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miércoles, 11 de junio de 2025

Las escaleras del poeta Pulido, la de Jacob, y la de Led Zeppelin

 

José Pulido. Imagen tomada de El Universal. Fotografía de Gabriela Pulido Simne.


“La escalera de Jacob según el poeta José Pulido (1)” por José Carlos De Nóbrega



Apuntes en 5 jornadas hábiles: Heridas espaciales y mermeladas caseras (2019)

 


 

Dadas las coordenadas planteadas en el título y los subtítulos, conversaremos en torno a un panorama de la obra poética de José Pulido (Villa de Cura, 1945), a quien conocí en las páginas del diario El Nacional, después en persona en una edición de Filven en Caracas, luego como novelista y, ahora, en Pandemia como poeta. Él es un polígrafo muy peculiar que me simpatiza muchísimo. Ah, claro, tenemos un amigo en común en la ciudad dorada de Salamanca: el poeta amazónico Alfredo Pérez Alencart, quien nos publicó en dos espacios cálidos tan suyos en ínter.

Alfredo Pérez Alencart


Empezamos con el poemario Heridas espaciales y mermeladas caseras (Barralibros.editores, 2019). Como sucede con algunos polígrafos, el poemario se asocia con la prosa narrativa del autor. Respira el aire de la crónica y cierta filosofía asistemática convocados por el afán poético multiforme. Nada se salva de lo elemental, se nos antoja una Cosmogonía en la cotidianidad que hala al presente continuo y presentido más allá de lo sensorial. En el poema breve al pie del poema, recurrencia incesante a lo largo del conjunto, el poeta es testigo del diálogo o entrevista imaginaria entre Shakespeare y Kafka: el texto es grafitti en la pared verde mohoso de un castillo y un teatro de pasadizos intrincados.

Fotografía de Elias Canetti, 1983, de Marie-Louise von Motesiczky.
Imagen tomada de Harpers


Kafka multiplicado, nos lo rescata al igual que Max Brod con sus escritos inéditos a la fecha y, por supuesto, esa apología maravillosa de Elias Canetti que vincula El Proceso con el epistolario amoroso y equívoco entre Kafka y Felice Bauer: «Franz Kafka trataba de volar con alas atrofiadas / nunca hubo alas más preciosas para los cielos apagados». Cuentos intemporales imposta al rey Arturo en el Camelot revisitado desde la desilusión ideológica y estética. El poema incorpora palabras para nada altisonantes como chancletas, samplegorio o mojiganga. Se desmantela y desmitifica el relato épico con un cuento de hadas cachondo, ello en el espíritu de una teología de la liberación: «Todos buscaban el Santo Grial / no puedes imaginar de qué manera lo buscaban / y jamás sospecharon que Jesús constituía el Santo Grial». No es, como se puede (mal) pensar, un artificioso ejercicio de literatura referencial. La referencia, además de pulsión en amorío lector, conduce a las tensiones de la existencia en la polifonía de la voz poética. Lo emocional va con y a contracorriente de la propuesta conceptual como tal. Se estructura un poema objeto duplo, tipo Joan Bossa o Marcel Duchamp, para hermanar lo confesional con lo teológico liberador (piénsese en Leonardo Boff y en el protestante Dietrich Bonhoeffer).



Para la hora de rehacer, tenemos un llamado a reconfigurar la casa que somos para sacudir el entorno exterior: «No importa en qué consiste / hazlo barro, hazlo viga / hasta que rehagas el íntimo país». Algo así como esos edificios misteriosos dibujados por Piranesi, eso sí, en ejercicio espiritual jesuita y barroco. Entretenimientos por así decirlo, significa valerse de un momento de hastío turístico para pensar en Dios y en sí mismo como escritura frágil e insegura, «le echaré la culpa por haber estado arando en el papel toda la vida?». Al pie descansa el poema breve donde la legión de demonios hecha manada de cerdos, se restriega de las piernas de Cristo sorteando el miedo a su poder airado. El día como vestimenta, es desnudarse problemática de una y otra vida en el marco de la política de mercadeo de ultratumba o, mejor, en conociéndose con Tolstoi cielo e infierno que se atan en la Tierra.

Wislava Szymborska.Imagen tomada de aquí.


La vagancia de estar soñando, homenaje a Wislava Szymborska que se hace ars poética encarnada propia entre el sufrimiento y el orgasmo o rotunda muerte gozosa. Referencias normales es de mis poemas favoritos del libro, «No quiero tener referencias gloriosas / sólo las sencillas comprensibles / las que me salvaron en primera instancia de la desolación». Aroma la familia y el paisaje de la Arcadia mentada Villa de Cura. Se perfila con inmediatez y dignidad la biografía propia de la voz. Le sigue Perfil de un antiguo lugar, vinculación poética del término Intrahistoria del maestro Unamuno con la reconfiguración de un lugar posible. Todo un acto hiperbólico de creación.

Villa de Cura


Somos es texto que exalta sin romanticismo el Verbo, sí, en alusión al inicio del evangelio poemático de Juan, » y mientras hace su insigne laborar / la vida engendra el habla que lo expresa / y ese lenguaje no perece / ni se pudre ni envejece». Abrazar es poema breve hecho árbol de fronda generosa y utópica, savia y tablas donde pese a las astillas se sienta la vejez. Por lo que la miniatura al pie canta el embarazo en la voz de un ángel invisible: «es que no es evidente la savia que me nutre?» Esos amigos de uno, constituye una elegía muy sentida y dolorosa a Manuel Caballero, pues si bien se sabe que no se puede morir la muerte del otro, los espasmos son pánico atávico y muy personal.

Manuel Caballero

Letreros en la pared tapizan la cueva de Platón, la suya y la mía: optamos por la sugerencia afectiva en el buen vivir para morir con placidez, lo cual nos retrotrae el ensayo magnífico de Montaigne quien alternó la lectura de los clásicos con las enseñanzas del campesinado y la paisajística bucólica. Oigamos una del poeta lector y viajero: «Conéctate con Job. No te despegues de Job sin entenderlo». El poema al pie  nos habla de María como fluencia de Jesucristo ignorada por misoginia farisaica, pero de una realidad intuida e inobjetable. Lo de adentro y todo ese asunto, vindica la memoria al final del día bajo el amparo de la soledad que suena en el piano de Duke Ellington: » Todo eso que un día nos servirá / para que la muerte sea un borrón milagroso como el nacimiento». El texto que descansa a los pies pinta la Semana Santa como un fauvista o un Bárbaro Rivas, la virgen Dolorosa cambimbeando en la procesión es mujer en la completación de su proceso de liberación, la Piedad esculpida por Bernini y Miguel Ángel supone el dolor que precede al Domingo de Resurrección.


Duke Ellington, "Take the A Train"

https://m.youtube.com/watch?v=cb2w2m1JmCY&pp=0gcJCdgAo7VqN5tD


Educación nos presenta una micro-biografía de Aristóteles ingeniosa y no exenta de un sentido irónico del humor. En el rodapié se juega con la bisexualidad del poeta Shakespeare, «En fin: todos amamos a Shakespeare de distintas maneras». No entenderás, la esencia te hala las orejas y las patillas, pues nos alecciona y advierte que el milagro de la vida se realiza en y es el habla, «lo más cercano a las hormonas de Dios es la lengua». Ellas dos, que jamás se vieron desarrolla una biografía paralela conmovedora, se sincronizan en el acto poético de ser mujer Virginia Wolff y Christina Georgina Rossetti: «El ángel Christina y el ángel Virginia vuelan por ahí / tropezando conciencias cual moscas anhelantes / que buscan estas carnes recalentadas en verano».


 

Retrato de Christina Rossetti, por su hermano, Dante Gabriel Rossetti


De tiempo en tiempo… Si me dices la hora, astilla tiempo y espacio en una enumeración deliciosa: Carpe Diem, vejez, el binomio bilingüe nostalgia / saudade y oralidad entre cruda y dulce que te pillan entre primera y segunda conversando a ras de la hierba del parque y el camposanto con los caracoles al sol. El caso de Jesús, transfiguración crística en poesía, nos expone en la cruz que «el vapor humano de la culpa» no se vale, puesto que es hedor impuesto que soportamos bajo el poder fáctico que usurpa a Dios entre la Shoah y la Nakba. Salva la poesía elemental de la vida: «He ahí mi propia misa para el poeta más popular: / han pasado veinte siglos / y millones de personas siguen recitando el Padrenuestro».

Bárbaro Rivas


Mermelada casera me hermana con el poeta José Pulido en lo que nos diferencia y complementa en la vida y la escritura. La evocación de la Casa con el olor y el gusto en Eros gástrico. La mermelada casera es rito y sustancia iniciáticos como el peyote aliado de Don Juan o, también, las lentejas guisadas de mamá Augusta por las que vendí la primogenitura a mis dos hermanos (el del medio se fue en junio pasado y el menor vive todavía vistiendo y reparando santos de la época colonial). No hay mejor concilio que el diálogo sin mediación del poder que nos reseca. Por eso el poeta y el reseñista se contristan y regocijan entonando esa samba triste e inigualable de Cartola Eu precisome encontrar. Hemos salido bien librados por fortuna.


 https://www.ciudadvalencia.com.ve/la-escalera-de-jacob-segun-el-poeta-jose-pulido-1-por-jose-carlos-de-nobrega/


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#PoesiaEnVozAltaPorVenezuela. marzo 21, 2020


“La escalera de Jacob según el poeta José Pulido (2)” por José Carlos De Nóbrega



Apuntes en 5 días hábiles: Espacios del Adiós y otros poemas (2020)

 





Espacios del Adiós y otros poemas. Antología (Editorial Ítaca, (2020), de José Pulido con prólogo y selección de Milagros Mata Gil, es un libro muy bien estructurado que nos revela las líneas discursivas de la poesía de su autor. La antología como tal cumple con su cometido en la delimitación y presentación de este importante polígrafo venezolano. De un universo de cien poemas, la antologista escogió treinta muestras muy ilustrativas del poeta Pulido. En el prólogo, la ensayista de raza Milagros Mata Gil desarrolla una aproximación muy pertinente. Refiere el alma transgenérica de un escritor que vincula en un diálogo natural el verso con la prosa, esto es la conversa no exenta de afinidades y confrontaciones entre el poema, el Dios, y la prosa, el Diablo de la Poesía como si se recreara el libro de Job. Ello en el contexto de la misma propuesta antológica dupla. Los espacios del adiós, capítulo ligado a la cotidianidad considerada poéticamente, y luego De amores será, referido a la poesía amorosa consanguínea, de pareja y de encuentros furtivos causales. Mientras la lectora atenta se afinca en su afán hermenéutico, tempo dialógico como velocidad en que debe interpretarse la obra de arte, este reseñista compulsivo se mueve en una hermenéutica también, sólo que de giro teológico en la liberación.

Milagros Mata Gil. Fotografía de Juan Raydan


En el primer panel, Los Espacios del Adiós, observamos un oratorio y confesionario a la manera jesuita, ello en una indagación ecléctica de la cotidianidad. Nos llama la atención que los primeros versos en este apartado y el que le sigue, estén en cursivas. Por lo que nos dio la impresión de un aforismo que el corpus poético comenta a la manera del maravilloso conceptismo de Baltasar Gracián. Si esto no es deliberado de parte del poeta y su aliada que lo antologa y lo edita con cuidadoso afecto, suponemos un milagro del discurso poético. El primer poema,  Oraciones, parece apuntalar nuestro capricho argumentativo: La oración en la reiteración católica y catequista, implica un diálogo significativo con Dios trino liberador, el panteísmo, el escepticismo y el hombre fortalecido en su precariedad. «Gracias Señor por dejarnos la intensidad del recuerdo / al arrancarnos cada paraíso». El uno y el otro, complementa en un mismo tono el texto de arranque, Ars poética mística sin levitación ni accesis barroca.

Retrato de Baltasar Gracián, Graus, iglesia parroquial de San Miguel.

Para que después no te quejes, esboza una Teología liberadora e informalista sobre el Destino que ni es manifiesto de imperio, ni claudicación conformista con las voces autorizadas en la usurpación de un Dios silencioso y equívoco. Ello por vía de un teorema religioso impostado en su construcción y desalojo del ímpetu coral y vitalista del alma y la psique.


Charly García - Yo No Quiero Volverme Tan Loco (Audio / Remastered)

https://m.youtube.com/watch?v=swWTPkfbZxw


No estamos alegando que Pulido sea un papista de nuevo cuño jesuítico, sino un militante comprometido de la poesía, exento de dogmas religiosos e ideológicos. Los soldados afuera, resulta Bestiario extraño, inquietante y ejercicio de metáforas comparadas. Se humanizan a las bestias para denotar la incredulidad ante los hombres y la Historia tan desencaminados en lectura dupla. La poesía es militancia en inteligencia mística desmitologizada, pues no cae en la confortabilidad del panfleto ideologizado ni resentido. Los dinosaurios de Monterroso y Charly García persisten insomnes en nuestras ensoñaciones.


Charly García - Yo No Quiero Volverme Tan Loco (En Directo / Estadio Luna Park 1983)

https://m.youtube.com/watch?v=8cRqN6LWpvQ


Madera es mixtura entre el bestiario entomológico a lo Buñuel y un fado de maderamen y saudade marina que atraca en un puerto viejo y desolado. Las termitas se roen a sí mismas fecundando a una garota o rapariga gustosa e impúdica. «Por ejemplo, aquel rostro plácido y sonrosado / partió en feliz galope por todo el campo del morir?»


 

Monterroso

La esencia de la espina, «Creo en el fantasma de la realidad / creo que la realidad fallece a cada rato y nos espanta / cotidianamente», supone angelogía que iguala y complementa a ángeles y demonios, ello en el corazón atribulado del Doctor Jekill quien no pudo escindirse de Míster Hyde. La Espina incentiva el Dolor como catarsis del alma hecha coro anárquico. Mientras la Espita involucra la expulsión del agua bullente en caudal que nos ahoga.


De carreteras legendarias, tenemos poema objeto transubstanciado en postal fotográfica comentada, simpática y abierta. Parece una puesta en escena de vodevil, quizás un ready made en tiempos de Pandemia que dice teología y ontología micros aliñadas con humor picante. «Homero como panela de San Joaquín es descenso / Y Ulises pasaba al lado de la isla / sin intención de llevarle a Penélope / un dulce de leche, unas catalinas, un detalle» en el sueño de Petra con libro abierto.


Otro de nuestros poemas preferidos, Aquí entre nos, revisando esferas, arranca con un precioso aforismo, «Dios es como un niño infinito que todo lo desarma y todo lo acongoja». El corpus o comento poético se hace epístola inconforme a la Ira de Dios en favor de sus pobres criaturas sufrientes. Se trata de Job disconforme, sí, como su propio libro, pero concebido diplomático habilidoso como mercader judío en despliegue del regateo, » No deberías destruir la existencia / porque ya la abundancia del mal lo está haciendo».



https://www.ciudadvalencia.com.ve/la-escalera-de-jacob-segun-el-poeta-jose-pulido-2-por-jose-carlos-de-nobrega/



Spirit - Taurus

https://m.youtube.com/watch?v=gFHLO_2_THg&pp=0gcJCdgAo7VqN5tD




Led Zeppelin - Stairway To Heaven (Live at Earls Court 1975) [Official Video]

https://m.youtube.com/watch?v=Ly6ZhQVnVow&pp=ygUiTGVkIFplcHBlbGluIC0gU3RhaXJ3YXkgdG8gSGVhdmVuIA%3D%3D


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José Carlos De Nóbrega. Ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964 - Valencia, 2023). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.

En 2015, fue profesor invitado por la Universidad de Salamanca para dictar un curso sobre literatura venezolana, auspiciado por la Cátedra Ramos Sucre de la USAL y el CENAL.


Ha publicado dos volúmenes de ensayo: Sucre, una lectura posible (Universidad de Carabobo) y Textos de la Prisa (Gobernación del estado Carabobo) en 1996. Los libros de ensayos Derivando a Valencia a la Deriva (2007) y Salmos Compulsivos por la Ciudad (2008, versión digital en www.letralia.com) han sido publicados por las editoriales “El Perro y la Rana” y “Letralia” respectivamente. En mayo de 2008, la Editorial Letralia publicó Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil (serie Transletralia, versión digital en www.letralia.com), de la cual es el compilador y el traductor. En 2011 apareció el libro de ensayos Salmos Compulsivos, bajo el sello editorial Protagoni, c.a..


El Fondo Editorial Fundarte publicó el libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos, en 2013. En 2014,


Fundarte hizo públicas dos traducciones a saber: los libros de poesía Las imaginaciones / El soldado raso. de Ledo Ivo y la novela La Pasión según G.H., de Clarice Lispector. También tradujo Dispersión / Indicios de Oro, del poeta portugués Mário de Sá Carneiro.


Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas: Poesía, La Tuna de Oro, Tiempo Universitario, Letra Inversa del diario Notitarde, Laberinto de Papel, Revista Nacional de Cultura, Imagen, suplemento Letras del diario Ciudad Ccs, el diario Vea y Fauna Urbana



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.




lunes, 25 de enero de 2016

VENEZUELA Un poema de Alfredo Pérez Alencart. Por Alberto Hernández





Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes el poema Venezuela de Alfredo Pérez Alencart junto con un acercamiento que le hace el poeta venezolano Alberto Hernández.

Deseamos disfruten de la entrada.


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VENEZUELA

Alfredo Pérez Alencart


Tierra escogida,
brisa respirada lejos del álgebra del fracaso
y de las bengalas malditas:
un río serpentea o galopa entre los Andes
y yo estoy arriba, por el páramo merideño, poniendo
piedras que faltan a la capilla de Mucuchíes, Juan Félix
abrazado del doctor Contramaestre, en alma
los dos bajando de otros firmamentos en un diáfano arcoiris,
serafines que luego la niebla no desvanece en mi retina,
tahúres celestiales como el librero Caupolicán
que muere y se agiganta en Salamanca
donde antes hablamos de ronquidos presidenciales,
enfermo ya, como doliéndole su nascencia en la negra boina
junto al tanatorio: cháchara gustosa que ungimos
con grasa de ballena y vino tinto de viejas tabernas.
Pero estoy por Maracaibo, en casa de los Crespo
o al habla con César David, mientras corporalmente
me criogenizo y sensible bulle mi corazón
la madrugada que transito al encuentro de Ramón, del Viejo Lobo,
del Capitán que lagrimea, como yo, por aquel
cuyo fantasma fue avistado en una esquina de Tovar.

Voy con mis muertos venezolanos, inquilinos
del sentimiento incandescente: atrás de todo, su tierra
y sus zapatos negros, las uñas que siguen
creciendo, la cicatriz del abrazo de sus historias inverosímiles
que suceden allá por La Hechicera, otra vez en Mérida
igual a sí misma donde bebo unas cervezas con Pepe Barroeta
y Salvador Garmendia una noche que se abre a la muerte,
como uno más de los misterios.

Entonces alguien llama: “¡Alfredo, Alfredo”, y yo
reconozco a Jesús Serra en cuya casa pernocté
antes de subir al páramo. Y luego otra voz:
“Ayúdame, hermano”, y llego a vislumbrar cómo disparan
contra Giandomenico, allá por la Pedregosa Alta.

Pero voy por Caracas con el viejo Adriano exacerbado,
acompañándolo porque no soporta la soledad
de sus huesos portátiles; pero voy con Domingo Miliani
para que me cuente sus historias; pero voy con Eugenio,
tan magno en la anunciación de su terredad,
hermano que al centro de la palabra había llegado.

Voy por ahí sabiendo que hay nieblas y tinieblas,
que hay señales furiosas. Pero sigo adelante,
vendándome la cabeza.
Sigo la pista de mis amigos muertos, pálidos diamantes
que desentumezco para la resurrección. Ellos están conmigo
porque vuelven desde la garganta del infinito y porque
yo sé darles un ánimo salvaje.

Venezuela,
¡préstame un poco de tus muertos
y deja que los frote adentro de mi corazón!

(A Enrique Viloria Vera)


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“VENEZUELA”, DE ALFREDO PÉREZ-ALENCART

-Alberto Hernández-

1.-

No leo el poema de Alfredo Pérez-Alencart. Paseo con él.

Me registro en los nombres de los lugares y en los de los fantasmas que habitan este clima, suspendido por los accidentes geográficos que, como viajeros, nos abrigan y conjuran.

Entonces comienzo a testimoniar las imágenes que el poeta peruano-español, radicado en Salamanca, dedica a tantos personajes de mi país. Poetas, narradores, hechiceros de la palabra, soñadores empedernidos, duendes distraídos, bebedores de miche y de cerveza.

Lo veo como si se tratara de un documental: con toda razón el libro que contiene el poema se titula “Cartografía de las revelaciones”.

Es un recorrido por ánimos y otras atmósferas habitadas por naturalezas diversas.

Tengo pocos datos, porque sólo recibí de una amiga, radicada en la bella ciudad española, copia del poema “Venezuela”. Me senté a viajar con él, con la voz de Alfredo para hacerme a la idea de que formaba parte de él, de que los personajes que allí respiran dialogan conmigo. Pero igual los referentes topográficos por donde el poema se hizo, se elaboró con los adobes de tantas oraciones, de hermosas oraciones que sirven para elevar, a la vez, el edificio de un imaginario de nostalgias, memorias y recuerdos sostenidos por el tiempo y desde una distancia por la que ocurren husos horarios, gaviotas extraviadas y caminos polvorientos.

Indagué un poco y me tropecé con que fue editado por Verbum / Trilce, Salamanca 2011. El poema que me toca en este instante está en una de las estancias del libro titulada “Los puntos cardinales”, donde algunos países se hicieron poemas, entre ellos éste que habitamos y nos escuece a diario.

2.-

Un verso que se acerca y abre la puerta del texto: “brisa respirada lejos del álgebra del fracaso”. El espasmo de la última palabra, que al parecer siempre nos ha acompañado, evidencia nuestra travesía a pie por entre las breñas y pedregales del paisaje que iniciamos con Pérez-Alencart.

Y así, fantasmas y duendes, sus habitantes, en Mucuchíes, Juan Félix/ Contramaestre y “La mudanza del encanto” entre nuestras manos / Caupolicán: “que muere y se agiganta en Salamanca, / donde antes hablamos de ronquidos presidenciales”.

El país se desplaza a través de la mirada de quien lo reconstruye, como si se tratara de un mapa concebido para deletrearlo. El poema lo habla, lo conversa. Se hace una postal de augurios, de señales en el calor de “viejas tabernas en Maracaibo”, donde los Crespo, César David (Rincón) forman parte del desolvido. Y luego, de un verso a otro, “en una esquina de Tovar”.

“Voy con mis muertos venezolanos, inquilinos / de sentimiento incandescente…”

Poema en el que el obituario traslada la visión y anula el dolor del silencio de los muertos, de nuestros muertos.

Con razón, entonces:

La altura andina, La Hechicera, el lugar, “otra vez Mérida / igual así mismo donde bebo unas cervezas con Pepe Barroeta / y Salvador Garmendia una noche que se abre a la muerte, / como uno más de los misterios”.

Pero “No todos han muerto”, como tituló Pepe una vez y que ahora son todas las páginas de su poesía y su eterna distancia.

Y siguen los pasos en el polvo teñido por la niebla. Aparece Jesús Serra, el páramo, La Pedregosa Alta, los ensueños.

“el viejo Adriano exacerbado (…) sus huesos portátiles”. González León, el de “Viejo” y el "Del rayo y de la lluvia”…el de tantos fantasmas a cuestas.

Miliani solitario.

Y en un acto de fe, en una respiración lenta, atenuada, la voz de quien habla: “me voy con Eugenio”.

Y Montejo –desde la cumbre más alta- lee sus “Papiros amorosos”.

Especulo, voy más allá del poema de Alfredo.

Regreso: “Sigo la pista de mis amigos muertos, pálidos diamantes”.

Y la geografía termina en el blanco de la página.

El tono elegíaco de este poema me descubre en la “Venezuela” que nos duele, por lo que nos acontece y por todos esos muertos que hoy nos hablan y reclaman.



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Poeta y ensayista peruano-español (Puerto Maldonado, 1962). Desde 1987 es profesor de derecho del trabajo de la Universidad de Salamanca, en España. Desde 2005 es miembro de la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía. De 1992 a 1998 fue secretario de la Cátedra de Poética Fray Luis de León, de la Universidad Pontificia de Salamanca, y desde 1998 es coordinador de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos, que anualmente patrocina la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura,en colaboración con la Fundación Camino de la Lengua Castellana. En 2009 recibió, por el conjunto de su obra, el Premio Internacional de Poesía “Medalla Vicente Gerbasi”, otorgado en Caracas por el Círculo de Escritores de Venezuela. En poesía ha publicado La voluntad enhechizada (2001), Madre selva (2002), Ofrendas al tercer hijo de Amparo Bidon (2003), O feitiço da vontade (2004), Pájaros bajo la piel del alma (2006), Hombres trabajando (2007), Cristo del alma (2009), Estação das tormentas (2009), Oídme, mis hermanos (2009), Savia de las antípodas (2009), Aquí hago justicia(2010) y Cartografía de las revelaciones (2011). Libros o poemas suyos han sido traducidos al alemán, inglés, italiano, portugués, árabe, serbio, francés, hebreo, búlgaro, vietnamita, holandés, ruso, japonés, estonio, croata, indonesio, rumano, filipino y coreano.

Tomado de Letralia.



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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».




16/09/2026
19/06/2024