martes, 3 de mayo de 2022

José Pulido: Nada puede exacerbar a la poesía...

Una entrevista de Jolguer Rodríguez.

 




José Pulido: El exilio sabe a soledad, pero huele a limpio

Abril 24, 2022



El poeta, escritor y periodista José Pulido, quien reside en Italia, considera que informar en Venezuela es hoy más peligroso y banal, al punto que leer y saber ya no son imprescindibles. Asegura no rendirle culto a ningún presidente, menos aún a Vladimir Putin, pues “su índole lo aleja demasiado de toda consideración”.


"Toda ideología es una guillotina que corta cabezas buscando el poder”, señala José Pulido / Foto: Cortesía Gabriela Pulido.





–¿Un género para la guerra y la pandemia?


–Silbar por dentro a solas para espantar el miedo. Eso sería poesía ¿no?


–¿Un título?


–Domingo en la mañana y otros poemas, de Wallace Stevens.


–¿Ha exacerbado la situación mundial su vena poética?


–Nada puede exacerbar a la poesía, solo entristecerla hasta grados superlativos.


–¿Escribiría un poema a Volodímir Zelenski?


–Cualquier ser humano merece un poema por formar parte de la vida, pero no le rindo culto a mandatarios de ninguna índole.


–¿Y a Putin?


–Menos. Su índole lo aleja demasiado de toda consideración.


–¿Qué es la guerra?


–Es algo terrible, porque solo aspira a destruir, matar y someter. La guerra no tiene un fin noble.


–¿Justifica usted alguna conflagración?


–Ni siquiera la guerra de Troya, aunque me hubiese gustado besar a Helena, antes de que me llovieran las espadas.





–¿Qué puede hacer la poesía por el mundo?


–Se perdió el paraíso para tener poesía. Sentirla y querer leerla es comenzar a entender que todos cargamos ese combustible por dentro.


–¿Ha perdido poesía Venezuela?


–Pierde poesía quien se embrutece.


–¿Qué pasó con el periodismo venezolano?


–No lo sé. Han desaparecido medios. Informar es más peligroso. Pero apartando todo eso, sucede lo mismo que en muchos lugares del mundo: todo se asume banalmente. Leer y saber no parecen algo necesario.


Como periodista, ¿le teme a las redes?


–Eso sería como temerle a la gente. Pero no respeto la opinión pública lanzada a la ligera.


–¿El sabor y olor del exilio?


–Todo sabe a soledad, pero huele a limpio. 


Tortuoso camino 


–¿El futuro de Venezuela? 


–Tendrá que mejorar con nuevas vidas, pero padeciendo las llagas de este tiempo. 


–¿Una estrofa famosa que resume la situación? 


Constantino Kavafis.



–El poema de Kavafis


“No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares. 


La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas 


calles. Y en los mismos barrios te harás viejo; 


y entre las mismas paredes irás encaneciendo”. 


–¿Cómo sobrevive un poeta en medio del materialismo mundano? 


–Solo se necesita poder escribir auténticamente lo que se siente. Después basta un pan con café. Un buen vistazo a la vida. 


–¿Una musa en particular? 


–Las propias ganas de vivir enamorado de la vida. 


–¿Un poema para el régimen venezolano? 


–Eso sería como pedir a Cristo que te preste un martillo y unos clavos para la ejecución de esta tarde. 


–¿Para la oposición? 


–Eso sería como mentirle a Cristo diciéndole “Puedes esperar tranquilo en esa cruz. Tus amigos llegarán en quince minutos”


–¿Qué le corta la nota poética? 


–Ya nada puede cortármela, es lo más sano que me queda en el cuerpo. 


–¿Un poeta revolucionario? 


–Solo es revolucionario en poesía quien transforma un poema, quien dice algo que no se ha dicho o no se ha sabido. 


–¿Cómo se llevan la poesía y la ideología? 


“No tenía qué comer y compró un ramo de violetas”, así definió Aloysius Bertrand a los poetas. Toda ideología es una guillotina que corta cabezas buscando el poder. ¿Cómo crees que se lleva la poesía con eso? 


–¿Un presidente amigo de los bardos? 


–Alguien que puede matar para mantenerse en el poder jamás se someterá al amor por la vida. 


–Poeta en capitalismo… 


–El poeta solo produce para el espíritu. 


–¿En socialismo? 


–El poeta rechaza todo lo que amarga la existencia. 


–¿La poesía en comunismo? 


–Que te responda Anna Ajmátova


 “Esto sucedió en tiempos en que sólo los muertos sonreían, 


alegres por haber hallado al fin reposo, 


y como un apéndice inútil, Leningrado colgaba 


del portón de sus cárceles, mecido por el viento”. 


Anna Ajmátova.



Puros cuentos 


–¿El cuento venezolano de siempre? 


–No hay mal que dure cien años… 


–¿El cuento que ya nadie cree? 


 –El mar de la felicidad… 


–¿El cuento chino? 


 –Tenemos patria. 


 –¿Una nostalgia? 


 –Un domingo con toda la familia, asando carne en un patio. 


–¿Un llanto? 


–Sentir que la tragedia abunda 


 –¿Una alegría? 


–Mi esposa viendo fijamente la arepa que ha hecho cerca del mar Mediterráneo. 


–¿Una esperanza? 


–Desear un buen futuro para los que vendrán, es una esperanza básica. 


–¿Un defecto? 


–¿Uno solo? Tengo casi todos. 


–¿Una rabia? 


 –Nunca las uso. 


–¿Una intensidad? 


–Pensar inútilmente, durante horas, en el lugar reseco donde enterramos a nuestra madre. 





–¿Entra en trance? 


–Soy un despistado. 


–¿Imagina una ley mordaza para la poesía? 


–La ignorancia que existe respecto a la importancia de la poesía es una mordaza natural. 


–¿Se autocensura un bardo? 


–Dejaría de ser poeta. 


–¿Y usted como periodista? 


–Dejaría de amar la esencia del periodismo. 


–¿El colmo de un poeta? 


–No ser un chivo expiatorio. 


 –¿Poetas al poder? 


–Eso es como si le pidieras a los niños que se dedicaran a matar ballenas 


–¿Soportarán los medios tradicionales el avance de las redes sociales?  


–Ni los medios ni las redes son lo importante. Lo determinante es la calidad contundente y sublime del mensaje. 


–¿Y cómo se llevan poesía y tecnología? 


–Me aporreo con los alicates, pero consigo buenas fotos con mi teléfono. 


–¿El cuento más cuento?  


–Haz bien sin mirar a quién. 


–¿Permanece en Venezuela una sociedad de poetas 


muertos?  


Gerbasi, Ossott, Palomares, Schon, Gramcko, Andrés Eloy, Ramos Sucre, Miyó, etcétera, dejaron una poesía completamente viva.  


–¿Volverá a Venezuela? 


–No lo creo. Soy un ocaso enlazado por la noche.


De perfil 


José Pulido nació en Villa de Cura el 1 de noviembre de 1945. Desde los 20 años ocupó un lugar especial en las letras americanas a través de sus cuentos, poesías, novelas y crónicas periodísticas, que lo han hecho acreedor de diversos reconocimientos nacionales e internacionales. Ocupó grandes responsabilidades en el Diario El Sol, Diario Católico y Última Hora. Fue jefe de las páginas de arte de El Nacional, El Universal y El Diario de Caracas. Entre sus poemarios destaca Los Poseídos, por el cual fue galardonado con el Premio Municipal de Poesía del Distrito Federal. Otras piezas poéticas son Esto (1971), Paralelo Lelo (1971), Peregrino de vidrieras (2001), Duermevela (2004). Dirigió por mucho tiempo la revista cultural del BCV. Fue miembro fundador de los suplementos Bajo Palabra y El otro cuerpo. Dentro de la narrativa ha publicado, entre tantos, Pelo Blanco (novela, 1987), Una mazurkita en La Mayor (novela premio Otero Silva, de Planeta, 1989) y Vuelve al lugar que se te ha señalado (cuentos). 



Caracas / Jolguer Rodríguez Costa 


Tomada de El Tiempo.



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lunes, 2 de mayo de 2022

Novalis: EN LA POESÍA TODO ES INTERIOR


Novalis (1799), retrato de Franz Gareis.






“En la poesía todo es interior: así como los otros artistas llenan nuestros sentidos exteriores con sensaciones agradables, el poeta llena el santuario interior de nuestro espíritu con pensamientos nuevos, maravillosos y placenteros. Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos. Tiene una visión directa de la naturaleza de todos los acontecimientos y de todas las realidades, es capaz de observarlas en sus vivas y múltiples relaciones, y de compararlas con los demás objetos como si fueran figuras pintadas en un cuadro”.

* * * * * *

Enrique tenía entonces veinte años. Nunca había salido más allá de los alrededores de su ciudad natal, y no conocía el mundo sino por lo que había oído decir de él. Bien pocos libros habían caído en sus manos. En aquella ciudad, residencia del Landgrave, se llevaba una vida sencilla y tranquila, según las costumbres de aquella época.


Si es cierto que sólo una sabia distribución distribución de luces, colores y sombras es capaz de mostrarnos la escondida maravilla del mundo visible, y parece darnos una visión nueva y más alta de todo, no hay duda de que esta hábil distribución y esta sabia economía se encontraban por doquier en aquellos tiempos. Sin embargo, hoy en día la superior comodidad de que gozamos nos ofrece la imagen uniforme y sin matices de un mundo habitual y cotidiano.

En todas las transiciones, como si fueran una especie de reinos intermedios, diríase que hay una fuerza espiritual y superior que quiere salir a la luz; y del mismo modo como en el mundo en que vivimos los parajes más ricos en tesoros subterráneos y celestes se encuentran entre las grandes montañas, fragosas e inhóspitas, y las inmensas llanuras, asimismo entre los ásperos tiempos de la barbarie y las edades ricas en arte, en ciencia y en bienestar se encuentra la época romántica, llena de sabiduría, una época que bajo un sencillo ropaje encubre una figura excelsa.

¿A quién no le gusta pasear a la hora del crepúsculo, entre dos luces, cuando el día y la noche se encuentran y se rompen en mil sombras y colores? Hundámonos, pues, en los años en que vivió Enrique, cuando, pletórico de emoción, salía al encuentro de nuevos acontecimientos.

El muchacho se despidió de sus compañeros y de su maestro, el anciano y sabio capellán de palacio, que conocía muy bien las grandes cualidades de su discípulo y que, encomendándolo al cielo en sus pensamientos, le dijo adiós con gran emoción.

Enrique se separaba con tristeza de su padre y de su ciudad natal. Ahora es cuando sabía lo que era separarse de lo que uno ama. [...] Es inmensa la tristeza que se apodera de un joven en esta primera experiencia de lo pasajero de las cosas de este mundo; antes de llegar a este momento de la vida todo parece necesario, imprescindible, firmemente enraizado en lo más profundo de nuestro ser, e inmutable como él. La primera separación es el anuncio de la muerte: de su imagen ya no podrá olvidarse más el hombre [...].

Sus compañeros, que iban al principio callados, lo mismo que él, como si a todos les poseyeran sentimientos e impresiones semejantes, empezaron poco a poco a despertarse y a amenizar el viaje con toda clase de comentarios y narraciones.

-Hacéis muy bien en llevar a vuestro hijo allí -decían a su madre. Las costumbres de vuestro país son más dulces y agradables. La gente sabe preocuparse por lo útil sin menospreciar lo placentero. Cada cual busca el modo de satisfacer sus necesidades con una limpia alegría y respetando a los demás. El mercader se encuentra a gusto en Suabia; la gente le respeta. Las artes y los oficios prosperan y se ennoblecen allí; al que no es perezoso le parece ligero el trabajo: tantas y tan varias son las comodidades que éste le procura; y aunque esta ocupación pueda ser monótona y pesada, le asegura al hombre el goce de una gran variedad de frutos provenientes de múltiples y agradables actividades.

El dinero, el trabajo y los productos del trabajo se incrementan mutuamente, se expanden en seguida por el país y hacen florecer sus pueblos y ciudades. Y del mismo modo como las horas del día se emplean para el trabajo, las de la noche se dedican sólo a los hermosos placeres de las artes y la conversación. El espíritu del hombre busca descanso y variación, y en qué sitio puede encontrarlos de un modo más noble y más bello que en el libre juego y en las obras de una facultad tan elevada como es su espíritu creador.


-Aunque no queráis seguir el oficio de vuestro padre -prosiguieron los mercaderes- y prefiráis dedicaros, según nos han dicho, al estudio, no es preciso por ello que entréis en religión y renunciéis a los más bellos placeres de esta vida. Bastante mal es ya que las ciencias y el consejo de los príncipes estén en manos de una clase tan apartada de la vida común y con tan poco experiencia de las cosas como son los clérigos. En la soledad en que viven, sin tomar parte en los negocios del mundo, es forzoso que sus pensamientos adquieran un dejo de esterilidad y que no puedan atender a las cosas de esta vida. Hombres sabios y prudentes también los encontraréis en Suabia entre los laicos; podréis escoger la rama del saber humano que más os plazca: no os han de faltar los mejores maestros y consejeros.

Enrique, que al oír esto se había acordado de su amigo el capellán de palacio, dijo al cabo de un rato:

-Aunque yo, con toda mi inexperiencia de las cosas del mundo no os pueda contradecir en lo que decís sobre la incapacidad de los clérigos para juzgar y dirigir los asuntos terrenos, permitidme que os recuerde a nuestro excelente capellán de palacio, que sin duda es un ejemplo de hombre sabio y de maestro cuyas enseñanzas y consejos yo nunca podré olvidar.

-Respetamos de todo corazón a este hombre tan bueno -contestaron los mercaderes-; sin embargo, sólo estamos de acuerdo en lo que decís sobre su sabiduría, si por sabiduría entendéis aquel modo de comportarse en la vida que se aviene con la voluntad de Dios. Si le consideráis tan prudente en las cosas del mundo como versado y docto en las cosas que atañen a la salvación, permitidnos que disentamos de vuestra opinión. Esto no quiere decir que por ello deje de ser este religioso un hombre digno de la mayor alabanza: hasta tal punto está sumido en la ciencia de las cosas sobrenaturales, que no puede preocuparse de ver y penetrar las terrenas.

-Con todo -dijo Enrique-, ¿no os parece que aquella sabiduría superior es precisamente la más adecuada para conducir de un modo sereno y desapasionado los asuntos de los hombres?, ¿no os parece que aquella sencillez e ingenuidad, propias de un niño, son capaces de encontrar el recto camino que conduce a través del laberinto de las cosas de este mundo de un modo más seguro que aquella sabiduría segada por consideraciones de interés propio y desencaminada y cohibida por los muchos azares y complicaciones de la vida? No sé, pero me parece como si hubiera dos caminos para llegar a la ciencia de la historia humana: uno, penoso, interminable y lleno de rodeos, el camino de la experiencia; y otro, que es casi un salto, el camino de la contemplación interior. El que recorre el primero tiene que ir encontrando las cosas unas dentro de otras en un cálculo largo y aburrido; el que recorre el segundo, en cambio, tiene una visión directa de la naturaleza de todos los acontecimientos y de todas las realidades, es capaz de observarlas en sus vivas y múltiples relaciones, y de compararlas con los demás objetos como si fueran figuras pintadas en un cuadro. Tenéis que perdonarme que os hable como un muchacho soñador: sólo la confianza en vuestra bondad y la memoria de mi maestro, que desde hace tiempo me ha enseñado este segundo camino, que es el suyo, me han podido hacer tan osado.

-Hemos de reconocer -dijeron los buenos mercaderes- que no somos capaces de seguir el hilo de vuestros pensamientos… Nos parece que tenéis dotes para ser poeta: habláis de un modo tan fácil y suelto de todo lo que ocurre en vuestro espíritu…; nunca os falta la expresión exacta ni la comparación adecuada. Por otra parte, se os ve inclinado a lo maravilloso, que es el elemento de los poetas.

-No sé -dijo Enrique-; desde hace tiempo oigo hablar a menudo de poetas y de trovadores, pero nunca he visto a ninguno. No puedo ni sospechar cómo debe ser el extraño arte de estos hombres; sin embargo, anhelo siempre oír hablar de él… [Mi maestro] decía que, antiguamente había sido un arte mucho más extendido, que todo el mundo había tenido un conocimiento mayor o menor de él. Decía que había sido un arte emparentada con otras artes excelsas que hoy en día no se conservan. Que el cantor era un hombre distinguido de un modo especial por una gracia divina merced a la cual vivía en un mundo invisible desde el que, como iluminado, predicaba sabiduría celestial a los hombres bajo el ropaje de hermosas canciones.

A esto dijeron los mercaderes:

-En realidad, aunque muchas veces hemos oído con agrado los cantos de los poetas, jamás nos hemos preocupado por desentrañar los secretos de su arte. Es muy posible que la venida de un poeta al mundo tenga que ver con algún astro especial, porque realmente hay algo de maravilloso en este arte. Las otras se distinguen muy bien de ésta y se pueden comprender mucho mejor. Uno puede saber fácilmente lo que son la pintura y la música, y con paciencia y constancia puede uno iniciarse en estas artes: los sonidos están en las cuerdas, no hace falta más que adquirir la habilidad necesaria para moverlas y sacar de ellas una bella melodía.

En la pintura la gran maestra es la Naturaleza: ella es la que ofrece al hombre esta infinidad de hermosas y extrañas figuras, ella es la que da a las cosas colores, luces y sombras; una mano diestra, una mirada certera y un conocimiento del modo de preparar y mezclar los colores son capaces de imitar perfectamente esta gran espectáculo. Y por esto es muy fácil también comprender el efecto que estas artes producen en los hombres, el agrado que sus obras les proporcionan.

El canto del ruiseñor, el murmullo del viento, las luces, los colores y las formas nos placen porque dan agradable ocupación a nuestros sentidos; y como la Naturaleza, que es la autora de todas estas cosas, ha producido también nuestros sentidos y los ha conformado según ellas, la imitación artificial de la Naturaleza tiene que agradar forzosamente a éstos. La Naturaleza misma quiere gozar del inmenso arte que en ella se encierra: por esto se transforma en seres humanos; en ellos se alegra de su propia magnificencia, separa lo placentero y dulce de las cosas y lo vuelve a crear de un modo tal que, bajo las más variadas formas, puede disfrutar de ello en todo tiempo y lugar.

En cambio, en la poesía no hay nada externo sobre lo que podamos apoyarnos cuando queremos saber lo que es. No es un arte que cree nada con las manos o por medio de instrumentos. La vista y el oído no perciben nada de ella, porque la acción propia de este misterioso arte no es el hacernos oír el sonido de las palabras.

En la poesía todo es interior: así como los otros artistas llenan nuestros sentidos exteriores con sensaciones agradables, el poeta llena el santuario interior de nuestro espíritu con pensamientos nuevos, maravillosos y placenteros. Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos. Tiempos pasados y futuros, figuras humanas sin número, regiones maravillosas y sucesos extraordinarios surgen ante nosotros, como saliendo de profundas cavernas, y nos arrancan de lo presente y conocido.

Oímos palabras nuevas y no obstante sabemos lo que quieren decir. La voz del poeta tiene un poder mágico: hasta las palabras más usuales adquieren en sus labios un sonido especial y son capaces de arrebatar y fascinar al que las oye.

Antiguamente toda la naturaleza debió de estar más llena de vida y de sentido que ahora. Fuerzas que hoy en día los animales apenas parecen advertir y que sólo el hombre es capaz de sentir y gozar, movían entonces cuerpos sin vida; y así era posible que hubiera hombres hábiles que, por sí solos, realizaran hazañas y provocaran fenómenos que actualmente se nos antojan totalmente inimaginables y fabulosos.

De este modo, según nos cuentan viajeros que todavía han oído estas leyendas de boca de la gente del pueblo, en tiempos muy remotos, en las tierras que ocupa ahora el imperio griego, debió de haber poetas, que, con el extraño son de maravillosos instrumentos, despertaban la secreta vida de los bosques y los espíritus que se escondían en las ramas de los árboles; hacían revivir las simientes y convertían regiones yermas y desérticas en frondosos jardines; domesticaban animales feroces y educaban a hombres salvajes, despertando en ellos amables instintos y artes de paz, convertían ríos impetuosos en tranquilas corrientes, y hasta llegaban a arrancar a las piedras de su inmovilidad para hacerlas mover al ritmo de sus cantos.

Estos hombres debieron de ser al mismo tiempo oráculos y sacerdotes, legisladores y médicos, porque su arte mágico era capaz de penetrar la más profunda esencia de la realidad; conocían los secretos del futuro, las proporciones y la estructura natural de todas las cosas, y hasta las fuerzas interiores y las virtudes curativas de los números, de las plantas y de todas las criaturas.

A partir de entonces la naturaleza, que hasta aquel momento había sido una selva en la que reinaba la confusión y la discordia, se llenó de múltiples y variados sonidos y de extrañas simpatías y proporciones. Y lo raro es que a pesar de que nos han quedado estas hermosas huellas que nos recuerdan la presencia en el mundo de aquellos hombres bienhechores, su arte o su delicada sensibilidad ante la Naturaleza se hayan perdido.

* * *



GEORG P. FRIEDRICH VON HARDENBERG (NOVALIS), 1772-1801. Enrique de Ofterdingen, capítulo II. Ediciones Orbis, 1982. Traducción cedida por Editora Nacional, Madrid. 

Archivado en: -CALEIDOSCOPIO — August 30, 2007 @ 1:37 am



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domingo, 1 de mayo de 2022

Corazón congelado


Imagen tomada de Pinterest.




Quisiera pensar que el equivocado soy yo, quisiera pensar que las nuevas formas  sociales son realmente genuinas. Digo esto porque últimamente escucho de muchas personas, la necesidad imperiosa de no enamorarse, de no tener mayor afinidad amorosa con el otro, una relación restringida a encuentros sexuales, con pocas charlas, con poco afecto. En definitiva con poco amor. Tengo algo de experiencia personal en este tema, en ocasiones yo trato,  de no involucrarme sentimentalmente. Esa es la forma más cómoda para mí de poder tener encuentros sexuales. Hay una película chilena que recomiendo titulada “Sexo con Amor” (ver trailer aquí) plantea que por muy liberal que queramos ser, siempre priva el amor.


Ahora, ¿en que momento de la historia humana aparecen  estas generaciones negacionistas del amor? 

¿Como llega la humanidad a matar la poesía, la literatura amorosa, el placer de una buena pareja? 

¿Cuando la humanidad comienza a secarse? 

Si, dije a secarse, hay que estar seco por dentro, con nervios destruidos, con venas y arterias sin sangre, con un corazón de madera, para no disfrutar del amor. Yo digo, sin ningún análisis serio, que las relaciones mágicas amorosas se agotan con el triunfo cada vez más claro del capitalismo. No se puede adorar al dinero y ser amoroso, no se puede vivir del espejismo que provoca la sociedad de consumo y ser amoroso, no se puede ser amoroso cuando te espera un tribunal para repartir bienes, no se puede ser amoroso cuando eres un consumidor de todo tipo de drogas que te terminan desconectando de la realidad, no se puede creer en el amor, cuando consumes licor sin parar y te transformas en un zombi, no se puede ser amoroso sumergido en tanta miseria y pobreza, en tanta contaminación ambiental, situaciones consecuencias del triunfo del capitalismo mundial. Creo  que para tener una mejor compañía se deben tener condiciones de vida menos miserables.
Las propuestas, ahora de moda, de amor libre, poliamor, comunidades swinger, se reducen a encuentros sexuales con alguna  afinidad por el otro, no son expresiones de nada denso, están enmarcadas dentro del concepto clásico del interés capitalista, “Lo uso mientras me sirva”, aplicar valor de cambio/Valor de uso a las relaciones sentimentales. Es la degradación total de la humanidad.
Ahora me pregunto, ¿se podría tener una vida sentimental enmarcada en el amor libre, de encuentros sexuales ocasionales y encontrar en esa dinámica a alguien que te haga derrumbar todos estos conceptos postmodernos?  Presumo que sí, hace poco supe de unos amigos que comenzaron a relacionarse de esa manera, ambos al parecer llevaban cartas ocultas, costumbres propias de la sociedad actual. En palabras de ella, con la que pude compartir extensas charlas, me decía que no se animaba a amar a ningún hombre porque no son dignos de ser amados. Le gustaba salir con ellos sin el menor problema, sin el mayor compromiso pero con los mayores beneficios, y me era reiterativa con un lugar común digno de Pastora Soler: “Yo tengo el corazón congelado”, una muletilla que muestra el lado más oscuro de vivir en una sociedad donde el interés personal es lo único valedero y que con eficiencia destruyen las relaciones humanas. Como tarea la escuche y me empeñe en tratar de entender cómo funcionaba su vínculo. Mi amiga  convencida de tal forma de vivir, comenzó a ser descolocada por ese hombre que encontró, que le hablaba de amor, mostrándole que existía un mundo más brillante que el de todos los días, mas compenetrado,  más humano. Ella no podía creerlo, se sentía sin centro. Ella sin embargo llego a afirmar que todo estas atenciones y expresiones sublimes de su amante eran las simples palabras de un estafador. Alguien que buscaba encantarla,  como una serpiente, solo tenerla. Ella desde su mirada de mujer crecida en una sociedad salvaje, creía que nadie podía  decir nada lindo, sin mediar el  “interés carnal”. Terminé dándome cuenta que el hombre, que la pretendía era un fósil, un dinosaurio sentimental, al que solo  importaba ella y su compañía tierna. Este hombre representaba una forma agonizante de amor.

Pastora Soler - Corazón Congelado [Official Music Video]

Hace poco tiempo, tuve la necesidad de buscar a mi amiga, quería, necesitaba ordenar estas palabras que escribo. Nos encontramos en un café y le pregunto:

- ¿Cómo te va con el dinosaurio amoroso?

Ella ríe, con unos ojos que expresaban cosas que no se atrevía  decir, en medio de risas  me confía algo:

- Yo llegue a conocer el amor, pero lo perdí porque no supe manejarlo, era muy joven, inexperta y compulsiva. Este hombre que hoy me habla de amor me da miedo.

Te quiero - Barney Latinoamérica


-  ¿Barney? le pregunto.

- Si, ese mismo, es tierno, es dulce pareciera que cada palabra la sintiera.  Siempre tiene la palabra justa.

- ¿Y eso te da miedo o existe algo más que te da miedo?

- Sí, hay algo más, lo que me aterra es que me hace recordar al único amor que he tenido, lo veo allí reflejado, lo veo constantemente, es una película que se repite, creo que la vida me está dando la oportunidad, de poder apropiarme de ese sentimiento tan fuerte que dicen que termina dominando cada espacio de nuestra vida.

Yo quede frío, no podía creer lo que contaba, mas allá de su “Corazón congelado” lo que había era una mujer con una sed oculta  de calor humano, con necesidades profundas de hacer empatía con alguien. Le pregunte:

-  ¿Que te gusta de este hombre?

-  Como hacemos el sexo, es algo extraño, jamás tuve un encuentro sexual tan cargado de pasión, de buenas charlas después de finalizar la jornada. Creo que esto es otra cosa, no es sexo simplemente, ni amor simplemente es como la película chilena que me recomendaste: “Sexo con amor” y estoy dispuesta a quedármelo, no sé, es difícil todo, es tan borrosa esta relación que no tengo claridad de lo que quiero hacer, de lo que si no hay dudas es que me hace bien estar a su lado.

- ¿Y el corazón sigue congelado? 

- Yyyyy no me jodas con eso, ve que no me esperaba jamás que mis sentimientos se entremezclaran tanto.

- ¿Ahora mujer que piensas hacer con tu habituales   prácticas sexoamorosas?

- Mira no sé. Por los momentos suspendidas, no sé hasta cuando, estoy en un periodo de evaluación y no me veas así que no tengo todas respuestas. 

Creo firmemente que el amor lo puede todo, esto es un ejemplo de cómo irrumpe el amor en la vida de las personas. La historia de la humanidad esta trillada de amores prohibidos, escondidos e imposibles, pero en este caso es que puede ser un amor posible. No conozco más detalles de ellos más allá de lo que me contó, pero pareciera que el miedo de ella a abandonar sus antiguas practicas no le permiten involucrarse. Mi amiga sabe que está frente a ese sentimiento posible, que la hace descolocarse y sentirse extraña, lo que no sé es si se atreva a dejarse llevar por ese sentimiento que al parecer le congelo el corazón o si permitirá disfrutar la pasión de vivir con un corazón  que dejo de ser de madera y ahora late con plenitud.


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Administrador de El Lagarto  Literario






 José Gregorio Medina.

Profesor de Literatura y amante de la Poesía.