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viernes, 14 de junio de 2013

Lawrence Durrell: Brenda Venus le permitió a Henry Miller dominar sus enfermedades y degustar las delicias del Paraíso. Todos le estamos agradecidos por su gentileza y su amorosa percepción."







Lawrence Durrell

Henry Miller y Brenda Venus

Prefacio de Querida Brenda

Traducción de Fernández de Castro



Tras una separación de casi diez años, un feliz accidente me permitió reencontrar a Henry Miller, mi viejo amigo. Ese golpe de fortuna fue una oferta de la cátedra Andrew Mellon del prestigioso California Institute of Technology de Pasadena. Comprendí que si aceptaba estaría a unos pocos kilómetros de Miller y más o menos a la misma distancia de Anais NinEra una maravillosa oportunidad de reforjar y reavivar una vieja e importante amistad que estaba dando síntomas de fatiga y negligencia, sujeta como estaba al azar del tiempo y la distancia. Así que irrumpí en escena (por decirlo de alguna manera) justo a mitad de la presente correspondencia. 




"Ella le permitió dominar sus enfermedades y degustar las delicias del Paraíso. Todos le estamos agradecidos por su gentileza y su amorosa percepción."
Henry Miller y Brenda Venus. 
Por Lawrence Durrell




El propio Miller tenía un montón de cosas que contarme acerca de Brenda, y no dejó pasar un solo día sin garrapatear algún mensaje para ella. Estaba de forma omnipresente en su pensamiento. No exagera cuando dice que ella le mantiene en vida; realmente, su generosidad y tacto le permitieron acabar sus días en una maravillosa euforia de amorosa amistad. Esta correspondencia es el fruto de aquel profundo «asunto del corazón», y nunca mejor dicho porque dada su edad y su precario estado de salud difícilmente podría haber sido otra cosa. Era, como él mismo dice, una ruina física. Entonces, cuando la joven actriz entró en su vida, una bocanada de aire avivó los rescoldos de Mona, de June, Betty, Anais… y una vez más volvió a ser el joven y rebelde amante de sus primeros libros. ¡Qué suerte! Todo el mundo se sentía feliz por él, incluidos sus hijos y amigos, pues cualquier otra alternativa previsible que pudiera ofrecérsele se presentaba extremadamente árida. Se hubiera visto obligado a embotar sus últimos años con la aguja y la adormidera por toda compañía. ¡Pobre Henry! En cambio los vivió en un éxtasis de amor testificado, valorado y compartido. Brenda Venus interpretó el más alto papel que una actriz podría desear: Musa y Nurse de un gran espíritu en su declinar. Fue una suerte que llegase cuando lo hizo. Y fue una suerte que se tratase de una mujer sensible y compasiva, y perfectamente capaz de ponerse a la altura de su papel.  
 
Miller acababa de salir de una desgraciada experiencia matrimonial con la deliciosa pianista japonesa Hoki, y su autoconfianza estaba tan maltrecha como su salud. Él ha rendido un vívido y emotivo recuento de ese período en Insomnia: or the Devil at Large, porque no hay necesidad de repetir los detalles.



Con la llegada de Brenda Venus todo cambió. No había un sólo momento del día en que no estuviese pensando en ella, temiendo por ella, refiriéndose a ella… en realidad su conversación estaba tachonada de referencias a las cualidades de su corazón y su mente. Y casi con idéntica frecuencia podía interrumpir cualquier cosa que estuviese haciendo para escribirle unas líneas. Era muy consciente de encontrarse en el reflujo de su vida. Había mantenido un obstinado silencio acerca de sus operaciones… una de las cuales duró dieciséis horas. Pero la vivacidad de su mente y de su corazón le hacían tan alegre y ligero que uno se engañaba creyéndole más joven de lo que era. Sólo al ver su cuerpo comprendí cuan frágil y delgado se había quedado. Una arteria artificial, como un pedazo de manguera, que le iba desde un muslo hasta el sistema cardiaco le palpitaba ominosamente en el cuello y el pecho. Siendo un gran caminante —solía sentirse desdichado si paseaba menos de diez kilómetros diarios, y en París iba siempre caminando a todas partes— ¡se veía ahora totalmente conminado a permanecer en cama! Y por si fuera poco estaba completamente ciego de un ojo y casi del otro. Teniendo esas enfermedades en mente, el lector debería ahora hojear la correspondencia: creería estar leyendo la obra exuberante de un hombre de cuarenta años. Su humor y su ardor dicen mucho acerca de la tierna amistad y devoción de su último amor. 


Inevitablemente una correspondencia de esta naturaleza, y tan cerrada en su mayor parte, tiene algunas omisiones, así como repeticiones o incluso hiatos cuando los autores se están viendo diariamente; hay asimismo pasajes que podrían provocar un cierto malestar en el lector porque hay muchas cosas que se dicen abiertamente; Miller muchas veces recurre a lo que él llamó una vez su estilo «anatómico», como en Sexus; pero la señorita Venus capeó esos temporales con tranquila paciencia y perseverancia, lo cual demuestra claramente lo mucho que valoraba su amistad con él, y lo precioso que era para ella tenerle como mentor. 
En verdad, cualquiera que lo conoció podrá atestiguar que se trataba de un ser cautivador a pesar de sus imprevisibles momentos de intemperancia. Y aquí, como en sus libros autobiográficos, nos ofrece un completo retrato de sí mismo en el umbral de la muerte.  El papel de Brenda Venus mantendrá su interés e importancia también como memorial de su última gran amistad, una Ariel para su Próspero, podría decirse. Ella le permitió dominar sus enfermedades y degustar las delicias del Paraíso. Todos le estamos agradecidos por su gentileza y su amorosa percepción.

Lawrence Durrell 
 
París, marzo de 1983.





Henry Miller

Querida Brenda  Las cartas de amor de Henry Miller a Brenda Venus

 Barcelona, Seix Barral, 1986, pags. 50 -52


Tomado de Otros mundos


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martes, 6 de diciembre de 2011

Guide Bleu: La guía del París secreto de Henry Miller.

Su ultimo obsequio a Brenda Venus




Patrizia SANVITALE

Publicado el 14/11/2001

Ignorado, denigrado e incomprendido durante la mayor parte de su carrera literaria, Henry Miller fue el escritor norteamericano más controvertido del siglo XX. Revolucionó las reglas de la literatura y desafió los valores morales de su época. Sus compatriotas bienpensantes le tacharon de “obseso sexual”, le culpabilizaron por utilizar un lenguaje vulgar e intentaron marginarle definitivamente. En consecuencia, el autor de obras de culto como Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio decidió exiliarse a Francia. Se refugió en París, “desesperadamente hambriento no sólo de hambre física y sensual, de tibieza humana y comprensión, sino también de inspiración e iluminación”. Mucho de esa tibieza y comprensión encontró el gran pornógrafo en su última pasión. En efecto, en el ocaso de su vida, Henry Miller encontró a una mujer formidable, Brenda Venus, en aquella época actriz y bailarina, joven y bella, que le acompañó hasta la muerte. Miller se convirtió en su mentor y ella en su musa, inspirándole sus últimas cartas apasionadas y una guía de su París, que ha permanecido inédita hasta ahora. Lawrence Durrell, que la conocía, escribió: “Brenda Venus ha interpretado el papel más hermoso que cualquier actriz pueda desear: musa y enfermera de un gran espíritu al final de su vida... Ella le ha permitido dominar sus enfermedades y probar todos los beneficios del Paraíso. ¡Le estamos muy agradecidos por su amabilidad y su brillante dedicación!”. Hoy, Brenda Venus ha roto su silencio para desvelar los aspectos más desconocidos de su relación. Y su gran secreto, esa Guide Blue que Miller le escribió y que fue “su último acto de amor”.


En 1976, Henry Miller conoció a una joven de 20 años, oriunda de Mississipi, medio siciliana medio amerindia. En aquella época Miller era el novelista rebelde más famoso. Había conseguido escandalizar al mundo literario rompiendo todas las convenciones artísticas. Sus escritos estuvieron prohibidos en Estados Unidos hasta 1964, fecha a partir de la cual pudo gozar de un reconocimiento bien merecido después de años de indiferencia, desprecio e insultos. Su vida y su obra estaban llenas de mujeres y de sexo. Sus escritos, en gran medida autobiográficos, le convirtieron en un mito.

Liberador para algunos, fue considerado diabólico por otros, pero con los años Miller se calmó. Cuando encontró a Brenda Venus era un octogenario frágil. Lo que no le abandonó nunca, sin embargo, fue ese intenso deseo de vivir que le empujó a escribir, pintar y exaltar su amor hasta el final de sus días. En la época de su primer encuentro, Brenda Venus era ya una actriz y bailarina conocida. Inmediatamente surgió un lazo entre los dos: él se convirtió en su mentor, ella, en su musa. Su relación duró cuatro años, hasta el último aliento de Miller, que murió mientras le escribía una carta de amor. La última, después de tantas otras. En aquella época se escribían como mínimo una vez al día. Esta correspondencia apasionada se transformó para los dos en una especie de diario íntimo. En 1979, aunque estaba muy débil y enfermo, Miller creó un pequeño manuscrito, regalo destinado a Brenda, que debía marchar a París. Lo llamó Guide Bleu (Guía azul). Nunca publicada íntegramente, era a la vez una guía personal de París, un diccionario francés-inglés y una libreta de direcciones de cafés, de restaurantes y de amigos interrumpida por largas cartas de amor a Brenda.


-¿Qué significaba París para él?

-París representaba sus recuerdos más queridos. Esa ciudad descubrió sus primeros libros, le aportó notoriedad y respeto, e hizo que apareciera en el panorama literario. Se había convertido en tema habitual de conversación entre nosotros. Lentamente, cena tras cena, en cartas y charlas, su París iba emergiendo. Empezó a enviarme libros en francés y a enseñarme a hablar y a escribir en francés. La Guide Bleu fue uno de los últimos actos de amor de Henry. El esfuerzo necesario para preparar esta obra, para renovar los contactos con vistas a mi viaje a París, allí donde su alma tenía sus raíces, extenuó a Henry en la misma medida en que a mí me llenó de alegría. En 1980 pude experimentar esa vida francesa de la que me había hablado. Recuerdo que estaba en París cuando Henry, todavía preocupado por mí, me escribió en una de sus cartas: “¿Va mejorando tu francés? No consultes diccionarios, subraya las palabras y frases que no entiendas. Léelas una y otra vez, explora el contexto”. Y unas líneas más abajo: “Ahora te tengo que dejar. ¿Te amo? ¿Brillan las estrellas? ¿Gira la tierra? Estés donde estés, yo estoy contigo”. París me absorbió completamente, mientras que Henry caía enfermo sin esperanza de curación. Necesitó mucha fuerza y valor para animarme a partir cuando yo era su lazo de unión con la vida.

-¿Cuándo recibió usted la Guide Bleu?

-Era una sorpresa, un regalo. Me escribía lecciones de francés en sus cartas y me sugería algunas cosas que podría hacer cuando estuviera en París. Estaba realmente entusiasmado en esa época, no dejaba de repetirme: “Me habría gustado mucho descubrirte París”.


-¿Está todo escrito a mano?

-Sí. Cuando encontré a Henry, la única máquina de escribir que tenía cerca era la que utilizaba su secretaria. Sabe usted, estaba totalmente ciego de un ojo y veía muy mal con el otro. La mayor parte del tiempo debía utilizar una lupa para escribir, pero creo que para él era más fácil expresarse a mano. Tenía una hermosa escritura, así que cada página era un regalo en sí misma.

-¿Cuál es la que más le gusta? 

-Hay un pasaje, hacia el final, donde me dice que me ama enormemente y que debo tener cuidado. El resto es muy 
divertido: “No bebas demasiado champán”, lleno de recomendaciones sobre lo que no debía hacer. Como un padre que envía a su hijita al colegio. “Y ten cuidado en la calle, no mires a la gente porque es mejor evitar el contacto visual directo, no vaya a ser que se trate de desequilibrados”.


Un exiliado muy extraño

-¿Quién de los dos tituló el libro Guide Bleu, Henry o usted?

-No sé cómo se nos ocurrió, pero creo que fue él. Era su guía. Hasta entonces no había escrito nada que se pareciera a un plano del lugar en que vivía, con lo que hacía, los lugares que visitaba. Era un estreno, una novedad. De hecho, la escribió en un cuaderno azul, por eso la llamó Guide bleu. Era una guía de París, su París narrado en un cuaderno azul.


martes, 29 de noviembre de 2011

"Te llamé anoche hacia las diez y media pero no contestaste".

Fragmentos de una carta de Henry Miller a Brenda Venus


Brenda Venus y Henrry Miller


Te llamé anoche hacia las diez y media pero no contestaste ¿Estabas fuera o en la cama con otro amante? ¿Has contestado alguna vez mientras estabas haciendo el amor o te has puesto el teléfono entre las piernas? (…) Recibir una montaña de cartas de una belleza como tú me pone un poco caliente (…) Lo importante no es cuándo empiezas a joder sino cómo lo haces.

Brenda Venus

Con el corazón y el alma o sólo con el coño (…) Dios, si pareces violable. Perdona que te lo diga así pero no puedo evitarlo. Parece como si estuvieses lista para ser forzada (…) Me siento culpable por hacerte insinuaciones. A decir verdad estoy profundamente enamorado de una mujer. Es un amor eterno y lo digo en serio. Pero soy un hombre y siempre estoy enamorado de una o de dos o de tres o de cuatro (…) Si los periodistas se enteraran de lo nuestro me ridiculizarían hasta la muerte








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miércoles, 19 de octubre de 2011

"¿Es posible que hable de mí?, ¿Quién soy yo? ¿Quién es ese Henry Miller?"

Palabras iniciales del libro "Querida Brenda: Sus cartas de amor a Brenda Venus"

y una carta de Henry Miller a su ultima musa




Portada de la edición española del libro "Querida Brenda"


"La misma tarde en que tenía pensado asistir a una conferencia de Henry Miller en una escuela de arte dramático se quemó mi casa. No asistí a su conferencia, pero unas semanas después todavía continuaba queriendo conocerle. Empecé a buscar su dirección para escribirle. Al mismo tiempo intentaba reamueblar mi casa. En una subasta descubrí la primera edición de una colección de libros titulada Mujeres a través de los tiempos. Abrí uno de los volúmenes y, doblada en el interior, encontré una carta de Henry Miller a una mujer. ¿Cómo hubiera podido no pujar por esos libros? Tres mil dólares después tenía los libros y la dirección de Henry Miller. Le escribí incluyendo la carta que había encontrado, así como unas cuantas fotografías "de actriz" pensando que podrían despertar su curiosidad.

Portada de la edición en inglés del libro "Querida Brenda"

Unos días más tarde Henry Miller envió la primera de las 1500 cartas que habría de escribirme. Llegamos a ser buenos amigos, y quizás algo más.

 BRENDA VENUS"

Palabras iniciales del libro "Querida Brenda: Sus cartas de amor a Brenda Venus"






...... Brenda!


Esta mañana ha llegado tu maravillosa, maravillosa carta. La he leído con lágrimas en los ojos. Dios mío, qué bellamente expresas tus pensamientos y sentimientos. A veces, mientras te leo, me pongo a temblar y me pregunto: ¿Es posible que hable de mí?, ¿Quién soy yo?  ¿Quién es ese Henry Miller?. Y todas esas cosas. No parece posible que una persona pueda despertar tanto amor, tanta adulación y adoración. Brenda, Brenda, me dejas mudo, ante tan amorosa elocuencia, mi lengua queda atada. Me preguntas si veo todo eso en tus ojos. Naturalmente que sí, amada mía. Todo está escrito en tus ojos. Y en toda Tú.  Vibras por todos tus poros, incluso cuando no dices nada. Sabes, muchas veces me despierto de noche, enciendo la luz y miro tu foto, tu imagen es la estantería. Siempre irradia no sólo belleza sino pureza, integridad, confianza. Pienso en ti como una flor del profundo sur, con toda su esplendorosa fragancia y aparente fragilidad. En realidad, eres tan fuerte como un tigre, y tan peligrosa, si estás enfadada. Me temo. Mi visión se debilita. He estado escribiendo sin gafas. Pero con tal de saber de ti soy capaz de cualquier cosa. Sí, mi querida, mi queridísima Brenda, sólo gracias a ti continúo vivo. Lo sé mejor que nadie.Te amo, te amo, te amo. Lo eres todo para mí.


Tu Henry.



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martes, 4 de octubre de 2011

"Tus pechos son espléndidos. Tienes el aire de una bailarina".

Una carta de Henry Miller a Brenda Venus contando un sueño erótico



Brenda Venus



Esta es una carta de Henry Miller a Brenda Venus comentandole un sueño erótico, como curiosidad no muy relevante podemos agregar que es la única carta que Henry Miller escribió en francés a su ultima amiga.


"La escena que me viene a la mente se repite con frecuencia. Estoy en tu casa mirando tus cuadros. Inmediatamente me ofreces algo de beber. La bebida se nos sube a la cabeza. Vistes una camisa muy fina y transparente. Por encima del ombligo no llevas absolutamente nada.Tus pechos son espléndidos. Tienes el aire de una bailarina. (Como un Degas) Tus piernas son fuertes y hermosas.

Brenda Venus

De repente me lanzo sobre ti y te arranco la camisa. El pelo negro y copioso de tu sexo me pone de inmediato tenso. Hundo tu mano entre tus muslos y advierto que ya estás húmeda. Pareces muy excitada, dispuesta a hacer lo que sea. No me sorprende. Te conozco desde hace siglos, quiero decir de anteriores encarnaciones. Hemos sido amantes muchas veces. En ocasiones eras prostituta del templo, en la India, en Egipto y en otros países. Siempre eras una mujer para el placer, pero siempre religiosa. Tu religión era siempre el “sexo”, como los actuales practicantes del Tantra. Enseñas a los jóvenes, hombres y mujeres. Para ti es una cuestión artística. Por eso parece ahora que fueras una experta.Sin el menor rubor te acaricias suavemente el coño con la mano derecha.

Brenda Venus

Entonces…con dos dedos de cada mano abres la hendidura entre tus piernas y me muestras los pequeños labios que tiemblan como un pajarillo. El jugo fluye abundante; tus muslos centellean.Sin decir una palabra pones la mano en mi pantalón y empuñas mi pene (el tronco, si lo prefieres). Tus manos tan fuertes, pero delicadas, juegan con él como si fuese un instrumento musical. Estas sofocada e irresistible. Quiero “jugar” inmediatamente, sobre todo cuando pones tu lengua en mi boca. Después tu boca empieza a lamer suavemente mi sexo. Es difícil permanecer en pie. Afortunadamente está cerca el sofá. Caemos sobre él juntos, boca sobre boca, miembro contra coño. Pero todavía no te he penetrado. ¡Qué caliente estás!. Me llenas de besos. Deseo besarte. Estás entregada. Me agarras el pene y te lo pones entre las piernas. Entra suavemente, lentamente incluso. Tu órgano esta deliciosamente formado. Es angosto y profundo. Me retienes como lo haría un dedo. Naturalmente no puedo aguantarme más. Me voy al igual que tu al mismo tiempo.Permanecemos así durante algunos instantes, entrelazados como serpientes. Trato de librarme pero tu no me lo permites. Me sujetas con tu poderosa musculatura. Al cabo de un rato advierto movimientos en tu interior. Poco a poco empiezo a hincharme. Ahora alzas las piernas y las colocas sobre mis hombros. Estás totalmente abierta y mojada. No cesas de acabar. Tus ojos se dirigen hacia el techo. Me pides que continúe, que no me detenga. Me dices, “cojéme, Henry, cojéme!. Métela hasta la manija. ¡Estoy tan caliente!”. Es la primera vez que utilizas ese lenguaje conmigo. Oírte me vuelve loco. “Dios, dame fuerzas, déjame poder”, me digo a mi mismo, “y te besaré eternamente”. No olvides que te estoy contando una fantasía. No entiendo de dónde salen las fuerzas para darte tan prolongado placer.

Brenda Venus

Eres insaciable. Haces toda suerte de movimientos y, en ocasiones, gestos que resultan absolutamente delirantes y obscenos. Has perdido la cabeza. Eres sexo y nada más que sexo. Sabiendo que podrías matarme te apartas de mí para que pueda recobrar el aliento. Pero no cesas de acariciarme, especialmente con la lengua. Y tu cuerpo sigue ondulando sobre mí. ¡Me besas como una posesa!.¿Y después qué?¿qué posición?. Soy yo el que te propone que hagamos el amor como los perros......


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sábado, 24 de septiembre de 2011

"Me gustaría poder escribirte en ruso, en azteca, en armenio y en iraní. Porque eres ilimitada.":

Carta del 29 de septiembre de 1980 de Henry Miller a Brenda Venus


Henry Miller y Brenda Venus



29 de septiembre, 1980

Me gustaría poder escribirte en ruso, en azteca, en armenio y en iraní. Porque eres ilimitada. Eres lo que los griegos llaman `nada en moderación`. Eres Mona, Anaïs, Lisa, tout le monde, todas combinadas. Fuego, aire, tierra, océano, cielo y estrellas.Y ahora un hombre de 87 años, locamente enamorado de una mujer joven que me escribe las más extraordinarias cartas, que me ama a morir, que me mantiene vivo y enamorado (un perfecto amor por vez primera) que me escribe tan profundas y emocionantes reflexiones que me siento feliz y confuso como sólo un adolescente podría estarlo. Pero por encima de todo, agradecido, y afortunado. 


¿Merezco realmente tan hermosos elogios como tú me dedicas? Haces que me pregunte quién soy exactamente, si me conozco en realidad y qué soy. Me tienes en el misterio. Por lo cual aún te amo más. Caigo de rodillas y rezo por ti, te bendigo con la poca santidad que hay en mí. Viaja feliz, mi queridísima Brenda y no lamentes nunca este romance a mitad de tu joven vida. Los dos hemos sido bendecidos. No somos de este mundo. Somos las estrellas y el universo de más allá.

Larga vida a Brenda Venus. ¡Dios le conceda dicha, plenitud y amor eterno!

Henry Miller.

Querida Brenda (Cartas de Amor de Henry Miller a Brenda Venus).


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