martes, 30 de agosto de 2011

"Sí, yo soy Obsceno".

Entrevista a Henry Miller por Carmina Fort




Provocador y desinhibido, Henry Miller hizo del sexo su obsesión literaria. Consiguió que sus "Trópicos" fueran la insignia del amor libre y que marcaran a varias generaciones de jóvenes. En el 25 aniversario de su muerte, que se cumple el 7 de junio, Magazine rescata la entrevista que concedió a la periodista española Carmina Fort dos años antes de fallecer. A sus 86 años, este neoyorquino conservaba toda la lucidez, ingenio e ironía que caracterizaron su obra. Criticaba de forma demoledora a su país.

La secretaria de Henry Miller, Sandy Stahl, no parecía muy contenta con el encuentro que iba a tener con el escritor, que se recuperaba de una faringitis. Hasta el exclusivo barrio residencial me llevó en su coche una empleada de la agencia que había gestionado la entrevista, y que se fue indignando a medida que su ídolo denigraba a la sociedad norteamericana. Aquella conversación de dos horas, que he adaptado para Magazine respetando lo esencial, terminó como el rosario de la aurora, con mi acompañante exigiendo que nos fuéramos, y la voz aguda de la secretaria riñendo a Miller por hablar tanto rato.




Henry Miller y su cuidadora la modelo Twinka Thiebaud en 1975



Cuando aquel día veraniego de 1978 Henry Miller aparece por la puerta de su cocina, apoyado en una mesa con ruedas, me pareció un anciano. Biológicamente lo era. Empecé a lamentar estar allí, turbando sus últimos momentos. Pero cuando empezó a hablar, pensé: "Chapeau", y me sumergí en su evocación de París, del Estados Unidos que él describía y adjetivaba con desprecio, al tiempo que se definía cien por cien americano. No le importaba lo que ocurriese mañana, no lamentaba el pasado, le gustaban las filosofías orientales y respaldaba lo escrito en su amplia obra, que comenzó hace casi medio siglo con Trópico de Cáncer

Envuelto en su batín de cuadros rojos y blancos, compartiendo un té con azúcar de caña, Miller me mira con sus ojos azules, maliciosos; lanza leves carcajadas, se recrea en lo hecho, se ratifica en lo dicho. Así lo describe Anaïs Nin en su Diario: "En una muchedumbre hubiera podido pasar inadvertido. Era esbelto, flaco, no muy alto. Tenía aspecto de monje budista, un monje de piel rosada, con la cabeza calva, en parte aureolada por cabellos plateados y vivaces, y unos labios gruesos y sensuales. Sus azules ojos son fríos, observadores, pero su boca es emotiva y vulnerable. Su risa es contagiosa y su voz, acariciadora y cálida como la de un negro".



P. Sus libros empiezan ahora a editarse en España, como Trópico de Cáncer, publicado en París en 1934.

R. Sí. Está usted muy au courant (al corriente) de mi obra. Y Anaïs Nin, ¿es conocida en España? [En un rincón de la sala donde conversamos hay un dibujo de ella].






Anais Nin

P. Todavía no mucho.

R. Es una lástima. Dejó un libro excelente después de morir que se convirtió en un best-seller. Un libro pornográfico, mejor dicho, erótico, pero que tenía mucha fuerza y utilizando un lenguaje muy elegante al mismo tiempo.


Anais Nin Y Henry Miller

P. Usted dice que prefiere ser conocido como escritor obsceno, no pornográfico.

R. Sí, yo soy obsceno. No todos mis libros lo son; los primeros fueron obscenos, pero no pornográficos.

P. ¿Cuál es la diferencia?

R. La obscenidad es pura, mientras que la pornografía rodea el tema en lugar de ir a él directamente. Yo digo la verdad con un verdadero lenguaje obsceno, pero hoy no hay sino libros pornográficos. Es terrible. Odio escuchar la palabra sexo.

P. ¿Por qué?

R. Porque se ha devastado todo con esta escritura pornográfica. Ahora cualquiera puede escribir un libro sobre sexo. No ponen en ello pasión, ni amor. No sé lo que pasará en España, pero en el resto del mundo occidental, hoy los hombres no saben lo que es el amor, sólo practican el sexo; ésa es mi idea.

P. En España, por la represión, se enfatizaba el amor y se prohibía el sexo. La gente está cambiando.

R. Claro, como reacción. Por eso creo que mis libros se venderán muy bien en España ahora, porque están hambrientos, lo comprendo. Pero en Estados Unidos no hay excusa. Yo nunca hubiera llegado a ser bien conocido como escritor si no hubiera sido por la Segunda Guerra Mundial, porque los soldados americanos fueron a Europa, descubrieron Trópico de Cáncer y lo compraron edición tras edición. Estaban hambrientos, y eso me hizo famoso. Y aun cuando se permitió que fuese publicado en Estados Unidos en los 60, muchos millones de americanos no conocen el libro todavía. Tengo una baja opinión de América, debo decirle. Muy baja. Así de claro.


Portada de la primera edición de Trópico de Cáncer

P. ¿En qué terrenos?

R. En todos. En lo único que destacan es en los deportes, no en la cultura. No tenemos cultura. No hay cultura. La gente joven no sabe leer, pasa por el bachillerato sin aprender a leer. Es vergonzoso, vergonzoso. Todo lo ocupa la televisión y la radio.

P. Dice que empezó tarde a escribir.

R. A los 33 años. Eso es tarde, ¿no?

P. Depende. Usted vivió el principio de la Gran Depresión.

R. No, yo salí del país antes. Tuvo que ver conmigo. Yo no tenía suficiente fe en mí mismo hasta que encontré a June, que me ayudó y me hizo dejar mi trabajo en una compañía telegráfica. Sin ella, quizá nunca hubiera llegado a ser escritor. Antes de eso, le llevé mi trabajo a un editor y me dijo: "Será mejor que lo deje. Usted nunca será escritor". Eso era todo lo que recibía como respuesta, constantemente. Ésa es otra razón por la que odio Estados Unidos. Incluso ahora, sólo me compran por mi nombre, no por el valor de mi trabajo, que sí que aman en Francia o en Alemania.

P. Sus antepasados son alemanes.

R. Sí, pero mis padres nacieron en Estados Unidos. Mi mejor editor en todo el mundo es alemán, Rowohlt, un hombre maravilloso, como un hermano para mí, y ahora va a sacar una recopilación de todos mis trabajos en varios volúmenes; los norteamericanos serían los últimos en hacer algo similar.

P. ¿Por qué?

R. Porque lo que digo es antiamericano; yo siempre estoy criticando a Estados Unidos, soy el más duro. Ni siquiera los rusos podrían decir cosas peores, y sin embargo, soy cien por cien americano. Me siento como Walt Whitman; soy un individualista. No me preocupa ni el país, ni la bandera, ni los militares, ni el patriotismo. Todo eso no me dice nada ni me lo dijo nunca, ni siquiera cuando era joven. He nacido anarquista, aunque esa sea una mala palabra en el mundo de hoy. Fue Emma Goldman quien me inició en el anarquismo; cuando tenía 20 años y me la encontré por primera vez. Sentí inmediatamente simpatía hacia ella. Yo no tiraba bombas; ella tampoco hablaba de tirar bombas. Eso no es el anarquismo auténtico.


Henry Miller y su ultima esposa Hoki Tokuda

P. ¿Cuál es el auténtico?

R. El anarquista es un hombre que quiere paz para el mundo y que no quiere gobiernos, que son nuestro peor enemigo; quienes nos causan los problemas, y nos piden que luchemos contra otros países cuando la gente no está interesada. Los periódicos y los políticos son los que crean las guerras. Muerte a los políticos. Bueno, ahora España es más libre.

P. Ya no hay dictadura.

R. ¿Ahora España es un régimen comunista o es republicana?

P. No, hay ahora una monarquía. Franco dejó al morir a un rey.

R. Sí, claro. Lo había olvidado.



P. Usted vivía en París cuando estalló la Guerra Civil española. ¿Cuál fue su postura?

R. Yo pensé que no tenía parte en ella; era un problema español. Y además, yo no tengo una actitud política, aunque pensé que era un crimen que Franco estuviera gobernando. Sí, yo le consideraba un criminal. Fue una persona terrible y mantuvo a España reprimida durante 40 años. Pero yo no hubiera ido a la guerra, porque no creo en ella. Yo soy un pacifista. Fui a España en los años 50, y vi en los cafés carteles donde se decía: "Prohibido cantar". Me sorprendió tanto… Era a causa de la situación política. Pero yo amo España y viajé por todo el país. Mi ciudad preferida es Córdoba; y en medio de la mezquita, los españoles rompieron una parte y construyeron una iglesia católica. ¡Qué execrable! Era un edificio maravilloso.

P. ¿Por qué se fue a París?

R. Como fruto de la desesperación. Mi esposa me estaba observando un día de invierno; yo estaba mirando por la ventana con aspecto triste. Habíamos viajado por toda Europa el año anterior y gastamos el dinero que teníamos. Me preguntó:"¿En qué estás pensando?". Le respondí: "En París, tan hermoso, tan maravilloso". Y ella dijo: "¿Por qué no te vas allí? Déjalo de mi cuenta". Reunió el dinero, me fui a París y ella me siguió poco más tarde. En Estados Unidos yo no iba a ninguna parte con mis escritos. Todos me decían: "Deja de escribir, no eres bueno, no puedes escribir". Pero ésa es la historia de muchos artistas cuando se leen sus biografías. En un sentido u otro, a todos les ha pasado lo mismo. Yo le digo a usted que ser un artista es como ser un criminal. Se pasa muy mal, se sufre el exilio si se es un buen artista. Los malos son aceptados y se les da tiempo y fama, pero los buenos tienen problemas, excepto, quizá, Picasso, aunque incluso he leído que tuvo una época difícil en sus comienzos en Francia, cuando fue ayudado por Max Jacob. A propósito, como artista Picasso era grande, un pintor excepcional, pero como hombre no siento mucho respeto por él.



P.. ¿Por qué?

R. Por la forma en que trataba a sus hijos ilegítimos, hermano y hermana; el chico vivió conmigo una temporada y me contó muchas cosas sobre su padre y cómo le trataba. No quiero adentrarme en este tema, pero todo el mundo dice: "Picasso", como si fuera un Dios. Para mí era un pintor excepcional, pero no un gran hombre. Pablo Casals, el catalán, sí que era una persona maravillosa: humana, orgullosa e independiente, es uno de mis ídolos. ¿Podría recoger esa hoja de la mesa? [Le alcanzo una cartulina donde hay medio centenar de nombres, bajo el título: "Mes hommes à moi". Los hombres que me gustan]. Mire, yo hago esto como recreación.

P. ¿Apreciaba a estos hombres como personas o como artistas?

R. Como personas. La lista, como ve, está encabezada por Blaise Cendrars, mi escritor preferido.


P. Aquí veo a Rimbaud, sobre quien usted escribió El tiempo de los asesinos. 

R. Sí, exacto. Rimbaud tuvo una gran influencia sobre mí.

P. ¿Otros nombres?

R. Me influye todo, incluso anuncios de los periódicos. Soy muy sensible, vulnerable, abierto… Puedo darle muchos nombres, pero ésa no sería la respuesta, porque hay miles de ellos.


P. Usted está interesado en las filosofías orientales.

R. Muchísimo. Todas las artes marciales son maravillosas y creo que deberían enseñarse en las escuelas públicas, porque se aprende a ser pacífico; se sabe cómo matar a un hombre fácilmente, de forma que se evitan los problemas.

P. ¿Cuál es su último libro?

R. El tercer volumen de El libro de los amigos, y es muy extraño porque hay en él ?0 historias cortas sobre mujeres con quienes no tuve relaciones sexuales. Le voy a contar una. Yo estaba locamente enamorado de una chica y nos besábamos y abrazábamos, pero nada de sexo. Al final me estaba volviendo loco. En una ocasión, por azar, conocí a un hombre extraño que me dijo: "Me parece que usted está preocupado. ¿Le pasa algo?". Le dije: "Sí. Me estoy volviendo majareta". Me ofreció ver a alguien que podría ayudarme rápidamente: "Swami Prabhavananda". Quedamos en que iría a la mañana siguiente, pero durante la noche, mi problema con esa chica quedó eliminado. No obstante, finalmente fui a la cita, y cuando abrió la puerta le dije: "Lamento decírselo, señor, pero ya no tengo necesidad de verle". Entonces me cogió del brazo, me empujó hacia el interior de la casa y me dijo sin rodeos: "¿Cómo sabe que yo no tengo necesidad de verle a usted? Yo también necesito a alguien algunas veces". ¿Qué le parece?

P. Delicioso. ¿Relee sus libros?

R. Nunca. Una vez escritos, se acaba con ellos; se eliminan del sistema.

P. Siempre son autobiográficos.

R. Eso es todo lo que sé. Nunca he tratado de sacar nada de mi imaginación. Yo pongo imaginación en mis obras autobiográficas. Por supuesto que hay distorsión, invención, exageración; no dudo en mentir en interés de la verdad.


 Henry Miller y Margaret Neiman 1942. Foto  Man ray


P. Y muestra un enorme interés por la vida en las calles.

R. Yo soy un hombre de la calle, creo. La vida empieza en las calles, no en una hermosa casa, en una universidad o en un centro similar, sino en las calles, donde se encuentra gente buena, mala y de todo tipo, donde nace el arte.

P. ¿Qué supuso París para usted?

R. Todo, todo, todo. Fue un nuevo mundo para mí y nunca estuve insatisfecho de París. Fue siempre estimulante.

P. Cuando la guerra se aproximaba a Francia, fue a visitar a Lawrence Durrell a Corfú (Grecia).

R. Exacto. Pasé seis u ocho meses allí.

Henry Miller jugando ping pong

P. Y luego escribió El coloso de Marussi.

R. Sí, lo escribí cuando volví a Estados Unidos, y le voy a decir cuál fue parte de mi inspiración. Vivía entonces en Nueva York, en un estudio que daba a una sinagoga. Yo amo la música judía, la que se suele escuchar en las sinagogas, que es como si fuera interpretada por una orquesta, como las canciones rusas, maravillosas voces masculinas. Estaba escribiendo El coloso y oír a esta gente cantar y orar creo que tuvo sobre mí un efecto sagrado. No soy judío. Pero no hubiera podido obtener esa inspiración dentro de una iglesia cristiana. Me hubiera vuelto completamente loco.

P. Volvió a Estados Unidos en 1940, recorrió el país y describió su experiencia en La pesadilla del aire acondicionado.

R. Exacto. Y todavía mantengo la misma aproximación que hice de Estados Unidos en ese libro; yo observé toda la vida del país con sus buenos y malos aspectos, con los ojos de un étranger [un extranjero]. Cuando salí del barco en Boston, ciudad fea y sucia en la que no había estado antes, empecé a llorar y me dije: "¡Maldita sea, aquí estoy de nuevo!".

P. Antes, en 1937, Lawrence Durrell escribió sobre usted a Bernard Shaw…

R. Y Bernard Shaw le dijo: "No me molestes; bastantes problemas tengo ya con la policía. No me pidas que tenga más por causa de Henry Miller". Probablemente nunca me leyó.



P. En aquella carta hacía referencias sobre su trabajo.

R. Era uno de mis autores preferidos. Vi todas sus obras teatrales, me parecía maravilloso.

P. Usted dice que sus libros no son sobre sexo, sino sobre autoliberación.

R. Sí, uno debe hacerlo todo por sí mismo y para sí mismo. No se debe depender de Dios, de un sacerdote, de la escuela, de la educación que recibe. Cada persona, cada individuo, tiene el poder de hacer de su vida lo que desee. Eso es lo que creo.

P. También identifica literatura y ficción.

R. Hago una distinción entre escritura y literatura; no hay que ser escolástico para ser escritor. Todo lo que hay que hacer es sentir y escribir lo que se siente y no lo que se piensa. Es la sensación lo que llega, intuición y emoción; vitalidad. No un trabajo perfeccionista como el de Henry James o Proust. Pero Blaise Cendrars es un gran ejemplo de lo que quiero decir.

P. ¿Cuál será su próximo trabajo?

R. No lo sé, no sé lo que voy a hacer mañana. No hago planes. Creo que lo más sabio es vivir día a día, y pensar que es el último, porque, al fin y al cabo, no sabemos si estaremos vivos mañana, ¿no es cierto?

Tomado de El Mundo.Es




3 comentarios:

  1. Excelente entrevista, Miller, siempre es Miller, lo conoci en el año 67, en su casa en Big Sur, muy cerca de San Francisco, me llevo Allen Ginsberg, le había hecho un Homenaje, en Caracas año 1965, U.C.V, el primer homenaje que le hicireron en vida, Cabrujas fue mi complice en este asunto, le di el díptico y notas de prensa, estaba muy emocionado y sorprendido, me pregunto ¿Dónde queda Venezuela ?, fue una experiencia maravillosa, jamas me olvidare.

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  2. Muchas gracias por compartir tus recuerdos de Henry Miller Rolando Peña. :)

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  3. Fascinante e interesante entrevista.
    Genital.

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