domingo, 10 de mayo de 2026

Carmen Seijas, necesita nuestro apoyo para iniciar el tratamiento de radioterapia.

 




Mi mamá Cármen Seijas, una venezolana, madre, abuela y gran profesional, fue diagnosticada de una metástasis en la región craneal, derivada de un cáncer originario de mama.

El tratamiento indicado es un ciclo de 15 sesiones de radioterapia 3D, para controlar el avance de la enfermedad, aliviar síntomas y mejorar su calidad de vida. 

El dinero recaudado será destinado a del tratamiento, exámenes y asistencia.

META 5000 DÓLARES

Transferencia a pagomovil: Banco Nacional de Crédito

Samuel González Seijas C. I. 10542934. 

Teléfono: 0412-9285995.

Cuenta 01090050252350541631. 

Email: samuelson008@gmail.com

Paypal: sernad.edpay@gmail.com 


Cualquier aporte suma. Si no puedes en estos momentos difúndelo por tus redes. ¡Gracias de corazón!


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martes, 5 de mayo de 2026

Alberto Hernández: La condesa y el organista es un ensayo permanente, frente a los ojos de una mujer creada por Cesia Hirshbein

 



Crónicas del Olvido


LA CONDESA Y EL ORGANISTA, DE CESIA HIRSHBEIN


**Alberto Hernández**


**La puso sobre el escritorio, la abrió y desplegó los documentos. Los revisó uno a uno, la Marcha fúnebre en memoria del emperador Maximiliano de México que compuso el gran Liszt, su inacabado ´Réquiem´, y además el que Bruckner junto a la condesa habían logrado seguir casi hasta la mitad (…) En ese momento se había convertido en un solo ´Réquiem´ al que debía agregar algunos fragmentos y pulir**
**´La condesa y el organista´: C.H**

**En 1861, el Presidente Benito Juárez suspendió los pagos de la deuda externa mexicana. Esta suspensión sirvió de pretexto al entonces emperador de los franceses, Napoleón III, para enviar a México un ejército de ocupación, con el fin de crear en ese país una monarquía al frente de la cual estaría un príncipe católico europeo. El elegido fue el Archiduque austríaco Fernando Maximiliano de Habsburgo, quien a mediados de 1864 llegó a México en compañía de su mujer, la Princesa Carlota de Bélgica…"

Carlota y su prometido Maximiliano por Louis-Joseph Ghémar (1857).



**´Noticias del Imperio´: Fernando del paso**

1.-
Leer a unos personajes imbuidos por la música. Leerlos y tenerlos presentes en sus obras. Abrir un libro y encontrarse con una historia donde descubrimos a varios artistas que siguen sonando en nuestro espíritu. Leer la música que Cesia Hirshbein construyó a través de una novela en la que no sólo la creación de magistrales sonidos nos impresionan sino el perfil psicológico de cada uno de los actantes que aquí logran entrar en nuestras mentes como intrusos benignos. 




He aquí que se trata de una novela en la que se juega en dos planos: la realidad y la ficción. ´La condesa y el organista´ es un ensayo permanente, un estudio frente a un piano o frente a los ojos de una mujer creada por nuestra autora, Henriette von Fürster. Anton Bruckner existió en una época plena de sonidos estéticos, compuso piezas de una belleza que muchos de nosotros desconocemos, pero estuvo allí, como un fantasma ante una hermosa mujer que quería aprender más acerca de la música: tocaba el piano y cantaba, y logró acercarse a un hombre gordo y feo, pero genial, quien le sugirió la posibilidad de alcanzar el amor. Ella, la condesa Henriette. Esta historia recoge varios instantes en los que tanto el maestro como la alumna se aproximan a través de las palabras, a través del miedo a una reacción negativa. Asomo romántico que queda en suspenso por las distancias sociales y por el temor de ella a ser castigada por Dios. Posteriormente, la aparición de una música e investigador que por encargo de la mujer, ya madura, le pidió, le suplicó que completara la obra Lizs y Bruckner. 

Franz LisztImagen tomada de aquí.


Esta es también la historia del Archiduque Maximiliano de Hagsburgo, quien fue fusilado en México bajo las órdenes de Benito Juárez, acto que enloqueció a su mujer la princesa Carlota de Bélgica y forzó a otros personajes a revestirse de valor para no enloquecer como ella. Esta es la historia de un investigador que anda tras la pista del maestro Bruckner: Richard Wetz, personaje que rearma la obra en la que participaron Lizt, como queda bien dicho en el primer epígrafe. 

2.-

Todo personaje de ficción se convierte en real cuando es llevado a la escritura. Nombrarlo, destacar su fisonomía, sus pasiones, sus miedos son motivos para traerlo al mundo real, mientras los reales, los actantes que respiraron este aire narrativo, pueden ser sujetos de ficción si el lector lo cree necesario. Bruckner pudo haber sido sólo una sombra, mientras Henriette fue su luz. Ambos se combinaron para construir un universo íntimo que se transformó al final en una obra terminada por otro, por Wetz, quien forma parte de un segmento existencial de esta obra de Cesia y de los personajes con quienes se encuentra tras tanta búsqueda.  

Bruckner, estudiado en varios textos, entre ellos en la ´Breve guía de la música clásica´, de Anne Gray, ocupa, al lado de otros creadores, varias páginas que lo definen, describen y ahondan en su realidad. Por su parte, Jonathan Kramer, en su ´Invitación a la música´, reconoce las 300 obras más importantes del mundo clásico musical, donde estudia todas las obras de Bruckner, quien nació el 4 de setiembre de 1824 en Linz, Austria, y falleció el 11 de octubre de 1896, en Viena. En su haber, Kramer escribe acerca de las nueve sinfonías de Bruckner donde deja plasmado el genio de este organista, pianista, compositor y director obsesivo compulsivo que hoy es personaje en esta obra de la venezolana Cesia Hirshbein


La música es el fondo de esta historia. La música inventa a los personajes, quienes trazan una ruta en medio de eventos trágicos, como el de Maximiliano Emperador de México, como el de su mujer Carlota, como el de la misma Henriette, quien estuvo a punto de enloquecer. Como el mismo maestro, deshilachado, obeso, enano casi, sucio a veces, pero genial, Bruckner. Historia de un amor frustrado, de demencias, obsesiones, en fin, un relato en el que no faltan los paisajes y los diálogos que enriquecen la narración y las descripciones. Un retrato del Romanticismo, estropeado por su propio contenido vital. Esta corriente artística, de la que bebieron músicos, poetas, novelistas y hasta pintores dejó una marca donde el ensueño, la tragedia y ciertos rasgos de majadería fueron los elementos básicos para su definición. 

3.-

Novela escrita en dos tiempos, en dos retazos temporales separados. Mientras ocurre la muerte de Maximiliano, la locura de Carlota y la ayuda que Henriette le ofrece, Brucker luchaba con su genio, con una locura musical que se transformó luego en un encuentro con la segunda cuando se tropezó con ella en el acto funerario del Emperador. De allí en adelante la novela toma cuerpo, se hace densa gracias a los referentes vivos o muertos de la gran música de la época y de otros que ya habían desaparecido físicamente. El mismo Humboldt aparece, imaginamos que agobiado por el calor tropical, en estas páginas. Es el primer momento público de Bruckner cuando no le va muy bien. Hasta Gustav Mahler hizo burlas de su trabajo, de lo cual luego se arrepintió. 

Muchas eran las discusiones donde tanto la música como la filosofía formaban parte de los encuentros de personajes de la época: Wagner, Hugo Wolf, Brahms, Liszt, Mahler, entre otros, quienes adensaban el ambiente con su presencia, con sus conversaciones. Europa, vista desde Viena o Alemania, era el reflujo de tantas reflexiones culturales. En medio de ese cruce de voces, en otros lugares, en pasado o en futuro, aparecieron los protagonistas de esta historia. Anton Brucker y Henriette von Fürsten. Bella y joven ella, feo él. A Wetz le fue confiado el manuscrito donde estaba escrito el ´Réquiem´ de Liszt, que Bruckner a su vez le pidió a Henriette terminar, quien no pudo, pero sí Wetz, quien lo hizo para cerrar con éxito el estreno de la obra. 

4.-

Tantos son los datos aportados por esta melómana nacida en Alemania pero criada y formada en esta Venezuela arisca y a la vez amable, que nos dejan perplejos ante la calidad de este ´experimento´ ficcional que se ha convertido, para los lectores, en una realidad verdaderamente fascinante. 

En un epígrafe de un capítulo del libro de Gray, titulado ´De la caverna a la catedral´, Richard Baker escribe: “El descubrimiento del canto y la creación de los instrumentos musicales…responden…en su origen, a un impulso humano…la necesidad del ritmo de la vida…”. Este comentarista de radio inglés sazona el relato tanto de Bruckner como de Henriette, y que la autora londinense haya titulado de ´De la caverna a la catedral´ resume una metáfora de la existencia sombría, atormentada y solitaria de nuestro personaje, sacado de la oscuridad y llevado al gran público donde la música, su talento, fue el reconocimiento final de su historia. Henriette, invitada al concierto desapareció de la vista del ahora afamado investigador, director y compositor, Wetz, como si fuese un verdadero fantasma. Los aplausos cierran esta aventura que la literatura nos tenía reservada.   




(La condesa y el organista fue publicada por la Universidad Católica Andrés Bello y abediciones, en Caracas, en noviembre de 2025.)


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Cesia Hirshbein


Fürstenfeldbruck (Alemania), 1946. Narradora. Licenciada en Letras por la Universidad CAtólica Andrés Bello. Cursó estudios de postgrado en filosofía y literatura latinoamericana contemporánea en la Universidad Simón Bolívar. Fue profesor titular y directora del Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la U.C.V. Profesora visitante del Departamento de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Jerusalem y del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres. Es autora del libro de cuentos Hombres que eran bosques y otros relatos y las novelas El hilo de Miriam y La condesa y el organista. También ha publicado varios libros académicos y de ensayo.


https://ficcionbreve.org/autor/cesia-hirshbein/


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 



lunes, 4 de mayo de 2026

Walt Whitman, un poeta parido por un periódico

 


Imagen tomada de aquí



LA ESFERA DE PAPEL Periodismo


Walt Whitman, el poeta que nació en la redacción de un periódico



Quien aún diga con cinismo que el periódico sólo sirve para envolver bocadillos, debe saber que a veces la prensa pare poetas. A Estados Unidos, por ejemplo, le dio a Walt Whitman, a quien Harold Bloom describió como el Shakespeare estadounidense, un bardo que, antes que versos, escribió noticias, crónicas y editoriales. "Estuvo en el negocio de los periódicos durante 20 años antes de publicar Hojas de hierba: esos años de escritura, esos miles de artículos incluyen elementos que prefiguran su sensibilidad y su estilo", opina Jason Stacy, de la Universidad Edwardsville de Illinois.


En 2019 Walt Whitman cumpliría 200 años y aún se desconoce el alcance de su obra periodística. Los libros de Herbert Bergman, Journalism I, II y III y el Archivo Whitman, que mantiene la Universidad Nebraska-Lincoln, son las únicas fuentes que siguen indagando en la faceta de la obra whitmaniana que menos atención ha recibido. El archivo, por ejemplo, cuenta con voluntarios que determinan, despacio y sin dinero, cuántos de los cientos de artículos que parecen de Whitman pero no van firmados son del autor de ¡Oh capitán, mi capitán!


Whitman fue mensajero en un despacho de abogados y tipógrafo antes de ser periodista, oficio en el que debutó con 20 años cuando era profesor en una escuela rural de Long Island. Lo hizo con la serie Papeles vespertinos del escritorio de un maestro de escuela, que publicó en el Hempstead Inquirer, el Long-Island Democrat y el Long-Island Farmer. En ellos dejó su primer legado: los whitmanismos, palabras inventadas o a las que dio nuevo uso, como to loafe (holgazanear), y que usó toda su vida y en todos los géneros: relatos, versos y cartas, como se puede ver en las que intercambió con su pareja, Peter Doyle.

Walt Whitman en 1848

También adelanta en esos textos los temas de sus libros: mejora de servicios públicos; abolición de la pena de muerte y la esclavitud, mejores salarios para las costureras o defensa de la higiene personal. En ¿Cómo terminaremos la guerra con México?, del 10 de diciembre de 1848, debate sobre si Texas será un estado esclavo o libre al final de la contienda, asunto en el que ahondará en la primera edición de Hojas de hierba. Es sólo una prueba de que no coge los temas del diario arrastrado por el calor del momento: los escoge y los extiende, y de ese modo, se convierte en un periodista por encima del acontecimiento.

Walt Whitman y Peter Doyle en Washintong DC en 1865


UN PERIODISTA POR ENCIMA DEL ACONTECIMIENTO


En la redacción, Whitman también entrenó el estilo. "¡Qué escandaloso fue el sol cuando se puso anoche! Lo observamos desde el ferry de Fulton colgando como una gran bola sobre los techos de Gomorra, al otro lado del río", escribe en una crónica sobre el barco que unía Manhattan con Brooklyn. Es 1846 y es periodista, pero en la segunda edición de Hojas de hierba (1856) incluye Crossing the Brooklyn Ferry, poema donde aparecen el mismo bajel y el mismo sol: también la misma cadencia de sus columnas que como sus versos contienen ritmo sin que haya rima.


Del periodismo a la poesía también se llevó su yo. En la serie Brooklyniana (1861-1862) publicada en el Brooklyn Standard, así como en los reportajes sobre la Guerra de Secesión del Brooklyn Daily Eagle o el New York Times informa en primera persona sobre hechos que luego abordará, sin límite de páginas ni adjetivos, en Redobles de tambor. Claro que entre la noticia y el verso, y entre la columna y el ensayo, hay diferencias y no es lo mismo el yo literario que la mirada periodística, pero en esos reportajes se puede ver al poeta cuajando personalidad, ideas y narrador.

Ezra Greenspan


Whitman vive en la edad de oro del periodismo, tiempo en el que un papel más barato, mejores rotativas y la aparición de las primeras agencias de noticias afianzan a la prensa como puntal de la democracia. Él lo sabe y por eso sigue a rajatabla la máxima del redactor: escribir para que le entienda la mayoría. Ezra Greenspan, autor de Walt Whitman y el lector americano, cree que el narrador que emplea en sus libros bebe de esa idea, por eso el suyo no es un yo a secas sino un yo-tú que invita a dialogar. Para Greenspan, esa relación es aún más estrecha "en Hojas de hierba, donde sus lectores alcanzaron un grado extraordinario de identidad e intimidad con él" y uno de los motivos que explican el impacto que aún sigue produciendo su lectura.

Stephen CraneImagen tomada de aquí.


Esa conexión se aprecia en las crónicas de Nueva York, ciudad que observó con un ojo crítico pero esperanzado, distinto al de su colega Stephen Crane, a quien se puso como modelo a los redactores de la primera mitad del siglo XX. Se instauró así un tipo de cronista más descreído, en el que se miró Hemingway, y quizás la elección de ese espejo contribuyó a que la obra periodística de Whitman quedara arrinconada. Pero la posteridad le tenía otro honor reservado: ser el padre de la poesía estadounidense y el verso libre, un título menos perecedero que el papel de periódico.




https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2018/11/27/5bf839b222601dfd288b4647.html



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