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domingo, 1 de junio de 2025

Inge Morath: Ser una fotógrafa de Magnum era difícil, porque nadie te tomaba en serio

 

Inge Morath


Inge Morath: paradojas de la primera fotógrafa de Magnum


Inge Morath y Ernst Haas durante su primer encargo para Magnum, Capri, Italia, 1949. FOTÓGRAFO DESCONOCIDO / MAGNUM PHOTOS



Una biografía se adentra en la compleja personalidad de una mujer adelantada a su tiempo

GLORIA CRESPO MACLENNAN


JAN 25, 2019 - 04:18 EST



Cuando Inge Morath (Graz, Austria, 1923- Nueva York, 2002) llegó a Magnum no sabía fotografiar. La joven era entonces una experimentada editora y redactora. Fue contratada para editar y escribir textos, entre ellos los preciados y explicativos pies de fotos que obligatoriamente debían acompañar a las imágenes. De hecho, “leer los textos de Morath es un recordatorio de que la escritura y la fotografía no están tan distantes: ambos dependen de saber ver, no solamente mirar, sino percatarse, discernir los patrones y las revelaciones que normalmente pasan desapercibidas”, escribe Linda Gordon. Cuatro años más tarde la artista se incorporaba a la prestigiosa agencia como miembro asociado. Comenzaba así una trayectoria de más de cuatro décadas, que la llevaría por caminos que harían de su vida algo tan excepcional como sus imágenes, y de ella una verdadera ciudadana del mundo, capaz de ver simultáneamente lo universal y lo personal.


Linda Gordon


Gordon nos guía por la vida y obra de la artista través de una biografía ilustrada: Inge Morath: Magnum legacy publicada por la editorial británica Prestel. El libro fue idea de Magnum. La historiadora reconoce que nunca había oído hablar de la fotógrafa hasta que recibió el encargo. “Lo que más me sedujo fue la historia de su vida. Se desarrollaba dentro del marco de algunos de los acontecimientos más importantes del siglo XX”. Nació en Austria, sus padres apoyaban el régimen nazi. Estudió arte en la Universidad de Berlín y durante la guerra trabajó para una fábrica de piezas de aviación. En uno de los bombardeos decidió escapar de la ciudad para reunirse con su familia en Salzsburgo. Recorrería 732 kilómetros a pie entre refugiados y soldados. “Todos estaban muertos, o medio muertos. Anduve entre caballos muertos, y mujeres que portaban niños muertos en sus brazos. Por eso no puedo fotografiar la guerra”, diría años más tarde. Trabajó como traductora y editora para el Servicio de Información de los Estados Unidos, y como redactora para varias publicaciones. Fue una historia sobre los prisioneros de guerra austriacos en Rusia, publicada en Life e ilustrada con fotografías de Ernst Haas, la que llamó la atención del carismático Robert Capa, uno de los fundadores de Magnum.


Memorial Sunday, Londres, 1953

INGE MORATH / MAGNUM PHOTOS



Solo besé a Robert Capa una vez”, escribía Morath recordando sus días en la prestigiosa agencia formada por miembros notoriamente antifascistas, muchos de ellos judíos. “Su aversión por los nazis y los fascistas expresaba no solo un anti-anti-semitismo, sino una repugnancia holística a la derecha política, que amenazaba todos los valores que ellos estimaban: el arte, la modernidad, la libre expresión, la libertad sexual, una visión cosmopolita del mundo y el valor de la diversidad cultural”, escribe Gordon. Sin embargo, desde sus primeros días Morath fue consciente del trato desigual que recibían las mujeres: “Ser una de sus mujeres fotógrafas, algo bastante raro entonces,... era con frecuencia difícil, por el simple hecho de que nadie te tomaba en serio (¿qué quiere una chica guapa como tú de una profesión como esta?). Demasiada condescendencia masculina”.



Llegó a la fotografía cuando, recién casada con el escritor Lionel Birch, comenzó a sentir el gusanillo que le habían inculcado sus colegas. Fue Capa quien la animó. Aprendió baja la tutela de Simon Guttman, fundador de la agencia Dephot. Pero, fue Henri Cartier-Bresson, su mentor y amante, quien más la influyó. Esto queda claro en sus elegantes composiciones. Ambos compartían un sentido pictórico de la composición. De él aprendió la economía y la precisión a la hora de definir los sujetos. Destaca de su fotografía el precoz y sutil uso del color.

Camino de Reno, en las afueras de Memphis, 1960. INGE MORATH / MAGNUM PHOTOS



“Otra de sus características es que nunca fotografió nada político, ni relacionado con la injusticia social, característica que dominaba en Magnum, formado por grandes fotógrafos de guerra”, apunta Gordon. “Tampoco lo hizo cuando se casó con el escritor Arthur Miller, cuya personalidad tenía un claro componente político. Creo que tiene que ver con la complejidad de crecer en una familia a la que adoraba y que apoyaba al régimen nazi. Todo el mundo entendía su oposición personal frente al nazismo y cualquier nacionalismo, así como su sensibilidad frente a los más débiles y desfavorecidos. Pero nunca expresaba sus posiciones políticas abiertamente, ni en su fotografía, ni en sus escritos”. Quizás esto fue el motivo por el que le gustaba hacer un tipo de fotografía que muchos no consideraban serio; encargos de tono claramente sexista, que ella desarrollaba complaciente, donde se incluía la moda, los retratos de celebridades, rodajes de películas, o distintos eventos sociales. “El único reportaje claramente reivindicativo es el que presentó a Magnum para conseguir su admisión como miembro, Prêtres ouvriers (Sacerdotes obreros), donde muestra abiertamente su simpatía hacia ellos y su afinidad con las causas progresistas y liberales”, destaca la biógrafa.

Fotografía de Sam Shaw. 1957

Las paradojas de una mujer avanzada a su época, que defiende su libertad sexual y su independencia, pero que al tiempo parece claramente predispuesta a evitar el conflicto, quedan expuestas a lo largo de su biografía y noquean al lector cuando llegado el episodio de su matrimonio con Miller se encuentra con la siguiente cita de la fotógrafa: “Debía cuidar de mi marido, cuyos talentos superiores con frecuencia requerían de mi cocina de forma más urgente que de mi fotografía”. “Morath era muy consciente de la discriminación de la mujer”, señala Gordon, “pero pertenece a una generación en la que muchas mujeres creían que la solución estaba en esforzarse duramente para destacar. No le interesaba involucrarse en un movimiento feminista colectivo. Cuando se casa con Miller, de alguna forma se sintió apabullada por la fama del personaje. ¿Qué debía suponer ser la mujer de Arthur Miller, inmediatamente después de haber estado casado con la que fue la mujer más glamurosa de América para muchos, Marilyn Monroe?”. Hasta 1962 se había dedicado a recorrer el mundo. Acostumbrada al ambiente bohemio y cosmopolita de París se instaló con el autor en Roxbury, Connecticut. “Era una mujer con una extraordinaria disciplina y decidió que era una lección, casarse con un hombre famoso y cuidarle. Le amaba. Él era egocéntrico, y no estaba acostumbrado a una relación con una mujer tan fuerte e independiente. Hubo de pasar mucho tiempo hasta que Morath volvió a viajar y a recuperar su tino fotográfico”, explica la historiadora.

Antonio Ordóñez vistiéndose para salir al ruedo, San Fermín, Pamplona,1954
.INGE MORATH / MAGNUM PHOTOS


Uno de los episodios más sombríos de su vida es el relacionado con su hijo Daniel, su segundo hijo. Nació con síndrome de Down y fue inmediatamente internado en una institución. “Lo peor que hicieron no fue llevarle a un centro, muchos estarán en contra, pero es cierto que era común en esa época”, apunta Gordon. “El problema está en su falta de franqueza, en cómo lo ocultaron. Me sorprendió que Miller no mencionará a su hijo en su autobiografía, ni tampoco Morath en sus escritos. Ella solía visitar al niño. Pero incluso sus amigos más cercanos desconocían qué había pasado. Es extraordinario hasta qué grado era un secreto. Obviamente debido a su ocultación, cuando salió a relucir la verdad supuso un escándalo. No creo que hubiese sido tan grande de haber sido más honestos”.

Arthur Miller y su esposa Inge Moranth en una clásica y machista pose.

Me gusta referirme a ella como una etnógrafa visual”, dice Gordon. Le gustaba mostrar cómo vivía y trabajaba la gente y tenía mucho respeto por todas las culturas. En cada una de ellas encontraba belleza e interés. En sus retratos refleja la máxima defendida por Miller, según la cual un retrato engloba dos puntos de vista: el del sujeto y el del artista. Así, solía citar a los protagonistas en aquellos lugares que hubiesen “absorbido algo de la persona”. La composición debía ser viva. Tal y como le había enseñado Cartier-Bresson, el cuerpo resulta a veces más importante que la cara a la hora de expresar un carácter.

Soldados en la escultura de Buda de la dinastía Yuan, cerca de Hangzhou, China, 1978. INGE MORATH / MAGNUM PHOTOS


Su amor por España lo conservó durante toda su vida. Vino por primera vez en 1953, acompañada de Cartier Bresson, “Era la localidad que mayor disfrute la aportaba como fotógrafa”, cuenta su biógrafa. “Representaba un tipo de salvajismo y de libertad que admiraba. Resulta curioso que le encantaran las corridas de toros, donde existe un tipo de violencia, cuando evitaba esta en cualquier otro tema. Había algo en España que le permitía ser menos convencional, más aventurera”. 

Cartier-Bresson. Imagen tomada de aquí


Ciertamente, su obra resulta mucho más folclórica en comparación con la visión de otros fotógrafos extranjeros, como la de Eugene Smith o Robert Frank que pasaron un tiempo en nuestro país en los años cincuenta, o  Joel Meyerowitz en los sesenta. No hay ninguna alusión al franquismo. “Le gustaba rodearse de la élite, Conoció a Balenciaga. Se comprometió con Gonzalo Figueroa, Duque de La Torre. Uno de sus encargos fue retratar a Mercedes Formica, miembro de La Falange y - contradictoriamente- defensora de los derechos de la mujer, quien la introdujo en los círculos adecuados y lo suficientemente poco convencionales como para simpatizar con la fotógrafa”. Le gustaba el drama, también lo exótico de España a ojos de los europeos.

San Fermín, Pamplona, 1954. Foto: Inge Morath. Imagen tomada de CartierBresson no es un reloj.




Para mi Morath, fue una mujer fundamentalmente valiente”, concluye Gordon. Viajó sola a lugares lejanos, algo no muy común entonces. Pretender ser aceptada y conseguirlo en un mundo de hombres presuponía no solo una enorme valentía , sino también una excelente capacidad de trabajo. Sus cualidades, combinadas con su ambición, hicieron de ella una gran fotógrafa.



Inge Morath: Magnum Legacy. Linda Gordon. Prestel Books. 192 páginas. 39,95 euros.




Grandes Fotógrafos #5 | INGE MORATH



https://elpais.com/cultura/2019/01/24/babelia/1548337961_538610.html





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Una entrevista de José Pulido









lunes, 30 de enero de 2023

Arthur Miller a José Pulido: No hay nada nuevo que pueda decir sobre Marilyn

 

Fotografía de Sam Shaw. 1957

Estimados Liponautas

Hoy compartimos la entrevista que le hizo nuestro amigo José Pulido a Arthur Miller, dramaturgo estadounidense egocéntrico e inseguro, quizá mas conocido aquí gracias a Marilyn Monroe. Miller es un escritor importante y políticamente comprometido aunque poco comprometido humanísticamente o moralmente. Son muy conocidas las pobre valoraciones de él acerca de su exmujer Marilyn Monroe, solo basta leer su autobiografía o ver su obra Después de la caída (After the Fall) , pero mucho menos conocido es la forma como relegó a su hijo Daniel, que sufre de sindrome de Down, a una institución y al que Miller solo se acercó e incluyó en su testamento apenas dos años antes de su muerte.

Inge Morath conoció a Miller durante el rodaje de la película The Misfits. Arthur Miller y Marilyn Monroe se divorciaron en enero de 1961. A principios de 1962 Miller e Inge Morath se casan, el 4 de agosto muere Marilyn Monroe y el 15 de septiembre nace su hija Rebeccarealizadora cinematográfica, guionista, escritora, actriz y esposa del actor Daniel Day-LewisDaniel es casualmente es tocayo del hermano de Rebecca Miller

Es muy curioso e indignante como Arthur Miller e Inge Morath trataron a su hijo Daniel y eso nos hace pensar nuevamente en lo importante que es la coherencia entre nuestro discurso y nuestras acciones.

Ahora disfruten de la entrevista hecha por el poeta José Pulido.

Atentamente

La Gerencia.


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Arthur Miller: No hay nada nuevo que pueda decir sobre Marilyn

Una entrevistade José Pulido



Esta entrevista la hice en los años ochenta. Ya la conocen, pero por si hay quién no la haya leído, la pongo otra vez. Tomé prestada esta foto porque aparece Inge con su cámara. Es del fotógrafo Alfred Eisenstaedt / Time & Life Pictures / Getty Image


Fotografía de Sam Shaw. 1957


Arthur Miller:

ESCRIBO PARA INTEGRAR MI VERDAD EN 150 PÁGINAS



-Parece música –dice Arthur Miller, y sube la cabeza para oír mejor el tintineo de un carrito de helados, empujado por el heladero que sube la cuesta cercana a la residencia del embajador norteamericano William Luer.

Se abstrae unos segundos y luego responde a una pregunta: “Me ha impresionado mucho la idea de un festival de teatro en Venezuela. Espero completar mi impulso teatral, aprender más sobre el teatro venezolano. Me sorprende esto, no es muy normal que un país tenga 14 o 15 agrupaciones teatrales profesionales”.


Arthur Miller y su esposa Inge Moranth. 1975. Fotografía de Alfred Eisenstaedt / Time & Life Pictures / Getty Image


Está sentado en un mueble de hierro pintado de blanco; a cierta distancia hay una dama de ojos azules pequeños y cabello corto que le observa con atención: es su esposa, la fotógrafa de la revista Life, Ingeber Morath


Arthur Miller y su esposa Inge Moranth en una clásica y machista pose.


Miller es un hombre muy alto, fuerte, de manos grandes y tostadas, con uñas tiesas. Parece más bien un actor retirado que en alguna ocasión hizo de Tarzán. Es enteramente juvenil en sus expresiones, humorista a ratos, irónico siempre y por instantes parece cansado de repetir cosas.  

- La cultura convertida en industria, en venta masiva, ¿ha modificado su obra?

Miller medita la pregunta y responde después de un “ah”, con cadencia de suspiro: “Yo no creo realmente que vaya a cambiar la manera de escribir, que eche a un saco obras teatrales porque son representadas en otros países y otros idiomas. Mis obras son mi reacción ante la sociedad norteamericana, donde vivo y trabajo. Y me gusta saber cómo sonará lo que escribo cuando se presenta en otra parte; esto no cambia en sí lo que escribo, tal vez me dé una perspectiva más amplia y menos provincial...

VANGUARDIA

Está presente la interrogante respecto al teatro de vanguardia. Una mata de malanga cuelga detrás del autor y cuando el viento sopla fuerte las hojas le tocan un hombro. Se vuelve creyendo que es alguien. Sonríe a la mata de malanga y como hablando con ella dice: “Oh no, no... estas ideas de retaguardia y vanguardia ya no son de interés hoy en día. Mire: en 1960 había una explosión maravillosa de eso, pero con poco drama y lo que yo creo es que los artistas de teatro redescubrían los principios del teatro. Ni siquiera necesitaban dramaturgos; la misma idea de ser dramaturgo era reaccionaria... pero con el tiempo eso pasó a ser aburrido, ya el público podía predecir lo que iba a ver, y volvió a pedir que regresarán los dramaturgos y los sorprendiera.  En realidad, nunca lo tomé como un antagonismo hacia mí, sino como un redescubrimiento. Era una tontería, una falta de sentido”.

Señala que los actores se liberaron en esa etapa y se convirtieron en mejores actores, pero deseando que retornaran los dramaturgos, para liberarse de la responsabilidad de escribir dramas.

Eso tuvo también, a su juicio, un origen político porque la gente comenzó a creer que cuando se dice mucho se miente; que se dicen mentiras cuando se organiza un discurso.

 “Yo creo que hoy en día –agrega con una leve sonrisa, donde una pieza dental muestra una brizna dorada- nos damos cuenta de que se puede mentir al bailar o en cualquier otra actividad, que no se necesita el lenguaje para decir mentiras. La cuestión es, si se tiene talento o si no se tiene”.

 “¿Experimentar?”, repite la pregunta, y contesta: “Lo experimental no es en sí hacer algo que no lo haya hecho antes otro, sino conocer lo más posible la realidad histórica, tal como la ve el artista. Experimentar por experimentar, sin conseguir nada con ello, lo considero negativo. Entiendo lo experimental que trata de comprender lo que está ocurriendo”.

Toca con un dedo su reloj de acero inoxidable, tal vez deseando adivinar la hora. Siente como deseos de realizar una actividad física y no estar allí sentado. “Un gesto espectacular simplemente lo pueden hacer hasta una ama de casa o un viejo tonto”, explica con voz determinante.

Una dama que está cerca y es norteamericana se molesta y le dice “injusto”.

-Señora, usted me entiende... –dice Miller, como disculpándose, sin hacerlo realmente.

-Hay quienes consideran más importantes “Las brujas de Salem” que el resto de sus obras... –se le hace la interrupción para que no le caigan encima las amas de casa.

-Yo no tengo ninguna objeción respecto a que alguien considere una obra mía más importante que otra. A veces el público prefiere unas y yo las otras- comenta. Le gusta hacer frases con viceversas.

-¿El  hecho de que hoy se encuentre en esta embajada indica que ha cambiado la política norteamericana o que ha cambiado Arthur Miller?

-¡Bof! –exclama Miller

-¿Qué significa bof?-

Él no lo aclara, pero expresa: 

-Ambos hemos cambiado (no sé si realmente eso es verdad) pero puedo decir que yo sí he cambiado, cada hora, cada mes, cada año, si no fuera así estaría muerto:  hay que cambiar.

Su esposa Morath dice que Miller está escribiendo una pieza, “pero no tiene título”.  Es un comentario aparte, de ella, pero él habla sobre su trabajo en términos categóricos.

-Yo escribo muy pocas obras de teatro. Me la paso escribiendo y tirando textos a la basura. Siento la necesidad de llegar al público, a mi público, con una imagen diáfana, clara, de lo que soy en un momento dado.  ¿Autobiográfico? ¿Quién no lo es? Yo no escribo para perfeccionar un estilo sino para tratar de integrar totalmente mi verdad en 150 páginas.

Tratando de aclarar algo dicho sobre el vanguardismo, apuntó: “Respeto el trabajo bien hecho, siempre tratando de proteger las altas normas del profesionalismo de teatro. Creo que un autor es peor actor que un actor y viceversa. La cuestión es eficiencia, eso es lo que realmente se requiere”.

-¿Quién es el mejor dramaturgo? 

Miller dice a eso: “Desde 1890 para acá los buenos dramaturgos se pueden contar con los dedos, con cuatro dedos de una mano; eso refleja lo difícil que es el arte. El dramaturgo debe ser agresivo escribiendo, pasivo en la parte que tiene de poeta; debe ser sensual, manager, administrador, sentir los gestos, estar inmerso en la literatura... Sería una imposibilidad estadística ¿verdad?”.

 “Hay poetas sin escena, escena sin poeta: hombres de grandes ideas que no pueden escribir un cuento, cuentistas sin ideas. Ser dramaturgo es como ser un Cadillac bien grande, que necesita poquísima gasolina”, comenta luego.

-Nosotros no trabajamos juntos: cada quien por su parte... Arthur se levanta muy temprano y trabaja toda la mañana –habla su esposa.



-¿Le molesta que en todas partes estén preguntándole a Miller sobre Marilyn?

-No... no me molesta. La conocí a ella antes de que Arthur. La fotografié: era una mujer fantástica.


Marilyn Monroe. Fotografía de Inge Moranth.


Lo dice con sinceridad. Aclara que se casó con Miller después de morir Marilyn.

-¿Usted no es fantástica?

-Cada una tiene una cosa distinta- susurra Ingebor Morath, con un libro de fotografías en la mano.


Miller explica: 

-No hay nada nuevo que pueda decir sobre Marilyn y como no quiero aburrir, mejor será no decir nada.

Arthur Miller entrevistado sobre Marilyn Monroe en 1987


Respecto a los autores soviéticos, aquellos que son considerados disidentes, explica: “Muchos talentos se han ido de la URSS a Europa y Estados Unidos. Es la emigración más grande de la historia intelectual. ¿Cuál va a ser su impacto en la literatura norteamericana? no lo sé; allá no es popular la literatura disidente. Sólo lo es para las personas interesadas en la Unión Soviética”.


Marilyn Monroe y Arthur Miller. 1960. Fotografía de Inge Moranth. Imagen tomada de WMagazine.


Dijo “Soviet Union”, y alzó la cabeza, creyendo que volvía el carro de helados con su música.

Señala: “La gente siempre comenta que el teatro norteamericano está en crisis”. 

Desde que comenzó a escribir ha oído eso. Luego dijeron que Tennessee Williams y él habían salvado al teatro. “Pero a los cinco años se olvidaron de esa salvación”.

Arthur Miller e Inge Morath con su hija Rebecca


La mala de malanga le tocó el hombro de nuevo. Eso le recordó que tenía que ir a almorzar y posteriormente a la Universidad Central de Venezuela, donde escucharía preguntas de estudiantes y público diverso.

Probablemente, preguntó a la traductora, cuando estaba alejado de la presión periodística:

-Esa planta tan insistente ¿cómo se llama?


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"LA INFANCIA DE TODOS SE ACABA"

Tres textos de Marilyn Monroe


QUERIDA NIÑA A LO MARILYN MONROE

Un poema de Gladys Ramos.


 

Marilyn, Yo diría que eres una adorable criatura.



MARILYN REPETIDA HASTA EL CANSANCIO.

Un poema de José Pulido.



MARILYN ENFERMA por José Pulido



"A veces creo que debí hacer más por Marilyn Monroe".

Una entrevista a John Huston


Carlos Ayesta, fotógrafo venezolano: La fotografía es la síntesis emocional de una situación vista a través de una cámara

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22/05/2024