Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas de José Pulido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas de José Pulido. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de septiembre de 2026

Juan Martins (1960 - 2026), teatrista y poeta venezolano a José Pulido: Son los lectores, quienes nos dicen si somos escritores

 


Juan Martins




El pasado domingo 30 de agosto de 2026 falleció el escritor Juan Martins debido a complicaciones de salud.

Le hacemos llegar nuestras condolencias a sus allegados.


*******



Juan Martins, el escritor portugués de Maracay

José Pulido domingo 11 de octubre de 2020




Martins: “No podría estar sin escribir, no me concibo de otra manera”.



Tenochtitlan. Imagen tomada de aquí.


“Desde la remodelación de Tenochtitlan, luego de su destrucción por Hernán Cortés en 1521, hasta la inauguración en 1960 del más fabuloso sueño de urbe de que han sido capaces los americanos,  la Brasilia de Lucio Costa y Oscar Niemeyer, la ciudad latinoamericana ha venido siendo básicamente un parto de la inteligencia, pues quedó inscripta en un ciclo de la cultura universal en que la ciudad pasó a ser el sueño de un orden y encontró en las tierras del Nuevo Continente, el único sitio propicio para encarnar”. Eso lo escribió el inolvidable ensayista Ángel Rama.

El Congreso Nacional diseñado por Oscar Niemeyer en Brasilia.


Es un parto de la inteligencia cada ciudad, sí señor. Rama estaba en lo cierto. Por ejemplo, Maracay fue un caserío, un rancherío y de pronto cambió para volverse embrión de ciudad y fue así como Humboldt conoció el lugar y detalló algunos aspectos:

Ángel Rama. Imagen tomada de aquí.


El pueblo, o más bien, el burgo de Maracay era antes el centro de las plantaciones de añil, cuando este ramo de la industria textil era el más próspero. En 1795 se contaban allí 70 mercaderes con tiendas, en una población de cerca de 6.000 habitantes. Las casas todas son de tapias: en cada casa hay cocoteros, cuyas cimas se elevan por encima de los edificios. El aspecto de bienestar general es todavía más ostensible en Maracay que en Turmero.

Maracay y el Lago de Valencia. Imagen tomada de aquí..


(Humboldt nunca podría adivinar que Turmero nunca dejaría de ser una ciudad pequeña, pero con crecimiento en el arte y en la poesía debido a Mario Abreu y a las hermanas Yolanda y Blanca Pantin).

Alejandro de Humboldt.


Hubo una época en que se podía decir que el cielo de Maracay era color añil, sin que alguien calificara de tontería tal afirmación. En Maracay y en Nirgua mejoraron el cultivo de añil los vascos guipuzcoanos. Maracay vivió una inspiración vasca en aquel tiempo.

Yolanda Pantin


Después los maracayeros hicieron vida nerviosa con la dictadura de Juan Vicente Gómez instalada a sus anchas en ese calorón. Pasado un buen tiempo hubo una temporada marcada por el orgullo de tener a César Girón, a sus hermanos y al Diamante Negro. Y en su atmósfera se fabricaron tardes de toro salerosas y dolorosas.

Juan Vicente Gómez. Imagen tomada de Wikipedia.


Posteriormente, la narración de Eduardo Casanova, la música de Otilio Galíndez, los jonrones de Miguel Cabrera y la poesía de Harry Almela y Alberto Hernández, pusieron a Maracay en un mapa de perfecto cariño.

Eduardo Casanova


Y ahora, para complementar el carisma de Maracay, se crece Juan Martins con sus obras, que son de dramaturgia, de narración, de poesía. Aparte del olor a pan recién horneado que difundieron los portugueses en todo el país, también han aportado a unos cuantos creadores literarios. Entre ellos, el caballero entrevistado.


 

Caramba-Otilio Galíndez

https://m.youtube.com/watch?v=RVIXutYwdfU


El teatro es una relación de cuerpo a cuerpo con el espectador. Sí, tenemos que reinventarnos; aun así, no podemos perder esta perspectiva conceptual con la teatralidad.


Hijo de portugueses

Gonçalo M. Tavares. Imagen tomada de aquí.



—¿De dónde viene tu apellido?


—Soy lusodescendiente. Mis padres son inmigrantes que llegaron de la isla de Las Azores, Portugal. Mi madre llegó al país con apenas cinco años de edad, en 1945, y mi padre en 1959. Acá estructuraron sus vidas del modo que ya todos conocemos de esta inmigración: trabajo, honestidad y responsabilidad. Estos son los valores que me trasmitieron. De allí mi arraigo con esta otra lengua, la lengua portuguesa. Arraigo que también se traduce en literatura. Por nombrarte algo relevante: uno de mis libros de ensayos, Gonçalo M. Tavares: el secreto de su alfabeto, auspiciado por el Instituto Portugués de Cultura, es una marca dentro de mi obra. Lo digo por lo siguiente: Tavares se introdujo en mi estilo de escritura. En una manera de entenderme con ella; lo heterodoxo, la ruptura de géneros o su mixtura, por decir dos de sus aspectos importantes. El saber que escribes, como bien lo dice él, desde el alfabeto y no desde el género. Es decir, que de allí surja lo que la misma escritura exija y le quede al lector decidir. A partir de este matiz de libertad comprendí que esto podía ser parte de aquel estilo. En virtud de lo cual me edifico en la literatura portuguesa. Pessoa, por ejemplo, se transfiere en lenguaje porque deviene en lo que escribiré. Escribimos después de los otros, dice Enrique Vila-Matas. Y eso es una verdad, puesto que le confiere al acto de lectura una propiedad creativa. Portugal se me hace inexorable en la memoria y se introduce en las formas de mi escritura, en su cadencia, el sentir y, siendo un poco más riguroso, en esta intertextualidad a la que deseo corresponderme por medio de un proceso lúdico porque me entretiene.


—¿Qué amas de Maracay?


—Lo que amo de Maracay son mis amigos. Es en ellos que me construyo. Apostemos en claro, mi amistad con el destacado escritor Alberto Hernández me acompaña en este sentido profesional con la escritura: lecturas, ediciones, tertulias e intercambios. Para decirlo en una palabra que me es común con el portugués: conversa. Y son esas conversaciones las que me complementan en el quehacer. Esto, entre otras cosas, me define porque soy también un hombre de teatro. Y extraño mi público. En estos momentos tengo preparado un performance con el teatro de Fernando Pessoa, así como también un libro de ensayo en el que estoy trabajando. Y como bien sabemos, el teatro es una relación de cuerpo a cuerpo con el espectador. Sí, tenemos que reinventarnos; aun así, no podemos perder esta perspectiva conceptual con la teatralidad.

Harry Almela y Alberto Hernández. Fotografía de Henry Cedeño. Imagen tomada de Aquí

—¿Desde cuándo escribes?


—Me gustaría responder que desde siempre, decir que siempre estuve escribiendo. Desde la infancia, si acaso consideramos que primero somos lectores. Luego, escribimos. Sin embargo, llegué muy tardío a la escritura. Debo destacar la importancia que tuvo para mí el poeta Harry Almela; es por él que en mi juventud llegué a la poesía en sus famosos talleres en que nos formamos toda una generación. Para mí, la literatura era Harry Almela. Todo lo que sucedía en mi ciudad en torno a ella tenía que ver con dos personas: Harry Almela y Alberto Hernández. Dejó aquél un legado muy importante, una relación de disciplina y seriedad a la cual me apego y con el mayor rigor posible. El libro con el cual recibí el Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar, Soy una herida que se deja atenuar, lo dediqué a la memoria de Harry Almela. Dado a lo aprendido y a quien vertió en mí esa pasión desde mi juventud, por allí cuando tenía veinticinco años. Hoy soy un viejito (bromeo) de 59 procurando mi voz. No es un gesto ingenuo, sino de responsabilidad con la escritura.


—¿Y cuándo supiste a ciencia cierta que eres escritor?


—No tenemos la certeza de cuándo, si acaso lo somos. Son los lectores, estoy seguro de ello, quienes nos dicen si, en el mejor de los casos, estamos escribiendo. Si algún lector nos espera mientras nuestro yo se va desvaneciendo. Un solo lector nos daría una gran alegría. Y si esto nos hace escritores, entonces puedo decir que la poesía me confirió esa seguridad. Por tal motivo me resisto para publicarla cuando trato, no es fácil, pasar lo más desapercibido posible. Siendo así me permito comentar que llegué muy tarde a la escritura. Aunque, pienso ahora, siempre lo hacía de alguna manera. En cierta manera se escribe en mi cabeza aquel libro, poema, drama y ensayo antes de ser publicado. Es decir, tratar de saber qué escribimos cuando no estamos escribiendo. Recordemos algo: publicar no tiene nada que ver con escribir. Son, como dice Tavares, dos verbos diferentes.

Rodolfo Santana. 1982. Imagen coloreada

—¿Qué cosa más importante aprendiste con Rodolfo Santana?


—Tu pregunta me sorprende gratamente, incluso diría que es necesaria. Todo en Santana es importante. Ahora destaco, no su relación política de su discurso, prefiero quedarme con lo mejor de él, su vínculo con las vanguardias, con la ruptura de lo convencional. Su apego a esta poética lo afirma, no ahora, sino dentro de unos años cuando el país se transparente. Ese discurso, a cambio del político, es lo que se preservará de su dramaturgia. Y es allí donde aprendí de él su humor, lo lúdico, su teatralidad y, por encima de todo esto, sus diálogos en el marco de atmósferas oníricas, algunas veces, y otras en un ritmo avasallador donde la realidad se transfiere en un estado emocional. Quiero decir con esto que es justo su poética lo que me atrae y, si queremos, la capacidad de introducir sus ideas en los diálogos, decía, el ritmo de su escritura, puesto que en el arte, como en la literatura, lo importante no es lo que dices, sino cómo lo dices. Le debo mucho a él. Hay otras voces, por supuesto, por lo que no sería honesto olvidarme de Gustavo Ott, Isaac Chocrón y José Ignacio Cabrujas.


José Ignacio Cabrujas. Foto coloreada.

—¿Cuál es tu gran pasión?


—Escribir. No importa si lo hago desde un género u otro. Es la misma escritura la que me conduce a otras pasiones, entre ellas, el teatro. Y con el teatro tengo una relación menos convencional. Siempre procurando este nivel de heterodoxia como te mencionaba. Mucho de esa escritura viene tejida por el ejercicio con lo experimental (permíteme por favor el eufemismo): escribir desde otra mirada la cual nunca es nueva, apenas trato con lo auténtico. Ya que, en el mundo de las pasiones, todas están dispuestas sobre la mesa. Tomo lo que me interesa, selecciono, aun bajo el riesgo de equivocarme. Cómo si no.



Mi condición de crítico deviene de la lectura. Mi mayor placer. Sólo que este placer te exige sitiar lo racional.



—¿Qué le ha aportado la dramaturgia a tu poesía?


—En la dicción, evitar estructuras cerradas por lo simbólico. El diálogo te permite, en su intento, hallar la transparencia. Tener algo que decir en función del lector. Entiendo esta necesidad en tanto que reconozco mi voz más cerca de lo simbólico que de lo cotidiano o del testimonio. Escribir poesía a partir lo cotidiano es muy difícil. En lo particular requiere de mi parte un esfuerzo mayor que mi talento. Escribir es muy difícil, aun por debajo de tus posibilidades. No obstante la dramaturgia incorpora una vigilia con aquella cotidianidad. Es un reto mayor. Y en consecuencia este ejercicio es dialéctico entre el poema y el drama.

Harry Almela. Foto Henry Cedeño. Imagen tomada de Medium.


—¿Qué le ha aportado la poesía a tu dramaturgia?


—Mucho. Es una relación completa. Ahora estoy trabajando en una trilogía cuyos diálogos se acercan al verso, al poema, sin que por ello se pierda la acción. Ésta es, la teatralidad. Por medio de esta técnica intento sitiar el poema en su encaje teatral “palabra/escenificación” con el propósito de vincular la escritura con lo heterodoxo. Insisto, no es nada nuevo, pero el ejercicio me divierte. No me lo tomo tan en serio, es una instrucción con lo lúdico en el marco de una poética que me caracteriza, si de alguna manera pueda definirme. Ah..., José, lo recuerdo ahora, debo decirte lo siguiente, en ese sentido Fernando Pessoa con su Teatro estático es una premisa para definir la vanguardia portuguesa. Supuestamente, dicho por Pessoa, un teatro carente de acción. Lo que no advirtió fue la compleja relación entre el poema y el impulso teatral inherente en su dramaturgia: lo que se ha dicho en cuanto a su corporeidad de la palabra. El poema se teatraliza, incluso, desde ese rigor simbólico de su poesía.





—¿Qué le ha aportado la crítica a tu escritura?


—Por lo dicho: “escribimos después de los otros”. Al revisar el genio de los otros, me descubro. Si consideramos aquello que nos decía Roberto Bolaño, que escribir es muy terrible y que lo natural no es escribir, sino leer. Mi condición de crítico deviene de la lectura. Mi mayor placer. Sólo que este placer te exige sitiar lo racional. Al leer, me emociono. Al racionalizar esa emoción llega lo crítico que, también por lo heterodoxo, quiere hallarse con la escritura, tanto en mis textos de crítica literaria como teatral. Metódicamente hablando son más las semejanzas que las diferencias entre escritura y crítica. Si hay algo que aporta es registrar mi voz como narrador. Allí tengo una pasión reservada: mi reciente libro de narrativa. Me arriesgo, intento encontrarme con otro tipo de lectores. Podrás evaluarlo de este libro, El vuelo fractal de la mosca (éste y otros de mis libros en mi perfil en la plataforma Issuu), auspiciado esta vez por el Centro de Língua Portuguesa Upel Maracay y el Instituto Camões da Cooperação e da Língua de Portugal, así como el Ministério Dos Negócios Estrangeiros en su versión digital. Y me siento muy feliz porque es justo la respuesta a tu pregunta. Mi condición de crítico me preparó (¿acaso me advierte?) para este, mi reciente libro, y estamos hablando de muchos años de trabajo. Adquirir a partir de entonces las herramientas necesarias, la madurez a modo de consolidarme en el género narrativo. Y los lectores, lo más importante, me dicen por dónde ir. Este libro me ha obsequiado lectores. Esto es una alegría. Digamos algo: el crítico, el escritor y el dramaturgo se unifican. Por momentos no sé dónde están los límites, puesto que el discurso se integra en ese valor disconforme con la escritura. Repito aquí lo que dice António Lobo Antunes: escribir es muy difícil. El talento no existe, lo que existe es el trabajo. Muy cierto, Antunes. Nunca antes lo había entendido tan bien.


Roberto Bolaño por MarcoVillar


—¿Pensaste alguna vez que el país llegaría a estar como está?


—No. Por tal motivo te mencionaba la trilogía dramática en la que estoy trabajando. Trato en la misma el asunto que nos atañe: los refugiados, el populismo y la destrucción por causa de la violencia. En medio de todo, el desasosiego. Así que los diálogos se imponen desde el dolor como estructura emocional que la define. Por ahora (no estoy seguro del todo) se denominará . Mi encuentro con la escritura tiene un dejo con lo orgánico lo cual no hay que confundirlo, por oposición, con la disciplina y el rigor del trabajo.


—¿En qué lugares de tu caminar cotidiano sientes la falta de los amigos?


—Siempre. Extraño la alegría de nuestros espacios culturales. Un Ateneo de la ciudad cerrado. Y lo más difícil: perder aquellos lugares de encuentro que nos definían: la “conversa” a la que me refería. Allí ya no está Harry Almela ni el taller de literatura, lo extraño. Me entristece. Allí todavía no están los otros, el desasosiego se profundiza, el dolor también. Intento entonces colocarlo en la escritura. Al presente, estoy fascinando con esta posibilidad técnica de la narrativa. No lo sé, pero de alguna manera, tal desasosiego formará parte de lo que viene. El paseo por mis calles es la trascendencia de ese dolor. Hay un libro de ensayo que denomino El delirio del sentido, desde una poética del dolor y otros ensayos. Allí establezco una relación entre el dolor y su giro poético en la escritura, sobre todo en relación, vuelvo a decirlo, con el teatro y las emociones.

La trama, dentro de lo que considero, no es importante, sino el estilo.


—¿Hacia dónde va tu escritura?


—No lo sé, pero sin disciplina no sabré adónde ir. Me divierto. Te decía que no me lo tomo tan en serio; es, por contradictorio que parezca, mi forma de hallarme con la transparencia de la escritura y la vida. Sin embargo, no sé hacer otra cosa. No podría estar sin escribir, no me concibo de otra manera. Que lo decidan los lectores. Como dice Enrique Vila-Matas a través de uno de sus narradores, estoy enfermo de literatura.


—¿Qué parte de Venezuela se volvió teatro y poesía en ti?


—Aquella, si acaso tiene lugar, que representa a la idiosincrasia del espectador. Nada hay más fascinante que hacer feliz a éste después de cada función, sin importar lugar y hora. En otras palabras, si hay un territorio ese sería una sala de teatro. Y en tanto a la poesía, mi ciudad, Maracay, porque es ésta donde me encontré con ella. Mi ciudad me estrechó en esa relación con la poesía. Y por supuesto, como lo sabes, escribimos para el mundo.

Haruki Murakami.Imagen tomada de aquí.


—¿Qué quieres en realidad proyectar en tu escritura? ¿Cuál es el planteamiento primordial para ti?


—No tengo un planteamiento. La trama, dentro de lo que considero, no es importante, sino el estilo. La escritura (el acto mismo de escribir) lo define. Así que me cuesta responder esta pregunta porque el fondo se me desvanece en prioridad por la forma. Si hay algo qué decir allí, surgirá del mismo proceso. Claro, en algunos momentos tal trama me seduce; en cambio, la forma se impone. Si hay algo que quiero proyectar es esto, el estilo: la forma no convencional de la escritura. Tal como dice Haruki Murakami, quien no sabe qué va a escribir en la próxima página hasta que llega a ella. Y esto compromete a la forma de la escritura.



Aportación Internacional de Juán Martins para territorios del artista

25 Visualizaciones desde el 27 sept de 2018 hasta el 05 sept 2026

https://m.youtube.com/watch?v=Elyj-pTPKbE



https://letralia.com/entrevistas/2020/10/11/juan-martins/


*******

Juan Martins. Imagen tomada de Letralia.



Juan Martins. (Maracay,Venezuela, 3 de noviembre de 1960 - 30 de agosto de 2026) Poeta y dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. Mención de honor como finalista en el «V Premio El espectáculo Teatral», 2011. Madrid, España con Duchamp, 11:45. Primer Premio en el «XVI Concurso Nacional de Literatura IPASME», 2008 con Saldré de tu piel de cuero. Premio «Miguel Ramón Utrera», 2007, mención dramaturgia con la obra Caramelo de Nueva York*. «Premio Bienal de Literatura Augusto Padrón», 2004, género dramaturgia con la pieza Caperucita ríe a medianoche. «Premio Mayor de las Artes», mención dramaturgia. Conac, 2004 con la pieza Dollwrist. Ha publicado Poética para el actor (2000 y en imprenta una nueva reedición) y Cartas del corazón para Edith Piaf y otras piezas (2002) en esta, editorial «The Latino Press» de Nueva York. Con la misma editorial ha publicado su antología Caperucita ríe a medianoche y otras piezas (2014) y Monos azules en Times Square.(2014) a cuatro manos junto al insigne escritor Isaac Goldemberg, anteriormente publicada en el 2008 con la editorial «Cuadernos del Teatro San Martín de Caracas». Su teatro ha sido traducido al francés y al portugués. Entre otras publicaciones y premios. Colaborador en revistas de crítica teatral, tanto en Venezuela como fuera de su país (España, Cuba y Argentina). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral Teatralidad. Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo Mariana de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. Él es Vila-Matas, no soy Bartleby y El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo De qué hablo cuando hablo de Murakami (2016).Como investigador es coautor del libro «Análisis de la dramaturgia Venezolana actual». España, Editorial ADAE, bajo la dirección del destacado José Luis García Barrientos y coordinado por el maestro Leonardo Azparren. Recién galardonado con el «Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar».

*Pieza y artículos traducidos al portugués por  Rogério Viana:«O autor, professor e crítico venezuelano Juan Martins, do qual traduzi o texto teatral ‘Caramelo de nova york’, publica na Venezuela alguns blogs. Em um deles faz críticas a peças de teatro e a livros, embora o blog tenha o título de ‘Crítica Teatral’ apenas. Esta semana Juan Martins enviou-me a crítica que fez do livro “Las teorias salvajes”, da escritora argentina Pola Oloixarac, publicado pela Editorial Entropía, de Buenos Aires e que no Brasil foi publicada, recentemente, pela Editora Benvirá, com o título de ‘As teorias selvagens’»….(leer más)

Su más recientes libros que podrás leer desde Issuu:




Teatro

Duchamp, 11:45 (fragmento)

Caperucita ríe a medianoche (escena primera)

Dollwrist (capítulo primero, escena primera)

Poesía

Ese animal que engaña mi vientre

Suele vestir de sombra

Soy una herida que se deja atenuar

Deseos de casa

Ensayo

‘Ocaso’ de Edilio Peña

La literatura-idea

Felisberto Hernández: el doble del cuerpo

Crítica teatral

El Juguete inexorable

Principito. «El musical»

Reseña

«El simio albino» de Edilio Peña



https://dramaturgia.wordpress.com/biografia/


https://eldienteroto.org/wp49/juan-martins-2/


*******

José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne


Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


*******



Juan Martins (1960 - 2026), teatrista venezolano a Rafael Ortega : En Maracay, para que tus piezas no se queden engavetadas, tienes que montarlas con tus propios recursos







Manuel Vázquez Montalbán a José Pulido: El lector de hoy está bajo la influencia audiovisual y eso ha modificado su capacidad de recepción



Ramón Ordaz a José Pulido: Aquí todo es nostalgia, porque la incertidumbre es nuestra reina de belleza. A ella cantamos




ERNEST MARAGALL, el escultor catalán que dejó su alma y corazón en Venezuela

Una entrevista de José Pulido




JULIO BOLÍVAR, poeta venezolano, a José Pulido: La sensación de estar secuestrado en Venezuela es inevitable




Sonia Chocrón: Si te digo la verdad, querido José Pulido: me siento rehén del espanto




Solange Rincón a José Pulido: La escritura me conduce hacia la autorrealización




Rafael Arráiz Lucca a José Pulido: Chávez ha traído un despertar de la sociedad civil y de la conciencia política de los venezolanos




Rodolfo Izaguirre a José Pulido: Yo de niño hice el mismo juramento que Scarlet O´Hara.




Alberto Hernández a José Pulido: La pobreza, ese látigo creado por el poder, nunca me alcanza porque la poesía siempre me rescata




Francisco José Aguiar, escritor y migrante venezolano, a José Pulido: Me aferraré a la escritura hasta el día de mi muerte




Román Chalbaud a José Pulido: Yo me siento orgulloso del trabajo que hacemos en RCTV.



PEDRO LEÓN ZAPATA: SOY UN PINTOR INDEFINIDO QUE CARECE DE RECETAS

Una entrevista de José Pulido





domingo, 26 de abril de 2026

Rafael Victorino Muñoz a José Pulido: Me duele la gente en Venezuela que no tenga para comer, trato de ayudar, pero estoy limitado. Tienes que pensar en sobrevivir mañana.

 





Rafael Victorino Muñoz:

“Somos algo más que esta crisis que nos agobia”


José Pulido domingo 25 de abril de 2021


Rafael Victorino Muñoz: “Lo lamento por aquellos escritores que dicen que se deben a su público”. 



Aunque ha obtenido importantes premios de novela y de narraciones breves, sólo he leído dos libros de Rafael Victorino Muñoz: Olímpicos e integrados, ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012, y Página roja, publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017.


Es probable que el título del primero responda a un cierto estilo cuentístico que surgió en los años sesenta y también alude al título de Umberto Eco Apocalípticos e integrados (Apocalittici e integrati).



El segundo título se adapta cómodamente a una comprensión básica del suceso, del periodismo que acude a las fuentes del crimen. Pero ambos funcionan perfectamente. Aunque los dos libros podrían ser uno solo, una especie de cara o cruz, de anverso y reverso. Porque esas obras reflejan de una manera transparente y directa lo que somos, lo que padecemos, lo que soñamos y lo que perdemos a cada rato, a cada instante.


Olímpicos e integrados muestra un modo de ser, posado en lo dramático, instalado en lo terrible, que sin embargo desata la risa, la burla, el desparpajo. Uno se ríe con cierta amargura porque se intuye que a la larga hay crueldad en las relaciones humanas. Crueldad inevitable.


La escritura de Olímpicos e integrados es una de esas delicias comparables a estar con un montón de amistades en una playa o en una fiesta, riéndose de las ocurrencias inteligentes de alguien.


El libro de cuentos Página roja revela el terrible infierno de los asesinatos y los delitos diversos que van brotando uno a uno y en montón en cualquier casa, en cualquier hogar, en el lugar más bucólico, porque, como señalan todos los clásicos policiales, “no hay nadie inocente”. Pero eso no es todo: la manera en que Rafael Victorino Muñoz aborda los temas de la violencia que germina en cada persona es muy cruda, realmente cruda; pocos autores aceptan ese reto. Muñoz lo hace. Es un avanzado.


La escritura de Página roja es un aullido de advertencia al nuevo siglo. Es una escritura que debería estar en el tope de las lecturas del público hispanohablante, por decir algo. Es una autopsia de la sociedad.


La difícil risa


En estos tiempos es difícil reírse. No cuaja fácilmente la euforia del optimismo. La represa del llanto está muy llena. La avalancha de amigos y familiares sufriendo, padeciendo, muriendo a menguas sin necesidad de terremotos o de ataques extraterrestres, es algo que ni siquiera habían aludido las películas que explotan temas apocalípticos. Hasta un paisaje bonito se torna melancólico o se queda pasmado como un espejismo. Guardamos paisajes para disfrutarlos en otro momento.


Y a pesar de todo, la risa es inevitable. Es como un resorte que te ayuda a salir de los atolladeros donde la tristeza te hace caer. Eso es lo que mi esposa presenció cuando me encontró agarrándome la barriga y con la cara congestionada porque unas carcajadas se me habían trancado. Si no reímos con frecuencia el mecanismo se oxida. En ese momento yo sonaba como un carro que no puede arrancar. De repente explotó la carcajada represada y ella pensó que me estaba sucediendo algo terrible.


—¿Qué te pasa? ¡Respira! —decía. Yo sólo estaba usando la vieja risa, pero se escuchaba como un perol rodando cerro abajo.


No pude explicarle la situación. Entonces le dije “lee este cuento”. Ella lo leyó y unos pocos minutos después se hallaba en el mismo trance de agarrarse la barriga y rodar por el piso.


Sin ninguna duda agradecimos eso. Después leímos otros textos del mismo autor que te llevan por sentimientos diversos, pero todo el tiempo está presente en sus palabras la gracia, la ironía, la visión aguda y el desparpajo. Antes de la entrevista con Rafael Victorino Muñoz, era necesario mostrar algo de esos dos libros suyos.


 



Un fragmento de Olímpicos e integrados

Cuando los hombres, que ya vienen bastante cansados, llegan al trecho plano, ven que Norma va por la mitad de la subida que les separa desde allí hasta la máxima elevación. Son casi doscientos metros o más. El de la barba exclama sorprendido:


—Chamo, esa vieja sí corre rápido.


El otro no responde, sino que, tras recuperar un poco el aliento, se cala la gorra y empieza a correr nuevamente. El de barba pregunta:


—¿Y vamos a seguirla?


El compañero lo mira con odio, pero más que todo por la situación en la que los ha metido esa mujer, que los obliga a tener que hacer ese esfuerzo para robarle nada más un BlackBerry, que seguro es lo único de valor que lleva encima:


—Claro, esa vieja se va a cansar después de la subida, ya vas a ver.


El otro no está muy convencido, pero aun así también echa a correr. El de la gorra vuelve a gritar, como para darse ánimo:


—Párese, señora, que ya la estamos alcanzando.



El deporte de escribir


—Olímpicos e integrados: ¿cómo iniciaste ese libro?


—Me gustaría decir que el libro comenzó corriendo, y en efecto fue así en parte, aunque no es del todo cierto. Hace muchos años escribí un cuento sobre el baloncesto. Y el texto se había quedado por allí, como huérfano. Me gusta trabajar los libros de cuentos así, por temas. Y lo cierto es que sólo después de cierto tiempo empezaron a llegarme otras ideas para cuentos relacionados con el deporte. Esto ocurrió en un momento de mi vida en el cual el correr se había vuelto algo más que una actividad; era algo así como un proyecto personal. Estaba dedicado a correr casi tanto como estoy dedicado a escribir. Lo hacía con gran seriedad y sistematicidad. Y no era la primera vez que me dedicaba al deporte de esa manera, ya que anteriormente había formado parte de equipos de baloncesto. Sólo que el correr es distinto, y cuando lo practicas en solitario, te da tiempo de pensar en tantas cosas. Fue entonces cuando llegaron las demás historias y pude armar el libro y el cuento, tanto tiempo huérfano, pasó a ser parte de una familia.


—El deporte ¿es tu tema principal? Correr ¿es algo que te motiva como escritor?


—El deporte es mi tema en este libro, fundamentalmente; en los anteriores, me he decantado por otros: la sexualidad, el crimen, lo fantástico... Pero el deporte es también para mí un tema en la vida. Porque lo he practicado, porque lo vivo, y porque lo sufro también. En una ocasión escribí mi versión del otro poema de los dones, a la manera de Borges, y comenzaba con: “Gracias quiero dar al infinito laberinto de las causas y los efectos por la literatura, el cine, la música y el deporte, esas cuatro grandes pasiones del alma”. Puedo decir que tengo una doble relación con el deporte: como fanático y como persona que lo practica. El baloncesto es mi primer deporte favorito, en realidad, como jugador y como espectador. El correr está en segundo lugar, en cuanto a práctica; también sigo y me intereso por el beisbol, el fútbol, el tenis, el fútbol americano... Correr es algo que sigo haciendo en la actualidad; más que algo que me motiva como escritor, lo tengo como una filosofía de vida. Cuando empiezo una tarea larga, por ejemplo, me imagino que se trata de un maratón. Y voy con paciencia, paso a paso, un kilómetro a la vez. Cuando me dicen que algo es muy difícil, siempre pienso: bueno, yo he corrido maratones; puedo con esto también. A veces, cuando no puedo resolver un problema, de la escritura u otra índole, salgo a correr. Es como mi consejero personal o mi terapeuta. Y así.


—El sentido del humor es inseparable en tu narrativa. ¿Es otra motivación para escribir?


—Sí, es como causa y a la vez efecto. Cuando pienso en algo que me resulta risible o gracioso, pienso que otro puede verle la gracia y lo cuento. Es lo que pasa habitualmente en la oralidad, con el chiste o la anécdota; sólo que yo lo hago por escrito. De igual modo, cuando lo cuento, me enfoco en aquella parte de la cuestión que me parece más graciosa y trato incluso de rematar la historia como un chiste. Aunque he tenido algunos relatos en los que el humor ha quedado como fuera de lugar (valga la metáfora futbolística).


—¿Cómo se inició tu vida de escritor?


—Desde cierta edad, más o menos en la adolescencia, me imaginaba llegar a ser alguien como Uslar Pietri (gracias a él definí mi vocación por el cuento); sin embargo, esto no pasaba de ser una fantasía como otras: ser el bajista de un grupo de rock como Iron Maiden o un jugador de baloncesto de la NBA. Dicho de otro modo, me imaginaba escribiendo, publicando, ganando premios, pero no escribía. Hasta que estuve en la universidad y me inscribí en un taller, dictado por Slavko Zupcic. En realidad, no me inscribí por el taller ni por el ductor, a quien no conocía (aunque después nos hicimos grandes amigos), sino por una chica que me gustaba y que nunca me prestó demasiada atención en realidad. Lo cierto es que en el taller tuve que escribir una reseña y luego un cuento y descubrí que sí podía. Así que mi vida de escritor se inició, como tantas otras historias, a causa de un desamor.


—¿Qué autores influyeron más en ti?


—Depende de la época de mi vida y el libro. Creo que en mis primeros cuentos (ya con toda intención de ser escritor) traté de parecerme un poco a Monterroso y un poco a Luis Britto García. Después dejé de lado lo fantástico y, tras haber leído casi toda la comedia humana, aspiraba a Balzac, y creo que lo he estado intentando, sólo que en una versión de miniatura: a través del cuento. Ahora que me ha dado por la novela, tengo como modelo un poco a Vargas Llosa y un poco a Kundera. También me atrae la sencillez de Hemingway. Confieso que me hubiera gustado parecerme a Borges, pero lamentablemente sólo puedo ser yo mismo.


—Escribir, en el fondo de todo, ¿es encontrarte con cierta felicidad de ser tú?


—Sí, como en pocas cosas en la vida. Es el único momento en que nadie te dice lo que debes hacer. Lo lamento por aquellos escritores que dicen que se deben a su público. Afortunadamente, conozco a muy pocos de mis lectores, de modo que no me concibo escribiendo para agradar a alguien que no sea yo mismo.



—¿Cuál ha sido tu sueño más preciado?


—Creo que he tenido varios sueños preciados, algunos de los cuales he abandonado; por ejemplo, lo de ser un bajista de una banda de rock o un jugador de baloncesto profesional (es en serio que lo quería, hasta estudié música). Por ahora creo que mi sueño más preciado tiene que ver no con logros personales, sino con los afectos: sueño con volver a estar con mi familia reunidos, otra vez. (Esta diáspora ha sido dura y cruel.) En cuanto a la literatura, tengo unas metas bastante ambiciosas, de colarme por allí en el cenáculo de la literatura venezolana con Uslar, Gallegos y demás.


—¿Qué parte de la vida no puedes explicar, qué se te escapa?


—La vida misma, la vida toda, su principio y su final. Incluso el centro de la historia; si tiene algún sentido, si hay alguna partitura o debemos permanentemente improvisar, como en el jazz, y sobre todo, qué hay cuando se termina el sonido y comienza el silencio final.


—¿Cuál es tu gran pasión?


—Escribir, definitivamente. Nada me absorbe tanto. El momento de escribir es el momento de no pensar en nada más. En cambio, cuando estoy haciendo otras cosas, sí pienso en lo que escribo. Normalmente cuando estoy trabajando, me apuro por terminar para poder escribir. Es como si estuviera impaciente por una cita con una novia. La literatura es mi amante. Es una pasión que no ha decaído en treinta años. Mi otra pasión, te parecerá curioso, es cocinar. Se me da bien, lo disfruto; soy el que cocina en casa.


—¿Estás muy cerca de ti o te mueves como si estuvieras en un lugar que no te corresponde?


—Yo creo que soy muy centrado, sistemático, disciplinado. A veces hasta un poco riguroso. He ido construyendo un espacio donde me siento bien y hasta se me parece, afortunadamente; digo esto porque me ha tocado permanecer bastante aquí. Me siento bien con lo que soy, con lo que hago; creo que poco a poco he empezado a parecerme al escritor que quería ser.


—¿Dónde vives? ¿Casa? ¿Familia? ¿Apartamento? ¿Perros? ¿Gatos?


—Vivo en casa, con mi esposa y el hijo de ella. Tiene quince años y presenta una condición (síndrome de Asperger). También ocasionalmente está mi mamá con nosotros. Vivo en una casa bastante grande; tiene como 240 metros, dos pisos, cuatro habitaciones, cuatro baños, garaje para dos carros, una terraza inmensa. Es como un regalo tenerla. Hay un perro aquí (Snoopy) y alimentamos a dos de la calle. También tengo dos gatas: Nikita y Pelusa. Y vienen a comer otras dos gatas más. Por cierto, ya que hablamos de esto, otro de mis sueños es tener un albergue para animales abandonados.


—¿Qué haces en esta etapa de peste y dramas?


—Trabajaba en casa ya desde hacía rato, antes que comenzara la pandemia. La cuarentena no me tomó tan desprevenido, creo yo. Además, desde siempre he sido una persona de hábitos un poco monásticos (por ejemplo, no bebo). Así que lo que más hago es estar en casa, trabajar escribiendo y escribir también por gusto (hoy llevo unas doce horas trabajando, mientras respondo estas líneas). Tengo un pequeño gimnasio aquí, en la terraza, para ejercitar. Pero a menudo salgo a correr, o en la bicicleta; leo mucho actualmente, casi tanto como en la adolescencia. Y de vez en cuando también tomo la guitarra para ver qué me sale.



—¿Cómo ha cambiado dentro de ti la ciudadanía en relación con Venezuela?


-Creo que recientemente hemos sufrido una doble conmoción: por el gobierno y por la pandemia. Yo trato de ser tolerante y mantenerme en buena relación con los unos y con los otros, es decir, con los simpatizantes del partido de gobierno y con los opositores. Sin embargo, creo que a algunos no les gusta la tibieza y preferirían que fusilara públicamente (con palabras) a los que no piensen como ellos. En fin, tengo la suerte de que siempre he sido poco sociable; una vez me dijeron que era un no ciudadano por no ocuparme tanto de lo inmediato sino de otros temas más vagos o generales. Yo creo que no puede uno andar rasgándose las vestiduras a cada rato, ni ponerse monotemático; lo que quiero decir es que si en persona, en lo que escribo a través de las redes sociales, no estoy a cada rato incitando a una revolución, no significa que esté de acuerdo o que sea un cómplice de lo que pasa. Y creo, por sobre todo, que somos algo más que esta crisis que nos agobia. De modo tal que también podemos enfocarnos en otras cosas de nuestra cotidianidad. Sin embargo, a la larga he ido como alejándome un poco de los muy radicales (de izquierda y derecha) o ellos de mí. Nos mantenemos en contacto con unos pocos, en un interregno suave, donde hay coincidencia sin confrontación. Es como Casablanca, pero en las redes sociales. Porque entre una y otra cosa, el ejercicio de la ciudadanía y la relación con los otros se ha reducido un poco a esto: un contacto virtual.


—¿Qué duele más hoy en día? ¿Qué te conmueve más?


—Como te mencioné antes, no tener a mi familia toda cerca reunida. Mis hermanas emigraron hace tiempo, porque sentían que no tenían oportunidades de desarrollarse profesionalmente. También me duele la gente. Hace unos días, estaba en el mercado, y una señora trataba de comprar algo y no podía, no tenía con qué. Cuando salí del lugar, ella me siguió y me suplicó que le regalara una naranja. Es algo para conmoverte. Una señora como mi mamá, que posiblemente sólo tiene una pensión... Lo más difícil es que uno no puede ayudar a todo el que quisiera. Lamentablemente, carezco de medios de fortuna. Gano lo suficiente, trato de ayudar, pero estamos limitados. Tenemos un techo que dice: hasta aquí, no más; tienes que pensar en sobrevivir mañana.




Un fragmento de Página roja

Cuando llega la comitiva lo recibe con golpes, escupitajos, insultos, enfermo, perro, maldito. Le rasgan la camisa, los pantalones, lo desnudan. El monstruo logra soltarse, correr, esconderse en unos baños. No hay más a donde ir. Allí se llena, se unta, se embadurna, de orines, de excrementos, de lo que consigue. Y se ríe y los mira y los reta:


—Si quieren me matan, pero no me voy a dejar violar.


Los presos se turnan para vigilar, para que no se escape, para mantener el asedio. Pasa un día, dos, tres. El monstruo tiene hambre, sed, sueño; siente dolor de cabeza, náuseas, desesperación; llora, gime, se arrepiente. Se levanta, decide salir, les dice:


—Pero no me vayan a matar.



https://letralia.com/entrevistas/2021/04/25/rafael-victorino-munoz/


******

Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.



Rafael Victorino Muñoz

Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño, El Espectador, Letra Inversa, La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).

Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).

Tomada de Letralia

rvictorino27@hotmail.com

Twitter:@soyvictorinox


*******

José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne


Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


*******


Enlaces relacionados:


Rafael Victorino Muñoz a José Pulido: Me duele la gente en Venezuela que no tenga para comer, trato de ayudar, pero estoy limitado. Tienes que pensar en sobrevivir mañana




Rafael Victorino Muñoz: Los políticos opositores tienen el síndrome de Sebastián, el de Casa Muertas, sueñan despiertos entrar en Caracas en un brioso caballo blanco después de derrocar a la "tiranía."





Fray José Pulido: caballero poeta




RAFAEL VICTORINO MUÑOZ en el 2009: Ante la avalancha de textos publicados por el Estado venezolano el lector común necesita una orientación acerca de qué leer de ahí la existencia del plan nacional de la lectura 2002-2012 Todos por la lectura, y el Plan Revolucionario de Lectura




La enemistad secreta de bosques y bibliotecas en el Elogio del Libro







2016: LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO DESTRUYE SUS LIBROS






JOSÉ PULIDO Y LA VELOCIDAD INVISIBLE.




José Pulido: Nada puede exacerbar a la poesía...

Una entrevista de Jolguer Rodríguez.




José Pulido: Ser poeta es asumir que se goza el martirio de descubrir quién es uno mismo...

Una entrevista de Dalila Itriago. 




PARA EL POETA JOSÉ PULIDO: “Venezuela no es surrealista, es desgraciada.”

Una entrevista de Jolguer Rodríguez.




El poeta venezolano José Pulido: Busco constantemente lo fulgurante, que muchas veces radica en lo sencillo.


José Pulido: Solo soy alguien que ama la poesía y la escritura

Una entrevista de Juan Guerrero



José Pulido: entre la magia y un pasado que regresa en palabras



PARA ORLANDO CHIRINOS EN NUESTRO CUMPLEAÑOS.

Por José Pulido




Cuando Alberto Hernández fue un bebé Gerber

Un poema de José Pulido



POR SEÑAS

Un poema de José Pulido para Petruvska Simne





POEMA PARA EUGENIO

Un poema de José Pulido