Delcy Rodríguez pasando frente a los retratos de Chávez y el Bolívar chavista. Fotografía de Ariana Cubillos
Se cierra el círculo
El chavismo nació de hecho el 4 de febrero con una traición, algunos militares se levantaron contra un gobierno electo traicionando su juramento (odiaban la subordinación al poder civil) y nada más querían el poder y no el gobierno.
Se apoyaban en la izquierda militarista de esa llamada leninista (civiles con su dosis militarista) con aquello de “un frente, un ejército, un partido”. Todos los demás salimos sobrando, algunos se dieron cuenta mucho antes y otros nos dimos cuenta cuando Chavez cambió su propia constitución. Teodoro Petkoff fue premonitorio y nos agarró en la “bajaita”.
Como dicen “Lo que mal comienza mal acaba”. Algunos militares comenzaron traicionando a Carlos Andrés Pérez y a la constitución de esos días, luego traicionarían a Chávez (Cuba abrió su embajada en USA y viceversa, el presidente de Estados Unidos visitó Cuba). Viento en popa comandante Raul, el otrora líder llanero ya no estaba en el horizonte, los cubanos habían realizado un extraordinario trabajo, ahora estaba el grandote de la escuela Ñico López, pero por cosas de como alguna vez la calificó Alfredo Maneiro” La atlética democracia norteamericana” se interpuso el catire Trump y todo se desdibujó. Y el plan preconcebido ya no servía de nada.
Vinieron los días de la acumulación de riqueza, los cuentos de camino, la huida de millones, el militarismo civil, los presos y más presos, la invención de leyes al vapor para acabar con cualquier opositor, elecciones que no elegían, el lumpen convertido en brigadas de asalto, las consignas fabricadas, los antiguos secuestradores de algún industrial gringo “era devorado por los puercos” según dijo un fiscal que como Tarek solo le creeremos si se le coloca un polígrafo.
Ese órgano cargado de militarismo civil, de viejos ñangaras con chapa de agentes, de viejos irreductibles reducidos al papel de infiltrados, delatores, torturadores, maestros del seguimiento, de la persecución y de la intriga. Dignos discípulos de Fouche. Pero sin su educación y tampoco sin su cultura, claro tampoco había un Napoleon en Miraflores, quizás un Calígula, quizás un Nerón con todo y corte, con sus Guardia Pretoriana (dispuesta a traicionarlo por muchos denarios) Ya lo habían hecho en 1992 y el 2002 y también antes, la lealtad estaba en papel verde impreso.
Todo desde el principio estaba podrido, eran ramas aún verdes de un árbol ya muerto, no había frutos que buscar quizás alguna guayaba envenenada, cada uno movia sus hilos, se perseguían, se denunciaban, se delataban, gritaban consignas con vehemencia inusual, se percibían a sí mismos como generales vietnamitas derrotando a imperios, se fotografiaban con maquetas de ciudades como si fueran las tropas del Ejército Rojo dispuestos a defender a Stalingrado. Nada era cierto, los cañonazos en moneda extranjera borraron las defensas, acabaron con los puntos de resistencia, destronaron a nuestro Nerón tropical, que ya se había vuelto muy goloso y no repartía entre su “fiel” jauría.
Todo terminó como empezó, como tenía que terminar una oda a los Procesos de Moscú, el tres de enero fue el acabose no hubo una rendición, no hubo capitulación, los bocones se rindieron y quien sabe que le hicieron a los 32 sacrificados, tan tenebrosos como a quien protegían, los pretorianos fueron sacrificados por los centuriones.
Ahora viene el tiempo de los diputados o “cenadores” cada uno con sus togas o sus trajes de sastre, cada uno haciendo apología de Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, personificando hasta en los detalles más pequeños a sus iguales de hace XX siglos. Cada uno soñando con treinta monedas de plata, cada uno esperando que el gallo cante para negar su pasado y sus juntas.
El horizonte nacido en un golpe de Estado el 4 de febrero de 1992, terminó igual, claro con tropas más capaces y que esta ocasión y sí lograron los objetivos planteados. Parafraseando aquello del golpista fracasado el 4 de febrero. Lo nacido con violencia y traición finalizó en su propia ley “violencia y traiciones esta vez en plural”
Yuri Valecillo
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Yuri Valecillo, fotógrafo nacido en Valencia, la de Venezuela dándose lo que ahora es un gusto mantuano en Venezuela en el 2019: Tomarse un café. Hace algún tiempo el café era sumamente costoso en Venezuela, en esta tierra los alimentos alcanzan precios que rozan las nubes aunque últimamente los precios han bajado un poco.
Yuri Valecillo nació en Valencia en 1961. Desarrolla su actividad de manera continua en el diseño gráfico. Publica actualmente en más de veinte medios de Europa y América Latina, cuenta con 41 exposiciones individuales de fotografía y más de cincuenta portadas de revistas y libros, colaborador incesante en medios de Venezuela y América Latina, habla y lee francés, expositor de la Cátedra de Fotografía para la Revista Generación (México). Ha impartido cursos y talleres de fotografía en la Universidad de Carabobo (Venezuela). Coordinador de Fotografía de la revista Rino (México), Colaborador de la revista El Cotidiano (UAM), Cofundador de la Revista Generación, cuenta con varios escritos publicados.
El pasado , 4 de junio de 2026 falleció la escritora, dibujante, directora de cine y activista por la democracia Marjane Satrapi, debido a la tristeza causada por la muerte de su esposo Matías Ripa en el año 2025.
MATTIAS RIPA, ACTOR Y ESPOSO DE MARJANE SATRAP (FUNDACIÓN CINE MATTIAS Y MARJANE RIPA-SATRAPI / LAURA WILSON )
Marjane Satrapi: ni supersimpática, ni supertolerante, pero…
22/10/2024 - Alfonso Bueno López
El próximo 25 de octubre tendrá lugar el acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2024 en el Teatro Campoamor de Oviedo. El de Comunicación y Humanidades se ha otorgado en esta ocasión a la artista multidisciplinar iraní Marjane Satrapi. El jurado ha destacado su lucha por la libertad y los derechos humanos, y cómo Satrapi se ha convertido en un símbolo del compromiso social liderado por las mujeres.
«No sé realmente si lo que he hecho por la humanidad es tan notable», declaró la artista tras recibir en abril la noticia de la concesión del galardón, aprovechando la oportunidad «para celebrar la feroz lucha de mi pueblo por los derechos humanos y la libertad» y dedicando el premio al cantante de rap Toomaj Salehi, condenado a muerte por apoyar las protestas desencadenadas tras el fallecimiento de Mahsa Amini, la joven de 22 años que murió tras haber sido detenida por la policía de la moral iraní por no llevar el velo conforme estipula la ley islámica. Aunque el Tribunal Supremo de Irán acabaría anulando en junio la condena al rapero, la represión del régimen hacia su pueblo, especialmente hacia las mujeres, sigue siendo una realidad de la que Satrapi es una de las voces más críticas.
Protestas causadas por el asesinato de Mahsa Amini. Imagen tomada de aquí
Que se le haya concedido el Princesa de Asturias en la categoría de Comunicación y Humanidades, en lugar de en la de las Artes (otorgado a Joan Manuel Serrat), muestra una doble intención, reconocer la labor de la artista a la vez que se denuncia la violencia machista instaurada en Irán. Una tendencia cada vez más manifiesta a nivel internacional, como demuestra que en 2023 se entregara el Nobel de la Paz a la activista por los derechos humanos iraní Narges Mohammadi, pero aún insuficiente, como remarcaría la propia Marjane Satrapi al denunciar las reticencias de Josep Borrell para señalar a la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista. «El impacto real de este premio llegará el día en que se reconozca ese Estado como un Estado terrorista», declararía la artista en una rueda de prensa. «Borrell dice que no. Pero Irán está llevando a cabo cinco guerras en Irak, Líbano o Siria… Estos grupos terroristas no funcionarían sin la ayuda de Irán. ¿Qué más pruebas necesita para declararlos terroristas?».
En la misma rueda de prensa, la autora de Persépolis dejaría a un lado la solemnidad para decir claramente lo que piensa sobre su reconocimiento: «Si yo me convierto en símbolo del diálogo y de la tolerancia, si alguien como yo recibe este premio es que el mundo debe ir muy mal, porque no soy ni supersimpática, ni supertolerante ni estoy contra la violencia al 100%. Entonces digo, joder, si yo recibo este tipo de galardón es que las cosas deben estar muy mal».
Satrapi nació en 1969 en Rasht (Irán), siendo la única hija de Ebi y Taji Satrapi, una pareja progresista y de clase alta que al principio recibió con optimismo la revolución islámica liderada en 1979 por el ayatolá Jomeini para acabar con el régimen corrupto del Sah Mohammad Reza Pahleví. De la noche a la mañana al nuevo régimen se le cayó la careta, revelando un extremismo tiránico que mermó los derechos de las mujeres a su mínima expresión: las iraníes perdieron el derecho a solicitar el divorcio y la oportunidad de conservar la custodia de sus hijos, la edad mínima de una niña para contraer matrimonio se redujo de los 18 a los 9 años y se introdujo un código de vestimenta que obligaba a las mujeres a llevar el velo en público. En palabras de Marjane Satrapi, el régimen fue «un sueño que se convirtió en pesadilla y después en infierno».
Aunque Satrapi estudiaba en Teherán en una escuela laica, mixta y bilingüe, tuvo que ponerse el velo como el resto de sus compañeras y ver cómo las niñas eran separadas de sus amigos varones. A los diez años vivió esas injusticias desde la frustración, la rebeldía y el juego. En Persépolis recuerda cómo ella y sus compañeras de clase se quitaban los velos para atarlos y saltar a la comba en el recreo. Marjane desafiaría al régimen, vistiendo ropa occidental, escuchando punk y asaltando a sus profesores con preguntas incómodas y acusaciones de tergiversar la realidad. Preocupados porque acabara siendo detenida, sus padres la enviaron en 1983 a Viena para que continuara sus estudios. En Europa, Marjane seguiría desafiando a la autoridad. Sería expulsada de una residencia de monjas y descubriría la contracultura viviendo en la calle. Cuando estuvo a punto de morir de bronquitis no le quedó más remedio que volver a su país.
En Irán se sentiría como una extranjera. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Teherán, retratando a modelos que en lugar de posar desnudas estaban cubiertas por un velo. A los 21 una depresión la empujaría a casarse, buscando una falsa salida a la opresión. El fracaso de su matrimonio haría que abandonara Irán definitivamente, estudiando en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo y, posteriormente, trasladándose a París, donde actualmente sigue residiendo. A partir de 1997 se dedicaría a escribir e ilustrar libros infantiles como Adjar o Los monstruos tienen miedo de la luna.
En París, miembros del colectivo L´Association sugirieron a Satrapi que trasladara sus recuerdos de infancia a una novela gráfica. La autora pensaba que el cómic no tendría mayor repercusión que las cincuenta fotocopias que había pensado repartir entre sus amigas, pero el primer tomo de Persépolis, publicado en el año 2000, sería un gran éxito con el que obtendría el premio Coup de coeur a la mejor autora revelación del Festival de Angoulême. El guion del segundo tomo también sería galardonado en Angulema, mientras que el tercer y cuarto tomo de la serie acabarían por consagrarla a nivel internacional.
En Persépolis, la autora opta por narrar su historia con un blanco y negro naíf y expresionista, acorde con una época y un país sin matices, donde la protagonista es una niña irreverente, que tiene que convivir con el horror de la barbarie religiosa. Satrapi narra los hechos más traumáticos de su infancia y adolescencia, como la detención y asesinato de su tío Anouch, pero no se muestra complaciente consigo misma, siendo capaz de mirarse en el espejo más oscuro al narrar cuando se vio obligada a vender droga en Viena, su depresión o sus coqueteos con el nacionalismo en el transcurso de la guerra entre Irán e Irak. Persépolis es un honesto y comprometido relato autobiográfico, que atrapa a quien se adentra en sus páginas.
Satrapi creó una novela gráfica de singular profundidad. Quien diga que el cómic social comenzó con Persépolis solo demuestra su desconocimiento del medio, pero el éxito de la obra hizo mucho por la visibilización del cómic hecho por mujeres, contribuyendo a cambiar las condiciones de un medio tradicionalmente masculino, además de mostrar a los lectores la realidad de Irán.
En palabras de la autora: «Mi propósito era contar la historia de Irán a través de mi propia historia, con mi nombre, para no parecer una socióloga o una historiadora. Solo soy una persona que nació en un tiempo y lugar concreto y fue testigo de algo». Por encima de otras obras prestigiosas, como Maus, de Art Spiegelman, o Watchmen, de Alan Moore, Persépolis es un libro presente en las estanterías de muchas personas que no suelen leer cómics, y eso es un gran logro.
L’École des filles.
Su siguiente cómic sería Bordados, publicado originalmente en Francia en 2003 por L’Association, una historia que explora el mundo íntimo de las iraníes a través de las conversaciones entre mujeres de distintas generaciones de su familia durante la hora del té, mientras los hombres duermen la siesta. Pollo con ciruelas se editaría en 2004 y narraba la historia de otro pariente de Satrapi, Nasser Ali, un intérprete de tar (un laúd tradicional iraní) que perdió la ilusión de vivir. El cómic recibiría el premio al mejor álbum en el Festival de Angoulême.
Satrapi dejaría a un lado el cómic para centrarse en otras facetas, como sus tapices y sus lienzos de retratos femeninos, exhibidos en salas de exposiciones parisinas como la Galería Jérôme de Noirmont, o su faceta más conocida como realizadora. Debutaría en el cine codirigiendo, junto al también historietista Vincent Paronnaud, Persépolis (2007), la adaptación al cine de animación del cómic más conocido de la autora. La película contaría en su doblaje con la participación de Chiara Mastroianni y su madre, Catherine Deneuve. El gobierno de Irán envió una carta a la embajada francesa en Teherán para protestar contra la película y presionó a los organizadores del Festival de Cine de Bangkok para que la eliminaran de la programación. Persépolis fue aclamada como una lograda adaptación al cine de la obra de Satrapi, llegando a ganar el Premio del Jurado de Cannes en 2007 y una nominación a un Óscar.
Su segunda incursión en el cine, de nuevo junto a Vincent Paronnaud, sería otra adaptación de uno de sus cómics. Pollo con ciruelas (Poulet aux prunes, 2011) se rodaría en imagen real con un reparto que incluía a Golshifteh Farahani, Maria de Medeiros, Mathieu Amalric y Chiara Mastroianni. El filme fue premiado en los festivales de Abu Dhabi y São Paulo.
Su debut cinematográfico en solitario, La bande des Jotas (2012), supuso su primer fracaso. Tal vez la autora se propuso demasiado, pues no solo dirigió la película, sino que escribió el guion y asumió el papel protagonista.
Con The Voices (2014) dio el salto a Hollywood, por primera vez con una historia ajena. Al ser preguntada por la diferencia a la hora de afrontar el proyecto declararía: «Pongo todo mi corazón, mi cerebro, mi sensibilidad. Incluso si la historia no es mía, desde el momento en que la abrazo y la imagino, se vuelve mía».
En su siguiente película, Madame Curie (Radioactive, 2019), adaptaría el libro ilustrado de la autora Lauren Redniss Radiactivo. Una historia de amor y efectos colaterales para rendir tributo a la científica pionera en el campo de la radioactividad y uno de los referentes que han marcado el espíritu de insubordinación de Satrapi: «Marie Curie, igual que yo, fue una inmigrante en París educada para ser una mujer independiente, pero lo que más me gusta de ella es que fue un genio, con todo lo que implica serlo: no ser una persona fácil con quien convivir. Y mientras a los hombres se les perdona fácilmente este detalle, las mujeres tienen que estar siempre guapas y ser amables, o llevar arreglado el pelo».
Madame Curie (Radioactive, 2019).
Con este largometraje, la directora reivindicaría la necesidad de hacer más películas sobre grandes figuras femeninas: «Si la mitad de la población mundial son mujeres, la mitad de las historias deberían ser sobre ellas». La última producción cinematográfica dirigida por Satrapi hasta la fecha es Paradis Paris (2024), una comedia de humor negro protagonizada por Monica Bellucci y Rossy de Palma.
Radioactive – Official Trailer - 2019| Prime Video
Satrapi tenía la esperanza de que en unos años Persépolis hubiera quedado obsoleta, pero más de veinte años después de su publicación, el cómic sigue siendo un reflejo de los abusos cometidos contra las mujeres en Irán. Aun así, la autora se muestra esperanzada por la respuesta que está dando la población iraní tras el asesinato de Mahsa Amini: «Es una mezcla de alegría y tristeza. Tristeza porque, de nuevo, tenemos que perder a nuestros hijos. Y alegría porque la cultura ha cambiado. Este es el primer movimiento feminista que conozco en el mundo en el que las mujeres llevan a los hombres a protestar con ellas. Están detrás de estas chicas, están todas unidas. Es realmente un movimiento de derechos humanos. Se ha convertido en un movimiento global de la juventud contra el arcaísmo, de la democracia contra la dictadura».
La artista coordinaría la antología de cómic Mujer vida libertad, un trabajo colectivo publicado en 2023 donde participan diecisiete autores y autoras iraníes (como Mana Neyestani, Touka Neyestani, Bahareh Akrami y Shabnam Adiban) e internacionales, incluyendo al valenciano Paco Roca y a la madrileña Patricia Bolaños. Con esta obra, Satrapi pretende explicar qué ocurre en Irán y lanzar el mensaje a sus compatriotas de que no están solas. El cómic se ha publicado online en farsi de forma gratuita, para que puedan acceder a él todas las iraníes. La autora se muestra optimista respecto al destino de su país: «El Irán del mañana es el Irán de las mujeres, apoyadas por los hombres».
Marjane Satrapi es doctora honoris causa por las universidades belgas UC Louvain y KU Leuven, Comandante de la Orden de las Artes y las Letras de Francia y, desde 2024, miembro de la Academia de las Bellas Artes del país galo. Pero el reconocimiento de su figura no ha menguado su rebeldía ni su obligación como artista de hacerse preguntas. Por encima de todo, es consciente del papel impuesto a las mujeres y de la necesidad de superarlo: «Siempre hemos tenido que portarnos como la sociedad espera. Es un sistema impuesto por la educación. Yo, personalmente, no me comporto como se espera de mí. Las mujeres, en realidad, tendríamos que comportarnos de una manera inesperada. Tal vez toda la humanidad debería comportarse de forma inesperada».
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Alfonso Bueno
Apasionado del cine, la música, el arte, la literatura y los cómics, Alfonso Bueno López es un guionista, escritor y traductor nacido en Madrid en 1977. Ha publicado sus historietas de cómic en España, Argentina, EE.UU. y México, en revistas como Cthulhu, Terminus, Bloke’s Tomb of Terror, Killer Toons o La Resistencia. En 2020 publicó con Grafito Editorial su primera novela gráfica, Satanela, realizada junto al dibujante Diego Simone. Ha escrito tres ensayos de cine, publicados por Diábolo Ediciones: Más allá del arcoíris (2018), ¡Desenfunda forastero! (2019) y Sangre, sudor y puños (2020). En la actualidad prepara un nuevo libro de cine y otros proyectos literarios, además de traducir cómics de los años cincuenta.
“En El Diente Roto los personajes son las palabras”
Alberto Hernández domingo 29 de mayo de 2022
Rafael Victorino Muñoz: “El Diente Roto está más cerca de la enciclopedia que de la revista”.
Juan Peña es un personaje creado por el escritor venezolano Pedro Emilio Coll. Ese invento fue titulado “El diente roto” y se hizo cuento, leyenda, relato casero y callejero en un tiempo cuando en Venezuela era posible convertir en reales a los personajes de cuentos, novelas o películas. Juan Peña entonces andaba con los muchachos en la escuela (porque también los escolares lo inventaban a diario), siempre tocándose el diente con la lengua. Se concentraba tanto en su curiosidad bucal que lo creyeron genio. Hasta que se murió. Pero nada, quedó el nombre de Juan Peña y Pedro Emilio Coll se reveló como el escritor que ya era, pero que necesitaba a un personaje como ese para pasar a la posteridad.
“El diente roto” es uno de los cuentos clásicos venezolanos. Uno de los relatos donde el narrador entra en la psiquis del personaje y hace que éste entre en la del lector, quien a veces usa su lengua para confirmar que también tiene o no un diente maltratado por un guijarro que unos granujas le lanzaron al pobre Juan Peña.
Ahora, en tiempos de lectura electrónica, cuando Juan Peña es una referencia, aparece como duende literario en una página que lleva por título el mismo que Coll le puso a su historia. Se trata de una página literaria dedicada a ofrecer publicaciones venezolanas de varios géneros a los lectores del mundo internauta: El Diente Roto, creada y dirigida por Rafael Victorino Muñoz, ya tiene un asiento en la primera fila de publicaciones alternativas.
Pensábamos en algo más bien como una revista, un blog acaso. En ese momento comencé con unas cuentas de redes sociales.
—¿Cómo nació El Diente Roto?
—La idea de un espacio como El Diente Roto nació hace unos años, con quien era mi pareja. Creo que al principio no era tan ambiciosa como es hoy día, o era distinta. Pensábamos en algo más bien como una revista, un blog acaso. En ese momento comencé con unas cuentas de redes sociales. Lo cierto es que ella se fue, pero la intención quedó. Tal vez sea lo bueno de las ideas. En fin.
—Unas se van, otras quedan. Así, quedó El Diente Roto.
—El nombre siguió intacto. Te comento que éste nació con la misma idea. Fue automático. Y me gustó porque es emblemático de la literatura venezolana. No hay quien no conozca el cuento y no lo asocie con nuestras letras. Había otras opciones, pero no me cuadraban, o estaban ocupadas. Por ejemplo, “Doña Bárbara” ya era un restaurant. “La mano junto al muro” y “País portátil” también los habían usado. Lo cierto es que por un tiempo el proyecto cayó como en un limbo, que no era en realidad un limbo inactivo, ya que siempre estaba dándole vueltas en la cabeza (aunque ahora ya solo). Me ponía a pensar en lo que me gustaría que fuera, lo que tendría.
—Es una hermosa aventura. Sacar del olvido a un autor, a Pedro Emilio Coll, por ejemplo.
—Sí, paralelamente, siempre me encontraba con situaciones, en la realidad o por lo que las personas me preguntaban, y que me reforzaban en la intención. A veces entraba en alguna librería y observaba que sólo había alguno que otro autor venezolano, de esos que están más o menos de moda, y esto lo digo sin connotación peyorativa. Además de los clásicos de siempre.
—Uno de los trabajos necesarios: leer los libros olvidados...
—Pero un libro tuyo o mío, poeta, es algo no muy común. Parece una paradoja, y no sé si en algún otro lugar del mundo suceda: los libros más difíciles de encontrar en Venezuela son los de los autores venezolanos. También comencé a ver que había algún que otro material de nuestros escritores en distintas webs, algunas que hacen y hacían un trabajo muy bueno, como por ejemplo Ficción Breve, Letralia, Vomité un Conejito, (😨Falta el Grupo Li Po🤪😝). Pero por otro lado me encontraba con que faltaban muchas cosas. Si por ejemplo uno escribía el título “La balandra Isabel llegó esta tarde”, otro cuento venezolano emblemático, encontraba un millar de páginas hablando de la película y en ninguna podía leer el cuento (ahora sí está: en El Diente Roto).
—Afortunadamente...
—También algo que se sumó como un motivo más, y que estaba sucediendo en los últimos años, era que el panorama del libro en Venezuela había ido cambiando. Editoriales alternativas que ya no publican, concursos que han desaparecido, espacios que se han ido perdiendo...
—Sí, la nueva realidad nacional. El nuevo orden cultural criollo.
—De este modo, para los autores es cada vez más cuesta arriba ver un libro con su nombre en la portada. Y aunque podían y pueden hacerlo motu proprio, cada iniciativa queda como dispersa. Haría falta como un espacio que funcionara como un crisol para la literatura de creación, así como para el trabajo investigativo, pensaba yo.
Me dije: bueno, ¿por qué no dejas de quejarte por lo que hace falta y vas y lo haces? Y así fue. Pagué mi dominio y mi alojamiento y comencé con El Diente Roto, yo solito.
—¿Qué razones te movieron a crear El Diente Roto?
—Serían muy largas de enumerar las razones que se iban sumando. Sin embargo, no me decidía. Creo que el detonante de todo fue, para mí, la muerte de mi querido profesor Orlando Chirinos. En ese momento, para recordarlo, me puse a releer uno de sus libros: En virtud de los favores recibidos. Una obra por demás muy buena. Al terminarlo revisé el colofón y veo que se habían impreso quinientos ejemplares del mismo. Y que la edición era de una universidad. Me pregunté cuántos libros de esos habrán salido del ámbito de la universidad, cuántas personas más lo habrán leído, por qué una obra tan buena no llega a más personas...
—Tantos ejemplos de libros que no se ven porque el tiraje es mínimo.
—Esas preguntas se sumaron a las demás que ya tenía y me dije: bueno, ¿por qué no dejas de quejarte por lo que hace falta y vas y lo haces? Y así fue. Pagué mi dominio y mi alojamiento y comencé con El Diente Roto, yo solito, sin pedir permiso a nadie ni consultar cómo se supone que debía hacerlo. Porque aunque yo sé usar redes sociales, tengo correo y demás, nunca había creado una página. Y como no tenía ni tengo dinero para pagarle a un diseñador, me tocó aprender por ensayo y error.
—Y así nació...
—Y allí está El Diente Roto; nos falta poco para cumplir un año y siento que hemos logrado ya calar en el ánimo del lector. Y ya no estoy tan solo. Se han venido a sumar al proyecto algunas personas, que me envían colaboraciones y me apoyan. Puedo mencionar al respecto a Gabriel González, quien fue el primero que me dio una mano con la página, aunque luego tuvo que asumir otros compromisos; también a José Ignacio Ochoa, a José Ochoa Díaz, a Milagros Mata Gil...
—¿Quién más te acompaña en esta aventura?
—Por ahora cuento con mis dos manos derechas que son Mirih Berbin y Alirio Fernández Rodríguez, quienes me ayudan muchísimo con las redes sociales de El Diente Roto. Además, junto con Mirih estamos comenzando a trabajar en un blog de la literatura venezolana en inglés, llamado por supuesto: The Broken Teeth. Y Alirio está también haciendo un trabajo extraordinario, unos retratos hechos de palabras sobre nuestros autores contemporáneos... Sé que nos faltan todavía muchos escritores y obras por publicar y muchas cosas por mejorar, sobre todo en la parte gráfica. Espero en algún momento poder contar con el concurso de un buen diseñador, para mejorar en este sentido. Pero por ahora me siento contento con la forma que va tomando la página, sobre todo por la organización de los contenidos en las secciones de cronología e índice.
—¿Cómo defines genéricamente tu publicación?
—Debo aclararte que el concepto de El Diente Roto está más cerca de la enciclopedia que de la revista. Y es así como siempre lo he querido, desde que se materializó en la realidad virtual de la web. La idea es tener a los autores ordenados alfabética y cronológicamente y desde allí acceder a sus biografías y desde las biografías a los textos de cada uno. Aunque cuando se entra por la página principal es como si fuera una revista. Pero si entras en las secciones correspondientes a cada género, entonces funciona como una antología, de poesía, de cuento, de ensayo. Y si te vas por la sección “Biblioteca”, es eso: una biblioteca digital de literatura venezolana. Así que El Diente Roto, más que una revista, tiene algo de historia, de enciclopedia, de antología (varias antologías) y de biblioteca. Es a lo que aspiramos.
La meta es que aparezcan, algún día, todos los autores de este país que hayan publicado por lo menos un libro.
—La meta: ser una fuente permanente de consulta para el investigador y una fuente de solaz para el lector.
—¿Qué lee Rafael Victorino Muñoz?
—Bueno, leo relatos breves, pero también cuentos y novelas. Entre mis gustos están Italo Calvino, Jorge Luis Borges, Cesare Pavese, Camilo José Cela. Entre los venezolanos están José Rafael Pocaterra, Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri. Los poetas como Vicente Gerbasi y Fernando Paz Castillo.
—Tengo entendido que vives en Valencia, estado Carabobo.
Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.
Rafael Victorino Muñoz
Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño,El Espectador,Letra Inversa,La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).
Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).
Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos. (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés.