domingo, 10 de mayo de 2026

Carmen Seijas, necesita nuestro apoyo para iniciar el tratamiento de radioterapia.

 




Mi mamá Cármen Seijas, una venezolana, madre, abuela y gran profesional, fue diagnosticada de una metástasis en la región craneal, derivada de un cáncer originario de mama.

El tratamiento indicado es un ciclo de 15 sesiones de radioterapia 3D, para controlar el avance de la enfermedad, aliviar síntomas y mejorar su calidad de vida. 

El dinero recaudado será destinado a del tratamiento, exámenes y asistencia.

META 5000 DÓLARES

Transferencia a pagomovil: Banco Nacional de Crédito

Samuel González Seijas C. I. 10542934. 

Teléfono: 0412-9285995.

Cuenta 01090050252350541631. 

Email: samuelson008@gmail.com

Paypal: sernad.edpay@gmail.com 


Cualquier aporte suma. Si no puedes en estos momentos difúndelo por tus redes. ¡Gracias de corazón!


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jueves, 7 de mayo de 2026

Guillermo Cerceau: Luis García es profesor, médico, editor y mi amigo

 


Estimados Liponautas


Hoy compartimos este texto de Guillermo Cerceau cuando su amigo Luis Silverio García Henríquez (1947-2023) aún vivía.


Disfruten de la entrada.


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Mi amigo Luis Silverio García Henríquez es muy conocido en tres ámbitos de la sociedad venezolana, principalmente en, aunque no limitado a, la ciudad de Valencia. Muchos, o mejor dicho, muchísimos egresados de la Universidad de Carabobo lo conocen como un excelente profesor de anatomía e histología; no sé cuántos de los médicos de las últimas promociones pasaron por su cátedra pero estoy seguro de que se trata de un gran porcentaje.

El afecto y la admiración que le profesan sus antiguos alumnos lo he comprobado cuando, por ejemplo, estando en un supermercado haciendo las compras o

sentados en una pizzería, se le acercan a manifestarle su respeto y el recuerdo de sus clases.

Todos los testimonios que he recogido hablan de un educador excepcional, no solo por el dominio de su materia y la amplitud y profundidad de sus conocimientos sino también por su trato con los estudiantes y su honestidad académica y personal.

El segundo espacio en el que Luis es muy conocido y reconocido es el del mundo cultural en general y el de la literatura en particular, sea esta de carácter artístico o científico, ya que se ha desempeñado como editor durante muchas décadas.

De su imprenta han salido obras notables, libros cuidadosamente elaborados, en diversos formatos, siempre con la máxima calidad editorial. Trabajé dos años con Luis como corrector de textos, que en su mundo casi significa ser asesor y guía del autor, ya que uno no puede limitarse a corregir la ortografía o reformular una frase ambigua sino que siempre debe ir más allá.

Más de una vez (¡muchas más!) nos hemos quedado hasta la madrugada verificando un término técnico, expresiones en otros idiomas, la exactitud de una cita o el cumplimiento de las normas bibliográficas.

El perfeccionismo de Luis ha llegado a extremos que solo puedo explicar con una anécdota. En una oportunidad, el autor de una novela describía una situación ficticia que sucedía en una heladería en la capital italiana.

Consultamos Google Map y verificamos que el establecimiento se encontraba donde la novela lo ubicaba y que los recorridos del protagonista en la Ciudad Eterna eran totalmente verosímiles. Creo que muy pocos editores, por no decir ninguno, al menos en nuestro país, llegan a ese grado de compromiso con su cliente.

Luis ha editado libros altamente especializados que exigen un tratamiento de mucho profesionalismo, no solo en cuanto al proceso editorial propiamente dicho, sino al dominio de muchas disciplinas y a la posesión de recursos intelectuales muy extensos; sin estos, la capacidad de corregir y a veces mejorar un texto, de hacer preguntas pertinentes y sugerencias oportunas al autor sobre la redacción, la bibliografía, las notas o la claridad de los conceptos sería absolutamente imposible.

Hay un tercer ámbito en el que mi amigo ha tenido una actividad destacada y es el de la ciencia. Fue presidente de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (ASOVAC), ha editado libros y monografías de diversas áreas de las ciencias naturales y en particular la medicina.

Por otra parte, su formación científica le ha llevado a participar en actividades de divulgación, en la elaboración de propuestas y en la reflexión permanente sobre asuntos tan diversos como el impacto del COVID en el mundo del trabajo, el cambio climático y muchos otros temas que revelan no solo su capacidad intelectual sino, principalmente, su sensibilidad social y su búsqueda de un mundo mejor para todos.

Creo que la mayoría de quienes conocen a Luis conocen uno o tal vez todos estos escenarios en los que se ha desarrollado su vida. Es posible, sin embargo, que muchos no conozcan otros aspectos de su persona, de los cuales mencionaré solo unos cuantos que mientras escribo  me vienen a la memoria.

Por ejemplo, ¿cuántos saben que Luis es un locutor certificado? No solo porque posee una voz muy potente y un excelente dominio del idioma sino porque se tomó la molestia de procurarse la formación profesional que dicha actividad requiere.

¿Cuántos otros saben que es un excelente fotógrafo, que llegó a acumular una impresionante colección de fotografías, algunas de ellas de muy alta calidad o que es diplomado en cine, que ha elaborado una teoría de los fundamentos biológicos del amor, que ha desarrollado un proyecto de cultivos vegetales en espacios reducidos, vinculado a consideraciones ecológicas, sociales y educativas con resultados tan asombrosos que han dejado atónitos a quienes los han conocido (por ejemplo, una de sus más recientes actividades consistió en cultivar seiscientas plantas de distintos vegetales en el techo de su casa).

Pudiera seguir mencionando proyectos, actividades y logros en múltiples áreas del conocimiento y la práctica pero creo que el lector ya se ha hecho una idea de su carácter polifacético.

Luis ha sido siempre un gran soñador. Lo conocí a través de un amigo común, el Dr. Vicente Pontillo, hace más de cuarenta años.

En esa época me acerqué a su taller porque ambos teníamos interés en el uso de las computadoras para la agricultura, mucho antes de Internet, Luis se planteaba la creación de una base de datos en la que productores, intermediarios y consumidores pudieran registrar su producción, sus necesidades, planificar sus procesos, estimar la oferta y a demanda, lo que beneficiaría a toda la cadena productiva y en particular al público y en definitiva, al país.

Hoy en día esto no tiene nada de novedoso (aunque hasta donde sé, no existe en nuestro país, al menos como servicio público) pero en aquella época era totalmente futurista.

A través de los años Luis creó, fabulo y soñó con muchos proyectos que, por ser muy avanzados para su época, no fueron tomados en cuenta. En varias ocasiones pude presenciar cómo las personas lo escuchaban respetuosamente solo por cortesía cuando no por obligación institucional. Muy interesante, le decían y algunos pensaban simplemente que estaba loco.

En esta breve semblanza no he mencionado todavía lo más importante, lo que creo yo que es la verdadera marca de la naturaleza de alguien, y es su calidad humana. Luis es una persona solidaria con todo aquel que lo necesite. Muchas personas han vivido en la imprenta, han encontrado un techo y un plato de comida por un día, una semana y hasta por años.

Cualquiera de sus muchos amigos puede dar fe de la seriedad con la que Luis atiende a quien que tenga un problema médico, por ejemplo.

O financiero, si está a su alcance. O personal: sabe escuchar, no juzga y puede que lo que diga no le guste a quien le pide ayuda pero no tendrá dudas sobre la honestidad y la inteligencia de sus opiniones.

Luis está pasando por un mal momento. Su salud se ha visto comprometida severamente y él, que tantas veces auxilió a sus amigos, ahora necesita de nuestra ayuda, así como sus familiares y amigos necesitamos que el soñador siga imaginando y creando posibilidades para que triunfe la vida, la belleza, el amor y la justicia.


https://www.ciudadvalencia.com.ve/luis-garcia-semblanza-de-un-sonador/


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Guillermo Cerceau (Argentina, 1957) es investigador independiente, escritor y conferencista. Desde 1973 ha vivido fuera de su país, principalmente en Venezuela, Estados Unidos, Bélgica y Holanda. Ha publicado varios títulos de ensayos, entre ellos Equivalencias, Teoría de las despedidas y Oculta tu rostro. En los últimos años ha producido una serie de intervenciones-conferencias enfocadas en tres áreas:

1) La teoría de la imagen, fija o en movimiento, entre las que se encuentran Mutaciones del cuerpo femenino, Fotografía e inteligencia artificial y La imagen cinematográfica y la creación en Gilles Deleuze.

2) La dimensión social de la tecnología, que ha incluido Pensamiento algorítmico, Inteligencia artificial y control social, Interfaces para la acción colectiva.

3) La ciudad contemporánea: Las ciudades inteligentes: utopías del capital, Las ciudades sumergidas, El color como marca de identidad urbana.


Su más reciente libro es Fotografías imaginadas y otros encuadres (Caobo, 2019), una meditación personal sobre el sentido de la fotografía.

 

Tomada de Caobo


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miércoles, 6 de mayo de 2026

Guillermo Meneses, escritor venezolano a Mario Szichman: Sigo sin entender el interés que existe por mi obra


 

Fotografía coloreada. Tomada de la Enciclopedia de Venezuela. 1974.



Estimados Liponautas


Hoy conseguimos este texto de Mario Szichman hurgando en la red. hasta el momento es una de las dos entrevistas que hemos conseguido de Guillermo Meneses en la red.


Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia



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domingo, 21 de diciembre de 2014


GUILLERMO MENESES REVISITADO


Mario Szichman




Hay una divisoria de aguas en la moderna narrativa venezolana: antes y después de Guillermo Meneses (Caracas, 14 de diciembre de 1911 - Porlamar, 29 de diciembre de 1978). Y ese extraordinario narrador fue el primero en cruzar el umbral. Meneses comenzó su narrativa en un molde que podría considerarse costumbrista, con relatos como La Balandra Isabel llegó esta tarde (1934) Canción de Negros (del mismo año) y El Mestizo José Vargas (Caracas, 1942). Y súbitamente, en 1952, cuando era diplomático en París, ganó el Premio de Cuentos del periódico El Nacional con La Mano Junto al Muro. La transmutación de su prosa es vertiginosa. Un día Meneses está escribiendo como José Santos Chocano, y al día siguiente, con la problemática de un sartreano que ha leído profusamente a Sigmund Freud. Trato de encontrar símiles en otros escritores de su misma época, y no lo encuentro. Meneses es un original obsesionado con el mito de Sísifo, con el doble, las máscaras, las múltiples apariencias. Basta leer sus Diez Cuentos (1968), su ejemplar El falso cuaderno de Narciso Espejo, o La misa de Arlequín, para verificar su inagotable talento, la huella en las generaciones que lo sucedieron. Los textos de tres de los mejores escritores que ha dado Venezuela tras Meneses: Adriano González León, Salvador Garmendia y José Balza, no existirían de no ser por la influencia de Meneses. (Quien además era un hombre muy generoso siempre dispuesto a alentar a las nuevas generaciones).


Tuve el privilegio de conocer a Meneses en los últimos meses de 1978, gracias a la intercesión de Balza, quien me llevó hasta su casa. Poco después publiqué un reportaje en el Suplemento Cultural del periódico Últimas Noticias de Caracas.  Aquí está la síntesis del trabajo.


M.S.

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La memoria cree antes que el conocimiento recuerde, piensa el Joe Christmas de la novela de William Faulkner Light in August. Crece más tiempo de lo que recuerda, más tiempo del que se interroga el conocimiento. Conoce, recuerda cree. Cree por ejemplo, en el caso de Guillermo Meneses, en un destino de escritor, en una pasión, en el deseo de derrotar a esa vieja fisgona que es la muerte, no a través de la verdad sino de la impostura, no apelando a la piedad, sino cediendo al rencor.

Guillermo Meneses cree, antes que el conocimiento recuerde, en la posibilidad de ser inmortal a fuerza de palabras, forjando seres que circulan a través de sus libros como la sangre por el interior de un cuerpo. Con sus sesenta y cinco años a cuestas —corroborados en un físico frágil, desmentidos por una mirada maliciosa, una sonrisa de niño, franca y despiadada, una escritura sorprendentemente bien dibujada, de monje calígrafo, de mandarín que piensa: Si la palabra es la voz del espíritu, la escritura es el dibujo del espíritu– el escritor es el único mito viviente con que cuenta la literatura venezolana. La mitad de su vida la dedicó a elaborar un espacio narrativo propio, y la cuarta parte —el lapso que va de 1950 a 1967— a forjar una literatura que contamina los mejores logros de la última generación.


Pregunta con falsa modestia: ¿Por qué empiezan a preocuparse por mi escritura?

Y el entrevistador debe señalarle que si los testimonios se contradicen y falsean en confrontaciones cuando se aborda El falso cuaderno de Narciso Espejo o La misa de Arlequín hay algo que emerge con honestidad; una escritura pudorosa, empecinada que empieza a triunfar recién ahora, en la década del setenta, mostrando cómo se hace la gran literatura y relegando a otros narradores que brillaron con los ajenos oropeles otorgados por la política o el  éxito empresarial al sitio que siempre merecieron: los textos obligatorios de liceos y universidades y menciones en antologías e historias de la literatura.


El falso cuaderno


—Sigo sin entender el interés que existe por mi obra— insiste Meneses.


Se supone que la moderna narrativa en Venezuela surge a partir de El falso cuaderno de Narciso Espejo. Es decir, que después de la publicación de esa obra, ningún escritor venezolano puede seguir practicando el oficio de la ingenuidad. En El falso cuaderno no solo hay una reflexión sobre un mundo, sino sobre la escritura que engendra ese mundo. Usted venía de una escritura digamos tradicional, o al menos bastante emparentada con la corriente regional y criollista. De repente, entre 1942, fecha de El mestizo José Vargas, y 1952, cuando publica La mano junto al muro, hay una mutación. ¿Cuál es la causa?


–Supongo que a los años que pasé en París, y a los que ya cargaba encima. Me estaba acercando a la cuarentena y era preciso cambiar. Había una suma de experiencias. No podía quedarme aferrado a un estilo de narrar propio de la juventud…


–Algo más debió ocurrir.


–Sí, ocurrió que me puse viejo.


– ¿De qué escritores se hablaba en esa época?


– Veinte años después podría mentirle diciéndole que me impactaron Sartre y Simone de Beauvoir. Claro, veinte años después. Pero en esa época nadie los conocía. En cambio André Malraux era muy famoso. Había hecho la experiencia de la guerra civil española como comandante de la aviación republicana, y luego estuvo en la resistencia y cumplió un papel heroico. Y además, era un hombre muy inteligente.


–De esos años en París queda su cuento más famoso, La mano junto al muro, y su novela El falso cuaderno de Narciso Espejo. Dos décadas después ¿cómo analiza esos trabajos?


La mano junto al muro me sigue gustando. Admito que hay pura imagen verbal: ´Una mano es, apenas, más firme que una flor, apenas menos efímera que los pétalos; semejante también a una mariposa´. Esta última metáfora sigue sin convencerme. Pero, con todo, el cuento resultó bueno. En cuanto a El falso cuaderno de Narciso Espejo, querría creer que es mi mejor obra.


– ¿Y La misa de Arlequín?


– Está mejor escrita, pero no me parece superior a El falso cuaderno de Narciso Espejo.


En el prólogo a los Diez Cuentos (Editorial Monteavila), Meneses dice que ya en Juan del Cine hay muchos de los temas expuestos luego en sus obras de madurez.


– Hay poco que rescatar de ese cuento. Hoy me suena como una cosa alambicada, petulante, algo ridícula. La única explicación es que lo escribí cuando tenía veintidós años de edad.


–Pero ya aparece la obsesión del espejo.


–Creo que ese tema está presentado sin necesidad. No me parece justificado.


–Otro símbolo frecuente en su obra es el de la burbuja. ¿Qué significa?


– Es un poco la descripción de la vida en América Latina. Todavía en germen, increada, y ya a punto de reventar.

Mario Szichman entrevistando a don pedro Vidal en 1978. Imagen tomada de aquí.


–En el prólogo a los Diez Cuentos, usted señala, ´Tal vez resulte interesante ir mencionando las influencias que nos llegaron. Allá por los años de 1930, estábamos los jóvenes dentro de lo que considerábamos la vanguardia. Nos empapábamos de todo lo que nos hacía pasar Madrid, sobre todo a través de La Revista de Occidente. El Madrid de aquel entonces se hallaba en una sana relación europea. Por lo tanto, no nos era extraño lo francés, lo alemán, lo italiano, lo yanqui, que Ortega escogía para su revista. Leíamos a Thomas Mann, a Aldous Huxley, a William Faulkner, a Carl Jung, a Herman Hesse, sin olvidarnos de Marcel Proust y sin abandonar a Emile Zola, a Eça de Queiroz, a Fiodor Dostoievski, a Honorato de Balzac, y a nosotros mismos´. De todos esos autores ¿Quiénes tuvieron más influencia en su obra?


–Le va a sorprender: fueron los naturalistas: Hauptman, Zola, Queiroz.


– ¿Y Faulkner?


–Lo llegué a leer y lo conocí personalmente cuando ya había escrito la mayor parte de mi obra. Faulkner visitó Venezuela en 1959. Conversé con él, pero a través de un intérprete. Figúrese qué fastidioso.


– ¿Qué impresión le causó Faulkner?


–  No sé, tenía un aspecto algo ridículo. Usaba unos pantalones horribles que no le llegaban ni al tobillo y lo convertían en un ser algo estrafalario. Pero la impresión cambiaba cuando se ponía a conversar. En realidad, cuando se escuchaba la traducción de su conversación, algo bastante fastidioso. Creo que Faulkner ni siquiera hablaba inglés. Tenía un lenguaje sureño muy cerrado, melodioso, pero incomprensible. Y era muy tímido. Tal vez esa era su armadura. Al principio era como medio chaplinesco. E insistía en parecer más viejo de lo que era. Pero su mente era muy joven, lúcida y desconfiada. Me dijo algo que me impresionó mucho: ´Un escritor no tiene tiempo para ser literato´. Claro, para él ser literato era ser literato en los Estados Unidos, donde había una intensa vida social. Hubiera sido distinto de vivir en Venezuela. Porque ¿qué es un literato en Venezuela?


– Probablemente algo que Guillermo Meneses nunca será.


– Es que a mí solo me ha interesado una cosa en la vida: escribir.


–Vamos a dar una nueva vuelta de tuerca a esta conversación: ¿Qué pensó cuando estaba escribiendo El falso cuaderno de Narciso Espejo?


– En esa época pensaba que era un gran escritor.


– Muchos críticos pueden corroborarlo.


–  Tal vez. Recuerdo que hace tres o cuatro años, Julio Cortázar me vino a visitar. Mientras él hablaba, yo pensé: ´Tendríamos que habernos encontrado hace veinte años en París, cuando los dos vivíamos en esa ciudad. Hubiéramos tenido mucho de qué hablar en París´, pero no veinte años más tarde. Veinte años más tarde, solo podía limitarme a escuchar


http://marioszichman.blogspot.com/2014/12/guillermo-meneses-revisitado.html




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