jueves, 12 de febrero de 2026

El caos de Venezuela ha provocado una poderosa narrativa que se publica en el extranjero porque no puede hacerse en el país

 


Estimados liponautas


Hoy compartimos con ustedes este artículo que refleja la actual vida escritural y editorial de Venezuela. UN país plagado de contradicciones económicas y duramente oprimido donde el desempeño de la labor de los escritores y de los editores y los de cualquier persona que pretenda enrriquecer el acervo cultural común de nuestro país. Un país donde el salario mínimo es de 0,40 dólares es el menos indicado para hacer labor cultural. La pobreza sistemática hizo que millones de venezolanos abandonaran el país y entre ese lote emigraron algunos escritores que pudieron asimilarse a sociedades extranjeras y lograr las condiciones necesarias para poder escribir y publicar. Ellos tuvieron suerte, hay que recordar la cantidad inmensa de venezolanos que murieron buscando un lugar bajo el sol que les permitiera florecer su vida. 


Esperamos que disfruten de la entrada.


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Venezuela: la literatura del caos


La descomposición política y social que atraviesa el país inspira una narrativa poderosa que, paradójicamente, solo puede publicarse y conseguirse en el extranjero




Javier Lafuente

JAVIER LAFUENTE

17 MAY. 2019 - 18:15 VET



Las calles de Caracas son, en su mayoría, escenarios de una vida que ya no es. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que, en muchos lugares en los que ahora se sobrevive, no hace tanto se gozó. De que la decadencia que atrapa el paisaje urbano no es sino un manto de la ostentación de un pasado próximo. Y así, el dolor, la dificultad, la descomposición, la falta de aliento se convirtieron en relato. Desde la novela, el cuento, la poesía, cada vez más autores confrontan una realidad oscura, violenta. Todos se acercan a un mundo que se vino abajo: Venezuela.


Un grupo de mujeres que emprende un club de lectura en una ciudad sin nombre sacudida por la violencia, gobernada por el Alto Mando; el miedo de una hija a que roben a su madre pese a que esta está ya enterrada; el amor entre una espía de la CIA y uno de la inteligencia cubana; un barrio caraqueño donde aparece un hombre cuyo apellido coincide con uno de los máximos exponentes de la poesía rusa, al que Stalin confinó en Siberia. Los escenarios, los personajes, las tramas son innumerables, pero los rasgos en común entre las obras que proliferan apenas varían. Ni la lejanía de los que viven fuera del país ni la cercanía de los que lo sufren son obstáculo para que la cotidianidad sea ajena a los autores. “Desde hace años, Venezuela es una emergencia permanente. No lo digo en plan metafísico. Se trata de una angustia concreta que va desde conseguir medicinas o comida hasta regresar a casa en una ciudad sin luz. Es casi imposible que todo esto no toque la escritura. Creo que, para muchos de nosotros, la realidad se ha vuelto una herida incomprensible. Tratar de escribirla es una forma de ordenar esa locura, de organizar incertidumbre y el dolor que produce”, explica Alberto Barrera Tyszka, que tiene los pies en México, donde reside desde hace años, pero a quien le cuesta despegar la cabeza de Venezuela, su país, al que está permanentemente conectado.


Desde la novela, el cuento, la poesía, cada vez más autores confrontan en sus obras la oscura realidad del país

Barrera publicó a finales del pasado año Mujeres que matan (Literatura Random House), “una novela sobre el contagio veloz e irracional de la violencia”, en palabras del autor, donde un grupo de mujeres se enfrentan a distintas formas de agresión oficial. Las páginas de Mujeres que matan ahondan en la descomposición que ya describió en Patria o muerte (Premio Tusquets 2015), y que, en cierta manera, tuvieron su preludio hace 14 años en Hugo Chávez sin uniforme. Una historia personal (DeBolsillo), escrito junto a Cristina Marcano, acaso la biografía definitiva del mandatario fallecido; el tótem de la revolución bolivariana, del denominado socialismo del siglo XXI, a quien no pocos ven como el origen de la descomposición, que se ha perpetuado con su sucesor, Nicolás Maduro, en el poder. “Todo se vino abajo en el momento en que estalló la ilusión de modernidad, que era un espejismo, y entramos en barrera en este cuento del socialismo inclusivo y soberano, que ha sido la mayor estafa de un grupo de corruptos que llegaron tarde al saqueo de la corona. Le debemos este sainete a la izquierda de los años sesenta que se quedó resentida porque se dejó pacificar con dinero. Y a unos políticos de la Cuarta [República] que no estuvieron a la altura de la deuda social que arrastraba el país”, describe el editor y periodista venezolano Sergio Dahbar.



Chávez aún vivía cuando Karina Sainz Borgo decidió dejar Venezuela, donde nació en 1982, para instalarse en Madrid hace 13 años. Antes de eso ya tenía intención de escribir sobre un país que, dice, ya no existe y al que después de lidiar durante años con el desarraigo ha escrito una suerte de carta de amor en La hija de la española (Lumen), su primera novela, uno de los fenómenos literarios del año, publicada en 22 países. “Yo no reconozco al país y el país no me reconoce a mí”, dice Sainz Borgo. La novela es el retrato de una mujer de 38 años tras la muerte de su madre, de cómo se enfrenta sola a una ciudad donde la violencia, otra vez la violencia, lo marca todo. “La destrucción ha sido tal que disolvió el relato. Para que haya una catarsis tiene que quedar por escrito”, explica la autora.


No todos los autores abarcan Venezuela desde fuera. El poeta Igor Barreto sigue viviendo en Venezuela, desde donde ha reflexionado sobre la pobreza en su apabullante El muro de Mandelshtam (Bartleby). Lejos de espantar la crisis de su país, Barreto ha tratado de aprender de ella, como un método quizás de supervivencia. “Es una circunstancia para conocer mejor al ser humano. Es imposible conocer el carácter de una persona o un país si no entra en crisis. He podido conocer mejor a Venezuela”, afirma, cuando trata de explicar lo que denomina una “relación íntima con este proceso de marginalización”. “Yo creo, siento, que tengo una gran fortuna al poseer un lugar. El lugar es el templo. Yo no me iría nunca de Venezuela porque es el lugar del que puedo hablar muy bien, donde ser testigo de las cosas que ocurren y pensar en ellas”, apostilla el poeta.


Varios venezolanos acarrean agua ante una pintada en una calle de Caracas que pregunta: “¿La normalidad es un privilegio?”. 

FEDERICO PARRA (AFP / GETTY IMAGES)


Barrera Tyszka, Sainz Borgo, Barreto, también Moisés Naím, que ha publicado Dos espías en Caracas (Ediciones B), son apenas algunos de los nombres que afloran en una lista que se termina por volver ingente. “Pienso en Victoria de Stefano, en Ana Teresa Torres, en Eduardo Liendo, Israel Centeno, Juan Carlos Méndez Guédez, en Fedosy Santaella. En gente más joven como Rodrigo Blanco, Eduardo Sánchez…, y por supuesto quedan muchísimos nombres por fuera”, aporta Barrera: “Es un proceso irremediable, en cierta forma vallejiano: “Un hombre pasa con un pan al hombro / ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?”.


La novedad, si así pudiera llamarse, radica en que la narrativa ha cobrado fuerza en los últimos años. Tradicionalmente no ha sido el género más aventajado si se compara con el cuento o la poesía, de mayor raigambre, con exponentes fuera y dentro de Venezuela como el eterno Rafael Cadenas. “Siempre he sentido que en el país ha habido, y hay, enormes poetas y pintores. Y que la narrativa debía esperar. Pareciera que le ha llegado el tiempo”, considera Sergio Dahbar. “Es muy difícil que surja una narrativa que no exprese lo que pasa en el país. Si lees un cuento de un joven que vive en un barrio horrible donde matan a la gente y ese joven trabaja en un canal de televisión como escenógrafo y le piden que diseñe un barrio bonito porque la televisión debe mostrar el lado chévere de Venezuela, te das cuenta de que finalmente la literatura termina por registrar el horror múltiple de esta sociedad. Pareciera que la gravedad los ha convocado. Comienzan a aparecer autores que pegan duro en el exterior con libros que tienen público y de alguna manera han encontrado la voz de la tribu. Semejante hipótesis, de confirmarse, es una gran noticia”.


Cauta a la hora de hablar de una narrativa venezolana como género en sí mismo se muestra Karina Saiz Borgo: “Antes de identificar un fenómeno necesitamos un periodo más largo, es un proceso que apenas comienza”. Un recorrido que, si depende de los acontecimientos que se suceden vertiginosamente, tiene visos de prolongarse en el tiempo, al menos hasta ver un país reconstruido.


Los grandes sellos se han ido y muchos escritores, correctores, diseñadores, traductores e impresores han emigrado

Venezuela, país cuya cotidianidad no cesa de aportar paradojas, encuentra en la literatura una de las más dolorosas. La eclosión de una narrativa poderosa coincide con un momento en el que prácticamente solo puede publicarse y conseguirse fuera de Venezuela. Dentro del país, la industria editorial casi ha desaparecido. Las grandes firmas se han ido. Muchos escritores, correctores, diseñadores, traductores, dueños de imprentas… se han ido. “Es un sentimiento extraño, de alguien que se va quedando solo en una casa donde antes había mucha gente, actividad, emoción, sana competencia, profesionalismo… Editar en Venezuela es hoy por hoy un atrevimiento, una osadía, un gesto de fe”, asegura Sergio Dahbar. No quiere que sus palabras suenen a victimización. “No es ese el caso. Pero hay algo de impresionante en la idea de que sigues aferrado a un oficio artesanal y de alguna manera prehistórico, pero que al mismo tiempo sabes que es muy valioso y que apunta a darle valor a los otros que se han quedado contigo y que están como tú luchando contra las adversidades”.


Cualquiera que llegue ahora a Caracas y pregunte por una librería será observado, probablemente, con resignación por su interlocutor, que le hablará con orgullo, eso sí, de las librerías de Sabana Grande, de que no hace tanto podía haber pasado por Suma, Alejandría, Noctua, de que las sucursales de las grandes cadenas —Nacho, Tecniciencia—, de las que ahora o no quedan nada o son actos de resistencia, se contaban por decenas. Y le dirán que ya no es cuestión de cómo costear el alquiler del local, ni de lo imposible que resulta meter libros, no ya distribuirlos. Que quién puede comprarlos. El salario mínimo de un venezolano es de 40.000 bolívares, unos siete dólares, la mitad o un tercio de lo que puede costar un libro. “Esto te habla de un aislamiento importante”, asegura Karina Sainz Borgo: “El autoritarismo, en todas las partes del mundo, achica tu mundo, te obliga a renunciar a las preguntas más complejas”.


LECTURAS



Mujeres que matan

Alberto Barreda Tyszka

Literatura Random House, 2018

240 páginas. 16 euros




La hija de la española

Lumen, 2019

Karina Sainz Borgo

224 páginas. 19,90 euros



El muro de Mandelshtam

Igor Barreto

Bartleby Editores, 2017

140 páginas. 15 euros




Dos espías en Caracas

Moisés Naím

Ediciones B, 2019

384 páginas. 19,90 euros



"Mujeres que matan" en Bibliofonías CANIEM

37 Visualizaciones desde el 5 sept de 2019 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=fU5Ckb36OxQ



El Cuestionario de la Guantera: Karina Sainz Borgo

1562 visualizaciones desde el 7 dic de 2020 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=rzxFeeAEeCs


IgorBarreto lee MANDELSHTAM HABLA DE RIMBAUD y CANTO LIII.

68 visualizaciones desde el  14 nov de 2017 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=C2r1SGwJwmM



Dos espías en Caracas, una historia casi de ficción

207 visualizaciones desde el 20 jun de 2019 hasta la fecha de publicación de la entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=S09VNeJwTAo






Conversaciones Sergio Dahbar

85 Vistas desde el 3 may 2021 hasta la fecha de publicación de la entrada

https://m.youtube.com/watch?v=q2C__vG3PMI&pp=ygUNU2VyZ2lvIERhaGJhcg%3D%3D





https://elpais.com/cultura/2019/05/17/babelia/1558104168_878914.html




miércoles, 11 de febrero de 2026

Oswaldo Trejo a Alberto Jiménez Ure: Mis obras, una vez que salen de las imprentas, evito leerlas. Hacerlo es narcisismo









Estimados liponautas


Hoy compartimos con ustedes esta entrevista que conseguimos hurgando en la web de Oswaldo Trejo, un escritor que posee poco material en la red. Ahora podrán leerla directamente sin descar ningún pdf. En la medida de nuestras posibilidades compartiremos más material de Trejo en este blog, incluyendo alguna  entrevista inédita de este escritor en la red de redes.


Esperamos que disfruten de la entrada.


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ENTREVISTA CON EL ESCRITOR OSWALDO TREJO 


«Soy incapaz de entregar volúmenes de 500 páginas, cada uno sobre lo Humano y Divino»


Por Alberto JIMÉNEZ URE

(En El Universal, Caracas, el 26-02-1989)





Aun cuando Oswaldo Trejo insinuó, durante nuestra conversación, que ya en También los hombres son ciudades (novela, 1962) su escritura delataba su futuro experimentalismo, hoy explícito en Texto de un texto con teresas (novela, 1975), atrevo sostener que pasó –sin previo anuncio- de un territorio signado por la linealidad o formulación clásica al goce ilimitado de la impenetrabilidad. Digo [im] penetrabilidad para querellarme con quienes sólo reconocen la literatura reglamentaria, convencional. Oportunamente, Barthes, Paz, Wilson y otros críticos notables defendieron la libertad o desparpajo de los hacedores frente a lectores anónimos o espectadores de esa ceremonia privada y sagrada llamada creación.

Quien [como Trejo] auténticamente escribe libre de bogas, exigencias empresariales-grupales culmina en un triunfo solitario: lograr mantener la necesaria separación entre autor y lectores.

Todo cuanto expuse amenaza con ofuscarme mientras esperaba, impaciente, platicar con mi amigo. Había llegado a Mérida para recibir una «distinción» por parte del «Vicerrector Académico» de la Universidad de Los Andes. Junto al abogado-escritor José Esteban Mantilla M. y Jesús Serra Pérez, gran poeta, crítico y Director del Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres, recibí al «Premio Nacional de Literatura» [1988] y autor de Escuchando al Idiota.

Lo acompañamos al hotel. Luego de los fastidiosos y obligatorios registros de identificación, fuimos con él hacia la Televisora Andina de Mérida [TAM] Francisco Rivera, Elvira Macht de Vera y yo. Los mencionados y respetables ensayistas venezolanos fueron invitados por la ULA para disertar sobre el trabajo intelectual del homenajeado. 

-¿Cuánto tiempo tenías sin venir a Mérida? –lo interrogué más tarde, en un apartado cafetín.

-7 años –rápido, me respondió.

-¿Cómo te sientes aquí?

-Bueno, Alberto, siempre que vengo a Mérida me sorprende encontrarla en ese proceso de crecimiento que inició luego de mi partida  [a comienzos del Año 1940] Mi ausencia ha sido larga, pero, he permanecido atento a lo que sucede en el Estado Mérida: mediante las informaciones periodísticas y comentarios que recibo de familiares o amigos […] Me hubiera gustado vivir largo tiempo aquí, tal vez sea todavía posible.

-El año pasado, Oswaldo, vino Juan Liscano a Mérida y me comunicó su deseo de quedarse en nuestra ciudad durante largos períodos. Las montañas cautivan a todos los hacedores. ¿Por qué no aprovechas y retomas tu tierra natal por residencia?

-Tendría que esperar concluir una serie de compromisos que me obligan permanecer en Caracas […] También necesito terminar algunos trabajos literarios, antes de acometer mi probable reinserción a Mérida. Empezaría por crearme un mundo de relaciones para el nuevo acostumbramiento: me agradaría empezar con breves y frecuentes viajes.

-Hablemos del homenaje institucional que la Universidad de Los Andes, merecidamente, te ha preparado […]

-Mira, Alberto: jamás pasó por mi mente que pudiera ser honrado con el «Premio Nacional de Literatura», ello por cuanto nunca, en mi carrera literaria, he participado en concursos. No espero premios o recompensas. Cuando me informaron sobre el asunto, fui el primer sorprendido. Mucho menos imaginé que una muy prestigiosa institución como la Universidad de Los Andes, tan antigua, que hizo Mérida la ciudad de los doctores y letrados, me invitase para agasajarme.  Ella comparte conmigo el premio que es de mi Estado. Me conmueve, verdaderamente. Estoy agradecido.

Imagen tomada de aquí


Hicimos una pausa para refrigerios. José Esteban, el abogado antes mencionado, observaba, con mucha curiosidad, a Trejo. Sospeché que intentaba formularle alguna pregunta. Pero, se mantuvo inexplicablemente en silencio y el novelista miraba a los transeúntes.

-A propósito de tu obra, Oswaldo, advierto tu cambio [casi abrupto] de estilo –discerní para romper el mutismo-. De narrador clásico, lineal, proclive contar anécdotas, palpable en También los hombres son ciudades, culminas en lo que ciertos críticos califican «textualismo» o «escritura experimental». Acaso, ¿te cansaste de los lectores comunes para cautivar, mediante desenfados, algo inimaginable y recóndito?

-Comenzaré por aclararte lo referente al cansancio que le pueda producir a un escritor tener lectores comunes o no –frunció su entrecejo-. En mi extenso ejercicio escritural, de casi 40 años, jamás me planteé fórmulas para vincularme con lectores. Si era o no conveniente tenerlos, pocos o muchos. Redacto sin preocuparme por el destino de mi trabajo. Creo en aquella frase, tal vez muy egoísta: «Primero yo, después yo y siempre yo». En mi opinión, lo importante es el enfrentamiento con el acto de escribir: no se le puede pedir ayuda a supuestos lectores. Una vez que concluyo un texto, cuya justificación está en el hecho mismo de haberlo realizado, no contabilizo un «debe» y «haber» sobre lectores a quienes les haya interesado.

-Al respecto, Oswaldo, quiero decirte algo  […]

-De acuerdo, pero, necesito responder, con mayor amplitud, tu pregunta relacionada con la escritura directa, lineal, de anécdota abierta o cerrada, que aludes. Entre mis obras, También los hombres son ciudades es la que tiene, efectivamente, más lectores. La mayoría me habla de esa novela y del cuento Aspacia tenía nombre de corneta, mientras desconoce y le cansa Texto de un texto con teresas y otros afines que he publicado. El primero que escribí fue Escuchando al Idiota, que aparece en mi libro de cuentos titulado Los cuatro pies (1948) Diría que fue la levadura de todos mis relatos hasta la actualidad. También los hombres son ciudades fue un paréntesis para sacarme visiones de infante. 

-En los últimos tiempos, Trejo, la mayoría de los prosistas venezolanos ha claudicado ante las exigencias de las editoriales que evitan riesgos. Sólo publican cuanto pueden vender fácilmente. Los libros de relatos, novelas y ensayos de naturaleza histórica que deben ser poco profundos: en exceso periodísticos, cuyos temas seduzcan. ¿Qué opinas?

-Nunca he experimentado una situación como esa, Alberto, que rechazaría. Hasta el momento, ninguna editorial me ha solicitado un libro: ni extenso o breve, lo cual se debe a que tienen la certeza que no podría satisfacerlos con una obra para el consumo masivo. Eso me alegra. No estoy apto para desarrollar temáticas preestablecidas, con grandes ficheros a mano. Soy incapaz de entregar volúmenes de 500 páginas, cada uno sobre lo Humano y Divino […]

«Escribo a causa de esa imposibilidad –expuso para terminar la entrevista-. No de corrido, sino deletreando. Así igual leo los textos de colegas. Mis obras, una vez que salen de las imprentas, evito leerlas. Hacerlo es narcisismo» 





https://www.researchgate.net/publication/330292971_ENTREVISTA_CON_EL_ESCRITOR_OSWALDO_TREJO_EL_UNIVERSAL_CARACAS_1989



Enlaces relacionados:


Oswaldo Trejo en el Salón de relegados (XI)





lunes, 9 de febrero de 2026

Eugenio Montejo y Guillermo Arriaga: Y la Tierra giró para acercarlos

 



Estimados Liponautas


Hoy le hacemos llegar el relato de como  Guillermo Arriaga, llegó a conocer al poeta venezolano Eugenio Montejo  (Caracas, 19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008) y de como obtuvo la autorización por parte del poeta pata incluir unos versos suyo en el guión de la película 21 gramos. Todo un relato muy campbeliano de viaje, de búsqueda y conformación del heroe. Ciertamente no sabemos que tanto de verdad y que tanto de reconformación de la realidad o de la memoria tiene la narración. Pero no podemos negar que el cuento tiene su encanto, más aún con el sabor nacionalista de tener como protagonista a un poeta local y que llegamos a conocer y a coincidir en algunas de las colas oficinescas de la Universidad de Carabobo. Montejo sabía de las taras propias del submundo universitario. Recuerden de como en este blog compartimos con ustedes una carta de Montejo dirigida al Director de Cultura de la Universidad de Carabobo del año 1974 en la entrada: Quisiera pedirte que gestionaras mi aumento, aquí en Lóndres estoy muy apretado. Una carta de Eugenio Montejo a Felipe Herrera Vial..

21 GRAMOS 2003 trailer subtitulado       


Arriaga dice que el uso del fragmento del poema de Montejo en la película 21 gramos le sirvió de impulso al escritor venezolano y lo hizo más conocido. Nosotros creemos que eso sucedió fuera de Venezuela. En nuestro país recordamos que cuando vimos la película junto con unos amigos, que eran empleados de la Universidad de Carabobo, la mención a un poeta venezolano les pareció curiosa y cuando les participamos que el poeta era Montejo no les provocó ninguna reacción porque no lo conocían. Venezuela es el país donde los escritores son conocidos solo si son políticos, funcionarios de cierto peso , escriben telenovelas o salen en televisión. Lo usual es que los escritores solo sean  famosos entre escritores y unos cuantos lectores. Nosotros somos creyentes de que en Venezuela hay dos formas de  medir la popularidad o fama  los poetas: la primera con disgusto y la segunda con gusto. Con disgusto es cuando te meten en el canon y los estudiantes deben padecer la lectura de algún autor y con gusto  cuando algún poema o fragmento se hace parte de la vida diaria como por ejemplo cuando un grafitero escribe con aerosol sobre una pared un verso de algún poeta o cuando recitan el poema de algún escritor en todas las radios por lo menos una vez al año como sucede con Las Uvas del Tiempo de Andrés Eloy Blanco todos los 31 de diciembre. Aunque es bastante curiosa la cantidad de visitas, unas 13.459 desde el año 2007, en el video del poema "En otro cuerpo" una grabación de su participación en el renombrado y muy cuestionado Festival de Poesía de Medellín. Comparenla con las 1334 Visualizaciones del poema "Terredad" que fue subido en 2021.

Conocen la expresión: "Un secreto a voces" para hablar de algo que todo el mundo conoce pero que nadie publicita o comenta, el equivalente en el mundillo literario de Venezuela sería "Un secreto mudo" porque los escritores solo son famosos dentro del gremio, un caso extremo de endogamia literaria. Exceptuando los casos que mencionamos hace unos momentos.

Y la Tierra giró para machacarnos

Imagen tomada de aquí


Un caso curioso dentro del vademecum cultural popular venezolano es el del poco aprecio por Sean Penn, como persona. Usualmente la mayoría de la gente solo lo recuerda porque usaba como pera de boxeo a Madonna. Así que no estamos seguros de como recibiría el público venezolano que Sean Penn, ese que machacaba a Madonna, recitara los versos de Montejo.

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En otro cuerpo (Eugenio Montejo, Venezuela)

13.459 Visualizaciones desde el 9 may 2007 hasta el 8 feb de 2026

https://m.youtube.com/watch?v=IJb8mTxoTW0





Eugenio Montejo; Terredad
1334 Visualizaciones desde el 10 abr 2021 hasta el 9 feb de 2026


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Por qué elegí el poema de Eugenio Montejo en «21 Gramos» y cómo sucedió?, por Guillermo Arriaga


JULIO 27, 2021


Por: Guillermo Arriaga



Contaré aquí por qué elegí el poema de Eugenio Montejo en «21 Gramos» y cómo sucedió. Alguna vez, en casa de Jaime Aljure, mi editor, le dije que no encontraba poetas poderosos. Sacó un libro de Montejo y me leyó en voz alta un par de poemas.


Quedé prendado de la elegancia y la fuerza de Montejo. En una visita a Caracas, pedí su número de teléfono y después de varios días de dudarlo y como vil fan, me atreví a llamarlo. Apenas me escuchaba y me pidió volver a marcarle.


Al contestarme le dije que era un novelista mexicano y que deseaba conocerlo. Me citó, para mi horror, a las siete de la mañana en domingo en un café céntrico. Tenía una cena y dormiría tarde, pero se trataba de Montejo y no pensé cancelar.


Nos encontramos. Los únicos en el café a esas horas. Eugenio Montejo vestía impecable. Traje y corbata. Se aprestaba a un largo viaje. Se portó generoso y amable. Intercambiamos libros y nos despedimos.


En repetidos viajes a Caracas, pregunté en varias librerías por sus libros. No los habían reeditado. Una tristeza. Para mí el mayor poeta vivo y no era conocido en su tierra. En cuanta entrevista me hacían allá, no desaproveché para promover su obra.


Cuando escribí «21 Gramos» decidí hacerle un homenaje a su inmenso poema «La tierra giró para acercarnos». Lo incluí y se decidió producir la película. Le mandé un mail para contarle y respondió con un escueto mensaje de agradecimiento y de alegría por ello.


Cuando los abogados del estudio vieron que había incluido un poema, me informaron que era necesario un documento por escrito y notariado donde Montejo. Le escribí a Eugenio pidiéndoselo. No respondió. Desesperado intenté llamarle. Nada. Le mandé docenas de mail. Nada.


Los abogados americanos me advirtieron: «si no hay autorización por escrito, el poema no va». Le mandé más correos a Montejo implorando por el documento. Nada. «No va», insistieron los abogados. Pregunté qué podía hacerse.


La única alternativa era que yo entregara un documento notariado donde me hiciera responsable financiera y legalmente por cualquier demanda que el autor ejerciera contra el estudio. Lo entregué. No deseaba que el poema se excluyera de la película.


La película se exhibió en varios países y el nombre de Montejo empezó a ser conocido. Se reimprimieron sus libros en Venezuela con grandes tirajes, y el público venezolano se paraba a aplaudir en los cines cuando Sean Penn recitaba su poema.


Me sentí feliz del éxito del poema pero aún pendía sobre mí una posible demanda por incluirlo, hasta que una noche recibí una llamada. Era Montejo. Se disculpaba por no haber contestado los correos. Él pensaba que se trataba de un cortometraje estudiantil y que exagerábamos al pedirle un documento notariado. Que nunca pensó que Sean Penn fuera quien hiciese mención a su poema. Nos hicimos amigos. Juntos viajamos a Valencia, su ciudad, a presentar «Los elefantes nunca olvidan», cortometraje dirigido por Lorenzo Vigas y que yo produje.



Ese viaje en carretera, de casi dos horas y media, lo guardo como uno de los mejores de mi vida. Montejo me deslumbró con anécdotas y relatos sobre su vida, sobre Caracas, sobre Venezuela, sobre su brillante poesía.


Nos volvimos a ver en México y me llamó para invitarme a la entrega del Premio Octavio Paz que merecidamente le fue otorgado. Desafortunadamente, Eugenio murió al poco tiempo por cáncer pulmonar. Lamenté, y aún lamento, su partida. Le quedaban decenas de poemas por escribir.


En estos tiempos aciagos para Venezuela, nada mejor que releer a Montejo y recordar la belleza y claridad de su escritura.


 


La tierra giró para acercarnos

La tierra giró para acercarnos,

giró sobre sí misma y en nosotros,

hasta juntarnos por fin en este sueño,

como fue escrito en el Simposio.

Pasaron noches, nieves y solsticios;

pasó el tiempo en minutos y milenios.

Una carreta que iba para Nínive

llegó a Nebraska.

Un gallo cantó lejos del mundo,

en la previda a menos mil de nuestros padres.

La tierra giró musicalmente

llevándonos a bordo;

no cesó de girar un solo instante,

como si tanto amor, tanto milagro

sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito

entre las partituras del Simposio.


Eugenio Montejo

 


https://cesarmiguelrondon.com/intereses/tambien-sucede/por-que-elegi-el-poema-de-eugenio-montejo-en-21-gramos-y-como-sucedio-por-guillermo-arriaga/





A continuación el dialogo de la película donde se recita el fragmento del poema: 
 

Paul Rivers (Sean PennCristina Peck (Naomi Watts)
 


Paul Rivers: -Hay un número oculto en cada acto de la vida, en cada aspecto del universo, fractales, materia… hay un número que clama por decirnos algo…. te estoy aburriendo.

Cristina Peck: -No, no, yo…, lo siento.

Paul: -Lo se, lo que intento explicar es que los números son una puerta para entender un misterio que es mayor que nosotros. El modo en que dos personas desconocidas llegan a conocerse. Hay un poema de un escritor venezolano que empieza: “La tierra giró para acercarnos más, giró sobre si misma y en nuestro interior hasta que por fin nos reunió en este sueño”

 

Cristina: -Muy bonito

Paul: -Tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan. En el fondo, eso son las matemáticas.



La transcripcion del dialogo fue tomada de Jaquemate









En la siguiente entrevista radiofónica que le hizo en su programa "¡Los Increibles!, el escritor  Leonardo Padrón a Eugenio Montejo, este último recita los tres verso que recita Sean Penn, en el minuto 16:28.



Los Imposibles de Leonardo Padrón con Eugenio Montejo: Poesía para el mundo🌎

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