuesta escribir dramaturgia, me es difícil, pero es el género en el que más insisto con disciplina y mi trabajo de crítico teatral es el que me resulta más placentero.


—Aparte de la lectura, ¿de qué otras fuentes te nutres para escribir?


—Las artes plásticas me estimulan porque soy un hombre del escenario, de las tablas, soy un hombre que está metido allí de lleno, como dice Rodolfo Santana: “Buscando carne en el escenario”. Por eso, las artes plásticas son fundamentales para mí y me permiten crear una ruptura con la convicción naturalista de lo que puede ser una escenografía y así comprender el desarrollo del signo teatral.

Rodolfo Santana. 1982. Imagen coloreada


—A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales?


Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Alfredo Silva Estrada, aunque es un poeta un poco “sordo”, pues su sonoridad no me agrada, pero sus estructuras conceptuales me llaman mucho la atención... y a nivel de nuestra “no ciudad” —como le llamo, utilizando un término del maestro Francisco Rojas Pozo— diría que son destacadas las obras de Alberto Hernández, Harry Almela, Efrén Barazarte, Rosana Hernández Pasquier, entre otras voces emergentes. Creo que estas personas que nombré ya representan una voz nacional, a pesar de que hoy sean outsiders, están fuera de todas las estructuras, es algo muy curioso y creo que el Estado tiene que revisar qué es lo que está haciendo porque está dejando en la otra orilla a gente inteligente y sensible, que tiene toda su vida dedicada al proceso de la escritura. Y a nivel de dramaturgia, existen dos voces fundamentales en Aragua: Mariozzi Carmona y Lali Armengol Argemí.


—¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos en el exterior?


—Tendríamos que sentarnos varios escritores y editores en una mesa para responderte esa pregunta, pero creo que se trata de un problema editorial, ¿o será que los escritores venezolanos somos muy aburridos? (risas).


—¿Cuáles obras o autores de la literatura universal recomiendas?


—A veces somos tan arrogantes que no queremos responder con lugares comunes, pero voy a hacerlo: el Quijote, Borges, la poesía española de principios del siglo veinte, Unamuno, Andrés Eloy Blanco, a quien poco leemos, lo cual me preocupa porque debemos reconciliarnos con nuestra lengua.

Andrés Eloy Blanco


—¿Cómo percibes la presencia de la mujer en el mundo de la literatura?


—Fundamental. Te voy a dar un ejemplo: la dramaturga Jenny Pérez, que está muy cercana a Maracay, acaba de ganar un premio muy importante, organizado por el Iaem, dejando de segundo y tercer lugar a excelentes dramaturgos, entre ellos Gustavo Ott. Esto marca una pauta de lo que pueden ser las voces femeninas dentro de la literatura. También te puedo mencionar a Xiomara Moreno y otras autoras importantes de esta ciudad, que han hecho un excelente trabajo, no solamente como escritoras sino como parte de un movimiento feminista. Han sido mujeres preocupadas, con una sensibilidad social y literaria.


—¿Cuál es la función de un escritor?


—Esa pregunta me obliga a dar una respuesta que me sirve de catarsis. Voy a utilizar unas palabras de Alberto Hernández: “Los escritores somos unos miserables, unos inútiles, no sé qué es lo que estamos haciendo. ¿Qué le puede importar a la sociedad que tú y yo estemos reunidos en este momento hablando de literatura? ¡Nada, somos unos completos inútiles!”. Yo quisiera saber cuál función tenemos para ir a cumplirla. A veces, uno se sorprende cuando nos dan demasiada importancia y nos invitan a foros y conferencias, nos pagan el hotel y nos tratan bien, y entonces uno piensa: ¡Cónchale, la escritura como que sirve para algo!

Adriano González León lee en compañía de Alberto Hernández (1995). Foto: Solángel Mendoza.

—¿Qué opinas de las nuevas tecnologías?


—El problema es cómo se enfoquen; por ejemplo, la manera como se escribe en el Messenger se está socializando, incluso en profesionales, lo cual considero que es algo negativo, pero creo que la Internet es un medio fundamental para dar a conocer lo que estamos haciendo.

Imagen tomada de aquí




—¿Los libros virtuales suplantarán a los libros impresos?


—No lo creo, quizás los superen y les ganen en algunos elementos, pero no suplantarán el placer conceptual que te produce abrir y oler un libro. Algo parecido sucedió con la aparición de la fotografía, pues se creyó que ésta acabaría con la pintura, pero no fue así y más bien se complementaron.


Esta entrevista fue publicada originalmente en el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito, de Maracay, Aragua, Venezuela.



https://letralia.com/181/entrevistas03.htm


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Juan Martins. Imagen tomada de Letralia.



Juan Martins. (Maracay,Venezuela, 3 de noviembre de 1960 - 30 de agosto de 2026) Poeta y dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. Mención de honor como finalista en el «V Premio El espectáculo Teatral», 2011. Madrid, España con Duchamp, 11:45. Primer Premio en el «XVI Concurso Nacional de Literatura IPASME», 2008 con Saldré de tu piel de cuero. Premio «Miguel Ramón Utrera», 2007, mención dramaturgia con la obra Caramelo de Nueva York*. «Premio Bienal de Literatura Augusto Padrón», 2004, género dramaturgia con la pieza Caperucita ríe a medianoche. «Premio Mayor de las Artes», mención dramaturgia. Conac, 2004 con la pieza Dollwrist. Ha publicado Poética para el actor (2000 y en imprenta una nueva reedición) y Cartas del corazón para Edith Piaf y otras piezas (2002) en esta, editorial «The Latino Press» de Nueva York. Con la misma editorial ha publicado su antología Caperucita ríe a medianoche y otras piezas (2014) y Monos azules en Times Square.(2014) a cuatro manos junto al insigne escritor Isaac Goldemberg, anteriormente publicada en el 2008 con la editorial «Cuadernos del Teatro San Martín de Caracas». Su teatro ha sido traducido al francés y al portugués. Entre otras publicaciones y premios. Colaborador en revistas de crítica teatral, tanto en Venezuela como fuera de su país (España, Cuba y Argentina). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral Teatralidad. Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo Mariana de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. Él es Vila-Matas, no soy Bartleby y El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo De qué hablo cuando hablo de Murakami (2016).Como investigador es coautor del libro «Análisis de la dramaturgia Venezolana actual». España, Editorial ADAE, bajo la dirección del destacado José Luis García Barrientos y coordinado por el maestro Leonardo Azparren. Recién galardonado con el «Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar».

*Pieza y artículos traducidos al portugués por  Rogério Viana:«O autor, professor e crítico venezuelano Juan Martins, do qual traduzi o texto teatral ‘Caramelo de nova york’, publica na Venezuela alguns blogs. Em um deles faz críticas a peças de teatro e a livros, embora o blog tenha o título de ‘Crítica Teatral’ apenas. Esta semana Juan Martins enviou-me a crítica que fez do livro “Las teorias salvajes”, da escritora argentina Pola Oloixarac, publicado pela Editorial Entropía, de Buenos Aires e que no Brasil foi publicada, recentemente, pela Editora Benvirá, com o título de ‘As teorias selvagens’»….(leer más)

Su más recientes libros que podrás leer desde Issuu:




Teatro

Duchamp, 11:45 (fragmento)

Caperucita ríe a medianoche (escena primera)

Dollwrist (capítulo primero, escena primera)

Poesía

Ese animal que engaña mi vientre

Suele vestir de sombra

Soy una herida que se deja atenuar

Deseos de casa

Ensayo

‘Ocaso’ de Edilio Peña

La literatura-idea

Felisberto Hernández: el doble del cuerpo

Crítica teatral

El Juguete inexorable

Principito. «El musical»

Reseña

«El simio albino» de Edilio Peña



https://dramaturgia.wordpress.com/biografia/


https://eldienteroto.org/wp49/juan-martins-2/


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Enlaces relacionados:



Juan Martins (1960 - 2026), teatrista venezolano a Rafael Ortega : En Maracay, para que tus piezas no se queden engavetadas, tienes que montarlas con tus propios recursos































martes, 1 de septiembre de 2026

Adios Plinio, por Lidia Salas

 




Conocí a Plinio Apuleyo Mendoza (Tunja, 24 de marzo de 1932 — Bogotá, 28 de julio de 2026) en Caracas gracias a nuestro amigo, Gustavo García Márquez.

Estuvo en nuestra casa como invitado especial. Más tarde me recibió en la embajada de Colombia en París, en mi viaje a la Ciudad Luz.

Plinio Apuleyo Mendoza, hijo de Plinio Mendoza Neira, fue testigo junto a su padre, del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, muerte que marcó el inicio de la violencia en Colombia.

Fue diplomatico, historiador, cronista y periodista con un lenguaje seductor siempre en defensa de la libertad y de la democracia.

Imagen tomada de aquí



Amigo cercano y compadre del Gabo, desde los tiempos, cuando ambos vivieron en Caracas.




Autor de: "El olor de la guayaba" Una conversación con el Nobel. Entre otros títulos recordamos: "La Llama y el Hielo." "Los años de fuga" y el libro de ensayos: "Manual del perfecto idiota latinoamericano" 


Con su muerte se cierra una época inolvidable de nuestra propia existencia.

Uno de mis autores preferidos por la nostalgia con la que narraba sus historias, y por la valentía en denunciar la corrupción del poder ejercido por la izquierda.

Su nombre brilla con luz clara, en el panorama de la literatura universal.

Imagen tomada de aquí



Lidia Salas. 29 de julio. 2026.


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Lidia Salas. Poeta y ensayista. Nació en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Ha vivido en Venezuela por más de 40 años. Posee doble nacionalidad, colombo-venezolana.

Licenciada en  Filología e Idiomas de la Universidad del Atlántico. (Colombia)  Obtuvo su maestría en Literatura venezolana en la  Universidad Central de Venezuela.


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Enlaces relacionados:








lunes, 31 de agosto de 2026

Alejandro Sebastiani Verlezza, escritor venezolano a Raquel Abend van Dalen :"Tengo una gran urgencia caleidoscópica"

 

Imagen tomada de aquí aunque ellos la tomaron de El Universal.



Alejandro Sebastiani Verlezza, escritor venezolano: El poligráfo funda territorios mientras que yo los exploro con urgencia caleidoscópica



“La oscilación gozosa entre la intimidad y la extimidad”


APUNTES LITERARIOS

ABRIL 14, 2020


Por Raquel Abend van Dalen



Entrevista con Alejandro Sebastiani Verlezza


Manejas varios géneros literarios simultáneamente. En tu plaquette Posdatas, manejas por igual la prosa y el verso, sin embargo, más allá de este poemario también te dedicas al ensayo, a la crítica literaria y a la escritura de diarios. ¿Cómo logras el equilibrio entre estos registros?


No hay tanto equilibrio sino inestabilidad, un ir y venir –un jaleo– entre los registros, las posibilidades de la voz, sus vericuetos; de pronto, hay algo con el deseo…o las manifestaciones de un mismo impulso expresivo (esto último se lo escuché a Victoria De Stefano y me fascinó).

Victoria De Stefano


No veo –ahora– contradicción entre la prosa y el verso. Hay, sí, en mí, un sentido del ritmo, casi musical, algo inundante que de pronto, cuando sobreviene, necesito atender y persigo, como puedo, hasta que se va y no hay más nada que hacer. A veces lo siento así, solo sensaciones que entran por el oído y se van derramando por todo el cuerpo. Otras veces, sin más, parece un golpe visual que también viene acompañado de sonidos, murmullos. Me ha pasado, estoy oyendo ciertas melodías y me detengo en la provocación de intentar ponerle palabras, ¿será que sí? Y empiezo a dar vueltas, a veces, sin poner una sola palabra, solo merodeando un poco alrededor de lo que me causó inquietud.

Vicente Gerbasi (CanoaboCarabobo); 2 de junio de 1913 - CaracasVenezuela; 28 de diciembre de 1992)

Por otra parte, hay cosas que pueden decirse en un poema y no en un ensayo, en una entrada de diario y no en un relato. En ese sentido, llevado por el ritmo que se impone, no importa la forma sino el tránsito. Pasa o no pasa. Cuaja o no. Por eso, siento, mi interés principal está en la poesía y trato de encontrarme con sus manifestaciones en otros lugares, no podemos reducirla al poema nada más, tampoco puede volverse una voluntad, yo no, al menos yo no puedo, ni me sale, asumirlo así. Entonces, sí, la poesía es un placer y todo lo demás sale de ahí. Ahora bien, el interés por “ensayar” se afinó con mis estudios en Letras. Me gusta suponer que intento un tipo de ensayo, más o menos personal, a veces juguetón, “desequilibrado”, bastante. Quisiera andar más cerca de la imagen y un punto lejos de lo meramente conceptual, dar con eso que Gerbasi llamó “documento de los sentidos”.



En diciembre del año pasado publicaste Canción de la encrucijada, con la editorial Eclepsidra. ¿De qué va este poemario tuyo?


Bueno, tal vez volvemos un poco a lo que te decía más arriba, de pronto sentí como un sonido al que tenía que atender; no era muy claro, pero sí sostenido, estaba ahí y de pronto, en eso, se dispararon algunas palabras. Así fui dando la entonación y el sentido que las acompaña; las cosas para mí ocurren en este nivel, más que en los temas, eso viene después, lo descubro después, a veces ni interesa, porque esas corrientes hablan a su manera.


Tanto es así que hace nada me han preguntado sobre esta “canción” y no he tenido mucho más que decir, por raro que parezca, no sentía las direcciones de lo que esa voz mía proponía. De pronto, sí, tras montones de vueltas aparatosas, casi al borde del gagueo, sin exagerar, sentí que decía algo cercano a la elección y sus metáforas. Si la encrucijada supone el cruce de los caminos, si ese cruce te salta en todas partes, incluso en uno mismo, la voz que dará cuenta de este paisaje tendrá que ser escurridiza, extrañada, volátil.


Siempre se habla sobre la elección, pero no siempre sobre lo que pasa mientras uno está en el tránsito de hacerla y tal vez por ahí quise escurrirme, como la espuma que se va por el hueco de la regadera y aún permanece, como remanente, cosa transparente. En otras palabras: el cruce del cuerpo en un paisaje que remite al desierto, al mío, a sus melodías y sonidos, como si quisiera captar lo que dice el viento, sus no siempre claros mensajes. Evidentemente, hay situaciones que conducen a lo anterior, pero sería demasiado ocioso ponerse en eso, ¿no?, dado que en el poema –se supone– buscamos transformar –porque así se impuso– los ecos de lo que nos pasa en otra cosa.






¿No hay también aquí una búsqueda o un movimiento hacia lo visual?


Sí, dado todo lo anterior, está ese otro plano, que también lo fui descubriendo poco a poco, mientras exploraba las imágenes que te decía, como en cierta penumbra; sentía que para decir todo lo anterior necesitaba una dicción dúctil, líquida, capaz de romperse y abrirse hacia la pura sonoridad, el esparcimiento visual, así fui regando esa “canción” sobre la página; así, pueda leerse, quizás, verso a verso, tal vez como un poema largo, anudado pero descompuesto; le veo esos rostros, ahora; y la verdad, hablarsobre los asombros, sobre lo que pasa cuando se escribe, no es lo más sencillo que se diga…tienes una voz que da vueltas sobre sí misma, arranca y se detiene, frena, se pregunta y arranca otra vez, con otra fuerza, o sin ella, eso una y otra vez, imagínate, para dónde, para dónde, por cuánto tiempo: ¿norte, sur, este, oeste, arriba, abajo? De ese remolino sale todo, cómo ponerle música a ese llegadero, ahí está la cosa. ¿Y qué tal si en cada letra que suelta la boca hay un poema oculto?


Entiendo que tienes otros inéditos, también.


Sí, poco a poco los organizo, ahí voy.


¿Has escrito en italiano?


Frases sueltas, a veces muy parcas, otras más rítmicas; es una lengua con la que me he relacionado desde siempre a partir del puro oído, hasta hace un tiempo que empecé a estudiarla de manera más disciplinada. Algo de esa música me gustaría traer a lo que escribo, muchos títulos de mis poemas o mis collages se me ocurren de una vez en italiano, cosa que antes no me pasaba tanto. En algunos cuadernos tengo transcrito lo que recuerdo de las voces familiares, las más remotas. Es la mina mía íntima. Es la forma de saberme dentro de una trama, familiar y psíquica, corroborar que vengo de algún lugar que ya no habla –los que vinieron primero se van, uno los despide– pero siguen sonando en mí.



¿Esto no puede conducirte a la heteronimia?


No lo sé, la verdad que no, ha sido como un juego, la forma de distanciarme de lo que digo y escribo, para ver qué pasa, para poner a prueba los registros que encuentro en mí, algo así se dio con la serie de “cartas” que Adalber Salas Hernández y yo intercambiamos en Literales, el ahora ausente suplemento literario del TalCual; pero por otro lado, la heteronimia, la heteronimia de verdad-verdad, como la asumió Pessoa, en esa suerte de invención dentro sí mismo, sobre sí mismo, no, eso no, es un ejercicio muy radical con la identidad, tal vez el más riesgoso de todos; tal vez nadie más haya pasado estos límites, aunque quién quita, de locos maravillosos está lleno el mundo. Ahora hay una voz que me da vueltas, quiere decir cosas en italiano, pero soy yo mismo.


La heteronimia, en dos platos, es decir: ha nacido en mí alguien más, tiene su vida propia. Bueno, de estos cruces también está hecha la experiencia, raros palimpsestos, el resultado –y el encontronazo– entre muchos influjos, la metamorfosis y hasta la mímesis y la antropofagia––tupi or not tu pi.


¿Sientes que los géneros literarios que manejas se trasvasan entre sí?


Algo así me ha ocurrido, pero no es voluntario, con el tiempo se ha vuelto mucho más presente, claro, pero esas son las libertades que te da la poesía y su capacidad de sobrepasar, incluso, los géneros, la literatura y el arte; hablamos más bien de una forma de estar, que sobreviene, también, capaz de conducirte al rapto y abrir las válvulas de lo que está dentro de ti y sin más se dispara. Es algo que empecé a ver o atisbar gracias a mi amigo Roberto Pérez León, cómo llega un punto en el que la poesía no se queda solamente en el poema y se convierte en una presencia más abarcante y no solamente en una experiencia, digamos, meramente estética. Entonces, a partir de ese trasvase, hay un ejercicio de la mirada que busca juntarse con la multiplicidad de las cosas, de los fenómenos y sus más secretas confluencias.


No se trata de estar en la posesión de un saber, para nada, sino de una actitud más cercana al tanteo, la exploración, la atención a lo raro. Es algo de y en la experiencia; pero hay libros, claro, capaces de llevarte a estas zonas, habitadas por la desmesura, piensa en Broch y La muerte de Virgilio, Lispector (“entregarse a la desorientación”, decía), Gramcko, Lezama, la Yourcernar de Fuegos.


 ¿Cuáles son las ventajas y peligros de la poligrafía?


El polígrafo, siento, funda un territorio deliberadamente y yo más bien ando en una expedición; con ánimo más experimental y nada erudito, pues, voy y me detengo donde mejor pueda. Hay una entrega instintiva, simplemente. Y con ella, claro, riesgos. Las imágenes me van llevando, trato de escucharlas y tratar de captar algo de la trama que van ofreciendo. Ahora que me lo preguntas, a veces me siento bien como alguien que (¿se?) “traduce”, va y viene de distintos lugares; y así, en el camino, irá encontrando sonidos que alguna vez, si acaso felizmente, desembocarán en la página. ¿Que si salió prosa, verso? Bueno, visto así, es algo meramente formal; me importa más el movimiento, la expresión, sus reverberaciones, lo que anuncian o callan. Tengo una gran urgencia caleidoscópica y eso es todo. A veces, sin buscarlo tanto, algo en mí jala hacia allá. Cosa de inclinación.


¿Cómo combinas la labor de periodista con la de escritor?


En rigor, no hay tal combinación. De vez en cuando me solicitan colaboraciones –o hago textos por encargo– y si me interesan las acepto. Por lo demás, nunca he trabajado formalmente en una sala de redacción. La única vez que hice algo parecido, hace más de diez años, fue en un semanario: La razón. Después de hacer mis pautas, tenía que esperar las correcciones. En esas horas muertas, mientras aprendía algo de ajedrez, ponía el oído a lo que hablaba Jesús Sanoja Hernández, o Julián Márquez, con los escritores que tenían la costumbre de reunirse allí.


Hace unos tres años participé en un trabajo de archivo con El Nacional, en cuyo Papel Literario colaboro con regularidad. Salvo las entrevistas que suelo hacerle a los poetas que más me interesan (hace poco salió una que le hice a mi amigo Luis Gerardo Mármol Bosch en la revista Poesía). Últimamente, por mi trabajo en La Cueva, me ha tocado investigar y escribir cosas sobre fotografía.

Portada original del número uno de la revista Poesía


Tus diarios fueron publicados por Bid & Co. Editor. Siendo los diarios una escritura íntima por definición, ¿por qué escoger publicarlos, especialmente tratándose de tu primer libro?


La opción de publicarlos fue muy fortuita. Apareció. Y tras pensarlo un poco, me pregunté si tenía algo que perder. Y la respuesta fue no, no tengo. Ya antes, en el 2009, había publicado Posdatas, mi primera plaquette. En todo caso, Derivas, mi diario correspondiente al año 2010, ya no era tan “privado”. Digo esto porque lo presenté como trabajo de grado en Letras.




Tampoco considero una idea radical de intimidad, al menos en el diario, sobre todo si está escrito por alguien que trajina con las palabras, el lenguaje y sus registros; no me interesa esa intimidad radical, o literal, decía, porque una vez que pasa al lenguaje, y se vuelve escritura, todo lo dicho, todas esas experiencias, se abren, va ramificándose, encuentran espacios para desplegarse y tomar su propios derroteros. Lo anterior para decirte que si alguien tiene algo de sí mismo que quiere poner en resguardo de la mirada ajena, todos lo hemos sentido alguna vez, lo último que hará es ponerse a escribir un diario. Es y no es intimidad, pues; lo es, en tanto expresión de tu vida interior; no lo es, no tanto, porque pasa por el lenguaje, las formas, el oficio, la imaginación, la memoria, sus facultades transmutadoras.


¿Pueden los diarios no ser literatura una vez publicados?


Algo parecido, justamente, a lo que tocábamos más arriba. Cada diario, en sí mismo, encarna un modelo distinto y no todos pueden leerse igual; ahora, si es o no literario, dependerá de quien lo escriba, con qué ánimo lo asuma, cuáles son sus búsquedas; esa escritura privada, digamos, una vez que sale, se vuelve compartida, es como si una zona de tu intimidad se expandiera y estuviera sujeta a la mirada de los otros; ahí las posibilidades se abren, esa es upara mí la oscilación gozosa entre la intimidad y la extimidad.


El diario se mueve en el cruce de los géneros, él pasa por todos y todos pasan por él: narración personal, rapto lírico, reflexión, lo más crudo de ti, los venenos, las bajas pasiones, las alegrías, las ocasiones. Tal vez haya que desandar todavía más la idea de género, pensar más bien en términos de vidas que por sus mismas circunstancias en algún momento se mueven hacia una poética; y disrupciones, claro, muchas, corrientes que te agarran, te dan la vuelta y tratas de captar o vislumbrar por su fuerza encantatoria.


Entre tus contemporáneos, ¿con quiénes has tenido más acercamientos?


Con el tiempo, entre idas y venidas, estás tú, Franklin Hurtado, Adalber, Florencio Quintero, Graciela Yáñez Vicentini, Néstor Mendoza, Susan Urich y Francisco Catalano.


Aparte de ir y venir en los modos de la escritura, también te dedicas al trabajo visual a través de los collages. ¿Qué relación hay entre éstos y tu quehacer literario? ¿Por qué collage y no pintura o escultura?


La pintura y escultura exigen una preparación, una disciplina y un pulso anímico y técnico que no tengo. Ambas me sobrepasan. En cambio, me interesa más el dibujo como lugar de expresión y experimentación, de ahí sí puedo moverme hacia otros lugares. Pero con el collage, en cambio, es con lo que puedo, ahí sí puedo moverme mejor. Me gusta ver cómo se producen nuevas combinaciones y texturas a partir de elementos en principio disímiles.


Casi siempre ando en una “cacería”, hay algo muy divertido en la elección de los materiales y los soportes; el momento de rasgar, cortar, mover y pegar me lleva a territorio bastante festivo y liberado de la reflexión. Todo lo anterior, visto así, en algo se parece al ejercicio de observación que supuestamente debe hacer alguien que escribe, ¿no? También hay textos en mis collages. Allí, supongo, hay un diálogo y un impulso. Después de todo, en la escritura hay algo de com-posición y juego, impresiones que van asentándose, entran en una superficie y van fugándose.


 ¿Tienes proyectos en esta línea?


Con el tiempo, Raquel, he ido juntando cierto grupo de imágenes y estoy tratando de armar algunas series con ellas. Un par de amigos se ocuparán de esto, en términos de curaduría, a ver si algo puede mostrarse. Esto me emociona particularmente, tanto como publicar un libro, con todo el terror que esto trae, a veces, mira que desde carajito ando en esto, incluso, antes de escribir.


Por otra parte, últimamente he estado haciendo otras exploraciones, siempre ligadas al collage, pero más mixtas, digitales. Las voy soltando en mi cuenta de Tumblr. Es otro ejercicio, menos reposado, pero me da la oportunidad de encontrar interlocutores inesperados, además de los ya usuales.


¿La docencia no le resta tiempo a tu escritura?


La clase, en mí, o lo que amaga con ser tal cosa, es otra forma de la escritura, es como un largo –a veces jadeante– texto oral que va surgiendo entre el cálculo y la improvisación, entre lo que preparaste y las asociaciones sorpresivas y a veces muy tambaleantes que van saltando aquí y allá, aderezadas, claro, por la conversación con los profes, los amigos colegas y los estudiantes, muy fructífera por lo general, dado que yo también sigo siendo uno; mi lugar es el de aprender, siempre, no del que presume que ya sabe. Todo esto se lo agradezco a María Fernanda Palacios, a Jaime López-Sanz, a Rafael Castillo Zapata, por supuesto.


Santos López (Gustavo Bandres)

El año pasado preparaste una antología de la poesía de Santos López, Del fluir. Este año acaba de salir otra, esta vez sobre hiciste una edición con los ensayos de Armando Rojas Guardia: La otra locura.


Yo sí creo que es importante saber en qué corrientes se está moviendo uno, a veces sin tenerlo muy claro, cómo se expresan y de dónde vienen; esto, sin duda, es un trabajo y también algo que llega, te toca la puerta, sin más; en ese sentido, levantar un mapa de la poesía y la prosa que más te interesa, dar cuenta de estas experiencias, concretarlas en la posibilidad de un libro, o un repaso antológico, es tentador y retador, toda una responsabilidad. En el caso de Santos y Armando, las mismas circunstancias de la vida me han ido llevando a encontrarme con ellos y concretar estos trabajos. Y para mí ha sido muy nutritiva la experiencia, incluso, para los caminos de la poesía que escribo.


Armando Rojas Guardia. 1984. Fotografía de Vasco Szinetar.


Vives en Venezuela. ¿Cuáles son los rumbos que ves en el país?


Del actual gobierno no puede esperarse ninguna solución a todos los problemas que han ido creando en estos años. Ni hablar de cómo han acentuado los que ya estaban. Cualquier cosa que diga se quedará muy corta, solo una observación minuciosa de la vida cotidiana podría mostrar hasta dónde llega el daño casi irreparable que ha hecho este gobierno en las vidas de todos, incluidos los que más se ilusionaron con sus promesas. En esa dimensión menudísima puede aclararse el asunto, dado que muchos todavía creen que esto se trata de un mero conflicto entre izquierdas y derechas.


La jerarquía chavista tiene claro que necesita destruir el Estado e imponer un gobierno más militar del que ya tenemos para permanecer en el poder. No asumen el Estado como uno de esos espacios necesarios y vitales para tramitar las tensiones y las diferencias. Así la democracia se convierte en un recurso meramente retórico, algo que solo pasa en el lenguaje gastado y violento que usan, sectario, nacionalista a más no poder. En este sentido es un gobierno ultraconservador, absolutamente desprovisto de imaginación. Suele creerse que sus errores conducirán a “la caída”. No necesariamente es así. El caos es su lugar de maniobra, sobre todo si cuentan con el monopolio de la violencia y cargan a la gente enloquecida en las colas del pan, las farmacias, los supermercados, toda la movida de los bachaqueros, la paranoia por la delincuencia, los precios por las nubes, la devaluación, el descuido de los servicios.


Paradójicamente hay toda una retórica, muy cursi, fastidiosísima, victimizante, afincada en la apelación constante al enemigo externo, el desplazamiento de las propias responsabilidades. Todo esto toca furiosamente el plano de los afectos. De hecho, este gobierno trabaja con la alteración de los afectos, en todos los órdenes, incluido el estomacal y el expresivo. Quisiera ver una transición pacífica, democrática.


 ¿Y entonces? ¿Cómo afecta toda esta situación al trabajo creador, por ejemplo?


Tal vez nuestra generación no ha tenido el chance de expresar “estos años” en toda su contundencia, porque estamos demasiado metidos en la sobrevivencia y eso tampoco funciona como un acto reflejo. Eso sí: el shock es tan grande e intratable que no siempre aparecen las herramientas para “explicarlo”. A la larga, cada experiencia irá demostrando lo indefendible que es esto. Dentro de todas estas serias limitaciones se ha desarrollado la vida de muchos, obviamente no soy el único. Así, parece que nunca están dadas las condiciones “ideales” para llevar adelante vocación alguna, salvo las misteriosas ganas de sostenerla, a veces, contra toda esperanza. En todo este tremedal, el papel de los más jóvenes y los estudiantes es y será fundamental. Tal vez, en algún momento, nos quedará tiempo para preguntarnos si de ese mismo tremedal podrá salir otra cosa nueva, otro arte, otro país, menos empobrecido y golpeado, ¿quién sabe?


Comparte un poema inédito.


Estar despierto


perros piojosos

atados al poste


oigan bien


vivimos en la hacienda

y esta cabuya no es muy larga

podemos correr

y retozar en la grama

pero ay

ayayay

si nos pasamos

la cuerda será horca

vendrá el mareo

y algo enseñará su danza hirviente


(a veces toca devolverse

sin haber mordido el estrecho brumoso)


¿y entonces?


verán qué tanto aguantan

verán si los permeó la experiencia distante

verán si acaso necesitan otras palizas


((que baile el segundero

y el cuello recobre su dulzura))


somos necios

y eso es la vida


ladramos al infinito.


                                                    (del poemario inédito Melancholic jam session)




Alejandro Sebastiani Verlezza. Canción de la encrucijada. Poemas

187 Visualizaciones desde el 5 dic de 2016 hasta el 31 agosto de 2026

https://m.youtube.com/watch?v=DsrSeFYwJTM



Alejandro Sebastiani Verlezza (Caracas, 1982): Poeta y ensayista con incursiones en las artes visuales. Ha publicado una plaquette de poemas, Posdatas (El pez soluble, 2009), el diario Derivas (bid & co, 2013) y el poemario Canción de la encrucijada (Eclepsidra, 2016). Colabora con el Papel Literario. Forma parte de La Cueva, editorial especializada en fotografía venezolana. Licenciado en Comunicación Social (USM, 2005) y Letras (UCV, 2013). Cursó el Programa de Estudios Liberales en la Universidad del Valle San Francisco (2015). Tesista en la maestría en Estudios Literarios de la UCV. Es profesor en la Escuela de Letras de esa misma universidad. Incluido en los volúmenes del Celarg Voces nuevas 2005-2006 (narrativa), Voces nuevas 2006-2007(ensayo) y las siguientes compilaciones poéticas: 102 Poetas. Jamming (Oscar Todman Editores, 2014) y Tiempos grotescos(UNAM, México, 2015). Preparó una antología de la poesía de Santos López: Del fluir (Madrid, Kalathos, 2016), así como una recopilación de los ensayos de Armando Rojas Guardia: La otra locura (bid & co, 2017). Junto con Adalber Salas Hernández editó dos antologías de poesía venezolana: Tramas cruzadas, destinos comunes (Común Presencia, Bogotá, 2013) y Destinos portátiles (Vallejo & co, Perú, 2013). Estuvo en la residencia para escritores de Axóuxere Editora (Galicia, España, 2013). Ha participado en las siguientes exposiciones colectivas: Ciudad volátil, Manifiesto país, Reflejos vagabundos, Caracas horizontal, Confluencias.


 Lecturas en la pagina original de publicación desde el 14,/04/2020 hasta el 31/08/2026 : 106


Raquel Abend van DalenImagen tomada de Cinco8.


Raquel Abend van Dalen (Caracas, 1989). Magíster en Escritura Creativa en Español por la New York University. Autora de los poemarios: La beata de las locas (Madrid, Entropía Ediciones, 2019), Una trinitaria encendida (Nueva York, Sudaquia Editores, 2018), Sobre las fábricas, (Nueva York, Sudaquia Editores, 2014) y Lengua Mundana (Bogotá, Común Presencia Editores, 2012); de las novelas Cuarto Azul (Madrid, Kalathos Ediciones, 2017), Andor (Caracas, Bid&Co.Editor, 2013; Miami, SubUrbano Ediciones, 2017), y coautora del libro Los días pasan y las formas regresan (Caracas, Bid&Co. Editor, 2013). Seleccionó y prologó la compilación de no ficción La cajita cabrona (Caracas, Editorial Cráter, 2016) y Los topos mecánicos (Caracas, Editorial Igneo, 2017). En el 2016 fue escritora residente en el programa para artistas en Camac Centre D’art, Marnay-sur-Seine, Francia. Actualmente es doctoranda del Ph.D en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Houston.



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31/08/2026