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viernes, 6 de abril de 2018

Fernando Iwasaki: Mis éxitos literarios se los debo a mis fracasos amorosos. Entrevista. Parte III/III



 Fernando Iwasaki. Fotografía: Manuel Gutiérrez


IWASAKI: EL CLIMA, EL BETIS, LAS PALABRAS Y HASTA BOLÍVAR CORONADO

**Alberto Hernández**


Vivir en Sevilla, respirar el mismo aire de aquellos 800 años de árabes construyendo almenas y palabras, precisa de muchas oraciones y frases para elaborar un imaginario. Vivir en Sevilla mientras el flamenco crece su alegría en tablaos y esquinas y traduce el gusto por un aire puro. No es de extrañar entonces que un peruano como Fernando Iwasaki, para más señas escritor, tenga en el clima de esa ciudad uno de sus más conspicuos compañeros. Pero también el Betis, el equipo de fútbol de los andaluces, quienes defienden, desde bares y estadios, los nombres que forman parte de la escuadra de goleadores.

El peruano, cruzado de sangres diversas. Un crucigrama genético cuyo ADN se afirma en japoneses, italianos y ecuatorianos, suma a este legado biológico el idioma que habla. También es español porque la lengua así lo dice.



Y desde Sevilla recurre a Eduardo Llosent para hablar de la intemperie literaria de ese lugar donde se pronuncia su rancio ambiente. Por eso, el escritor de apellido nipón afirma: “La ranciedad española se ha convertido en un colesterol bueno”.

Y si el Betis es una referencia, una recurrencia callejera, el calor de Sevilla supera el de Sahara, el tropical americano y el del mismo infierno, si albergamos hipérboles gitanas, que en esa tierra abundan como el salero de sus bailaoras y el cante de quienes descifran su rico pasado.

Iwasaki llegó a esa ciudad con la intención sagrada de meter sus narices en el Archivo de Indias, “mi sueño como historiador”. Y así lo hizo.  Se quedó en España y hasta se enamoró del modo de hablar de los nativos de aquel cosmos donde los morunos dejaron su impronta.

La entrevista que leerán luego de estas palabras, no deja tema suelto. Ni resquicio por donde escapar: clima, fútbol, literatura, política, autores, países, radio, educación. El escritor latinoamericano se extiende y entiende que hay que soltar la lengua para que el lector sepa dónde está ubicado el mundo donde él y otros viven.

De su novela Libro del mal amor, sin permiso del Arcipreste de Hita, una mención obligada en esta conversación, así como la tesis de que hay que leer mucho para poder escribir. Y dejar a un lado la pereza y no formar parte de los zombis que se valen de los subsidios para existir. Un tiro a la meta para criticar el populismo. Y destinar su futuro al sólo hecho de sentirse extraterritorial más allá de la cultura, más allá de todas las sangres que en su cuerpo lleva revueltas. 

Levita, pisa tierra: habla sin mucho afecto de Paul Auster. Prefiere a Coetzee. Pero es más radical cuando dice que se queda con  Kafka, Borges, Proust, Faulkner y Joyce, para que los ignorantes o los sabuesos de la literatura renueven sus gustos o bucen en la gran biblioteca del mundo. No en vano discute sobre verdad, ficción o verosimilitud, y acerca esta opinión sobre los clásicos: “La maravilla de la literatura es que los viejos temas son tan incandescentes que no se apagan nunca”.

Las dos Españas también tienen recadero en sus palabras: la de la península y la de América Latina. La que se luce con tantos acentos y escritores que ayudaron a construir el edificio narrativo de la España actual. La del boom que dejó herencia. 

De su Ajuar funerario, microrrelatos que comenzaron como un juego hasta hacerse un libro de editor, también habla.  Y se despoja del saco para opinar acerca de la realidad audiovisual, las películas y la lectura. Y para él la mejor novela de todos los tiempos: La cartuja de Parma.


Rafael Bolívar Coronado

Y un souvenir para los venezolanos, el reconocimiento de Rafael Bolívar Coronado como un “monstruo” genial  que se encargó de regar obras ajenas, birladas, para demostrarle  al mundo español su capacidad de ser, hasta convertirse en un personaje digno de una novela. 


De todo hay en esta entrevista, que será un grato viaje en los lectores. 


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Fernando Iwasaki: «A nuestros alumnos universitarios les tomaría el B2 de español el primer día de clases»


Publicado por Ángel L. Fernández Recuero, Paula Herrero, y David del Toro.



¿Llegaremos a ver algún día un Premio Nobel de literatura que empezara autopublicándose en Amazon?

Mientras la dinamita continúe explotando… [Risas]

Amazon almacena las posiciones donde los lectores abandonan sus libros, ¿nos llevaríamos una sorpresa si publicasen datos sobre la lectura del Quijote, que además puede descargarse gratis?

Sí, nos llevaríamos una sorpresa, pues me consta que el Quijote traducido al chicano tiene más descargas que el Quijote original.



Primeras líneas de la primera parte del Quijote (capítulo I )traducidas al spanglish por Ilan Stavans:


"In un palacete de La Mancha of which nombre no quiero remembrarme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un greyhound para el chase. A cazuela with más beef than mutón, carne choppeada para la dinner, un omelet pa' los Sábados, lentil pa' los Viernes, y algún pigeon como delicacy especial pa' los Domingos, consumían tres cuarers de su income. El resto lo employaba en una coat de broadcloth y en soketes de velvetín pa' los holidays, with sus slippers pa' combinar, while los otros días de la semana él cut a figura de los más finos cloths."

Los lectores leen ya más prensa digital que en papel, aunque en muchas ocasiones no pasan del titular o la noticia breve. ¿Hay que preocuparse, pues, más por la calidad que por la cantidad de lo que se escribe?


De izquierda a derecha: Oudejans, Constant, Guy Debord y Armando. Munich, 1959


Difícil. Por ejemplo, yo tengo un problema con la lectura digital, pues de lunes a viernes leo la prensa en iPad, mientras que los fines de semana sí recibo la prensa en papel. Así, cuando hojeo El País o el ABC me entero de más cosas que cuando los leo en tableta. ¿Por qué? Porque ya tengo entrenada la vista para leer en diagonal y por lo tanto soy capaz de recordar nombres, títulos y datos sin haber leído la noticia completa. Eso no me ocurre con las pantallas y entonces soy más ignorante que antes, porque de lunes a viernes estoy condenado al «papiro digital». Por eso el formato de la plataforma Kiosko y más es más agradecido, porque muestra la página tal como es en papel.




En España, aparta de mí estos premios, a través de relatos de ficción, haces una ácida e hilarante crítica a todo lo que se mueve alrededor de los concursos literarios. ¿Qué te impulsó a escribir este libro? ¿Cómo ves el mundo de los premios? ¿Ya están completamente desenmascarados?

Nunca quise escribir un libro contra los premios. Más bien, siempre sostuve —y creo que lo he podido defender con cierto garbo— que España, aparta de mí estos premios era un libro contra la frivolización, la banalización y lo que Debord llamó la sociedad del espectáculo. Mi libro ridiculizaba todo aquello, pero el mundo de los premios era ideal para cumplir ese cometido, porque en los premios es donde se refugia lo identitario y porque Bolaño había escrito un cuento maravilloso titulado «Sensimi», donde el protagonista era un escritor piel roja que salía a la pradera para cazar los premios búfalo, premios alimenticios que te servían para comer y abrigarte hasta el próximo invierno. Escribí España, aparta de mí estos premios para hacer la caricatura de las identidades y de la sociedad del espectáculo. Dicho lo cual, los premios provincianos son los únicos premios que da gusto ganar, pues son unos premios químicamente puros que han ayudado a numerosos escritores a llegar a fin de mes. Desde Félix Palma hasta Juan Manuel de Prada, pasando por Bolaño y Luis Sepúlveda.


Haruki Murakami.

¿Se merece Murakami el Premio Nobel?

A mí me da igual, pues no tengo una especial predilección por Murakami. Leí Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la orilla y Tokio Blues —porque me encantan los Beatles— pero no me pareció tan bueno como Coetzee. Coetzee es extraordinario. El libro de la correspondencia entre Coetzee y Paul Auster deja a Paul Auster en situación desairada, porque Paul Auster comenta banalidades y lo que responde Coetzee son maravillas.

Comentaste una vez que escribir el libro de microrrelatos Ajuar funerario te tomó varios años. ¿Los microrrelatos se cocinan a fuego lento?

Bueno, además de tardar muchos años en escribirlo no tenía ninguna prisa por publicarlo. A lo largo de ocho años los fui escribiendo, leyendo en público y regalándolos en folios sueltos que después aparecían colgados en internet. Mi amigo Andrés Neuman habló con Juan Casamayor —editor de Páginas de Espuma— y ambos me propusieron publicar aquel libro que ya existía, porque en 1998 la editorial Lengua de Trapo eligió diez micros de Ajuar funerario para una antología que se tituló Líneas aéreas. Por lo tanto, no es que tardara ocho años en escribirlo, sino que no me hubiera importado seguir escribiendo ocho años más. No tengo prisa ninguna. En vida me quedan por publicar dos novelas y luego todo lo que salga será póstumo.
¿El microrrelato hay que dejarlo reposar?

Sí, porque de lo contrario te sale el mismo microrrelato varias veces. Lo primero que escribía era la idea del micro en una libreta. Entonces dejaba pasar una semana y si entendía mis anotaciones, significaba que la idea era potable. Muchos apuntes fueron descartados. Luego escribía una primera versión y a los tantos meses la volvía a revisar para darle un retoque más, y ahí quedaba. Así escribí los microrrelatos de Ajuar funerario.




Te gusta poner en relieve la importancia de los autores contemporáneos, aunque creo que nunca has llegado a mencionar a los que integran la Generación Nocilla. ¿No te interesan?

No es verdad, pues he presentado hasta tres libros de Agustín Fernández Mallo en Sevilla. Y la semana pasada presenté a Manuel Vilas, aunque ahora Vilas juraría por sus muertos que jamás perteneció a la Generación Nocilla. En realidad, pienso que la Generación Nocilla —como tal generación— nunca existió. Agustín Fernández tiene un mundo detrás que no todos conocen y ha sido capaz de darle forma en una serie de libros que han funcionado muy bien. Como suele suceder en estos casos, la prensa metió en el mismo carro de la Nocilla a varios escritores y al final todos resultaron muy distintos, pues Manuel Vilas no tiene nada que ver con Javier Calvo y Javier Calvo no tiene nada que ver con Agustín Fernández Mallo. Ninguno de los tres aceptaría pertenecer a ninguna otra generación que no fuera musical, porque el rock los une más que cualquier otra cosa.


Agustín Fernández Mallo

Tus libros, como los de Juan Bonilla, parecen hipertextuales, cada texto te lleva inexorablemente a descubrir un nuevo autor.

Juan Bonilla, Felipe Benítez Reyes y Andrés Trapiello son tres autores con quienes me identifico, pues nos une la búsqueda de los raros, la curiosidad por el rescate o la posibilidad de dar a conocer alguien que no sea suficientemente conocido. Y todo eso lo aprendimos del poeta, editor y librero de viejo, Abelardo Linares.




¿Y quién fue Rafael Bolívar Coronado?

Un monstruo. Un fenómeno venezolano que escribía simultáneamente con cientos de seudónimos y que se reía de los editores porque falsificó crónicas de indias y se inventó a docenas de poetas apócrifos de Bolivia y Costa Rica que compiló en dos antologías delirantes que le coló a la editorial Maucci. En Venezuela mucha gente tampoco lo conoce porque fue un maldito que estuvo a punto de ser borrado de la memoria literaria, de no ser por la letra de la canción «Alma llanera», que es el segundo himno nacional de Venezuela. Bolívar Coronado fue el autor de aquella canción y sin duda se merece una novela.




¿Cómo surgió tu afición al flamenco?

No me corresponde ponerme medallas que no merezco. A mí me ha caído en suerte el privilegio de dirigir la Fundación Cristina Heeren, que es como dirigir el Sevilla o el Betis. Sé que son legión las personas que darían la vida por gestionar lo que estoy gestionando, pero cuando salgo del trabajo y me voy a mi casa escucho otras músicas. No puedo decir que soy un gran aficionado, porque un verdadero aficionado dedicaría todo su tiempo libre —como decía Perales— a escuchar flamenco, ir a actuaciones o acudir a festivales. No es mi caso. Por eso no sería justo que presumiera de ser un gran aficionado, porque no estaría diciendo la verdad. Dicho lo cual, a mí quien me introdujo en el flamenco fue el guitarrista Eduardo Rebollar en 1985. Diez años después, cuando Cristina Heeren me ofreció dirigir su fundación, en la primera persona que pensé fue en Eduardo Rebollar y así lo fiché como profesor, donde continúa hasta ahora.




Tus viajes con los flamencos por Nueva York y otras ciudades dan para un anecdotario. ¿No piensas recogerlo por escrito?

A mí lo que me encantaría publicar sería un libro titulado Flamencos de película, que no sería una obra de ficción, sino la crónica gráfica de las incursiones de muchos artistas flamencos famosos como extras de películas célebres. ¿Cuánta gente sabe que el gran bailaor Farruco apareció en Lawrence de Arabia como jeque del desierto aliado de los ingleses? Cada vez que se rodaba una película el mánager Pulpón reclutaba de los tablaos a docenas de artistas flamencos que luego salían de indios, piratas, beduinos u odaliscas. Ese es el libro que me gustaría escribir.

Más del ochenta por ciento del público que asiste a los estrenos de la Bienal de Sevilla proviene del extranjero, pero en todo el programa de la Bienal apenas hay artistas extranjeros. ¿Va a dejar el flamenco de ser una expresión artística cerrada para los intérpretes de otros países en los festivales y escenarios andaluces?

A corto plazo no lo creo, pero a largo plazo sí. Pienso que a largo plazo el futuro del flamenco estará fuera de España y que habrá muchos más artistas no andaluces, porque los estudios profesionales de flamenco serán oficiales en el extranjero antes que en Andalucía. Por eso habrá más intérpretes de flamenco nacidos fuera de territorio español, como ya ocurre con el tango argentino y el jazz. Por otro lado, tampoco sería nada nuevo, ya que después de la guerra civil los principales bailaores flamencos fueron mexicanos, argentinos, italianos y guatemaltecos. Pienso en Roberto Ximénez, Paco de Ronda, José Greco y Manolo Vargas.

¿Cuánto le debe Andalucía a los bailaores Shoji Kojima y Yoko Komatsubara?

Muchísimo, pues gracias a su fascinación por el arte jondo empezaron a llevar artistas flamencos hacia Japón. Estoy seguro de que el patrimonio de numerosos artistas flamencos se formó gracias a las galas, tablaos y clases impartidas en Japón. Todavía existe una afición flamenca increíble en Japón, aunque no tan multitudinaria como la que mueve la salsa. En Japón lo que más gusta es la salsa, luego el tango argentino y finalmente el flamenco.




¿Qué necesita el flamenco para ser reconocido mundialmente como el tango o el jazz?

Necesita planes de estudios reglados y titulaciones oficiales. Sería estupendo que tales cosas existieran en Andalucía, pero a estas alturas ya da igual que los promuevan en Francia, Japón, Estados Unidos o México. En uno de esos cuatro países se creará el primer grado universitario en flamenco del mundo, y la pena es que los mejores artistas andaluces no  podrían enseñar en esas escuelas, por carecer de titulaciones universitarias.

Esa carencia es la que intentáis solventar con la fundación…

Nos gustaría que una universidad andaluza considerara la posibilidad de crear un grado en arte flamenco patrocinado por nosotros. Cuando hablo con las autoridades académicas me objetan que no hay doctores en flamenco, pero entonces replico que tampoco hay doctores en cocina y sin embargo existen grados en gastronomía. Lo que pasa es que la gastronomía da mucho dinero, tiene marketing, están los concursos de televisión y Chicote en todos los canales. ¿Por qué el flamenco no puede ser igual? En Valencia incluso hay grados universitarios en heladería artesanal. Doctores congelados tiene que haber, pero doctores en Heladería… lo dudo.




De momento habéis conseguido que haya un instituto que el año que viene empieza.

Sí, comenzamos en enero a impartir clases de cante, baile, guitarra y compás en el bachillerato de Artes Escénicas del IES Carmen Laffón de San José de la Rinconada.


Carmen Linares

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Sí, del todo. Además, bastaría con que ese apoyo institucional se limitara al reconocimiento que proponemos, pues la ausencia de reconocimiento provoca situaciones ingratas, como el malestar del Conservatorio de Sevilla, que se opone a que nuestros profesores impartan clases de flamenco en un instituto público, aunque el cien por cien de la financiación sea privada.


 Miguel Poveda



Me parece muy bien. Soy partidario de que los japoneses canten por soleá, los franceses por alegrías y los alemanes por seguiriya, cada quien en su propia lengua. Después de todo, la música sería siempre la misma. Ni un madrileño ni un argentino —hispanohablantes ambos— podría cantar flamenco con la dicción andaluza sin impostarla. Y ya de los rusos ni hablemos. Los forasteros que quieran cantar flamenco no deberían imitar el rajo andaluz, porque no pasarían de ser andaluces postizos. Conozco cantaores extranjeros muy talentosos, cuyas voces no traicionarían el flamenco si se animaran a romper los moldes.

¿Hay una impronta africana en el flamenco?

Sin duda. Santiago Auserón acaba de defender una tesis doctoral sobre el asunto, además de haber publicado La huella sonora, un importante estudio al respecto. El habla andaluza está llena de africanismos. ¿De dónde viene «mojiganga»? ¿De dónde viene «perendengue»? Todo eso viene de voces africanas transformadas por el español. La España del Siglo de Oro estuvo poblada por negros que todavía habitan en las comedias de Lope y en las Novelas ejemplares de Cervantes. Esos negros andaluces llegaron hasta el siglo XIX, cuando combatieron contra los franceses en las guerras de independencia. Los negros españoles desaparecieron con aquellos batallones de pardos y morenos masacrados por la artillería napoleónica, o se mezclaron hasta difuminarse por los arrabales de Sevilla y Cádiz. La sevillana Hermandad de los Negritos sería otra «huella», como diría Santiago Auserón. ¿Qué ha quedado de la música de los antiguos negros andaluces? Estoy convencido de que en el flamenco encontraríamos la respuesta.


Jacinta Escudos

Para finalizar, recomiéndanos un autor o autora novel hispanoamericano imprescindible y la mejor novela de todos los tiempos según tu criterio.

Para mí, la mejor novela de todos los tiempos sería La cartuja de Parma. Comprendo que es muy antigua y que nos coge bastante a trasmano, pero me continúa fascinando como la primera vez y me sigue pareciendo la mejor novela de amor de la historia. Qué arranque más poderoso, con aquel Fabrizio del Dongo que busca la batalla de Waterloo, sin darse cuenta de que está en medio de la batalla de Waterloo. Y un autor hispanoamericano ¿desconocido aquí?,¿de qué edad?, ¿jovencito él?, ¿jovencita ella?


Carlos Cortés.


Sin edad. Alguien para descubrir.

Me gustaría recomendar a un escritor de Costa Rica llamado Carlos Cortés. Es un escritor de mi edad que ha publicado siempre en Costa Rica. En América Central tiene un gran prestigio, pero al sur de Panamá ya es menos conocido y me da una pena enorme, porque es un escritor extraordinario que merecería tener más lectores. Jacinta Escudos es otra escritora así, salvadoreña en este caso. El Salvador y Costa Rica, dos países que casi no existen para los lectores españoles.

Ahora si terminó la entrevista.


Documentación: Loreto Igrexas

Tomado de Jot Down Magazine.

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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha representado a su país en diferentes eventos literarios: Universidad de San Diego, California, Estados Unidos, y Universidad de Pamplona, Colombia. Encuentro para la presentación de una antología de su poesía, publicada en México, Cancún, por la Editorial Presagios. 

En Venezuela ha publicado sus trabajos en la Revista Nacional de Cultura, Imagen, Solar, Poda, et al.

Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. en “Crear en Salamanca”, página digital de la ciudad castellana. Igualmente, en Cervantesmileshighcity de la ciudad de Denver, Estados Unidos. Y en diferentes blog nacionales e internacionales.

Ha publicado ensayos y textos poéticos en las revistas Turia de España, Arcos de la Frontera, Piedra de molino, España,  en Il foglio volante de Italia, ; ,  entre otras.

Ha participado como conferencista o lector de su obra en varias ediciones de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC), en Venezuela.

En 2012 recibió de manos de las autoridades rectorales la máxima condecoración de la Universidad de Carabobo, la Orden “Alejo Zuloaga”, en el marco del X Encuentro Internacional de Poesía de la UC.

En 2018 fue reconocido en la XVII Edición del Premio Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana por su novela “El nervio poético”.



Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Stravagnza (Italia 2012), 70 poemas burgueses (Caracas 2014), Ropaje (Cancún, México. 2012), Los ejercicios de la ofensa (Estados Unidos. 2010)

jueves, 5 de abril de 2018

Fernando Iwasaki: Mis éxitos literarios se los debo a mis fracasos amorosos. Entrevista. Parte II/III


 Fernando Iwasaki. Fotografía: Manuel Gutiérrez


Fernando Iwasaki un lector agradecido


Carlos YUSTI


Es uno de esos escritores que se resiste a las etiquetas y a las clasificaciones sumarias. Va a sus aires por la escritura y con una versatilidad fluida a la hora de escribir cuentos, novelas o ensayos. Su interés literario va en distintas direcciones. Nunca sus libros son iguales y esto quizá sea una de sus características más resaltantes como escritor.

Otra características es el humor y la ironía que recorren algunas de su páginas, sin mencionar la hipertextualidad impiadosa de algunos de sus libros. Iwasaki se apoya en otras literaturas para ejecutar pastiches, parodias y remedos de esas grandes literaturas encumbrada en sus altos nichos de clásicos intocables. No obstante este trabajo escritural entre el remedo y la imitación es más bien un saludos a estilos literarios que no dejan de brindar enseñanzas útiles al momento de la escritura. Podría conjeturase que es un homenaje indirecto a toda esa literatura clásica que viene detrás; algo así como una fresca y renovada lectura de autores imprescindible al momento de escribir o leer.

El humor de Iwasaki tiene puntos de contactos con ese humor clásico de comedia de equivocaciones y tropiezos como el desplegado en su novela “Libro del mal amor”.

En sus cuentos breves del libro “Ajuar funerario” están todos los ingredientes que Augusto Monterroso convirtió en pequeños trucos: humor, certera utilización del lenguaje y singularidad al narrar en breve líneas un historia. Iwasaki ensaya con el género del terror y le varias vueltas de tuerca al género y a la ironía un tanto viscosa y hasta tragicómica. Con respecto a estos microcuentos el propio Iwasaki ha dicho: “Empecé con este género de minificción hace años, cuando me encargaron lecturas y conferencias para la universidad. Verdaderamente me sentía incapaz de leer textos míos de ocho o diez páginas, el público no merecía que le aburriese, así que decidí escribir estas pequeñas historias. Pero para que sean microrrelatos tiene que haber historia, y si no lo hay entonces podrá ser un poema en prosa, una anécdota, un aforismo estirado como un chicle… Pero no un microrrelato”.

Ha dicho que se formó leyendo a los escritores del Boom (Cortázar, Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, etc.), que su deuda con su estilo y escritura es innegable. Pero sin duda Iwasaki está un poco más allá y se mueve hacia literatura sin pruritos y en la cual todas las formas y los estilos convergen.

Uno de sus libros que combina relato, ensayo y ese estilo inigualable en la que están redactados los concursos literarios y que parodia el título de un libro de César Vallejo, “España aparta de mi estos premios” en el cual ironiza ese afán que tienen la regios, los municipios, las ONG y demás organismos sin fines de lucro por los premios literarios. Iwasaki va creando un buen número de premios absurdos (municipales) e irrisorios. El libro concluye con “Decálogo del concursante consuetudinario (y probablemente ultramarino)” que no tiene desperdicio, aunque me quedo con el apartado sexto: “Si tus personajes van a estar divorciados, procura que el divorcio se haya producido antes de que comience el cuento. La gente ya lo está pasando muy mal para que encima tú sólo escribas sobre problemas. Además, cuatro de cada cinco miembros de jurados literarios están divorciados o les falta poco”.

Iwasaki escribió algo sobre Enrique Vilas-Mata que perfectamente le va un poco a él mismo: “La singularidad de Vila-Matas no puede consistir en recursos tan antiguos como trillados, y así tengo para mí que el quid de la cuestión es desde dónde narra Vila-Matas”. De igual modo pregunto y respondo: ¿Desde dónde narra, parodia, recrea e inventa Fernando Iwasaki?. Yo digo desde el corazón mismo de la literatura. Borges aseguraba que cada escritor agregaba una hoja a ese gran libro de la literatura universal. Iwasaki agrega su hoja respectiva con esa alegría viva, con ese desenfado lleno de humor, sin por ello degradar la calidad imaginativa ni estilística; en fin con esa luminosidad metafórica  de la risa que sólo se adquiere cuando se es un agradecido lector.


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Fernando Iwasaki: «A nuestros alumnos universitarios les tomaría el B2 de español el primer día de clases»


Publicado por Ángel L. Fernández Recuero, Paula Herrero, y David del Toro.


¿Qué opinas de la literatura potencial que desarrollan los oulipianos?

¿La literatura potencial? Si se puede escribir se convierte en acto y deja de ser potencial. Aristóteles ahí se lució. Como juego, como birlibirloque, la literatura potencial tiene un pase; pero ni Bartleby ni Joe Gould tienen una novela potencial porque ellos son la novela hecha acto. No me vale lo potencial.

El grupo se fundó en el sesenta, y sin embargo mucho antes Benjamín Jarnés escribió un texto, «Partituras de hielo», que no contiene un solo «que»… Y Georges Perec uno sin la letra e, en francés.

Pero eso no es potencial, eso es acto puro y además juego, adorno, patafísica. Me parece un clavel en el ojal del estilo y una manera muy exigente de trabajar. El texto de Jarnés donde no hay ni un solo «que» es un texto fastuoso. En una asignatura universitaria de redacción podría ser un examen brutal: «Escriba un texto de trescientas palabras sin estampar un solo “que”». Una escabechina, sin duda.


Georges Perec

Georges Perec fue, según Roberto Bolaño, el escritor más importante de la segunda mitad del siglo XX… supongo que no estarás de acuerdo.

No, pero no porque Perec no lo fuera, sino porque Roberto era tan entusiasta y generoso que le dedicó el mismo elogio a Philip Dick, a Borges, a Saer y a Levrero. Roberto era excesivo en su admiración. Sin ánimo de negociar, para mí los cinco grandes autores del siglo XX fueron Kafka, Borges, Proust, Faulkner y Joyce. Nadie más se les acerca.

En La literatura nazi en América de Bolaño o en Academia Zaratustra de Juan Bonilla, fantasía y realidad se engarzan en la narración de tal manera que es imposible distinguir si son o no textos de ficción. ¿Qué es más importante, la verdad o la verosimilitud?

La verosimilitud. Así como en el periodismo lo más importante es la veracidad —que no es lo mismo que la verdad— en la literatura lo esencial es la verosimilitud, que tampoco es la verdad. En realidad, la verdad es para los filósofos. Ni siquiera para los curas. Mientras que la veracidad pertenece al ámbito de la prensa, la verosimilitud pertenece a la esfera de la ficción.


Arcadi Espada en su casa de Barcelona. (Foto: ANTONIO MORENO). Foto tomada de El Mundo

Arcadi Espada lanzó un bulo sexual sobre Cercas como colofón a la polémica entre ambos relativa a la legitimidad de mezclar realidad y ficción. ¿Por qué este tipo de narrativa se considera obra maestra en las plumas de Capote, Coetzee o Philip Roth y en España se desprestigia?

Probablemente por los malos rollos que hay entre la gente en España. Siento aprecio por ambos, pero soy amigo de Javier Cercas y con Arcadi Espada no pasamos de un trato muy cordial. A mí me parece que toda aquella polémica fue muy absurda. De hecho, Francisco Rico la zanjó de forma magistral abrochando un artículo en El País sentenciando: «En mi vida he fumado un solo cigarrillo». Claro, porque había fumado miles y en ningún caso uno solo. Todos los que se apresuraron a reprocharle su «mentira» quedaron en ridículo, porque en el lenguaje hay infinitas posibilidades de crear trampas retóricas o de hacer juegos de espejos. Por eso a mí sí me parece que Javier Cercas hizo lo mismo que Truman Capote en A sangre fría. Y a su manera, también Chaves Nogales.


Manuel Chávez Nogales a la izquierda de la fotografía.



Y en esa línea, ¿qué te pareció la teatralización que hizo Jordi Évole del 23F?

El mundo audiovisual es otra realidad con sus propias reglas. Lo que hizo Orson Welles con la invasión alienígena no tiene nada que ver con las novelas de Cercas. Para empezar, porque a través de un medio de comunicación audiovisual llegas a una audiencia cuyo número crece de manera exponencial, mientras que los libros —ni siquiera los digitales— jamás podrían llegar con la misma velocidad a un número semejante de lectores. La recepción de una novela —ahí está la diferencia— nunca tendrá consecuencias inmediatas como en el caso de la recepción de la radio o la televisión. Ni siquiera el cine, porque incluso la recepción de las películas se aprecia a posteriori. Pero en la radio, la televisión y las redes sociales, lo que ocurre, ocurre online, en el momento. Creo que eso es completamente distinto.




Hay institutos de secundaria con programas exitosos de fomento de la lectura. ¿Se trata de una guerra perdida? ¿No conseguiremos nunca que los jóvenes se interesen más por leer que por lo audiovisual?

En la época presente va a ser muy difícil que los jóvenes renuncien a lo audiovisual. Por el contrario, quienes deseamos que los jóvenes lean, tenemos que adaptarnos a la realidad audiovisual. Esperaremos a que se haga una buena película de Moby Dick para recomendar la lectura de Moby Dick. ¿Cuántos adolescentes se enteraron de la existencia de la guerra de Troya gracias a Brad Pitt? Más bien, espero que pronto llegue a las aulas la primera generación de profesores que vio Bola de Dragón y que fantaseó con las primeras películas basadas en cómics, para que le hablen a los chavales de todo lo que vieron. Como soy un friki contumaz, me he chutado todas esas series y disfruto manejando aquel universo de referencias.


Moby Dick. Imagen tomada de AudioClásico

Pero debo añadir que si no le perdemos el miedo a lo «obligatorio» jamás conseguiremos que los jóvenes se vuelvan lectores, porque quienes somos de letras estamos a priori contra todo lo que sea obligatorio. Sin embargo, mis profesores de matemáticas me obligaron a sumar exponentes, simplificar radicales, despejar ecuaciones de tercer grado y calcular senos sobre cosenos. ¡Jamás senos sobre senos! Todavía recuerdo que menos B más menos raíz de B cuadrado menos cuatro AC sobre dos A, debe ser igual a cero. ¿Por qué carajo me acuerdo de esa huevada a mis cincuenta y cuatro años? Porque fui obligado a memorizar esa fórmula, tal como no tuve más remedio que aprender a sacar máximos comunes divisores, mínimos común múltiples y otras obscenidades. Los profesores de ciencias jamás dudan ni tienen los pruritos morales que nos acogotan a los de letras. Si el profesor de química te decía que tenías que aprenderte la tabla periódica con sus pesos atómicos, te los aprendías. Si el profesor de física te decía que debías saber que el tiempo de la caída libre de un cuerpo era igual a la velocidad final menos la velocidad inicial sobre la aceleración, te lo sabías. Yo me tuve que envainar todas esas fórmulas porque los profesores de matemáticas no dudan y por eso los profesores de letras hemos perdido la batalla del fomento de la lectura.




Pero en Estados Unidos no es así, ¿no?

En todo el mundo, los profesores de letras y humanidades siempre dudamos.

Y los coreanos…

Los coreanos no pertenecen a Occidente y la tradición occidental es la única que duda de sí misma. Solo un occidental es capaz de dudar de su condición de occidental. Por eso un francés duda de ser francés, un español duda de ser español, un gringo duda de ser gringo y un peruano duda de ser peruano. Los coreanos saben que son coreanos y que por ese caminito solo podrían ir a Seúl o Pionyang. Tan claro lo tienen, que todos los de Pionyang querrían irse a Seúl. En cambio, la duda está entronizada en la tradición occidental. Si el problema es el verbo «obligar», entonces habrá que usar «exigir», «impeler» o «instar» para que los alumnos lean, porque tienen que leer. El problema es qué deberían leer. Si tienen doce años, tendrán problemas para comprender el Lazarillo de Tormes o Rinconete y Cortadillo, pues para ellos sería más fácil leer Harry Potter, El Señor de los Anillos o los cómics de Iron Man. Si los maestros les explicaran la relación que existe entre la armadura de Aquiles y la armadura de Iron Man o entre la espada Excálibur y las espadas láser de La guerra de las galaxias, los alumnos lo agradecerían.


Rinconete y Cortadillo. Imagen tomada de Tebeosfera


Con este panorama, qué es mejor: ¿Abuelita es mi tronca o La abuela solidaria?

Entre La abuelita solidaria y Abuelita es mi tronca no hay escapatoria. Habría que quitar el sustantivo «abuelita» y quedarte con La tronca solidaria, porque con la «abuelita» no vamos a ningún lado.

Te gusta jugar con el doble sentido de las palabras en los títulos de tus libros, algo que no parece muy común y por tanto ortodoxo… ¿Te ha creado algún problema?

No, pero me gustaría añadir que en América Latina esos juegos son normales, pues nosotros nos entrenamos en el humorismo desde niños, a través de las conversaciones con nuestros padres, amigos y profesores del colegio. Y encima hemos tenido grandes maestros como  Cortázar y Cabrera Infante. En realidad, siempre se ha jugado con el doble sentido, pero yo he querido darle protagonismo en mi obra y por eso lo llevo como bandera. Sé que en España los juegos de palabras no provocan un gran entusiasmo, pero no me he sentido perjudicado por recurrir a ellos.


Un joven Guillermo Cabrera Infante. Fotografía de Ernezto Fernández.

¿Cuales son los factores extraliterarios que impiden que no se valore en su justa medida al escritor cubano Cabrera Infante?

Sin duda los políticos. Sus discrepancias con la Revolución, Fidel Castro, los comisarios culturales y el comunismo, en general. Y es una pena, porque en Cuba lo leen y sus libros gustan muchísimo, pero nadie lo proclama abiertamente todavía. Ojalá que las cosas también cambien en Cuba con respecto a Cabrera Infante. En 2014 me publicaron una antología de cuentos en Cuba y debo reconocer que me permitieron dedicar mi libro a la memoria de Guillermo.

Ni hispanoamericana ni española: literatura en español.

Sí. A mí me parece que Muñoz Molina no sería quien es sin Onetti, Borges, García Márquez o Vargas Llosa. Luis Landero y Almudena Grandes, tres cuartos de lo mismo. Eduardo Mendicutti no se entendería sin Manuel Puig, y sin Eduardo Mendicutti no existirían las novelas del chileno Pablo Simonetti, del peruano Jaime Bayly o del venezolano Boris Izaguirre. Es decir, que ningún autor contemporáneo en español lee solamente a los escritores de su tradición nacional. Vila-Matas, por ejemplo siempre ha reconocido sus deudas con Borges, Cortázar, Pitol y Monterroso. No fue el caso de Umbral, porque Umbral fue un escritor que se formó durante la posguerra y siempre presumió de no deberle nada a la literatura latinoamericana. Pero todos los escritores españoles que fueron adolescentes con el Boom, leyeron a los autores del Boom. ¿Cuánto de aquellas lecturas crepita en sus obras? Muchísimo. Si tú amputas lo borgeano de la literatura española contemporánea sería como quitarle la papa a la gastronomía española, porque no quedaría ni la tortilla.


Manuel Puig. Imagen tomada de Schavelzon Graham.

En La Mancha Extraterritorial reivindicas el papel de los escritores que escriben en español siendo nativos de otra lengua. Son garantía del futuro del español, así como los alumnos que lo estudian como lengua extranjera. ¿Hay señales de buena salud en el español actual?

La salud del español en los países hispanohablantes es muy mala. A nuestros alumnos universitarios les tomaría el B2 de español el primer día de clases [Risas]. Es decir, el mismo examen que tienen que dar los coreanos y los noruegos que vienen a estudiar en España, porque lo primero que hay que demostrarles es que no hablan correctamente su propia lengua materna. Los alumnos universitarios se quejan de que les mandamos leer textos muy difíciles, mas no porque estén leyendo epistemología o estructuralismo. No, para ellos algo es «muy difícil» cuando tropiezan con un adjetivo que no entienden. Y como es más fácil buscar un adjetivo en el ordenador, ya nadie tiene diccionarios en casa. Antes había al menos un Pequeño Larousse, un Everest, un Sopena, pero ahora es que han desaparecido. Soy de los que piensan que todos deberíamos pagar un canon para que en la barra de cualquier navegador haya un enlace a la web de la RAE, de modo que sea más sencillo hallar la definición de cualquier voz en nuestra lengua.


Valerie Miles. Imagen tomada de Rostros Literarios. Foto de María Calvo.

Valerie Miles, editora española de Granta, se apasionó por la lengua española hace veinte años y desde entonces su dedicación es «servir de puente» entre la literatura anglosajona y en español. ¿Cómo se encuentran esos puentes?

Esos puentes son un poco asimétricos, ahora mismo. Recuerdo que el ABC Cultural número mil le hizo una entrevista a veinticinco escritores de habla hispana y les pidió que citaran los cinco mejores títulos del sigo XXI. Solo dos de veinticinco mencionaron a dos autores hispanohablantes —Bolaño y Vargas Llosa—, mientras que el resto se limitó a citar autores anglosajones leídos en traducciones. Nadie nombró a Murakami, ni a Houellebecq, ni a Grossman, porque todos eran ingleses o norteamericanos. Paul Auster, por ejemplo, fue el más repetido. A mí me alarmó que Vila-Matas y el colombiano Juan Gabriel Vásquez fueran los únicos que admitieron haber leído un buen libro en español durante los once primeros años del siglo XXI. ¿Es que no existen más? Claro que existen. Por lo tanto, los puentes por los que preguntas son totalmente asimétricos, pues nosotros tenemos más curiosidad por la literatura anglosajona que los anglosajones por la literatura en español.


Juan Gabriel Vásquez,en Bogotá. 

De hecho, en Estados Unidos, traducidos —pero bien traducidos— casi no encontramos a nadie. Un par de títulos de Muñoz Molina y Javier Marías, alguno de Cercas, otro de Vila-Matas… pero nosotros sí que traducimos del inglés a escritores malísimos. Y no le concedemos la misma importancia a la literatura italiana y francesa contemporáneas, donde hay estupendos autores que no siempre llegan a los escaparates. ¿Por qué? Porque las editoriales se han integrado a grandes holdings que acaparan la distribución, la publicidad y la crítica. Un escritor que publique en editoriales pequeñas, independientes y bellas como Pre-Textos, Acantilado, Periférica, Impedimenta, Libros del Asteroide, Páginas de Espuma o Renacimiento, lo tiene mucho más complicado para ser reseñado e influyente.




¿Eres suscriptor de alguna revista literaria o de ensayo? ¿Qué te parecen proyectos nuevos como La Maletade Portbou o El estado mental?

Bueno, El estado mental la recibo, porque ahí está mi paisano Toño Angulo. También recibo algunas revistas chilenas, colombianas y peruanas. Durante unos años fui suscriptor de Claves y todavía lo soy de la asturiana Clarín. Creo que el ensayo recibe muy poca atención. Antes leías en la prensa unos artículos de fondo maravillosos que eran genuinos ensayos, pero el género está desapareciendo de los diarios para refugiarse en la red. Pienso en Tercera Cultura, que es un portal donde la divulgación científica se mezcla con antropología y humanidades.


Carmen Balcells junto a algunos autores del boom latinoaméricano: García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay



Con la muerte de Carmen Balcells, Vallcorba, Toni López Lamadrid y el retiro de Herralde, ¿se ha quedado huérfano el sector editorial español?

Sí, porque ellos sabían cómo dirigir una editorial, crear un catálogo y buscar autores. En realidad, lo mismo está ocurriendo con los periódicos y por eso las revistas y los medios digitales se han convertido en el refugio del nuevo periodismo. ¿Por qué? Porque una revista como Jot Down es lo más parecido a lo que yo llamo el periodismo del Far West. En los wésterns más memorables siempre encontramos periodistas que denuncian a los corruptos, que se enfrentan a los mafiosos y que ayudan al sheriff a derrotar a los malos. Repasa El hombre que mató aLiberty Valance, The Texican, Sin perdón y en todas ellas encontrarás a un periodista. Ahora, en medio de la balacera de la actualidad, el periodista descubre que la caballería no va a llegar porque le han hecho un ERE y que los indios son sus patrocinadores [Risas]. El periodismo independiente ha desaparecido.




En Somos libros, seámoslo siempre haces una analogía entre leer un libro en tableta y beber vino en tetrabrik. ¿Estamos cerca del fin del libro impreso?

No, porque a pesar de que las modernas aspiradoras son cada vez más chulas, la humilde escoba continúa en la brecha. Con los libros sucederá lo mismo: seguirán existiendo para una exquisita minoría, tal como han vuelto los vinilos. Es más, estoy persuadido de que sin papel no hay prestigio literario. Por eso hasta los talibanes del blog quieren que una editorial de campanillas encuaderne sus posts.

¿Quién tiene la culpa del cierre de las pequeñas librerías: las grandes cadenas o la educación escolar y universitaria?

No descartes a los periódicos, porque cuando empezaron a regalar libros los quioscos se llenaron de clásicos y aquello fue la puntilla sobre las pequeñas librerías. En honor a la verdad, espero que las pequeñas librerías se conviertan todas en librerías de viejo, pues la librería de viejo no ha sido destruida por el famoso cambio de paradigma. Han cerrado un montón, sin duda, pero el librero de viejo es un misántropo, una criatura huraña que no quiere ver al cliente y que rodeado de sus libros viejos se siente más seguro que en un refugio antinuclear [Risas].


Antonio Rivero Taravillo

¿A qué librerías acudes tú en Sevilla?

Debo reconocer que me están dejando sin librerías. La Casa del Libro me parecía un lugar estupendo cuando la dirigía el poeta Antonio Rivero Taravillo, pero mis favoritas han cerrado ya: La Roldana, Antonio Machado, Montparnasse… En Los Remedios resiste Palas, en el centro Céfiro, en Viapol Yerma y en la Alameda La Extravagante. Soy de todas ellas.


Koro Castellano
Nos decía Koro Castellano, directora de Kindle en español, que según un estudio que han realizado más de la mitad de españoles ha comenzado a escribir un libro. ¿Qué piensas de este dato?


Esa estadística me recuerda las encuestas electorales. No me la creo. ¿Y es una encuesta hecha en España? De ser cierto, en Alemania o en Francia el ochenta por ciento de la población ya debería haber escrito un libro. No me lo creo. Será una encuesta realizada dentro del universo de poseedores de una tableta Kindle o de clientes de Amazon, porque vivo rodeado de personas que ignoran lo más mínimo de la actualidad política, internacional, económica y cultural. Por lo tanto, de la literaria ni hablemos.

Documentación: Loreto Igrexas

Continuará



Tomado de Jot Down Magazine.


Enlaces relacionados:

Fernando Iwasaki: Mis éxitos literarios se los debo a mis fracasos amorosos. Entrevista. Parte I/III


Fernando Iwasaki: Mis éxitos literarios se los debo a mis fracasos amorosos. Entrevista. Parte III/III




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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia